158. La necesidad de las verdades ideales se apoya en el principio de contradiccion: la evidencia que las acompaña es una aplicacion continuada de este principio. Ellas son las leyes fundamentales de nuestra razon; sin ellas es imposible pensar; la razón se convierte en un absurdo viviente.. _ | 159. Kant opina que las verdades necesarias notie- - nen valor sino con relacion á la experiencia sensible; pero esta doctrina destruye los fundamentos de toda ciencia. Si, por ejemplo, al afirmar que es imposible que e 924. FILOSOFÍA ELEMENTAL.
una cosa y á un mismo tiempo sea y no sea, no pode- mos extenderlo á todo, sin excepcion de ninguna cle- se, el principio vacila, ó mejor diremos se anula, porque si puede fallar en un caso podrá fallar en todos. Aquí la excepcion no es solo la limitacion de la regla, es su muerte. (V. Filusofía fundamental, lib. 1v, cap. IX, XII, XIV, XV Y XVI.)
160. En nuestros conocimientos entra una parte pura- mente ideal y otra real: la primera comprende todos los principios intrínsecamente necesarios; la segunda, las proposiciones atestiguadas por la. experiencia. Sin lo primero, no podríamos generalizar, y careceríamos de ciencia propiamente dicha; sin lo segundo, nuestra ciencia no tendria aplicacion, seria una estéril combina = cion de ideas. El principio de contradicción por SÍ so» ló, mo me conduce á ningun conocimiento positivo; á qué: adelanto con solo saber que es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo? De esto no pue- do sacar que algo sea Ó no sea; así estoy encerrado en un círculo de ideas puras; pero si la experiencia me enseña, por ejemplo, la unidad de mi conciencia, en- tonces la observación de este hecho combinada con el principio de contradiccion, me lleva á un resultado im- portantisimo, á saber, que el sujeto pensante es sim- ple.
161. Imaginémonos un espíritu que poseyese toda la ciencia geométrica, sin saber que exista algo ex- tens u conocimiento seria puramente -ideal; pero si poP la observacion llegase á conocer que existen seres extensos, aplicaria á estos la geometría y entraria en las ciencias naturales.
462. De donde se infiere que hay en nosotros dos órde- nes de conocimientos: unos puramente ideales, otros reales; que los primeros forman una verdadera cien- cia, pero estéril para la realidad; y que los otros son ;un conjunto de obvervaciones, que por sí solos no cons- 'tituirian ciencia. La union y combinacion de estos dos , elementos, engendra la ciencia positiva, útil, en el órden : moral, metafísico y físico.
163. Aunque estos dos elementos se distingan, no pueden separarse del.todo: ninguna inteligencia puede IDEOLOGÍA PURA. 9145 estar limttada á un órden puramente ideal: cuando menos, tendrá el conocimiento de un hecho real: la conciencia de su existencia propia. (V. Filosofía fun- damental, lib. 1v, cap. xIv.)
164. El elemento de observacion ó experimental, es contingente para nosotros: el hecho primitivo y funda- mental para nuestro conocimiento es la conciencia; y esta no existia hace poco tiempo, como nos consta por experiencia; tambien se interrumpe frecuentemente con el sueño; y no vemos ninguna necesidad intrínseca de que continúe existiendo por su fuerza propia: cesaria de existir, si Dios no la conservase.
165. A pesar de la contingencia del conocimiento expe- rimental, la ciencia que de él nace es verdadera, por- que envuelve la condicion de que exista lo experimen- tado. Toda la ciencia que se refiere á las propiedades del espíritu humano. se funda en el supuesto de que exista: pero mientras existe, la ciencia es verdadera realmen- te; y si no existiera, porque Dios no le hubiese criado, la ciencia seria verdadera hipotéticamente, y se po- dria decir lo mismo que en la actualidad, con la dife- rencia, de que ahora se dice: « el espíritu humano tiene tales propiedades; » y entonces se diria: « el espíritu humano tendria tales propiedades.
166. Esto conduce á otra observacion. Hasta los cono- | cimientos puramente ideáles, envuelven en cierto modo | la condicion de la existencia de los objetos. Aunque no | existiese ningun círculo, se podria afirmar que sus diá- metros son iguales; y la proposicion equivaldria á esta otra: si existiesen círculos, sus diámetros serian iguales. La razon de esto se encuentra en. que al establecer pro- posiciones puramente ideales, no afirmamos ó negamos de nuestras ideas, sino de los objetos de las mismas; luego estos objetos deben ser considerados á lo menos en el órden de la posibilidad, refiriéndonos á ellos siquie- ra condicionalmente, pues de otro modo las proposicio- Nes no sisnificarian nada.
