SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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rable, si los hombres que piensan y que de- tíeaa de veras el bien del pais, no lijan m flfluridefacion en las cansas del mal, y rentes elementos de Tidft. 'Ise ptrtída i»H no M ednenaa por> apliear el renedio a brioso en In o|>osicioa, do Itn bellas pala- la raiz. i bras, de tan lirillantes esperanzas, de tan li- ^zarnus pudiéramos en el inldrtuaiu jl sonjcras promesas, ese partido se muere, dé JUKttra patrit lendrtebe bmMítos de I En su agoak, ea sos kslimoMM eeaeoMair* oMBpkeencia al ver que de tal suerte se nes, se revuelve en todos sentidos, vé sobh van cumpliendo nuestros anli;U'nos pronósti- ' bras por todas partes: intrigas cortésanae, cas. Cuaudo las circui^tancias eran menos maquinaciones estrangeras, espadas levan^ eomplicodis, cnaado el desengifio del pú- tadatpen herirte, balaHones, uMaws, ejéVi*» blico estaba muy lejos de babor Iletrado al citos; y no advierte quesos enemicos no punió en que se encuentra ahora. dijimos son los que el se (igorat aiao la dcbilid^de una y mil veces que no se consolidaría un ' su cabeza que le da foinápe,* k dehttM nio io que estamos presenciando. Kl partido rae llama eooservador se lisonjeó un de qae'haWt senaib la hem de pkVi tear sus sisteinas. do aplicar sus doctrinas, y de qoe la nación le delieria traaqjiiiidad y gobienie: noeodoa ouaiiriiiieB to orniMK fio; dijHnos que ese partido no cncerralm ios elementos necesarios para dar á la na- ción ni gobierno ni tranquilidad, que morí-' ru é monee d»«i peder nüitará pereeertnr por disolución; al«ello 10 kl verificada digiilo la esperiencia.

¿Qué le ha (altado al partido conservador para dar á la España io (|iie tmtm vooos kr habia prometido? ¿Otictia el apoyo del tro- no? El trono le apoyo. ¿Quena el apoyo de las Córtas? Las Cártes Anmi Mnoi. ¿^Ifoorif el apoyo de le fuerza armadat La Tuerza armada le apoyó. Le embarazaba la mili- cia nacional? La milicia nacional desapare- eid. ¿Lofl^rvkB do obatáecilo los aynnttN mientos pwgresistas? Desaparecieron. ¿Ve-»* cesitaba reformar la Constitución? La (lons-* litucion se reformó. ¿No le convenia el jomde? El jurado desapareció. ¿Hahk mtf^ nestcr de tribunales especiales? l,os turo. ¿Habia menester de policía? La tuvo. ¿Le podian ser útiles las simpatías de la' FriRK cia? Las tuve. Dueño de la corte, doefto' del parlamento, dueño de la fuerza, dneflo de la administración, dueño de lodo: ¿qué mas quería? ¿qné mas qniereY Hoy ten^ lativns de insurrección y la insurrección sucumbe; la España toda le obedece; en el gobierno estaban unidos coa el poder fflüitaf loa prokHBbros del partido: ¿qo^ mas se quería? Y sin embarco, ¡cosa nota-i ble lección ble lección instructiva! con tantos ele-amentos tavorabies, con circunstancias 'tas propicias, el partido conservador -ae kl dN >-iM'lto rápidamente, con In misma rapidez ({ue se agolpaban en derredor suyo los apa-* dftfss fusnasqneya le fli0i al eawM, Bien lo »aÍMaiiMM oobotros, que para mo^ rirle liaslafae el tciwrfMr; porque tal es la suerte de todos k» (Mrtkíos débiles. Mien- tras están caidos, mientras s(; hallan en la opofiicioQy osteutaa laas vida de la que lie- oen 60 la realidad: eelonoea' so waioa es i destruir; tarea f;RÍI. pero tan pronto co- g mo se I'is llama a ediHcar. sii nnpotenrh) i se des»cui)rc: m paran al pie de la:» rumas ii y de loa^aaleffiaíes anuMloiiadoa para la re- I fonslnn rinn. y alH mueren. Eslo le ha su- cedido al partido moderado: su muerte es t segura: la» ditícultades eslau eu quicu le ha de heredar; y esta es la úDÍoa causa (]ue dilata (tr-aparicion ífcl U^nU-n [n|i(¡co. SiVG^lra por algunos momenlus su eitde- Ueesiéieiieiivike lodelieá la yida propia; es un cuerpo qué no te deshace en polva, I por ta compresión que sufre de los cuerjios I que le rodean: vendrá un empuje, cesara Mía viakDto equilibrio, j el cuerpo pulve- rizado se disipará por el aire.

