431. El ilustre Romano se indignaba contra esta doc- trina; su grande alma'no podia ni tolerarla siquiera; y como además, estaria viendo los estragos que hacia en las costumbres, agota contra ella los tesoros de su elo- ' cuencia: para formarse idea de Epicuro y su sistema, es preciso leer á Ciceron. Tan pestilente doctrina debió de contribuir á la Gecadencia de Roma, pues sabemos por Ciceron que el retrato de Epicuro se hallaba en cuadros, en vasos, y hasta en las sortijas. Cujus ¿imaginem non modo in tubulis nostri familiares, sed etiam in poculis et 2n annults habent. (De fin. lib. v.)
132. El epicureismo práctico es la obra de las pasio- nes; el teórico es un servicio que el entendimiento les presta: hé aquí porqué le hemos visto resucitar en los - tiempos modernos, XXV. ESTÓICOS.
_ 133. Las escuela estóica, fundada por Zenon de €i- tium, y que tomó el pombre del pórtico en que este en- señaha, se ha hecho célebre por la severidad de su HISTORIA DE LA FILOSOFIA. 5395 moral. Adoptó el rigor de los cínicos, mas no su impu- dencia. Zenon fué discípulo del cínico Crates; pero se instruyó posteriormente en la escuela de Megara bajo la enseñanza de Stilpon, y en la platónica, oyendo primero á Xenocrates y despues á Fulemon.
131. Segun los estóicos, nada hay bueno sino la vi tud, nada malo sino el vicio. La virtud es la felicidad; el vicio la desdicha. Lá virtud es sabiduría; el vicio in- sensatez. El sabio ó virtuoso, que para ellos significa lo mismo, es feliz, sean cuales fueren sus aparentes jn- fortunios; si le atormentan en el potro, le meten en el toro de Falaris, ó le destrozan lentamente sus car- nes, continuará dichoso: su ventura es imperturbable; nada pueden contra ella los hombres; la conciencia es un cielo. Verdad es que á mas de la virtud y vicio, hay en el mundo otras cosas que parecen buenas ó malas; mas los estóicos, temerosos de contaminarse, no les daban estos nombres, sino el de preferibles o pospo- nibles; los de bien y de mal los reservaban á la virtud y al vicio.
- 135. El sabio de los estóicos es una especie de ser im-- pasible, á quien nada puede perturbar. Todo lo tiene y nada puede perder, y así no teme; nada le falta, y así nada desea: las pasiones que se levantan en los demás hombres, el sabio las conserva encadenadas, siempre, en todas ocasiones, en la fortuna próspera ó adversa. La familia perece, los amigos mueren, la patria se hun- de, el mundo se desploma: el sabio está sereno; el gozo retorza, la alegría se derrama, el dolor gime, la tristeza suspira. el asombro se petrifica, el terror se hiela y en- mudece; el sabio continúa impasible.
¿Dónde está ese hombre? Entre los antiguos no se le encuentra; es un ser ideal que ellos concebian; nada mas.
136. ¿Cuales eran las doctrinas en que pretendian apoyar tanta virtud? es sensible que tan bellos senti- mientos no tuviesen por cimiento una sólida teoría. ¿Cuál era el Dios de los estóicos? El fuego: uno de los cuatro elementos. ¿Qué era el alma? Una centella de . ¿A qué condiciones está sujeto el ejercicio de su! accion? La necesidad. El hado: fatum: el alma, segun 290 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
los estóicos, no es libre. ¿Cuál el porvenir que nos espe- ra, en recompensa ó castigo? El alma, Óó muere con el cuerpo, ó vive solo por largo tiempo; á la manera de las cornejas, comodicecon gracia Ciceron. (Tusc., lib. 1.)
Por manera que con un dios corpóreo, un alma ma- terial; sin libertad ni vida futura, querian cimentar una moral tan severa: no es mas difícil el levantar una pi- rámide como las de Egipto sobre un monto de arena.
137. El estoicismo continuó por algun tiempo aun des- pues de haber aparecido sobre la tierra la religion cris- tiana; estóicos fueron Epicteto y el emperador Marco Aurelio. Por lo que nos ha quedado de los escritos de aquella época, parece que el “estoicismo se elevaba á mayor altura: ¿cuál es la causa? La influencia del cris- tianismo. A la sazon se leian ya por todo el mundo - romano los Evangelios y demás libros del Nuevo Tes- tamento: y Atenágoras y san Justinio dirigian á los emperadores las apologías de la religion cristiana. Ville- main, en su obra de la Filosofía estóica y del cristiano, ha hecho notables observaciones en confirmacion de esta verdad. (Misceláneas, t. u.)