Al decir que los diámetros del circulo son iguales, claro es que no afirmo esto de mis propias ideas, don- de no hay ni puede haber circulos ni diámetros; hablo pues de los círculos representados como posibles: y de e 216 FILOSOFIA ELEMENTAL.
ellos digo que si existiesen, sus diámetros serien iguiÑes.
167. La experiencia atestigua, que hay en todos nos- otros ciertas ideas comunes, con una relacion fija que no podemos alterar. Todos estamos seguros de que tres y cuatro hacen siete y ño ocho; que los radios de un cír- culo son iguales; que el todo es mayor que su parte; que es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiem- po. Estas verdades son comunes á todos los hombres, y el asentir á ellas no depende de la educacion; pues que seria absurdo y hasta ridículo el sostener que podríamos creer lo contrario, si así se nos hubiese enseñado desde la infancia.
De esto se infiere que hay verdades universales y ne» - -cesarias; y como estas son independientes de nuestra ¡existencia, porque ellas existian antes que nosotros, y -Continuarian existiendo aun cuando nosotros dejásemos de existir, se sigue que hay una verdad necesaria en ; que tienen su fundamento todas las demás; que hay una fuente comun donde las han bgbido todas las inteligen- cias, que hay un espíritu, causa de todos los espíritus.
168. Lo que llamamos ideas de las esencias de las cosas, son débiles reflejos de los tipos preexistentes desde la eternidad en la inteligencia infinita. Por esto se nos ofrecen como necesarias é inmutables.
169. Un órden de verdades ideales sin una, verdad real en que se funden, es contradictorio. 'Lo necesario ha de estribar en algo necesario; y no hay necesidad sin existencia; pues que en faltando esta, solo queda la nada. Ese enlace íntimo que vemos entre las verdades ideales; esa necesidad absoluta en sus relaciones, y que arranca nuestro asenso' de una manera irresistible, es una vana ilusion, es un absurdo, si no hay una verdad real necesaria.
Los que niegan la existencia de Dios, niegan tam- bien: la razon humana: sin Dios no puede haber esa comunidad de ideas, que llamamos razon, y cuyo con- junto forma las verdades ideales. Sin Dios, esta nece- sidad é inmutabilidad de las esencias, serian palabras sin sentido. (V. Filosofía fundamental. lib, 1 desde el cap. Xxu1 hasta el xxv11 inclus.)
IDEOLOGÍA PURA. 917 CAPÍTULO XIV.
De la certeza.
470. La certeza es el firme asenso á una cosa. Esta- . mos ciertos de nuestra existencia, de la del mundo corpóreo, de los principios morales, metafísicos y mate- máticos, porque asentimos á esto sin vacilacion de nin- guna especie.
171. Conviene distinguir entre la certeza y su fun- damento. La certeza es un hecho innegable; lo único - que se puede hacer con respecto á él es consignarle; en esto no hay ni puede haber opiniones; los filósofos dis- putan sobre la certeza, algunos tienen la humorada de negarla; pero ello es que todos están ciertos: el sofista ' no destruye al hombre. «Es difícil despojarse entera- mente de la naturaleza humana, » decia Pirron al verse acusado de inconsecuencia, porque dudando de todo, se apartaba de un perro que le acometia. '% El fundamento de la certeza puede estar sujeto á opi- niones. La certeza es un edificio sólido; y no lo es me- nos porque se dispute sobre la razon de esta solidez. (V. Filosofía fundamental, lib. 1, Cap. 1, 11 y 111.)
172. Hay algunas verdades primeras que no se pueden poner en duda sin que vacile toda certeza. Los filósofos se han dividido al buscar la principal. Unos sostienen que es el principio de contradiccion: es imposible que una cosa sea y” no sea á un mismo tiempo; afirman otros que es la regla siguiente: to que se ve con toda clari- dad en la idea de una cosa puede afirmárse de ella; por fin, los hay que dan la preferencia al famoso entimema de Descartes: yo pienso, luego soy 173. En mi concepto estos tres principios son de ór- denes diferentes, y por consiguiente no se deben com- parar sin limitaciones. El de contradiccion es de evi- dencia; el segundo es de sentido comun; el tercero es de conciencia. Hablando en rigor no hay preferencia los tres son indispensables, cada cual en su línea.
