Abara bien, ¿cuál ba sido la politiea del ministerio que ha regido los destinos de la nación durante veinte mese«?.B080tras creebiemo é encerrarse dealtode lóe HtiUim ár la leijisim ion común y de las condiciones nalurtiU-s fiel ré(¡imen consliluciofíal, así ({ue la trauquilidud y ei orden publico se bailen restablecidos, taa decidida se ea4 cucntra, mientras arda la reln-Iion, á va- lerse (le toda la nnífililud de las leyes e>;- cepcionaies para soíocaf la, y a posponer á la- consecuden 4e taa privilagiaÉiriibiHa, consideraciones que, ima vez levantada la bandera de la insurrección, deben ser siemprt Ifnidasy rcpuladat eom Méttltermas y cunilarias,» i ' > •.1 El lenguaje no |)uedc ser mas esplicito: se. prevé el caso de que uo basten las leyes cóaraaes.yesto na sato lnrtáaiea%^fp>* primir sino' también de prevenir; eil|ólBar' no autoriza á sus subordinados á considerar conu) subalternas y secundarias las condi- cioaaa naturales del fégiBien*eaaBlilMM|j|' ¿y para qué? Para conseguir lo que desean los pueblos de tener imtHucionss lilfres anáhyds á las de otras naciones cutías é$ Europa, y sofocar «las rebeiiaaai que las imposibilitan y los trastornos y revueltas que ban traído a la nación ios males que to- davia deploraBMM.» ¿Bula cuando se bafaNi- de emplear ente lenguaje? Ese todavía, ¿habrá de ser la fórmula espresiva de una inquietud que se prolongará índetintda- Este sistema de infringir la Constituelea pan.salvarla, ^ aaa es|»ecie de espada de Dlgitlzed by Google dot^Uot^ine sirve adinírableniente on ma- nos «Je ((Ilion sabe blandiría. ¿Se ti ila de atacar alu^j abüolulistas? Se iesopoac la la- leneioa del ministerio, que no es otra que salvar la libertad. ¿Se quiere combatir á los progresistas? Se emplea la iufraccioa y el abaodoQo du las condicioue^» naturales del Tégimen coi^lilucioaaí. A las mte&éiones se opoaea intenciones, á los actos, actos. Co- mo loíí absolutistas esta» en inacción, y solo dejau traslucir su intención daMua de aca- bar con la libertad, se les opone la buena intención del ministerio de consf*rvnrIa y ddeaderla á todo trance; y como los progre- MlMaaee liButaná jnteqdonos y se arro- C' n á la calle alzaado la bandera que bien s parece, se Ies sale al encuentro po>:po~ Mkttdo al objeto privilegiado de la cuuser- ,faMeii»idel órden público y del régitiun eousltluciímaly consideraciones que deben ser Unula^ y retadas como siMUruas y iecuiidanus.
C )B%n que nada falle en prueba de que se a comunicado al nuevo ministerio el espí- ritu del antiguo, tan conocido or su vio- Jenda ^lesmedidii, no usa el gobtemo de las espnisíofles que á tal caso corresponden, co- | nu> la acción de leyes aplicadas por los tri- bunales y otras semejantes; trata de aaho- §at la rebelifm tulre }«u ruina* de sus «dmtan mny kjes de ooBstituir un programa dt gobierno, ni aun de ofrecer clave sníieienta para descifrar el enigma. Al propio tiempo que ha sido mirado el Sr. Istnría coma miendtro de la oposición conservadora, no falla (|uien le haya atribuido tendpni-iix en sentido nniy diverso: siendo de notar que hasta ahora, y en la variedad de opinnnes sobre sus ¡trini'ipins, nadie le situaba en el terreno donde al parecer se halla colocado; todos le ponían ó mas acá ó mas allá. Pronto hemos de.ver si se engaflaba la opinión p4ÍH blira.