138. La cosmología de los estóicos se reducia á ex- plicar el mundo por la accion del fuego:materia pasiva, y fuego que da movimiento, accion, vida; hélo aquí to- do. Esto ni siquiera tiene el mérito de la novedad: lo hemos hallado en escuelas anteriores.
139. Su ideología estaba confogme con sus principios materialistas: no habiendo mas que cuerpos, no hay mas inteligencia que la sensacion: toda la actividad del alma se dirige á esta; y de aquí no puede pasar, porque fuera de esto no hay nada. O Sin embargo, ocupándose el alma de los materiales ofrecidos por la sensacion, se forma varias clases de conocimiento: sus grados los explicaba Zenon con ges- tos. Abria la mano, y mostraba el reverso de ella; hé aquí, decia, la representacion: visus. Encorvaba un po- co los dedos; hé aquí el asenso: assensus. Cerraba- la mano, y mostraba el puño; hé aquí la comprension: comprehensto. Con la mano izquierda cogia el puño de la derecha, y le apretaba fuertemente; hé aquí la ciencia, patrimonio del sabio, (Ctic., 1. Acad:, lib. 11.)
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 537 140. El método de los estóicos era oscuro, sutil, co- mo de quien descarna huesos, ó saca espinas'con alfi- leres: nec more hominum acu spinas velentium, ut Storci, nec ossa nudantium. (Cic., De finibus; lib. 1v.)
11,1. Su lógica abundaba de sutilezas; ocupándose solo de la parte relativá al arte de disputar, se olvidaban de la inventiva.
142. No siempre estuvieron de acuerdo los discípu- los de Zenon: profesaban con harta frecuencia opinio- nes encontradas, que no hay necesidad de exponer aquí. Se distingúen en esta escuela Perseo, Ariston, Herilo, Cleantes, descollando Crisipo, llamado la columna del Pórtico.
113. Los estóicos fueron poco felices en el arte de hablar. Zenon era tan frio que era capaz de apagar el fuego en quien lo tuviese: Restinguet cittus, si ardentem acceperit. (Cic., De finib. lib. 1v.) Cleantes y Crisipo es- cribieron un arte retórica: de la de Crisipo dice Ciceron con mucho donaire: «Si alguien quiere aprender á ca- llar, no debe leer otra cosa.» $2 be obmutescere concu- pierit, nihi alud legere debeat. (Ibid.)
XXVL LA ACADEMIA NUEVA Y LA NOVÍSIMA, 144. Ya hemos visto cómo la escuela de Platon reci- bió el nombre de Academia; pero con el mismo título se designaron otras, bien que añadiéndoles los epítetos de vieja, media y nueva, ó vieja, nueva y novísima, con relacion á tres épocas principales. - 145. La Academia vieja empieza en Platon, Óó mas bien en Sócrates, quien inauguró el método de discutir en pro y encontra, absteniéndose de afirmar y diciendo que solo sabia una cosa, y es que no sabia nada. Pero así por el nombre, 'como por la forma, puede ser mirado Platon como el fundador de la Academia, pues que con su talento, elocuencia y método, constituyó una ver- dadera escuela, y organizó un sistema filosófico en to- das sus relaciones. La doctrina y método de Platon no - se conservaron en Aristóteles, que impugnó en varios 538 FILOSOFÍA ELEMENTAL. puntos las teorías de su maestro, ni fué tan cauto como él en guardarse de afirmar ó negar. Los fieles dis-: cípulos de Platon fueron Speusippo Xenócrates, quienes continuaron la escuela académica enfrente de la peripatética. Sucediéronles Polemon, Crates y Cran- tor. l 146. Entre los discípulos de Polemon se contaba Ze- non, el fundador de la escuela estóica, quien, proponién- dose introducir nuevas doctrinas, provocó la oposicion de Arcesilas, resultando de aquí la Academia media. Segun Ciceron, Arcesilas no disputaba por espíritu de contradecir, ni por la vanidad de triunfar, sino movido por la oscuridad de las eosas, oscuridad que habia obli- gado á Sócrates á confesar su ignorancia, y antes que á Sócrates á Demócrito, Anaxágoras, Empédocles y á casi todos los antiguos, quienes dijeron que nada podemos conocer, ni percibir, ni saber; que los sentidos son li- mitados, -el espíritu debil, la vida corta; que estando la verdad oculta en un pozo profundo, segun la expresion de Demócrito, todo lo “regian las opiniones y las con- venciones; y que así no quedaba lugar á la verdad, y todo se hallaba cubierto de tinieblas. Por lo cual, Ar- cesilas negaba