til partido proífrcsisia couteuiphi con mal disimulada satisraceíou este deplorable es- jj fiectácttlo; Y como que se olfida de las pin< cuitas tic otros tiempr^^, ni vrr ifue no j son menores las agenas. También el ))artido | Srogrcsisla tuvo una época semejante á la ] a an adrenaria; taMbieii ae eiMuitr6 en | posición dpsemhamr.ada para practicar sus dá>ctrinas, y plantear sus sistemas ^ y hacer l] ItifoKeláad del pais, ooeu tantas Tcoee ba- | bia prometido. ¿Quería el auxilio del trono? el hombre que colocó á su cabeza era elde- )>osiLano de la potestad real. ¿Quoria el apo- yo de las Cortes? estaba aok) en ellas. ¿Que- ría la amistad de una nación podei-osa? ahí ^taba la Inglaterra. ¿Oueria la cooperación de ios ayuntamientos? los avuulamieulo^ eran todo» progresístaa. ¿Quería la del ejer- cito? el ejército era progresista. ¿Quería mi- licia uaciunal? la milicia aaciouai era atiine- Fosa. ¿Queria imaConstítiKÍQiideinocritiea? gobernaba con la misma que él nüamo había | hecho. ¿Queria abatidin^ sus rivales? losmo- | «ieradoj» C!»laban en In ui<i\ ut' postración; coa 1 8«a gefes praaoritos, y sús ptitUarios en la I osrtirid.iil ¿Quemas quena? lo que debia | querer era no triunfar; porque su triunfo 1 era su muerte. Tampoco encerraba eu su i aaae loe elaaentaaieaesarios para gobernar; | Y tan pronto cnmo empuñó las riendas del £stado, biutto que su naao iaqwfiaba, y " acabó por ikíMtámmm üÍ4M|iii*»^ü I» tó á su rival un pequeño esfueno para ai^ rebatórselas y hundirle. ¿Qué ■aa.iyÜran eales ÜeehesTladiaai que es im|>0BÍble fundar uu ^'obiemo bmbÉi tras liiiva ríi' e«ítribaren la eí.ln ( ha i^asa íjuc se prupuueu darle las dos iruu:ioacs dt)l uartido liberal; ÍDdíeaii «pie ha sonado li hora de reconocer por (in la e^sterilidud de ose csclusivismo (pn> afornieuta a la ULicion y pierde a los mi^ato» que le enipleau para oonsolidatBe; indican que >aa «aeeaarie, tk^ soiutamente necesario, el tomar otro vnmho y salir de ese pequeño drcido en que nos agitamos y llevar á la regioa dei gobicn^ miras mas vastas; indican que ya ■!■§■■ hombre pensador puede hacerse ilusiones sobre los resultados de oiodJÜcacMaes de personas d sistemas, 'aiend»]de lodo pnola indudable que siguiendo el caouno acoaaar- jado por los dos partidos no haremos mas (|ue recorrer el uúsmo circulo que- liemas leearride ya tantas veoea. Nvevaa jpraaMiaa, nuevos programas, nuevos propósitos de íür fruir una mdTvh^junla, decorosa y firme; irra^ vocable resolución de gobernar con la le} y solo parla ley; GonstiHuátti tesdad; sistema ^epreseulali^'t1"!fl '^^ti -r' f'uioa interpretacioo, con:>us le^Jlinias consecuencias; hé aqui lo que tendremoseon ^mejanles mudanzas; pe- ra todo como se.supone, escrito etLamfáitát na*h!a