SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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que lo han cun.signado (;n sus escritos; abi las memorias y bis partes de los generales ,de la Reina, <|ue lo han repelido mil veces; ahí está una cosa i|ue vale mas que todo; los sucesos. En Franria las revolu( iones se lian hecho de abajo arriba; en Espaila de arriba abajo. En Francia circularon durante un sigilo las doctrinas mas disolventes para tirenarar la revoliK ion; en España todo se ta Lecho sin preparación alguna. En Fran- cia la revolución ha sido espontánea; en Es- paña ha necesitado causas estriiisecas que la provocasen: una invasión («strangera; uua insurreccioQ mililar coo uua minoría.

una guerra de sucesión fondaii; y si alguna duda piitiiose quedar todavía «obre la poca üciuejauMi de kis dos SnisM en lo demás, recordaroau» qve en s¡>aria (iilU) un elemento para imitar al sis- tema actual l'iMtu'i's, y o.s la rxistonci;! dt* una clase media, desarrollada y pudorosa. BalM raflexMNies, qne ñas bien delneftn Uamárse recuerdos d ^ hechos ovíllenles, de- muestran cuan eqiiiv()cntl;iinehU' proceden los que comparan u la Lsjuiñu con la Fran- llia; leB'<^(4MHtáAiio6e á esta desatentada tMnparacion, quieren valuar la importancia WBpectiva de los partidos en los dos países; 7'«uán desacertaaa es la política que ^re- lende OMáir por la roísna re^ia la ■•oesidBd 6 la cenrcnieiicia de conciliar lo nn»»vo con le antiguo, y calcular los resultados que un jerro tn esta parte padiia prodoeir. Creer t^lpiAiM conoce la España porque se ha cor- rido en silla de posta desde írnn a Madrid, y en esta capital se ha astsudo a algunas tMnfn«eB, y se haeonversado coa alguwM hombres de la siluaclon. es mucho cre^r; y sin embarco no fallan algunos míe asi lo persuaden, siendo lo mas seristble el que es- tas I)u80t coitribayeo no pocas vwes á eo- ImTÍif ia poHtica de los gabiieles. ^ ' T LA CIBSTION ' T LA CIBSTION iia QATiBiiiaiDsioii M iLA rasA.

Mi H 10 dril ' En la cuestión del matrimonio de la Roi- BS Isabel, oírece la conducta de la luj$la- lerrt una parlicnlaridad sobremanera nota- ble: mientras ia Francia se agita intrigando á favor de un candid iio. ó protesta ya con- tra determinadas conihiiuu iones, soío exis- tentes toiavia en el orden de ta posíMlíM, la Inirhiterra se mantiene en estmliada re- serva, en C(»mpleto aparlamientí» del nejío- cio. Se ifínora hasta el presente cnul es la opinión del gabinete inglés; á nadie prole- pe, n n;i(l¡e escinye; por nadie manilicsta interesarse; diñase que en este punto la di- plomacia inglesa anda floja y descuidada, contradiciendo sn bien sentada repntaaiop de acUv^ y pmviMni.. Bsta eondnot» na pM> de esplicarse le de San iimes en cuanto á respetar la indepeodeocia espaúula en lui uegucio taa español; ni tenpaeo porque In InglolaaR haya ecliado en olvido las cuestiones de la IN tiíiisula: no puede ntenos de seguir coa vtviütmu iuku-^ el curso de los acuuteciHiteo- loa de EspoAa una naci<yaái nre|)oiidoinute en Portngal, yudiieña u ral til r.

