Es de notar que lo (pie se consolida con el casamiento del duque de Monlpeosier no es simplemente la obra de Luis JIY; es mas; es nada menos que la obra de Luis XIV, con^nlidatla t ii la familia de Oríeans; circuns- tancia gríiViMma, que no se ocultara a la sa- gaciM'élNa diplomacia europea. Si reinase en Francia la rama primogénita de los Bor- bones, el casamiento de la sucesora á la ca- rona con un principe de la misma, si Malí TObostecerla los lazos de las fanilias reina»*, les. no envolvoria las cuestiones dinásticas con las políticas; no prepararia nuevas com- plicaciones á las muchas que ya produfoy producirá en adelante la revolucionde 1830. La Inglaterra, no obstante las afectadas Iirotestas de inteligencia cordial y los vincn- 08 de la enádruple alianza, no mirari jaall sin recelosa suspicacia el ascendiente pre- ponderante de la Francia en la corte de Ma- drid. Dígase lo que se quiera; esfaa doÉ. grandes naciones están cofldenadis á uff rivalidad incstingiiihlo; cuando no media- ran otros motivos especiales,^ que tos hay mochos y muy graves, habría el oiguMn 3ue influye tan poderosamente en la suerte e las naciones como de los individuos: dos potencias vecinas, separadas únicamente I por un braao de mar, ambaa rieas, pn)»^ les, con numerosos ejércitos, con grandes I armadas, cou tradiciones de largos aftoa de odios, rivalidades y*^»ias sangrientas, con muchi) inlluenciá en los negocios euro- peos, ia que seria inmensamente mayor en cada una si no estuviese contrapesada (>or la de ia otra, no se profesan ni se profesa- can nunca esa reciproca benevolencia que Pcel y (luizot nos pintaban con mi(;:niiicas palabras, y í|utí casi se hubieran podido lo- (nar por espresiones de cariño, si el publico fuese bastante candido para no apreciaren su justo valor semejantes demostraciones Véase cuan faciliiuMrte se ha enfriado esa amistad tan ardorosa, con una sim|>ie mu- danza ministerial; y es probable que la pér- dida de la cordial intelifrencín no es mirada por el mismo Peel con») una calamidad para los negocios de su patria. ¿Quién sabe si, lejos de sentir pesadundwe, podría esperi- mentar complacencia, al ver que sin com- promisos personales ha dado lu^ar a (jue otros mas briosos corten eí vuelo a la influen- cia francesa, y procuren mortilicarla en los asuntos de la Península? Como quiera, es indudable que con notas ó sin ellas, se hará sentir ia indi^'n.icion de la iiran Bretaña, sí se lleva a rabo un enlace, cuyo efecto inme- diato es inclinar la balanza de la política es- pañola hacia la iníluencia francesa; y cu\ o efectoiiiuy posible y nada estraordinario, seria el colocar en el trono de España ¿ los descendientes de la cnisu de Orlcuns.
Si esto es verdad respecto á la Inglaterra, qae es indndAbleuiente ia nacicm que vio ¡ con menos disi;usto la caida de la rama pri - mogénita de los Borbones, ¿(|ué diremos de las demás potencias cuya ojeriza á la monar- quía de julio se ha hecho sentir constante- mente, y que no pueden recordar sin des- pecho (|uu los tres dias de la revolución echasen por el suelo el trono restaurado con los ejércitos de la Santa Alianza, y rascasen los acuerdos del coniíreso de Viena? Es cier- to que la diplomacia europea tiene miras pacificas, pf)r(|ue asi lo existe el espíritu del sifflo y las circiinslnncias de la época; es ¡ cierto que los ¿rabineles del Norte no suc- i ñan en invadir la Francia para restablecer ' en el trono de sus mayores al duque de Bur- j lieos; es cierto también que sean cuales fueren los acontecimientos (|iie sigan á la | muerte del anciano monarca de julio, no se I precipitarán las potencias aliadas arrostran- li do compromisos ¡lor el ínteres de la rama | proscrita; pero no es menos cierto que se I preparan para lo que pueda suceder; que • llenen la vista lija en el momento crítico del fallecimiento de Luis Felipe; que cono- cen las trascendentales consecuencias que de este hecho pueden dimanar y dimanarían probablemente; (|ue siguen con ojo atento el curso de los sucesos, y que no se les oculta una verdad tan clara, tan palpable,- cual es el que en ningún evento puede ser- les útil, y que antes por el contrario nunca f)uede dejar de serles muy dañoso, el que a Francia, representada \)or hi familia de Orleans, adipiiera en España una prepon- derancia decisiva.
