Íue se intenta producir. Al leer el artiriilo el Tiempo, en su número del ¿i, donde se trata á los monárquicos con una dureza y acritud que por cierto no merecia el t(mo templado y cortés de la Ksjteranza; al notar como se procura afear la conducta del go- bierno, casi tratándole de cómplice en una reacción carlista, lemiamos (pie algunas de a(|uellas rellexioncs, aunque infundadas, pudiesen (pii/a ejercer inlUiencia en el áni- mo de los gobernantes, é impelerlos hacia el mal camino por donde se los (piiere llevar; pero cuando después de tantos y tan tre- mendos cargos, llegamos al fin del artículo y vimos la consecuencia que se proponia sacar el escritor, nos quedamos tranquilo.'^, Iy nos pareció que el articulo llevaba la contestación inii> nuuplida en su propia exa- geración.
He aijui las palabras literales: «/'or eon- signieiite, el editor inoraimente respmüték de esos artículos de los diarios absol» fistos, es ni mas ni mems (¡ue el ifohicrtio mismo." Cuando tropieza un(» con exageraci(mcs se- mejantes la sonris;i asoma en los labios y la causa queda juzgada.
Madrid Sitrjaniodr l»;< Kspaña y l'ortugal son dos naciones que parecen destinadas a formar una sola,.\jnt- gar por el mapa, no se encu(?ntra ninguna razón plausible ponpie hayamos de vivir se- parados..No nos divide ninguna cordillera, ningún rio; sus numtañas son prolongación de las nuestras; sus rios son continuación de los nuestros. Ceñimos á Portugal por el .Norte, por el Oriente, y por el Mediodia: ai contemplar aipiella zona que constituye el vecino reino, nadie sospecharía (pie fuese un ¡)ais independiente, antes la tendría por umi de las provÍDcias españolas. Con mas fa- cilidad se comprendiera (¡ue no perlene<'ie- scu a la España las provincias Vascongadas, la Navarra, el alto Aragón y el principado I de Cataluña: s¡(juiera encontramos alii nna frontera natural en las márgenes del Ebro.
El gran pecado de los reinados de Feli- pe 111 y Felipe IV es el no haber consolida- do la conquista de Portugal hecha por las armas de Felipe 11 bajo el mando del ilus- tre du(|ue de Alba: ahora estamos reducido> a votos estériles para la consecución del mas grande objeto que jamas se ofreciera a j la nacionalidad de los pueblos iberos. La imprevisión, la desidia, la flojedad del go- bierno hicieron que se perdiese aquella pre- ciosa joya, con la cual era la península uno de los reinos mejor situados de Europa. El Piríneo como una muralla para resguardar- nos de las invasiones de la Francia, y como un puente por donde pu<liéranios amenazar- la; el Océano al.Norte y al Poniente con es- celenlcs ventajas tanto para la marina mili- tar como ¡»ara la mercante; al Oriente y al Mediodia el.Mediterráneo para estar en'co- HiuiiK-acion cüu el Levante y el Afri*'»: y Hor lin, Ceuta y (iibrallar qm; nos hiicinii dueños de las llaves del Mediterráneo y del Océano. ¡Que diferencia entre lo que fuimos y io que somos! Al considerar la dilatada «érie de errores que nos han conducido á leoH'jaiite estado, privándonos de un porve- BÍf-que indudahiemente hubiera debido ser Blas poderoso y brillante que el de la Ingla- terra, la tristeza embarca el corazón, y es dilit il no indignarse contra los autores de tanta des^ra<'ia.
Forlu;<al lejos de ser una nación |>o<ierosa e indejiendiente, está enlrefíado por una parle a la triste alternativa de la ananpita o el despotismo; y por otra, gime esclava bajo eiyujíode la Inulalerra; siendo lo mas la- mentable, el /pie M(í puede consolarse de su estado presente con la esf>eranza de me- jor porvenir. ¡ Desventurado pais conde- nado á ser juítuete de las intrifías estrange- ras y victima de la discordia civil! ¡desgra- ciado pais, que en medio de sus males no puede contar con aquellos recursos que ofrece un territorio vasto y una población numerosa; r y que ha de sentir ahorrados sus arranques ¡' de nacionalidad con la convicción de su im- potencia!