n'ati;larl. Esto!frr(>f}ws por lo pioulo; pero ai Oia sigiueutc vendrá la dea^ templada oposicien de la iMpenaa.y la sepa^ ración de una fracción, y la guerra intestina, y las intri.:^as, y las crisis, y la disolu- ción del partido dominante, y la desespera- dt defensa de la pandüia que se baya apoderado del mando, y la coalición mas ó menos esplicita de las oposiciones, y al tin la ruina total de los temerarios para comen- zar otra vez la misase eaoua, sin mas dife- rencia que la de algunos nombres de rosas o de personas. £n vista de laüttuaciou actual, y atendidas las leeeionaa de laeapennnein^ ¿hay hombfe de mediano juicio que ymdn prometerse otros resoltados? V hé aquí por que el país contempla con esa indiferencia, een ese desden élespeelácidede iMUaa aan serias, y por ([ué acabarla por do tijar ni si(|uieia la atención en el, si pudiera pres- cindir de la trauquilidad uue necesita y ve siempre en peligra, y ao eoaa aaariwsian i¡ue le exilien para goWnar.y quo^io consumen en el desgobtenOi \<^4^}li*u f a4*> EsiMiioso^ei oir eúmovIgiiMS árganos de la o|Mníon póblica desaho^^an su ptMia con senlidus lamentos solirf la cc^MUMlail de loa partidos, sobre la aiuliiciuu de ius iiuui- hres Y ^^f^ tenas aemejautes: cooao ai el iMÜittf «ontra los hombres de lodos los parti- dos no equísaliei a a condeuar las co^as m SI misiiiaA, va que a lodos los /laceM ó les pmrmiim obrar da ana iiiísiiMk>MMíNiBn todos los paises y en lodos los titMnpi>s es preciso coular cuu la luiscna y lu lualdad de los iiombres; mas por eso se han consüUu- do podaras Inertes; por eso se han planteado instituciones iolMi>tas; poroso se han dicta- do leyes preveiUivas ) represiva;»; por cíío aeMi íorvttado loe cuerpo* <4HmImmubos ntadtUtOWk tantos vinculos para impedir la di:«olücion, con tantos escudos para deleo- derlos contra las pasiones humanas. En todos liefltpos y paites lun aboíMl^los iiombres inquietos y han luchado entre si jírandes in- lareses, y por eso se i.a reconocido la nece- sidad de un poder que los prote¿;;iesc á lodos domiaáfidolos á ledos; nunca han Taltado hombres;i!iilti'. iii-os que aspiraran al ni;iinlii; y por eso se lia rocunocido la necesidad de Bttcar el poder supremo de la esrera de los pváriespra^n^idos y se han establecido las monaniuias hereditarias. Quejarse pues de los hombres, decir <pM^ lai» cosas inau bien ^resolver los problemas políticos y socia- les en un orden puramente teórico, es ha- cer utopias en \c¿ de combiuacioiMMií politi- mé^Ctmtá^m un pais tod«iilsl<iibnrnan- tes se portan mal, señal es que no son solos los hombres los cul(>ables, que lo son tam- bién las cusas; v entonces t las,COsas. debe Hpticarse el remedio, flicMAMipMMMIiiiSe ^mieiKlen ios lionihres.

