SigPhi · Benito Feijoo

Cartas eruditas y curiosas, Vol. I (1773)

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6 El testimonio de Aquapendente es como se sigue: » El y año de 1592,.en el tiempo de Pasqua, tres jovenes nobles ,, compraron un Cordero, de que comieron una parte el dia » de Pasqua, y colgaron el resto arrimado a una pared. Lle- a» gando la noche,. percibieron que algunas porciones de la 39 carne del Cordero lucían en las tinieblas. Embiaronme este 3, resto del Cordero; y habiendole puesto en un lugar mui obscuro, observamos, que la carne, y aun la grasa, bri- » llaban como una luz argentica, y que aun un Cabrito. que »» tocó a la carne del Cordero, lucía del mismo niodo en la 3 obscuridad. No paró aquí la maravilla. Los dedos de algu- », nos que tocaron aquellas carnes se hicieron luminosos3 y 3 hubo tal qual, que- estregando con. los dedos el rostro, le y comunicó a él el resplandor. No soi yo el unico que vió »»estos admirables efeítos. Muchos vecinos de Padua los vie- ron tambien. « Hasta aquí el ¡Autor citado.

7 Lemeri no hace tanto misterio del caso, O por mejor decir, no le tiene por tan insólito, >» Se hallan a veces, se dice, »»en las Carnicerías pedazos de baca, y de carnero, que Lu- - cen de noche, aunque sean recien muertos, y Otros, muer- 3, tos al mismo tiempo, están totalmente destituidos de la luz. 3» Hubo en Orleans este año: de 1796, en un tiempo mul tem- » plado, cantidad de estas carnes lucientes, las unas total »» mente, las otras por intervalos, en forma de estrellas. Se » ha notado tambien, queen las oficinas de algunos Carni- 3y ceros, casi todas las carnes se hallaron himinosas, y en las >) de otros, ninguna. Creyóse al principio, que estas carnes s> Yo se podian comer, y se arrojaron al Rio muchas de ellas, 3» lo que ocasionó pérdida considerable a algunos Carniceros; pero muchos se animaron a comerlas, y no solo no expe- CARTA SEPBTIMA. — 103 »» rimentaron daño alguno 3 pero hallaron que eran tan bue= » nas como las demas, «e 8.En este exemplar tiene mi Señora la Marquesa un mo- tivo concluyente para disipar la aprehension que la poseía, de que la carne del Carnero iluminado haya hecho algun daño a los que la comieron. Y yo estoi sumamente compla- cido de haber encontrado noticia tan oportuna para este efecto.

9 Este mismo caso nos manifiesta, que es imposible de- terminar, sí la iluminacion de ese Carnero provino de algu- na disposicion interna de él, ú del influxo de algun agente extrinseco. Es claro, que habiendose hallado casi todas car- nes de unas oficinas luminosas, y de otras ninguna, esta discrepancia yino de algun agente y que habia 'en unas, yifal- tó en otras. ¿Pero quién podra señalarle *' Solo un Angel. ¿Qué sé yo si en aquellas oficinas, donde se produxo la ¡ue minacion, dimanó ésta de algunos hálitos salinos sulfturcos, que se levantaron de aquel terreno? ¿Si vino de algunos par- ticulares corpusculos nadantes en aquellas porciones de la Atmosphera? ¿Si el aliento, si la mano, si los efiuvios de ral y tal Carnicero fueron cooperantes con otros principios acti- vos, que concurrieron en aquel determinado tiempo * Las mismas dudas, y Otras que omito, son apticables al Phós- phoro en gjiestion, | 10 Esto es lo que me ha seerido de pronto en respues- rta a la de Vind. La materia es capáz de mas largo discur- so; mas como Vmd, me insinúa, que mi Señora la Marque: sa está asustada del caso, me pareció preciso responder a vuelta de Correo, por no dilata a su Señoría el desahogo, que puede lograr con estas noticias. DMUESuO” vt Eherde a Y md, muchos años," Sc, SM!

o O Es. SOBRE LOS QUE SON -ENTERRADOS VIVOS.

"CARTA OCTAVA.