Un reino como Portugal, solo podia con- ser • I florecienle, gii.i rilando muy unida y t i la su nacionalidad, esa nac ionali- dad que guio á Vasco de Gama al descubri- miento de nuevos mundos, é inspiró á Cn- l moen.s. Desde el momento en que permitía I la relajación de los vínculos interiores, es- I taba perdido para sienq)re; su porvenir era el de, ser una colonia inglesa, si no tuviese la fortuna de ser absorludo por ia lispaña.
Desgraciadamente, estas dos naciones ion parejas en su ráj>ida decadencia ' i! nMiinos siglos. La España no acertó a « liar su conquista; el Portugal no se aproveciió de su independencia. Ambas vi- vieron con la espalda vuelta ¿ la Kuropa: | ricas de oro y de recuerdos gloriosos se ol- vidaron de su porvenir; y cuando ipiisieron entrar en el movimiento europeo lo hicieron con el raquítico íilosotismo del mar(|ues de i'ombal y del conde de Aranda. La revolu- ción franepsa vino bien pronto á sacudir el letargo de losgabinetesde Madrid y LLsboa; KMOi«stc era lan profundo que npi-nas bas- ItiMÓ disiparle el espectáculo del suplicio del rey y los bramidos del volcan qu« der- | raniaba su ardiente lava \m todo el continen- ' te; fue necesario que sq prtAlllítisc n a la cabeza de un ejército Junol en Lisl)on, y Mural en Madrid.
Arrojadas de |a península la huestes <le Napoleón, la infeliz Lusilania volvió á re- anudar sus tradiciones de ilojedad y desgo- bierno, mezclándolas torpí'iiienle con las ideas impías y anárquicas del siglo WIII. Para colmo de iiilortunio, se introdujo la discordia en la familia real, v lucharon her-r • manos con hermanos. La muerte, del rey Fernando sorprendió a D..Miguel y A D. Pe- dro peleando bajo los muros de Lisboa: bien pronto se ligaron las causas que lenian sim* palias intereses comunes: y fueron espul- sados de Portugal a un mismo tiempo dou Miguel y D. Carlos. » Sea lo que fuere de las cualidades |>erso- nales de D. Miguel, lo cierto es que se ha- bia agru])ado alrededor suyo lo que podia llamarse el Portugal antiguo; loque fueron en España los carlistas, eran en Portuual los migiielistns: con el triunfo de doña Ma- na de la (íloria, se vieron arrumbados todos los elementos antiguos, y quedaron los nue- vos esclusivamenle dueños del cam(K). En- tre estos dominaba la revolución; y no era dilicil prever que no se dejaría sujuxgar j>or la voluntad de una corlti levantada so- biv los paveses de la libertad. Hallóse el trono do doña María de la (iloria entre dos enemigos formidables; bien que al.:¿unos hombres vanos, se hicieron la ilusión de ({ue su frágil mano sería dique ba.^tnnle |M)de> roso para contener el torrente (|ue amenaza- ba desbordarse en dos direcciones opueslasr Tna solución se ofrecía para robustecer la nacionalidad portuguesa, y constituir un gobierno estable y fuerte; y era una alian- za entre lo antiguo y lo nuevo, simboliza- da en la rcconcilincion de la real famílin« Por motivos que ahora no es del caso recor- dar, no se verilicá el enlace entre D. Mi- guel y doña.María de la (iloria; y desde en- tonces csla princesa contó por enemigo a todo el partido monárquico, viéndose por otra parle precisada á ofender al partido de la revolución, si ipiería contener algún tan- to sus desmanes, inclinándose á los princi- cipios de orden, hacía los ijue lodo gobierno )>ropendc por irresistible necesidad. Los unos la llamaron usurpruiora." los otros opre- sora e ingrata; doce años han transcurrido desde su com|)leto triunfo; y la anarquía det vora todavía aquel infortunado pais: la reac- * ciüii <>n pos de la rOTMNhm, la revolDcion cu nos de la reacción, hé aquí su historia. Vfdle ahora mismo sumido en el caos mas espantoso, corriendo ta san¿;re del pueblo y del ejército; y el cetro y la diadema de do- ña Mana, judíele de las turbas en las calles de Lislioa.