Kala reserva cuiiU«(:>u siu^uiai ui*su»c el aíslema abierto y atrevido que desde Ja njuerte del rey Fernando ha observado la In^^lalcri-a: mientras la Francia dudaba, eila obraba; mieotcaa la FioBcpa apoyaba coa simpatias, eila ooaiaba aw escuadras; mien- tras la Francia sostenía su inniH ocía por las gestiones de la ombiyada, ella se ua partido |>ara derribar «•< ' un ministerio en is:U). y Dadora en 1840. La política inirlesa es re- servada por astucia, uo por Imudesi: cuando cree' llegado el maníanle epei*n«a, nunja su es|>ada á la balanza, y no retrocede onie ninf^uiia diiicultad. por ardua «pie »ctL. En 1840 considero convenieote apoyar al geoeral Esparlen», y.io biao eon 'wm foso- iucion que debió de averiion/.ar al indeciso gabinete de las liillerias. El molía de Bar- celona aconteció el 18 de julio; y el ^obier- 00 inglés nprowebn ayialla 'npniinwdMl >ara condecorar con In?rr;m cruz de la 6r- deo del Baüo al gete del luoviiuiento; y pre- cisamente con fecha 4t de agosto el Ikíqne de Su ssev y lord Pah«nys|on le dirigen daade Londres las {Mlabras mas lisonjeras..\si Krocede Id Inglaterra, cuvajpoaioiondeaeu- arazada y foerle, oaieaJojfttiifini ouawot loesierior, permito «M eondnolo •msMila y osada siemfwn qw nsi laeniflaasuo^iali- Sí la reserva de In poUüdn. asunto dei matrimonio no nace ni de pulos. ni de deacnMo, -ni de tinndea'^de qué dimanara?

La In^'lalerra no se aconsejándolo razones de cootenienria: su pensamiento dominaote en la cuestión del matrimonio es el que no se menoscalie su influencia en la Península, ni se aumente ¡m de otras polenci i» ^iníínlarmenle de ta Fran- cia; con tal que no se coutrarie este su de- signio, dejará qae ian «tnas signa on cwrso. Hasta aban M hi ooMiblo anda que le oCreoitae pnlif»; ifp^ln i«p|aM ^ li Digltized by Google 1 9C haya enredado cü un ne^iocio qüe dirictimt'uu* ¡xhIhi llevará calw, y de míe debe resallar la itnpopuiaridad de In in- íiuencin francesa? Ksto. lelos de ser una rtmtrariudad, es niin ventaja no desprecia- ble. Sí la Franria no loiírase sn inlcnlo, se conlínnaria n»as y mas <|iie el::abinele de las íiillenas tiene niuclius veleidades y po- cas t'oluHttides: y si lo consi;j;ui«se, lu In- glaterra nada leme de la presencia del conde de Trapaui en Madrid. Ks fwsible (pie el ¿ja- binele irancés considere como un buen re- pit'-'t'iitante de su influencia en España al princip • itapolilano; la Instialerra no se en- car.iíii (le despertar a los (pie duermen: su- puesto (pie la Francia lo considera de esle modo, la in:;la(erra no baria del ne;<ocio un cumg^éeili; lu InuMalerra (juiere (|ue la in- Owieia Iraiuesa cuente contales apoyos.

I*ani apreciar ilebiJamenle la política in- glase en el presente ne^iR'io, conviene lle- var en cuenta otra circunstancia. La Inj^la- lerra, en ep(M;a no muy distante, ha sulrido UQ desengaño, y ahora lo aprovecha siendo BMl cauta. El actual ministerio inglés se en- OMlro con un le^^ido de lord l»almcrslon, qnc quizás cumplió con (M;na. pero (pie cum- plió Como buen iufílés. Hablamos de los (•(tiiipKimivo-. en favor de Ksparlero. Si el iiiiiii-ii-iiu l'i i | hubiese estado en el poder ruando los >ti< esos de Í840, quizás no hu- biera llevado tan alia las cosas como su irn- p»'tu<»«. aiiiiM "sor; pero de todos modos en- utuiraiidii»»' \a con el compromiso, preciso le fue no dejar desairada la j>olilica de su nafeion en presencia de la rivalidad de la Fraacia. Fuera que creyese al /robierno de Espartero robusto y popular, fuera nue ce- diese a las evi^'encias de su posición, lo cieri9 es que apoyo á Espartero, y que dej(> Mtozada la influencia infílesa con la domi- Dttion del ex-reíiente. Atendida la inexac- tittid de las opiniones que sobre la Espafia Mellen nn £;eneral los esiran^íeros, sin es- cppttinr eminentes hombres de estado, no es aventunulo el conjeturar que el ministerio tory participó también de las ilusiones de su predecesor: ó que por lo menos, no f>odia conecbir que el poder de su proleírido fuese laa fráifil que se redujera á polvo al primer Roloe. Como quiera es evidente que con la o«n de Espartero se vió muy contrariada y aHrun tanto humillada la polilica inglesa', lo nue habrá influido probablemente en hn- ccría mas circunspecta y re.«:ervada.