la posibilidad de saber algo; ni aun “aquello de Sócrates: sé que nada sé; de donde inferia - «que nada se debia afirmar, gue á nada se debia asen- tir; que era necesario suspender siempre el juicio, ca- lificando de temeraria y torpe la conducta opuesta. Consecuente á su sistema, disputaba en pro y en contra de todo, con la mira de que apareciendo la igualdad de razones en sentidos contrarios, fuera mas fácil librarse de la tentacion de altrmar. El método de Arcesilas no encontró por de pronto mucho séquito, pero se sostuvo con cierto brillo, merced á los talentos del fundador, que se distinguia por su agudeza de ingenio, y admirable gracia en el decir. E | 147. Sucedióle Lacides; este tuvo por discípulo á Evandro, quien fué maestro de Hegésino, cuyas Jeccio- nes recibió el famoso Carnéades, fundador de la nueva Ó mas hien novísima Academia, por los años de 180 an- tes de la era vulgar.
148 Era Carnéades hombre de talento extraordinario, HISTORIA DE LA FILOSOFIA. 539 de mucha facundia Y elegancia, y versado en todas las partes de la filosofía, en lo cual excedia al mismo Arcesilas. Sostuvo como este qué nada sabemos, ni aun sabemos que no sabemos; y cuando Anlipatro le objetaba que al menos debíamos saber esto último, ya que en ello se fundaba la Academia, respondia Carnéades que la regla era general, sin excepcion de ninguna clase; y, por tanto, que en la ignorancia de todo quedaba tambien envuelta la ignorancia de la ignorancia. Sin embargo, no se crea que Carnéades estableciese la duda universal, á la manera de Pirron; admitia probabilidades; solo negaba Ja certeza, en lo cual opinaba tener lo bastante para la: discusion filosófica y la conducta de la vida. Además, parece que no llevaba su severidad hasta el punto de Arcesilas: este creia que el sabio no debe afirmar nunca: Carnéades á veces concedia que en ciertos casos la afirmacion era permitida. Carnearles, nonmunquam secundum illud dabat; assentirí aliguando.
(Cic., 1. Acad., $21.) Esto era un paso importantísimo, y separaba mucho á Carnéades de Arcesilas. Ciceron no aprueba esta reforma; y se inclina á creer que Carnéades no lo estableció así absolutamente, y que trató la cuestion sin resolverla: hoc mgis ab eo dispulatum. quam probatum, puto. (1bid., 24.) Y en verdad que no habria. mucha lógica en esta concesión de Carnéades: porque siendo doctrina fundamental de su escuela el que no hay ninguna representacion verdadera, que no pueda ser imitada por otra falsa, no se concibe porqué se encontrarian casos en que la afirmacion fuese legítima, á no ser que se destruya el cimiento de la Academia.
1/9. La escuela de Carnéades combatia hasta la mis- ma dialéctica, comparándola con Penélope, porque des: hacia á un tiempo la que habia tejido en otro. ¿Qué se necesita, preguntaban, para formar un monton? ¿Bas- tan dos granos? No. ¿Tres? No. ¿ Cuatro? No. Lo mismo, añadian, se puede preguntar sobre la riqueza y la po- breza, la fama y la oscuridad, lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño, lo largo y lo corto, lo ancho y lo estrecho; y así decian que no es posible fijar nada, pues que por una gradacion vamos retrocidiendo delante de una serie de interrogaciones que no nos dejan des- DD e 5140 FILOSOFÍA ELEMENTAL; cansar. «Me pararé, respondia Crisipo. —Párate en buen hora, replicaba Carnéades; respira, duerme si quierés; pero ¿de qué te sirve el reposo? Te dispertarán, y te encontrarás de nuevo con las preguntas. — Pero haré lo que un buen conductor, detendré los caballos si veo un precipicio: no responderé nada; callaré. — Bien está; pero callas lo que sabes ó lo que no sabes; si lo que sabes, el silencio es orgullo: silo que no sabes, caiste en la red. » 150. La dialéctica establece que toda proposicion es verdadera ó falsa: hé aquí un ejemplo de las sutilezas con que Carnéades combatia este axioma. «Si dices que - mientes, y en efecto es así, mientes y dices verdad: luego tenemos el sí y el no. » Esto es un juego de pala- bras: porque en tal caso se dice verdad, respecto á la, afirmacion de la mentira, como un hecho - anterior: el sé se refiere al acto de mentir: el no, á la falta de verdad en lo afirmado por la mentira.
