SigPhi · Baltasar Gracian

El Héroe; El Discreto (Farinelli, 1900)

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(l) ^ Agud. Disc. 33, donde llama á las obras de Ledes- ma <un equívoco continuado > y á Huesca erróneamente «su dichosa patrias». Más bien que del Aurelio de Fernán Pérez de Oliva (Diálogo de la dignidad del hombre)^ que opone á las ideas pesimistas de Antonio sus ideas optimistas, el nombre Andrenio en el 6V7V/ír¿7/2 parece tomado del «ena- morado Ardenio)) de Ledesma. Véase los Conceptos espiri- tuales, Madrid 1600. Romances del desengaño^ e7t que se pinta un amante^ desde que se ena??iora hasta que olvida^ per- suadido de los consejos que le dan el entendimiento y la ra- ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO poeta segoviano, Gracián quedaba suspenso y y pasmado. Pero el español que más puntos de contacto tiene con Gracián es indudablemente Quevedo, que el filósofo aragonés alababa en la Agudeza cual ((prodigio de sutilidad en la poe- sía, anteponiendo, sin embargo, los versos á la prosa, á las obras filosóficas y morales.)) En el Criílcón, pues (II, 4), nombrando á Quevedo después de Petrarca y de Lipsio compara sus hojas á las del tabaco, ((de más vicio que prove- cho; más para reir que aprovechar)) (i). Con todo esto, Gracián participaba, con Quevedo y Cervantes, de la amplitud, el vigor y la audacia del ingenio, la fineza del chiste, la tendencia irresistible á la ironía y á la sátira, el conoci- miento profundo de las flaquezas y de los vicios del mundo, la facultad de hallar en seguida el lado ridículo de nuestra pobre y frágil naturale- za humana. Quevedo, mucho más imitador de los clásicos antiguos que Gracián, que hallaba su consuelo y distracción glosando los escritos de los Santos Padres, discípulo de los italianos en política, en filosofía, como él mismo confiesa, discípulo de Maquiavelo, de Cardano, Campazón. La biblioteca real de Darmsladt, posee un manuscrito (N, 3.079) de unas Burlas en equívocos^ compuestos por Alonso de Ledesma, que nr. conozco. Véase un buen artículo sobre Ledesma en Colmenares, Historia de Sogcvia. Esc7'itores Se- govianos Madrid 1640, pág 779 y siguientes.

(2) En el Criticón (III, 12), (Quevedo aparece entre los modelos de la prosa.

FARINELLI nella, Paruta, Botero, Boccalini, y, sobre todo, del admiradísimo en España marqués Malvezzi, es inferior á Gracián en la profundidad, en la energía, en la originalidad del pensamiento filo- sófico. Quevedo tiene ideas geniales que parecen y desaparecen como relámpagos; Gracián tiene ¡deas completas, fijas, duraderas. Quevedo toca sin penetrar, lleva consigo gran parte de la cien- cia escolástica, se apoya con preferencia en otras autoridades, sacrifica voluntariamente su propio juicio, su razón y su lógica, sofoca el escepticis- mo al nacer en su ánimo, apenas se le pone la infalible 6 indiscutible tradición católica (i). No conoce ni regla ni sistema. Tiene menor capaci- dad y firmeza de pensamiento que Gracián, y á la vez menos gusto. En Quevedo hay exuberan- cia de fantasía, en Gracián de reflexión. Quevedo es más poeta. Gracián más filósofo (2).

Si á los ya referidos escritos filosóficos y mo- rales de los españoles añadimos otros contempo- ráneos de las obras de Gracián: la Idea de nobles y sus desempeños en aforismos, de Padilla Man- (1) Véase la exposición muy acertada de la filosofía de Quevedo en el libro de E. Mériraée: £ssai sur ¡a vie et les oeuvres de Francisco de Quevedo. París 1886, pág. 265 y siguientes.