ES costumbre atribuir a la influencia in^ íílesa todas las revueltas de España, y como es natural no falla tpiien la supone en los-, esfuerzos que en sentido revolucionario se han hecho y se están haciendo para derri- bar al gobiernoespaAol: |K>r nuestra parte' dudamos mucho de la verdad de estas con- jeturas, y hasta nos parece que la alianza entre el partido projLiresista v la influencia in¿f;iesa, si no esta rola, anda cuando inenos' muy tria. La In^ílaterra esperaba que alián- dose con el partido de la rt'vtilucion podría cou^guir sus intentos; y nn-ncsler es con-^ lesar que en este punto su previsión la ha* euguíiado. Bajo el aspecto politico, no con- v siguió cinijMilar su inlluencia; y bajo el m-' dustriai y mercantil, no alcanzó ni tratad» de comercio, ni reformas de aranceles. Kn esle supuesto, ¿que gana la Inglaterra c(mi- prometieudose de nuevo á perturbar núes—' tro pais? Si triunfase Espartero, ¿podría eje- cutar lo que no pudo en su primera donii-- nación? i si por un golpe de mano lo eje- * cútase, ¿sena bastante fuerte para conso- lidar su obra? (lorricndo de nuevo la Espa- ña los azares de sangrientas revueltas, jio- dfia menoscabarse la influencia francesa, es cierto; podrían ofrecerse combinaciones en que la Inglaterra ejerciese un ascendiente decisivo, es indudable; pero ¿v des- pués? ¿y la duración de lo ad(|uirido? De manos de la anar({uia mezclada con ta dic- tadura militar, ¿podríala España salir con un gobierno regular, sujeto a la influencia inglesa, y capaz de cumplir los compromi- sos a cuyo precio se hubiese estipulado el auxilio? Para nosotros es evidente que no; y es muy probable «pie con el escarmiento de lHi3. no se hace el gabinete de San Ja- mes tan desatentadas ilusiones. Por esto se contenta con observar y es{)erar; pop eslose limita á utilizar la bondad de nues- tros ministros, ahstt*niéndose de tomar en los negocios políticos una parte demasiado activa, y dejando que los años, y los des- aciertos de otros gabinetes, disminuyan la exasperación ron que en 1843 era mirada en España la influencia inglesa.