A pro^sito del Sr. Islunz y ai oir que se disculia sobre sasopomones* mas de WMr vez hemos preguntado si era cierto que lai tiivi'>>;p fiirn tijas, porque mal se puede exa- miuar lo que es una cosa si no se conoce de positivo sa existencia. ¥ tengase entendido íjtic esta dn ln í hrc la íijeza de opiniones del Sr. Isturiz, no la consideramos ofensiva á S. E. Situaciones hay tan complicadas en que la incertidumbre de un homore puede ser indicio de un buen criterio y lealtad de intención. Pero séanos licito añadir que lo que puede sér muy honroso para et bomlire privado, puede ser muy daOoso á un presi- dente del consejo. Un simple particular es libre de permanecer lluctuante entfe opinio* nes eneoitradas; i^ro el gefe de un gobier- no debe saber lo que piensa, lo que qu¡ere,f adonde vá y por fjné camino. De la incerti- dumbre nace la inacción, y esta por si sola conduce á la muerte. JDe la iucertidurobra Ílices y fautores.^) ¡Qué lenguaje en quien abla de orden de S. M. f¡ de ainerilo cotí el eotiaejo de mmi^lrusl íQué icií¡.íuaic para salir de la altura del gobierno, donde la fír- meza, la severidad, la eneriiia no deben se-; puede nacer taniliien una acción multiforme, .pararse jamás de la dignidad, de la calma, '| inconstante, que ahora se dirija á un objeto >4e la serenidad imperturtiable que tan bien- > y después á otro muy diferente: y esto en-^ iieataáeo quienes rigen los destinos de un | gendra la anarquía gubernativá, que tanv- gran pueblo, en nombre de im monarca cu- bien conduce á la muerte irremisiblemente: J06 ati'ibut<^ deben ser la justicia, la s^bi- | tanto en la inacción como en la anyjrquia OsHa, la bondad, la magcstad; Kste es el { naufraga la reputaeion de un homhfepwu^; lenguaje de la pasión, no de la razón: nada cslrafio fuera que lo emplease el presidente de una juaiu, pero jumas deben emplearle Jos ministros de la Reina.
Con los restos del ministerio \srvae7, se combina et Sr. Isturiz, cuya política no han .Piát^o conocer aun los hombres mas pene- liantes: tanto es el misterio con que la en- vuelve el personaje que la profesa. En ge- neral, la prensa ha considerado al Sr. Isturit eomo individuo de la opdsicion conservado- ra; y asi lo dejan entender algunas de sus pilibrns como diputado, como senador v coura iiunistro; á bien que todas juntas es- ^ ría posible que estos cuatro co. No lo pierda de vista el Sr. Isturiz.
Se ha dicho que el gobierno, deseoso de. adquirir la fuer/.u que neceisila, hahia re-i suelto llamar al general Narvaez: esto noSi parece increii)!»'. Precisamente, el minislo-i rio actual, en su mayoría y co su parte sig- nificativa se compone de victimas políticas del general caído. Los Sres. Mon, Pidal y Armero, sufrieron el bloqueo de que tanto se habló en aauellos días; y ^1 Sr. isturiXí era individoo del gabinete Miraflores, cuan- do el general \arvaez reconquisto el poder- de la manera (|iie lodos sabemos. ¿Como se- so hombres 92 Digitized by;Google t olvidasen hasta tal punto de lo que deben á su propio decoro? ¿Cómo es posible que los uaos se asociasen de nuevo con quien los ahaodonó de una maiera ttn brusca, y que cl otro consintiese en ser ministro con quien le derribó con tanto estrépito? £a tal caso, ¿qué dirían, ó al meaos (|ue pensarían del Sr. Isturíz sus aiHigaos coinoaneros de ga- bineteRepelimos qnc el hecho es increíble; y DO podemos concebir que llegue á reali- nrae, sin que salgan del ministerio cuatro ÍDdividuos. No está en la enerpín del gene- ral Narvaez la única fuerza que puede sal- var el trono: quien lega á sus sucesores «na situación tan deplorable como la actual, no es el hombre á propósito para «oosoUdar ' la monarquía.
