SigPhi · Benito Feijoo

Cartas eruditas y curiosas, Vol. I (1773)

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4 Nome acuerdo de haber leido caso alguno de la mis- ma especie, mas que los dos referidos 3 pero sí otras antici- paciones prodigiosas contra el orden que comunmente ob- serva la Naturaleza. Los adelantamientos del espiritu con des- proporcion a la edad, no son tan raros como los del cuerpo, No hay Reyno, ni siglo, en que no se vean algunos Niños, que admiran al resto de los hombres, por la capacidad que muestran. En el Tomo 6 del Teatro, Discurso I, Paradoxa 6, propuse algunos exemplos, y entre ellos los notabilisimos de Gus- 282 AnrTIcCIPADA RoBusTEZ DE UN Niño.

Gustavo de Helmfeld, Sueco 3 y Christiano Henrico Heine- cken., natural de Lubek, en el mismo lugar dí la razon de ser menos infrequentes los veloces adelantamientos en las perfecciones del espiritu, que en las del cuerpo; y es, que en aquellas, mucho mas desiguales hace: a los hombres el. temperamento nativo, que la edad; pero en. estas sucede lo contrario.

5 Por lo que mira a la anticipacion de la facultad gene- rativa, tengo en la memoria el caso de una hermana del fa- moso Cnimista Mr. Homberg5 que se casó a los. cho. años, y fue madre a los nueve. Pero esto es nada en comparacion de lo que se lee en el Tomo 6 de la República de las Letras, donde haciendo el extracto del Tomo 13 de las Ephemerídes de la Académia Leopoldina, se cuenta, queen Turingia, Pro= vincia de Alemania, en la Alta Saxonia, el año de 1672, la muger de un Molinero dió á luz una Niñ ina fecunda de otra, la qual con los accidentes ordinarios que preceden, y subsi- guen a los partos, parió a los ocho dias despues de su naci- miento; pero en breve murieron una, y otra. Alli se cita, para otro caso semejante, a Bartolino en la Observacion 10 de la 6 Centuria, y al Padre Eusebio Nieremberg para otro, suceso aun mas prodigioso y que es haber nacido una Mula, conteniendo otra en el útero. El pensamiento de Bartolino de que en tales casos la madre concibe dos fetos, de tal mo- do, que uno se envuelve en el otro, parece que es quanto puede discurrirse en la mataria. Pero hechos de este ESneIo, piden testigos mui calificados.

6 Comunmente se tiene por presagio de vida corta una grande anticipacion en las perfecciones del alma. Siempre que se vé un niño de extraordinaria capacidad, se dice con una especie de tímido desconsuelo, que no se ha de lograr. Pero yo creo que esto se puede decir con mas fundamento, y aun con seguridad de los que se anticipan en las perfec- ciones del cuerpo. Asi yo desde luego pronostico una vida breve, asi al Niño que se vió en París el año de 36, como al de San Leonardo. Sino es regla general de la Naturaleza. el que lo que en poco tiempo logra su perfeccion, en poco ticm- Carta XXXV, | 283 tiempo se precipita a su corrupcion, por lo menos faltale poco para serlo. En animales, y plantas, vemos por lo co- mun, y acaso siempre, observada esta regla. Proporciona- se su duracion al tiempo de su incremento. Ási como siendo comun en el hombre conseguir toda la estatura, y vigor del cuerpo a los veinte años, es tambien comun su senectud a los sesenta 5 el que a los diez años lográre toda aquella per- feccion, se puede hacer la cuenta de ser viejo a los treinta, Este infeliz pronostico se aplica comunmente, como dixe poco há, a los que en la edad tierna muestran una capa- cidad ventajosa. Pero ni en la experiencia, ni en la razon ha- llo bastante fundamento, Hugo Grocio, Gerónimo Biñon, el famoso Servita Erai Pablo:Sarpi, y Gaspar Sciopio, todos qua- tro mui celebrados por sus rápidos progresos en las Ciencias desde niños, no dexaron de vivir, el primero sesenta años, el segundo sesenta y seis, el tercero setenta y uno, y el ul- timo setenta y tres. Ni aunque calle otros muchos, debo. omi- tiral gra12 Newton, que habiendo,- desde la primera juven- tud, excedido en las Miutematicas a quantos le precedieron, amurió de ochenta y cinco años. Si se examina la razon tam- poco se descubre qué-conexion pueda tener una infancia in- geniosa, con una muerte temprana. La perfeccion, O imper- feccion de los organos, que sirven a las facultades intelecti- .ya,. y memorativa, no infieren vida corta, ni larga ¿Quién hasta ahora observó que los hombres mas rudos vivan mu- cho mas que los mas habiles * Si fuese verdad lo que afítma Zristoteles, que los de excelente ingenio son mui melanco- licos, podria inferirse en ellos, pol lo comun, una breve vi- da: Multos enim occidit tristicia, dice el Eclesiastico. Pero el hecho que afirma, Ó supone Aristoteles, Se vé a cada paso contradicho por la experiencia.