¿Que harán, pu(;s, en este caso las po- tencias del.Norte? Kslanuts lejos de creer que por.semejante motivo declaren la guer- ra; y quizás si el asunto se precipita dema— siado, ó conocen (|ue la Francia ha tomado una resolución irrevocable, hasta seria po- sible que se abstuviesen denotas demasiado fuertes que comprometan á^Ia alternativa de un conflicto europeo 6 de una humillación de los gabinetes burlados; |>ero ¿les faltan aca- so medios para vengarse, sin que se vean obligadas a ningún paso estrepitoso? ¿No tienen a la mano mil y mil recursos indirec- tos para complicar la situación de España, y ;!i arrearnos gravísimos conflictos? ¿Está ¿I )ais tan sosegado que sea dificil provocar disturbios, con tal que se empleen al efecto los medios a proposito, y que sallan a la vista de los mas torpes? ¿No es evidente que )odemos esperimentar dilatadas y crueles convulsiones, sin (|ue baya necesidad de que se manifieste la mano (|ue las instigue y sostenga? Verdades tan obvias, ¿no se al- canzarían á la capacidad de tos diplomáticos europeos? ¿Se resignaran fácilmente a una mortificación de su amor pru|)io, y á un da- ño irreparable para sus combinaciones en lo presente y en lo venidero? Es muy dudoso; y si esto aconteciese, tan singular fenómeno seria digno de ocupar un lugar preferente en los fastos de la diplomacia europea. r Imposible parece que á nuestros hombreé políticos se les haya ocultado el peligro de semejantes complicaciones; y todavía parece mas imposible que conociéndole, se hayan resuelto a una medida que tantos compro- misos puede traer á la desventurada Es|>aDa. Sin embargo, ello es cierto que el matrimo- nio de la infanta con el diKjue de.Montpeo- sier es cosa acordada, y que si por obstácu- los insunerables no se llevase a cabo, no debería la F)spaña á los hombres (fue rigen tus desliiins el Ters<í libres de las iiiinensaS calamidades (\m un paso imprudt'iili; le pue- de ararn»rtr. ¿Oné se queria ron ese malri- monio? ¿Se tnlahn de complacer á la Fran- cia en muesira de aíiradecimionto? |Ah! la gralilud de nn partido no debo paiíarso con ssocia del duipie de.Muiilpeiisier a las in- mediaciones del truno y su proximidad ¿ ser marido de la HiMua, exasperaria los áni- oras hasta un punto (|ue debiera haberse tomado en consideración por los hombres que han andado en este negocio, supuesta el porvenir do una nación. ¿Se buscalia un <iuc desean la conservación de la li-anqaUi- apoyo? Ks j»robable; pero ¿cíhtio no so ha •! dad pública.
ocurrido (|ue al propio tiempo que se adqui- j £1 partido pro^resisla ha hecho una de- rla un amiíío inlt*n'sado. se provocaba la ira claracion que s¡f;ni(ica mnclio, pues que, de onemÍ2os podorosos? ¿La Francia fnnna i ^or mas que se liifüa ea contrario, uo lia , por ventura la FiUropa? La Inglaterra, la Prusia, el Austria, la Rusia escoltadas de otras potencias do soixundo y torcer orden, DO pesan también mucho en la balanza eu- ropea? Fn las grandes cuestiones que se han agitado di»sde ÍS.'ÍO, ¿ha sido «lecisivo el vo- to de la Francia, cuando se ha encontrado sola? ¿\o la hemos visto retroceder en varios casos, y muy parlicularniente en <H4(), mando la famosa coalición de las cuatro potencias con motivo do los asuntos de Orionbra sido publicada sin consentimiento r acuerdo de sus principales prohombres. Acata la voluntad de la Hoína manifestada en favor del infante D. Francisco de Asís; y¿por(iué? '(considerando.su elecciou ca i'avor del infante como WM //o;H<»«f.' > á ¡a opintun pública. ¿Ksla salí partido progresista del modo con <] va a cabo el enlace de la Kcina? iNo, antes por el contrario: « lamenta, como amanto de las instituciones liberales, que asunto te? ¿No la henv)s visto en la misma cuestión > (^n vital en que va librada la ventura de la española seguir itn;^ politica tímida. que se | patria, no pueda obtener iu soocion de tohacia mas vacilante cuando mostraban algún i dos los partidos en unas Corles hijas do la ceño los gabinetos del otro lado del Rliin? i verdadera y lerjiluna voluntad de los pue- ■¿V se quiere q«ie ahora, cuando el monarca j blos.* El enlace lo acepta, ponjue lo mira de julio so va nrercando a su decrepitud, ' como el;)r/Hí<'r;w/AO en favor de las opiniodesonvaine su espada, y no satisfecho con el nes liberales; como la inauguración de modesto titirlo de Napoleón de la [)az, se a»- i «una é|>oca de legalidad, de tolerancia v de roje á empresas l>elicosas? Mucho lo duda- | justicia, que Iwrre las huellas de un gobiermos: las palabras que so atribuyen al em- no de riulencia y arbitrariedad.»
