l'ero el conocimiento de la diiicil posi- ción en que se hallaba el Sr. manjues de ^iraüores, si bien nos hace indulgentes con S. E., no puede impedirnos el creer que el noble marques cometió una falta po- lítica de mucha gravedad, al pensar en el titulo de generalísimo ó de general en gefe para consolar al general Narvaoz: si, falta política de mucha gravedad, que ya pro- dujo no pocos sinsabores en las primeras horas del ministerio antes de las esplica- ciones dadas en el Senado y en el Congre- so, y que quiera Dios no los produzca ma- yores en adeknle. Aquel era el uiouiento critico en que se debia tener el corazón en U cabeza ucslruir no solo la mas remola apanciu la de la prcponderan- ci<i miUtar del general Narvacz. Ona nueva condecoración, un nuevo titulo, cualquie- ra cosa, antes ipie hablar del inaiuln de las armas, ni electivo, ni nominal; el país ha- biera conocido lo(|uc signiticaban el titulo ó la condecoración; el país hubiera hecho justicia a la delicadiíza del Sr. marijues, al aconsejar a la Reina que distinguiest; con un nuevo favor al general de cuyo |)uesto se encargalia él mismo: los hombres p^íliti- cos hubieran aprobado quizás, (|ue satisfa- ciendo á la vanidad, se desarmase á la am- bición; pero el mando de las armas, ni si- quiera como titular, recayendo en el mis- mo ex-presidenle del consejo!...
La triste impresión que siMnejonle error nos produjo, no la disiparon del todo, ni con mucho las es|)lícaciones dadas \m el ministerio; ellas signiiicaban que no habla- mos caido en la sima. pero no que no estu- viésemos al borde de ella. El titulo üc gene- ral en gefe no conliero ningún mando elec- tivo: y los actos y atribuciones a que en sa caso puede dar origen, deberán espresarse en una real óiden especial espedida |K)r el ministerio de la (iuerra; esto uosta para di- sipar la alarma general, en que todos se pre- guntaban, si el ministerio de la (iuerra se- ria inútil en adelante, y si la corona hu- biera puesto en manos de un subdito la regia prorogativa de disponer de la fuerza publica; pero no basta para sosegar la in- quietud del buen sentido, ni los recelos de los hombres previsores; no liasta para per- suadir que aqai no haya mas que una sim- ple distinción hononlica, igual á otra dis- tinción de esta cla.se. Una cosa que no es un grado en la milicia, que no es un man- do efectivo, que no es una condecora- ción de las conocidas; ¿<|ué será? ¿(|ué es? ¿que stgnilica o debe signilicar a los ojos de lodos los hombres fK'nsadores? Lo que es, lo que signilica, lo que del)e signibcnr, es una inlluencia moral sobre todo el ejercito, sancionada con la aprolvacion de la corona; una importancia de un militar muy supe- rii)r á la de lodos los militares sancionada con la aprobación de la corona; una decla- ración solemne de que este mihtar es el es- cogido previamente por la corona para el toda la fuerza publica.
mando efectivo de aquel era el momento critico cu ' en caso de una guerra, de un conüicto « do 79 iÉk|rt8''o. Esto c«, cslo signiiicn, esto de- hb rjigÉiiiniir rl lilnh ir general en geíc cononndo al' general Narvae/.; si liuy un hombre |>olilico á quien esto no asuste, en- vidiamos su candidez.
\o |)odemos creer que esta vcnlad se oculte a la i)cnelracion y espericncia del Sr. mar(|ues de Miraflores * y de algunos de BUS colegas en el g;ibinete. No basta decir que el general Narvaez es nmy leal y imuy caballero; no se trata de caballerosi- dad, ui de lealtad, ni de ninguna calidad personal; no se trata de los bumbres, sino de las cosas, con su situación, con sus cir- «instancias, con su lógica inflexible y tre- menda. Las personas no entran en esto )ara nada; las cosas juiedcn mas «(uc las personas; y cuando cu las cosas se deja la raíz de grandes males, estos niaUis sobre- vienen, a pesar de las personas, envolviéa- doias, arrastrándolas, perdiéndolas.