l>os aconlecimicnlos de Porlujíal llaman vivamente la atención de los hombres poli- ticos de España; porque se ha observado que cst<»s dos paises nacidos para ser nno solh, simpulizaii en el bien y en el mal, se jwirecen a aquellas organí/acioncs que una monstruosidad ha hecho dobles; pero (¡ue c(mserva;i un tronco común |>or donde se co- munican reciprocamente sus afecciones y do- lencias. Nosotros nun(|ue no desconocemos el peligro. nos ocupamos poco de el; mas bien uuela gravedad d<'l heclw en si mismo, absorbe nuestra atención la triste claridad del anuncio.
So ha dicho (pie la Fspaíia y Portugal se hallaban en una situación.semejante; esto no es exacto: Portugal se halla en la situa- ción en <}ue nos hallaremos irremisiblemente nosotros, si se consuma el funesto desi¡ínio de casar a la Reina Isabel, desoyendo la opinión del pais, y no atendiendo a lo qoe ivclaman en alta voz los intereses de la na- ción, del trono y de la dinastía reinante: en la historia de Porlujíal está escrito nuestro fiorvenir.
¡Coincidencia notable! los acontecimientos del vecino reino estallan en el monuMito mis- ino en que no falta quien agita en Madrid el proyecto del casamiento de la Reina con un principe Coburgo. Parece que la Provi- dencia ha querido que los hombres ciegos que abrigan un designio semejante, tengan a la vista un espectáculo del porvenir que le preparan ala Esparta. ¿Y quien sabe si este pudiera ser mas triste todavía del que está sufriendo el Portugal? Hay entre los dos pai- ses «na diferencia que importa mucho no ol- vidar: porque en ella se puede hindar la previsión de (¡ue nuestro porvenir seria mu- cho mas complicado, mucho mas terrible, mucho mas irn'inediable ípie el de Portugal, si se cometiese un desacierto en el matrimo- nio de la Reina.
En Portugal no hay mas que un preten- diente á la corona, y este se halla bastante desconceptuado aun eiitr»- mis mismos parno: 0.9 un hombre solo, y^Hw |K>r los acontecimientos. Muy al contrario socede en España. El casamiento de la Reina con un ('omirgo e<piivale á un cambio de dinas- tía: es la esciusion de toda la familia de los Borbones en la cual se cuentan muchos principes en la flor de sus años, y que se verían condenados a la triste alternativa de vivir para siempre en la oscuridad 6 en el destierro, ó de perturbar el reposo <le su pa- tria. Con los odios, los rencores, la cva^pcri- cicm de los j)arlidos, ¿qué conliii.-> iicia8 ma-< fatales no se podrían ofrecer jMrn ten- tar la ambición de unos, satisfacer el resen- liiniento de oíros y arrojar al país teas in- cendiarias que provocasen conllagiacioneíi espantosas? Para prever semejantes aconte- cimieiilos. ¿es necesario por venltira o\ ser iroleta? ¿acaso no bastan las lección i'> de la listoria y de la esperiencia, ó el simple co- nocimiento del cora/on humano? Pero ¿que decimos: ¿se necesita mas ipK- dar una mi- rarla a lo que tenemos á nuestro alrededor, á lo que estamos viendo y palpando? ¿se ne- cesita masque el aciago presentimiento de la nación entera? y Esta es la lección (|ue debemos sacar de I los acontecimientos de Portugal: en ellos podemos leer nuestra historia de los aftos venideros, si no se procede con mucha circunspección en el negocio del enlace de Ift Reina. Allí una princesa joven, aqni una princesa mas joven todavía; alli una Carta reslaunuia, arpii una Constitución refomit- da; alli mandando un partido (pie se llama de la inteligencia, del orden y<le la libertad; a(|ui mandando otro partido que se engalana con los mismos nombres; allí «n gobierno que se apellidaba enérgico en defensa del or- nen, prudenleinente activo en el sendero de las reformas, aqui otros gobiernos que osten- tan idénticas pretensiones; allí un ejército linnemenle adherido álos gobernantes, aqui ministerios