po Sueco solas quatro piezas de Artillería, serenta y dos en el Carría XXIX. 237 el Moscovita. Con todo, el no ganar Carlos la victoria pén- dió de un accidente, O reves fatal, que no se pudo prevenir. Habia a media noche despachado al General Creuts con qua- tro, O cinco mil Dragones, para que dando un grán' giro, viniese, despues de trabada la batalla, a dár por el fianco sobre las Tropas Moscovitas. Si esto se hubiese executado, la victoria era ganada 5 porque al primer encuentro, los Suecos rompieron, y desordenaron los Esquadrones enemigos; con que llegando entonces Creuts estaban los Moscovitas sin re- medio. Pero la adversa fortuna de Carlos dispuso, que des- caminandose aquel General, por falta de conocimiento del País, no pudiese llegar a tiempo 3 con que hubo lugar rehacerse los Moscovitas, y ganar la. batalla 5 loque debie- ron principalmente a su numerosa Artillería, y a la corta pro- vision de polvora del Exercito Sueco.
15 Podrá oponerseme, que siendo tan grande la capa- cidad de Carlos, como se pretende, pudo prevenir las co- sas de antemano, tomando providencias para no verse en aquellas angustias, e evitando los lances, 0 pasos que le conduxeron a la necesidad de dár la batalla. Respondo: Es cierto, que si Carlos no se hubiese metido en la Ukrania, no se hubiera visto en aquel ahogo. Pero quando tomó aque- lla resolucion, ninguna otra se pudo representar igualmen- te conducente para ¿lograr el fin que se habia propuesto de derribar al Czar del Trono. Los motivos que “intervinieron en ella, debian determinar a la prudencia mas remirada: Iba siguiendo al Czar por la rota de Moscou 3 pero llegó el caso de ser imposible proseguir el alcanze. Habia el enemi- go hecho impracticables los caminos, y quemado todos los lugares situados en ellos, y en sus cercanías. Iba entrando el Invierno, y las dificultades de los pasos habian de hacer mui perezosa la marcha. Se le iban acabando a Carlos las provisiones, y no podia hallarlas en un País enteramente desolado. Con que le era preciso, O retroceder a Polonia, o abanzarse a la Ukrania. Para preferir este segundo parti- Eos intervenian dos poderosos motivos, El primero, que tenia inteligencias con el General Mazepa, Principe, 0 Gobet- 238 Cartos XII, y Atexanbro Macno.
bernador de aquel País, el qual resuelto a sacudir el yugó del Czar, habia ofrecido a Carlos asistencias de gente, de dinero,, y de todo genero de provisiones, subleyando la Pro- vincia a favor suyo, como en efecto tenia las mejores dis- posiciones del mundo para executarlo. El segundo, que in= vernando en la Ukrania, se hallaba en la Primavera proxi= ma mas cerca de Moscou, y sin embarazo alguno, mas que el de la gente que se le opusiese, y a quien con mucho fun- damento esperaba vencer facilmente, para arrimarse, y entrar en aquella Capital. A este fin habia dado orden al General Levenhaupt de que le conduxese quince mil hombres mas de Suecia con muchas municiones, siguiendole por el camino de la Ukrania. Pero un proyecto tan. bien concer- tado, se hizo infeliz por la concuorencia de varios acciden. tes adversos. La Armada Sueca erró el camino de la Ukra-= nia, apartandose de él mas de treinta leguas, y con gran trabajo le recobró. Casi toda la Artillería, y municiones que llevaba, quedaron sepultadas en muchas lagunas