Ya saben nuestros lectores (jue somos aüHgos de liacer sentir las verdades por medio de ejemplos. Supondremos (y estas suposiciones se roali/an en España con iharta frecuencia) que llega á Madrid un es- traordmario portador de la noticia de un )ronuiiciamiento, como el de Alicante y Cartagena, u otros que tan á menudo bcaios -pcesenciado: desde a(|uel momento, ¿quien «s el ducíio de la situación? Conviene vigor, -eiergia, rapidez.- para estas cosas es nccc- fária la unidad, el generalato bonorilico se icoBvicrte por el mismo hecho en efectivo; ¿á qué esta reducida en tal caso la fuerza <uel ministerio? Otra suposición. Estalla una insurrección militar en los cuarteles de Ma- drid, ó un niotinen las calles: ¿quién to- ma el mando? ¿noserá el general en gefe?Oti-a 5U|>osicion. No hay pronunciamientos en las provincias, ni in.surrecciones ni motines «u Madrid; pero á causa de circunstancias fatales, o por alguna cuestión que conmue- ve los ánimos, hay una agitación sorda, amenazadora, como estamos viendo con tanta frecuencia; ¿(|uiún el hombre que está con la mano en el puño de la espada, con el pie en el estribo [)ara montar a ca- l>aUo y dispuesto a mandar de un momento á otro toda la fuerza publica? ¿no será el general en gefc/ La orucn especial del ministerio de la (iuerra, ¿no será reclamada por las circunstancias? ¿no será aquel el mo- mento oportuno de convertir el lüulo houo- nÜqo ca mando electivo? ¿Sena posible dejar de poner al general en gcfe al frente del ejército? Dejar de hacerlo, ¿no seria mos- I trar descontianza hacia él, y ofender su pundonor? ¿Sena posible nombrar a olro general y postergar a.N'ar>ae^? Se nos dirá (|ue bien pudiera hacerlo la Reina; pero bo se trata Je la |)ol(M)cia cu ab.stracto, sino con todas las circunstancias; y en este sen- tido bion se puede asegurar que olro nom- braiiiiento no seria posible. Aclemas, (lue si la Ucina puede, ¿a que comprometer de ao- Icmano el uso de la prerogativa? ¿a qué li-. garla en ciorlo modo en favor de una |>er- sona determinada? ¡Qué conflictos! ¡Qué lección para meditar lo.s pasos ({uc pueden ser de grande trascendencia!
Lo decimos con la convicción mas pro- funda: este es el mal grave, gravísimo que devora al ministerio Mirallorus desde su na- cimiento: si no se logra estirparle, el mi-^ nisterio perecerá. En estas niaterias no bas- lim los paliativos: es necesario llegar a la raiz. Es indispensable, urgente, uuc el mi^ nisterio no a[)arezca bajo la tutela ni aun posible, del general Narvaez: Kxlo loque no sea dejar completímicnle desembarazada la prerogativa de la corona para nombrar é dejar de nombrar un general en gefe, y pa- ra escoger estas ó aquellas personas;'todo lo que no sea impedir el que un militar se elevo sobro los demás |)or su designación precia ¡)ara el mando en gefe de las annas; lodo lo (|ue no sea esto, es dejar enervado ; el poder, es preparar su ruina, es amonto- nar tempeslades sobre el pais.
¿Pero qué remedio hay en la actualidad? Muy sencillo: cuando se ha errado no es mengua retroceder: el general Narvaez es demasiado delicado y |)undonoroso para re- sistirse á renunciar á la nueva dignidad, si llegase á sospechar que este seria el deseo de los consejeros de la corona; entonces aceptársela lisa y llanamente, que el hom- bre mas condecorado no debe tener á men- gua el colocarse en la misma línea del defen* sor de Zaragoza y del vencedor de Bailen. El general.Narvaez mejorará de posición á los ojos del pais, quitándose hasta las apariencias de^liombre necesario, y con- tentándose con.ser un general como todos los demás, sin preeminencias de níngum clase, y solo con la noble emulación de ser uno de los primeros en sacriticarse ()or su patria y por su Reina.