que se hnn jactado de la misma \entajn: allí el partido monanjuico poster- gado, abatido, tachado de fanático, ignoran- te y conspirador contra el trono y las institu- ciones, aipii otro partido monán|UÍco, blanco de inculpaciones semejantes; allí el partido revolucionario acusando de traidor al gobier- no y á sus sostenedores, y recordando Á Do- ña.Maria de la (i loria la sangre vertida por &u trono en la guerra conira 1). Miguel, aqui el tidarios, por la condm ta (pie observe) cuan- I partido progresista acusando al moderado de do los sucesos le hablan colocado en el tro- ■ apostata, de enemigo de la libertad, de irei- I dor á las instiliiciones, do opreíwrde los pue- hlds, recordaTííln inccsanlenieiiíe á la Reina Isabel la snnjire de los patriólas derramada e& la cuprra contra Don (darlos. ¿(Juc lalta piva que el parangón sea de lodo punto «MU», V no haya la mas ligera discre- pancia? Una cosa, una sola cosa; el casa- miento de la Reina Isabel con un princiiie Cohurgo. Si esto se verifica, envidianios la serenidad de los que osen echar al por- venir una mirada Iranfpiiia; nosotros no nos atrevemos á niirarle siquiera: le volvemos la espalda, v prelerinios levantar los ojos al ciclo invocando sobre nuestra desventurada patria la bondad de la Providencia.
(leí lodivuiuo iuíluvetili' DE LA üPOSinON CONSEIlVADÜllA, Uailnil 10 úi- jiiníii >ti' ttit.
Los periódicos de la oi)os¡cion cooscrva- dora han publicado una Míinorin un in dieiduo iujluiienle df aquel partido se ha cis- ío en el raso dr escribir. Según parece por la solemni<lad de la |)ublicac¡on, y ujas to- davía por las noticias que últimamente han tin uladü sobre negociaciones de cambio ministerial, elaiso habrá sido grave. Como quiera, la antigua minoría lia lomado esta Memoria por un programa. con arreglo al cual habrían tenido que gobernar sus hom- bre», si hubiesen obtenido la confianza de la corona.
Animada polémica ha suscitado en la prensa de la corte el documento que nos ocupa, llegando algunos periódicos á mani- fttlw una indignación que no creyéramos debiera escitarles una cosa tan inofensiva. Sea cual lucre el objeto con (pjc la Memoria haya sido escrita y publicada, sean cuales fueren las circunstancias que hayan dado ongeu u un paM» tan singular, estamo.s pro- fuDdameule convencidos de que sus efectos aeran nulos cuando menos; y aun parece muv probable que ha de acarrear grave pcrjuicioa la misma oposición conservadora Hablando ingenuamente, creíamos (pie el autor de la Memoria tenia mas habilidad: la publicación del documento nos ha desenga« fiado. Quien ha de acaudillar un partido, debe conocer los puntos flacos de sus doc- trinas. Cuando un sÍAtema es vago y débil no puede ser presentado con precisión: se- mejante empeño hace resaltar su vaguedad y pone de maniiieslo su flaqueza. La oposi- ción conservadora ha cometido con esto una falta; ha empeorado notablemente su sitúa** ciun. Defendida hábilmente por dos periódi- cos, sosteuiendo continuas escaramuzas, cambiando sin cesar de posición, ora ata- cando á >us adversarios, ora rechazando los ataques, dejaba en el ánimo de los lectores cierta oscuridad y confusión, <jue eran su- mamente provechosas á un partido cuyo se- creto uriucqMd habia de ser ocultar su pro«i pia debilidad. Tan vi\o y sostenido ha llega> do a.ser algunas veces el fuego de pequeños dcslacamento>, ipie ha podido dudarse si tras de ellos eslal>a un grande ejército apo- yado en fuertes plazas é inatacables rcduG- tüs: desgraciadamente, el gefe no ha com- prendido esta |)osicion y ha (|ucrí(io presen- tarse en primera linea desplegando su bandera, y mostrando con toda claridad los medios de que dispunia para sacarla viclo- rio.sa. El resultado ha sido funesto; en vez de iin programa, creemos que ba hecho un epitafio.