que en- contraron. Llegaron los Soldados a la Ukrania medio muer= tos de hambre, y de fatiga. Antes que llegasen, habia sido descubierta la conspiracion de Mazepa, y disipada por el Czar, que derrotó sus Tropas, se apoderó de la mayor parte del riquisimo tesoro de aquel General, y hizo perecer gran numero dé sus confidentes en el suplicio de la Rueda. El General Levenhaupt no pudo partir tan presto como era menester; con que tubo el Czar tiempo para salirle al paso con un poderoso Exercito, en que habia quatro Moscovitas para cada Sueco. Cinco choques sangrientos resistieron es- tos, en. que mataron veinte mil Moscovitas5 pero reduci- dos los quince mil Suecos a solos cinco mil, hubieron de ce- der, perdiendo todo el Comboi. Á estas desgracias se agre- gó la. de sobrevenir el Invierno mas cruel (el del año de nueve ) que vió la presente generacion. La hambre, y el frio consumieron:«en aquel Invierno una buena parte de las Tropas Suecas: En» una marcha sola murieron dos mil de frio. Los que no mató:, ni el hambre, ni el frio, quedaron tan debilitados, que se podian contar por medio muertos. Me- Carta XXIX. | 239 16 Menores reveses de la fortuna, que hubieran sobre- venido a Alexandro, no solo hubieran cortado enteramen- te el curso de sus victorias, mas aun se puede creer, que hubieran abatido su espiritu. El de Carlos se mantúbo cons- tante entre tantas contrariedades de la suerte. Por su rostro nunca se pudo distinguir, si era infeliz, u dichoso, yen- cedor, o vencido, 17 Pero asi como, si las adversidades, que padeció Carlos, hubieran caído sobre Alexandto, le hubieran red cido a un estado bien misero: si Carlos hubiera tenido la for- tuna de Alexandro, es mui verisimil, que se hubiera hecho mucho mas ilustre que él. Esto se demuestra con el hecho de que, conspirando a un mismo tiempo contra él tres Monarcas, de los quales, el que menos era tan poderoso como el; con repetidas victorias, en breve tiempo humilló a uno y quí- tó la Corona 4 otro, y al tercero tubo cerca de lo mismo, Esto en Europa nunca se habia visto, ni en Alexandro halla- mos motivo para creer, que hubiera logrado lo mismo, ba- tallando con las Naciones Européas de su tiempo 3 pues de sus conquistas sobre los Barbaros dela Asia no se puede de- ducir tal conseqiiencia. Pero la mas fuerte demonstracion de que Carlos, con igual fortuna que Alexandro, se hubiera he- cho mas ilustre, se toma de las pruebas que vamos. dando, de que en el complexo de las virtudes proprias de un Con- quistador, excedió el Heroe de Suecia “al der Macedonia.
18 La clemencia fue una de aquellas, en-que mas se pu- do notar el exceso. Es verdad, que no siempre exerció Car- los esta virtud. Obró contra ella, y con nimio: rigor en el suplicio del General Patkul. Mas al fin, solo una vez, y so- lo con un hombre fue rigoroso, y aun concederé ', que cruel, Mas Alexandro,'¿quantas veces, y no con uno, ú otro:, sino con millares de hombres, igualó en la crueldad “al hombre mas barbaro * Diganlo el saco, y desolacion de Thebas. Di- galo la ruina de Tiro, donde sin mas delito de parte de los habitadores, que haberse defendido con valor, dió orden para que fuesen pasados al filo de la ¡espada quantos no se hallason refugiados en los Templos-;+y:despues de saciada la ira 240 CartLos XII, Y AutezanDro Macno.