151. Vivió Carnéades hasta edad muy avanzáda, te- niendo á su lado á su discípulo Clitomacho, hombre muy aficionado al estudio, muy laborioso, y agudo como un Cartaginés: acutus ut Poenus. La escuela académica conti- nuó por Philon y Antioco Ascalonita, á quienes oyó Cice- ron, en cuyo tiempo estaba casi abandonada en Grecia: quam nunc prope modum orbam esse tn ¿psa Grecia in- telligo. ( De Nat. Deor., lib. 1, $ 5.) j XXVII. CICERON.
XXVII. CICERON.
152. Los Romanos participaron muy tarde del movi- miento filosófico: su carácter severo y amigo de empre- sas grandes, hacia que desdeñasen los entretenimientos de las escuelas. Las costumbres, las leyes, el arte de la guerra, la extension de su imperio, tales eran los obje- . tos de su predileccion. Sin embargo, la continua comu- nicacion con los Griegos llegó á quebrantar algun tanto aquellos iudómitos caractéres; á pesar de la severidad de Caton, por cuyo consejo fueron echados de Roma los _ filósofos, se apoderó de los dueños del mundo el pru- HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 541 rito de investigar y disputar: vencedores de la Grecia, fueron vencidos por su bella esclava.
153. Antes de Ciceron se habia ya introducido en “Roma la filosofía griega; pero faltaba un escritor que, dándole brillo, la.poputarizase. El grande oradór'no ha- bia descuidado ninguna clase de estudios que pudiese contribuir á la perfeccion del arte de hablar; así es que, á mas de los poetas y oradores, se habia nutrido desde su juventud con la lectura de-los filósofos griegos. Las turbulencias políticas que amargaron los últimos años de su vida le obligaron á' buscar un consuelo en los ejerci-.
cios filosóficos: privado de lucir. su elocuencia en-el foro y en el senado, destituido de toda influencia en los “pegocios públicos, y condenado á la oscuridad del-hógar doméstico, donde le perseguia tambien la desgracia con la muerte de su hija Tulia, se consolaba de sus infortu- nios con el estudio de la filosofía, y con: fomentar en su patria el movimiento.intelectual, ya que le era imposible .enderezar la marcha de las cosas políticas. El propio: lo. indica así en diversos lugares; y al trávés de la severi- dad de sus doctrinas y elevacion de carácter, deja traslucir algun tanto la profunda tristeza que le devoraba.- « Diré la verdad: mientras la ambicion, los honores, el foro, la política, la participacion en el gobierno, me en- redaban y ataban con muchos deberes, tenia encerrados $ sed de los filósofos; solo para. precaver el olvido lostrepasaba leyendo algunos ratos, segun que el tiempo me lo permitia; mas ahora, cruelmente maltratado por la fortuna, y exonerado del gobierño de la república, busco en la filosofía. un honesto solaz en mis ocios, y un lenitivo á mi dolor. » Kgo dutem(dicam enim ut res est) dum me ambitio, dm honores, dum causce, dum rezpublica: non solum cura, sed quedam etiam procuratio, multis of- ficiis implicatum et constrictum tenebat, hoc inclusa habebam, el ne obsolescerent, renovabam cum licebat legendo. - Nunc “vero et fortune gravissimo perculsus vulnere, et: adminstratione reipublice liberatus, dolorís medicinam a philosopkia: peto, et ot oblectatinem hanc honestissimam judico. (II. Acad. y 154. Silícito fuera, debiéramos alegrarnos de las des- gracias de Ciceron, ya que, proporcionaron á las ciencias 31 51492 i FILOSOFÍA ELEMENTAL.