bajador francés serian por cierto muy formi- ¿U"é garantías exige el partido progre^ dables si ocupase el trono do Francia el.sista? « Es)tera ver cunqdidos sus dcciwa capitán del siglo; pero ahora no existe, ya con el enlace.simultáneo de las dos hijas de oí hAroo de las cien batidlas, no existen sus ' Fernando Vil y los hijos mayores del infanlegiones victoriosas: á lo primero han sucedido losiílocnenles dircursos de M. Guizot: á lo segundo las tropas <lel mariscal Ruseaud. qne diezmadas por el clima africano y por te 1). Francisco:» y «como español y como liberal, está decidido á recliazar por cuantos medios lícilos estén á su alcance la candi- datura del duque de Montpensier iinfiuesla el hierro de los árabes, se lisonjean de ha- por el gobierno francés para la mano de la ber consoiruido una victoria, el dia en que se infanta.» Como estas palabras delien supoapoderan del nusornblo ajuar do una tnbu y de algíinas cabezas de ganado.
La aversión con que los partidos progre- sista V carlista miran a la Francia se au- mentará mas y nías con el proyectado ma- trimonio: el primero, ponpie vera biirladas las esperanzas que fundara en el infante 1). Knrique; el segundo. |)onjue á los mu- chos benolicios que tiene (iiie agradecer al gobierno francés, se añadirá ei ultimo, el haber trabajado para (pie la familia de don Carlos que<l,ise pro^^crita pan sienq)re, cer* i rándole todas las vías conciliadoras. Ln pre^ ' nerse escritas con mucha premeditación, de notar que a la candidatura del du<|ue de Montpensier se la llama impuesta por el go- bierno francés; se trata de rechazarla como españoles y como liberales, y ai indicarse ios medios que para el efecto se em|»Iearan, no se usa de la palabra que naturalmente dtbia ocurrir, let/ales, sino de otra que puede te- ner una acepción muy lata, mayormente cuando se supone que se interesan en el negocio la indef)endencia y la libertad de l« patria; liritos. No (pusiéramos interpretar mal el sentido de la declaración: tal vez esto )alabra no signiñca a<|ui otra rosa rpie yaies; poro como (jiiiera, hacemos esta ob- servación, sin ni aun desear que se nos den esplicaciones sobre este punto: estas san interioridades de los partidos en que no que- remos entremeternos: y ademas, el tiempo nos ha de sacar de dudas.
Kl matrimonio de las dos bijas de Fer- nando que debia inaugurar una época de oMiciliac-ion de los partidos y anudar las in- Iflrruaipidas relaciones run las potencias euM^Mas, se hace con tal habilidad, con tal previsión, con miras tan nacionales, que mi hecho con tanta ansia esperado se con- ▼itrte en un suceso triste que divide n>as prolundamenle a los hijos de nna misma palria, hace mas honda la discordia entre los individuos de la real familia, nos indispone con la Iniidaterra y nos aleja las simpatías de las potencias del Norte. ¿.\dónde varaos á parar? ¿Oué estrella tan funesta presido á ios destinos de esta nación tan infortunada? Divididos en lo interior, separados irrevoca- blemente los individuos de la real familia y enemistado el cobierno con las potencias es- Iran^eras, ¿qué podemos prometernos? ¿qué di» B06 aguardan? Si no se queria en- trar por el buen camino, ¿ no se debia por lo menos evitar el peor? ^Es jwsible que se haya cscogitado la combioacion que mas conflictos nos acarrea?