ira del Soldado en muchos millares, que cayeron por las ca lles, hizo morir en cruces dos mil que quedaron, cubriendo toda la orilla del Mar Tirio con tan horrible espetáculo. Di- galo la horrenda: matanza de toda la Nacion, O. estirpe de los Branquidas, que hizo executar 4 sangre fria, Digalo su bar: barie con el Principe Arimaces Sogdiano, y todos los Nobi lisimos de aquella gente, que habiendo, despues de poca re sistencia, baxado de la Montaña a rendirse, despues de azo- tarlos, a todos los hizo crucificar. Omito casos menos no tables.? | 19 Mayor aún que en la clemencia, fue la ventaja, que hizo Carlos a Alexandro en la continencia. No fue, a la ver- dad, Alexandro de los Principes mas desordenados en el ca- pitulo de lascivia. Pero estubo mui lexos de ser continente, Plutarco dice, que fuera de las nupcias, no tocó a mugger alguna, sino a Barsene. Debió de olvidarse Plutarco de la prostituta "Thais, que.no calló Curcio, y de la concubina Campaspe, de quien hablan Plinio, Eliano, y otros, Cut- cio introduce tambien en el lecho de Alexandro a Thalestris, Reina de:las Amazonas. Pero yá ¿Juan le Clerc, en la Critica que hizo de Quinto Curcio, con gran fimdamento notó esto de fabula. Su circunspeccion, respecto de la hermosisima mu- ger de Darío, es laudable. Pero su detestable comercio con el Euúnuco Bagoas, que sobre las torpezas del lecho le hizo cometer “algunas mui graves en la conducta, no permite presentarse Alexandro a la imaginacion sin horror.
20 Al contrario, no se halla en las Historias Principe mas limpio por esta parte, que Carlos. Jamás se notó en él el mas leve defecto, ni en obra, ni en palabra contra la mas escrupulosa pudicicia 5 lo que es digno de notar en un hom- bre, que pasó toda la vida sin casarse. Lo que sucedió con él a la célebre Condesa. de Konismar, puede reputarse por un brillante rasgo de continencia heroica. Era esta Señora una de las mayores hermosuras de Europa 3 y no solo una de las mugeres mas discretas, pero acaso la mas discreta de to- das. El Rey Augusto ¿que se habia familiarizado demasiado con ella, quando llegó a vér vacilante su Corona, y al Rey de Carra XXIX, 241 de Suecía inflexible en el proposito de quitarsela de la cabe- za, juzgó tener en la hermosura, y discrecion de esta Se- ñora los dos instrumentos mas oportunos del mundo, para doblar el animo de Carlos a algun decoroso partido: en cu- ya conseqúencia la envió, para que le hablase 5 lo que ella podia hacer, ocultando al público el motivo 3 porque sobre ser de una familia ilustre de Suecia, y poseer algunos bienes ea aquel Reyno, había estado algun" tiempo en Stokolmo, y allí conocido a Carlos. Pero por mas instancias que hizo pa- ra lograr audiencia de él, no la pudo conseguir. Facil es dis- currir el motivo de la negacion. Las mismas prendas que hacian que todo el mundo amase a la Condesa, hacian que Carlos la temiese. Constante en no cometer alguna accion indigna de su Heroismo, se resolvió a apartar una tan peli- grosa ocasion. No por eso desistió del intento la Condesa. Como Carlos salía todos los dias dos veces a hacer algun exercicio a caballo, se determinó a esperarle, ya por un ca- mino, ya por otro; y en efecto, logrando ya una vez ha- llarse en la vereda por donde venia Carlos, al acercarse éste, baxó de la Carroza para hablarle. Pero Carlos, reconocien- do por las señas ser la bella Condesa de Konismar quien le esperaba, firme en evitar el peligro, no hizo mas que salu- darla cortesmente con el sombrero; y volviendo la brida, retrocedió a tomar otra senda: De suerte, que la Condesa ( dice el discreto Autor de la Historia de Carlos ) no logrd de su viage mas, que la satisfaccion de poder creer ser ella en el mundo el unico objeto, a quien temia el Rey de Suecia.