La.Menioria se distingue por sus preten- siones a la grave severidad que debe carac- terizar los escritos de los hombres de estado. El estilo en general es frió y desnudo: en esto también se ha cometido una falta: la desnudez solo pueden sufrirla los conceptos robustos: cuaniio estos son débiles, convie- ne cubrirlos mañosamente y ^in afectación, con abundante ropaje de palabras.
La Memoria comienza protestando que do se trata de censurar ni juzgar a los ministe- rios anteriores; y a renglón seguido falla á la protesta, haciéndolos los mas graves car- gos que se han dirigido jamás á ministerio alguno. Política a la vez violenta y débil, demasiado obsequiosa ante una potencia es- trangera; política (pie desconfía de las insti- tuciones del país, esclusiva respecto a las personas, harto cuidadosa del poder minis- terial, bien poco interesada en la dignidad del trono, inactiva para los negocios, poco celosa de los intereses comunes, que ha dejado caer sobre la corona todo el mal consiguiente a una candidatura impopular; polilica (|ue ha exagerado su acción hasta lUivaruos á un verdadero peli^rro: polilica cuyos resultados han sido matar la le en la permanencia de las instituciones, la disolu- cioQ del partido njoderado i\\\v antes se halla- ba comíselo. la actitud amenazadora de los >arlidos estreñios <|ueante>eran impotentes, el no estar á cubierto como deliieran en la opinión publica el trono y la familia real; una insurrección, la cual pudo ser muy se- ria, la jíosibilidad de que ha< iendo las elec- ciones bajo su iullujo, puestas en juego las pasiones de todas ciases. salga de las urnas \in parlamento revolucionario; por lin el desaliento en lodos los espíritus, el ¡leli- gro en todas las conciencias; esta es la po- lítica que se atribuye á los ministerios, que no se trata de censurar ni de juzgar. Si esto RO es juicio y censura. no comprendemos el significado de tales palabras.
El autor de la Memoria no ha echado de ver (|ue bajo el aspecto histórico, el párrafo en que se describe la verdad de la situación, encierra tantas inexactitudes como palabras. No parece sino que los males de Kspaña (la- tan solo de dos años; y (jue antes nos hallá- bamos en un estado tan normal. monárqui- co y parlamentario, como puede serlo el de Inglaterra. Analicemos el párrafo en cues- tión.
<«E1 trono y la familia real eslabón á cu- bierto, y hoy no lo eslan tanto como debie- ran en la o()¡nion pública. Kl eslnlmn ¿a (¡ué época se leliere? Suponemos que no se ha- bla de la época de Fcrnauílo llama<la utnhio- sa: y que en este concepto la.Memoria se limita á una parte del tiempo trascurrido desde la muerte del Rey. P«r mas que cavi- lemos no alcanzamos á recordar cuándo ha sucedido que el trono y la familia real ha- yan estado á cubierto. Durante la goberna- i clon de la Reina.Madre, esta augusta señora I fmbücó tantos maniliestos como exigieron as circunstancias; y tales y tan o|)ueslas I cosas se decian en ellos, que no eran lo mas á propósito (lara dejar á cubierto á ta real persona. En su nombre habló (]ea Bermu- dez; en su nombre habló Martinez de la Ro- sa; en su nombre habió el motín de la (íran- ja. La augusta persona estaba tan a cubierto, (jue después de mil catástrofes se vió echa- i da ^lel reino en las jilayas de Valencia. I Desde 1840 hasta I84H las jicrsonas reales, íjuc permanecieron en Palacio estaban á cu- bierto, ponjue las resguaniaba su inocencia; | pcru la nciua CrisUu^ lejos de chilar ú cu- ' bierto, aun después de estar refugiada el palacio de Courcelles, fue continuo obj^ to de violentas invectivas. El soldado de for- tuna que se habia cubierto cou la iuviolabi>- lidad constitucional, y ({ue ejcrcia las lun- cioiies de monarca, eslul>a (au a cubierto (X)nu) es do ver eu I<js artículos y caricaturas de los periódicos moderados de aquella e|)o- cr, y como lo atestigua el haber tenido que salvarse a bordo del Malabar, l'or lin, des- de 1843 hasta el |>iosenle, el trono ba es- tado tan á cubierto como ha debido esUMi* en una época que se inaugura con el suceso de Ulozaga y se cierra con el negocio de Trápani. En la inauguración, la veracidad de la Reina esta (uiosla en duda en |>leno parlamento. En el final, la Reina Madn> se vé precisada a defenderse en las coliiiiinas de los pcri()dicos por medio de su secretario particular el señor I). Aiifouio María Habió.
