Los que se 0[)()ncn á los proyee*os de verdadera reconciliación de todos los españo- les, los que toman la palabra órden por si- nónimo de mando propio, y la de reorgani- zación por equivalente á*eselusivi«:mo en provecho de sus opiniones é intereses, cesen do hablar de unión, que todos saben lo qwe significa en su boca: «unios todos, para servirme de pedestal.» Mientras no se aban- donen tan errados caminos, condenados es- tamos á presenciar discordia incesante, (rae se fomentará con las recriminaciones dia- rias, y estallará en insurrecciones ¡)eriódi- cas. La sangre vertida hasta ahora será fu- nesta semilla de la que se ha de verter en adelante: en pos de unos disturbios vendrán otros disturbios, en pos de nnas venganzas vendrán otras venganzas; y la nación de los héroes del dos de Mayo arrastrará una exis- tencia convulsiva, ofreciendo en medio de la Europa el desolante espectáculo de los repúblicas de América.
INCERTIDUMBRES, INCERTIDUMBRES, Le ha sucedido á la España lo que suele acontecer al viandante que abandona el ca- mino trillado y loma veredas desconocidas; después de haber andado mucho. y por terreno escabroso, llega |M)r fin á nn punto donde 'el camino se acaba. Es necesario lo- mar nueva dirección ¿cuál?.No se sabe. ¿f5e volverá al punto de partida? ¿andaremos hacia la derecha ó hacia la izquierda? Todo es imposbic. IS'ecesidad de tomar una di- rección nueva; incerlidumbre Qn la elección; impoftihUidnH por lodos lados: hé aqni la si- tuación de España.
Hace largo tiempo qiie nos hallamos en este caso; (lero en la actualidad sa- nios un periodo en (|ue la inceiii i iiiii>rc, la necesida<l y la im¡>osibilidad se hacen sen- tir con toda su fuerza.
¿ Durara el ministerio? No se salw. ¿Hay- acuerdo entre sus individuos? Es incierto. ¿Cuándo se disolverá el Congreso y se con- vocará otro nuevo? Se ignora. ¿Sé entrará Digitizefl by Google Illitoo eE «é MiteBNr^OMiitacioDal, con ar- reglo á la ley de 4%k!Sf E^'^oAbso. ¿Se tra- te^ por el coade de Trápani? Así dicen. ¿Oon qoé probabilidades? No os (nril deter- MMiprlo. ¿Por qué medios? No esté bastnn- mmro. easará proalo la ReiM? Bs pro- blemático. ¿Cómo oslan los negocios de Ro- ma? Peudien le s. ¿ Hny esperanzas? Como siempre. ¿Hay desalíenlo? Según las noti- cias. ¿Qué sé piein hacer? Lo que acon- sejen las circmistaMiaa. En lodo ífteerli- dionbre.
%i8míí bueno formar un miníflerio eoi»- fWle; ptTO es imposible. La ufrioD de las fracciones del parlido moderado es urgente. SI quiere cohlinuar goberoaodo; pero esta wum es impesiUe. Seria my eoofeotesle al crédito de las instituciones observar es* tridamente la Constilocion; pero es impo- sible. Seria úlii salir de los estados escep- «ieaeles; pero es imposible. Sería muy in- portanlB para el ^sosiego del pais resolver pronto la cuestión del matrimonio de la Reioa; pero es imposible. Por otro lado y Cira evitar un error de trascendeocni, seria ueno aplazar la resolui ion de este negocio; pero también es imposible, üay quien desea aiiKboel ealace eoaeleoade'de Tiápani; ptro es iDpoeíUe. No tútit ouiea pieD8a.ea un Coborgo; pero es imposible. Son cono- cidos jos partidarios del infante D. I^nrique; foro es iaipoaiMe. Bi de lleolemoltD seria el mejor; pero añaden que es imposible; Urge arreglar los negocios de Uoma; pern es imposible. Muy buen efecto produciría ^ raooMciniento de las potencias del Nor- te; pero es imposible. El honor nacional exige que nos quitemos el yogo de la Fran- icioydAla Inglaterra; pero es imposible, 'itt trínJb de la revelación ameiMKn; pero monio de S. M. Es necesario