gobierno por si y ante sá ka legislado aobra^ 1 impronta de la manera que ha oreido conveniente; donde tm ministro por una ofensa personal ba podido deportar á doe eteritofes; en m pais donde ese gobierna continúa y ese ministro le preside, en ese pais la libertad de imprenta lia dcs«iinrcci- do; á esc gobierno no le puede arredrar ni la falta de fuerza f^ca ni el tenor de la revpnn'^abilidad le::nl: ese gobierno pnedíe coartar ó ensanchar la libertad de imprenta según considere oportuno; y si se detiene, si na lámala del lodo, aera, lo repetimos, porque circunstancias part ¡rulares tendrán en cierto modo ligada su voluntad,.ooosisr- Uendo el ligámen en que una medida abs^ Inta en esle sentido leodria nUaritfW M»- 74 Digrtized by Google secuencias, inconvenientes de otro género, que al gobierno le importa precaver. ¿Cree- rán nuestros Icclnres que indicamos los I peligros de una revolución? de ningún mo-; do. La supresión absoluta de la imprenta no cansaría una revolución en España; los en- sayos indican bastante lo que fuera una eje- cución cumplida.
Los inconvenientes de una medida de es- ta clase serian de otro género. El gobierno actual ha descargado sobre la revolución i golpes muy rudos; los hombres que le com- i ponen se han distinguido en esta parte por! una violencia y un ímpetu que ditirílmente sobrepujarían los mas monárquicos; pero golpearla y abatirla no es lo mismo que ma- tarla del todo: el parricidio es un crimen horrible. Exhalando la libertad de imprenta! el último suspiro, le faltarian al goinerno {•oderosos medios que en su sagacidad y travesura sabe emplear perfectamente. Con sola la Gacela de Madrid y las Revistas cientilicas y literarias ¿ quién le ampararía | er» trances apurados en que la intriga corte- sana minase la preponderancia de un nnnis- I tro? ¿cómo se em(»learia el sistema de tira y afloja que en determinadas circunstancias puede producir tan esceicnles resultados, si de un tajo se hubiesen corlado todas las ' cuerdas? Ya nos comprende el lector: hay, épocas en que el escritor indica y el públi- co descifra.
Pero volvamos á lo de la templanza. El interés particular de la prensa monárquica i está acorde en este punto con los grandes ' intereses de la causa que defiende: un len- I guaje violento asienta bien á quien se pro- ¡ [íone inllamar las pasiones |)ara provocar un trastorno, á quien está impaciente por- '¡iie nada puede esperar ni de la fuerza de > 1 mzon ni del curso de los sucesos, á quien lesea resultados inmediatos, prontos, por- (fne la lenta acción del tiempo es su ma- '>r enemigo. La oposición monárquica no >e halla en este caso; puede ser templada, porque es fuerte por sí misma; puede ser {irfwiiga de longaniniidíid. norque el tiempo •■^Vaja en su favor; pucae ser paciente, MU cuando no obtenga resultados mmedia- \k!i^. porque no procura el triunfo de intere- ses mezquinos ni trata de satisfacer el amor I '-'^ipio de gefes de banderías, sino que tra- I 1 i;t por una causa verdaderamente nació- j nffí.! la que está ligado para muchas gene- porvenir de España. í La lirmcza en el fondo y la suavidad en la forma, son medios seguros para alcanzar ascendiente: observad lo que sucede en los individuos; ideas claras y lijas, firmeza de carácter y suavidad de maneras, acaban por triunfar de todas las resistencias. Esto mis- mo sucede con los partidos; y en España solo el monárquico se halla en circunstan- cias favorables para reunir estas tres condi- ciones. Las ideas lijas y la templanza son imposibles á losdefensores de la revolución; BU formula es muy sencilla, «desencadene- mos las tempestades, y provocaremos uott cataclismo; » ¿qué vendrá después, un nue- vo mundo, o el caosj? «poco importa, esta- »remos vengados; la venganza no prevé.»
La oposición moderada puede sin duda conservar templanza; bien (|ue frecuente-^ mente notamos que en el ardor de la dis-' cusion, pierde va un tanto el aplomo y san- gre fria que de'bieran serle naturales. Pero lo que le daña principalmente es la falta de claridad y fijeza de ideas, la incertidumbro en que no puede menos de sentirse cuando se pregunte á s¡ propia, ¿qué barias si fue-» scs gobierno?