Fuera de este camino no hay sino precihfnteda podrán hacer In feliridnd dol pnts 1 iiniTíM Mía Mpresaik. Iloúo io que se á|n «B-fcW'^'la kaHaá)^ éti daaprMdi^ muÉb del general Nanraez, solo MTÍft-é conlinnarnos mas en la opinión de que es aeccsurio que casibie de posicioa, y no deje i lÉ^i^ prelesto é la mloáíeeiieit ▼ á W | cühirania. Lo repelimos; nn se hala de las perüooas, siao de las cosas; {»cro u»las co- sas swi tales q«e si el gubieruo no remedía Cito lina Mía, bija de la cabaiJeioédad y tía Te, pero que al lia esuna{;nlÉ<latta, tt anapeBUm de su tiuprcvisioa.
iiA PRKPONDBRANGIA MILITAR.
•ia^iío*H/Kn'%' «ifaidiase iiabla en ealaa áltmios tienipos 4a lB:Moaai4ad de destruir la prepoadcraafia militar para fortalecer el poder civil; pareccQOs que la cucsltou se ha pUnieado ai«aiié», y4|ue ¡uwAiaa idaliaaa 'pa— arte en robustecer el )>oder oifU para destruir ia IveponderaDcia militar: no creenioíí f|iie el poder civil sea flaco porque el luUilar sua ÍMfte; Ma que por «I eaaftrarío, e) pode# raiiilar es fuerte porque el civil es flaco. Es- tas son cosas muy diferentes: el no distin- ouirlas cual conviene, acarrea la confusión oa i(>niar el aiB0lo par la. aaaaa » la aaiwa par el efecto.
<^aA quejas contra la preponderancia mili- tir dalM ya 4e mnho tiempo: hace largos aios que faa iraedoaes- liberales se acusan unasá otras por los estados di' sitio; y una provincia en estado de sitio es una pruvm- €ii «ntrogada al poder miliiar. Lo que en 1834 y 183odecian los proííresistas con- tra los moderados, dijeron los moderados contra los prú(^resislas ea 4836 y 4837; has- ta 4840 laa taeéálaa nrograaíalaa repatír loa mismos enriros, que Iucíío n-produjeron loamoderados hasta 4843; dosde el pronun- aiaoiiento da junio ét dübln aflo, se quejan aira vez loa prognaÍBlas: si al^un díia los Moderados sucumben, es probable que los piapaaisias les ofrecerán abundantes moAi* Vosfera ana 'toldera adíciou dé>i reclamaciones. El nombre de las personas r do ios bandos no stgntti<^ na*jbi; el beoáiocs Desde la muerte de Fernando Vil la pre- ponderancia ha estado en el poder militar; desde que se hicieron reproseutaciooes dofr; Biasiado oétebrats y emelnenia «espiad, «!• l)oder civil se puso á discrí^rion de los cuar- teles; las Corles y los ministerios no han: Godido nada contra la fuerza de lasnnMtf. lay «qni sin cmbar^ varias fases que coa*-* viene recordar. Primero, la ítierza armadan eslavo á la obedieacia de lo» generales; -eot* taneesla prcpoadefaneía laüilaHWPi^lltWMi estos; rompíélvase los lams de la disciplina, entonces la preponderancia militar pa?ó á los soldados; restablecióse por Un ta discipbna;* yenlonees la pTB^wnd'waaaiiw^lttef'Tiilwrió" á los fícnerales. En la |)rtmera época ^ ia in- thicncia de estos derriba un minif^terio y cambia un sistema político; en la segundáis las generales son asesinaáaa par teiiralÉii i desea amotinada; en la teréera, los gener** les vuelven a derribar fuinislerios yié eaBB*t biar sistemas ¡lolitioos. Bajo liilsfaliMs»#pfi mas, se descobre el mismo hecho: el impé» pió de la fuerr.a sobre el imperio de la ley.