lleviír piMr nie^ jor camino que hasla ahora las negociaciones con la Santa Sede. Es necesario no dejar á la Iglesia en el deplorable eRado ea ifo^se encuentra. Es necesario procurar salir de* ese aislamiento en (|uc nos hallamos des- de 1 833 ton respecto a las potencias del Norte. Es necesario adoptar una resolnciov sobre los elementos que han de preponderar en la esfera política, y saber hacia cuál de los partidos se ineVaa ia balana: sí fea iié« nárquicos ó la opo8Ícioaii4h«iada conserva- dora. Todo esto es necesario; y con estes necesidades, todas de pnmerOrden, se com* bioan otras* de ahfsima impeflAneia, lnti> mámente enlazadas con aquellas, figurando en lugar muy preferente la reforma del sis- tema tributario. » y..v...I Meditando á veees sebe» esta situacioo tan deplorable, estendemos nuestras miradas por el campo de la polilica en busca de una tracción ó de un hombre que pueda reme- diar los males del pais, sacaríe de la iocop^' tiduinhre, hacer posible alguna cosa buena, y sali&íacer alguna necesidad: ^ lo eonfesa- OMM ingennanieiite, no parece sino que se hf tirado un nivel sobre todo, para que nadie pueda levantarse sobre los demás, y condu- cir los negocios por on camino acertado. Ni para el bien ni para el nud te desoobre nin-¿ gnna eminencia: lo malo está desacreditado: • lo bueno desorganizado: lo antiguo está ca- duco; lo nuevo en embrión; y la sociedad y la política no presentan en nuestro pais mas que un informe conjiinlo de lineamentos, unos que se van horrando, otros que se van marcando; pero sin que sea dable determi- nar á pteto fijo enilseri la naturaleza, cuál es ya imposible. I,a conservación del orden; el porvenir de este ser cuyas formas se haí4 , «a necesaria; pero es imposible. Importaría " ' ' ' ' • Cuncho calmar loa ániaM» y reooneniar los partidos; pero OS impoflíbíe'. bopeaibilidad pora todo.
Las necesidades no son menos que las im- ipMibilidades y las íneertidunriHes* Bo ne- Uañ lodavia tan mal señaladas.. <^ ' vv^i^ ' Hay eo los deslinos de la EsfMi''ieMM algo (le eslraordinario que descubre de una manera visible la acción de la Providencia, conduciendo a esta nación por caminos ig- novados. Este caráoterprovideneial, á veces infunde aliento y esperanza; pero á veces inspira un terror que hace estremecer. La ccsario que el gobierno abrigue un pensa- miento claro y lijo, y que de esa claridad l lu^pito u» «^uv ^^w^iu^v^.. Y fijeza tengan conocimiento, no solo los | época es evidentemente de transición, y de (vdívidoos que le eomponao, sino también transición con mudanzas profundas: ¿aoón- la nación. Es necesario que se entre en un j de vamos? ¿porqué caminos? ¿qué objetos aiatema legal, formando si es preciso leyes | están destinados a perecer? ¿cuales son los ilMi soferas; que por nacho «pM lo sean I que la justicia dtfina ha niarcidoeon el foP' 'tHi4oier«M.taloFMi q^e el eaprieho i aridaUeaellode^ cspíacioiTNopQedosa* borlo el débil hombre; poro lo cierto es que U) historia de (|uince años á esta parle nos presenta la acción de una mano terrible (jue corta todos los hilos (jue jKxIrian conducir la nación á un estado, no diremos de felici- dad, pero ni aulíde sosiego. Echemos una 'ojeada sobre los acontecimientos.
La guerra dinástica se hubiera evitado teniendo el Rey Fernando un hijo varón: no lo tuvo.
La guerra podia aplazarse, y probable- mente evitarse, viviendo el Rey alfíunos años: el Rey muere en la flor de sus dias.
Una victoria pronta de uno de los con- tendientes podria eviuir grandes desastres: ambos son bastante fuertes para luchar, nin- guno para vencer.