servado el gobierno, este medio en que to confiaba, se vuelve contra él y se esfuer- za por arrastrar a los pueblos. ¿Que puede esperarse en un pais donde la anarquía «MA en el centro del poder, y los instrumentos de orden son los vehículos de la revolución? Mucho j>nede esperarse; porque afortunada- mente junto con ese espectáculo descenso- lador, vemos que la razón, el buen juicio, la calma, se hallan donde era de temer aue encontrásemos estravio de ideas, enltaeioa de p.isioncs. Lo hemos dicho mU veces, y lo repetiremos aqui, puesto que la esperien- cia de todos los días esta aiirmando nuestra convicción.: en BspaiUi hemos tenido #Dbéeib nos empeñados en subvertir la sociedad, ora con sus hechos, ora con sus escándalos; y hemos tenido una sociedad constan le mente empeñada en endereiar á etOB gobiennnj' aparlaiulold^ de sus errados caminos. Las revoluciones, ios desastres de todas clases, nos han Tenido de arriba abajo; üom» mt natural, la nación l>a sido la victima, por- I que el fíobierno que aquí era poderoso paifk lodo, lo ha sido para el mal ^ como bubiesti pedido serlo para el iNon. Sié^émbargo, y-ü li» D.»„av.»/u »..x.,^...,. V.., pesar de tamaños desconciertos y de tan di- ' " ' ¡atado desorden, no se ha podido inocular á la sociedad ese virus que trabaja y disuelve la esfera del gobierno. Desde arriba ae Jas dice á los pueblos: Io(ia\ ia mas ódios, todapues de tres años en que se nos habla sin cesar de orden y reorganización, es tan de- plorable, que díocilmente selahavisto igual en ninguna de las épocas anteriores. Kn al- gunas de estas habia por cierto mayor desvia mas rencores, todavía mas división f orden material; pero en ninguna reooidamoa I subdivisión de los partidos, todavin haber visto mas iastabUidÍMl gubernativa mavor división de los partidos, mayor incer- tidiimbre sobre los acontecimientos que se preparan en un porvenir no muy lejano.
üaa «surrección militar, anarquía en el centro del pddcr, tranquilidad de los pue- blos, hé aqui lo que se presenta de biijto al eiiirnnrojeda sobre la Es{)aña. Lo natural obstáculos ¿ la reGonciliacion.de los les, todavía nuevas denotninaciones que ca- ractericen y eternicen las banderías; y de aba- jo arriba se les dice á los gobiemoe: basta de odios. basta de rencores, basta de pasio- nes políticas, basta d»> trastornos, ansiamos el orden, deseamos la |)az; siquiera haya- mos de conservar tan preciosos objeloirÉ sería que hubiese agitación en los pueblos, costa de sacrilicios insoportables, dándoos que el gobierno procurase calmarla con bue- nos ejemplo.«;, con la prudencia de su con- dnete, y sobre todo con la unidad da acción reprimiéndola en casos estremos por medio de la fuerza armada; pero en este desgra- dado pais las cosas sucede» al revés: las lecciones de moderación. de sensatez, de previsión, suben de abajo arríba; los pue- dIos las dan á los gobiernos; y de arriba séajo descienden continuos ejemplos de ren- cores, de discordia, de imiirevision. de mi- serías de todas clases; y para completar la obra, cJ medio de ia acción que se habia reel (ruto de nuestros sudores y el pan dn nuestioshijos. itMÍ Las círcnnstancias en que ba estallado lé insurrección militar son dignas de atención, porque conlieneu saludables lecciones. Tres meses habían transenrrído, daimlaJosem- Ies era la crisis el estado habitual del go- bierno. En este tiem|M) los ])equeños bandc« que se disputaijan el poder habían ofrecido un espectáculo deplorable, de que no hay' eieitiplu en la ln>loria de nuestras miseriaSi Una exaltación de pasiones políticas total»< meute facticia, y al través de la cual st dMCvbriaD la ambici€É y el intefés de a1~ .