Semejante incertidumbre no trabaja á la oposición monárquica; en todos los grandesr» problemas pendientes sobre el pais tienei opiniones lijas; sobre todos ha manifestado su opinión; sobre todos ha indicado la re- solución que cree mas acertada. Bajo el as- pecto religioso, bajo el político, bajo el di- nástico, sobre todos ha formulado su siste- ma: bueno ó malo, realizable o utópico, útil ó dañoso, no se trata de eso, es un sis« tema.
El gobierno actual no tiene esta ventaja: en cuanto á la incertidumbre, se halla eo un caso semejante al de la oposición mo- derada: ¿ qué piensa en las cuestiones ecle- siásticas? lo que las circunstancias le hagan pensar: ¿qué piensa en las cuestiones poli- ticas? lo que las circunstancias le inspiran. Tronará contra los revolucionarios ó los. absolutistas según se presente el estado de' las cosas; suspenderá In public4icion déla Constitución por largo liem|)o, y luego la infringirá según le parezca bien, o según el humor dominante: ¿qué piensa sobre el casamiento de la Rema? probablemente nada; y sí algo piensa, se puede conjeturar sin j)eligro de error que se inclina a lo mas desacertado; pero esto de una maucra in- decisa, floja, deshaciendo quizás por ía Googl Googl n(K-lm lo que se teje pur la innñana, dejando ' que las cosas sigan adelante y procurando DO hacer nada, que es un secreto infalible para no errar.
Lii o(K>sicion que tiene delante de si un gobierno que no sabe salir de la indecisión sin ech«rse on la violencia, ni dejar de ser viólenlo sin caer de nuevo en la indecisión, i tiene en su favor una gran ventaja. Pero en el caso presente hay otra que todavía es de mayor consideración, á saber, que esta al- ternativa de indecisión y de violencia, es un mal irremediable poruue no dimana preci- I sámente del carácter ae las personas, sino! que nace de la misma naturaleza de las co- [ sas. Kl ííobierno ni resuelve ni puede resol- | ver en las grandes cuestiones que se hallan sobre el pais; en sus principios, y atendida la posición en que se ha colocado, tropieza y no puede menos de tropezar, con dificul- tades insuperables. Aparte una que otra in- fracción gratuita, hija de momentos de mal humor, si iiilVinge la Constitución o la fal- sea, será porque no encuentre otro medio de defenderse; cuando esta en el terreno legal, se siente indeciso; cuando sale de él se hace violento. No resuelve nada sobre el matrimonio de la Reina ponpie no sabe qué partido tomar; lodos los candidatos ofrecen! gravísimas dificultades; y cabalmente este es un negocio en que no cabe violencia, á no ser para anatematizar al conde de Monle- molin y á todos sus amigos y al sistema de conciliación con todos sus apéndices. Está ndecisoen las cuestiones eclesiásticas, por- que el negocio es arduo V el cardenal Lam- I nraschini no se 'presta fácilmente á todo lo que se pide. Por ahora no hay violencia; pero DO es imposible que la haya; de tal 'Bañera podrian presentarse las cosas, que se oyese anuel lenguaje firme y enérqico de que nos hablan los periódicos consabidos.
Biertto en Bamlooa el M de iliriaoibre de tS4l y publicado en Madrid en II dri niÍMio.
Hacer la oposición por solo el gusto de hacerla, es indigno de hombres bien inten- cionados. Teda oposición tiende á destruir; mas ó menos, ya es en si misma destructo- ra; y el prurito de destruir por destruir.
supone instintos maléficos cjue no pueden tener cabida en corazones bien nacidos. Cuando se trabaja por derribar, es preciso estar pensando en el edificio que se ha de levantar sobre las ruinas.