La raíz de ios males de España esta en la profunda debilidad del ()oder; en esa debili- dad que no le pernúlie ser suave sin ser flojo, ni lirme sin hacerse violento. Y el on::en de esta debilidad profunda esta en que apenas bemos gsliJtiiia!■ ■■Mili'; en que los hom- bres turbulentos y ambiciosos se alientan con la inespcriencia y el candor de la joven Soberana; en que una parte muy numerosa del partido m^ÜifiMco está descontenta, y si permanece tranquila, taiiibien <'S(á indi- ferente; en que lodos los elementos conser- vadores que se halUban alrededor del trono del último monarca, se dispsrsaron sil soplo que esos «leneaisa noiban f siUriihi ^tétk vía el punto en que deben rennim; estas son las causas fundamentales «de nuestro malestar; por eso las ambicionas bullen^ pÉrssnien^fM^dsg se a^i^itan y^gni^lwein; por eso tenemos necesidad de la prepoiule- rancia militar; por eso estamos aun incomu- nicados con la Europa.

AbamkHien pues nuestras iMmbres do go- bierno las Cdiiibinacioncs e>>léiiles; lijen la vista eu la rai2 de lo«> males, y traten de en- mendares de un» vea..Quena se bagan íIck siones: snciisihirán sUoSt como han sucum- bido sus antecesores, como suciimliiran los que les sucedan. Las cosas i>e hallan eu un es- tado en que eaimpoaiMe fCehemnrhiettK tstf los esearniientos debieran haberlo enseñado. Destruida la revolución en las calles, el des- orden se ha rcluj^iado en las altas re^io^ oes: á las tnihis fopalares se les ha in»» uiestí) silencio, pero se les hace asistir a las uchas (}ue traban entre si los hombres que debieran gobernarlas. ¿Se creerá que este pueda durar nansbo tien^m?. fiérnnsakn p;ii le lo (ludamos: el desorden es conta:rio- so, y lacilmente secomiiuK a de arnbaabajo.

¿Qué le^ importa al pais que vuelfvs al po- der el general Narvaez, ó que triunfen sos adversarios? ¿Qué harán unos ni oíros en una situación como la preseute? Con todoj» ios parlides contra si, ¿qué puede hacer ninifun hombre? Sin fuer/a de que dispo- ner, ¿(|ue puede uiugun gobierno? Si se prescinde del sistema representativo, se n- ve en |)erene contradincísn con la ley futt^ damenlal; si se gobierna con el. la disolu- ción de los elementos políticos sera cada dia mayor « dado que pueda serlo; si van lodos los pÉMMos á las Cortes. <e i ¡ abará una lu- cha sin ejemplo en nuestros fastos parla- mentarios; si va uno solo, los demás pro- testarán, y ra irrilaeien 8»d«l«odírápár«l pais; y para colmo de desorden, el único partido dominante se dividirá en tantas frac- ciones, cuantos sean los grupos de seis hombres qae se orean capaeea éé Umm un ministerio. Si se soliierna mal, se cla- mará contra el gobierno; si se gobierna bien, se clamará contra el gobierno; si hay inaesisiise le acusará de^ereaoso; ai enní^ da. de \ ioIento. Las aiíibieiones no se con- tentaran sino con mandar, y eu el mando no cabtin todos; que aun cuando capienni ito stuipnan nuevas divisiones de Dlgitized by Google >, ftn dwínar wm 4 mmm ti rimicDto político, ó para satisfacer ¡o- piediltM^ios. Ésto no son vanas con- ; •oMikiMi'que pronóstiflM, Mi rc- UHóricii: » «stimos presenciando hnce lardos afVos; y cada dia que pasa, en vez üe remediar estos inales, ios agrava ñas 7 mas. Así se ^«sMrodiun todas las opiniones. pierden su valor las ¡deas; las convicciones se enfla(|uoc»«n o nmercn; el mezquino egoísmo cantpea sin rivales, y el pais se va desmoralizando, haei^ndMa da cada (lia tníisditicil el establecer ungobieno.