§■■08 iodividuos; las acusaciorv's rccipro- eM, las invectivas.mas escaadalosas, las alnrieiiea bmi enieles, las personalidades roas rep<ignaiile8,.diin¡sioDes de mioistros, deslituciones, escenas estrepitosas en el parlamento, lucha eDcarnizada entre los ■HiDos (|ue mas íitefemdos estaban en la «liOB, tentativa de agresión parinmotitaria, golpes de estado por parte del {-M)bierno, crisis perpélua, hé aqui lo que hctnus prc- moiwe dotante tres meses. ¿Y se tendrá por estraño f|iii' In- « ncmifros del orden ha- yan trabajado por subvertirle, y lo havan CifMegiitdo en alguno que otro punto? No: má 68 estraño: lo es, sí, mucho, es mas qne estraño, es adinirahle, cómo nnn na- láon á quien se uireceu tamaños escándalos, i^qtieft<e^1gobienio provoca al desórdencon el espectáculo de la mas profunda anar- quía, haya podido resistir á causas tan ac- tivas y ilisolvcules, y permanecer trau- ^nütr, aprendiendo severamente á los go- bernantes con su actitud sosegada y digna, con su silencio elocuente. Esto es ío admi- nble, este es un ejemplo de aquellos que flolo ae Tea en Kspnfin, esta es una prueba á que no < I < •.! mi en ninguna nación de Europa. Sin gobierno, sin ideas lijas en ¡«falle i sin aoloridad el pariaoMuto, sob* dividido en mil fraecioaes el partido domi- nante, con tantas opiniones comoindividuos, con tendencias tan diversas como varios los iatewaea, eon inmensos problemas sociales Í políticos de resolución inminente, con iscordia en la real familia, con el destierro de un principe, con la caida y destierro del hombre necesario, se levanta' la bandera de la insurrección niiiilnr. se irrita abajo la ca- mariUa, ubajv el sistema lrtbutario\ y los pmlMoa que ealan contemplando miserias deplorablea, que en efecto están agobiados por exacciones que no pueden sorportar, se mantienen sordos ai grito de rebelión, y líe- las á sa deber desoyen las sugestiones de .H[|||pinza que naturalmente habían de abri- gar después de tanto sufrimiento; prefieren al desorden el continuar padeciendo, porque quieren la pac é toda eosta, y porque eii su buen sentido y en su espenenria conocen qoe no es la eci^nomla, no es el bienestar, lo ü|Mi 'va á resollar de estas insurrecciones militares; anies veo onas ambiciones en pos de otras ambiciones, unos intereses después de otros intereses, unas miserias en pos de otras de otros sufrimientos.
La insurrección ha nacido deliil, y con los dias que lleva de vida no ha podido ro^ buslecersc, de biéndose esta mas bien á la energía gubernativa, al buen espíritu de los pueblos. Si acontecimientos impre- vistos DO vienen i im|ralsarla, no es dittoil prever el resultado.*Como quiera, y para te- ner en cuenta todas las eventualidades. i;on- sidcremos sus desenlaces posibles. £slos son tres: 1 la revolucioB eompletaoienls vencedora: 2." el gobierno completamcnle vencedor: 3." una transacción. Conjeture- mos las consecuencias en estas tres supoair clones. • - im/fí»ffy ¿Qué signdica la revolución completa- mente vencedora? la proscripción del parti- do moderado en masa; la anolacioode todas las reformas políticas y administrativas he- chas desde ISI'J en sentido conservador; variación casi total en el personal del ejer- cito, y modificaciones muy Irascendentolos en su actual organización; restablecimiento de la milicia nacional sobre la base mas an- churosa posible; pronta salida de España de la Reina Madre. Estos son los resoltados inmediatos, ciertos, indudables, que consi- go traerla la victoria de la revolución. Pero adviértase, loen qoe estos resoltados soo coosidenáBsen 80 espresion mas peqoefia, mas suave, mas benigna; esto es el míni- mum ^ lo absolutamente inevitable. ¿Cuál seria el ouMnfMMi? ¿GuMes el resuhado posible y muy probable? No queremos de- cirlo, porque nuestra pluma se resiste a describir escenas terribles, mucho mascuan^ do estan de por asedio inslitiieisnts y per- sonas augustas.