CON OCASION DE HABER enterrado, por error, d un hombre vivo en la Villa de Pontevedra, Reino de Gali- cia, se dan algunas luces importantes para evitar en adelante tan funestos errores.

Sip mio:: Con ocasion, de la tragedía, que acaba de “suceder. en ese Pueblo, se lastíma Vid. de que pa todo el mundo con gusto mis Escritos, en nin- guna manera se aprovecha. «de Sus-1mas importantes, adyerten= cias. El caso es sin duda lamentable. Un vecino de esa Villa, que tenia el oficia de Escribano, acometido de un accidente tepentino, dió cansigo:en. tierra, privado de sentido, y mo- vimiento, Despues de las «comunes pruebas; para vér si es- taba vivo, 0 no, fue juzgado.muerto, y le enterrazon, pasa das: catorce horas no mas, despues de la invasion del acciz dente. Ál día siguiente se notó, que la lápida, que: le cubría estaba levantada. tres, 0 quatro dedos, sobre el nivel del pavimento. «Esta novedad dió motiyo-para descubrir el cadaver, el qual en efecto se hallo en distinta positura «de aquella con que le habian colocado: en el sepulero 3 esta es, ladeado un poco; y un hombro puesto,en amago: de forcexar contra el peso;, que le oprimia 5 de que,sq coligió., que:la imaginada muerte no habia sido mas que un ¿profundo deliquio: volvien- do del qual el paciente, despues de sepultado, habia hecho el inutil esfuerzo, que manifestaban su positura, y la eleva- cion dela losa.

2 Un sugeto de virtud, y letras, que frequentaba mi Celda quando ya estaba escribiendo el Quinto Tomo del Teatro, y se divertia algunos ratos en la lectura del manuscri- CARTA OCTAVA. ' YOS , crito, habiendo en uno de ellos leído el sexto Discurso de aquel Tomo, encareció su utilidad, diciendo, que quando yo no hubiese producido al Público otra Obra, que aquel Discurso, deberia todo el mundo quedarme mui agradeci- dos; y que él solo bastaba. para hacer famosa mi pluma. Yo hice sin duda en él todo lo que pude, para que no se reite- rasen en el mundo los funestos exemplos de sepultar los hom- bres vivos, sobre las falsas apariencias, que tal vez engaño- samente los representan difuntos: asunto ciertamente uti- lisimo al linage humano. Pero los exemplos se repiten, y la utilidad no se logra, por la inatencion del Vulgo a mis avisos.

3 Digo, que se repiten los exemplos, y no tan pocos, como a primera luz puede parecer. No afirmo, que sean fre- quentes3 pero tampoco son extremadamente raros. Prueba. de esto es, que hablando yo, uno de estos dias, con dos sugctos sobre el asunto de la Carta de Vimd. los dos refl- rieron dos tragedias recientes de la misma especie, ( cada uno una ) que habian sucedido en los Pueblos, donde a la sazon se hallaban. Acaeció la una en la Ciudad de Floren- cia. La otra en esta de Oviedo. En aquella un hombre, que habian sepultado en bobedilla, en la iglesia de un Conven- to de Monjas, dió voces de noche, que oyeron algunas Relí- 10Sas 3 pero con timidez, y aprehensión, propria “de su sexo, Juzgandolas. preternaturales, huy 'cron del Coro medrosas, Comunicada la especie a la RR a gente mas adv ertida, se abrió la bobeda, y se halló al hombre sepultado verdaderaaente muerto yas3 pero.con señas claras de que un. rabioso despecho le había acelerado la muerte 3 esto es, mordidas cruelmente las manos, y la cabeza herida de los golpes, que habia “dado contra la 'bobeda. El caso de Oyiedo fue: pes feo» pS semejante al de esa Villa, Un mozo, caído de a 0. habiendo sido Juzgado muerto, fue enterrado 3 y al d RG se noró tambien bastante clevacion en la losa. Fue mayor este error, porque los que asistieron al enticrro, ob- servaron hada alterado el color del rostro, 0 nada distinto del que tenia en estado de sanidad. Yo me hallaba enton- 106 SOBBE LOS QUE SON ENTERRADOS VIVOS.