y á las letras lan. insigne beneficia, dando orígen á sus obras filosóficas. No fundó ninguna escuela, ni tenia tam- poca semejante pretension; solo intentaba difundir en su patria las doctrinas de la filosofía griega, acabando con los*malos traductores, y hermanando la aficion á la ciencia con el buen gusto en el estilo y lenguaje. La elo- cuencia, la elegancia, el bien decir, eran los objetos pre- dilectos del grande orador; no puede 'olvidarlos ni aun en los laberintos de las cuestiones filosóficas: despues de haber brillado en la tribuna quiere brillar en la cá- _tedra. «Hasta nuestros dias, la filosofía ha estado des- cuidada entre tos latinos; faltóle el esplendor de las be- llas letras; yo me propongo ilustrarla y propagarla; si en mis ocupaciones fuí útil en algo á mis conciudadanos, deseo que si es posible-les aprovechen mis ocios.-La ta- rea es tanto mas digna euinto que, segun.dicen, hay escritos sobre esto muchos libros en latin, por auteres de sana intencion sin duda, mas no de bastante. saber. Es posible que uno piense bien, y no acierte: á expre- sarse con elegancia; y el escribir sin arte, sin belleza, sin nada que atraiga al lector, es perder tiempo y tra- bajo. Así esos autores leen ellos mismos, con:los suyos, “sus propios libros; y. no encuentran mas lectores que los que desean la libertad de escribir mal. Por lo que si eñ algo pude contribuir á la perfeccion de la oratoria, con mas cuidado me dedicaré á.mostrar los manantiales de la filosofía, de los cuales sacyba mi elocuencia. Así como Aristóteles, hombre de grande ingenio y vas- to saber, emulando la gloria del retórico Isócrates, em- prendió la enseñanza del bien decir, enlazando la sabi- duría con la elocuencia, nre propongo. yo entrar en el rico. campo de la filosofía, sin despojárme de mis cos- tumbres oratorias.: pues que siempre creí que la per- feccion de la filosofía consiste:en tratar las grandes cues- iones con riqueza y elegancia. » ( Fusc., libro 1, $ 111 IV.) E: Sp ¿ 155. Las obras filosóficas de Ciceron no se distin- guen tanto por su profundidad come por'la abundan- cia de noticias, y por la lucidez dela exposición en que nos da cuenta de los sistemas (filosóficos. Se conoce que Ciceron no ha hecho de la filosofía su estudio preferen- HISTORIA DE LA: EILOSOFÍA. SAS te, y así es que no acierta á revestirse del traje de es- cuela: en sus palabras se descubre siempre al político, y sobre todo al orador. Sus escritos filosóficos sen de alta importancia para la historia.de la filosofía; porque conociendo á fondo la lengua griega, disfrutando de obras que se han perdido, y habiendo visto con sus ojos los últimos resplandores de las escuelas que descri- be, es un testigo precioso para hacernos Conocer el es- píritu de la filosofía antigua. - 156. Tocante á las opiniones de Ciceron, suele ser difícil él conocerlas con exactitud, Es académico en to- do el rigor de la palabra. Introduce alternativamente en sus diálogos á filósofos de todas las escuelas; y aunque á veces se descubre cuál. es la que' prefiere, tambien sucede con harta frecuencia que no es fácil adivinar su Verdadero pensamiento. Hasta se podria sospechar que. “en varias malerjas no tenia opipion, y que el estudio de. los filósofos habia engendrado en-su ánimo un espíritu de duda, que se hace sentir demasiado, aun en las ma- terias mas graves. Pasajes tiene sumamente peligrosos.
Como quiera, es preciso confesar que la penetracion de su espíritu y la elevacion de sus séntimientos, le incli- nan siempre hácia lo verdadero, lo bueno, lo grande: si habla de Dios se expresa con un lenguaje tan magni- fico, que los autores no se cansan de copiarle; si trata del “alma se resiste á confundirla con la materia, y ho concibé que puedá acabar con el cuerpo; si de la mo- ral, se indigna contra Epicuro, y pondera la sublimidad y belleza de la victud con un estilo que arrebata y en- canta.
157. Ciceron hubiera sido mas filósofo si hubiése meditado mas y leido menos; se conoce, que escribis teniendo á la vista las-obras de todas las escuelas grie- gas; y. sa mente, clara como la luz,. se ofusca. á menu- do con la abundancia y embrollo de los materiales que se empeña en ordenar y esclarecer. Nunca ve con. mas lucidez y exactitud que cuando se abandona á las ins- piraciones de su genio, olvidando los sistemas de sus predecesores, y sometiendo los objetos al fino criterio. de su elevada entendimiento, y á las sanas inspiraciones de su corazon noble y generoso.