Después del resultado inmediato icuál^ serían las Mtimas conseciWBcias? Bneil es sefialarlas; pero desde luego se puede pro- nosticar con toda seguridad, que los vence-» dores no alcanzarían á consolidar un gobiec- no. So Irioofo serla una tempestad: las tom- peslades purifican tal ve/, la atmósfera, asue- lan el pais, pero nada producen, nada organizan...n -io- Sobre las diiicultades inherentes á la fto** sicion de los vencedores, habría su división profunda, su guerra intestina, (|ue con nin- gún esfoerzo podrían evitar. ¿Une puede nacerse eon elementos tempestuosos, y que para mayor infortunio están condenados á luchar entre si? Todo peosaaueutA) de reor-' Digitfzed by Google ganizacioD, de gobierno, que surgir imdie- 1 lilucion de 4837, de la reoreanlni ra en medio de tamaña bomnea, toiobraría la milicia nacinal, y de la ra^on con «I infaliblcincntc. Añadid á estas causas la ac- partido prosrosisla. nos rnnvpncemos de la ac- tividad del parUdo moderado, consliluido otra vez eo oposicioQ encarnizada, y en cons- piracíoo permanente; añadid lu aversión de la inmensa mayoría nacionnl a las ideas re- volucionarias; y veréis uuu seriu una espe- Tania lemeiarii la de fundar an gobierno fegolar y-duiidero. Dinciimcuie creeríamos que se bas:an ilusiones sobre csle particular los hombres pensadores del partido progre- «tsta.
Un desenlace de transacción que hubiera sido imposible hallándose en el poder el general Narvaez, condenado por sus cir- •eunstancias á vencer 6 morir, no lo es del lodo ahora, si bien es menester confesar que todavía es muy diticii. £s indudable qoe una parle de la oposieíon oonserradora ka maníCestado tendencias nada equivocas hacia la unión con el partido projrresisla: en que liav todavia en el mundo un caudal in- agotabfe de candidez, que por cierto creímos se había consumido dd todo ron el chasco fjiic sufrieron el entusiasmo del señor Lopet, lu pro\erbial habilidad del señor Corli^ na, y la ponderada sajtacidad de Olózag«i|* Veamos cuáles serán las consecucoclas de un triunfo completo del gobierno. La primera, y que en nuestro juicio es iropor- lantisima, seré la de inatflisár al general Narvaez, demostrando con un argumento palpable que no es el hombre necesario para la conservación del orden. Entonces S. E. podria continnar sa^ajé'lt Ñápeles ó I'aris; y el drama de su poder qne en ciertas ocasiones ha presentado, no riesgos de tener ño deseiAa<N^ bria terminado suavemente, de^] para siempre, ó á lo menos por larira teiqÉI- la actualidad se oponen á ia unión obslacu- i rada, un obstáculo que impediría la con^^ ios infloperables; pero estos se habrían alla< I dación ^e todo gobierno. * nado en gran parte si la insurrección en l I,a otra fonscciienria de la victoria del vez de limitarse a algunos puntos de Gali- ^ gobierno es la rápida disolución del partido cía, hubiese podido eslcuder su dominio flobre poblaciones importantes de otras pro- vincias. Kii tal caso no ern iinfxtsible que desenvolviéndose con mas fuerza las ideas .y h» instintos de la oposición conservadora, .oyéramos pro|)ünereomo un medio de ter- minar la discordia civil. un abrazo entre las fracciones que se debían fundir. Repe- timos que estoes difieil, pero no imposioie; y probalileniente es.este un pcnsamienU) que habrá bullido en no ¡¡ocas cabezas.
¿Cual seria el resultado de semejante transacción? Para nosotros no tiene duda que le sucedería al jüu lido moderado lo mis- mo, misniisíroo. que le sucedió al progresista 4ñ 4843; y que en la raina general quedaría enTvelta taubieii la o|)osicion conservadora; cabiendo á sus pro-hombres idéntica suerte que á López, Olózaga y Corliua, en el rom- pimiento de la famosa coalición.