21 Habiendo sido tan superior Carlos a Alexandro en la continencia, lo fue mucho mas en la templanza. En esta materia no hay otro Paralelo entre los dos, que el de dos extremos sumamente opuestos, uno de templanza, otro de destemplanza. Carlos muy parco, Alexandro muy glotón. Carlos no usó jamás de otra bebida, que agua: Alexandro fue vinoso con sumo exceso, pasando mucho mas allá de la cantidad de vino que podia resistir, ni su estomago, ni su cabeza. Asi, era en él muy freqiiente la embriaguéz. Athe- néo, citando a Eumenes Cardiano, y a Diodoro de Ery-= Tom. I. de Cartas, Q thréa, 242 Caros XII, y ÁLEXANDRO MAcNo.
h réa, refiere, que habia tal borrachera, que le hacia dor- mir dos dias: continuados con sus noches, 22. Al la observancia: de la palabra dada, no veo que ha- yan faltado] Jamas, ni uno, ni otro, Pero hall lo en Carlos una sublimidad de pundonor en este punto, de que no nos minis- tra exemplo alguno Alexandro. Quando estaba para salir de los Domiai os Otomanos, muchos de los suyos, que no te- nian con que hacer el ldrgo viage a sus tierras, Sacaron pres- tadas de algunos Turcos varias cantidades de dinero, a grue- sos intereses, a cuenta del Rey. Habiendo llegado a enten- derlo el € omandante Turco, que de orden del Sultán le ha- bia de conducir a a la Frontera, le dixo al Rey, que siendo la usura contraria a la Lei Mahometana, Suplicaba a su Ma- gestad, que haciendo liquidar todas aquellas deudas, diese orden al Residente que dexaba en Constantinopla, de no pa- gar mas que el capital. Vo, (dixo el Rei ) si mis domesticos hicieron obligación de cien escudos,yo quiero pagarlos, aun quando no hayan recibido sino diez.
23 Por lo que mira a la liberalidad, todo lo que se pue- de decir con verdad de Carlos, es, que estubo mas distante que Alexandro de la avaricia, porque pecó en el extremo contrario. Alexandro fue liberal; Carlos pródigo, y lo peor, que sus profusiones se hicieron muchas veces a cuenta age- na. Pocos dias despues, que fugitivo del Czar, entró en Tos Estados del Turco, el Sultán, con magnificencia propria de tan gran Principe, sobre dár orden, que a él, y a los suyos, (que eran mil y ochocientos )se asistiese abundan- te, y gratuitamente con todo lo necesario, le consignó a la persona del Rei, para gastos supernumerarios; quinientos escudos cada dia, que cobró efectiva, y puntualmente los cinco años, que se mantubo en Bender. Esta contribucion, que se podía considerar larguisima para un Rey reducido a vivir de limosna, en las manos de Carlos, era poco mas que nada. En aquel estado de mendicidad, pasaba' ¿su Te- sorero Grotusen, que era tan perdigo como él, y por eso mui amado, cuentas mas alegres que las del gran Capitan. Dabale, un dia el Tesorero ado cia al a de algunas can: Carra XXIX. | 243 Carra XXIX. | 243 tidades, que habian entrado en su poder; habia entre ellas una partida de sesenta mil escudos, de la qual se descargo en dos lineas, de este modo: Ha de baber, que obedeciendo los ordenes generosos de su Masestad, repartídicz mil entre Suecos, y Genizaros, y el resto me lo comí yo. Lo que reci- biendo el Rei festivamente: Pé aqui (dixo ) como yo quiero que me dén cuenta mis amigos. Mullern (este era el Chanci- ller) es un hombre pesado, que me hace leer paginas ente- ras sobre lacantidad de diez mil francos: Po me hallo mejor con el estilo laconico de Grotusen. Tan sin reparo, y tan inutilmente consumía el dinero 3 y asi, con «ser asistido del Sultán con tanta generosidad, a cada paso buscava cons!- derables cantidades por via de emprestito, por lo que se car- gó de crecidas deudas5 para cuya satisfaccion, antes de sa- lirde Bender, pidió al Sultán mil bolsas (el valor de cada una de mil y quinientos florines de plata) ¡ Monstruosa de- manda! Con todo, el generoso Otomano, no solo le dió las mil bolsas, pero aun añadió doscientas mas. No se pue- de negar, pues, que la profusion de Carlos fue mui viciosa; pero tampoco se puede negar, que este es un vicio, que pi- de gran corazon. Acaso tambien la bizarria de Alexandro paso de los límites, en que debía contenerse; pues Plutarco refiere, que su madre Olympias freqúuentemente en sus car- tas la corregia como excesiva.