ces en esta Ciudad, y of la desgraciada caída del mozo; pero nada de las señas de haber sido enterrado vivo. Refirióme- las un Caballero mui veráz, que conocia mucho al mozo, y, asistió a su entierro, 4 + No hai ligrimas 'que basten a llorar dignamenre la impericia de los Medicos, a quien son consiguientes tales calamidades, Horroriza la tragedia, y horroriza la ignoran- cia que la ocasiona. ¿ No estan estampados en muchos Au- tores de su facultad muchos de estos casos? ¿ No he citado algunos en el expresado Discurso? ¿ No se halla en algunos de dichos Autores el aviso, de que en los accidentes de caído de alto, de sincope, de apoplegía, de toda sufocacion, O ya bisterica, O yá por sumersion, cordel, humo de carbo- hes, vapor de vino, embriaguéz, por herida de rayo, ins- piracion de aura pestilente, y otros análogos, 0 semejantes a estos (que es lo mismo que comprehender todos los acci- dentes repentinos, y quasi repentinos ) se haga mas riguro- so examen, y se espere mucho mas largo plazo para dár el cuerpo a la tierra? Tambien he citado algunos en el lugar señalado. Nada de esto sirve. La vida temporal, y aun la eterna de un hombre, pues una, y otra se aventuran en uno de estos lances, son de levisimo momento para muchos Me- dicos. Lo que sobre negocio tan importante previnieron los Maestros de la Facultad, se estampóo para que lo leyese, y tubiese presente el Padre Feijoo; pero no los Profesores. ¿ Y no podrémos discurrir, que tal yez, no la ignorancia, sino la codicia causa este desorden? ¿ Será temeridad pen- sar, que uno, u otro Medico no se detengan en la exacta exploracion, de si un hombre está vivo, O muerto, por no perder entretanto el estipendio de algunas visitas, que sin riesgo pudieran omitir? No lo sé. j a 5. Es natural, que se escuden con el riesgo de la putre- faccion de los cadaveres, y el daño que de la infeccion pue- de resultar en los vivos. Pero ¡0 qué piadosos son por una parte, quando tan desapiadados por otra! ¿Tan presto ad- quiere un cadaver aquel grado de corrupcion, en que puede dañar a los circunstantes? Permitase que suceda asi en -los que CARTA OCTAVA. 107 que llegan a la muerte por los tramites ordinarios de una en- fermedad conocida, donde se puede hacer juicio, que la corrupcion empezó algunos dias antes de la extincion. Pero es ageno de razon discurrir el riesgo expresado en toda muer- te violenta, y aun casi en todas las que son ocasionadas de accidentes repentinos. En el que murió, por haber caído de úna grande altura, es necedad temer alguna infeccion noci- va en el espacio de dos, ni tres dias. Los mismos melindrosos Physicos, que están preocupados de tan injusto temor, sin mc- lindre, ni asco, comen el carnero, la baca, y otras carnes, tres quatro, y cinco días despues de muertas.