Difícil es decir hasta {\ué [ninto puedo contar c«n las sinipatias del gabinete ingles un príncipe Coburgo. no obstante las rela- ciones de parentesco y afecciones persona- les rpie se han hecho valer en estos últimos tiempos entre ios amigos de noticias; cuan- do se juzga de la Inglaterra, es neresarioi í Mwlviéir que que ei Rey reiua y no gobierna. No rabo du- da-, aiii embargo, en que estu combinaciun ofrece á primera vista algunas ventajas á la Inglaterra, siendo la principal pI i iimliifir In (liiuialuL espaAob, sacando de la tamilia de iM Mofles d tntfl^de-felipe V. fiesta sa- ber basta qflé puflto se maatendrin firme la Francia en sus protestas solemnes á favor de Itt íáuúiia de Borbon; y si las demás p<j- tMMMta tradnaa algo (jíie objetar, aon Guaii iit I; FiMiieia fuese tan torpe que caye- se en el lazo. Las ofertas scnind;inas he- cha» u íavor dui duque de Moulpensier, buen cwÜWflil^iéiailfli foglaUMFr» 4le.q«e m ae reaiuaseu; si la Francia no pudiese lograr que lufe duí> euliices huieraná un tiempo, probableuierate tendría que sufrir ai pnn- ófie Cdbüiva aiff obt ner en recciinpefMa la nirtMii de ta infanta. Esla simollaneidad no k<iiíi.dtí peruuUr la Ingiaterra; porque nn poéde UMMi de prever ks^ eventaalidades a que teudria luf$ar una auRrte temprana, la laita d« sucesión, u otros aronleeimien- tett queou espreciao indicar. Si en Fran- ^ilMifr'lNliieae «netida It naiia segunda, tal vez no haliria eaido la primera. Kstos eieiuplos no son buenos: y en tali'> ronllic- tQ»be puji^dc eucuttlrar un país, que el hoin- bff mmmf mhitím «luga aicríticlo de. aceptar una corona. Ademas ^«iM trono Uutpoco es mala eolocaciün. * ' • ILcsulia (ie cblo que un CuburgoNgaido del duque di^oÉtpamer*!» le ceavieiieÉ la Inglalena, y que un Coburgo sin oí du- quAi de Moulpcuf.íer oo le conviene a la Fiaacwj y asi lo mejor sera, supuestas las díft.^iiMlMfaB de ima aveneaeia, que la Pran- '>|e-<iued.; sil) el de Montpensitír y la In- ^ar^^iu el de Ciobui-^^ come próbaUe» la SflCederá. • »?r h r'^-.i^: «v ^ Estas cuusideruciooes son put tA tUKkét (juc elecliv amenté la luiflaterra se interese pur un Cobur(j;o, lo que por ahora carece de ^ndamafllf* it^f ■^■^f-t*,,,*' '-f. ' vrt»^:" Con respecto al conde de Moniemolin, no hay iuii¿^uii.i cbciusion por parte de la Ingla- iVi^r^, Vejrdad es (|ue cuando las iodicacio- lagLMtliaa por D. Carlos por eoBdfldode lord Raira-h al gabinete inglés, este no se mostró lavorable á la combinación matri- Ittouial; pero aquellas mauifcstacioiies no eitvolviau esclusion, y hasta dejaban oono> tar^kin^MMitm ae optndrit al en* l i^ 1 •Mntenniieiíl'K