(2) No he logrado leer la dedicatoria de Quevedo á Las- tanossa en la Fot tuna con seso, edición de 1650, donde Quevedo juzga á Gracián. La afinidad y desemejanza del genio de los dos satíricos, resulta también comparando la Fortuna con seso con el C7'iticón, ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO rique (Zaragoza 1637-44); el Norte de principes; los Aforismos, de Antonio Pérez, ((tan favoreci- do de la fama cuan perseguido de la fortuna)) (Agud. Disc. Ó2) (i); la literatura de las Empre- sas, tan floreciente en España como en Italia (2); las Empresas, de Diego de Saavedra Fajardo; los Proverbios morales...Philosophia cortesana mo- ralizada, de Alonso de Barros (Madrid 1587) (3); otros libros, medio mundanos y medio espiri- tuales como Aprovechar deleitando en un dialo- gístico espiritual, del cual se deducen varias sentencias espirituales, morales y políticas (Valen- cia 1653) (4)'? Espejo de cristal Jino, de Pedro de Espinosa (Madrid 1Ó62); las novelas filosófico- morales, como el Guzmán de Alfar ache ó Atalaya de la vida humana, de Mateo Alemán, que Gracián llamaba ((el mejor y más clásico espa- (i J.Jacobs, The art of worldly IVisdom, London 1892, p. XLIII, cree en una influencia de los Aforismos sobre las máximas de Gracián.

(2) Sobre el sentido de la Empresa, véase á E. Pércopo, Marc. Antonio Epicuro en Giornale storico delta litieratura italiana XII, 36 y siguientes. Novati, en Giorn, Stor. IX, 165 y siguientes. Bongi, Analidi Gabriel Giolito I, 507-9. En Baeza 16 13, aparecieron las Empresas espirituales y mora- les, de Juan Francisco Villava.

(3) Conozco una traducción italiana de estos Proverbios, hecha por Alessandro Adimari, y publicada en Floren- (4) El teatro también reflejaba esta corriente moraliza- dora. Véase el curioso Auto sacramental nuevo de las prue- bas del linaje humano y encofnienda del hombre (1695), P"* blicado por Léo Rouanet, París 1897, FARINELLI ñol)) (i); libros como el 'Pasajero, Advertencias útilísimas á la vida humana^ de Cristóbal Suárez de Figueroa (Madrid 1617) (2); el Hospital de In- curables, de Jacinto Polo; el Desentraño del hom- bre en el tribunal de la fortuna, de Martínez de Cuéllar; el Teatro del hombre, el hombre, de Juan de Zabaleta; el Espejo de la vida humana, de Pérez de Chinchón, y otras obras de mayor ó menor importancia (3), claramente se verá que la atmósfera de los eruditos de España, á fines del siglo x\i y hasta la mitad del xvii, estaba llena, saturada de ideas políticas, morales y filo- sóficas; que Gracián no podía menos de respirar el mismo aire de sus contemporáneos; que lo que (1) No he logrado leer todavía una Atalaya da vida, del portugués Curvo Senunedo (Lisboa 1754 (?).

(2) Un libro muy curioso, leído sin duda por Gracián, impreso ya en 1598 en Lérida, es la Ce^isura de la locwa humana y excelencias della^ compuesto por el Licenciado Hierónymo de Mondragón.

(3) Algo parecido al Criticón, más antiguo de fecha, pero lleno también de chistes y sátiras sazonadas, imitadas tal vez de Luciano^ con observaciones agudas y sagaces sobre la vida y el mundo, es el anónimo Ctotalón, que los bibliófilos publicaron en 1871, sin ningún cuidado y sin ninguna crítica.

Menéndez y Pelayo, en su discurso De la poesía??itstica (Estudias de la crítica literaria. Madrid 1893, pág. 29^, halla cierta lejana analogía entre el Criticón y la obra originaria- mente escrita en arábigo^ para mí desconocida: Philcsophus autodidactus sive epístola Abi jfaatar, ebn Thofail Hahi ben J-okdhany in qua ostenditur quo7?iodo ex inferiorium contem- platione ad superiorum notitiam ratio humana ascenderé po- siit, Oxonii, 167 1.