Descuella en las lilas de D. Carlos nn hombre de genio, (|ue en oocos meses ar- rolla y destroza cuanto se le opone, vence en las Amezcoas. rechaza sobre el Ebroel ejército de la Reina, y ataca á Bilbao para marchar luego sobre Madrid: ¡vanos peusa- uiienlos del lionibrc! la bala que respeta á sus granaderos, le hiere a él; á los pocos dias se leia en todos los pcrifklicos con abultados caracteres: Zumalacárregui ha muerto.
Los suce.sos preparan la elevación de un hombre en las lilas de la Reina: la guerra termina: este hombre es proclamado Regen- te: pero carece del genio de Croniwcl y.\a- )olcon, V cae de una manera lastimosa.
Otro íioudire le sucede: su carácter es mas enérgico; pero su pensamiento político no iguala á su energía; su prestigio mengua rápidamente, y al lin cae, y también de una muñera lastimosa.
¿Por qué después de habérsenos cerrado lodos los caminos regulares, hemos debido ser tan infor'.unados que no se haya levan- tado entre nosotros un hombre que con el ascendiente de su genio haya justilicado sus derechos al mando? Ese />or (¡ué es un secreto de la Providencia: nosotros vemos el hecho: ignoramos su lin.
Otras influencias ha habido, justas, natu- rales, y que poJian suplir la falta de otras estraordiuarias; también se han malogrado: y cosas que jiodian ser de una utilidad in- calculable,.se hau convertido en obstáculos, en origen de graves inconvenientes. ¿Será (jue en épocas de aciaga recordación se ha- ya repelido la aparición de la mano miste- riosa, escribiendo en la pared formidables destinos? Muchas veces lo hemos temido, v aun lo tememos ahora.
Se ha dicho que nos complacíamos en )inlar cuadros sombríos: abundantes prue- )as tenemos dadas de nue este no es el gé- nero de nuestra predilección; pero en un terreno cpie tiembla, y á la vista de un ria de sangre, ¿quien ha piolado jamás un cua- dro halagüeño.
Pero vamos al objeto político. Todo hombre de gobierno en España, debe pe- netrarse profiindainentc de la situación qiio ¡ hemos descrito; y que por triste y descon- soladora, no deja de ser verdadera. La lec- ción que de esto se «1 ^-acar es, que nin- gún pensamiento \ i amenté grande dejará de encontrar gravísimas dilicultades: á lodo se opondrá la terrible palabra i»*- ' ¡mible. Pero esta imposibilidad no es abso- luta para lo bueno; solo espresa grandes dilicultades: en superarlas se rifrn la gloria de un hombre de miras elevadas y de alma fuerte.
Precisamente, en esas épocas de incerti- dumbr<? y de imposibilidades, es cuando se con(|uistan los mas honrosos lauros: fácil cosa es el gobernar, cuando t(ído camina por los senderos regulares, y al soplo de la prosperidad; lo difícil, lo arduo de las la- reas giib(»rnalivas. está en épocas como la que estamos atravesando, cunn<lo perdido el rumbo y á la lucha de encontrados vientos la tempestad arrecia. > ¿Sabéis quién liene mas probabilidadeíí I de triunfo en é|)ocas de incertidumbre? El que no la padece, el (pie sabe á punto lijo lo que j)¡ensa, lo que quiere, y adonde va: este es el que con ánimo exento de incerti- dumbre puede curarla en los negocios pú- blicos; este 'es el que lleíia á hacer posi- ble lo imp:)sible, y que acaba por realizar lo que otros llamaron absurdo. Esto se verili- ca en los partidos como en los individuos: el i>orvenir de España irá á parar á las ma- nos, no de los que deseen con mas impacien- cia apoderarse del gobierno, sino de los que sepan prepararse para él, con pensamiento bien formulado, y con resolucionr>s bien determinadas. Esto no lo han comprendido los dos hombres que se han hallado en la mejor posición para hacer el bien del pais, y labrar su propia grandeza. Espartero y Narvaez. ¿Qué se j)odia es|>erar de un ge- neral en gefe de los ejércitos reunidos, em- peñado en representar seriamente el papel C7 lÉir^Ble constitucional, y de no hombre fiHMMfTiMSx, tspírando á' ser no caudillo ptriamcntario? Afortunadamente hemos sa- lido (le la (lictadirra militar en el centro del gobierno, j>t)r mas que; esta continúe en las fvorhicias: ¿(-oinprenderáDSU verdadeira po- ción los hombros políticos?