j,o que- 'Mtv*t#' fabl^ nete inglés, y lo (pif li'hin «JnlvnrT posición con respeclo á Isabel cerno Reina de Bspnfta, efqwvando d hacer gesiioaaa que pudiesen compnmieter sn« relacioMS diplomáticas; pero en lo demás ae fueM con entera libertará abrar, aém no fk0 sr pi vsentando el aspaoUr 4el MgoeMh Wlff (le adxertir también que en aquetlaí» f^- tiones de D. Carlos hubo cuando menos pocahaMMaA.. '-^^iffc*^ r Éwi Para conocer hasM-i|iÍ& fwtita repugnaría ó agradaría á la Inelaterra el matrimonio del coadede Montemohu, se debe e.^minar cvil* es el tlaflo A el "prvMelNP ^nv €sdfÉI fla acarrearla á los intereses iníleve"^: nos- otros creemos (jue ni provecho ni daíio; y por esto somos Je parecer que si bien « oondO'ée Montamnli» m «aatrará ea ta Inglaterra nn protector, tampoco hallnn nn enemigo. Kl compromiso de la política ingle- sa esta salvado con haber faecbo svcmmHII cansa de f>. Gérlos, tKuofliado-te^eí Imkáv la Inglaterra no tiene ninírun compromi» para deber trabajar en que el hijo de dan Carlos quede piüiflrtlui^ríateiüpnw^í^íl^ Precisamente,' tfífít punto mas deKcaié para la Inglaterra, cual es la influencia de ¡a Francia, ofrece el conde de Moolemol« nntfos * iMW^nlBíMB i^iMa'mngnfr pilmifí B<irbaii:'«lhijo del principe coyas pretensm nes fueron contrariad as por la cuádruple alian- za, claro esque no podna ser el mejor reprc- sctttaMe de lainfluieaeinfrionsa'eBgBpÉy Pero el conde de Montcmolin, se nos di- rá, representaría la influencia de las polen-t cias del Norte, y esto no le convinan i M Inglaterra; «onmerfacion bastantes pnra ^ esta se oponga al matrimonio VA argomea- te no carece de apariencias de fuerzn; pele examinado con detención aeidatvnlMMil moelbiMlio. 'ir-' Demos por supuesto qne la infUienria dfl conde de Monteinolm luese en un sentido fnforabin é la poNtiot d(rlM-fffttÉBiü^4ll Norte; aun en este caso el ai^nwnto no ra- le nada. Y téngase presente que suponer no es conceder; y que es muy arentorado el cen|etarir lo qucr btfft un «iMMabrt cMita posición dada, ateniéndose á juegarle pior circunstancias diferentes, pero no queremos disputar sobre conjeturas: examiueinos el hech^ en si aaisaM, y en d terreno wmp- vorable á¡ t'Hü puede Mf^ust que hay cierta Tivali- ild entre ta inflaeucia in^Mesa y la rusa; l>ero la arena principal (londe luchan los dos colosos uo es la Kspai^a. 'Es evideote la inflaenoia temible para la loglalerra •n España no es la de Kusia: para conven- cerse de esto basla ecliar los ojos sobre el marse deauoindD per^ « etae coa la Reí na ttáiiítacional de España ti hijo dt -w príncipe ami<io del absolutismo.