¿Porqué estamos seguros del principio de contra- 13 218 FILOSOFÍA ELEMENTAL. diccion? Porque Vemos con evidencia que el ser-excluye al no ser, y vice versa. ¿Porqué damos crédito á-e-ta, evidencia? Porque á ello nos hallamos precisados por la naturaleza. Hénos aquí pues, apoyando al primér principio con el segundo. Y el estar precisados á sujetarnos ' á la evidencia, ¿podemos demostrarlo con.otros princi- pios evidentes? No, porque sobre la evidencia de estos tendríamos la misma cuestion, y deberíamos proceder - hasta lo infinito. ¿Qué hacemos; pues, en este caso? consignamos una ley de nuestro espíritu, un hecho, un instinto intelectual á que no podemos resistir. Hénos.
aquí, lt, pasando de la evidencia al sentido comun. (V. la Lógica, lib. 11, cap. 1.) * | 471. Guando Descartes pone por base de los cono- cimientos humanos el entimema: yo pienso, luego soy; no entiende hacer un raciocinio propiamente dicho, sino consignar un hecho de conciencia como punto de partida de los conocimientos filosóficos. Es como si dijera: « despues de haber querido dudar del mundo externo, y hasta de mi cuerpo, me hallo con mi pen- samiento propio del cual no me es posible dudar: tengo aqui, pues, ua hecho íntimo, mi pensamiento, yo mis- mo; este pensamiento me manifiesta mi ser; yo pienso, yo existo; y en esto hallo un punto sólido en que hacer estribar mis ulteriores investigaciones. » 175. Claro es que el principio de Descartes no es ni de evidencia, ni de sentido comun, sino de conciencia ó sentido íntimo; y que negado él, ó puesto en duda, nada podríamos establecer. Quien dude de que piensa no puede saber si piensa bien; antes es pensar que pensar “bien; asf pues, en faltando el principio de Descartes no estaríamos segurós ni del de contradiccion ni de otro ninguno. o 176. El testimonio de la conciencia, tál como lo asien- ta Descartes, es un fundamento indispensable para los demás criterios; pero á su vez queda destruido si vacilán el de sentido comun ó el de contradiccion. ¿Y qué setá de estos dos últimos si negamos uno de ellos, Ó lo po- nemos en duda? No hay un primer principio solo, en el sefitido que se ha dado á esta palabra en las escuelas: hay, sí, varios fundamentos de certeza, fntimamente ÍDEOLOGÍA PURA. 219 enlazados, y Cuyo conjunto forina la basa de lts eono- cimientos humanos. Este cimiento no puede el hambre _alterarlo ni tocarlo siquiera; remover una piedra es * * arruinar el edificio, 177. Se decia en las escuelas que no se trataba de * + buscar un principio del que dimanasen todos los co- nocimientos, sino una verdad tal que una vez admiti- -da, se pudiese reducir cuando menos indirectamente á quien negase las demás. Voy á manifestar que esto no es - posible, y que negado uno cualquiera de fos trés prin- cipios nada se puede probar.
178. Supóngase que uno tiega el principio de con- tradiccion; á este tal no se le puede reducir per hin- gun otro.
-— Para quien. tenga por posible que uná cosa sea y no sea á un mismo tiempo, es posible el sí y el ho á un mismo tiempo en todo. Pongámoslo en diálogo.
¿WV. existe?
SÍ y no.
¿Como es posible?
Para mí no es imposible el sí y el no á un mismo tiemdd Pero V. piensa? Sí y no, por la. misiha razon. ¿Admite V. que debemos estar seguros de las ver- dades evidentes? - * Sí y no, por la misma razón. Con un insensato semejante nadá se puedo adelantar por ningun camino. 479. Veamos lo que sucede con quien niéegae el prin- cipio de la evidencia, 6 bien la veracidad del instinto o que nos hace estar 8eguros de las Cosas evi- entes e Admite V. como ciérto el principito de contradicción? D. ¿Pero cómo es posible? . Pruébeine Y. este principio. - No $e debe ni puede probar, porque es gvidarite ens mismo. Pero eomo yo no admito que debamos creer á la evi- dencia, su argumento de Y. no mé prueba nada, 220 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
Argúyasele como se quiera: está fuera dela razon, y la razon no le podrá convencer.