8 Estimo mucho a V. P. el desengaño de la fabulosa mu- ger silvestre, hallada en los Pinares de Soria. Á no estar yo habitualmente tan sobre mis guardas, para no dar asenso fa- cil a las relaciones de cosas prodigiosas, O extraordinarias, hubiera caido en la tentacion de publicar en alguno de mis , Escritos aquel peregrino hallazgo, pues me lo refirieron per- so- 284 ANTICIPADA RoBusTEZ DE UN Niño, sonas fidedignas, como que lo tenian de originales muy segu ros, y circunstanciado hasta los ultimos ápices. Segun estas, la Niña hallada en el Monte, carecia del uso del habla, aun que era de edad bastante para el exercicio expedito de la len- gua: huía de la gente, y se irritaba contra ella como una fiera, imitando los ademanes de un gato tímido, y colerico. En fin, coxida, y domesticada, aprehendió a hablar, y salió en todo tan capáz, como si hubiera tenido en los primeros años la comun educacion. Pero en realidad, segun V. P. me escribe, todo viene a parar unicamente, en que marido, y muger del paysanaxe yecino, con una tierna hija suya, fie- ron a hacer no sé que labor al Monte, y estando divertidos en él, la Niña con inconsideracion propia de su edad, apar- tandose de ellos, se emboscó a tanta distancia, que tardaron dos, Ó tres dias en hallarla. Sobre un acontecimiento tan tri- vial se fabricó un suceso tan estraño. Tal es el prurito de los hombres por fingir portentos, y tal la ceguera del Vulgo en dár asenso a las ficciones. Quince años há que estoy conti- nuamente declamando contra la fatua credulidad que reyna en el mundo 5; y pienso que el mundo, a la reserva de pocos individuos, en quanto a esta parte, se esta como se estaba. Todos oyen mis voces, y casi todos parece que están sordos a ellas: Dilexerunt homines magis tenebras, quam lucem.Puede ¡V. P. vivir asegurado de mi afecto, y rendida obediencia, 8Zc, CARTA XXXVI SATISFACCIÓN A UN GAZETERO.

Y UI Señor mio: Vista la queja de Vmd. en asunto Yi de lo que en el octavo Tomo del Teatro escribí sobre la poca fé, que en orden a algunas noticias merecen las Gazetas de esa Ciudad, quisiera dar a Vimd. una satis- faccion tan de su gusto, que pudiese tener el de estamparla, pe Carta XXXVL 285 para reintegrar eh el Público el crédito de su pluma. Pero esto es lo que acaso no podrá serz porque a quanto para este efecto puedo extenderme,.es RE conceder la- buena té de Vmd. en quanto escribe, y estampa, a la qual ciertamente asiento mui de corazon por las noticias que tengo de su sín- céro, y honrado genio.? . 2 Hagome cargo de lo que Vimd. me dice, que: no tie- ne tiempo para examinar la verdad de las noticias que. reci, be antes de darlas al Público, por ser preciso -ponerlas en la: prensa inmediatamente a su recibo 3 5 de otro modo, se ex- pondria a no anunciar en la Gaceta, sino sucesos sabidos an- tecedentemente de todo el mundo. Convengo en ello; y asi, no pretendo tal pesquisa, st solo, que asi Vamd, como:todos los demas Gaceteros, usen de alguna precaucion en el mo-. do de divulgar aquellas especies, que por el caracter de mui extraordinarias, se hacen sospechosas, a fin de que los Lec- tores incautos no las admitan como ciertas, a menos que no lleguen autorizadas por testigos mui fidedignos, Poco cuesta el ribete de que tal noticia necesita de confirmacion. | O Es por lo que de Oran se me habia escrito, que Vimd. no tenia la especie del Carbunclo de otra mano, que la del Oficial, que fue Áutor de la fabula3 en cuya con- sequencia noté, que constando en esa Ciudad la noticia por. una Carta sola, hubiese Vind, publicado, que habia llegado. en varias Cartas. Asegurame Vmd. ahora, que no fue una sola, sino algunas, ¿Asiento a ello de mui “buena gana. Pero. juntamente afirmo, que no siendo las Cartas de sugetos de. autoridad mui respetable, u de veracidad mui conocida, constituyen prueba mui debil para. un suceso tan Peregsiao; como el hallazgo, de un Carbunclo,.:..