6 La misma indemnidad se puede considerar en toda, O casi toda muerte repentina. ¿Qué mas tiene morir del rom- pimiento de un aneurisma, que de una estocada? En toda sufocacion, ¿qué vicio tenian antes de ella los líquidos, ni los sólidos del cuerpo 2 ¿0 qué vicio induce ella, por el qual se pueda rezelar una pronta corrupcion * Lo mismo se debe decir en la muerte inducida por vapor, u otro qualquier afecto vehemente, en la que es causada por qualquiera dis- rupcion de arteria, O vena interna. En las disecciones, que se han hecho de aplopecticos, apenas se ha descubierto jamás vicio, que tuviese conexion con corrupcion de Hquidos, Ó sólidos. Aun en los que. mueren por apostema, juzgo mal fundado-el' miedo, que comunmente se tizne a la infeccion. Se horroriza la gente, quando el cadaver arroxa la materia de la. apostema. ¿Y qué hai que temer entonces del cuerpo ya libre de aquella materia corrupta * Pero ni aun detenida dentro de él puede otender a los circunstanres, pues ni aun inficiona los cuerpos de los mismos pacientes, que la contie- nen dentro de sí, como se ha visto en muchos, que sana- ron por la expulsion del pus, despues de muchos dias de en- gendrado éste. Etmulero refiere, que curó a una muger pleu- rítica empiematica, mas de dos meses despues que estaba engendrada, y formada la apostema, haciendo expeler por tos la materia con el cocimiento de hojas de tabaco, no obs- tante ser la apostema tan grandiosa, que en el espacio de tres dias arroxó mas de seis libras de marcria purulenta. (Fo- 108 SOBRE LOS QUE SON ENTERRADOS VIVOS, mo 2. ¿n Pleurit. pag. mibi 504.) Pues si aquella materia en tanta copia, y en tanto tiempo no inficionó al m.smo cuer- po continente, ¿qué fundamento hai para temer, que en dos, o tres dias apeste a cuerpos estrañosí Vanisimos terrores, que inspira, y fomenta en el vulgo la inconsideracion de los Medicos. | | Convengo en que qualquiera cadaver, a segundo, d tercer dia exhalara algunos fétidos efiuvios 5 pero, O pocos, (exceptuando el caso de tiempo mui caliente) úu de un he- dor mui remiso, de modo, que solo seran sensibles a per- sonas de olfato mui delicado; y ni aun a éstas harán daño alguno. ¿No estamos oliendo, y aun comiendo diariamente carnes, y pescados, tres, ó quatro dias despues de muertos, quando ya se percibe su olor a quatro, 0 seis pasos de dis- tancia, sin que esto nos ofenda £ Es cierto, que aquel olor señala ya una corrupcion incipientes pero esta corrupcion nada tiene de nociva, antes se puede decir, que mejora las carnes, y es como maduréz, que las dá el mas alto grado de sazon. Pero dado caso, que los efiuvios fétidos de los ca: daveres incomodasen ya al segundo dia, ¿noes facil preca- ver este daño con sahumerios de espliego, romero, y otras hiervas olorosas * 8 Es, pues, contra toda razon, es inhumanidad, es bar- baric dár los cadaveres á la tierra por tan mal fundados mie: dos de infeccion, antes de explorar debidamente, si son ver. daderos cadaveres, 0 solo aparentes. Soi de Vimd. éXc.

ADDICION.

ADDICION.

9 Unque para el intento de persuadir al Publico la dilacion de sepultar los cadaveres, hasta asegurarse de que realmente lo son, podria ser conducente con- firmar la comun persuasion, de que los que son enterrados vivos, volviendo del deliquio en el sepulcro, mueren deses» perados, y su rabioso despecho los conduce a la condena- cion eterna; en obsequio de la verdad, y para minorar el desconsuelo en los que son noticiosos de tales tragedias, mas ni- CARTA v0:C TIA VA. 109 nifestaré, que soi en el asunto de dictamen opuesto al co- mun. Voi a dar la razon.

10 Qualesquiera extremos que hagan los que se vén: en aquella angustia, los juzgo indemnes (por lo menos) de pe- cado mortal; porque es imposible que procedan de una per- fecta deliberacion. Es comun entre los 'Teologos, que en un breve espacio de tiempo, inmediatamente posterior al sue- ño, por estar aún bastantemente ofuscada la srazon, no hai la advertencia necesaria para cometer pecado grave. Si esto sucede al salir de un sueño ordinario, ¿qué sera al despertar de un letargo profundisimo £ Es natural, que queden como atronados por un buen rato. Doi que la perturbacion del espi- ritu, en el que vuelve de un deliquio, no dure mas que un minuto, (sexagesima parte de la hora ) basta esto para que nunca llegue a lograr perfecto uso de la razon el que despier- ta en el sepulcro 3 pues antes de cumplirse el minuto, estor- vada la respiracion por la tierra, y la lapida, que le oprime, empezará a sufocarse, cuya angustia le causará otra ofusca- cion, O perturbacion de la. mente, mucho mayor que la que padecia al salir del desmayo. Bien se sabe, que los que se aho- gan, 0 por sumersion, O por lazo, en menos de la sexta par- te de un minuto pierden enteramente el uso de la razon. No hai que pensar, pues, que puedan cometer pecado grave los que se hallan en aquella infeliz situacion. Y aun leve, se puede dudar 5 porque me parece, que en aquel estado la ofus- €acion de la mente es igual, O mayor que la que padece un perfecto ebrio.