ilaüU aqui solo hemos tenido en cuenta Iftpoliticatnglesa considerada con respecto á sus intereses <»pitaJ«8, prescindiendo de aquellas mndilic aciones secundarias (pie en mapa. La ioílueucia de las potencias del ¡I ella puede lulruducir el color político de los Norte en Btpafia no puede ser mas que po- lítica, y pani nejtocios muy contados; la de la Francia, sobre ser política, y para lodo, es social. La vecindad, el conocimiento de 4i leniivif IwUteraturat el parentesco de Ias familias reinantes, lodo contribuyo a que la inttueucta tranccsa tienda a preponderar en España: la Inglaterra se ha podido conven- cer en los últimos trece años de que lees absolotaraentc imponible el hacer esdusiva la saya, y muy dilicil d neutralizar la Iran- ieaa; á eala lene principalmente, y si con Ml§iiMi holMeaedft compartir la que le peF*> fenezca, no seria ciertanMBtecanel gabue- le de las iuiierias.

««Hay en.contra otro argiimesto que taonpoco dejaremos sin respuesta: la necesidad de la alianza de las potencias constitucio- nales del Mediodia coutru el absolutismo del ministros. Noeabe duda en que el ¿;obienio iniílés tiene ciertos principios generales de que no se apartan ni los torys ni los wíp:s, niayormeulc en lo tocante a la política es- t l andrera: pero tampaco*«e pwde negar que ih'sviarse de estos principios, puede la l»olilica inglesa seguir direcciones, si no opuestas, al menos muy dil'ercnites. Sin caer 60 las eiae^ncioMacen>4iw,q|íeB por lo co- mún nuestros ¡robernaotes de querer des- truir cuanto hau hecho sus antecesores, oIh servan conducta muy varia los ministros in- gleses, según son varias la^^piiúones que de los negocios l'onnan. Va hemos indicado, que en i 840 |iroi>ubieuiettte uo hubiera |»ro- cedido el ministerio Peel conio procedió' e( de PalniíM slon; y c>la dilercncia podría pre- sentarse también en la cuestión que nos ocu- pa. Los torjs, puestos en el poder no han liorle. Ssta es una vulgaridacl que se aumo- | nvorecido a D. Gárlos, esto es verdad; tam- poco se interosanía mucho por su hijo. lo mas probable; pero es bien claro que a hom- bres de las ideas de Peel, y sobre todo de Aberdcen y Wellington, el'conde de Mon- teiuolin no puede serlos antipálico. Repeti- mos que uo es nuestro animo dar mucha im- portancia á estas consideraciones; mas no cabe duda que son dignas de atención.

Tanto en el présenle nrlícnlo como en los dos anteriores creemos haber pintado la lúr- tnacioBdel conde de lAHUemolin con res-* pecto á la diplomacia europea, sin exagera- ciones, sin pasión de ninguna clase, con enseó muclio en los primeros años do nuestra revolución, cuando hahia el empeño de es- pUcar el tratado de la cuádruple alianza, co- me una especie de emblema oe una coalición constitucional; pero ahora va cayendo ya en olvido, merced á la eticacia del tiempo qoe hai0 eonoeer lo fútil de ciertos ratones y lo ¡■iginario de los motivos á que se atribuyó la resolución do las alias partos conlralanlos. Se ha visto ya que la coalición constitucio- ■al no tenia sentido común i los ojos de la diplomacia, y que la Inglaterra no tenia in- conveniente en dejar sola á la Francia cu una cuestión como la de Oriente, donde por ]! tera impaicialidad. Se trataba de hechos; y eierlo eatigo mas temibleqne en España la I no qneriamos desfigurarlos;4oMle^*éeaas ilfliiencia rusa. ,r Sosiégúense los asustadizos; qiio los co- modoros ingleses no han de boiii[)ardear amguna plaza en defensa de ninguna teoría; el gabinete inglés es el mas práctico de todo el mundo. £p todos los eventos posibles, lo que procurará el nunisterío inglés será ha* oar lo bastante para que pueda responder honrosamente á los alaípies de los radicales visto un argumento en contra, lo hemos in- dicado, sin despreciar tampoco los lavura- bleff. Recordando ahora cuanto hemos di- cho en pro y en contra, ptráemios Hogar á un resulUulo que debe sor ^rrato a todos los amigos de la paz, y es que el matrimonio de la Reina con el conde oe MontemoJín, cbo con. arreglo á las leyeavfifQii{nilÉo«(' elaciones amistosas, á mas de ser on podc- Lde los wigs en ambas cámaras; pero tau- || ruso medio de reconciliación y. de. paii enlo, él toBosnaadvenarios esiañ bieBco** I inderioTi ofino» la gran v«aii|t>;deser bt i 1l•nlMdsida(|■ehlinglalarre1lpdeb•ala^ g coBibinMÍQBquemaiiastinpDniMiianlMiMftvi 73 Digltized by Google «enta en cl lerreno de la diplomacíB: e§ A QQ tiempo la rcconcUíacRm de toda la Real familia, la base de avenencia para todos los partidos legales, y una gran transacción eu- ropea.

No desaanws influencias estrañas: h cuestión española, y en Es^pana y por españoles, se ha de conducir a suave deí,eii- lace. Pero no es posible desconocer que la cuestión sobre ser española afecta inoíun- dameiife los intereso*; do la Europa; y asi no es creíble, que directa o indirectamente, dejen de tntemmir mediaóiones diplomáti- cas. ¿No ha sucedido va esto en cl interés de la Francia por ol c onáe de Trápani? ¿l*or qué no podría suceder lo mismo con otros gabinetes? Bl medio de asegvrar la inde> pendencia, ¿no es el que no hnya una in- fluencia esclusiva, y que se neutralicen unas á otras? \demas, que nadie pierde su áadependencia ni menoscaba su dignidad, porque un vecino le dé con atención y de- tcoro los consejos qne considere oportunos.