4 No esperaba: yo, y mucho. menos pretendia, que lo. que escribí de la poca seguridad de las noticias de esa Gace= ta, rebaxase el interés de la impresion, minorando el consumo, de los: Exemplares.-. Es ciertamente mul ¿particular esa des- gracia;; pues, ni se ha minorado el-mumero de los Medicos; d, la cantidad. de: sus, salarios, por lo que escribi de falibilidad; de la Medicinas ni se imprimen, O leen menos.Almanakes); id des- 2836 SATISFACCION A UN GACETERO.

despues que el Doftor Martinez, y yo hemos evidenciado al mundo de la vanidad de sus Pronosticos.: 5 Stfuese verdadera en todo rigor la máxima, de que, Mundus amat decipi, tanto mas dinero se expenderia en las Gacetas, quanto mas se reputasen mentirosas; y en ese Caso habria yo hecho un gran servicio a los interesados en el pro- ducto de la de esa Ciudad. Ya veo, que por este capitulo no me darán las gracias. Pero acaso, si fuesen mas, rellexiyos los compradores de Gazetas, sería acreedor a ellas por otro; que diré ahora. Antes que yo escribiese, ni pensase escribir sobre las fabulas Gazetales; a muchos, y muchas.yeces, of censurar de mui poco veridicas las Gazetas de esa Ciudad, Es verisimil, que muchos, aunque por otra parte curiosos, en orden a noticias Gazetales, nos las quisiesen comprar por este motivo. Pues vé aquí que estos mismos pudieron esperar que en virtud de mi advertencia al Público, sobre la poca se- guridad de sus noticias, pusiese el que forma esas Gazetas mas cuidado dandolas a la prensa mas castigadas, y en esa fé comprarlas algunos de los mismos, que las despreciaban antes, 6 Perola verdad, Señor mio, es, que yo, ni solicité impedir, ni promover el consumo de sus Gazetas, sí solo cumplir con mi oficio, que es el de Desengañador del Vul- go, oficio a la verdad ho: nrado, y decoroso 3 paro triste, in= grato, y desabrido, mas que otro alguno. M: pro:esion es cue rar errores 5 y es cosa notable, que la Medicina que aplico a los entendimientos, exaspera las voluntades. ¡Qué injurias, y dicterios no se han fulminado contra mí! Quantas necias, y groseras invectivas he padecido! Este trabajo me ha veni- do de parte de los incurables. Lo peor es, que muchos de estos, no solo tienen achacosa la cabeza, mas tambien el corazon; y para los vicios de esta entraña, solo D'os sabe el remedio.

7. Ciertamente no es Vmd, del numero, ni por la parte del entendimiento, nipor la de la voluntad; pues todo *el contexto de su Carta me hace palpable quan bien condicio= hadas tiene una, y otra Potencia. Y aun puedo decir que lo « 4 Carta XXXVI...0287 Inteligente, y Discreto se dexó conocer bastantemente en el concertado estilo, y ajustado método de sus Gazetas, por lo que yo he leído con mucho gusto las que me han venido “a las manos.

8 Por lo que mira a la seguridad de las noticias, esta- mos mucho mas faciles de convenir los dos, que lo que Vid. acaso imagina, ¿Piensa Vimd. que yo pretendo, que no dé a la estampa, sino aquellas, de cuya verdad esté ase- gurado? Nada menos. ¡Qué Gazctas tan tristes, secas, y descarnauas tendriamos, si solo se nos diesen a leer en ellas aquellas pocas epecies, cuya verdad puede afianzar el que las escribe! No señor. Mi dictamen es, que serán mucho mas apreciables aquellas Gazetas, en que se divulguen qua- lesquiera novedades, O ciertas, O solo probables, que sean eportunas para lisonjear la curiosidad de qualesquiera enten- dimientos bien dispuestos, que aqueilas en que se descarten todas las dudosas. Lo que unicamente pretendo, es, que d éstas se aplique el correctivo de que necesitan de confirma- cion 3 y si despues falráre la confirmacion, O se descubriere la falsedad, advertirlo en alguna de las siguientes Gazetas. - 9 Otra leccion daría a Vimd. para precaver en ade-= lante las sugestiones de especies fabulosas, si no temiese, que su tímida modestia le ha de disuadir el uso de ella. Sin embargo, sirva, O no sirva, me resuelvo a proponerla. El remedio precautorio es sacar a la verguenza a qualquiera, que por chiste pretenda persuadir. a Vmd. algun embuste, para que lo publique3 con eso escarmentarán los demás que adolecen de esta jocosidad maligna. V. g. luego, que Vmd. supo, que era falsa la noticia del Carbunclo de Orán, pudo nombrar en la Gazeta inmediata el sugeto, que se la había comunicado, pues le conociaz con eso, asi él, como otros; se guradarian: de sugerir a Vmd. otras patrañas, por el 'te- mor de verse descubiertos por Autores de ellas. Mas quando el 'sugeto que escribe la noticia no es conocido, lo que se debe hacer, es, despreciarla. Nuestro Señor guarde a CAR-= 288 SobrE LA FORTUNA DEL JurGo.