Pero ¿se del)erá desesperar de la suerte de £s|>aiia? ¿Se deberá ^oiter sea imposible llef^apáim óMeil de cosan estable y regular? Opinamos que no: antes pnr el contrario, abrigamos una profunda convicción de que ammtímáo laemfpeBa eoi'Seraiivtad'tCOB vuTor y sobretodo con bueoáli *, se podríai feseiver ventajosamente los íirandcs prolde- ■98 que pesan sobre la uucioa. y puuerlu <li4at<iiBÍe gae se fuenua^eücatrizando sus llagas. Han desaparecido muchos obstáculos: los ministerios que hemos tenido desde la caida de Espartero á medida que han tenido que acudir ásB propia defensa, has ida aba- tiendo las fuerzas revolucionarias, y acumu- laiMlo alrededor del trono elementos que podrán ser muy útiles. No se necesitan aao- MMgilpes f iolentoB; basta qm poiftica firme que marche á su objeto con ojo previsor sin detenerse por la gritería de los que están iatevesadesenfuela discenliaseetenHeew España. Fortalecer el trono con una i)o!itirii conciliadora; reunir en torno de la monar- quía todos los elementos buenos de todos los partidos; buscar conductos |)or donde se en- camine, dirigiéndose á objetos útiles la ac- tividad intelectual y material que se ha des- plegado en el pais; resolver por kw medios jfuim y prudentes las cnestioiies <{iiB tienen en agitación los intereses; seguir con las opiniones políticas una conducta imparcial de-mtMrfrque ningún hombre de caiÑicidad y^poobidad pueda creerse escluido para siem- pre de la posición á que pueda pretender por sus calidades; ser justo con lodos los Mrtidos, Meirviémlolos, sím domiaindo- los: esto es lo único que nos puede salvar. ¿Se dará oido á los acentos ue la verdad? Dilicil ee ereerlo, consoletuooos con espe- Antes de emitir nuestra opinión' sobre el nuevo mimslcrio, digamos algo con reqiee** to á k sitaMioB en t|tte h* «olectdo á li prensa el decreto de \H de marzo. No cabe duda (pie la prensa esta a discreción del go- bierno: y en verdad que eSte ni aun ba cnín dado de encubrir con' MI Hiele dieeveeiea nal de sus fiu iiltades; mas nosotros creemos que todavía se puede escribir. El gobierno ha proclamado la nceesidirf de dejar á m lado las prescripciones legales; pero do puei^ de prescindir de los límites morales: á nos- otros nos bastan estos últimos, porque pro- poBitadonoe esoribir aa adalMie eos iaa ■riemas doctrinas y en el estilo y tono qne hasta ahora, no podrá el gobierno aplicar- nos las disposiciones del decreto de 1 8 de mino, si no quiere desacrediCarBe ma wm"^ didas violentas y despóticas. Y menester es conlesar, por mas que se declame en con- trarío, que cuando el escritor se mantieat aa eieiiee NmiteB, se haea iDfilMraMa; at la ra/on, en la templanza, en el respeto i las personas, hay una> fuerza tan graodt qaa 90 sobrepone é toáM los errebatoi é$ uaa edkn momentánea: adenai« al Pamaf* MIENTO i»E v.\ ¡Vach» tiene una ventaja, y es el-habcr ya manifestado su opinión so- bre todas las cuestiones peadiantoa, íacN* sas las mas espinosas: la animosidad, si Ishubo, debe de estar enfriada; el famoso ataque del Índice decidió la victoria en nuestro'ftíTor; to rkMealo no se repite. Rr> cribircnios, pues, lo mismo (pie antes, sin torcernos á derecha ni izquierda, por con- sideraciones de ninguna clase. Sin duda que en ei minieierío actml hay personas (|ue tnerecen nuestra confianza; pero desde <]ue están en el poder, no vemos á los hom- bres, (ROO é kM BÉiisinM; la oposición i estas persoDM seria an deber sensible, pera si fuese un deber, lo cumpliriamos. Kl de- creto prohibe inculpar tas lutenciooes: esto nos es nidífBPeiite: jamás ealrtmios OH elfes: bástanos consignar los hechos; porque hace tiempo que estamos convencidos de que cuando un gobierno es malo, la mejor opo- sieton osuna fiel eriiniea de sus actos, coa lino qne otro comentario, siquiera haya da ponerse á manera de glosa interlinear/ ^ Dlgltized by Google iQúé •i^iAca, mifcit|wwa«l»^ qip^ es el a^aal mÍBisleno? Para n'^olver con acierto «•tas cuestiones eiMUMilteuiu^ la crónict de ImúMñms4mb. . Bi pnrlvfe fNfiamenUirio lenía declarada b??uerm al geoeral >íarv!i(»7, y fonliiiuüha sttft boslUid»deü. auu ücs^mc:) de ia ruliruda M lOd& febren», á eaui», sei^yn áeoío, de el presídenlu dimisionario uo ce^^aha de ejerrfT innuencin en altas rcp:ioncs, y se prc^nilMt a culoc^tr»tí ai (reulu de un nuevo •I efecto la étumm adMoo-dtlet honradotJ de todos los partidos?