11 La refiexion hecha procede de los que son enterrados al modo ordinario. En orden a los que son sepultados en bobedilia, no es tan corriente la decision. Es eierto, que tambien estos llegarán a sufocarsez porque el ambiente con- tenido en una concavidad estrecha, con las repetidas inspi- raciones del que esta en aquella concavidad, dentro de bre- ye tiempose adensa de modo, que se hace inutil para aquel uso, que pide la conservacion de la vida. Pero este breve tiempo no lo es tanto, que no haya el suficiente para que el sepultado en bobeda, despues de salir del accidente, re- Co- 110 SOBRE LOS QUE SON ENTERRADOS VIVOS.

cobre enteramente el uso de la razon. Con todo pretendo, que ni aun este, llegando el caso de despedazarse furiosamente con: dientes, manos, y golpes, peca gravemente.

12 Esto infieren las razones, con que en el Tom. 6 del Teatro, Disc. 1, Paradoxa 15, probamos, que rara, Ó ninguna vez, hombre que tenga libre el uso de la razon, se mata a sí mismo, Despues de escrita aquella Paradoxa, me dixo un Compañero mio, que habia leído una Consulta hecha en Salamanca, sobre si se daria sepultura Eclesiastica a uno, que se habia quitado la vida ahorcandose 3 y que uno de los hombres mas sabios de aquella Escuela, había apoyado el dictamen benigno, (el qual se siguió ) pronunciando la ab- soluta sentencia de que xnemo sane mentis se ¿psum inter= ¿mit. Puse, en el lugar citado, la limitacion, de que el que se mata no padezca error contra la Fé, 0 no haya vivido ateis- ticamente, de cuya extraordinaria circunstancia prescindimos ahora. f 13 ¿Pero no admitimos en el caso propuesto: recobrado el uso de la razon? Respondo, que aun no llegó el caso de admitirlo, ni negarlo. Lo que unicamente se ha dicho es, que hai bastante tiempo para recobrarle, y que efectivamen- te le recobraria el paciente en igual espacio de tiempo, si hubiese vuelto del desmayo, colocado. en su lecho. ¡Pero re: cobrado el aliento en la angustia del sepulcro, es harto du doso' que se recobre tambien-la razon: porque al empezar a meditar sobre el sitio, en que se halla, ¿qué confusion, qué asombro, qué estupór se apoderara de su espiritu? Pero de: mos que se recobre. Es cierto, que no procedera a la extre- midad de despedazarse, hasta que comprehenda el calamito- so estado, en que le ha constituido su suerte infeliz; porque hasta entonces, ¿qué motivo tiene para tan horrible execu- cion? Llega, pues, el caso de conocer, que le han enterra- do vivo. Dá voces, no es oído. Empieza a afligirse, repite los clamores, es en vano. Crece la afiiccion. Al mismo tiem: po empieza a padecer una respiracion congoxosa por la den: sidad del ambiente, quele circunda. Ya mira cerca de sí la muerte, con el mas horrible semblante, que Jamas se puede prevry ¿ GARTAGORE Avon 19. EII presentar al discurso, ¿Quién en la funesta situacion de «este hombre, no divisa el ultimo termino del uso de su razon f Qué se puede ya consicerar en su animo, sino un tumul- tuante movimiento «e las. mas. violentas pasiones, de-iray, tristeza, miedo., horror, yy angustia, de Jas Guales cada una por si-sola bastaría para. conducirle 4 una bruta Ínsensatez, y despoxaile enteramente ael dominio de sí mismo £ Aún po- demos contemplar mas apuradas las cosas, porque desde áqui, hasta su entera sufocacion, aún restan no pocos meo- mentos3 y yo con toda claridad yeo en este intermedio la razon tan perdida, como lo está la del mas desconcertado fre- netico. | 14 De modo, que desde que empiezan las angustias, hasta que se acaban, podemos considerar a aquel miserable en dos estados: el primero, en que ofuscada bastantemente la razon, carece de la claridad, y advertencia que es menes- ter para cometer pecado grave: el segundo, en que ya la ce- guera es tan grande, que le falta aún aquella ténue luz que se - necesita para el leve. “Teniendo estos dos estados, en que no se le puede imputar a pecado grave qualquiera destrozo que haga en sí mismo 53 y siendo por otra parte sumamente dif- cil, si no moralmente imposible (exceptuando el caso de er- ror capital contra los primeros fundamentos ae la Fé ) que un hombre que goza entero el uso de la razon, se quite la vida, tengo por totalmente irracional el temor de la perdicion eter- na, por aquel acto de desesperacion, | 15. Digo por aquel. acto de desesperacion, pues por otra parte habra muchas veces mui grave motivo para temerla; esto es, siempre que el accidente caiga sobre sugeto de vida poco ajustada, suponiendo, que el insulto fue tan feróz, y tan pronto,. que nole dió lugar para el arrepentimiento. ¿ Quién no, vé que este riesgo por sí solo obliga sobradamente la jus- ticia, y la piedad a dilatar el entierro, hasta asegurarse de que el sugeto verdaderamente está difunto?