ESTUDIO CRÍTICO Gracián consideraba toda su vida como fin de sus estudios (((entregándome con afición espe- cial á la moral filosofía, pasto del juicio, centro de la razón y vida de la cordura)), Criticón 1,4), habla ocupado ya incesantemente á otros pensa- dores menos agudos, sin embargo, y menos pro- fundos. Gracias á la forma sumamente original con que expresaba sus ideas en continua eferves- cencia, Gracián parece muchas veces inventar, aun cuando realmente sigue la opinión, los pen- samientos de otros. No le llamaremos como B. (que en la historia literaria de España no es tan ex- perto como en la de su país) padre del gusto y de la prudencia política en el siglo xvir, también Gracián ha elaborado en su mente clara y pro- funda el caudal de las ideas ya transmitidas por otros. Nunca un hombre solo, un pensador soli- tario, puede dejar su impresión particular en el gusto y en la política; hace falta para esto todo un período de civilización, toda una sociedad de eminentes pensadores. Difícil es establecer con rigor si esta ú otra sentencia pertenece á Gracián ó á algunos de sus predecesores. El crítico más experimentado y más docto, puede también errar en el estudio de las fuentes de Gracián. Pero na- die disputará por esto á Gracián la riqueza prodi- giosa, inagotable, deslumbradora de las ideas, la genialidad intuitiva, el conocimiento profundo del corazón humano. El mejor libro del mundo es el mismo mundo, decía Gracián; el gran moralis- FARINELLI ta siempre lo tuvo abierto y supo leer en sus ho- jas con criterio y sagacidad mayores que nadie.

((Seréis hombres, tratando con los que lo son, que esso es propiamente ver mundo; porque ad- vertid que va grande diferencia del ver al mirar, que quien no entiende, no atiende; poco impor- ta ver mucho con los ojos, si con el entendimien- to nada, ni vale el ver, sin el notar.»

Lo que otros hablan expresado en una moral floja y diluida, en interminables, soñolientos discursos, en tratados pedantescos de indigesta erudición; lo que el sabio, prudente y piadoso obispo de Mondoñedo había predicado con gran pompa retórica, en un sinnúmero de frases y de imágenes afectadas, con infinitas consideracio- nes espirituales y morales, Gracián lo expresa en sentencias breves, en aforismos lacónicos, de dos filos. ((Emprendo á formar con un libro ena- no un varón gigante, y con breves periodos in- mortales hechos» —decía Gracián en el prefacio del Héroe. El más sagaz moralista no declara su moral, prefiere dejarla suspensa para que otros la descubran. El más grande secreto de un es- critor es el de saber demostrar en su obra que es superior á lo mismo que produce. ((Es gran eminencia del ingenioso artificio — dice Gracián (Agiid. T)isc. 44) — llevar suspensa lamiente del que atiende y no luego declararse.» Un humor fino y delicioso, la risa escondida del agudo cen- sor, la ironía involuntaria, realzan el valor de ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO las doctrinas morales de Gracián. En esto el au- tor del Criticón es hermano de Cervantes. En la vivacidad, en el fuego y el vigor del tempera- mento, en el combate ardoroso contra la tradi- ción escolástica antigua, es el sucesor de Vives y Huarte. Enemigo declarado de toda pedante- ría y del obscurantismo, de la erudición fría y acompasada, aborrece la ciencia rancia, desali- ñada, muerta; quiere vida, animación, vigor y fervoren todo; quiere cultura verdadera, no fin- gida. ((Sobre los favores de la naturaleza assien- ta bien la cultura, digo la estudiosidad y el con- tinuo trato con los sabios..., la experiencia fieK la observación juiziosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos: todas estas cosas vienen á sacar un hombre consumado, va- rón hecho, y perfecto.»

