SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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sola ])a]abra de política. Los testigos viven, 'I V eu Vicb están. De mi comportamiento en t Ta enseñan/.a no soy yo quien debe iiablar; l todos los que nie favorecieron con su asis- h lencia saben que no hablé jamás una sola ij palabra de |)ohlica. Mas de una vez suce- Ü dio que nos hallábamos interrumpidos en I nuestros cálculos con las canipauadas de [, alarma 6 el to<iue de generala: si era posi- i ble continuar, continuábamos; ó si no, nos I levantábamos Iranquilamente, y nos íbamos. Mis afanes se dirigían a sacar discípulos aprovechados; lo que conseguí, asi en la \ jwrlc clemenlal á que estaba obligado, co- mo en la sublime que quise en.señar.siu , embargo de no estar contenida cu la asig- natura.

Durante la guerra civil no me me/.clc ja- más en nada que tuviese relación con la po- lítica. Mis obligaciones, la biblioteca y mi casa; sin mas distracción que un ralo de pa- seo que daba, ó solo, o en compañía de un amigo, (lue por lo común solia ser alguno de mis discípulos. En abril de 4840 publi- qué \asobse¡ raciones sociales uolílicas y eco- nómicas sohrc los bienes del (¡ero. La imprt?

sion se hizo en Vich; y á pesar de la oscu- ^da<l del punió de puBlicarioii y del aulor, hablaron de este escrito muy favorablemen- te los poriódicos de Madrid de todos los co- lores inclusa la fiacela. En la fíeinsla de Madrid se publico también un articulo muy favorable, cuyas iniciales me dijeron que eran del Sr. Vidal, actual ministro de la Gobernación. No sé si es verdad; relicro lo que oi entonces.

Alentado con un éxito para mi muy ines- perado, continué trabajando en el Proleslan- íismo comparado ron el Calolicismo en sus relaciones con la ciriliznrion europea. Escri- tos los primeros cuadernos los enseñé al i mencionado canónigo magistral de Vich, quien después de haberlos Icido me instó | encarecidamente para (¡ue concluyese y pu- ) 1)licase la obra; anunciándome con toda se- | jíuridad un e\ito, de (|ue entonces yo duda- ba, y que después me ha confirmado la cs- periencia.

En el momento de terminar la guerra ci- vil me fui á Barcelona, donde en medio de las revueltas de que era teatro aquella ca- pital, y en los mismos diasen que era asesi- nado y arrastrado un joven (|ue llevaba mi apelliílo, imprimí y publique un folleto titu- lado: Coíisideraciones políticas sobre la si- tuación de España.

Muchos que ahora la echan de valientes ■lid se hubieran atrevido seguramente, y me- nos en Barcelona, á publicar semejante es- crito, en que condenaba terminantemente la revolución, y en que manil'eslatta franca- 'hientc mi opinión sobre todas las materias, encerrando.illi en pocas palabras toda la sustanciado lo que después he desenvuel- to en el Pknsamikmo i»k la Nación Nóte- nla ninguna defensa; y hasta mi estado po- dia prevenir contra mi persona: publiqué sin embargo el escrito, no obstante los con- sejos y basta los ruegos de las |)ersonas que mas me querian. Todos sabemofí lo que su- «rcdió entonces: con algunas esccpciones honrosas, los comprometidos huyeron cada mal por su lado. Bien atestiguado está en el Manifiesto de la Reina Cristina en Marsella, donde se lamenla del abandono en (pie se la dejó. Yo no defendí á la Reina Cristina, por- que me ocupo muy poco de las personas; pero defendí los buenos principios religio- sos y monárquicos; defendí la necesidad de que fuese regente una persona real, no obs- tante de que se vcianbien claras las tendencias de la revolución v la ambición de Espar- tero; y hablé con toáa libertad en favor de los carlistas, haciendo justicia á sus convic- ciones y á sus intenciones; y asegurando ya entonces lo que sostengo ahora, que no era posible consolidar un sistema político hasta (pie se hiciese entrar a ese gran partido co- mo un elemento de gobierno: y los carlistas acababan de sucumbir; y la revolución es- taba pujante. Ouien de tal modo se conduce ¿ será un hombre sin principios?