544 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
458. En Ciceron se retrata el estado de la nlosora poco antes de la venida de Jesucristo. El arte de discu- tir y de exponer habia llegado á mucha perfeccion; to- do se habia ventilado; -pero con escaso fruto para la cer- teza: los grandes problemas sobre Dios, sobre el hombre, sobre el mundo, la filosofía humana los contemplaba, mas no los resolvia:: daba un paso en el buen camino, pero luego se extraviaba, y fluctuánte entre contradicciones, inconsecuencias é incertidumbre, casi desesperaba de encontrar la verdad y se refugiaba en el escepticismo. No le profesa abiertamente Ciceron; pero en muchos pasajes manifiesta una. profunda desconfianza. Gomo quiera, hé aquí cómo se explica él mismo sobré el mé- todo de filosofar que le parece mejor; en lo: cual no dejaria tambien de influir la natural moderacion de su carácter. «Fáltame hablar de los censores que no aprue- ban el método de la Academia; su crítica me afectaria mas si les gustase alguna. filosofía que no fuera la suya. Pero nosotros, que acostumbramos á rebatir á los que creen saber algo, no podemos llevar á.mal el que otros nos impugnen: bien que nuestra causa es mas fácil, su- puesto que buscamos la verdad, sin espíritu de disputa, con laboriosidad y. zelo. Aunque todos los conocimentos * estén erizados de dificultades, y sea tanta la oscuridad de Jas cosas y la flaqueza de nuestros juicios, que de muy antiguo, y no sin razon, desconfiaron de encontrar”la verdad los hombres mas sabios; sin embargo, así como- - ellos no cesaron de investigar, tampoco lo dejaremos nosetros por cansancio; y el objeto de nuestras disputas no es otro, sino el que hablando en pro y en contra nos guién á la verdad, Ó cuando menos nos acerquen á ella. Entre nosotros y los que creen saber, no hay mas di- ferencia, sino que ellos no dudan de la verdad de lo que ' defienden, "y nosotros tenemos muchas cosas por proba- - bles, á-que nos conformamos, pero que dificilmente pode - mos afeirmar. » (-I. Acad., lib. 11, $. 3.)
A G HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 94 XXAVIIT.. | ENESIDEMO Y SEXTO EMPÍRICO.
159, Al lado de las e de. Zenon de Elea y de Pirron, se habia establecido la académica, que si bien no lo, negaba todo, y aun admitia la. probabilidad, se guardaba de las afirmaciones como. de cosa peligrosa é indigna de un sabio. La nueva academia de Arcesilas, desenvuelta luego en la novísima de Carnéades, se enla- zaba con el.escepticismo puro, mas de lo que á primera vista pudiera parecer: quien no se atreve á afirmar na- da no está lejos de dudar de todo, si.es que ya no du- da. El estado de los espíritus en el: siglo anteériorá la era cristiana favorecia las tendencias escépticas: las dispu- tas filosóficas lo habian hecho vacilar todo, sin asentar ningun sistenía sobre.cimientos sólidos.. Entonces apare- ció Enesidemo, contemporáneo.de'CGiceron. Era natural de Creta; aficionado á las doctrinasde Heráclito, en cu- yo provecho quiso explotar "el escepticismo, renovando los diez motivos de duda universal que se atribuyen á Pirron. La filosofía de Enesidemo continuó sin grande importancia, hasta que, algun tiempo despues, «cayó en manos de Sexto Empírico, que. redujo á sistema las teo- rías escépticas.
160. Sexto Empírico se: dedicó especialmente á distin- ' guir entre lo trascendental y lo fenomenal, é sea entre la realidad de la cosa en sí misma, y su apariencta con respecto á nosotros. No niega los fenómenos, conviene en. que tenemos ciertas apariencias, pero sostiene que - ellas no pueden conducirnos al conocimiento de la cosa en sí misma. Así es qué admite la posibilidad de las cien- cias experimentales, con tal que se ciñan al órden pura- mente fenomenal, y prescindan del trascendental.