16. Me ocurre ahora, que no faltarán quienes dificulten, o juzguen imposible el hecho, de que un hombre sepultado en la forma ordinaria,-en la falsa suposicion.de muerte, reco- 112 SOBRE 1OS'QUE SON ENTERRADOS VIVOS.

cobre el sentido, pasadas algunas horas despues de enterta. do; persuadiendose, a que luego que echen sobre él la tierra y la lapida, perderá la vida sufocado. Pero los que hicierén esra obgecion, podrán vér la solucion de ella en el Tomo 5 del Theatro, Disc. 6, num. 7, y 8. Dios nos libre: atodos de infelicidad tan lamentable, y guarde a Vimd. muchos años, ÓZC. | t di Cr A Cr od q e DE LAS BATALLAS AEREAS, y Lluvias sanguineas.

1 O desengañado aún V. S, de que yo no soi Ora- culo competente para resolver todas sus dudas, me escribe ahora, que desea saber, qué siento en orden a los prodigios, que en varias hisrorias se refiere haber precedido, como pronósticos de algunas guerras mui sangrientas; pero determinando la pregunta a dos especies solamente, O por ser las mas famosas, O por su mas directa significacion de los furores bélicos, que se siguieron a aquellos fimestos anuncios. Al mismo tiempo muestra estrañar, que en nin- guna parte del Teatro Crítico haya tocado este punto, sien; do tan curioso; a que respondo, que no me ocurrió este asunto, para comprenenderle-en aquella Obra 3 y el ocurrir; o no algun objeto al entendimiento, no pende de la volun- tad.

2 Las dos especies de prodigios que V. S. me. propone; son los fantasticos esquadrones, vistos batallar en el aire, 0 como muchos dicen, en cl Cielo; y las lluvias sanguineas. El primero es freqiientisimo en las Historias: cl segundo no tanto. Duda V. S. si se deberá creer lo que de uno, y otro dicen los Historiadores 3 ó al contrario, condenarse como fabulas que tomaron de siniestras relaciones del yulgo. Y e mo- EC ATRAS? NO NÍA, eS modo con que V, S. propone la duda, me suena a que se inclina a lo segundo, Yo procederé en la respuesta, ha- blando separadamente de cada una de las dos especies de prodigios.

2 En quanto a las Batallas Acreas hai un hecho innega= ble, porque consta de la Sagrada Escritura en el /¿b. 2. de los Macabeos, cap. 5. Es el pasage como se sigue: Contigit autem per universam Terosolymorum Civitatem viderí diebus quadraginta per aéra equites discurrentes, auratas stolas habentes, €S hastis, quasi cohortes, armatos, E cursus equorum per ordinem digestos, US congressiones fie- ri cominus, ES scutorum motus, S galeatorum multitudi- mem gladiis districtis, E telorum ¿actus,Ú aureorum ar- morum splendorem, omnisque generis loricarum. Quaprop- ter omnes rogabant in bonum monstra converti.