Impreso el citado opúsculo, me volví á Vich, continuando en la enseñanza de male- máiicas hasta mediados de 1841. Entonces me fui á Barcelona para comenzar la impre- sión del Protestantismo, al mismo tiem()o ¡ que escribía en la Ciúilizacion, revista quin- ) cenal. A fines de abril de 1842 pasé á París I para revisar la tradni cion de la misma obra en francés. Hice entretanto un viaje á Lon- dres, y regresé á España á principios de octubre del mismo año. Llegado á Madrid, me persiguió la calumnia, indicándome co- mo complicado en no sé qué planes cario- cristinos, á causo de ciertas relaciones que se me suponían en París con varios perso- najes, especüilmente con el señor Martínez de la Rosa, con quien no habia tenido otras que las que naturalmente tiene un viajero con los emigrados ilustres. El gobierno de aquella época tuvo acusaciones fuertes contra mi; pero delw decir en honor du la verdad (pie nadie me atropello, que nadie me incomodó siquiera; y que ha- biéndome dirigido al Sr. (leíe político (picjándome de alguna importunidad en un asunto del pasa|Mirle, y esponiéndole lo que había oido (jue algunos decian. este ca- ballero me trató con la mayor consideración, me aseguró toda su protección, me ofreció reprender al que me nabia importunado, lo que habría hecho, sí yo no me hubiese ne- gado á indicarte nuién habia sido el impor- tuno: y me añadió que podia permanecer en Madrid todo el tiempo que (juisiesc. lo que no acepté porque estaba resuello á irme pronto á Barcelona, á donde llegué á fines de octubre. Este caballero, a quien no ha- bia visto nunca, ni be vuelto a ver, era si mal no me acuerdo, el Sr. Escalante. Ten- go satisfacción particular en tributar esta jos- licía á un adversario político.

.\ poco tiempo de haber regresado á Bar- celona, se reprodujeron las mismas acusa- ciones; pero el gobierno debidamente informadb, se abstuvo también de molestarnje, y | cuando al plantear la Sociedad se le denun- ció la fundación de esta revista como un proyecto político de intenciones subversivas, lomados nuevos informes, me dejo tranqui- lo, sin incomodarme en nada, guardándome siempre la consideración deque vio queme hacia di^no n)i inocencia. Mi conduela paci- lica en los sucesos de 1843, y el haberme ceñido á escribir, pudieron conlirmar á los gobernantes de aquella é[)oca en la convic- ción de que no era yo hombre que dijese una cosa y ejecutí;se otra.

Concluí la impresión del Proieslaníismo, á principios de Í8i4, y entonces rae fui á Madrid, donde funde el 1*e>s\mik>íto he l\ Nación, cuya marcha conocen los lectores. Kilos sal)en si he cumplido ó no lo que ofre- cí en el prospecto. Kn cuanto á la conse- cuencia de mis doctrinas, baste decir que no hay en el Prnsamikmo ninguna idea po- lítica, inclusa la del matrimonio de la Reina con el conde de Monlcmolin, que no estu- viese indicada en mis anteriores escritos.

He aqui la historia de mi vida: juzgue el público si he abandonado ó no mis princi- pios, y si merezco las |)alabras siguientes que estampa el correspons^d del j^^spafiul. «Para lavar esta mancha, ó |)orque asi con- viene á sus intereses pecuniarios, ó por ambas cosas á la vez, (pie es lo(|ue creen sus co- nocidos, habrá emprendido la conduela que está observando.»» No tengo mancha ninguna que lavar, ni ante los ojos del clero, ni de nadie. V por cierto «jue habria seguido una conducta bien torpe saliendo á lavar man- chas de anli-carlismo, precisamente cuando los carlistas acababan de sucumbir. Un hombre sin principios hubiera halagado á los carlistas cuando estaban pujantes y ame- nazadores, pero no cuando estaban desar- mados.

Habla también el corresponsal del Español de los intereses pecuniarios. Es sensible des- cender á semejantes pormenores; pero ya 3UC á ello se me obliga, lo haré, procuran- 0 no enfadarme. Ven acá, desventurado anónimo, ven acá, hombre envidioso, dime: ¿soy yo culpable de que el publico se haya empeñado en comprar todas mis obras, ago- tando asi en breve tiempo las ediciones? ¿sov yo culpable de que el Pk>s.\mie>to hk LA Nación, poco tiempo después de funda- do, ya se sostuviese abundantemente con | las solas suscriciones, y de que á pesar de ser un ))eriódico semanal, que con un sol* ejemplar satisface la curiosidad de muchos lectores, tenga mas suscriciones que algu- nos diarios, y no necesite de nadie para na- «la? ¿soy yo culpable de que por estas causas mi fortuna mejore? I*ara la \enlu de mis olrras nuuca me valgo yo de la amistad que tengo con varios periodistas de Madrid, y de las <|ue podria proporcionarme muy fácilmente con todos ellos; no les pido reco- mendaciones, y ni directa ni indirectamen- te procuro hacerme favorable su juicio. Pre- cisamente ea liis revistas literariasdel Espa- ñol, es donde se han publicado artículos muy favorables ¿ mis obras: los articulistas saben muy bien que vo no tenia ninguna noticia de sus favores íiasla que leia sus es- critos impresos.