180. Si fingimos que uno niega Ó pone en: duda su propio pensamiento y existencia, resultará lo que Si- gue.: ¿Admite V. el principio de contradiccion?.
No sé que haya tal principio.
Pero ¿nolo conoce V.?
Es que, como no sé si pienso, ignoro si conozco.
¿Pero siquiera admitirá V. que debemos creer á nues- tra conciencia propia?
Es que no sé que tenga conciencia.
¿Pero no la siente V.?
¿Qué sé yo?...ignoro si pienso ni siento.
Se puede: desafiar á todos los filósofos del mundo á á que -onvenzan á quien hable de esta suerte..
181. Greo pues que el fundamento de la certeza está en la conciencia, en el sentido comun y en la evidencia. | Estas cosas no se pueden separar cuando se busca la razon de la certeza; sin que por esto quiera yo decir que para cerciorarnos tengarños necesidad de pensar enlos tres criterios. Cada uno por sí solo nos deja tranquilos; pues ya llevo observado que una cosa es la razon filosófica de los fundamentos de la certeza y otra el hecho mismo.
182. No obstante que en la Lógica se dió una idea de estos criterios, en cuanto sirven para pensar bien, será bueno entrar aquí en ulteriores explicaciones.
183. La conciencia es la presencia4ntima de los fenó- menos de nuestra alma. De ellos estamos ciertos por absoluta necesidad. No se puede señalar otra razon de esta certeza sino la presencia íntima. Estoy cierto que pienso, quiero, siento; porque estos hechos están íntima- mente presentes á mi ser, y esta certeza es tal que no concibo cómo pudiera estar cierto de otras cosas, si no lo estoy antes de mi conciencia propia. Este es el prin- cipio de Descartes.
181. La evidencia es la vision intelectual de que una idea está contenida en otra ó excluida por ella. Esto se verifica en el principio de contradiccion, pero no en él solo. Que tres y cuatro son siete; que los círculos no son triángulos; que el todo es mayor que la parte; que una IDEOLOGÍA PURA. 221 IDEOLOGÍA PURA. 221 cosa no puede ser y no ser á un mismo tiempo; estas son verdades evidentes, porquela una idea está incluida en la otra, ó excluida por ella. ¿Porqué hemos de dar fe á la evidencia? Cualquiera razon que se señale deberá fun- darse en algo; y entonces pregintaremos sobre el mismo fundamento. No siendo posible proceder hasta lo infi- nito, nada adelantamos con buscar otros fundamentos, y así debemos pararnos desde el primef paso, y decir que el asenso á lo evidente es una necesidad, como que es una ley primitiva de nuestro espíritu. Esta respuesta es muy racional, porque luego podemos manifestar que es indispensable para que poseamos lo que se Jlama razon, y para que no seamos un caos,-un absurdo viviente.
485. El sentido comun es el asenso á ciertas verda- des que | no nos constan por evidencia ni por conciencia; el instinto intelectual que nos hace descansar tranquilos en ciertas verdades que son indemostrables ó en cuya demostracion no hemos pensado. Una de ellas es la legi- timidad de nuestras facultades, la seguridad de que al ejercerlas no somos víctimas de un engaño perpétuo. Que debemos asentir á lo evidente no lo sabemos por evi- dencia; pues en tal caso deberíamos buscar la razon de la evidencia. — Esto es verdád. — ¿Porqué? — Porque es evidente. — ¿Pero porqué creemos á la evidencia? — Por tal razon evidente. — ¿Pero porqué creemos á esta razon evidente? — Hénos aquí en un proceso infi- nito: 186. El asenso á lo evidente puede ser considerado como un hecho de conciencia en cuanto se refiere al órden puramente interno; pero es de notar, que cuando creemos lo evidente no solo estamos seguros de que asentimos, sino de que es verdad aquello á que asenti- mos aunque esté fuera de nosotros. Luego la evidencia se extiende mas allá del testimonio de: la conciencia, y no puede apoyarse en este solo.
Infiérese de lo dicho que aun en las verdades de evi dencia intrínseca, es necesario llegar á esa ley primitiva y necesaria del espíritu humano, la cual le obliga á dar en ciertos casos su asenso con toda seguridad, sin que á ello pueda resistirse de ningun modo.