Por su fuerza de observación psicológica, por la libertad y valentía del juicio, Baltasar Gra- cián es precursor de la ciencia moderna. Con- trariamente á Schopenhauer, Gracián no tiene sistema filosófico determinado, escuela ningu- na; no quiere más que demostrar, en sus espar- cidas observaciones, en sus máximas y reglas de vivir, su gran experiencia, su milagrosa prácti- ca de la vida, su prudencia, capacidad y sabidu- ría. Es maestro inimitable del chiste, de la agu- deza, de lo picante y salado, y, sin excepción al- guna, el escritor más lacónico ^de España. ((Lo bueno si breve, dos vezes bueno». En esto es el FARINELLI sucesor más digno de Marcial en su patria. ((A pocas palabras buen entendedor.» Esta inver- sión del refrán común, fué siempre practicada por Gracián. No la superficie, sino el interior de las cosas, tiene importancia para él. Lo epigra- mático, lo sentencioso á la manera de Séneca, ha sido siempre una calidad, nunca bastante re- conocida y alabada, de los españoles de la edad de oro, á pesar de las quejas de algunos inocen- tes conocedores de las cosas de España, que condenan sin más ni más toda la literatura es- pañola como producto de una retórica enfática, vacía en el sentido y en la forma. En lo epigra- mático y sentencioso, nadie ha llegado á la per- fección de Gracián. Su laconismo obstinado le hace decaer en lo enigmático y pecar de falta de claridad y de arreglo en la forma. Gracián amó siempre el vestido alegórico y simbólico del pen- samiento, la acumulación de los emblemas, an- titesis, palabras de doble significado, la combi- nación disparatada, el choque de varias ideas. ((Los Emblemas, Geroglificos, Apólogos, Em- presas, son la pedrería preciosa, el oro del fino discurso)) — dice Gracián mismo en la Agudeza (Disc. 58). — Por esto muchos no le comprendie- ron y le llamaron extravagante y barroco. Por eso es escollo peligroso de los traductores, y fué escollo temible y dañoso también para Schopen- hauer, el más genial intérprete de Gracián. En dos capítulos muycondensados, el referido 16 ESTUDIO CRÍTICO libro de B. trata de Gracián como político y como maestro del gusto. No da, sin embargo, una ex- posición definitiva y completa de las doctrinas políticas y estéticas del gran pensador español, sino un resumen breve y bastante exacto de Lns máximas y reglas dictadas por la práctica de la vida. Conocemos asi al hombre discreto, al va- rón atento, al político peleando contra los em- bustes y las desdichas de la vida. Nunca olvida- rá el político que la vida del hombre no es otra cosa que una milicia sobre la haz de la tierra. Armese contra los ataques del iiundo, y haga de la prudencia y de la circunspección sus armas favorecidas. Un grano de audacia es también importante cordura. Saber dominar el tiempo y el espacio, saber esperar, es grande arte que to- do alcanza. Fundamento de la política es la ca- pacidad (i). Añade el hombre conocimientos á conocimientos; nunca el saber es bastante. Con esta capacidad el rey católico don Fernando su- po ganar á todos sus reinos. Sólo el hombre preparado al más animoso combate, á la resis- tencia más obstinada y heroica, logra favor en el mundo. Gracián cree firmemente, como algu- (i) Botero, antes de Gracián, había dicho: Dclle reía zioni universali^ Ferrara, 1593. T. II. Proemio sobre el Valor ^ pág. 7: «II valore consiste nell' accortezza deir in- genno, con la quale e si conoscono e si abbracciano oppor- tunamente l'occasioni e si schivano e si spianano le diffi- coltá.»