Los periódicos hablan ó no hablan de mis obras, según lo creen conveniente, ó según les place; sin embargo, ello es (pie todo se despacha. Voy á recordártelo, mi querido anónimo, para que estés al corriente del asunto de los intereses pecuniarios, y sepu^ (pie no necesitan de la política para nada. >, Ki Proleslaulismo se acalxi de publicar i, principios de 1844, y está ya muy adelanta- da la venta de la segunda edición. En junio de 1843 se publicó el Criterio \ en poco.s me.ses se agotó la primera edición, y 80 va despachando rápidamente la segunda. Ik; la Filosofía fintdaiiieiilal, {'u\í) lomo 4." e<l« en prensa, se hallan ya vendidos mucho^ ejemplares; y al publicar la elenuulal, que no tardare nuicho en ¡ tener concluida, ya verás, oh mi querido anónimo, como se despacha también. Vo te lo aseguro desdíj ahora, y le lo aviso de antemano, a hii de (|ue aproveches el tiempo \ma decir al pu- blico que yo soy un monstruo salido del averno, y ijue asi se ab'.tenga de leer lo que escriba en adelante. Pero le aconsejo (lue no le canses; el publico lo leerá a jiesar de tus impotentes esfuerzos: ya me parece que te estoy oyendo que mis intereses van mejor; ¿qu(» quieres ue haga yo en esto, desvtíu- lurada criatura? ¿acaso (iebo yo desear qne volvamos a los tiempos en que los autores sermonan de handire, siquiera se llamaran Cervantes ó Camoens? No he acudido yn ja-^ más al consejo de instrucción pública partk" (¡ue recomendase una obritamia, titulada la Ileliyion demostrada al alcame de los ni- ños, y sin embargo hete aquí que ya estoy á la tercera edición, > uic inclino á creer qí^Tno" PsW mtty lejos h cuarta.' 5?l; no ten- go mas palriinohio que mi jiluma; pcrn mi pluma es para mí nn i>alr¡monio honrosísimo, y muy sníiricnle para vivir con independen- cia; si tú te afliges por esto, yo no sé como remediarlo.

«Aqui no falta, dice el anrtnimo, quien consiflcra al Sr. Balmos en nolitica como el I.amfiinais español. » Kl ponrecilo anónimo ' no ha leidrt prohalilemente las obras de La- mennaís. y tal vez ni las de Balmes; si se hubiese enterado de las de uno y de otro, hubiera encontrado en todo diferencias pro- fundas.

"Dios quiera, esclama el corresponsal, que alffun día no lo sea en materias reliírio- sas.o listo indica sin duda un celo ( dilican- te, y merece dos palabras de contestación. Todas mis obras relijiiosas las he sujetado a la censura eclesiástica; nada me han hecho enmendar; pero me he mostrado sieujpre pronto á enmendar lo que hubiese dijíno de ennucnda. Los primeros cuadernos del Pro- teslnntismo fueron sometidos a la censura del citado señor canónigo ntagistral de Vich, por disposición del (íobernador eclesiástico, el señor canónico don Luciano Casadevall; el censor puede decir, si no me conoció siempre dispuesto A someterme á todo. Lo restante de la misma obra y demás escritos reliiriosos rjue be publicado en Tíarcelona los ha censurado el señor doctor Riera, cate- drático del Seminario conciliar y bien cono- cido |)or5u saber y la pure/.a de su doctrina. Dicho señor nunca me ha hecho corregir ni una coma, pero él es testigo de (pie le he rogado varias veces que me observase lo quií fuese digno de corregir; y que en lle- í^ando a un pa.^^age difícil, me" ha sucedido recomendárselo especialmente, para que examinase si yo me habin eipiivocado. Es- pero pues nue no se verilicará el siniestro pronóstico (le (pie yo sea como Liiinennais, y que en todo evento sabn» cumplir la declaración que hice al fin del Pr()tcslimtismo[ \ ).