-24 En orden a la yirtud de la Justicia, no hai propor- cion alguna de uno a otro Heroe. Apenas hizo Guerra algu- na Álexandro, que no fuese injusta. Nada le debia todo el Oriente. Ningun Principe de la Asia le habia provocado. Ningun derecho tenia a los Reinos que conquistó. Ni aun las Guerras que tubo dentro de la Grecia, se pueden llamar justas. Es verdad, que se armaron contra él Athenienses, y Thebanos; pero podian hacerlo segun derecho, porque le tenian para recobrar lo que les había usurpado su padre Fili- po. Asi, fue tiranía de Alexandro tratarlos como rebeldes.
25 Carlos, al contrario, ño hizo Guerra alguna, que no fuese Justa. Dado al ocio, y entregado todo a pensamientos pacificos estaba en su Corte de Stokolmo, quando conspira- Q2 con 244 CarLos XI!, y ALexAnDro Macno.
ron unanimes contra él el Czar, el Rey de Dinamarca, y el de Polonia. No tenia entonces Carlos mas que diez y ocho años. Confiriendose en su Consejo, sobre los medios de des- viar la formidable tempestad, que amenazaba a la Suecia, no hallaban los Consejeros otro arbitrio, que el recurrir a las ne- goclaciones, y este fue el unico que propusieron al Rey: A cuya representacion, levantandose el generoso Joven, en un tono, que respiraba magestad, y valentía: Monsieures, les dixo, tengo tomado mi partido. Yo me he propuesto no em- prender jamás Guerra alguna injusta 5 pero al mismo tiem- pomo desistir jamas de la que fuese legitima, hasta arruí- nar a mis enemigos. Lré a atacar el primero que se decla- re5y quando le baya vencido, creo inspiraré algun miedo a los demas. En efecto, él no hizo Guerra, sino a los Princi- pes que le habían provocado. El Rey de Dinamarca, sobre quien cayó el primer impetu, en breve tiempo se vio redu- cido a baxar las Armas, y pedir la Paz, que consiguió con las condiciones, que quiso prescribir el Vencedor. El de Po- lonia, despues de vencido en muchas batallas, fue despojado por Carlos de la Corona. El Czar padeció muchas derrotas, y. verisimilmente hubiera Hegado al mismo infortunio, si tantos accidentes adversos, como hemos insinuado arriba, no hubieran desbaratado los designios de Carlos.
26 Es verdad, que algunos le acusan de haber excedido en la satisfaccion que tomo del Rey Augusto, pareciendoles nimio rigor privarle de la Corona, y. que no era menester tanto para castigar una invasion injusta. Yo me arrimaria a esta sentencia, si la Corona fuese hereditaria 3 ya porque en ese caso el castigo se extenderia a su inocente posteridad; ya porque estando mas unida al sugeto una Corona radica- da en su misma sangre, viene a ser mas violento el despojo. Ni uno, ni otro tropiezo hay en una Corona electiva, qual era la que quitó Carlos a Augusto. A que se añade,' que en éste no era tan lamentable como lo sería en otro el descense del Trono, por quedar siempre, como Duque de Saxonia, Principe Soberano.