FARINELLI nos modernos filósofos y poetas, como Goethe y G. de Humboldt, por ejemplo, en el poder indi- vidual del hombre (i). Todos los acontecimien- tos humanos son para él efecto de fuerzas indi- viduales. El hombre aislado, no la humanidad en su complexo, es dueño de la acción. Sin as- tucia, el cuerdo político no llevará siempre la victoria sobre los otros. Es menester á veces di- simular (2). Menester es también saber usar de la necedad en provecho de si mismo. Gran suti- leza del vivir, saber vender el aire. Negóciase en el aire con el aire. Gracián, el prudente edu- cador del político, no tiene escrúpulos de ense- (1) Véase el capítulo sobre la filosofía individualista de G. de Humboldt y sus relaciones con la de Rousseau en mi libro Guillanme de Humboldt et 1' Espagnc. París, 1897. pág. 10 y siguientes, y el estudio de J. Volkelt, Das Rechi des Individualismus en la Zeiisch. f. Philosophie u, philos, Kritik, 1898, vol. iii.

(2) A la moral del «hombre político», de Gracián, se parece en algo la moral política del Príncipe en la Idea de un príncipe en cien empresas, de la cual hay una traducción alemana: Ein Abris eines Christlich-Poliíischen Printzens, In CI Sinn-bildern und mercklichen Symbolisc/iefi Sprüchen ges- telt von A. Didaco Saavedra Faxardo. Zu vor auss dem Spa- nischen ins Lateinisch; nun ins Deutsch versetzt, Zu Ams- terdam. Anno 1655. (Véase el Símbolo 36). No puedo creer con B. (pág. 33) que hay en la Idea de un príncipe influencia de Gracián. Las Empresas de Saavedra Fajardo aparecieron casi al mismo tiempo que el Político del jesuíta aragonés. Añádase que Fajardo escribió su obra en gran parte fuera de España, y que anduvo errando tres años por Alemania. (La dedicatoria de las Empresas tiene la fecha de Viena-Julio 1640.) Excusado es decir que Gracián ven- ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO ñar á la sazón máximas egoístas y tiranas á los ojos de muchos. Tan grandes son los peligros á que está expuesto el hombre, tan importante es saber ser dueño de sí mismo y de los otros en todas ocasiones, que los expedientes mefistoféli- cos son muchas veces medios indispensables para la existencia. No séase columbino en todo; altérnense la calidez de la serpiente con la can- didez de la paloma. — No fué Gracián el primero en definir el ((discreto»; pero nadie como él sabe pintarlo aguerrido en todo, armado de pies á ca- beza. Ser cuerdo y prudente, saber callar en oca- siones, son para él extremadas prendas. Gran lección es saber vender una eminencia afectando el encubrirla para conservarla, y aun aumentar- la con el deseo. Saber y saberlo mostrar, es sa- ber dos veces. El ignorar es muchas veces tan importante como el mismo saber. Tenga el disce á su ilustre contemporáneo en la sagacidad y profundi dad de las ideas. — Sobre Saavedra Faxardo hay un estudio de Corradi en la Memorias de la Academia de la Historia, y una monografía, no definitiva, pero útil, del conde de Ro- che y de D. José Pío Tejera: Saavedra Fajardo, Sus pensa- mientos^ sus poesías^ sus opúsculos, precedidos de un discurso prelitftinnr crítico^ biográfico y bibliográfico sobre la vida y obras del auior^ é ilustrados c«n notas, introducciones y una Genealogía de la casa de Saavedra. Madrid, 1884. — Gracián en el Criticón (III, 12) describe una nave hecha de inco rruptible cedro, que navega en el inmenso piélago de la fama á la isla de la inmortalidad, relevada de Emblemas y Empresas tomadas del Sorio, de Saavedra^ de Alciato y de Solorzano, FARINELLI creto buenos repentes; decía bien el que decía: El tiempo y yo á otros dos; mejor decía otro: El sin tiempo y yo á cualquiera. Gran realce es ele- gir. Un acierto basta para ganarlo todo con in- mortal reputación; basta un yerro en Us llaves de la razón de Estado, para perderlo todo con descrédito. ((Más triunfos le consiguió á Hércu- les su discreción, que su valor, más plausible le hizieron las brillantes cadenillas de su boca, que la formidable clava de su mano.» — También Gracián encomienda el desprecio como vengan- za muy acertada en política: Es treta para alcan- zar las cosas, despreciarlas. Procúrense los me- dios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos. ((Es tam- bién el desprecio la más política vengan(;a, úni- ca máxima de sabios.)) No déjese nunca el hom- bre arrastrar por los torbellinos de la vida. ((Es la passion enemiga declarada de la cordura, y por el consiguiente, de la elección.» Arte consu- mada es aquella del ((dejar estar». — Gracián no predica, pues, el quieta non moveré; no exige una absoluta inmovilidad política; no quiere más que saber señorearse á sí mismo. «Ay torbellinos en el humano trato, tempestades de voluntad, en- tonces es cordura retirarse al seguro puerto del dar vado.» Completamente libre de adulación no podía estarlo Gracián en su tiempo. Verdad es que en el Político Don Fernando (((El Orácu- lo mayor de la razón de estado»), había dicho: ESTUDIO CRÍTICO ((Protesto, que no alienta mi pluma el Favonio de la lisonja»; pero también él tiene sus héroes, á quienes inciensa y adora; á la vez que llama á su rey favorito don Fernando un héroe ((que su- po Juntar la tierra con el cielo», llama también á Olivares: ((gigante de cien brazos, de cien en- tendimientos, de cien prudencias».