uCreíasc (|ue las instituciones en que el lodo.r monán|uico ocupa el lugar preferente labian de ser una verdad, y noy no se tie- ne fe en su pornianencia.» También desea- ríamos saber cuando han sido una verdad las instituciones, y si es muy recionte la falla de fe en su permanencia. Vamos a los hechos que es nuestro terreno favorito.
La historia de las instituciones verdad, ha sido la siguiente. El Estatuto Real se inau- guró después de las rej)n'senlaciones délos generales Llauder y (Jue.<ada; sus cortes se abrieron bajo el puñal de los asesinos que regaron de sangre los templos y ias ot- iles de.Madrid. y.se cenaron bajo los mis- mos puñales ase.sinos amenazando el pecho del Sr..Martínez de la Rosa, entonces mi- nistro de Estado y presidente <lel eonsejo; por fin, el Estatuto cayó entre las llamas de los convenios de toda España. la muerte o la fuga de los religiosos, y la anarquía de las juntas de <s:i;i.
El proyecto de reforma del Eslatulo na- ció bajo la dictadura ministerial de MeudizA- bal, lro[>ezo con la dictadura ininislerini de fsturiz, y se hundió con la prof;i de la regia cámara y el paseo por ta-- i a. > de Madrid do los miembros |talpilanles del in- fortunado Quesada.
Aqui comienza la Constitución del aík> 48( de esta nace la Cousliluciun de M. msfTMlt en el momento de publicarse, |)or la espada de los oficiales de Espartero en el |)ueblode Aravaca.
Las iostiludoBeft-vordud sigueo «u Iriunfanto bajo la protección del general ¿••m ejércitos reunidos, qne les presta su 9fo\o con los manifiestos del Mas de las Ma - tas y de Barcelona.
La época de tKiO á i3 realiza las instilu- •fcliJCJt-verdad comenzando por el embarque de la Reina (tolwrnadora en Valencia \ aca- bando por el embarque del Regente en el puerto (Ip Santa María.
Ocsdp á tsitt las instituciones- ver- dfld se pcrsonili; an en el ministerio I.opez que pisa la (ionsliliK'ion disolviendo el Se- nado y haciendo todo cuanto bien le parece; e« el ministerio Olozaga que da lupar á un esrandalnso nronfecimieuin; en el tiiinisterio (Ion/ale/ IJiabo (|Uf» se arroga la mas amplia dictadura; en el ministerio Narvae?,, modelo de templanza y legalidad; en el ministerio Miraflores que cae, a pesar de tener el asen- timiento de los cuerpos colegisladores; en o\ segundo ministerio Narvaez que publica su fniufeío manifiesto suspendiendo la í'ons- titucion y tomando por si y ante si cuantas medidas creyó convenientes; y por lin, en el ministerio Isturiz que habiendo llegado á un campo de Inntas ruinas, se ha sentado en medio de ellas, y en acliliid irampiila y silenciosa, parece que está medil^indo sobre la vanidad de las cosas himianas, y muy particularmente de la»; instituciones-verdad.
«Kl partido moderado se hallaba compac- to y hoy se halla disuelto,» ¿(luándo se ha- llaba compacto? Si mal no reconlamos, el purilaniíimo constitucional se ha nianilestado en todas las epoeas en que el partido mode- rado ha sido dueño del poder. Durante la regenria de Kspartero, el jtartido moderado se hallaba ciertamente compacto, como lo ^an todos los <*nerpos sometidos á una pre- sión poderosa. Cuando esta ha eesadó, el parliflo moderado se ha disuelto por sí mis- mo.- la disolución estaba en su seno: no es el gobierno quien se la ha comunicado; por el contrario, él es quien ha disuelto al go- bierno. y disolverá á cuantos- se establezcan csclusivaniente sobre sus hombres y doc- trinas.