IVro volvamos a la eneslioM ¿Que síííiu- 8C ofreciese. I.os jiarlanientarios cometienm el error de Ih'var las hohliiidades a un ter- rona donde poJiaa sufrir algún «[uebraiilo )m ffüogativas de la curuna: 4««do aquel momento si el jíenera! Narvaez trnin previ- sión, debía llenara de cünteoU) ^ es|)eran- aa: na aaeoM^o 4e «lyo laa débil ▼ qm (al iaydeacia OOMlía, debiera ser (lerroladu #B brere. Asi fue en efecto; I u i ¡leraí Nar- vaez desembarazado ya del cuuvoy parla- ■aiÉarie qve neaea añiea le agobíalM, car- g6 sobre sus adversarios con Ímpetu y á la liííera: el resnUado no podía ser dudoso: y ved abi eu (louais iloru^ dcs^baraladas las ía-> pariemenlarii^, y todas piiaíoiien» á diserec! m 11 vt-ncedor.

Kii la lialalla de ütó/aga quedó prisione- ro el partido progresista; y el general.\ ar- pies entregó el bolio á lea parlaiucnlarios, reservan tio^e para si la rwjor tienda de canwaüa; lus parlaiueiiLartos se ban olvida- áe del erigee de aii eaeenbfUBieoto y han Uevado su osadía hasta rebelarse contra su protector: en justo eastií^o se hallan abora revueltos cuu Ioh progresistas y prisioneros eaanelloe. ¿Qué atráel genéirai Narvaea con tanto pri^!ünero? Después de la victoria los prisioneros son cosa que einbara/a. Para ifuica medite, eslo encierra iecciotica el actual niinisteno? En su otgantzaeMHs síf^nifícó la derrota de loa pertoiaemariaa y el triunfo del íreneral Narvaez: en la espre- sion de su pcosamtento poliiicu representó un designio salvador de la monarquía oe»^ Ira los ataques de la rerolucMMi ea la iriha*f na y dn la pfeasa. El peli^ del trono ¿era grave,.era taílerio. tan proalo eeoio la oportanidad f nioeate? ¿nos baHabaaios en vfeipera» és esoents eemo la del friaquetc? iteremos juá-> tos; nos parece que no. í.ns tendcnriri'í on- tnnabiin aL'o de revolucionario; pero no ta^lo que pudiese alarmar vivameoie al ftf* neral Norvae/, ruyns s entimientos aunque sean monárquicos, tanipueo deben ser tau susceptibles como los de un militar de los tiempos de Carlos Ul. BI nunbiterio Mírala* res, no obstante su posición incierta y víiei- lante, y eso por causas bien conocidas, no se hubiera hecho cómplice de un desacato ¿ la ooroaa; y cneaaato al Coagresn, hay oto s»ís antecedentes no poca< irnrmlias deque en sus modestos arrebatos no llegaría uicoii oMicl» á la allHfa de la asamblea eoiMita> yente. Lo que ha^ tm que la situación era complicada, que los parlamentarios come- tieron una falta, y que el general Narvaez aprovechóla opofcanidad para eolecarse da nuevo al frente del íiohierno. En erianto á la caída del ministerio Mirallores, nada te- nemos que añadir: se la prouosticamos des- de que subió; pronóstico por eierto ao anif • dilicü; y hablando inííénuamcnte diremos que todavía no hemm podido.comfMrender oómo hombres eeperírnaalados, caal debea serlo Miraflores, laturit y Anasela. se rc^ solvieron á formar parle de un ministerio que bajo tales auspicios se inauguraba* B8B profundas sob» la flaqueza de eiertas ] ¿Creyeroa de btieea fe que ta aíaisterio OKas de España: ¿qué revolución es esta |)udiesc durar? y si no lo creyeron.; por que sucumbe con tanta facilidad? Se dice | qn*^ sufrir un mes de disírustos, para tener á la milicia: rinde las armas, y las rinde; se ' un Itu que ucbi^ ser previsto? i'aré4;4Mitís diee al partido progieaista: retírate de la || que lo mas predeate bebiera sido dejarle al eeoena, y se retira; se dice á la imprenta: I general Narvaez que resolviese la ( rivis, ya síleocio, y calla; se dice al partido parla- i que él la bahía provocado. No saltemos si el BMBlarío en lá plenitud de su poder: para ' seitor marqués de Miraflores se |)feslaria nada te necesito, no contaré eonliga para -..■ „ ^. -:.t. nada, y se resigna: ¿qué revolución es esa? ¿qué fuerza oo tiene el trono cuando su so- MMabre basta para hBoer tantas eosss?