CARTA AL EXCMO. SESOR D. PEDRO JOSEPIDiL, ra U G0BER.NACI0.N DE U. PEIflNSUU.

a««ito m M to d* ademtiN IMrM M tT %a it IMi 7 puMImto tá Sr. ministro: Si esta caria llega á vues- tras manos, que si llegará, creeréis tal vea ouc una carta, y en tal periódico, ven (ales «treODSlancías, es un ataque á vuestra per sona • os engañáis, Sr. ministro, si esio pen- sareis; la esperiencia debiera haberos ense- nado, «foe en tuesCroa adversarios políticos los hay que al combatir la conducta del m¡- nistro no prescinden de las consideraciones debidas al hombre. Los ataques personales, perscmaHsíima, aNÉ ae quedao-pira TueatiOB ,imÍL'n=:, que tan desapiadadamente os Iwn tratado en su oposición, sin embargo de que no pasaba en el fondo de una deaaTeneDcia de nimilía: el que escribe estas lineas no in- ventará verbos derivados de vup«1ro apellido Antes de enártt m la diré dos palabras sobre una que se puede llamar de elicpiela. o sea rej^lamentaria; ha- blo del li'ulauiítíulú. mted, el V. E. y el ros, se aie ofrecían i na tieinpo, ladoa oa» sus ventajas y sus inconvenientes. El mted pedia ¡ser p^eiendo por su seoctiicz; pero no me gustaba por su llaneza; el Y. E. redama- ba su derecoo «on arreglo a estricta legali- dad; á mi no me agradaba por lo embarazoso, y no creo haber cometido un atentado des- oyendo sus reclamaeioneay oonüaénitokpor medida eslraurdioaria. Quedaba el eos, <\m también hubiera desechado sin remedio por Ho caer ui auu en la apariencia de ioulacton francesa, ¿ la que saheia <{ne no soy nada aliciouado; pero el diccionario de la lengua me saca de compromiso dicieudonie qtie e! vos «bc usa hablando con personas de graa dignidad como tralamienlo de respeto. » Aai he logrado < ii üiar In i^conomia y la soltura con las aicuúoucs debidas a uu mmi:>lro; y siendo una conciliación, dicho se estaque habia de ser preferida ao las págioaa deaata periódico.

periódico.