Kn todas las grandes empresas se nece- sita fe: fe en la santidad del objeto, fe en su conveniencia, fe en su posibilidad: solo con estas condiciones se aguza el entendi- miento para bu.scar los medios conducentes al fin, y se inílama el corazón |>ara abra- zarlos y ponerlos en planta. Cuando no hay fe, hav incertidumbre; y en política como en lodo, la incertidumbre es funesta. Quien no sabe á punto fijo lo que piensa y lo que quiere, piensa con oscuridad y quiere flo- jamente; y del pensamiento oscuro y de la voluntad lloja, resulla naturalmente una acción enervada. Kl movimiento político no es un pasco, es una marcha; no basta an- dar divagando, es preciso adelantar con planta firme, por un camino previamente señalado, hacia un punto lijo. Las dificul- tades nada deben importar: el célebre ¡qué importa! de los españoles en la guerra de la independencia, encierra el secreto para hacer las grandes cosas: los obsukulos, le- jos de almlir el espíritu, deben alentarle; que para los vastos proyectos.son los enten- dimientos elevados, y para las empresas ár- duas los corazones generosos.
Si jamás fue necesario recordar estas verdades, lo es sin duda en España en la ocasión presente; tantas y tan graves son las dificultades que les salen al paso á los hom- bres que desean robustecer el trono, resti- tuir á la Religión el esplendor |)erdido, y salvar la nacionalidad ({ue amenaza eslin- guirse; lo es en España en la ocasión pre- sente, cuando se proclama todavía la dis- cordia en vez de la conciliación, cuando se quiere perpetuar una división funesta que en dias aciagos produjo una lucha fratrici- da, cuando á la nación mas briosa ó inde- pentliente del mundo se trata de someterla á las influencias de un gabinete estrangero en el negocio mas importante para ella y para el trono; cuando arrojados ya de la es- fera del gobierno lodos los grandes partidos, como que se los quiere condenar a per()étuo ilotismo encadenados á los pies de iusignifi- cantcs pandillas y miserables privanzas; cuando después de' trece años de revolución y siete de guerra civil, encendidas aun las pasiones, en lucha grandes intereses, eu I Wkñnf IM ÜMhi, mI cImkiim his opMflito ^ polilicas, se pretende comprimir de repente toda su energía, todo ese fuego abrasador diciéndola á la nación: quieras o no quieras, verás reproducida de repente la época de Carlos 11. Necesarias son estas reflexiones, repelimos, y por esto las inculcamos; no paira enardecer los ánimos y arrojarlosá Medidas violaitas^ sino para inspirarles aquella calma, aquella sangre fría que tan- to son menester en las ocasiones críticas, y qne tan Men atientM á la dignidad de nn pneblo grande.
¿Pero cómo tener aliento, se nos dirá, cuando no hay esperanza? £1 gobierno en lijptM - puede todo lo qoe quiere: si él quiere lo malo, ¿quién le impide ejecutar- lo? Un brillante escritor con cuya amistad nos honramos, ha dicho hace muy pocos diat, t nunca nabia irido tan nopotente k» que se llama opinión pública, nunca tan poderoso lo que con otras condiciones pu- diera ser gobierno. Nada uucde obrarse de lÉlí^mimi todo de arriba abajo; ea de- dr, que entre nosotros son fuertes los ele- 'áKtttos de poder, débiles los elementos de libertad. £n la actualidad domina de hecho el absolutismo; la suerte de EspaQa ha de- pendido esclusivamentc de los gobernantes, y no Uene ciertamente que agradecerles la elección.» (En el tiUmo nMero del (^anel- Kador).
' Estas palabras encierran una verdad pro- funda presentándonos uno de los caracteres Mintaves de la naeion espalóla; maa no quisiéramos que ae les diera una interpre- tación que á no dudarlo, estaba muy agena de la mente de su autor; no quisiéramos qto its palabras, « nada puede obrarse de anajo arriba, )> se las (luisiese hacer signifi- car la inutilidad de la discusión en la pren- say la impotencia de todos los medios le- ^Ma que, con mas 6 menos coartaciones, nos ofrece el sistema representativo. Nos- otros nada esperamos de arriba abajo; v es- pemBOs-miÉefeod» abajo arriba. El go'bier- no es fuerte en Sspala por Ins ideas domi"' nanlcs en la sociecíad, y porqne en el me- ro hecho de serlo, se siente apoyado por la ífliaTorfa de la nación, hasta que el numero -y tti/Arandor de los desaciertos llenan la medida del sufrimiento, y la nación entera le dice: te abandono. Las ideas y las tra- dícioie»«'lBMiirquica8 son tan robustas, se halinlni'^trraigid» on el soelo MpaM, ta pronunciar iS|tf|íidMe del trono para constituir de nuevo U unidad gubernativa; basta mandar en nombre del trono para re- cabar ilimitada obediencia: seto es It bisls»» ria de todos nuestros trastornos.