¿qué no haria esc trono el día en que se Goavenciose de lo qae puede, esnfüiéiidsie con facilidad á otra combinación ministerial: en cuanto á los Sres Istnriz y Arrazolá creemos qne lo mirarán con mas deteni- miento «i sobreviene otra noche da erisis y de premura. Pot Io^úis, y yaque la opor- Umidad se ofreoe, díranes M honor d* I^m Dlgltized by Google ministros caídos, que si lIMMftd que se propusieron obrar con cspiritu de indepen- dencia, hicieron muy bien: aplaudimos su conducta: un ministro es un secretario del monarca, y solo del monarca debe recibir las órdenes.

El triunfo del freneral Narvaez ¿es un bien ó un mal? Diremos francamente nues- tra opinión. Si el general Narvaez se ha convencido de que su conducta en los dos años anteriores ha sido desacertada, su reinstalación en el mando podría producir algunos bienes; pero si conserva las ilusio- nes que hasta ahora le han perdido, su nue- va elevación es una calamidad. No aventu- ramos esta esprcsion: la empleamos con pie- ' no conocimiento.

' no conocimiento.

El prímcr paso del ministerio Narvaez ha i sido arrogarse facultades amplias, con la única salvedad de someter á las Cortes las medidas ya ejeculadas. Esto ¿es un acto aislado, ó la inauguración de un siste- ma de gobierno? Si es un acto aislado, desde luego se puede pronosticar que su único efecto será exasperar á los partidos y provocar reacciones que podrían ser san- grientas; si es la inauguración de un siste- i ma de gobierno, es preciso aguardar á ouc concluya su obra, para emitir un juicio de- íinilivo. Por ahora, será preciso limitarse á ' conjeturas sobre lo futuro, y á indicaciones sobre lo presente, en cuanto sea permitido ó i tolerado.

Las continuas protestas en favor del sis- tema representativo hacen creer que el go- bierno no intenta abolirle; pero el modo con que ha inaugurado su carrera deja sos- pechar que las interpretaciones serán en sentido restríctivo. Sobre este particular son conocidas nuestras opiniones, no solo en la región de los principios, sino también en el terreno de las apli( aciones: al tratarse de la reforma constitucional, y aun mucho tiem- po antes, manifestamos nuestro modo de pensar sobre tx)do lo relativo á la organiza- cior. política que consideramos mas conve- iMcnte para la España. Si el gobierno se acercase á nuestra opinión, no podríamos ' atacarle por este lado, sin caer en la incon- i secuencia.

Observaremos con respecto al sistema I político, ((ue lo ipie se llama formas ¡mlíti- cas, aunque de alta importancia bajo muchos aspectos, no lo son tanto como consideran algunos que al parecer no ven garantías de órdcn ó de lilwrtad, sino en la forma (pie les ha merecido la preferencia; nos- otros creemos que cuando esas formas, absolutas ó representativas, monárquicas ó democráticas, no están combinadas de la manera debida con las ideas, costumbres é intereses del pais donde rigen, no prodo- ren á los pueblos los benelicios que de cllas^ se les prometen. Esto es precisamen- te lo que ha sucedido en España: las ins- tituciones populares no han dado ningún fruto porrjue se las ha empleado en com- batir las ideas, costumbres é int» If^l pueblo; siendo notable que á pinj^uiunn de lo exagerado de las doctrinas y de las formas democráticas, ha sido la ■ oposición á todo lo popular, resultando de ahí que la mayor antipatía de los pueblos se dinge contra los que mas les han halagado con vanas palabras. Esto es verdad con respec- to á los sistemas latos; mas con el tiempo pudiera acontecer lo propio á los sistemas restríctivos: á los pueblos ya no se los enga- ña con alardes de libertad, pero tam|>oco se les alucina con alardes de monarquía: quieren hechos, y hacen bien: esperiencia tan repetida y tari amarga no debe ser des- atendida.