27 Y sea lo que fucre de esto, no tiene duda, que al mis- Carta XXIX, 10% 245 mismo tiempo qué quito el Reyno a Augusto, mostró Carlos un desinterés heroico, y un amor grance a la justicia, Es constante, que pudo entonces, como le dió a otro, tomar para sí mismo el Cetro de Polonia; porque scbre ballarse dentro del Reyno con un Exercito victorioso, a quien nadie se atrevería a resistir, tenia entre los mismos Polacos un gran partido, Su Valido el Conde Piper, le aconsejaba, que no perdiese tan bella ocasion, Pero Carlos sacudió la tenta- cion, diciendole, que mas se complacia en dar Reynos, que en adquirirlos, Y añadió al Conde, sontiendose: Tu eres bueno para Ministro de un Principe Italiano. Dicho, en que mostró su repugnancia a adquisiciones injustas: y al mismo tiempo el concepto de que la Política Italiana no es escrupulosa sobre este capitulo, 28 He concluido, Señor mio, el cotejo de los dos He- roes, con que pienso traer a Vimd. 2 mi opinion, de que la ventaja está de parte del Alexandro del Norte. Este nom- bre dán unanimes las Naciones a Carlos Duodecimo, Rey de Suecia: como a Margarita de Valdemar, Reyna tambien de Suecia, llamaron la Semiramis del Norte. Y yo hallo entre los dos la conformidad, de que poseyendo las virtudes del Alexandra de la Grecia, y de la Semiramis de la Asiria, ca> recieron de los vicios de esta Heroína, y de aquel Heros, Soi en todo tiempo de Vind, áec, 246 SOBRE UN PHENOMENO. DE INSECTOS, CARTA XXX.
EL MOTIVO DE LA SIGUIENTE Carta fue escribir un caballero forastero a un Amigo suyo, residente en este Principa- do, solicitandole a que inquiriese del Autor Lo que sabía, y sentía en orden al Phenomé- no queexplica en su respuesta. Esta se dirige al Caballero residente en este País.
1 Migo, y señor: Llegó ya el tiempo de cumplir con "A el precepto de Vmd. satisfaciendo la: curiosidad de su Amigo en asunto del decantado prodigio de las Flores.
de San Luis del Monte, que tanto ruido ha hecho. en. elmun= do.5, pero que rebajando. lo.que la fama añadió a la realidad, no merece el nombre de prodigio, pues solo viene a ser un:Phe- noméno. algo particular, dentro del orden. de la naturaleza.
2 Si el hecho fijese como comunmente se refiere, y Co- mo llegó a los oídos del Amigo de Vmd.. sería preciso con- fesarle milagroso. Dicese, y aun pienso que anda estampa- do en algunos libros, que el dia de San Luis Obispo, (19 de Agosto) en una Ermita consagrada a este Santo, coloca- da, no en un Valle, como.escribe el Amigo de Vind. antes en la cima de una Montaña, (que por eso se dice San Luis del Monte) a distancia de legua y media de la: Villa: de Can- gas de Tinéo, Pueblo de este Principado de Asturias, al can- tar la Misa Mayor, las paredes, y puerta de la Ermita, Juntamente con el Altar, Vestiduras del Sacerdote, Caliz, y Corporales, repentinamente se pueblan de unas mui peque- ñas 5 Horecitas DASS? en gran copia: y que estas se aparecen Carta XXX, 247 cen precisamente en aquel puesto, en aquel dia, y en aque lla hora, no viendose jamas en otro sitio, ni en aquel, sino al tiempo de cantar la Misa en el día señalado, El conplexo de circunstancias de aparicion repentina, invariable determinacion de sitio, dia, y hora, bien yerifi- cadas, harian prueba de ser milagroso, d sobrenatural el su- ceso, Pero por lo que tengo ayeriguado, todas estas circuns- tancias, exceptuando la primera, que es verdadera en parte, son supuestas. Ñ Años ha, que hallandose en esta Ciudad el Doctor Don Estevan del Hoyo, que lo es de esta Uuniversidad de Oviedo en la Facultad Teológica, y Cura de Santa Maria de Ciguyo, en las cercanías de la Villa de Cangas, me in- formé de él en orden al suceso referido, Este me dixo, que aunque nunca habia subido a la Ermita de San Luis, esta- ba persuadido a que el caso no era milagroso 5 porque flores de la especie misma de las de San Luis del Monte se halla- ban en otras muchas Iglesias de aquel contorno, y no en hora, ú dia determinados, sino en todo, d casi en todo el espacio del Estío. Con esta noticia, dada por sugeto docto, y veridico, no di por entonces mas pasos en la pesquisa. Pero luego que Vmd. me manifestó la curiosidad de su Amigo, juntamente con su deseo, de que yo le diese saris- faccion, solicité mas individuales noticias; y las que allé, fueron las siguientes, | 5 Loprimero, sin fundamento alguno se sienta, que las flores solo aparecen el dia de San Luis; porque aquella Ermita solo se abre el dia del Santo 5 ni aun por estár so- bre una Montaña bastantemete agria, y retirada de “toda poblacion, sube la gente a ella en todo el discurso del año, sino en el expresado dia: Por tanto, nadie puede cercificar, que solo en aquel dia parecen la flores: antes se debe creer, que en aquella Ermita sucede lo que el Doctor Hoyo me refirió sucede en varias Iglesias de aquel contorno, que es ser comun aquel Phenoméno a todo el Estío.