Señálese un buen gobierno que los pue- blos hayan derribado, y condenaremos á loe pueblos; señálese la resisleaoia qae loi fmeblos hayan hecho á una tentativa sa> udable, y los condenaremos también. No as sefialará, estoaus sátiros 4e ele: molíMS hemos preseaeiado, escenas saagnentaii^ pero ¿ era la nación su autora? ¿era la na- ción quien tenia la culpa? ^quién habia eneendido la guerra áwiVt ¿ qmén áotanah denado la revolución? ¿estas cosas venia de abajo arriba, ó de arriba abajo?
No, mil veces no; jamás condenaremos á la Barion-espafiola; jamás lantaraaaos ttft* temas sobre todos los partidos en masa; que al fin quien en masa y á todos ios oondena, á la nación condena. • ■ \í,u:P'„iíí**' Hay en este país desgraciado •bMdanláa y poderosos elementos <\r hion que andan errantes á merced de las circunstancias, ai soplo de encontrados acontecimíentoa: 6i>^ tam Olidos ea w puito, quien debie- ra conservarlos en unión y niodilicarlos y combinarlos de una manera prudente, ha ittfuidoMdaaooBeertarkM, en poMriosea choque, come si se hubiesen querido hacer todos los esfücrzos para sumirlos en un caos s(>mcjaute al de la revolución france- sa, si posíwe'hnhiem «ido» tamaia calaaii- dad en ini; moii.iniüi > v religioso.
No, no csia muerta ia uacion española; no es un cadáver en cuyas entrañas puedan eebarsesns eneaM^os; es «n fligMAo qos • sufre y que es paciente, y (|ue puede serlo porque es fuerte. Todavía esperamos, y lo decimos con la sinoeridad mas profunda, todavía esperamos que la sávia, la vida, ' que existe en el corazón de la sociedad, de esa suciedjil que comparada con otras am- demás, iMfei^ne doetfépili debe llM^ marse niña; sí, todavía lo esperamos, que esta sávia y esta vida se comunicará con el tiempo al poder, á ese poder quo tantos altos hace es nnénimo de desgobiemu y de auserin; todavía esperamos que será dable hacer, que se hará, mucho de arriba aba- jo, después de liaberse hecho mucho de No ée creaqne porssto imMns tam^ quilos sobre el porvenir; muy al contrario, al ver como á propósito manos imprudentes araoulonaii tempestades y como se las llama y se las atrae de todos los puntos del hori- zonte, volvemos la vista con espanto jwra no contemplar un |)or venir cada dia mas azaroso y mas negro; pero en esta iucer- tidumbré, ó mejor en esta zozobra, recor- damos (jue también pasaron otras épocas criticas, sumamente peligrosas, en que el buen sentido nacional, su noble lealtad, su ilimitada adhesión á la monarquía, saca- ron el trono de en medio de las tormentosas oleadas á donde le arrojaran la previsión o la pcriidia.
Como no somos esclusivos, como no abri- gamos rencor contra personas ni j)artidos, aun los mas opuestos a nuestras opiniones, los consideramos á veces sin odio ni lisonja, complaciéndonos en notar en todos ellos instintos de generosidad, en medio desús mayores estravios. Cuando se quieren con- ducir las cosas á eslremos deplorables, cuando se quiere abusar de una posición ventajosa, rebajando el trono ósacrilicando la independencia del pais, quien tal inten- ta se encuentra abandonado hasta de sus amigos, hasta de aquellos que pudieran {)articipar del botin sin mas precio que su complicidad.