SETS SIP CARTA XXXVIL SOBRE LA FORTUNA del Juego.

1 Ul señor mio: Siento mucho, que el. mérito de nuestro Amigo Don N. haya sido tambien des- atendido en esta segunda pretension 5 y al mismo tiempo en- vidio la resignacion, con que Vind. me avisa llevó una, y otra repulsa. Pero no puedo aprobar el desmayo a que le ha rendido la experiencia de su poca fortuna 5 persuadiendole ésta a que, continuar en la negociacion de sus ascensos, no será otra cosa, que lidiar inutilmente contra la adversa Suer- te, a quien considera enemiga implacable siempre que se de- clara enemiga3 en cuya conseqúencia ha resultado no expo- ner su dinero, ni su-salud en nuevas pretensiones.

2. Sigue, dla verdad esz- Caballero en su deliberacion una maxima, que ens el mundo ¡está mui acreditada, como hija de la Prude encia3 pero en mi puicio; la bredtxos y con- serva la falta de refiexion. “Tienese por una de las reglas mas importantes de la vida política, y civil, atender en todos los negocios concernientes a ella:a:la felicidad, 0 infelicidad de los hombres, para elegirlos, so repudiarlos, como instrumen: tos. en orden a los fines que s2 pretendo. E sto: no:es solo can tilena de los Idiotas. Aun algunos. de aquellos Escritores, que han querido emplear la pluma. en la instruccion de los Prin: cipes quieren que no se elija, por períto, y animoso que: sea, por:General des un: Exército; aquel Cea, que; ha experimon» tado contraria la fortuna en ¿varios combates: que no se fie la conduccion de un Armamento Mavítimo,/ú de una Flota de Comercio a aquel Piloto, cuya Ciencia Nautica, sea la que fuere, han insultado.cn algunas ocasiones las Olas, y los Vientos. 28 bra Y 3 Ep las cosas de menor importancia, pero de uso mas fic- Carra XXXVIL 289 freqiiente, sé oyu a cada paso la misma doctrina. El objeto mas ordinario de ella es el Juego. Fulano (se dice comun- mente ) esinfelíz en el Juego 3 y Citano, dichoso; y aquel, que es tenido por infelíz, no cesan de amonestarle sus Ámi- gos, que dexe el Juego. Con algunos no es menester, que venga de afuera ese: consejo: ellos mismos se lo dan, y se lo toman, Aun en aquellos Juegos, en que la fortuna dexa ocu- pacion a la destreza, he visto Jugadores, que con el motivo de infortunados, se absrienen de jugar con otros, mucho me- nos diestros que ellos. Ni servia representarles, que la suerte del Juego es contingente: que de lo pasado, no se puede in- ferir lo venidero 3 que solo Dios sabe lo que sucedera en ad- lante, 8zc. Respondian, que tenian larga experiencia de su fortuna adversa, y que contra la experiencia no hay razones, que valgan. No había modo de sacarlos de este atrinchera- miento; y no solo ellos, mas aun los circunstantes, por lo co- mun, juzgaban, que aquello era discurrir con juicio, y solidéz, 4 Sin embargo digo, que bien lexos de ser prudente este dictamen, procede de una crasisima ignorancia, ú de una grande inadvertencia. Los que raciocinan de este modo, pa- rece consideran la buena, O mala fortuna como una quali- dad inherente al sugeto 3 y que, como inherente, hará ma- ñana el mismo efecto, que hizo ayer; asi como se juzga bien, que Pedro, que es blanco hoy, lo será mañana, porque la blancura es una qualidad inherente a su cutis. ¿Pero puede haber mayor absurdo? La Fortuna puede tomarsc, d active; esto es, de parte de la causa: O passive 5 esto es, de parte del efecto. En el primer sentido no es otra cosa que la Diyi- na Providencia, la qual libremente reparte, como quiere, en- tre los mortales los males, y los bienes. En el segundo, es la série de sucesos prosperos, 0 adversos que descienden de aquella causa. Esta verdad, como evidentemente dictada por la razon natural, y que no necesita para su conocimien- to de la revelacion, no fue ignorada de los mismos Gentiles, Asi homero, en el libro ultimo de la liada, pinta a Jupiter, teniendo delante dos Toneles, uno de bienes, y otro de ma- Lom, LI. de Cartas, a les, 290 SOBRE LA FORTUNA DEL Jurco.