187. Resumamos esta doctrina de la certeza.
905 FILOSOFÍA ELBMENTAL..
La presencia íntima de los fenómenos internos, % sga la conciencia, es para nosotros una fyente de firmísima certeza.
El fundamento de este criterio se halla: en la naturaleza, que con fuerza irresistible nos obliga á conside- rarle como tal; en lá razon, que nos manifiesta la imposibilidad de apoyarnos en niugun punto si desechamos el de conciencia; en el testimonio de todos los hombres, que tienen por cierto que pasa deytra de ellos lo que ex- perimentan. | La conciencia debe ceñirse á su objeto propio; si tras- pasa los límites de su jurisdiccion, puede inducirnos á error. (V. la Lógica, lb. 111, Cap. 1, seccion 1.)
188. La evidencia, ó sea la vision intelectual de que una idea “está contenida en otra, es tambien fuente de infalible certeza. | A tener por legítimo este criterio nos obligan: Ja naturaleza, que no nos permite dudar de lo evidente; la razon, que se ve destruida y hasta convertida en un absurdo, si no puede fiarse de la evidencia; y por fin, el testimonio de todos los hombres, quienes disputan sobre la evidencia de tal Ó cual cosa, pero nunca dudan de que se deba asentir á lo evidente.
189. El sentido comun, ósea la inclinacion á dar asenso á algunas verdades, aunque no las conozcamos por el testimonio de la conciencia ni de la evidencia, es otro fundamento de certeza.
Esta proposicion, puedo fiarme del testimonio de mi conciencia y de la evidencia, no pertenece á las verdades de conciencia ni evidencia (185 y 1826); y sin embargo ¿quién duda de ella?
Obrando siempre al acaso no me saldrá todo como yo quiero; esta no es verdad de conciencia ni de eyi- dencia, y no obstante nadie la pone en duda.
La legitimidad de este criterio nos la persuaden: la na- turaleza que nos le impone; la razon que nos muestra su necesidad, siquiera para estar seguros de que nuestras facultades no son fulaces en cuanto á los objetos que les pertenecen; y por fin el testimonio del género humano, que descansa tranquilamente sobre el sentido comun.
190. El testimonio de los sentidas, es criterio de ver- IDEOLOGÍA PURA. 223 dad, en cuanto nos cerciora de la existencia de un mundo externo, extenso, y de las relaciones que sus partes tienen entre sí y con nuestros órganos.
La conciencia nos asegura de la presencia de esos fenómenos que llamamos sensaciones; «y la naturaleza nos obliga á creer que á estos fenómenos corresponden objetos externos. Aquí, pues, se combinan la conciencia y el sentido comun. La razon viene en auxilio de estos criterios probando la objetividad de Jas sensaciones. (V. la Estética, desde el cap. vir hasta el xi.) Y por fin, confirma esta yerdad el testinionio del género hu- mana, que la cree sin necesidad de demostracion ni de reflexiopes.
191. Como Dios por ser infinitamente sabio no puede engañarse; y por ser infinitamente santo no puede enga- ñarnos, su palabra es infalible criterio de verdad.
192. La autoridad humana, cuando reune las debidas condiciones, es criterio de verdad.
Tenemos natural inclinacion á creer á los demás hom- bres; esto se echa de ver en los niños y en la gente sen- cilla, en quiengs la naturaleza obra con toda esponta- neldad. La razon viene en apoyo de este juicie instintivo. Claro es que np se pretende establecer la infalibilidad del testimonio de los hombres; por desgracia los enga- ños, ya por ignorancia ya por malicia, son demasiado -frecuentes'; solo se afirma que.es un criterio seguro en ciertos casos, y mas ó menos probable en muchos otros.
Para los que no han visto París, la existencia de esta ciudad es tan cierta como si la hubiesen yisto; y sin em- bargo su certeza la apoyan únicamente en la autoridad humana, pues que no la tienen ni por los sentidos, ni por la conciencia, ni por la evidencia, ni por el sentido comun. Pero este asenso instintivo es sumamente racio- nal; vamos á demostrarlo.