Ue adoptado et estilo epistolar porque me ha parecido ei mas propio habiendo de Imh blar directa y espedalmeota ¿ vn minbtro; y ademas, porque este género á vuelta de sus diücultadts, olrcce no despreciabks veoUH jas. Dicen las preceptistas que el estilo epía* tolar debe ser corriente, fácil, imitando ett alguu modo la ligereza de la coaversacioai, y por consiguiente uo ha menester esmera- do pulimento, bastando el ooidar qne no oca flojo Y desaliñado en demasía. E>t i es una libertad poco menos importante que la po- lítica, para los «jue escribimos en un perió- dico. El tener asegurada previamenle It in- íiiiL'encia para alf¡;unas incorrecciones vale tan lo, que soio ^uede apreciario debidÉnieft- te quien ka leudo (^ue escribir osa lapidas teniendo luego el disgusto de notar abon- (! Hites ineorr'Tcioní'N puestas en It'tra de molde. Bien debéis saberlo vos, 6r. (uim&tro, que allá en otros tiempos eacñbialeia en pu- blicaciones periódicas; y debéis esperiinen- tarlo todavía, si es verdad to que han ase- gurado vuestros adversarios de ia oposidon moderada, que de man cuando dejáhaía!■ cartera ininislerial para lomar ia [)luiQa de )eriodista, honrando con vuestros trabajos a I I para ridiculiaarle uniéndole a la idea de nn [ uu colega vi^rtino de dimensioues peque- vMo: el dicciaiiario de laspenaaalídaáas m i »itas. Nada josg», anlo retiero lo que ima la «MUM el ^e os dirisa asta carta. I diohaotna: ni auft cuando ai bacbn ftiea» Digrtized by Google averiguado, no os baria uq cur¿ro |Mir él. Que |¡ séUiiaHift ImMd, quo nada «e lo pu^ )n dtoaM« alié bajo los moit» de YHm Imh j ofe|etai:. ffm tmymimnétá dariMnoi f poco se desdeñaban di; tomar parle en la " analicemos, refne^, acuchillaado á diestro y á sinieslro é-los débiiat mortales. ^ Como qmera, lo cierto es que en estos últimos tiempos los artículos de n(|iiel [)eri6- dico han adiiuindo ímporlaocia de st^nificaeUm; y lo que bece mee á mi propósito, sss iásÍMaciones han sido miradas como indicios ée las intenciones del ministerio. Ya se deja ffMaer que cod tal voz lama publica, ha 'álM*4eerlas con ateneien quien se haya . iiteresadn on sus consecuencias. Ved. pues, 8eAor ministro, si el Prns^mikmo dk la Na- ONt podía dejar de concebir algunos recelos #Mtar que el mencionado f>eriódico en su mí mero del primero del actual, diripiundose « la Jis/tn-anza, le decia: «Mientras se de- ilferit él vntrimonio con el supuesto eonde- UnemoM el derecho de aaegnnr que se escribe contra la Constitución: y en virtud de estos dalos volver á repetir uiiestras pa- '{tUmn^^mnos goburno, h ütpmmxa se publicaría, o mudaria de eolonacioa.» Si es la opinión do im simple j)erií)dico. nada tengo que decir, cada cual es libre de mirar 4MNMneliMes del modo que le pareiea.eoii- Tcniente; poro si hubiese aqui una I Los defensores de la situación dicen que el gobienio no debe ni puede penmtir que se ataque la legitimidad de la Reina Isabel, que en ningún país del mundo se tolera co- sa seoicjauie. iieocu razou. £1 gobierno de un monarca, por el mero ktBho de ser tal,' debe ser el mas fiel guardián de los dere- chos del soberano en cuyo nombre gobierna; si no quiere reconocer bu legitimidad, ó si quiere eoitenlir que otm le ataipuM, m pone en coatndMMoift c«ai0o niüM, si suicida. -'i £a el principio general, pues, tienen mu- éha ratón los periódicos del 'goMemo; mas para proceder contra la prensa monárquica no basta un principio general, es necesa- rio cotilar con otra premisa, probando, por decffio asi,tla menar del silogismo. á saber 3ue la prensa monárquica ataca la legitimi- ad de la Keina. £sto es lo que no se ha E robado hasta ahora, ni se ba podido pro- ir. Ni ea el Cúéótíeo, ni en la Esperanza hemos visto jamás ataques de esta o«;ppcie; ni en todos los números del PErHSAMiK.NTo db LA NACHm se hallará ww so/a palabra en qde paeda fundarst^ este cargo. También el cioB del gobierno, si fuese verdad lo que por f Conciliador es llamado periódico absolutista, otros eonductos se sospecha. de que el mi- [ v es partidario del matrimonio con el conde ' ' trata de poner la mano en el negó- | áe Montemolin; y sin embargo, lejos de atacar i;i legitimidad (le Isnbel, jamás habla de la Hcina sino con la espresion del mas profundo acatamiento.. • Estos 11 loss hechos, -SrvmlBisIroiy por ellos se hii de juzgar; entrar en el terreno de las intenciones es cosa vedada; como ju- risconsulto m podéis ignorar que lo q«e no existe en el proceso po existe en el mundo.