£ste es un mal gravisúno: ¿euát es el r»* iwdia^al irfaa aanciN» ^! á prioM ▼kta ocurre, es quebrantar dtí raiz el podenqi* prepondera. Mas contra esto militan dos di^ ticultades: primera, la imposibilidad de eje* colado; segaade, los nelípiiaHit resnltadan de la ejecución, t'.tinndo 'in « I r está ar- raigado en la sociedad, no se le dMlrujn» con pensamientos ni palalvas; ea BaaaaafW oponerle otros poderes mos fbertes queek ¿donde están en España esos poderes? To- cante a la conveniencia, ocurre desde iuc^ la dnda da si quebrantándose <diMAMi flado'al poder militar, seria dable conservar el orden público; y este orden es una necesidad lan alta, que á su conservación deben sacnli- eaiw laa cosas «eenndartas.
En ninjiun i)ais del mundo es el poder civil ni una persona sola, ni una institución sola, sino el resultado de la fuerza de xav canjnnioda cismemos asciales qne danant» ren en un punto, como si dijéranios en un centro de gravedad. La persona o la inslitu* cion qiia manda, lo puede faacar, porque remicol oairial de las fuer/as sociales, y es el representante v la nersonibcacion de las misaus. ¿Dónde esta, el centro de gravedad «It Kl trono no es ni puede ser una instítncion aislada: cuando esto le sucede deja de ser VM ÍMtitttCMni j es wn persona sola, en cayo <;aso el tmno "ínrnmhp. Afortunmla- mente noeftamos en España en un cstremo Um deplonilile: el Iroso conserva todaria noaMMI foerza: ^priei Modi en su nom- bre se hace obedecer, pnr lo monos durante algún tiempo; cuando sobreviene alguna ca- tMlrelB iMNilea, se nromÉnt tira wv fl nombre del trono, y los elementos de rcsis- tenria w ablandan, los de orden dispersos se.i^rupan, los ocultos se manitiesien, y se vuelve t eiMitoir hi unidad guberaatíva, hasta qne otra rntástrofe pobtica la disuelve de nuevo. El trono no es bastante fuerte para evitar la repetición de esas catástrofes; pero les hace monos frecuentes, y 'sobre todo nvnns t<M rih!es. Para formarnos idea de la deiNlidad que trabaja esta soberana ki^itu- eién, compareaiifr le «e es coa k> fjne era; nu», pora coaeeiRrtiia sa fberza, no obs- tante su postración, imnírinóniomis des- aparecí; del todo: ¿.en qué se convierte la espcriencia do lo pnsado aronsoja al trono» una conducta priuloolo. para que la fuer» militar do se persontíkiiie en OMigim indivi<* dúo: antes per el eoatniite-, eslé di* vidida entre varios pefos cuyo ponto de reunión no sea otro que las gradas del tro- no. Fuera de este esMO no íiay salvadas» no hay mas rpie la niÍM áel ¿mu» smmm« V la perdición do los individuos on ífwi«nes se persouilique csclusivaoiente la fuerza raí- Nttír. Um ptmümMkáá^ esUieMr»r ifli|ieelMe, en no comirtiMite en ' ' I bajo uno ú otro nombre: y en España la dictadura es un absurdo, ya porque lo es por necesidad mientras el trono existe, ya lamhion |)on¡uo mal pudiera un particular alcan/nr la perscniticacion que se necesita para la dictadura, cuando a cüla pcrsonití- cacíon completa no ha podido llegar el m ) narra misino. Aun ruando la finT/a do las circunstancias fuere muy á j)rüpüsilO£ara un encnmliraniiento estnMrtftnsraTi' vorccidos de la Ibttuna debieran manifestar su previsión y «¡airacidad, no qtioriendo salir de ana región utodcsta: scnteiantes sniñrntarece aei loao: ¿en que se conviértela de ana regioa utoacsia: scnteianies sam- BiMMf ¿QoiéB será capax de oeiMiliiir «a | das sod peligroso: mim^éémm-'ttm^ ^'ohiorn< ireniTalmenteeMceide, Díriqalen )or ocho dias? Nadie.