Véase lo que sucedió en tiempo de Es- partero. Con fundamento ó sin él, se dijo que se trataba de prolongar la minoría de la Reina, que el gobierno estaba sometido á las voluntades del gabinete inglés: medi- das crueles tomadas sobre una ciudad po- pulosa conlirmaron la creencia fatal: y des- de aquel momento el regente vio contra si aun a muchos que tenian evidente interés en no provocar su ruina. En el partido progresista, en esc mismo partido que en 4840 levantara á la cumbre del poder al soldado de fortuna, en ese mismo partido que tenia un evidentisimo interés en que Espartero se conservase en el mando, en ese prtido, que debia por necesidad su- cumbir en sucumbiendo Espartero; en ese partido se desarrolló con rapidez y valentía un formidable espíritu de resistencia. Los instintos de libertad y de nacionalidad y de amor al trono, le quitaron la previsión de una ruina inminente; el corazón domi- nó al euteudimieulo; y por un arranque de nacionalidad cometió una falta como parti- do que ahora espía crudamente en el abatimiento y en ta emigración. Mediaron sía, duda ambiciones [lersonales; mediaron qui- . zas segundas intenciones, cuyo alcance no vieran los mismos (]ue las abrigalian; me- diaron como en todo lo humano grandes miserias; i>ero en el fondo de las cosas se descubre el hecho ({ue hemos indicado: es- cribimos de buena fú, y,'quercmos hacer, justicia á nuestros adversarios.
Ahora mismo presenciamos un fenómeno político muy digno de ser observado. El partido lilicral está obedeciendo á un ins- tinto de nacionalidad. Dos candidatos se ofrecen á la mano de la Reina: uno de ellos es el conde de Montemolin, que como es natural, ha de encontrar viva repugnancia en hombres que combalicnui la causa de ' su padre. Esta repugnancia parece debia producir el efecto de lanzar á tas fracciones del partido liberal á una resolución eslrema, aceptando el candidato que por circunstan- cias particulares parece encontrar en la corte decidido apoyo, y tener favorable el golíierno; esto era lo mas lógico si se hu- t)iesen de dejar á un lado los sentimientos de nacionalidad: ¿sucede así? no, de ninguna manera. Las eventualidades del conde de Montemolin no han podido CL-ipantar á los Í)arlidos liberales hasta el punto de hacer- os resignar al matrimonio del conde de Trápani; este no es rechazado con menos viveza que el mismo conde de Montemolin; y aun es de notar que salva alguna escep- ; cion grosera en que no conviene fijar la atención, la prensa de todos los matices trata con mas consideración al hijo de Don Carlos que el conde de Trápani. El conde de Montemolin es mas l)ien rechazado co- mo un adversario á (¡uicn se teme, que co- mo un enemigo á quien se desprecia; esto en el terreno de la política; y si se atiende á las personalidades de que ni aun en este punto se ha eximido la prensa, basta leer los periódicos, para saber á cuál de los dos le lia cabido mejor parte en el desagradable parangón. \ Mucho nos engañamos si esos sentimien- tos de nacionalidad no dan lugar en las Corles á debates interesantes, dado caso que el gobierno se proponga llevar á ellas en la presente legislatura la cuestión del ma- trimonio. La oposición del Congreso parece resueltamente decidida á combatir el ma» trimonio con el conde de Trápani; y tal es ^ el ascendiente del espíritu de nacionalidad, aao es dudoso si muchos ministeriales se atreverán en este |)unlo a arrosir.ir una impopularidad cada dia creciunte. Los (jue «Qinlíilen al conde de Trápani en el Coogre» iO, ¿son partidarios del conde de Montemn- JkltAlgaDOs puede haber; probablemente los hÉy; pero la ma^orta de ia oposición es- tá animada de un vivo esníritu de resisten- cia á la combinación del liijo de D. Carlos. MlimpOf órgano de ia oposición conser- miíoi^, és miQ de los periódicos aue menos dejan ¡¡asar ninguna oportunidadflK comba- tir el miilrimonio de conciliación, siendo de notar que en esta parte se ha demostrado quizás mas asiduo v mas impetuoso que los mismos ór^'anos dcí gobierno.