6 Lo segundo es supuesto, que solo mientras se canta la Misa Mayor aparezcan las flores. Don Joaquien de Velar- Q4 de, 243 SOBRE UN PHENOMENO DE INSECTOS, de, Capitular de esta Santa Iglesia, y pariente de Vimd. me: cerrificó, que hallandose en la Villa de Cangas un dia de: San Luis, en compañia de su hermano Don Romualdo, Co-, legial Mayor del de San Bartholomé de Salamanca, (hoy es Oidor en el Real Tribunal de la Coruña ) ya por devocion,' ya por curiosidad, subieron los dos a la Ermita, y en sus paredes vieron las flores, na solo mientras se cantaba la Misa Mayor, mas tambien antes, y despues de la Misa, y: recogieron en una caxa tres de ellas, en las quales se obser-. vó lo que diré abaxo. Aunque yo no tube ocasion de hablar con Don Romualdo sobre el asunto 5 sugetos que le oyeron, me aseguraron haber hailado su testimonio conforme al de: su hermano, asi en lo que lleyo dicho, como en lo demas que se sigue. Vid. que conoce, como yo, a. uno, y otro,: puede afirmar al Amigo, tanto la veracidad, como la discre- cion de ambos hermanos, | | 7. Asimismo me certificó Don Joaquin, que no solo den-, tro de la Ermita, mas tambien en el campo vecino, se ha= llaban dichas flores, y él. vió: coger una entre las hierbas 2: una muger, que me nombró, y entrambos conocemos, Item, que no solo en el campo vecino, mas en otras partes de aquel territorio se encuentran 3 y que el mismo Don Joaquin, en un balcon: de la casa, que su hermano Don Pedro tiene en la Villa de Cangas, casualmente halló una. | 8 Mas: Me dixo ser falso lo que se cuenta de ser tanta: la copia de flores que se vén en la Ermita. Al contrario, son tan pocas, que es menester buscarlas con cuidado, y rara se encuentra, sino en los rincones, y sitios retirados, y sombrios. La inundacion de fiores sobre las Vestiduras Sacerdotales, Áltar, Caliz, y Corporales, nada tiene de verdad. | | ente 9 Teniendo escrito hasta aqui, supe, que acababa de llegar a esta Ciudad el señor Don Pedro Velarde, hermano delos dos Caballeros nombrados arriba, y Mayorazgo de su Casa, Como este Caballero tiene su residencia ordinaria en la Villa de Cangas, pareciendome que no podia carecer de noticias del hecho en question, determine consultarle; MA Carta XXX. 249 y en efecto me confirmó todo lo que me habia dicho su her= mano Don Joaquin; añadiendome, que en una Iglesia, que hay en un Arrabál de Cangas, del “Titulo de nuestra Señora de las Nieves, se encuentran freqúentemente las florecitas: de que hablamos, | 10 Nosolo en todo lo dicho no parece asomo, d ves= tigio alguno de prodigio sobrenatural; mas ni aun, dentro del orden de la naturaleza, contiene el Phenoméno cosa dig- na de particular admiracion. Debe suponerse, con todos los mejores Physicos modernos, que por todas partes están esparcidas semillas invisibles de innumerables plantas dife- rentes, las quales no en todas partes germinan, porque han menester para ellos tal, O qual xugo determinado, el qual hallan en un País, y no en otro, en un sitio, y no en otro, $c. Puesto lo qual, ¿qué dificultad hay en que aquellas flores nazcan de unas semillas invisibles, las quales, por su pequeñéz, se dexen llevar del viento a las breves ense- nadas de las paredes; y hallando en ellas xugo proporcio- nado, el qual, sin embargo, puede haber en aquel territo- rio, y otros que ignoramos, mas no en todos, logren su produccion? 