La debilidad del truno á mas de otras cau- sas paitiealares, dimana de qae adolece al~ gnn tanto de ese aislamiento, que en lle- gando a su colmo, mata la institución. Le Miau h» Cementos qae aatigoamente lo rodeaban; te falta el asentimiento de mu- chos hombres de diferentes partidos; le fal- tan esas iostitucioikes que escudadas por él, le senrian á sa vei de eseado; le mta el í"fiui|ilemento de la personiHcacion de lodos los intereses, de todas las ideas, de lodos los sentimientos que tienen eu la sociedad ana fuerza efectÍTa, independieailemeole de los sistemas de íTobierno: el trono es fuerte por lo que conserva; es flaco |>or lo que le falta; dadle esto ^iltimo, y la institución recobrara su esnlendor y sa paianaa, á pesar de las modincflciones'dc la orsaniracion política.
uua iiicUdescenso muy rifMot estrepitosa. ' Los militares (¡uc sueñen en dura mas ó menee» paliada, ■ Í)erder de vista que nnrn esto necesitan co- ocarsc á la < il)o/a de un partido poUtico; lo que en las actuales circunstancias et^ui- vale á labrar su propia ruina: dos hoirivraa se han hallado en j m^^h ion favorahio pan acaudillar un partido; ambos lo ban hecéo; ambos liao caído victimas su propio pat^ tido. Espartero se levanta en hombros de los proc-resistas, satisface las ideas de o<tos, sns intereses, sus deseos y basta sus caprichos; por consideraeion iellos. slvida sa pai^ cion y se hace demócrata; y ellos mismos comienz III i^m dc^ai icdilarlc y acaban por perderle Kl ^nirral Narvacz se hizo la iln- sion de creer que su posición estaba asega- rada colm?ándosc á la cabo/.a del partido rio snplir c^n la fnerza de las armas lo «pie falta de fuerza moral; y asi continuará hasta que nuevos acontecinucnlus vendan a des- M i)a En esta situación, el trono no ¡Hiede prí- i parlamentario; y del seno mismo qe ▼arse del apoyo militar, porq«» es neeess- | partido salió la oposición qae ha «r masé enflaqneeer su prestigio, y qoeha tenido no escasa parte en provocar la crisis que acarreó la caida del miuisterio; v sin enlazar las aetoalcs complieacioaes, HeviiH- 1 eefiharfto impoede ategmae yig<W ^mi lida doños [x>r el camino del bien, o hundiendo | parlamentario le debía no [wco al general la EspoAa en una sima de que no saidni '■> Marvacz.'lte esta manen se faaüaráa cer- Digitlzed by Gopgl )m militares no di hior.m jamás olvidar <|uc para ellos no hay cunino He salvación, smo OftD^crvuado la seveiiJaii «lu la ilisciplioa ea les subordinadot, y obedeciendo sin restric'- cion (le niníTuna clase las disposiciones emanadas dei trooo: muidar •bedeócado, ▼ obedecer mandando.
NnaslTM ideas con respecto á le preprni- deranria militar, las hcmn5 manifestado ya tifias veces, y las hemos repetido al có- «enm»^ artfeelo praMUe: el poder mSÜ*' tar es fucrU; pdNfoe el eivíl es fleco; «e tanto se debe pensar en abíHir aquf I romo en fortalecer a este; la fuerza dei podur ci- Til será la raÍDa del poder militar, que de- jará de ser poder v pasará á ser una clase L'omolas (lemas del Kstado. Mofíima combi- nación política puede estribar eu la fuerza uMiím como eobre<in elemento doradifo: f*<:fn Tü^r/fi puede servir de instrumento para llegar á un fm determinado. puede ser atncHÍar ese^lente para conservar el ór- den, mientras los elementos de qoe se haya de rodear el poder civil no estén reunidos . ry,4e6eiivueuos déla manera conveniente; ^í'lpA'e'Écode el momento en ffm ee la conei- dera como un principio de f^obiemo, hace ¡mpoi^ihlc todo sistema de administración, y pime en inminente peligro para un tiempo ' nm A mema lejano, la niiaítcoiiaefvaeioa d^l r rdi n púUíeo Cuya ' dofenaa se le enco- mendara.