Desde el momento en que se diese el abrazo á los progresistas, estos quedarían dueños del mando: sí algún obstáculo se iopnsiera á qoe su dominación omnímoda fuese solemnemente reconocida, bien pron- to lo haría desaparecer la írresíslibíe fuerza 4e los acontecimientos. Cuando oímos que s del partido conservador hablan dominante, si es que en él ha quedado algo por disolver. En un momenio <fe peligro los piiitlilds amenazados de una caida violenta y desastrosa, esperímeutan una compresión que no permite el desarroKe^llé^wHIlil^ los disolventes que entrañan en so scnb: esto le sucede en la actualidad al partido moderado; bien que dichos elementos son tan poderosos, tan enérgicnsí^qÜli^nMM'M tan críticas circunstancias se puede evitar (juc ejerzan su acción Icrríblemenle des- tructora. Como quiera se ha podido conse- guir que la crísis ministerial se apln08( pe- ro tan dilicil di-hio ser!n avenencia, qne no se la ha podido lograr ni aun por breve tiempo, sino con* la estralli comícíob.de no hacer nada, ni decir nada. Solo el seftor ministro de la Gobernación no ha podido contener su Ímpetu; ha eslendído un ins- tante la anano amenazando á los enemigos; pero ha cruzado otra vez los jírazos como sus compañeros, sumiéndose de nuevo en el silencio mas profundo. ' -j''^"^ Con la victoria sobre la insorreooM de Galicia dcsnpnrecrra la compresión qoe á duras penas consigue su objeto; ^' entonces la oposición, que ni por ira soto instante hft desistido de su empetto á pesar de lo crfli— 'serinwnle del reatabiecimentode la Coast- • co de lascircoBilancías, deaptegará ua at»* Dlgltized by Google que mns general, mas brioso, mas tenaz, que no podrá contenerse sino cediéndole una parte uel fíobicrno. ¿Y se conleul.iria ron una parte? ¿ V habria quien estuviese dis- |¡ IMieslo a cedérsela? ¿Son por ventura pocos i os que se creen con derecho á presidir un gabinete é imprimir á los negocios públicos la marcha tra/.ada en su pensamiento? En la situación a que ha llegado la divergen- cia de opiniones en punios de la mayor tras- cendencia, la lucha de intereses, la rivali- dad y los Oilios personales, ¿ es posible un acuerdo, una reconciliación, de donde re- sulte una base sutiriente para establecer un gobierno digno de este nombre? Abrigamos infaliblemente el triunfo de los sistas.
Esta idea nos sugiere progrcuna observacNm que nos parece muy lundada; y es que el partido progresista* sin duda por la impa- ciencia que ic es natural, no ha mostrado en su oposición al actual orden de cosas, toda la nabilidad (juc era de esperar de «m dilatada esperiencia; puesto (pie ha esta- do muy lejos de esplotar como hubiera po- dido, ios medios que de valde le ofrccia la o|K)sicion conservadora. Este era el pon- to adonde debia enderezar toda su atención; aqui estaba el asidero para escalar de nuevo I el poder y derribar a sus adversarios. Si dcs- la intima convicción de que esto uo es jw- | de que surgió la oposición consenadora, y sible. di* que c) partido dominante esta | estose vcrilicó muy pronto, se hubiesen los ' ' ' ■ progresistas dedicado asiduamente á impulcondenado a conducir su propia disolución t hasta el ultimo estremo, y (jue no hay tér- roiiM)s babilci^ para reorganizarle.
Esta situación tiene alarmados vivamente á ios hombres pensadores del partido: en medio de esa lucha deplorable en que están agotando sus fuerzas las fracciones que le componen, se levanta á menudo, casi todos los dias, algun i voz que le ad\ierl«! del pe- ligro y le aconseja medios de salvación. ¡Vanos esfuerzos! El mal está en las cosas, y las cosas pueden mas que los hombres.