(1) ( If^nom kí <>n la innrhciltiiiiltn' de elucio- nes que se inc b;ui (>rr*'riiio, y que uu< ha sido iii- dit*pi'usahl« venlibr, hultrt! rcsiicllu algunas de iiii mudo \HKo conluriiu* á lu$ dftgiiKLS de la lU-ligioii muu lue |>ni|>otiiu «lereitdcr; i^iiuru si eii idgtiii pa- ^IgO dc> b (dira lialtré asciiludo pniposiciüucs erinV- noa.s, ó iiii' liidm'' csprfsado en t<'TiniiMis nialsonan- . les. Antes dedada á liir. la he.sometido h lacensnrn . 8o bantorídinl erlc6i»^lira; tsjn \-acilarmo huhíent Ksla 6\trti se ha traducido v publicado' en I'aris y Roma, y no ha sufri(ío ninguna cen- sura; y apelo aí testimonio de todos los se- ñores obispos españoles, para que digan si jamás me han dirigido niniruna censura. y si antes bien no me han lelicilado de pala- bra ó por escrito ca«i todos ellos; el carde- nal de Sevilla, el arzobispo de Tarragona, el de Santiago, el. obispo de Pamplona, el de Palencia, el de Córdoba, el de Barcelo- na, el de Canarias, el de Tuy, el de (Cala- horra, el de Coria. el de Salamanca, dán- dome todos especiales nviestras de predi- lección, V de que no les eran ingratos mis trabajos. Igual distinción he obtenido en el estrangero, y debieron (»irio en Madrid de boca del Sr. arzobispo de Burdeos, los se- ñores obispos de Coria, Tuy y la Habana. , Kl sabio obispo ingb's Wisseman, me escri- bió en el mismo sentido. Kn París y en Bru- selas he tenido ocasiones de conocer que los Nuncios de su Santidad se hallaban moy lejos de mirarme como un hombre peligroso, y (pie antes bien juzgaban c(m Iwnignidad j mis escritos..Nada puede prometerse el hom- ij bre de sus propias fuerzas; lodo puede te- I merlo de su orgullo; pero antes de (pie me sucediese semejante desgracia, esjx'ro qnc Dios me enviará una muerte temprana (í).

prestado á su mas U'^en insinuai-ioii, enmendando, eorrinieudo ó \ar¡aiid<i, lo que me iiul)íese - ' do eoíuo digno de variaeion, correeeion ó i ihi. Kslo no ol)slantc, snjelo toda la ohi-a al juicio de la Iglesia ratóllr.i, apostólica romana; y ilesde el momento (pie el Sumo Pnntitlee, sucesor de San I'cflro, y vlcarit) de Josucrislo sobre la tierra, ha- blase rf'oiitm alguna de mis opiniones, ino apn.*»»- raria á deidanir que la tiHigu |M>r emula, y que ' i*e.so deprofeijarla.» (Tooio A, c^p. 75, üilimo ác la olira.)