^ Los hombres de gobierno digniis de este nombre, no poeden eoandorar al poder mh litar bajo otro aspecto, ni tampoco lince i-se la ilusión de que podrán emanciparse de él con la simple Tolnntad. Es necesario aten- der á loque folta de fin r/.a inoml. para que se pueda prescindir de I;i material; es nece- sario examinar concienzudamente la situa- mn del país para conocer cnálea son y dónde es(an. y de mié modo se ¡mdrian avi- var yajírupar los elementos verdaderamen- te conservadores, capaces de dar al poder civil unn fnoiea e^'ctivn. Mas para esto es indispensable estender la vista mas alia de \o» diminutos circuios de la capital; es in- mipensable atender al estado de la nación balo mochos aspectos: es indispensable bus- car la popularidad verdadera y des<lenar la laolicia, la que dan unosouaáto^ hombres Vffte «o tiefien mas hnporlMcto de la que se les atribuye; es indisi)cnsable pensar en al- go loas qáe en aporieacias de eela 6 aqneUa fitoétq«tl*«Ai vio de las cargas públicas, y en tantas otras apariencias, que por una lastimosa confu- sión de |»a labras, se apeUidan medidas do gobierno.
Hay en Espafia un gnm proliinma qiir tt- solver, y consiste en cumbioar de la mane- ra conveniente lo antiguo coa lo moderno, aprovecjymdo de uno v otro lo qoe poeAi servir p;irn dar ftierza a) poder, ase-rnrríndo el orden publico y fiaoieiilamk^l-ilcbarrollf» de loe verdedtrea ■toiaaes átU^méa l^ bay entre noselroe rigtUMoeaasQs f^undas de nirde^tnr, (pie cs Treo-»sario ( iniunlar el poder publico con otras coudicioaeí» 4e> lo qoe se ha heebo basto aquí v lo -evideiMaH esa inquietud y zozobra en ()ue, nos halla- mos de continuo, y que se inanilíeslan de uuu manera lau lastimosa eala rumión poli^ tioa, eoBla-instobiliclad de kjOi^oilMiaoy de las cosas. Esto no pti de desconocerlo quien este dotado de sentido comuu, nuielio menos quilín tenga preteasiones de Immbre políti- co. En Es|wAa no po^e prometerse vcrd.v* • dera gloria sino el que lijando la vista sobre la raíz de losmaks acuiík «K^ofiarlsi fax* siempre, arroSInuido la ímpaf«laridad'i)e-los interesados en que coniiouen, y Iniscando la verdadera gloria que ie decrelária fia •bre- ve Ih gratitud nacional.
Qoien no se atenga á^los prínopieBv ñs* currirá en uno de dos escollos con respecto a la preponderancia militar: ó será su vi&>- lima, ü atraerá sobre el pais ludo» los males de una revolución. Será su (Tfotíma si deja»' do intacto el origen de la (laqnera dei |)odcr civil, busca su apo^o en la fuerza miUtsf: atraeri sobre el pa» los males de une re* voiucbn, st desconociendo las causas qae hacen necesaria la debilidad del poder civil, se olvida do la fuerza del poder militar 4 y espera desanmar i loe parlíoosv^entMlabrsaí blandas v con promesas de legalidao.