No os raro en Kspafia ol onconlrnr hom- bres que tienen pretensiones al titulo de ptlHícos, T qne no abrían un pensamiento aeterminadn snhn' ntnmin;i fio las ¿grandes coestiones que ¡)eniien sobre el país. En- horabuena que se conozcan las dilicultades, fas imposibilidades, si se quiere, qne por todas parles nos rodean: pero no se com- prende (me hombres públicos no se hayan pregiratifo á si ¡¡ropios, y no hayan rcsiíel- toen su interior las cuestiones sígnientcs: de lo dilicil, ¿qué es lo menos dilieü? de lo iioposihle, ¿que es lo menos minosiblc? de NHMMó, ¿qué es lo menos malo? Ha jo este aspecto deben presentarse las ciiesliones en el "estado aelunl de Ks¡nña;t'n todas las re- soluciones hay inconvenientes, dilicultades, ffl|MMbilidad; pero es precisa, es urgente ütn resolución. y por tanto el optar por lo Denos dilicil, por lo que consigo trae menos Iteonvenientes.
■■' Otra consideración se ofrece aqui. y que ^muy importante no perder de vista. Hay Teaoittciones que ofrecen menos diticultadcs ^ÍÉMíMIlAiieas; pero en cambio complican mas y mas el porvenir: y hay otras que presentan por el pronto mástlrhcultad, poro Sí simplifican y aclaran lo venidero. Para Nmitamns á p>neraiidades, fijémonos en iin caso (leterrniiiado.
' El matrimonio de la Reina con el conde ^0_Mpani es imposible: tales v tantas son íi^flrevenciones qne hay en1o<fo8 los parti- do* contra e! príncipe napolitano. A cada paso se oye decir á ciertas personas: el uia- trineirio de la Reina con el conde deMon- teidoKn, seria la mejor combinación; pero con las prevenciones que existen todavía, es- te matrimonio es imposible. Igualemos im- posibilidad con imposibilidad; ¿caál es pre- ferible pnrn un hombre de gobierno? Aten dejltai resultado. ¿Qué cuestión se resuelve 'iMnif eUndc de Trapani? nin¿;uua. Quedan en pie las cuestiones dinást'cas: qoedaa en pie las políticas; el trono, en ve/ de ir iear en fuersa, pierde; lo^ partidos en vez de JirteoBcHiaree, se separan mas profundamen- te. ¿Qtié enestiones se resnelvea con el conde de Montemolin? La dinástica desapa- rece; el trono adquiere una fuerza inmensa; los partidos se enla/an y se funden; los ne- gónos (le Roma son de fácil terminación; el reconocimiento de las potencias del Norte es seguro.
Dificultad por difícultad, ó impoeibinOad' por imposibilidad, ¿cuál es preferible para un hombre de gobierno? Para lo uno es mu- neaier un earoerao; pero deade luego se p«M pa el resultado; para lo otro se necesita un esfuerzo también; ¿y qué hay después? na- da: ó mejor diremos, lo que hay son las mismas complicacionea llevadas á'un grado insoluhle; lo ipie hay es la pérdida de toda csperauza de sosiego para la generación actual. ■ Si el gobierno no tiene ideas bastante fijas sobre lo que mas conviene á la España, ó no se siente con bastante resolución para eje- eiterio, puede en la actualidad ilustrar sa opinión j hacer un bien inmenso ai pais, sm mas que la observanria de una ley. Las elecciones se acercan: lodos los partidos, se aprestan á tomar parte en ellas: déjelos en amplia libertad para trabajar en la conse- cución de sus respectivos objetos, y vea si puede ohieier un congreso en que* sea re- preaentada fielmente la nación espafiola. Si esto se hace, habrá en las Cortes opiniones encoBlradas, v en estas habrá matices mas ó menoa subidos; pero de todas maneras se logrará;iL'o menos esclusivo qat lo que he- mos tenido hasta ahora; y quizás de aquel mismo choque surja algún rayo de luz que ilumine el caos. I'ara esto no ha menester el gobierno ni medidas estraordinarias, ni contraer compromisos de ningima especie: solo necesita ser gobierno, haciendo que la ley iea fielmente, cumplida. Lealtad en el gobierno, actividad en los electores, hé aqui lo que ahora necesitamos: si aquel se con- duce mal é estoe proeedeu con negligencia; si por una cuabpiiera de estas causas ó por ambas juntas, el sistema representativo ha de ser lo que ha sido hasta ahora, no vemos dónde está la salvación; no la venm n de arriba abajo, ni de abajo arriba: en cuyo ca- so, lo mejor será que unos y otros dejemos la nave abandonada á si misma para que flote á merced de los vientos, y aporte par casiK-ilid;td á playas felices, ó se eatrdteen una roca solitaria. ' * '^í- ' ' Digltlzed by Google SL G0S:2?.W0 7 LA OPOCICIClf.