les, delos quales toma alternadamente lo que le parecé, para verterlo sobre los hombres, mezclando por la mayor parte en diferentes dosis los bienes, y los males; y tal vez dando, aunque 4 mul raros sugetos, sin mixtura, 0 los males, 0 los bienes.

5 Siendo esto asi, es claro, que la experiencia de lo pa- sado ninguna luz dá de lo que está por venir; 3 porque qual- quiera cúmulo de sucesos, O prosperos, 0 adversos que ha- ya precedido, ninguna determinacion dá a la Deidad, para que prosiga en el mismo tenor. Libremente dió bienes, y ma- les hasta ahora. Integra subsiste la misma libertad, para ha- cer en adelante lo que le agradáre.

6 Dira acaso Vimd. que aunque la experiencia no puede en el asunto fundar un conocimiento evidente, o infalible de lo futuro, pero sí conjetural, y prudente; pues eso mismo de haber hecho Dios, hasta ahora, a Juan, v. gr. felíz en el Juego, y a Pedro infeliz, muestra que está favorable a aquel, y contrario a este; 0 que tiene formado Decreto, de que el primero sea dichoso; y otro, de que el segundo sea desgraciado 5 lo qual presta fundamento sólido para Juzgar, que > al primero se le continuará su fortuna, y al segundo su desgracia.

qe sta solucion; que parece esla unica que se puede discurrir, procede de una ignorancia “Theológ¿ca; esto es, del modo con que Dios ha formado sus decretos ab eterno. Di- go, que supone, o envuelve esta solucion que Dios determi- nó desde su eternidad los futuros, digamoslo asi, en gruesos, y a bulto 5 esto es, debaxo de cierta generalidad comprehen- siva de muchos casos, y circunstancias particulares: v. g. que Alexandro sea dichoso en la Guerra, y Darío infeliz. No es asi, Ni hubo en Dios Decreto alguno hácia ningun objeto tomado en comun, o prescindiendo de casos, y circunstan- cias particulares, Todo lo decretó en la ultima individuacion: v. gr. que Alexandro venciese en tal, y tal batalla 3 que en aquella perdiese ranta gente, en esta tanta, que los muertos en aquella fuesen Fulano, y Fulaño en esta Citano, y Ci- tanos; que muriese éste de tal herida, y de tal aquél; que los matadores fuesen tales, y tales Soldados de Dario, Sc. Lo mis- Carra XXXVIL 291 “mismo es en el Juego. No decretó ab eterno, como en co- mun, y en grueso, que Juan fuese dichoso, y Pedro infelíz; porque esos Decretos indeterminados, y precisivos de indi- viduaciones, no caben en la comprehensiva Sabiduría, y suma Actualidad de Dios; sino que Juan en tal ocasion ganase tan- to, en tal tanto, con determinacion de las manos que le ha- bian de ser favorables, y de las que le habian de ser adver- sas; del yerro que habla de cometer en esta 5 y del acierto que habia de tener en aquella, $c. De modo, que en el ins- tante mismo, O por hablar en terminos de la Escuela, en el mismo signo de razon, sin que precediese, ni aun segun nuestra inteligencia, alguna indeterminacion 0 generalidad decretó en la ultima individuacion todos los varios lances del Juego, que hubo, y habrá jamas entre los hombres.