Precisamente, cuando las circunstancias exigian mayores miramientos, se ha come- tido la indiscreción de llamar al gobierno á hombres que, a mas de representar la po- litica del prmier ministerio Ñarvaez, tienen contra si fuertes antipatías personales en el seno de la oposición conservadora. Tan pronto como el niinisterio, vencedor de la insurrección de Galicia, se vea precisado á manifestar la dirección política que se pro- pone seguir, se veriticara una de dos cosas: ó caerán los señores Mon y Pidal, o la po- lítica de estos dominara y absorberá la del Sr. Isturiz. En el primer supuesto, si son llamados al poder los hombres de la oposi- ción conservadora, estaran condenados á la alternativa siguiente: ó abdicar sus prin- cipios adoptando los de losSres. Mon y l'i- dal, en cuyo caso su inconsecuencia levan- taría contra ellos á todas las fracciones po- Hticas; ó aplicar riiíurosamente los sis- temas que han defendulo en la prensa y en la tribuna. ¿Vauú seria el resultado de este proceder? Lo diremos francamente: si la oposición conservadora se atiene estricta- mente á sus teorías, su mando acarreará sarla y esplolarla, es muy probable que a estas horas habrían puesto á la situación en mayon's conllictos de lo (pje han logrado con tentativas violentas. El partido progre- sista se ha hecho la ilusión de considerarse demasiado fuerte para (|ue necesitase apelar á una conducta mañosa: ha juzgado del es- tado de la nación por lo que observaba en circuios reducidos, y ha creído posible ata- car de frente y á banderas desplegadas lo que debia sucumbir por efecto de \nia estra- tegia hábilmente combinada, y sobremanera paciente: asi ha consumido sus fuerzasen ata- <|ues desastrosos, y débil y exánime está cer- cano caer á los pies de sus enemigos: fortuna para él, que la postración de su vencedor le ofrece todavia algunas eventualidades de triunfo, que de otro modo no pudiera esjw- rar. ¡ Triste espectáculo el que presenta la lucha de dos partidos cúva respectiva fuerza se cifra en la debilidad de su adversario!.
DEt.
PARTIDO MONARQUICO.
Hidrld 11 de mjuie tSM.
Se ha suscitado en la prensa nna intere- sante disensión sobre las opiniones del par- tido monárquico con res¡)e(i(» al sistema reprcscutativo; creyendo ciertos periódicos que en algún órgano de este partido se de- | dajo na choque tan fuerte, tan vito, foe después de cuarenta años esj)er¡nienlamos aun lastiscilaciones que iueroQ su natural resollado. Esta es la^etave para esplkar la hi>tnr¡a de nuestras revoluciones y reaccio- nes; esle es el verdadero punto de vista para abarcar lie uua ojeada el inliiuo enlace de tantos aooBtetíDlíenios, anómalos enapft- rieiu ia, pero que en realidad han aído aany naturales.
La aversión á la libertad poHtica Un» progresos y se arraigó profundamente en los ánimos, á medida que fue nmdtt-üdn h opinión de que libertad era smooimo de im- piedad. En la última guerra dvil se meieló con los demás eleinetitos de discordia. la cuestión dinástica; y combinándose un con- junto de circunslaucius a cual mas funestas, se ahondó mas y mas ia división entre las españoles, luchando con hornh'i j nrnniiyn- miento hermanos con hermanos. lernituadA la gueara civil, mas bien por la astucia que por la fuerza, se balín el partido carlista en- teramente privado ¡üílticncia «I los ne- gocios públicos, sin soldados en el campo.
jan entrever actualmente deseos menos es- dusivos que los mamíestados hasta ahora. No ha dejado' de indicarse también que ja Esperanza cambiaba alíriin tnnlo de rumbo; lo que se ha pretendido inferir de algunos artículos qt\e ha publicado últimamente para protestar contra la acusaciones de que habia sido!tt;iiiro, y dirigir al |)r()|)io tiempo alíiu- nttó consejos, eu su concepto saludables, a Ja reorganización del partiao moderado. Re- cordamos este hecho con la única mira Aft indicare! motivo de circunstancias que nos impele a entrar en díscusioa sobre la mate- ria; pues en cnanto i la Riperansa, tienen sos redactores demasiada ilustración y ía!en- t¶ ({ue en nmgun caso hayan menester de nuestro flaco auxilio.