Por princi|)ios y ]H)r -p-^liniiínilos estamos reñidos cuu la pte|K)uderaQcia militar; por principios-, porqneno Greenao»^»^faM saetea dades!nv;ni de estar sometidas al régimen de la tuerca; por sentimientos, ponfue nos repugna la dureza de que se resienten ma» ó menos todos los mandos sulitarcs, min prescindiendo del carácter pi^r^"TMl de los individuos que los ejercen. Pero ea k irMe alicmatifn de tolerar tos iilattdBSwlHeM«»t^' dejar abandonado el país a im d ^\^^ p^^j^ionee M»biike«toa y psoyectoa üMOBsatoivcs dmJoC' resi^^narso á k)s lAconveiiientes que consigo Irae el ruando militar, si no liayolro luedio eíica;^ para la coniíervacioa dei ordea i6blioo. No t^fittttmM-tvM w-eNseran y se esplican con leorfa&halaguefias ks me- dios de fortalecer el ^obiemo civil, haciendo ittftecetiana la prepoudcraucia mililar; pero todas aoat táoriao tieueo el uÉcoofiaioote de estar eo contradicción con los hechos. Los partidos políticos se han sucedido en el man- do; nioguno de ellos ha lo^^rado coustituir uo poder civil: lodos Iwi tpelado al militar: desde <|iíe nna oposición se ha convertido en guliieruo, se ha olvidado de las teorías y sa filiHMiéaadoi de las armas; ¿y esto que prueba? ¿probará acaso el espíritu de des- potismo y tiranía de los prohonihres'de los diicreulus partidos? Estas soq vulgaridades qütfStaigaifiBMinada c too hay ningon hom- Ble {laÜlií^í (|I10 itoloeado en el gobierno, 00 desee enhcrnar civilnienle, si esto fuera couij>alii)le coa su coaservaeiun eu el mando y la continaaeíoo del sistema que ha coooe- líidü y planteado. Cuando todos los Ik inlires, de iodos matices puestos en el mismo lugar, hacen la misma cosa, es señal infalible de que estaiíKiiducta es indopoMUante de las ideas y carácter I"! i-^ i m -m "s, y que re- conoce causas profundas, a las cuales es preciso buscar remedio asas eUoaiqae el de la» oMdaiizas personales.
Desgraciadniiii'nte no queda ahora ei tris- le reourso quo laulu se esj>lotaba durante la loaba civil: la necesidad de la preponderan^ cia militar motiv.nia por la /juerra (pm ardía en las diferente^ provinriis. Los 'i iiN i-s provisores debieran conocer ya en a(iueiia época, que el mal dimanaba de otro origen, y que la terminación de la irnerra ( ¡vil pro- duciría un cruel desengaño. Seis años lleva- nuwdepaz, y la preponderancia mtlltarno kadiaminnidó, yqniús ha ido en aumento. Bajo un réírimen llamado fie libertad, los mandos escepoiouales han coulinuado, y los gobiernos acnsados por la mfraccion ae la ley no han podido defenderse de otro modo, sino ak-: iniln in • no era dable, sostener el imperio de las leyes sino infringiéndolas. Gaofeaion doloroso, y al propio tiempo muy instructiva. En vano ojw-^icioites d,- ' ii' tes clases se han negado a reconocer esta neeeaidad: basta recordar los hechos para qne ae conjeture lo que ellas harían ¿ so vez, si dejasen de ser opinión y se convir- tiesen ea gobáerno. Di^a^ lo que se quiera.
sisleaMM, ae ofrecería la ahernativa de que bemos htbhKio, ó subordioarse mas ó nos al podor -nriMtar, 6 abantaar al á manos de fraocioMS turbulenlas.