8 Puesta esta verdaderisima doctrina, en ella se vé, que la experimentada fortuna de Juan, hasta el dia de hoy, solo nos muestra lo que Dios determinó de ella hasta hoy, sin que esto dé seña, 0 prenda la mas leve de lo que tiene determi- nado para mañana. De aqui adelante hai otros lances, otros casos, los quales, tan ocultos están en los senos inescrutables de la Providencia, como estaban al tiempo que Juan nació los que hemos visto hasta ahora. Pongamos que uno, hia- biendo emprendido una navegacion de dos mil leguas, ca- minó con viento felíz la mitad del viage, ¿No sería un loco, si de aqui deduxese, que en todo lo que le resta ha de tener tambien favorable el viento * Este es el caso de Juan. Hasta la mitad de la vida, v. gr. logró en el Juego favorable el viento de la fortuna. Será un necio si piensa, y lo será qual- quiera que lo piense de él, que ha de durar el mismo yien- to hasta el fin de la vida. | 9 Pero vé aqui, que siendo evidente todo lo dicho, por no penetrar los hombres esta evidencia, cabe en ella cierta excepcion. Por ser tan comun el error, se libra en algun mo- do de ser error. Voi a descifrar el enigma. El concepto que tienen los hombres, de que la felicidad, y infelicidad son como qualidades permanentes en algunos sugetos, y que como tales los constituyen habitualmente, o felices, d infe- 2 li- 2092 SoBRE LA FORTUNA DEL JuEGO.

lices, hace que por accidente en muchos casos influya la for= tuna pasada cn la venidera. El que habiendo experimentado la fortuna adversa está en este error, se hace tímido, y desconfiado, y por tímido, y desconfiado suele estragar pa- ra el resto de la vida su fortuna. El temor le retira de ten- tar algunos medios mui proporcionados a adelantar sus in- tereses; y aun quando los quiere aplicar, es execucion de mano tremula, a quien falta el tino, y modo con que se ha- bia de lograr el intento. La desconfianza, asi de sí mismo, como de los que le pueden valer, hace el proprio efecto. Y si la desconfianza de estos se le dexa rastrear, como comun- mente sucede 3 de los mismos que pudieran ser valedores, hace enemigos. En aquellos negocios en queggs precisa la intervencion de cooperantes, aun es mas cierto el daño que induce aquel error. Los Soldados que militan baxo la con- ducta de un Feneral, que tienen por desgraciado, entran con poco aliento en el combate, yy por consiguiente con una gran disposicion para la fuga: circunstancia, A que es regu- larmente consiguiente la pérdida de la baralla.

10 Alcontrario, la satisfaccion que uno tiene de sí mis- mo, y la confianza que otros hacen de él, en consideracion de su fortuna, asi a el, como a los cooperantes inspira un grande aliento, é influye una aplicacion activa para el logro de las empresas. Por esta razon es convenientisimo en la Guerra, que los Principes atiendan mucho a la opinion que tienen los Gefes de afortunados. o infelices. ¿Qué importa que la confianza, u desconfianza de los Soldados venga de error comun? Mientras no se disipe ese error, influiran la confianza, y desconfianza en los sucesos de la Guerra, del mismo modo quesi tubiesen un fundamento mui sólido.

11 Pero quando unicamente la aprehension propria es la que daña, como en el caso del Juego, y otro qualquiera, donde no haya, 0 no sea necesaria la intervencion de coo- perantes, tienen lugar las refiexiones propuestas para curar la desconfianza, O temor ocasionado de losinfortunios ante- cedentes; y Vmd. se les debe hacer presentes a nuestro Amigo, para que no abandone sus justas pretensiones, No Carta XXXVIL 293 12 No omitiré añadir, para complemento del asunto, que en muchos casos es mas nocíva la osada confianza que producen los prosperos sucesos, que la timidez, ocasionada de los adversos. Por esta se pierden muchas veces, las como- didades de la vida 5 por aquella se ha perdido muchas yeces la misma vida. Los hombres animosos que se han salvado fe- lizmente de varios riesgos, fiados en su fortuna, se meten in-= trepidamente en otros muchos; a lo que es consiguiente re- gular perecer en alguno de ellos. La Historia de Julio Cesar ofrece un exemplo ilustre. Era tanta la satisfaccion que aquel Héroe tenía de su fortuna, como afianzada en continuas pros- peridades, asi Politicas, como Militares, que habiendose conjurado contra él una furiosa tempestad, en ocasion que navegaba de Gracia a Italia en un pequeño Bagél; y tem- blando el dueño de él, que le conducia, intrepido le dixo, que no tenia que temer, porque era fiador seguro contra las amenazas del naufragio su Fortuna: 4ge audacter, nequid- quam time, Cesarem vebis, unaque Cesaris Fortunam. Es- ta satisfaccion ocasionó la muerte trágica del Cesar, porque le hizo omitir todas aquellas precauciones que son inescusa- bles para conservar la vida en los tiranos. Soi de Vid. $cc.