U INFLUENCIA FRANCESA.
£1 proyectado enlace de la Infanta con un priftcipe irancés ha dispertado vivamente el sentimiento de nacionalidad, causando a la inmensa mayoría del pueblo español un dis- gisto profundo. La infanta es la inmediata sucesora á la corona, y esto indica bastante lo qse con harta facilidad puede suceder: ektMtmiento de esta auf;usla princesa con ;de Montpensier es obra combinada por un gabinete eslrangero, y por la frac- ción política mas flaca é impopular que hay en Kspaña, y esto hace conjeturar el ascen- diente que va á lomar sobre nuestra política la indiK-ncia francesa, aun cuando no llegue sea marido de la Reina. Difícil era escogitaitC una combinación en que ium vivamente se hiriera la susceptibilidad de los partidos, ya demasiado exasperados por otras causasy probablemente se ha buscado un apoyo, {Mi- ro en realidad lo (pie se ha conseguido es un manantial de inconvenientes gravísimos.
El partido progresista, que coo tanUr propiedad ha sido llamado el partido del movimiento, se agita mas que todos en la presente cuestión; y consliluu'udosc el ór- gano del sentimiento nacional, protesta de muchas maneras contra la realiicacion del en- lace proyectado, (luaudo los partidos |>uc- den asirse <le tales motivos, mejoran consi-r- derablemente su causa; y la del progresista se presentaria mucho mas plausible, si algu- nas circunstancias no ie hiciesen perder un^ parte del mérito de sus esfuer7.os. A mas de - que se está palpando (|ue una de las razo-> nes poderosas de dicha oposición, es el ver destruidas las esperanzas fundadas en el iu- - fante I). Enri(pie, salta á los ojos la estrañez >^ za de que precisamente por motivo del ca- samiento, se haya caido en la cuenta deque i se está derramamlo por niieatru pat.s un (or- rente invasor que jiUrándáise fH)r loiUis par~ fes, m imitando nuestra nacioualitlua;» y de (|ue se alteran en sentido trances nue.*^- tras ideas, nuestras costumbres, nuestras leyes, nuestros Irages, nuestra lengua, co^ mo largamente es de ver en la osposicion contra el inalrimouio: salla a los ojos, repe-rt timos, semejante eslrañe7.a, supuesto qu9 los que tales daños lamentan trabajan tan constantemente por introducirnos la literai tura francesa, tan llena de ideas y senti- mientos á propósito para matar nuestra na- cionalidad. ¿Oué puedt'U ( ra esto lo» periódicos que con lauto, aiHesurari á publicar en sus folletines las novelas fran- cesas? Tienen razón los pn>gresislas: oues-* tros abuelos no nos conocerian; ¿pero no son también culpables de semejante alteración, y no lo serán en lo sucesivo, los que.se, apresuran á dar á luz c<m grandes oncomios,^ el.ludio errante y Martin el espósito? Aque- llas ideas, aquellos sentimientos, aquel es-' tilo, ¿son acaso españoles? ¿Igooran. pon- ventura los progresistas la inilucncia que- ejerce sobre las ideas y las costumbres d(^ un pueblo la literatura de que se nutre?
El único partido que eu Espafia defiendo la verdadera nacionalidad, es el que trabaa verificarse que el ducpie de Montpensier ' ja por fortalecer el trono y conservar la reíigiou cnlülica; rl ([iie cómbale las iimova- eioncs peligrosas en el órdeo social y políti- co; el (pi»'. es la conliiiuarion dií la hspana que en IHOS tombalio al capilaii del si^Iü en nombre de la indei>cndemMa. Los parti- dos que viven de las tradiciones de la liloso- fia del siglo Wlil integra o inodilicada; los que loman por modelo a los homl)res de la tltmblea constiluvente, esos partidos ata- can por su base la naci nialidad española; y no pueden salvarse del espíritu uiiiiuacional sino apelando a la inconsecuencia. Los que nos afrancesan no son solamente los discí- pulos de M. (iuizot V los humildes servidores de Luis Felipe. son también los que conde- nan lodo lo antiguo de España; los que ven en el Escorial el alcázar fundado por la su- fersticion y el fannlismo. No basta invocar el nombre de la Isabel primera, si se ana- tematizan sus obras: si aquella gran tteina se levantase del sepulcro, protestaría a su vez contra tos que protestan eu su nombre.