Una multitud de testigos de todas edades, sexos, con- diciones y naciones, afirman constantemente que existe París. La constancia y universalidad de semejante afir- macion solo puede dimanar de la existencia real de París, la que se ha presentado á los sentidos de los testigos. Si así no fuese, seria preciso supquer, Ó que se han enga- ñado, ó que nos han querido engañar; ambas cosas son 22% FILOSOFÍA ELEMENTAL.
j. No se han engañado, porque no se trata de un objeto que pueda dar lugar á equivocaciones, sino de una gran ciudad; y por otra parte no pudieran enga- ñarse todos, á no suponer trastornados los sentidos á cuantos vab y vienen en la direccion donde se dice estar situada aquella capital. No han querido engañarnos, por- que la unanimidad en el engaño dependeria ó de conve- nio 6 de casualidad: no puede dimanar de convenio, pues que este es imposible, en tanta muchedumbre y variedad de testigos, tiempos y circunstancias; tampoco p proceder de casualidad, pues el que tantos homres sin convenirse hubiesen tenido la misma ocurrencia, la misma voluntad, la misma manera de engañar, seria no menos extraño que el que todos ellos, sin convenirse, hubiesen abierto un libro en una misma página. Esta es una de aquellas casualidades absurdas rechazadas por el sentido comun. (V. la Lógica, lib. 11, cap. 1, sec. 11.)
Fácil seria aplicar esta demostracion á los demás casos donde la autoridad humana se tiene por absolutamente: segura: y así podemos afirmar que este es un criterio de verdad en que se combinan los"demás; el de los senti- dos con que oimos ó leemos la narracion; el de sentido comun con que nos inclinamos á creer; y por fin, el de la evidencia, que en caso necesario acude á demostrar con raciocinio la imposibilidad del engaño.
193. Cada criterio se basta á sí mismo en los objetos respectivos, en cuanto se trata únicamente de cercio- rarnos: y todos se enlazan entre sí fortaleciéndose recí- procamente; esta es la mejor prueba de su legitimidad. A pesar de que pertenecen á órdenes tan diversos, sufren el uno el exámen del otro. La razon no puede probarlo todo, es verdad; pero puede acercar su luz á:todos los criterios en que descansa el espíritu humano, y en todos encuentra, no solo la accion de la naturaleza que im- pulsa irresistiblemente, sino las leyes racionales aplica- das de la manera que corresponde. En todos reconoce la necesidad de admitirlos como legítimos, so pena de caer ella en el absurdo de negarse á sí propia, de sui- cidarse.
194. Quitad la conciencia, y el ser sensitivo é inteli- gente no se encuentra á sí mismo. Quitad la evidencia, * IDEOLOGÍA PURA. 925 y la razon no puede dar un paso. Quitad el sentido co- mun, y nos faltan muchas verdades que no- podemos demostrar, ó que necesitamos antes de toda reflexion; y además no estaremos seguros de que debamos asentir á lo evidente, ni de que sea veraz en su testimonio ninguna de nuestras facultades. Quitad el testimonio de los sentidos, y el mundo corpóreo se convierte en una ilusion. Quitad la autoridad humana, y desde el momento en que el hombre no crea al hombre, la sociedad y la familia se disuelven, se hacen imposibles.
195. Hay pues en los fundamentos de la certeza una trabazon firmísima, una armonía admirable; no se cón- tradicen., se fortalecen reciprocamente. La certeza es un hecho precioso que la bondad del Criador ha comunicado á los hombres; no ha querido que para poseer ese pa- trimonio necesitasen de la filosofía. Al.examinar los fun- damentos de la certeza se ofrecen á primera vista algunas sombras; pero procediendo sin espiritu de sistema, con sincero amor de la verdád, lejos de hallar aquí un escollo se descubre una obra admirable que atesligua la bondad y sabiduría del Autor de todas las cosas. (V. Filosofía fundamental, lib, 1.)
> CAPITULO XV. La ciencia, su existencia, naturaleza y límites.
196. Tenemos, pues, que hay certeza de algunas ver- dades: el entendimiento humano puede examinarlas, analizarlas, compararlas, desenvolverlas, y así descubrir otras que éstán contenidas en ellas. Este desarrollo de las verdades primeras, producido por la actividad inte- Jectual, es la ciencia, á la que definiremos: un conoci- miento cierto y evidente de un conjunto de verdades secundarias enlazadas con las primeras.
497. El raciocinio con que se llega á esta manifesta- cion,.con que se desenvuelve lo primario para que apa- rezca lo secundario, se apellida demostracion, que defi- 06 FILOSORÍA "ELEMENTAL.
niremos: un discurso que saca de las verdades primeras otras evidentemente enlazadas con ellas, Esta es el solo raciocinio que merece en rigor el nombre de demostracion; el único que engendra cien- cia; los demás se llaman probables, y sus resultados sor las opiniones.