164. La raiz del escepticismo de Séxto Empírico es su ideología sensuatista. No.admitiendo en el alma otra cósa que sensaciones, es peligroso el caer en el escepticismo. La sensacion. es un hecho subjetivo, y por lo tanto no presenta al sujeto el objeto mismo: le ofrece solo una relacion,.ó mas bien. una afección, nacida de no se sabe 516 PILOSOFJA ELEMENTAL, e qué. Además, la sensacion es contingente, varia, por lo que no puede conducir á nada fijo, ni aun en el órden á que se limita. En tal caso las proposiciones universales pierden su necesidad absoluta, porque son el simple re- súltado de inducciones, qué.nunca podremos completar; y así el espíritu humano flota. entré um mundo de apa- riencias, como pluma ligera que divaga-por-la atmósfe- ra, sin posibilidad de fijarse en ningun punto...Ñ 162: Si se admite esta teoría sensualista, el argumen- to de Sexto Empírico contra la posibilidad de la demos- traciofi es insoluble. La demostraeion se ha de fundar en algo indemostrable, so pena de proceder hasta lo infini- to. Lo indemostrable no puede ser un hecho contingen- te; por lo tanto ha de ser un prineipio, un axioma, úna proposicion universal; y como para llégar á esa univer- salidad hemos tenido que partir de hechos individuales, pues la hemos formado por induccion, resulta que-lo amado indemóstrable se apoya en lo contingente, en cuyo caso el edificio queda sin basa. Es imposible: des- hacerse de esta difícultad si no se sale de la estrecha es- fera de la doctrina señsualista, y no se admite en el es- píritu un elemento superior á los sentidos, puramente intelectúal, que se nutre de verdades necesarias, inde- pendientes: de la sensibilidad. Desde el momento que se reconoce un órden intelectual. puro, el argumento de Sexto Empírico se desvanece; porque se arruiña sú fun- damento, cual es el que las verdades necesarias sean mero resultado de la induccion, y por tanto estriben en una basa contingente. —.
163. A la luz de la misma doctrina se suelta el otro argumento de Sexto Empírico sobre la imposibilidad de un criterio. «Este eriterio, dice, no-se encuentra en las sensaciones, pues que son contingentes, varias y aun opuestas. » No lo negamos; pero 'sostenermos al. mismo tiempo que se le halla en la fazon, la cual, siendo supe- rior á las sensaciones, juzga de los materiales que estas lg ofrecen. Pero el entendimiento, replicá Sexto Empírico, es una cosa desconocida; los filósofos no se han puesto de acuerdo sóbre su naturateza.. Concedemos lo último; peró negamos que las cavilaciones de los filóso- fos puedan hacer vacilar la gxistencia de-un órden pura- HISTORIA DE-LA FILOSOFÍA. 5A7 mente intelectual, superior á los sentidos, y que todos experimentamos en nuestra conciencia.
- 16h. Es verdad que el espíritu, para conocer, no sale de sí mismo, que hay distincion entre el sujeto y el ob- jeto, y que este no se nos presenta uniéndose por símis- mo al entendimiento; pero tampoco eabe duda: en que .hay correspondencia entre la idea y la realidad, y que no podemos suponer que el órden subjetivo está en con- tradiccion con el objetivo, á no ser que nos proponga- mos negar nuestra propia inteligencia, sosteniendo que de nada sirve ni aun en el mismo órden subjetivo. (V. Filosofía fundamental, lib.'1, cap. XXv.). e 165. Los ataques contra la nocion de causalidad, re- novados eh nuestros dias por Hume y Kant, se hallan.en los sistemas de Enesidemo y Sexto Empírico. Los argu- mentos de este último flaquean por dos puntos: 12 por-- - que estriba en la ideología sensualista; 92 porque no se eleva á la verdadera idea metafísica de contener.
Glaro es que si no concebimos otras relaciones que las puramente materiales, tales como nos las representa!
- sensacion por sí sola, no hallamos en las cosas sino una serie de fenómenos en el espacio y en el tiempo, sin que podamos pasar de la intuicion puramente sensible. En tal caso, habrá contacto, movimiento despues del con- tacto; pero si nada añadimos no nos elevamos á la idea de causalidad.
El argumento de Sexto Empírico sobre la imposibili- dad de que una substancia pueda producir algo que no esté contenido en. ella, nos recuerda el grosero sentido de la palabra contener, que hemos censurado en Spino- sa. (V. Ideología, cap. x1, y Feodícea, Cap. X.)