4 Está pintado el portento con tan vives,. y especificos colores, que es imposible acomodar a: $us expresiones algu, no de aquellos naturales phenoménos, en que sobre unos:ru- dos lineamentos, que se presentan a la vista, la imaginacion añade todo lo que es menester para hacerlos prodigiosos, Consta tambien de la ultima clausula del pasage copiado, que los Judios tubieron el portento por presagio de algun suceso grande; aunque dudosos:, si el suceso sería favora= ble, 0 adverso, pues rogaban a Dios- dirigiese a buena par- te la significación. En efecto padecieron luego los Judíos la horrenda persecucion del Rei Antioco, en, que fuera de los grandes destrozos que éste hizo en ellos por medio de sus Oficiales, él, por su inmediato orden, condenó a muerte a ochenta mil, y aprisionó, y vendió por esclayos a otros tantos.

5 Aunque solo un portento de esta especie consta de las Sagradas Letras, es natural discurrir, que en el largo: espiw- cio de tantos siglos haya habido. algunos otros semejantes; O, lo que coincide alo mismo, que realmente sucediesen al- gunos de los que se leen en varias Historias; porque siendo verisimilmente el motiyo de la Divina Providencia en la pro- duccion de esas espantosas apariencias, mover los hombres Tom. I. de Cartas, H a 114 Sor BATALLAS EN EL ÁrrE, a penitencia, para que con ella, o mitiguen la colera de la Deidad ofendida; o estén bien dispuestos para: la muerte, quando llegue la tragedia; como no solo en la circunstancia, en que se hallaron los Judios antes de la persecucion de Án- tioco, mas en otras muchisimas ocasiones, necesitaron los hombres de este benigho aviso, se debe discurrir, que en al- gunas otras le practicase la Divina Piedad.

6 Mas asi como la prudencia dicta este asenso en gene- ral, 0 tomado vagamente 5 en atencion a la facilidad de los: hombres en fingir, e imaginar, y creer prodigios, es tam=. bien mui racional el dictamen, de que los mas que se leen en las historias, son fabulosos 5 “mas no a la verdad, porque siempre se fingiesen por mero antojo; antes creo, que mu- chas veces sería ilusion, supliendo una imaginacion medro- sa en algun phernoméno atgreo, en quien se viese una confusa: representacion “de bélico - “combate, todo lo que falt aba para que la representacion fuese perfecta. rad: ' 417 ¿Pero qué phenoménos aéreos podemos considerar ap- tos a ocasionar esta idéa + No juzgo, que para cllo basta la colision de las nubes agitadas de contrarios vientos 5 e aunque en esa agitacion, arrollandose de infinitos modos diferentes los vapores, se compongan en diversas configura ciones, que una, ú' otra “vez” representen (bien que imper- fectisimamente ) encuentros de hombres, caballos. € O Carro- zas, esto no es capáz de engañar ni aun alos niñós. Como las nubes se vén'cada-día!, y se vén casi. siempre en dife- rentes configuraciones, nadie: dexa: de ratribuirsa casuali= dad, el que una, ú-otra vez se dispongan, y muevan. de manera, que formen alguna: grosera imagen. de chocantes huestes.

-8- “No pudiendo las nubes ocasionar aquella ilusion, mu: chi menos se hallará findamento' para' ella. en otras quales- quiera meteoros ordinarios, como' es facil conocer, discur» riendo por todos ellos. Asi, solo nos queda recurso a “aquel ostentoso meteoro, (si puede llamarse meteoro) tan famo- so entre - los Phylosófos modernos, como ignorado de anti- e Hablo dela: Aurora: Borcal; A a esta oda is con- : “tena- CARTA 'NONA. 115 templo a V. S, sorprendido, porque estaría mui distante de: su expectacion. Si, Señor. La Aurora Boreal es el phenome- no, que pudo en diferentes ocasiones aterrar a los mortales,: imprimiendo en su imaginacion, por medio de fantasticas batallas, el presagio de efectivas sangrientas guerras. No solo pudo; pero hai prucbas positivas de que realmente lo hizo.

Mas no quiero arrogarme, nicon V. S., ni con nadie, el honor de este descubrimiento. Hizole Mr. Freret, miembro de la Académia Real de Inscripciones, y Bellas Letras, a quien siguió Mr. Mairán, de la Académia Real de las Ciencias, en s1 ingenioso Tratado de la Aurora Boreal.