MadrM ti ittmyo da!•»«.
Es (lip;na de llamar la atención la actitud de la oposición conservadora con respecto al ministerio. Este es acusado de anli-cons- tilucional, ahora como antes; pero la acu- sación se funda en un becho nuevo, que á decir verdad no alcanzamos con qué razón puede ser censurado. No babrán olvidado nuestros lectores míe el primer mioisterio Narvaez íue repelidas veces acusado de fal- lar á la Constitución de <8i.>, porque con- servaba el Congreso de la de 1837: este car- go era grave, y de él no pudo sincerarse jamás el gobierno. Habiendo cambiado las cosas, parece que los ministros, de los cua- les tres pertenecieron á dicho gabinete, no tralnu de reunir el actual Congreso, y antes piensan disolverle a no tardar, convocando Cortüs con arreglo á la Constitución y á la nueva lev electoral; y hénos a(|ui con la novedad de que por esta intención, una de las mas constitucionales que han tenido los ministros, son acusados lamliien de poco constitucionalismo, y de esponer la nave del Estado a formidables peligros. El no reunir el Congreso actual, es un crimen de leso parlamento; y no hay palabras bastante es- presivaspara pintar su negrura y fealdad. Confesamos ingenuamente que no compren- demos semejante conducta, y que esto nos convence mas y mas de que el puritanismo constitucional se altera fácilmente cuando están de por medio los intereses de partido.
¿ Por qué se acusaba al gobierno de anti- constitucional cuando no disolvia el actual Congreso? Conjue era una anomalía sobre- manera chocante el tener unas Cortes for- madas de dos cuerpos, uno con arreglo á la Constitución de i 84.!), otro con arreglo á la de <837; porque un Congreso que habien- do sido formado de este último modo habia reformado la lev fundamental, debia desapa- recer, cuando menos por razones de deli- cadeza, y porque su vitalidad podia consi- derarse eslinguida desde el momento en que habia establecido bases diferentes de las que habian servido para su furmacion. El cargo que se hacia al gobierno era [)or con- siguiente muy justo; y todo el tiempo que se continuaba en situación semejante, se infringía la Constitución en t>u letra y espi- ' ritu. Cuando, pues, la oposición cooserva-r dora dirigía esta ai;usaciOQ al gobierno, so conducta era consecuente: comU<ilia desde el terreno de la Constitución ai gobierno que se habia separado de ella.