CARTA XXXVIII. DEL ASTROLOGO JUAN MORIN.

x UI señor mio: Notable objecion es la que Vind. me propone contra lo que he escrito de la vanidad de la Astrología Judíciaria; que oyó en un corrillo hablar de un Astrólogo Francés, llamado Morin, cuyos Pronosticos nunca, O rarisima vez fueron falsificados por los s:ucesos; Y por tanto estimado, y gratificado el Autor por varios Prin- cipes, entre ollos el Rei Christianisimo Luis XUL; y que el Caballero que dió esta noticia, añadia, que si yo la hubiese Lom. I. de Cartas. 3103 to 194. SoBrRE EL ÁstroLoGO: Juan: Morin.

tenido quando escribí el primer Tomo del Teatro, no me explicaría tan resuelto contra aquel Arte, 2 Señor mio, si qualquiera especie de corrillo ha de pa- sar por legítima impugnación de mis aserciones, puede Vimd. arroxar desde lu ego todos los “Tomos del "Teatro Critico al rio Ó a otra peor parte. ¿Mas qué estraño que Vmd. en una Carta privada me proponga un tal argumento, habien- do visto, que otros no se han corrido de impugnarme en Escritos impresos con cuentos de Viejas, y de Niños, con especies de Cocina, y de Bodegones, con dicrerios de Lacayos, y Cocherosí | 3 Del Astróiogo Juan Bautista Morin tengo acaso mas especificas, y individuales noticias que el Caballero que hi- zo ostentación de ellas en el corrillo. La primera profesion que ¿ubo, y exerció este hombre, fue la de Medico. Aban- dono pS la Meaicina para darse todo a la Astrología, que fue lo mismo (seame lícito decirlo así ) que repudiar una "Puerta para casarse con una Ciega. La MEE vé poco. La Astrología nada. Aquella congetura, ésta sueña. Lo mul singular del caso £.e, que al mismo tiempo, y en el mismo lance en que Morin dexó la Medicina, por la Astrología, otro sugeto dexó la Astrologia por la Medicina, por que asi se hi- ciese un genero de compensac on de pérdida, y ganancia entre las cos Facultades. Vivia Morin en Paris en la Casa: del señor Ciaudio Dorm:, Obispo de Boloña, como Medico” suyo. Este Prelado tenia al mismo tiempo consigo un AÁs- trólogo Escoces, llamado PDavison. La concurrencia de el Astrólogo, y del Medico baxo un mismo techo motivó en los dos diversas reflexiones sobre las dos Facultades, cuya resulta fue, que Morin, tediado Ge. la incertidumbre de la Medicina, se dió a la Astrología; y Davison, enterado de la vanidad de la Astrología, se aplicó a la Medicina. A esta cuenta Morin esperaba hallar en las tinieblas la luz que le faltaba en los crepúsculos, 4 Pero vamos a su pretendido acierto en los Pronosticos. Dicese, que predixo la prision que padeció su Patrono el Obispo de Boloña. Que contra las predicciones de los demás LS Carta XXXVIL 295 Astrólogos, los quales aseguraban, que el Rey Luis XII, a la sazon enfermo en Leon de Francia, moriría de aquella enfermedad, pronosticó su mejoria, como en efecto la logró. Que al mismo Rey en otra ocasion dixo, que si tal día salia de casa, le amenazaban los Astros de una desdicha. Salio el Rey a la tarde, y dió una caída. Qué acertó con el tiempo de la muerte del mismo Principe, con la leve diferencia de mui po- cos días. Que erro solo diez horras el tiempo de la muerte del Cardenal de Richelieu, y pocos dias el de la muerte del gran Gustavo. En fin, que habiendo visto el horóscopo del Marqués de Cing-Mars, predixo, que habia de morir dego- llado, como'en efecto lo fue. | 5 Esto es todo lo que he leído a favor de la Ciencia as- trológica de Morin, lo qual, aun quando sea todo verdad, nada prueba. Es verisimil, que este Profesor, infatuado co= mo estaba de su fudiciaria, y empleado en el uso de ella por muchos años, produxese imumerables predicciones. ¿Qué mucho, que ente tantas, el caso sacase seis, 0 siete ver- daderas' Antes sería una rarisima contingencia, que todas saliesen falsas. Aqui viene lo de Ciceron, haciendo esta mis: ma reflexion contra los Astrólogos de su tiempo: Qués esty qui totum diem ¿aculans, non aliqguando colimet * 6 ¿Y no podriamos desconfiar de la relacion de esas pres dicciones * Creo que sí. Yo no he visto citar por ellas sino al Autor que escribió la vida del mismo Morin, el qual, sin, temeridad, se puede recusar como apasionado. El Autor en quien le he visto citado, no le nombra. Acaso sera Ano- nimo; y siendolo, basta la afectacion de ocultarse, para que le tengamos por sospechoso, Mas sealo, o no, es dificil concebir, que en el empeño de hacer plausible en el mundo, por sus predicciones 3 a Morin, no interviniese algun motivo de pasion, O interés.