«Los partidos estreinos eran impotentes, y hoy anjenazany nos desbordan.»» Los par- tidos estreiiios son el carlista y el progresis- ta; veamos cuál fue la época de su impoten- cia. ¿Kra imnoienle el partido carlista cuando lo< deslncamenlos de Cabrera esta- ban en el centro de Castilla la Nueva, y para contener á las fuerzas de las provini í;i«- \ ¡ congadas era necesario iin ejercito de mas 1 de cien mil hombres? ¿Era impotente el par- I tido progresista cuando echaba a la Reina GcP' bernadora, deslifuia á todos los empleados, ¡ dispersaba al partido moderado como un pu- j nado de polvo, sofocaba la insurrección de I octubre, hacia la revolución centralista, i amenazaba bajo la dirección de TMózaga, y ' se levantaba en Alicante y Cartagena? ¿Eran impotentes los carlistas V los progresistas, cufindo tomaban parí»' (íii el pronunciamien- to de lH.i:t, y ayudaban á los moderados para derribar á Es()artero?
¿.\ qué época se refiere el autor de la Me- mona? ¿I) ' -ta ese punto de partida en ' ¡ el nial ei.iin lan leliVes, y desde donde hemos venido á parar á ese cumulo de des- j gracias? La verdad de la situación está pini*»- ' tada en algunas [lartes con exactitud; pero el punto de partida es meramente ideal. Hay ahora lo que ha habido siempre desde la muerte <le Fernando; y en obsequio de la imparcialidad es menester confesar. que con relación a ciertos periodos anteriores, I algunos males lejos de aumentar han dismi- I nuido. Nuestra situación es triste, deploraii ble. peligrosa; el autor de la Memoria tiene ¡ razón: pero las causas no se hallan pre- I cisamente en la conducta de estos ó de aque-;»»' I líos hombres: son mas profundas. están en la raiz de las cosas: cuando el autor de la Memoria las señala tan superliciales, nos parece ver á un hombre que atribuye á es- j cesos de régimen las convulsiones tíe un en- i fermo de quien se sabe (pie ha tomado un violento veneno.
Examinemos los principids de sistema y de conducta, que según lu Memoria deberla ♦ adoptar el nuevo gabinete.
«Mabrlase antes que todo de poner ente- ramente á cubierto al trono y á la real fa- I inilia. Es necesario que la responsabilidad I de cuanto se haga pese sobre el ministerio.» I ¿Cómo se hace este milagro? ¿Se trata de I responsabilidad legal? Nadie pensará en e\i- II girla al trono v á la real familia, cuando I desde IM3;i níidie la exige á los ministros, no obstante el largo abuso que casi todos I han hecho de sus facultades. ¿Se trata de la ' responsabilidad moral? Entonces ¿cómo se logra que los periódicos ó la» opinión públi- ca no la hagan pesar sobre otras pe • > l'ara esto, dice la Memoria, es indi,11,i- i ble que el ministerio tenga una plena con- ' lianza (pie nadie pueda poner en duda: sea ■ Digitizcd by Google én hucn hora, este es un deseo muy natural en candidatos ministeriales; pero la dilicul- lad está en realizarle, y en (pie iflimas el público le crea realizado. ¿Como cvila el que se hable de jioderes ocullos, de influen- cia de camarilla, de real prediiercton por estos ó a(|uclios minislms, osle o aquel sis- tema, de ílivision en el seno del gabinete, de discordia entre los individuos influyentes, de intri^'as para nuevas combinaciones y so- bre todo de crísis'í Dice la.Memoria: «Ál palacio no han de subir sino adnriiciones: » nosotros no somos tan monár(]uicos. Al pal.iyio, diriamos.no han de subir sino respetuosas verdades. Las adoraciones van envueltas en una nube de incienso que desvanece y ciega á los ído- los. Las adoraciones á Dios; a los reyes la verdad.