Sí la inlracciou de una ley merece cen- sura, la observancia es digna de elogio. Si- quiera sean los miamos infractores los que i traten de observarla, no se los puede re- prender porque se propongan reparar su falta. En este caso sé^ hallan algunos Ue los | actuales ministros; y parece que si de esto se <|uisiose tomar pretesto para hacerles la oposición, se debiera condenar su cüi;ducta pasada, poniéndola ea parangón coa sa I conducta presente; mas no condenar su con- duela présenle, con la cual enmiendan su conducta pa^i^da. Esto último es colocarlos á ellos en un. terreno ventajoso; es darles ' motivo para decir: «ved cuaji injustos erais cuaudü uus acusabais de fallar a la Comili- tucíon porque no disolvíamos el Cougre^o actual: vosotros mismos os habéis encarga- do de vindicarnos: después de teñios meses, después de promulgada hace largo tiempo la ley electoral, todavía creéis (|ue debe reu- nirse al actual cougreso; reflexionad si tenía- mos mas razón nosotros cuando le com>erva- bamos, habiendo transcurridu mucho menos tiempo, y no habiéndose aun formado la nueva ley electoral. O no tenéis razón ahora o no la teníais entuuces. De todas maneras, nosotros somos por lo menos tan constitu- cionales como vosotros; y si no os aventaja- mos en conslilucionalismo, no presentamos por lo menos tan palpable la luconsecueü- cía.u Esto podrían decir los miuibtros; y por cierto que á sus adversarios no les seria i lacil replicar de una manera satisfactoria. Por nuestra parle creemos que en e^te pun- to el gobierno ha sido hasta ahora inconsti- tucional, pero que ahora procede con mu- cho mas conslilucionalismo que sus adver- sarlos, negándose á reunir el actual Con- greso.
Preciso es confesar que las costumbres constitucionales tienen poco arraigo en nuestro país, y que todavía no hemos podi- do hacernos escrupulosos en la observancia del nuevo régimeu. Para saber ({ue inter- pretación dará un partido a un articulo de la Constitución, no se debe atender a lo que está escrito en el código, ni á la mente coa que se hizo la ley, sino ¿ los intereses del ioci.i lai.t t ü.Ni (!\i,:;i(í;í jntr la Oousliliiritm, mieDlras esla a!>aiitl)li.'a a|K)yuha al luinislc- ¡I rio que se inlonlaba di'rrilÜar; tan pronto |l COBU) t>e ba creído con nia> o a)enos l'uuda- ineato, (|ue este misinu (loaurcso (XMlia ser aruia de guerra contra los luini^trus, se le (lc:»ca conservar y reuniric sit|iiicra por al- gunos días. Seatnus Trancos: en este punto también nos inclinamos á creer que el go- bierno hace de la necesidad virtud: no es un puritanismo constitucional lo uue le lleva á no reunir el Coniireso, yá disolverle lue- go para convocar nuevas Corles, sino la pre- visión de las contrariedades que hahria de esperiinenlar en él, y de que le acarrearía complicaciones y eu)í)araz(>s, que bastantes le ira travendu el curso de las cosas, bin que sea menester acelerar la venida de gra- ves conllictos con el calor de las discusio- nes parlamentarias. N.) discurre tan mal el gobierno; y aumiue en esto consulta sus propios intereses, siquiera están cuni'ornies e>ta vez con lus de ia nación, lu cual linrto sabe lo que podia esperar del actual Congre- so de diputados. Sea disuelto en bueu hora, (|ue sobre fe u tumba derramaran lu&dMieyo;» bien |K)cas laKiiuias.
El cargo ma.»;;rave que en la actualidad se hace al ministerio es el que con su con- dúcta alienta u los mimarquicos, y espone la uacion a la espantable posibilidad de que estos triunfen en las elecciones. I'or mas que discurrimos sobre los actos del gobierno y las palabras de los periódicos (|ue le de- lieudcu, no alcanzamos a comprender por que se babiá hecho culpable de complicidad electoral en favor de los monárquicos. Es de creer »fuo los cargos que se le diriiíen, no tauto se iciiereii a lo [treseiile. como a lo l'utiiro; son mas bien prevenciones que acu- saciones; se le culpa de haber hecho, |>orque DO se ipiiere «jue haga. Se teme (|ue el ¿go- bierno deje en libertad a los monárquicos, permitiéndoles que lleven al Congreso el RÚuiero de diputados que buenaumente pue- dan sacar con su coucuircucia a las urnas; y asi es que ya empiezan las consabidas de* , claoiacioucs sobre lo de reacción, retroceso, y otros temas |)or el estilo; siendo probable que á uo tardar se repartirá en abundancia el apodo de carlistH. V como quiera que por ahora el partido monárquico uo se ba movi- do aun, a causa de que no esUiiuto disiielto el (.OI; ino|>orluua>, se i» pulpes V luasuoJr lo> i I. para (jiie este repita eclorales de 1841 > I8i5. No sabemos qué conducta observara ííobierno en las inmediatas elecciones; des- de luego tenemos por diücil ipie dispense particular protección á los monárquicos; lo mas que nos atrevemos á esperar, y lo úoir co que deseamos, es que aseji^ure la'liherlad de lodos los electores, y no pejmita (jue las autoridades Iratea como ilotas a los que con razón ó sin ella sean llamados carlistas. £1 resultado dirá quién tiene en su apovo la opinión nacional.