198. La demostracion se” divide en varias elases. Simple es la que emplea un selo pana compuesta, la que necesita mas de uno; directa, la que se funda en la misma naturaleza de las cosas; indirecta la que ma- nifiesta el absurdo que se seguiria si lo que se afirma - no fuese verdad, por eso se la llama ed absurdum; a priori, la que llega al objeto, partiendo de su causa ú origen; a posteriori, la que prueba la causa por el efecto, ú el origen por lo que de él dimana-; apodíctica, la que se apoya en la intrínseca relacion de fas ideas; na apodíctica la que necesita salir de este círeuto.
199. Toda demostracion necesita de principios en que se funde; segun sean estos será la ciencia que engendre.
Estos principios que no estriban en otros se llaman en general axiomas. En tratándose de cusas relativas á las acciones toman á veces el nombre de máximas. Si el principio es un supuesto evidentemente posible, se de- nomina pustulado, como si se pide que se tire una recta de un punto é otro.
200. Los principios puramente A (cap. Xu), prescinden de toda experiencia; y así las demostraciones que en ellos estriben solo deben subordinarse á las con-. diciones ideales. Tales son los matemáticos y los onto- lógicos.
201. Ya hemos visto (ebid.) que estos principios por sí solos conducen únicamente á la ciencia ideal; y por tanto, si se quiere llegar á la que tiene por objeto la realidad, - es necesaria la experiencia. externa ó interna, Así pues, las demostraciones cuyo objeto sea la manifestacion de una verdad real; deben contener en sus premisas la afir- macion de un hecho.
202. De aqui resulta una diferencia notabilísima entre las ciencias ideales y las reales. Aquellas poseen una cer- teza absoluta, estas una certeza condicional: aquellas nos ofrecen una serie de verdades evidentes, sia ningun pe- —- IDEOLOGÍA PURA. 2) ligro de error; estas nos presentan á cada paso oscuridad y dificultades. | 203. Se «suele preguntar: ¿porqué las matemáticas se distinguen “por su certeza y evidencia? la razon se halla en lo que acabo de decir. Las matemáticas son ciencias puramente ideales; se ocupan de las relaciones de la cantidad prescindiendo de toda experiencia; tienen por base nuestras ideas mismas; y solo exigen que siga- mos con atencion el hilo que las enlaza. Al dar una de- finicion ponemos en ella lo que hay en nuestra idea; y al desenvolver Jo definido sacamos de la definicion lo que nosotros mismos hemos puesto. Lo propio que en las ma- temáticas, sucede en la ontología; y si en aquellas ha- lamos mayor claridad, es porgue versan sobre objetos mas próximos á la esfera sensible, y na nos obligan á concentrarnos tanto en la region del entendimiento puro.
204. Las ciencias que tienen por objeto la realidad, ya sea interna, como la psicología, ya la externa, como la cosmología y todas las naturales, luchan con dos obs- táculos de que las ideales están exentas: 1* La dificultad de eerciorarse bien de los hechos experimentales en que hán de estribar; 22 la de aplicar con acierto los princi- pios ideales á los hechos observados. Y hé aquí la razon de la oscuridad que las rodea y de la variedad de opi- niones que en ellas se encuentran. á diferencia de las matemáticas.
205. Esta doctrina hace comprender mas á fondo los preceptos de la lógica y la razon de los mismos (V. la Lógica, nociones preliminares,cap. 11). No todas las ciencias deben tratarse con un mismo método: los que exigen para todo demostraciones parecidas á las mate-.