Tampoco [todriinx (i irnrn mosqueen el Se- nado, cuerpo de buyo mas sosegado y pací- ñús^ié^é wencontrar oposición d principe napolitano; por mns que se haya dicho con- tra la parcialidad del gobierno en el nom- bramiento de senadores, mayormente en lo que toca á dar escesiva preponderancia á cier' 1^ chises. no |)ii('dc nefrarse que ha he- cho entrar en el Senadú un número considc- b de hombres re^ipetabdisimos bajo todos i.!Sntre ellos los. hay que por sus compromisos y otrtis circunstancias, están en oposición cp^ el «onde de Montemolin y qtaízas veribá' con 'disgusto si enlace con h Hontai; sin embargo, mucht Des engañamos también, si en el Senado mismo al ofrecerse la oportunidad, no se icvantan voces que iénan^n cao <ia mesura correspondiente los malea que podría acarrear una combinación contra la cual están t'df los partidos, to- das las fracciones, con unanimidad nunca vista.
Fstns consideraciones nos alientan para esperar mucho de abajo arriba, en los peli- gros que nu!» amenazan de arriba abajo; y no porque creamos qué esta oposición con- siderada en el orden purnm lUe legal, como ^a simple diücul^d pariamentaria, arrc- wM gobjémo aoQstnmbrado á mayores empresas; sino pornuc esta oposición se presentará á los ojo^- nc este mismo gobierno como la esprcsion del voto del país, espre- sion que intimida á los mas osados y los ha- ce retroceder. Sea cual fuere el numero de los votos, sea cual fuere el tono que se adop- te ai espre^rlus, su importancia será in- memMk: aqui se verificará odn toda propiedad la frase vulgar de los votos (juc no se cueu- 1^ 9^ que, se p^^anj con ellos estará la voluntad de la nación, y de un peso incalcnlablc.
Lejos de mclinarnos a que sea ooonmiatt- te aliandottar la arena de la discasioBi, áci- mos que jamás habia sido mas necesario pelear en ella con resolución y denuedo; á ta nación debe dirigirse el escritor, no para provocar motines, sino para confirmar todas las ideas sanas, para dispertar y avivar los instintos generosos, para conservar pura y viva la llama de la nacionalidad que no se ha estini^aiido todavía OÜ loS pechos espafi^ Ies..Medios legales hay para detener á los gobiernos que se empeúan en malos cami- nos, y de estos medios dehe echarse mub para desbaratar en caso Beeasarío intrigas estrangeras y cortesanas. Esos medios no faltará quien los emplee; nosotros deseamos ver quienes serán lasque aspiren átenla gloria y tendremos un placer particular en hacerles justicia, siquiera pertenezcan alas lilas de nuestros adversarios mas decididos.
El gobierno ha trinnrado en el Congreso, no sin dejar en manos de la oposición algu- nas prendas, con las cuales el triunfo no es completo, y que son muy á propósito para acibararle. Goa^Mundo fa presente legisla- tora con la anterior, la lisononua del Con- greso ha de ser mucho mas animada, si no engañan indicios muy pronmoíndas, 4 an vienen combinaciones secretas á modificar la situación, atrayendo á las fílas ministCH ríales opoi«iciunislas arrepentidos. El senti- miento de nacionalidad coaueaia á producir sus efectos: en el seno del mismo partido moderado se levanta una oposición cada dia mas fuerte; oposición terrible al gobierno, no por lo que ella es en af, no porque la na-' cion simpatice con las ideas f|ue ella profesa; sino porque todos los partidos la favorecen en cuanto á su pensamiento dominante, que consiste en derribar al ministerio y sn sisle- ma. De abajo arriba sube el aliento que da fuerza y brío á la oposición; de abajo arriba sube lo que ella encierra de gmeroso; po- diendo asegurarse que alcanuié tanto msB fácilmente su objeto, cuanto mas se penetre del espíritu nacional, tan uaánimente pro- Boociado contra la inloleriMia y eacfaisivit- mo del gobierno.