7 Pero no es menester embarazarnos en esto; porque, como he dicho, la verificacion de seis, O siete Pronosticos, nada hace para el credito de un Astrólogo que ertó otros infinitos, Lo mas es, que casi todos esos que se alegan, aun considerados independentemente en los demas, que salieron 14 fal- 296 SOBRE EL Ásrrotoco Juan Morin.

falsos, mas merecen desprecio, que admiracion; lo que pro- baré facilmente examinandolos a la luz de la Critica.

8 El presagio de la prision del Obispo de Boloña pudo ser mas conjetura politica, que adivinacion astrológica, Es- te Prelado era uno de aquellos genios que llaman los Fran- ceses intrigantes, hombre ambicioso, inquieto, entreme- tido en los negocios de estado 5 y por lo que despues se vió, imbuido de designios opuestos a los del Ministro, que en- tonces gobernaba despoticamente la Monarquía Francesa. (El Cardenal Richelicu. ) En efecto estos designios, pasan- do a ser obras, ocasionaron su encarcelamiento. Facil es dis- currir, que Morin, domestico, y confidente del Prelado su- piese sus resoluciones, antes que estas se manifestasen al Pú- blico; y considerando sus fuerzas mui inferiores (como real- mente lo eran ) a las del Cardenal Ministro, Juzgase casi mo- ralmente cierta su prision, que es quanto castigo podia temerse, respecto de un Principe Eclesiástico. Fuera de que qualquiera leve insinuacion de temer en orden a la prision, y aun a desgracia en general, que precediese de parte de Mo- xin5 visto el suceso, se preconizaría, como prediccion posis Uva, y deteeminadas que es lo que “sucede cada dia.

9 Para el Pronostico de la mejoria del Rey en la enfer medad que padeció en Leon, bastaba a Morin la Ciencia médica, sin recurrir a la astrológica; pues aunque estaba - distante del enfermo, es de creer, que tubiese noticias biew circunstanciadas del caracter de la enfermedad. Pero la ver- dad es, que para dicho Pronostico no necesitaba ser AÁstró- logo, ni Medico. Gente enteramente idiota, a cada paso acierta Pronosticos semejantes. Basta saber, que es mucho menor el numero de “las enfermedades mortales, que el de las que no lo son, para que qualquiera, siendo consultado sobre el éxito, si no vé señales positivamente funestas, ha- biendo de pronunciar por vida, ó muerte, se incline a aque- Ma, y no a esta.

10 El cuento de la caída del Rey es ridículo; y mas prue- ba la vanidad de la Ciencia Astrológica, que el acierto del Astxólogo. Habia amenazado éste con un infortunio al Rey, Carra XXXVII 297 si salía tal dia de casa; y el infortunio para, en que enre- dandose al Rey un pie en una cuerda, armada para coger pajaros, cae en suelo llano, sin hacerse daño alguno, ni aun levisimo. ¿ Quien podrá contener la risa, viendo jactar este accidente, como cumplimiento del Pronostico? Si este se reputa infortunio, adversidad, 1 desastre, pocas veces sale nadie de su casa, a quien no suceda alguna desdicha; pues qualquiera objeto desagradable que se presente a sus ojos, u a sus oídos, al tacto, al olfato, 6zc. da mas que padecer, y, que sentir, que una caida tan inocente. “11 La adivinacion de la muerte del Rey, consideradas las circunstancias, en vez de autorizar al Astrólogo, le des- acredita. Se ha de advertir, que quando Morin pronunció el Pronestico, estaba el Rey gravisimamente enfermo, y todos los Medicos, convenidos en que no podia escapar, solo dis- cordaban en el dia fatal. En estas circunstancias el anuncio de la muerte, proferido por un Astrólogo, que juntamente era Medico, nada significa a favor de la Astrología. Aun sin ser Medico, ni Astrólogo, podria asegurarla fundado solamente en la uniforme atestacion de los Medicos. Aun quando acertase en designación del dia, podria atribuirse, ú al acaso, 9 al conocimiento medico. Pero el mal es, que Morin erró quanto en aquellas circunstancias ( supuesta la incurabilidad del mal, notoria a todos los Medicos ) se po- dia errar. El Rey estaba enfermo, segun cuenta Mr. Larreí