Cree B. lo que no creeré yo de ningún modo: que el entendimiento del gusto no ha salido de las controversias estéticas de varios filósofos y poetas; que no es fruto de la observación y pon- deración de toda una época literaria, sino que se debe á la ((Gesellschaftslehre» de un hombre solo, de un solo pensador, del único Gracián. De la estrecha celda de un moralista escudriña- dor, muy diíilmente podía salir la verdadera averiguación y definición del gusto, que B. llama el teorema artístico más importante que quedaba aún á los modernos por descubrir. Mi humilde opinión es que el gusto no se inventa, como no se reconoce y forma de repente. Sin fundamento alguno, Trevisano había afirmado en su introducción á Muratori: Riflessioni sopra il buon gusto (Venecia, 17^6) que los españoles, más expertos y acertados que otros en el uso de las metáforas, habían hallado la palabra ((buen gusto». B. acepta sin más ni más la opinión de Trevisano en su Poetik der Re^iaissatice (pág. 308) añadiendo todavía que ya ios latinos reconocían un ((guslus» y los franceses distinguían un ((vrai- FARINELLI FARINELLI goüt)) antes de Gracián. Yo soy del parecer que si B. hubiera seguido con más atención en su li- bro magistral de la Poética las corrientes liteia- rias y estéticas del Renacimiento en Italia (r), probablemente hubiese encontrado una defini- ción ó averiguación del gusto muy análoga á la expresada más tarde por Gracián. No negaré por c->tu que Gracián tenia sus ideas propias é inge- niosas también sobre el gusto; que añadió á su reconocimiento intelectual otro sensual, si asi podemos llamarle; que desarrolló una teoría del gusto particular á su concepción de la vida y de las tendencias del hombre. Saber bien elegir, hallar el momento oportuno en todo, no llegar nunca demasiado pronto y nunca demasiado tar- de, saber vender sus cosas (todo es mercancía en el mundo, según Gracián, también los hombres, también la verdad misma), topar luego con lo bueno en cada cosa, lograr todo en su sazón, sa- ber gozar de las cosas en su punto, saber adi- vinar á veces: en esto consiste el secreto, la yir- lousidad del gusto. El gusto y la cultura están (i) Como falta principal de este libro muy conocido, puede considerarse la injusta y casi obligatoria omisión de los infinitos tratados de estética italianos del Renaci- miento, tan importantes para el desarrollo de las Poéticas en las otras, naciones. De ellas hablará sin duda con su notable competencia y sabiduría mi activísimo amigo B, Croce en la Storia delV Estética que prepara y de la cual ya ha dado á luz un primer ensayo, Tesi fundajnentali di mi estética etc. Napoli 1900.

ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO en relación reciproca. No hay el primero donde no hay el segundo. B., que supone el contacto de la idea moral y de la idea estética, admitido y clasificado de modo inimitable por Kant y Schi- 11er, conocido ya por Gracián ((el primer descu- bridor de estas esferas)), olvida que no es este des- cubrimiento de los modernos, sino más bien de los antiguos, admitido ya por Platón y luego por los neoplatónicos del Renacimiento. Tam- bién presenta B. como el primero que usó la ex- presión hermosura del alma (((Schónheit der Seele))) á su héroe, que, para él, nunca ha sido bastante alabado como precursor de las moder- nas corrientes filosóficas, como inventor y des- cubridor de nuevas partes ignoradas del pensa- miento humano. Una indagación exacta y con- cienzuda de los tratados estéticos del siglo xvi, tanto italianos como espafiolea;. un examen es- crupuloso de las interminables discusiones sobre hermosura espiritual, haria muy dudosa esta prio- ridad atribuida á Gracián. Por el momento, aun haciendo abstracción de la hermosura del ánima de Fray Luis de Granada (i), recuerdo el pasaje (i) «Beir alma» era expresión ya usada por los italia- nos del Renacimiento, familiar al Ariosto. Recuerdo, entre otros versos, unos muy flojos de Valentino Valenti (II Tem- pio alia Divina S. Do7ina Giovanna d' Aragona^ Venezia «Perché, tutto quel bene, il Ciel córtese, Ch era in potere, e di Natura, e d' Arte, In si beir Alma, in si bel corpo aggiunse.

FARINELLI siguiente del Tractado de la hermosura y del amor, del escritor lombardo Massimiliano Calví, que manejaba ccn pureza el idioma de Castilla y seguía las ideas filosóficas expresadas en los fa- mosos Diálogos de León Hebreo (i). (Excelencia de la hermosura del ánimo): ((Hago os saver que no es menos annexa la hermosura del ánimo á la del cuerpo, que la claridad á la llama». (Capí- tulo XIII. De la descripción verdadera de la hermo- sura humana menos perfecta). ((qué necesidad ay de tractar de la hermosura del ánimo para des- crevir esta del cuerpo? pues no solamente no tie- ne que ver có ella, siendo la una tan distincta de la otra, mas aquella del animo aun no meresce nóbre de hermosura, teniendo como tiene en cada una de sus preparaciones su nombre más propio que hermoso, como son, discreta, bien criada, docta, graciosa, jocunda, cortés, agracia- da y otros infinitos» íal f. 15b., léese también la expresión: hermosear al alma).

Como hechizo del buen gusto, vida de las prendas, aliento del decir, alma del hacer, realce délos mismos realces, perfección de las mismas perfecciones, Gracián considera el despejo, pala- (i) Del Tractado de la hermosura y del amor. Compuesto por Maximiliano Calvi. Libro prifne7o. En Milán 1576 f. 39. — Borinski no recuerda un capítulo; Entstehung und Be- griffsentwickclung des Ausdrucks Schbhe Seele en el libro de E. Schmidt, Richardson, Rousseau und Goüihe. Jena 1875. (Apend. IV) pág. 318 y siguientes. E. Schmidt no va más atrás de Philipp von Zesen.

ESTUDIO CRÍTICO bra que ni en alemán, ni en ninguna otra len- gua puede traducirse propiamente. Hay alguna afinidad entre el despejo español, y tXje ne sais quoi tan discutido por los moralistas. Feijóo es- cribió en 1733 tratados: el primero sobre la Razón del gusto ^ el segundo sobre El no sé qué (i), olvidando casi enteramente á su precusor el Padre Gracián, y siguiendo las ideas expresadas por los tratadistas franceses (Crousaz).