Con las inculpaciones de que es objeto el gobierno, coincide la viva polémica que aik- gunos periódicos han sostenido con la Lspe- ¡anui. No parece sino que ei periódico mo- nárquico está en el banco de ios acusados, Íf que los jueces se hau propuesto mortilicar- e y contundirle con interminables interro- gatorios. Si admite el gobierno representati- vo, se habla de su arrepentimiento o de sus mañas para alcanzar el triunfo en las elec- ciones; si se opone á las interpretaciones» con que los parlamentarios falsean ia Constilu- (;ion,.se le acitsa de absolutista. £n vano de- clara uue quiere cortes, presupuestos, res- ponsabilidad miniateriai, discusión etc. ele; se le contesta que nada ha olvidado ni apren- dido. Desengáñese la.Es¡mranza, no tiene otro remedio que abjurar todos ios errores en manos de. su» adversarios, y hacei uua 4>roiesioQ de fe política que no discrepe en un ápice de las doctrinas de los |>eriodicoti (|ue la combaten. La dilicultad estii en que la profesión uo le será posible lui<:erla a gus- to de lodos hus adver.sarios, y que los unos Ilamarái) todavía reti%rado lQ;que.los otro.** acusaran de rcvohuionario.
Kn buen hora que cada cual sostenga las teorías políticas que mejor le parecen, y que procure impugnar las de sus adversar ríos como mejor entienda; pero la ju.sticta y la buena fe qxigcu que no se desiiguren las dücJrinas abenas, y n uso de i - ci)r al e.slremo opucM i i u i lo i-f i eu el punto en que nos hallaint E^s evidente que las doctrinas piiliUca.<> uc la Esperanza no son las del Timpo ni las del Espitñol; pero decir que el periódico monár- quico es absolutista, que es reaccionario, y que quiere cosas incompatU)les con las ne- cesidades de. la Kspafia actual y el espíritu 81 81 de IncjKM'a. nu es justo: esto revela una in- tolerancia nada favorahle á la tcniplan'/.n du la discusión, y;il ariaigr» de las inslilui iones y coslunilires [mlilicas (juc se (|uieren de- fender. Si en la linca <juc separa los dos es- Iremos, el absolutismo y la república, no se pueden esco^'er dilerenles puntos, ¿a «jué se redurirá la discusión política en los países repidos jmr íiohiernos representalivos"? Con tal (pie no se fallo a las leyes vigentes, ¿no Kera (lennilido sostenía la conveniencia o la •ecesidad de inter[)retarlas en sentido mas riguroso ó mds lato, según los respectivos prin(i|>iosdo los contendientes? Y esta dis- crepancia en la interpretación ¿autoriza por ▼entura á llamar partido ilegilimo á ningu- no de los (pie toman parte en los debates? \ la víspera de unas elecciones generales, cuando es tan reciente la memoria de los amaños y \iolencias de las elecciones ante- riores, ¿es justo, es generoso, es tolerante el declamar contra el gobierno por la soñada protección a un partido tli'fjUimo?
Ksto ()<>r estraño (¡ue sea, no nos sorpren- de; liace mucho tiempo (pie liemos aprendi- do }Kir las lecciones déla esperiencia, lo (pie valen las protestas de liberalismo, y le- galidad y tolerancia, cuando se las {»one á prueba. (!ada ctial las entiende á su modo; es decir, en cuanto le favorecen los intere- ses de su partido: (pie en viéndose estos contranados o en peligro de serlo, el liliera- lismo se convierte en despotismo, la legali- dad en violencia, la tolerancia en opresión.
Atendidos los antcícedentes de los hom^- hres íjHe están en el gobierno, recelaríamos (|ue se dejaran asustar por estas declama- ciones, si la exageración que en ellas rebo- sa, DO destruyese en buena narle el efecto