No lomamos por barómetro seguro de k opiuion publica los medios con que quieren apreoiarta «loa* pnblieistas constitacionalai: en contra de sus doctrinas hay en España un hecho superior á ledas las raMnes, cu^ es.
uoa taa asombrosa versatilidad del signo, que es imposible se halle en la debida con- formidad con la cosa significada. Si existe verdadera opinión pública, su formación y sus mudanzas del)en ser obra de largo tiem- po; ó al menos no pueden estar en escala tan movible, que se cambien todos los dias, mayormente cuando no hay razones sufi- cientes para ello. Ni la España ha sido nun- ca moderada toda, ni progresista toda, y sin embargo hemos visto en muy poco tiem- po Cortes todas progresistas ó todas mode- radas, según las vicisitudes de los tienq»<>s. Kii España el partido monárquico no ha des- aiiarecido desdo l.s.'ii; y uo obstante en nju- ciias legislaturas no ha tenido ni un solo ref presentante. Decimos lodo esto para mani- éstarque no nos hacemos ilusiones, ni sobre los medios legales, ni sobre la influencia de la opinión pública. Nosotros creemos que liay algo mas temible para los gobiernos que esta 0(>iniun: algo (|ue se parece á ella y que no es ella; algo (|ue es tanto mas fuer- te cuanto se halla fuera en cierto modo de la esfera política, y se eleva sobre lodos los partidos; una cosa que se funda no en vanas leorias. no en combinaciones pasagcras, si- no en los eternos principios de la razón y de la moral; una cosa á cuva formación coutri- buyen el sentimiento de nacionalidad y de ÍQ(ícpendencia, los instintos generosos ipie agitan los corazones sin distinción de parti- dos, el odio á la opresión, el amor de la justicia, la adhesión al trono, la simpatía por las victimas de la intolerancia; una cosa en cuyo fondo convienen lodos los partidos, y (lue lodos reconocen como un terreno neu- tral; una cosa inmensamente sunerior á la opinión pública: la conciencia pública.
(iuániese el gobierno de ponerse en con- tradicción con la conciencia pública; v si llegase á verla contra sí, no vacile en ceder, tétgale miedo; que no es cobardía el tener- lo ¿ las cosas irresistibles. La opinión públi- ca se falsea, la conciencia no; porque no se espresa en formas legales, sino (pie na- ciendo del corazón de la sociedad se derra- ma por todas partes como el aire que se res- pira. No hay estratagemas que la venzan, ni amenazas que la impongan, ni violencias que la repriman; á sus manos perecen los malos gobiernos; lo qiie ella hiérese ar- rastra mas ó menos tiempo, {>ero ul fin muere.
EMfito OH BarceloB* rt S tl« rncra ér ISltf j («niilicado ra N*<lrHÍ «I 7 drl aiiMno.
En la profunda división que trabaja el campo de la política, v en la irritación cada dia creciente á que circunstancias infaustas y gravísimos desaciertos han conducido á los partidos, basta que una cosa sea la obra del actual gobierno para (|ue se la mire con des- den, cuando no con ojeriza. Desgraciada- mente, esta calidad la tiene el Senado: es obra del actual gobierno. Nosotros sin em- • bargo, aunque nada aficionados al autor, queremos hacer justicia á la obra; si no la ha hecho como hubiéramos deseado, ha sido menos csclusivo é intolerante de lo que era de temer: la importancia del objeto ha pre- valecido en muchos nombramientos sobre el' ' espíritu de pandilla. A los hombres se les^' puede exigir que sean justos y razonables,' pero no héroes; y el gobierno actual, aten- dida su pí>sicion angustiosa y la estrechísima base sobre (pie se apoya, si no ha sido héroe en los nombramientos, ni aun completamen- te justo, ha sido al menos razonable. Mu- chos individuos cuenta el Senado de quienes el gobierno no puede prometerse sino indi- *" ferencia ú oposición; el gobierno lo sabia antes de nombrarlos, y sin embargo los ha nombrado: aplaudimos su imparcialidad, sin ' (|ue baste á impedírnoslo el considerar qu(í semejante conducta se la han inspirado los. • miramientos debidos á la opinión del pais. En los tiempos que alcanzamos ¿es poco por ventura, el que un gobierno sacrifique á es* la opinión sus designios ó sus pasiones? ¿Es» ' poco el que los miramientos que ella se me- rece, inspiren un comportamiento justo y razonable? ¿ No estamos viendo á cada paso (|ue esta opinión es menospreciada aun en asuntos donde no hay necesidad de ponerse» en de.sicuerdo con ella? Estas consideracio— ' ncs han hecho que no havamos inculpado al gobierno por motivo de] los nombranuen- tos: seamos justos: si algún partido tiene*; razón de quejarse es mas bien el progresis- ' ta que el monánpiico religioso.