11 Solo una circunstancia resta, que puede dár algo que hacer al discurso 3 y es, que muchas de aquellas flores sue- len aparecerse repentinamente 3 de suerte, que de un mo- mento a otro, en el sirio mismo donde nada se veía, se vé Inopinadamente una de estas flores. Entre todas las circunstancias admirables, que la fama atribuye a dichas flores, so- lo de esta deponen los Caballeros, que he citado, negan- do constantemente todas las demas. Mas ni esto, a la ver- dad, debe embarazarnos mucho. Dos causas se pueden dis- currir de la repentina aparicion. La primera, la exquisita pequeñez de las flores, Freqúentemente sucede, con objetos muy menudos, no percibirlos la vista por un rato, aun bus- candolos con atencion en el sitio adonde están, ya porque es menester para percibirlos dirigir perfectamente a ellos el exc Optico, y tal vez pasa considerable espacio de tiempo antes de lograrlo; ya porque no a qualquiera luz, d positu=- ra 250 SosrE uy PHeNoMENO DE ÍNsECTOS, ra se descubren; y asi, muchas veces, lo que mirando de un lado no se veía, se vé mirando del lado opuesto, La segunda causa puede ser la pronta generacion, y aumento de las flo= res. Asi en las plantas, como en los animales, hai suma va- riedad en quanto al tiempo que gastan en su generacion, incremento, y duracion.
12 Silos que están persuadidos de la voz comun estra=: ñaren mucho vér degradado de milagro el hecho de las Flo- res de San Luis del Monte, es natural, que estrañen mucho mas vér degradadas de Flores las que el universal consenti- miento llama tales 3 pues esta es una novedad grande, una estraña Paradoxa, aun para los mismos que las han yisto. Sin embargo, en caso de no ser cierta esta Paradoxa, es, a lo menos, probabilisima. El pensamiento, no es en su ori- gen mio, asicomo no es mía la experiencia principal en que se funda. Los dos Caballeros, alegados arriba, Don Joaquin, y Don Romualdo, quando fueron ¿ la Ermita, recogieron tres de las pretendídas flores, las quales deposi- taron en una caxita, que uno de ellos guardó en el pecho. Yendo a reconocerlas el dia siguiente, notaron, que se mo- vian progresivamente por el suelo de la caxa, Abriendoles los ojos esta novedad, para examinar la cosa con la mayor atencion, hallaron, que cada flor estaba dividida en seis, como senos, O celdillas que representaban ser sus hojas; y en cada uno de dichos senos un pequeñisimo gusanillo. No les ocurrió entonces sino lo que el caso a primera vista re- presenta, esto es, que aquellos gusanillos habian nacido, y criadose en las flores, como en efecto, en varias plantas, Ó en todas se crian varias especies de insectos, Pero mirada despues con mas reflexion, la materia vinieron a dar en la idéa de que las que tenian por flores, no lo eran, sino unos racimitos de pequeñisimos huevos, unidos, y sostenidos en un pediculo comun; de los quales hueyos, 0 en los quales, se engendraban los pequeños insectos, 0 gusanillos que ha= bian visto moverse. En cfecto, varias circunstancias que observaron, los confirmaron en el pensamiento, Y yo pue- do decir, que habiendo visto dos de estas flores, que vinie- Ton