En la cuestión del matrimonio, dice la Memoria que se ha conciliar plenamente el real animo y los intereses nacionales. En cuyo caso, aunido el uno y los otros, y he- cha por S. M. la elección oportuna, deber será del ministerio el realizarla con lealtad y con energia, sin detenerse ante obstáculo alguno. La nación y sus representantes le ayudarán y sostendrán en ello.» Un perió- dico se ha reido de esto pasaje. Iiacieudo observar que si todo el mundo c<lu viese de acuerdo, no habria obstáculo alguno. A esta observación dan lugar las palabras literales; pero nosotros no creemos tan inocente al autor de la Memoria <|ue haya puesto la pa- labra obsífículo.sin mucha intención. Para ]>enetrarla, conviene recordar que en estos últimos dias se hablaba de una « andidatura Coburgo, y que hace largo tiempo la Fran- cia ha declarado públicamente y repetidas veces, que no perniitiria el casamiento de ia Reina de España con un princi|)e que no íncse de la casa de Borbon. Asi se com- prende por í|ué se habla de eneryía, sin de- tenerse ante obstáculo aUjmo, y del auxilio de la nación y sus representanlex. Hecuér- .dese ademas ío que han dicho los periódicos sobre la intimidad entre el Sr..Mon y el em- bajador francés, y el apot/o de adhesión ,que desde lo alto de la tribuna acaba de dispensar Mr. (.íuizot al actual gabinete, y muy en particular al ministro de Hacienda, y se tendrá la clave para esplicar un párrafo que al parecer carece de sentido ó le tiene muy tonto, y que sin embargo es quizás el mas signilicálivo de todos los paríalos..:, i..
.Muy loable es el tleseo de«#|MÉÍ^ al I gobierno español de las iDÚueDcias estran- ¡ geras; pero no crei-iiids que >e lhni> ' mino mas arerlado paia ( (Mi--i'::uiri' il • la Memoria <iiie «arortunaiianu iile ni tene- I mos en vigor ningún pacto, ni dos hallamos \ en posición rpi(> nos obligue a sufrir seme- jante influencia.» Si, tenemos un pacto, el ' pacto de prolongar nuestras discordias y de I perpetuar asi nuestra debilidad. ¿Ouiere el i autor de la memoria (|ue le preseuteiuos i esta venlad nmv de bulto? Hela aqui. l)ecia que no nos hallamos eo posición de su£rir semejantes influencias; pues nosotros a^^- ' guramos que ia oposición conservadora BO podría hacer nada contra un veto de la Fran- cia: dejémonos de palabras y vamos a los I hechos.
¡ Supongamos (lue la o[)OsicioQ consorva- j dora sube al poder, y que traUi de i ei enlace de la Ileina con un Coburgo u uUa principe (|ue alarme con razono sin « i ^] gabinete de las Tullerias. ¿^)uc pued este? Dos cosas, y su venganza es de un re- sultado seguro, sin declarar la guerra, ni comprometer i)ublicamente su posición di- j plomática. i Ücjar en entera liberlml; a los ' progresistas emigrados ayudar! 'la- mente con algunos fondos; |>r(i[) i.»,uu irles armas y abrírlo la froiileru; Irakijaudu cu el mismo sentido en París, en.Madrid y en Lisboa. ¿Qué sucedería? Lo d; juicio de los lectores, i." Y i i j cierto ako mas grave: enviaron I creto á Uourges y decirle al cond 'lu- lemolin. «l*rincif»e, el gobierno liaucca os deja hbre para tomar el partido qu ' bit n os parezca. Si queréis vengar el il que acabáis de sufrír. hacedlo; no se puudra ningún obstáculo á vuestras miras. Comu- nicad a los depósitos las órdenes ({ue qui- siereis. Desde hoy vuestros soldados y vues- tros geics quedan libres de toda vigilancia, y son dueños de dirígirse á los puní'"-.'ii • vos les designareis. Si carecéis de «1 se os adelantaran algunos uullones de fran- cos: el dia en que os propongáis pasar la frontera avisadlo de antemano; la policía se tapará los ojos para no conoceros, y el telé- grafo os (perseguirá en la dirección de Bru- ■ selas ó Strasburgo, mientras vos penetrareis I en España por Perpiñan o Uayona.*» ¿Que I sucederia? También abandonamos la respuesta al buen jnicio de nuestros lectores. ¿Es esto verdad, si o no? Y si esta es la