Si por monarquía se entendiese el poder discrecional de unos pocos hombres, rodea- dos de alguna insignificante pandiUa* y empleando como único medio de gobierno el terror para con todos los partidos: si se entendiese |)or monarquía la resolución de las grandes cuestiones pendientes sobre el pais, en el único sentido que agradar pueda á determinadas personas; si se en- tendiese por monarquía el desoír la opi- nión nacional, ahogando la razón con la fuerza; si esto se entendiese \Htr monarquía, el sistema monárquico seria altamente im- popular; y muy mal comprenderían los in- tereses del trono los <jue de esla manera se propusieran consolidarle; muy errada- mente aconsejarían a la corona, los que por tal camino se propusieran conducirla. No es de creer (jue así entiendan su sistema los hombres que se hallan al frente del go- bierno.

El ministerío actual debe guardarse de la ilusión que causarle pudiera el feliz éxito de sus primeras medidas. Los que deseaban una revolución no han conseguido turbar la tranquilidad pública, es verdad, y basta puede añadirse que no es probable lo conágM pcNT «Imn. Qtim emmn aedimmentc el estado de la opinión no puede es- perar otra C(K»a: la revolucioa se lialla tan ieMcreditada, que no le es dable encoDtrar simpatías: si en algiin punto alcanzase á lo a descuido y flojedad de las autoridades; flojedad y descuido que no habrá coando las prescripciones del gobierno superior son tan termíoantes y severas. El gobierno no ha encontrado resistencia en ninguna parte, wi h eMontnrá; porque los pueblos est^m en espectativa: y aunque muy tocados de indiferencia, siemore se inclinan con pre« fiBBÍM-Ív»entUrMcia quien les hable de ■OMiqaia V de reparación. Pero lo repe- timos: el pobierno no debe hacerse ilnsio- nes; porque el dia que los hombres sin* eerasMUle iMNiérqirices y amigos del óiden se declaren en ri Mitra de* su política, aquel dia comenzara la inquietud, aquel dia co- brará brios la revolución, aquel dia correrá ■«evos peligras la tranauilioad pública. La policía y el ejército no bastan para conser- var el orden; á mas de la vigilancia y de la fuerza material, se necesita ía Tuerza moral, ^ue nace de la satisraccion de las opiniones raronables y de los intrn";es l<»fzitinios. de la sincera adhesión de lodos los hombres iKNiradoe, de la cafana de los espíritus ))ro- éucida por la des8|»oridon de los notiros ir- ritantes.

En la elevación á que ha llegado el gene- ral Narvaes, se le ofrece resolver on difícil problema, y es el siguieute: encontrar los medios á propósito para evitar un (in seme- jante^al de Espartero. ¿Lo resolverá con fecpaalatt oaroa 4 la nadaR y al UMo. Rece* lamos que Narvaez no crea que para gober- nar baste el plantarse en medio de la calle y deeir á guisa de boea andaluz: por aquí DO pasa nadie; pero;ab! que la ciudad tie- Icvantar la cabeza, seria menester atribuir- | ne muchas calles, y si no so pasa por la. una su pasa por la otra; y uu gubicruo uu puede estar como un centinela, y un hombre, sea quien fuere, es poca cosa coando lodos se reúnen coutra él: si la energía hast-ist; para consolidar un gobierno, se habrían consoli- dado muchos gobiernos cuyo triste ün nos atestiguan la historia y la esperieacia: el secreto para conservar alta posición social, no es ser escluslyo; el deseo de haceirse necesario, es un éamiao seguro para hacer- se imposible.