<á) La tpadiurion del PrulestanUsmo liecbu eii Uuma, y de la cual tengo en mi poder K)& dos tonjos primeros, es una señal At^ que la ol>i-a «*M:i I aeofiida rav<irablemenl«> en la l apilal del mnndi» ' rrisliano; mayormente si se añade qn de dos años «jiie n'cibió un ejemplar i! " - en nn eompendiode sus pn-liT-eiones tcolu^u.i- 1,.. ha publieadu el um pasudo, y que usl:i im[>reM eu la impreulii de la Oon ii de la l*nip ] en el resiimen de b It; i. i teologiea cun,...i. I con la fllos/íllca, dice In siguiente: «Kmprendiü I rienlemente un nue>o camino el español ' j ruando en un continuado paralelo entre la i " católica y el protesüiiitisinu, demotitWV solMlsima- DigitizecJ by Google tile e*ffl^>IW,'*c(íhlHfa inónimo, para que lo lengan vds. présenle al lormar juicio de los escritos de Balnies, a quien vds. conocen poco, y de quien daré nías noticias en adelante.') El corresponsal jmede ahora decir lo (pie quiera; en MailrlJ y en todas parles hay {jmonns de todas clases que me conoren y me han visto de cerca; yo mismo acabo* de indicar con nombres )ropios las fuentes donde se podrán recorrer as noticias (|ue se quieran. En cuanto á mis inlenriones actuales, al tiemp ' [vh i juslilicarmc en lodo. Nf» temo m.. > • han hecho alguna vez indicaciones de que se re- velarían los manejos en favor del malríniorcon el conde de Monfemolin; en alemas creído ver alusiones á mi: repito cpie tampoco en esto temo nada. En Espafia y en el estransero y con hombres de todas opiniones, he manifestado en alta vo7 la min. siempre (¡ue la ocasión se ha ofrecido. Hasta en los asuntos secretos tenso una re- írla muy sencilla, no hacer nada en secreto, que si ín ligere/a lo revelase y la malicia lo difundiese, no lo pudiese sostener en públi- co. Los que han amenazado repetidas ve- ees mas ó menos emboradamenle, pueden é^\r lo que (piieran: desde lueso aseguro qHe ó mentirán. ó no dirán nada de que yo me hava de arrenentir. Si con tales medios se cree desalentarme, nmy errados andan los que esto esperan. Cuando se aconiele nna írrande empresa, es necesario contar con /rrandes diciilfades; es necesario arros- trar la calumnia, de que no dejan nunca de echar mano los hombres inmorales en la im- potencia de su desesperación. Sostenso una aran cansí. y de sn /xrandor y justicia y convenieri' i i nl^riío nna convicción profuniuciili' lu qu<> aquella hixo cu bien de la.sociinbd civil, y tu qiio t >Ii' Iii/.oni su duño. Xnriiin im'rj( n'/jm hrtutl Ha ¡iridetn hi»¡ntnfis Dítlmi-x, dum C9lhftlirtim rrh'rjinnrm inlrrrt pmtvslitnti^mum P' i ilionr in<t(ilulfi. tpi^ paratjr. 7' Ída. Otros motivós jmdrian hacerme retirar do la política: (lero no los peligros, no los insultos, no las calumnias; lodo esto no es capaz de hacerme retroceder: mientras e-s»* <TÍba de política, cuanto mas arrecie la tor- iiienla, mas alio levantare la voz; asi lo he. { hecho hasta ahora; asi lo haré en adelante;' Otros por cierto y abundantes medios hini hiera tenido para medrar, pero no he dirigi- I do ninjíiina j)retension al ministerio en pro- vecho mió; no he subido jamás la^ coraleras del Real Palacio; no he adulado a nadie. ni iusuilado a nadie; he maniíestado mi opi- I nion sin reparar si ai^radaba o disi^ustaba n I determinadas personas por elevadas que fuesen: he dicho la verdad á todos los par- 1 lulos, tíf^radable o ingrata; uo he acuusejado I ni alaliado nunca ninguna tropelía, siquiera : fuese contra mis adversarios políticos mas \ decididos; y cuando el general.Narvae/. des- I terró á ios Sres. Corradi y Pérez Calvo, no dejé pasar ocasión durante mucho tiempo, I que no aprovechase para proloiar conlia semejante violencia. Mientras ole fíeiieral ¡ se hallaba en el apogeo de su poderío, le I dije siempre la verdad con decoro, pero I con una lirmeza en <(ue nadie me escedio; y I todo bajo mi lirma. Con esta couducla IVaiica : y leal be conseguido inÜuir en la opioioa I pública; sí, influir: ¿por qué do he de reco-^ nocer lo <pie es un hecho mas claro ipie la luz del día? lie llegado a inlluir en lu opi- nión publica, y en esto, lo conlicso, siento un Mvo placer, ponpie nada conozco mas I grato que ejercer inllujo sobre los hombres I por el ascendiente de la verdad; nada co- ; nozco mas grato que escribir una palabra y ' tener una seguridad profunda de ipie aque- lla jialabra dentro de poca:> horas volara á ' grandes distaocias, y vibrará en iiiillarcs de espintus para producir una convicción 'I o escitar una simpatía, como una chispa I eléclríca que saliendo de im punto cou- iiiueve la atmósfera hasUi un remolo conliOi «Lastima, coulinúa el corresponsal, que tan buen tálenlo gaste sus tuerzas de la ma- ñera ipie lo está haciendo, cuando tanta ' gloria podría dar á España, limitándose á cosas puramente cienlilicas.» ¿Y (jué? ¿por venlura se me puede exigir mas de lo (¡ue estoy haciendtf en medio de mis tareas \yo- ; liticas? ¿Por ventura el simple anuncio de I las obras que se halla en la cubierta de este i periódico, no es una prueba de que si do adelanto en las ciencias, por lo menos Irabajo en ellas? En mi edad y en mi situa- ción; ¿ha hecho mas por ventura el corres- ponsal del Español? Y á propósito de mis escritos pólitioos. ¿no es una tarea diurna la de conlribuir a dilucidar las grandes cues- tiones que se agitan en España? ¿No están interesadas en eso la Religión, la sociedad, la ciencia misma? Si soy solista ¿por qué no se me refuta? Y si discurro bien ¿por qué se me rechaza?