^empre hemos creido, y k» hemos dicho repelidas veces, que en la profunda (iivision I (]ue ha trabajado y trabaja a ios españoles, J^nn las formas políticas como cuestión secañdaria. Estudiando la historia de los primeros años de la revolución, se echa de ver con harta claridad, que la latitud de las formas políticas no fne mal mirada por lama- y con pocos defensores en la prensa: pero yoria de los españoles, hasta que pudieron conocer que las innovacionos políticas acar- rearían a la religión lamentables quebrantos. Basta leer los documentos de aquella época para convencerse de que ni las clases privi- legiadas, ni aun el clero reírniar, eran de- cididos enemigos de mayor latitud en las formas políticas. El reinado de Carlos \\, la privanza de Godoy, y las miserias de Ha- Í roña, habían dejado én los ánimos una hue- „...la tan dolorosa y profunda, que no es es- | infelices del Maestrazgo, en quienes traho se oyesen con gusto los proyectos en- caminados á evitar para lo sticesivo tamañas demasías. Por desgracia los innovadores políticos mas ardientes, no andaban guiados por el espirito de nuestra anticua Ici^Mslacion, y profesaban odio á nuestras venerandas costumbres: habían bebido en el cenagoso pudo contar desde luego con un poderoso auxiliar: la división rlr «;t!s adversarios.. Vencedor el partido iW>i tai. liesen volviéron- se en su seno las gérmenes de discordia que de muy atrás abrigaba: la lucha entre sus fracciones ha sido sangrienta; y este sello es mas difícil de borrar por hab^f corrido ia sangre, no en el campo de batalla, sino en ios cadalsos. El [>nrtido carlista ha podido asistir tranquilo a esas luchas; apaile los la horrible carnicería ipn» deseamos olvidar; los carlistas han permanecido eslraños a to- do linage de maquinaciones para subvertir el orden público: no se ha visto á un hom- bre inlluyente del partido carlista, no dire- mos ajusticiado, pero ni siquiera encausado por delitos políticos. En esta temporada Ito manantial de la escuela enciclopédica, y en jj pñncipiM monárquicos y reli^^Mosos hangan: sus i>alaliras como en sus obras, se m'ani- " nado terreno en el campo de la discusión.
^«tahajl origen de sus funestas doctrinas, fintonbes INiicedid fo que no podía menos de suceder; una nación profundamente religio- sa y que todavtn conservaba los ideas, las costumbres, las losliluciones del tiempo da Felipe II, se halló de repente encarada con hondíres de la escuela de Voltaire, y de la?í'í'imhlea conslituventc; y esto, veriiicamanifestando asi en la tribuna como en la. prensa, que sus reeursoa no se cifraban úbñ camente en la fuerza material, y (|ue podían sostenerse dignamente con iuÜi^ocias inte^i lectuales y morales...s.
Seis aAos de discusión v de sufrí niieaMl^ modifican profundameníe ía -i!'i;\ci(m de un partido: ha sido necesario delender la relt^t du siu preparación de ninguna especie, pro- ' gion y la monarquía con bis armas de la bertad; y es dificil no cobrar cierto cariño á las armas que se han blandido durante larj$o tiempo. Él partido uionárquico ha sen- tido sus Tuerzas ea ese teneno, BueTo para él; ba tenido tiempo de contarse, y ha di- cho: «coa la tribuna y cou la prensa puedo conquistar uo porvenir que me han negado te: acontecimientos ei|el terreno de fai fuer- za, n Esta conducta no es villana, no es des- leal, uo es como se ba dicho injustamente, el propósito de alcantar por la astocia lo que no.se ha podido lograr con la violencia; por el contrario, es aceptar francamente la naa^jK)sicion creada por lus aconteciniien- to«'4«ili4pelar á medios morales, al aseen- diente de la razón y de la justi'Ma, para levantarse de un abatiniieuto m (|ue le su- iaÍM,.iio la fuerza, sino la astucia. Los que h4l €iil|iado ona conducta tan noble y gene- rosa, han sido nuiy injustos, y han mani- festado poca couiiuuzaeu los medios que ellos mÍBÉea ponderaban. Peroles cosas nan se- guido su cursQ natnral: los hombres mouár- (juicos han conocido de cada dia mas los vurdudcros intereses de los sa¿$rados objetos <|n»ae iproponen salvar, y han visto que la religión puede consirvarse pura, y el trono puede alcanzar de nuevo su pujanza y es- )leodor, haciendo las concesiones exigidas