- Otra dificultad propone Sexto Emplrico, y es que e objeto debiera ser posterior á la causa, lo que es impo- sible,- porque entonces. habria causa sin: efecto. No se concibe cómo semejante argumento se objeta seriamen- te. La causa en Cuanto causa en acto, es decir, ejercien- do su causalidad, supone ciertamente que el efecto se produce; pero la causa, no ejereiendo su accion prodtc- tiva, sino reserváhdo su actividad para el momento de la produccion, no exige la existencia del efecto. ¿Quién encuentra dificultad en esta distincion?
y 548 - PILOSOFÍA ELEMENTAL. XXIX. ECLÉCTICOS DE ALEJANDRÍA.
166. Sometido el mundo al ¡ imperio de Roma, y au- mentada la comunicacion entre los pueblos, no se limi- taron las escuelas á un pequeño círculo;'empezando des- de entonces.el espíritu de propaganda que tanto se ha desarrollado'en los tiempos modernos. Habia empero algunos puntos, que, levando ventaja á Tos demás, eran los centros del movimiento filosófico. Descollaba. entre : ellos Alejandría, ciudad que habia tomado grande im- " portancia bajo los Ptolemeos, y.que.ofrecra á los estu- diosos el aliciente de una biblioteca muy rica. Allí tuvo orígen la escuela llamada ecléctica, que escogia de las de- más lo que le parecia verdadero Ó mas verosímil, sin li- garse con los principios de ninguna. 167. Las causas de la aparicion de esta escuela pare- ; cen:ser: la misma disolución á que habia llegado la filo- ; Sofía, disolucion que inspiraba el deseo de reconstruir el sistema de los conocimiéntos humanos; la mayor co- municacion de-las ideas establecida por la unidad de mando concentrado en Roma, ayudada por la difusion de las lenguas, especialmente la griega y latina; y por y fin el impulso dado al espíritu humano por el criollas mo que vino á revelar verdades antes desconocidas, acla-: -rando además otras que los antiguos filósofos habian al- ,canzado con obscuridad y confusion. Natural era, pues, que los entendimientos poco satisfechos de las escuelas antiguas, rechazasen la sumision á la autóridad tilosófica, y que quisieran escoger entre las varias doctrinas lo que mejor les pareciera.
168. Descollaron en la escuela de Alejandría muchos cristianos: bastará nombrar á Potamon, san Justino, Ate- nágoras y Clemente de Alejandría, que nos ha dejado el conocido pasaje en que describe su método. «Por: filo- sofía no entiendo la estóica, la platónica, la epicúrea ó la aristotélica; lo que estas escuelas hayan enseñado que sea conforme á la verdad, á la justicia, á la piedad, á odo esto llamo yo selecta: filosofía. »: s HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 549 169. La escuela ecléctica, proponiéndose escoger de todas las doctrinas, propendia naturalmente al sincretis- mo, Ó sea á la fusion de los varios sistemas por medio de una conciliacion. Semejantes empresas son harto peli- grosas; pues queriendo dar un poco de verdad á opinio- nes encontradas, hay el riesgo de perderla por entero., Así se explican los extravíos de algunos miembros de, aquella escuela.
170. Se ha escrito mucho en pro y en eontra del eclec- ticismo: parece sin embargo que este no es punto cne pueda ofrecer dudas, si se fija bien el estado de la cuus- tion. ¿Qué se entiende por eclecticismo? ¿El buscar la verdad donde quiera que se halle? Entonces nadie deja- rá de ser ecléctico. Así.lóo profesaba san Clemente de Alejandría (168); en cuyo caso el eclecticismo no es mas que el dictámen de la. razon y del buen sentido. Si por. eclecticismo se entiende la -reunion de varios sistemas en uno, la manía de conciliar cosas contradictorias, la au- sencia de principios que den trabazon y unidad á la cien- cia, entonces el eclecticismo es el caos en filosofía,. la negacion de la verdad, la muerte de la razon. | Aclaremos estas ideas: el eclecticismo se refiere al método ó á la doctrina: si al método, todos debemos ser. eclécticos, porque todos debemos buscar la verdad don- de quiera que se halle; si á la doctrina, no significa na- da, ó expresa la confusion de todas las doctrinas, y por consiguiente la ruina de la verdad.
XXX. . NEOPLATÓNICOS.
- 471. Los peligros del eclecticismo mal aplicado se manifestaron bien pronto: de ella nacieron errores de la mayor trascendencia. Ammonio Saccas, ecléctico, edu-' cado en la religion cristiana, viendo que entre los fieles