máticas, manifiestan no tener conocimiento de la dife- - yencia fundamental que acabo de señalar; pierden de vista las verdades reales, y solo se acuerdan de las ideales. En semejante defecto incurren los que pretenden . explicar la naturaleza física, el corazon humano, las leyes de la sociedad por meras teorías: se atienen á un órden ideal, y olvidan que se trata del real; quese busca, no lo que hay en nuestro entendimiento, sino en las cosas mismas. Las verdades puramente ideales bastan para las ciencias puramente ideales; pero en tratándose d nn a AAA ate 228 FILOSOFÍA ELEMENTAL. ¿ de la realidad es preciso combinar las ideas con la obser- vacion de los hechos: solo de esta combiracion puede brotar la luz, para guiarnos al conocimiento de las ver- dades reales, para enlazarlas, para sujetarlas á leyes generales, y formar de ellas un verdadero cuerpo de ( ciencia. 0% | 206. La enunciacion de lo que se busca se llama cues- tion; la que se apellida problema, si se trata de hacer 1 alguna cosa. Al ofrecerse pues un problema ó una cues- tion, lo primero que se debe hacer es examinar á qué órden pertenece, si al ideal ó al real ó al mixto. Con este método se evitan muchos errores, y no se pierde tiempo en consideraciones inconducentes. La cuestion esideal; atenerse puesá la relacion de las ideas puras; es real, buscar hechos; es mixta, combinar lo ideal con lo real en la debida proporcion. - Se busca cuál es el mejor gobierno para una sociedad; y se discute largamente en la region de los principios olvidando los hechos; errado método: al tratar de la práctica, es preciso atenerse á lá experiencia. Se quieren | conocer las leyes del mundo físico, y se discurre por teo= | rías sin cuidar de la observacion, errado método: tra- tando de una realidad no se ha de buscar lo que se piensa, sino lo que es. Se desea fijar las leyes del movi- miento de los astros y se atiende solo al cálculo; errado método: es preciso saber hasta qué punto las leyes mate- máticas Ó del órden ideal, son modificadas por las condiciones de la materia á que se aplican. ¿Hay habitantes en los astros? ¿de qué especie son? Esta es cues- tion real. ¿Hay medios de observar los hechos? no; pues se pierde el tiempo que se invierta en el exámen, - á no ser que nos propongamos divertirnos con inge- - niosas conjeturas. ¿Cuánto tiempo durará el mundo? Esta es cuestion real: ¿tenemos algun medio para conocer esta realidad? no; pues no.nos acalorermos disputando ni nos cansemos en el exámen. Este es el secreto para adquirir sagacidad en la inves- tigacion, para fijar de un golpe las cuestiones, para discernir entre lo asequible, y lo asequible, para dar solidez al discurso y aplomo al juicio. A 207. En nuestro espíritu hay dos ideas fundamentales: IDEOLOGÍA PURA. 229 ¡a de extension y la de ser; la primera con sus modifi- caciones es la base de la geometría, y el elemento. ne- cesario de las ciencias naturales; la segunda da orígen al principio de contrádiccion; por consiguiente es indis- pensable para que la idea de extension pueda ser objeto de ciencia y además engendra todos los conocimientos ontológicos, y se difunde por todos los ramos cien- tíficos.
208. Las ideas intuitivas que poseemos son las si- guientes: 1* La de la extension de los cuerpos, ó sea la sensibilidad pasiva. 22 La de las afecciones sensitivas; pues que las experimentamos en nuestra conciencia. 3“ La de los actos intélectuales puros, presentes en nues- tro interior. 4* Los actos de la voluntad racional, por la Se razon. (V. Filosofía fundamental, lib. 1v, cap. XXII.
Hé aquí enumerados los elementos de nuestra cien- cia; este es el campo que podemos recorrer. No perda- mos de vista sus límites.
CAPÍTULO XVI.
Relacion de las ideas con el lenguaje.
209. La actividad intelectual de nuestro espíritu no se desarrolla sino bajo ciertas condiciones; 4 mas de la conveniente disposicion de los órganos; necesita de otras que podrian llamarse sociales. Nadie niega cuánto debe el hombre á la educacion é instruccion; ni la igno- rancia y envilecimiento que acompañan á la falta de ellas. Compárese á los Europeos de educacion esmerada, y versados en las artes y ciencias, con las hordas de los salvajes; la diferencia es inmensa; ¿y de dónde resulta? de que las facultades intelectuales y morales de los pri-. meros se han desarrollado con la educacion y la instruc- cion, mientras las de los segundos han permanecido: adormecidas en una vida de embrutecimiento. No es posible explicar semejante diferencia por razones de 230 FILOGOFÍA ELEMENTAL. 2 clima ni variedad de razas; les Bretones, los Galos y Germanos del tiempo de César, no se parecen par cierto á los modernos Ingleses, Frangeses y Alemanes; y sin embargo el clima es el mismo y la raza tambien. Sin ir tan lejos encontramos lo mismo en la experiencia de cada dia; ¿qué diferencia no vemos entre un hombre falto a JrSIcURcIón y educacion y otro que las tepga escogi- as