los lii'chos hablan, son inútiles las palahraao SI estas se hallan eo contradicción coa aquaw Uos, el boen juicio del pMiaa los ^ «I aantíáoeonveniente: y najardel)e serialár%- seto todavía, quien hallándose en la altuflil del goíjierno, debe comprender de una ojea- da la vadMora ailnacifn de las'coaaav'y diri-'ir en coÉaecuaacia sü ¡coadnala. n * perdiendo de vista el interés de auproun conservación, fatimsniente enlazaéonoaéW grandes intereses péMiebii * i - Piénselo el roliÍ M no: no se hai^a las ilu- siones pueriles de iiuc han sido víctimas tantos (Hroa: los obsiaeéias ipie ¡m do'om^ centrar y que probablemente ha encontrado, no dimanan de cansas transitorías. ni de las circunstancias de esta o aquella persona: no fije la viola en loa hiMhraa, aiao en laa cosas: que en estas mas que en a(|iiell()< se halla la raiz de nuestros malei. El ili>niiniiir, el (piilar i ludo la preponderancia iuiltter{ no ha de ser mmBdio, sinc on rtsullathi» Cuando ^i' \r,\\.\n riMiimlo en torno del [)f>- der civil los elcineuiiks de fuerza mural <^ue ahora *lo IMten, la • prcpondeffaawai mihla#. habrá deaaparaeido: m aaiá iiooaaMioiawr batirla: se dcsvaneceni; itr-npie no hay luena material que resista a lu acaon dé lanMni,cnaildo-estÉa ' pamlesaron-Eanfia.
LA SHÜ4CI0X. Ti!
TrísUsimo espectáculo ofireoe la España»}- amenazada sin cesar de cambios de política, trabajada por ambiciones innumerables; siempre en crisis y en grave peligra dlh caer de nievo en una disolución qaa lila» acarree trastonios ])rofundos. I.as persona» varían, los sistemas se moditican, y jamas se oacuenira la tranquilidad tan dcflcadafg las ffMoiones fiaMieaa ae aUan y ae hoelill-lb zan, se coligan y se separan; pero ni su» gUBcr^ ni sus paces, ni su uuion m bu di-r.
vston, producen otro res^Midt «fue tnanle- I gobierno: si se ha consolidado ó no, (U aer ei4<} des^aciado pais en agitación con- impedir su reorganización y hacer tiuua, ■iifMible k-aMCoeian de todo peasamipnto éi gobiarno. Kslos son los hachos: la diver- ^■MM de opinión puede versar sobre la cau< M de laa BMMMi, peí» no iobre m eiiiteiicía: nadie ios nte^a: cada cual procura es-* pilcarlos conforme á sus ideas ó interés; en ^.ealuerxo por la esplicaciun, eslu bu cs- yitiiMlhpwooiuiii|ile^'«laeiy>ei alkw han corrido desde que empegó r^i» o^t;iflo de rosas, y los añus nu han reiiu diadu nada. iJuraalie la guerra, decía: «spereoios ^fmit0Kttilumm»; j- la iierra ha eesado hace seis años, > el iilalr<i;ii' coiuinna. Du- rante la duiuiuaciuu de Ji^^parteco »e decía: esperemos., Iiu iMyoMa'''d»)lt<MM; y Ea^ put ici o ca|É>heDe 4res anos y la Reina t uc declarada máyf)r de edr.tl. y el malestar oiMftliaúa. Duiaulc laü leaUlivu^ revolución mimám- decia: esperenaa qoe k revoha* cion suciuiiha; v la revoliuion sucumbió, v r\ ^nlHtMHo triiinío ( uin¡)lidanK'nl(', y el uiaie&Ldr cuultuua. Duiaule el ministerio Nartaexy m úwmri ^eaperemoai^pie e I minis- lene.caiga; y el riiini-íiTift cayo, y el mal- estar conluua. ¿Que ñus toca esplerar aho- XM'i La reorganización del ministerio? ¿y no fliibaa.orgaoÍ£ado y reorguúaede ÍMnine- ni!i!t'> niinislerios"';J na nueva rcnvocfírioti ile Cortes? ¿ y uo se< bau couvocado muchas 4|hÉ|idr«iéi^ «en if^ales i y neyores espe- aMIMIllUlAcrc instalación del general Nar> vne? al frente del [loder? ¿v será entonces iueuor la ai:ita<-iuu? ¿La salida de Narvaez 4toBspeña? ¿ y ne'iieii' «elide antes ifue él otros tan inlliiyentes corno i-l? I.n r(>|H tiiii is: ¿que nos toca esperar aluna ' Demasiado lo aabemos: lo (|uc nos loca esperar es la con- linuacíüB indetinida de esc nialestar intole-