Pero acabemos, que ya esto se hace de- masiado largo, y los lectores podrian fati- garse. Yo no tengo mas armas que mi con- ciencia y mi pluma, y un corazón capaz de arrostrar los insultos y un sacriticio to- davía mas doloroso: el de soportar la calum- nia. Dias vendrán, y no están lejos, en que lodos cuantos hemos figurado en política seremos puestos á prueba. Los graves acon- tecimicnlos á que está abocada la España por indeclinable necesidad, nos ofrecerán á lodos abundantes ocasiones para manifestar la consecuencia de principios, la lealtad de las intenciones, la firmeza de carácter, el desprendimiento, y quizás quizás el valor para arrostrar peligros. Entonces se verá lo que todos valemos y lo que somos; porque los acontecimientos, la prosperidad, el m- fortunio, las revoluciones, no mudan á los hombres. los descubren. Entretanto, si se continua calumniándome y no me resuelvo á rasgar velos que quizás podria rasgar, y dejo á mis enemigos que se saboreen en derramar la hiél de su corazón, seguiré mi carrera compadeciéndome de los calumnia- dores Y despreciando altamente sus calum- nias. El anónimo corresponsal del I'Jspaiiol con sus semejantes, pueiíe continuar dicien- do lo que bien le parezca; yo seguiré mi camino: ese desventurado que* me calumnia con la cara cubierta, no me inspirará mas que lástima, si le veo gozarse en su repug- nante piKirion de arrastrarse de pecho ])or el polvo, acecharme cuando paso, y picar- me el pie.

Jaim Balnm.

LOS TRES CRITERIOS T EL PARTIDO MONARQUICO.

Ctcrila n Vkii ru M ilt «Raalo <h rtM j Madrid m MaMmiiOM.

El articulo de los tres criterios pura cono- cer la fuerza de los partidos |)oliticos, ha eo^ contrado mas tolerancia en los órganos pro- gresistas que en alguno de los moderados; aquellos han combatido nuestras ideas, opo- niéndose lirmcmente á las consecuencias que nos pro|)oiiiamos.sacar; |)ero entre estos no ha fiiltado uno que ha considerado mejor, y sobre todo mas breve, el acusarnos de tendencias subversivas, y el llamar contra nosotros «toda la animadversión del pais y la mas enérgica represión de parte de las autoridades constituidas: » este periódico es el Tiempo. Y'a sabiamos nosotros qne nada mas se podia responder á unas razones que mas bien debiéramos llamar sencilla reseña de los hechos; la enérgica represión de par- te de las autoridades constituidas, es una solución que nada significa en buena lógica, y á la cual en todo caso replicariamos con la manifestación de nuestra inocencia, y la demostración de que (|uien se propnsiese reprimirnos, faltaría á todas las leyes, y se declararla en contradicción con la concien- cia pública.

Nosotros no dijimos que las Cortes y la prensa no pudiesen ser nunca buenos cri- terios para valuar la fuerza de los partidos; muy alcontrarío, hicimos nolar las diferen- cias que hay en este punto entre los varios paises donde domina el sistema representa- tivo en su aceptación mas lata, la Francia, la Bélgica y la Inglaterra. Indicamos la ra- zón de estas diferencias, y coucrelandonos á Es{)aña añadimos, que hasta ahora dichos criterios no habian significado nada. Como el de las Corles es el que se ofrece mas de bulto, y presenta mas cuerpo á la observa- ción, nos lijamos principalmente en sos re- sultados, haciendo ver con toda claridad que eran absolutamente contradictorios. Para esto no empleamos sutilezas, ni raciocinios de ninguna especie; nos bastó una mera re- seña de las mavorias v minorías de las Cortes desde 4834; adujimos hechos, nada mas que hechos; si eslos ^son poco agradables á nuestros adversarios, la culpa no es naestra.

No obstante esa afición á los hechos, que resalta en todos nuestros escritos, el Tiempo es de parecer que negaremos en caso nece- sario la existencia del sol: le hubiéramos perdonado esta ocurrencia si se hubiese ser- vido copiar en sus columnas los [lárraTos de nuestro articulo, relativos al criterio de las Cortes. Si los lectores hubiesen tenido el testo á la vistn, bien pm^o nos habrían importado semejantes comentarios.