9 Comunmente los Antiguos, ya por ser menos Plrylo- sofos que los modernos, ya por no ser la Aurora Boreal tan freqúente como ahora, ya porque mui rara vez era observa- da; quando acaecia vér alguna, la juzgaban cosa preternatu- ral; a lo que era consiguiente, lo primero, que el estupór, alterando la imaginacion, les hiciese concebir en el objeto mas que lo que representaba la vista; lo segundo, que le atri- buyesen algun anuncio misterioso. Idoia 10 Notase por lo comun en la Aurora Boreal un tumul- tuante incendio, una como guerra luminosa. Ostentase co- mo encendida, ú de color sanguineo una gran parte del Cielo 5 y varios rayos de luz diferentemente colorados, mas, o menos claros, alternadamente se vibran, como astas arro- xadas con suma violencia de la parte del Norte hácia el Ze- nit, pareciendo que chocan unos con otros. Este espectácu- lo se varía de muchas maneras 5 pero conservando siempre la representacion de combate, 6 guerra celeste. He di- cho, que esto se nota por lo comun. en la Aurora Boreal; porque algunas hai, aunque pocas, en quienes reina una pacífica luz, a quienes por eso llama tranquílas Mx. de Mairán.

11 Siendo esta laidéa de la Aurora Boreal, se dexa vér quan natural es el pensamiento, de que los combates, y en- cuentros de huestes enemigas en el Aire, 0 en el Cielo, que reficren muchos Escritores, no fueron otra cosa, que dife- rentes Auroras Borcales. La ignorancia de ser natural este 116 SOBRE BATALLAS EN EL ÁIRE, phenoméno, le hizo tomar como portentosa amenaza del Cielo, y concebirle consiguientemente anuncio de EA azotes, en particular de funestisimas guerras.

12 Es verdad, que algunos Historiadores refieren aque- llos combates aereos con circunstancias, que no caben en la Aurora Boreal. Pongo por exemplo. Plinio dice, que no solo en algunas ocasiones se vió como arder el Cielo, y chocar en: él huestes armadas3 mas tambien haberse oido tal vez el ruido de las armas, y la. voz de las trompetás, 4rmorum erepitus, ES tube sonitus auditos e Celo Cymóbricis bellis accepimus (lib. 2, cap. 57.). Pero Plinio refiere el prodigio, no como experimentado, sino como oído, accepimus 5 y nunca faltan quiénes en estos espectáculos añaden circuns- tancias, ya agravantes, ya que mudan la especie 30 porque voluntariamente las fingen, ó porque perturbada la imagi- nacion, se las hizo aprehender como existentes.

13 De:esto tengo dos insignes exemplos; que proponer 2 V.S. en la Aurora Boreal que se vió por elo mes de Di- «ciembre del año de treinta y siete, ¡Y de que entonces dió noticia la Gazeta de Madrid. Dos, o tres Religiosos de una de las Comunidades de esta Ciudad aseguraron constantemente haber oído el estridór, O estrepito que hacía el en- cuentro de las llamas, de que se componía el phenoméno. Yo observé aquella Aurora Borcal con bastante cuidado, en compañia de muchos Monges de este Colegio, sin que ni yo, ni orro alguno de ellos percibiese el mas leve sonido. Ni aun quando la colision de las llamas haga un grande ruido, es posible oírle de acá abaxo, a causa de la grande elevacion del phenoméno.: En- la coleccion de muchas Auroras Borea- les; cuya altura computó Mr, de Mairán por observaciones, ya proprias, ya agenas, halló mui desigual la elevacion. Las mas baxas estaban levantadas a la distancia de cien leguas sobre la superficie de la tierra: las mas altas pasaban de tres- cientas 5 pero la elevacion mas regular,:Ómas comun, era de doscientas leguas. Considerese, si a la menor de estas dis- rancias se podrá oír la colision de las amas, por grande que Sea, mayormente quando en aquella eleyacion, y aun en mu- CARTA NONA 017 117 mucho ménot, no hal esto alre grosero, que es menestor para que el encuentro de un cuerpo can otro produzca alun considerable estampido, Sin embargo, a aquellos Reli- iosos la imaginacion les representaba que oían lo que era im posible oír,