La nacionalidad de los pueblos no vive de solas formas polilicás; no se alimenta de meras teorías: la religión, las costumbres, la organización social, las leyes, lodo con- tribuye á constituirla y conservarla. Tanqu)- ro se' improvisa con (Ifcn-tos; se bga inti- mamente con las tradiciones antiguas; > cuando se romiM; bruscamente con estas tra- diciones, la nacionalidad, desaparece. Las naciones contólos individiws tienen una vida sujeta á la lev de continuidad: no se puede estinguir hoy su espíritu contando reanimar- le mañana; no se puede rasgar su organi- zación, prometiéndose restablecerla con re- medios improvisados. Las irasformaciones han de ser lentas; es necesario proceder a la corrección de los vicios de <pie adolece la complexión del viviente, haciendo con- Iribnir a la obra al mismo espíritu ^\UQ le viviHca; ¿qué se puede esperar si para sa- nar al enfermo se le aplica el escalpelo al corazón? No lo duden los progresistas pensa- dores: la nacionalidad, a la manera que ellos se la tmncinan, es una nacionalidad facticia; lal \ez podrá adquirir alguna tuer- za con la acción del tiempo: pero ahora, en vano contarán ron ella para derribar a sus adversarios. Si nuevas combinaciones que están en la esfera de lo posible, no colocan á los hombres de la situación en algún trance apurado, los progresistas, por mas que apelen al*cspirilH de nacionalidad. estaran condenados a soportar el yugo <]ae les im- pone el bando dominante.
Al emitir estas observaciones, no es nues- tro ánimo poner en duda los sentimientA» de nacionalidad de los progresistas; soio hemos querido restablecer la verdad de los, becho.s, algo oscurecida con la polvareda del momento, y hacer notar que el camino que ahora siguen en la cueslioo del matri- monio francés está en contradic« ion con su conducta jwlitica, y que su intluencia so- cial y literaria se* emplea en un sentido contrario á esa nnsma nacionalidad, cuya decadencia deploran. Por lo demás, si coo sus fuerzas pudiesen contribuir a que no se realizase el matrimonio de la Infanta OM • el duque de Monlj)ei»sier, iKibrian presta- do al pais un gran sorvicio, habrían contri- buido á una de las obras mas dignas en que puedan tomar parle los hombres amantes de la independencia de su patria. St: el partido progresista en su oposición a4 uw- trimonio francés, está de acuerdo con la opinión nacional: si triunfase por los me- dios que las leyes le proporcionan, deberia felicitarse por él triunfo: sean cuales fueren sus miras ulteriores, habría hecho una cosa escelente. Si en otros negocios hubi«'se procedido tan de acuerdo con la opinión nacional, su actual situación no seria tan triste.
Firmes nosotros en los principios que siempre hemos sustentado, creemos tam- bién, y con la convicción mas profunda, que el* matrimonio de la Infanta con el du- que de Montnensier. contribuirá mas y mas a (pie vaya desapareciendo ese espíritu de nacionalidad, ya bastante menoscabado por la influencia francesa. Al consultar las lec- ciones de la esperiencia y de la historia, nos asómbranlos de que haya españoles que se llaman hombres políticos, capaces de fo- mentar de ningún modo la influencia france- sa en España. No participamos nosotros de esas antipatías ciegas que producen odio en-^ tre las naciones: creemos que en Fraaoia como en todas partes hay mucho bueao y mucho malo; cpie hay hombres de senti- mientos generosos que se duelen de los ma- les que sus gobiernos nos han causado; una cosa no la tenemos por detestable por so- lo ser francesa, y no (|uercmos veogaraos con el odio á una nación, de los daíios que sus gobiernos han hecho á nuestra paUria. Pero tampoco }MHÍeinos ilesconocer que laa •M han ida cmiImmÍmIo -dc.tul snrr- ie^oe li tiinneiicia francrsii iia sulo cusí tjieK»{Mc una ualauuiiud |jura lüjabputiii La dinamia iraocMa )>*ÍQAiigiiró«a iisiia*^ «• oou veinte:aCkM 4» gucriB. £1 fiyncMO pació de iaini* i sfe ¡naoiíuro con olra iriier- há, y ia ^iu dci tralaüu de i'aiis eii iíoii, UM costó biea cara. La Francia cónlrae >ftÍMIu.'«« tiüii iaH Coloüins ín£>lcs;js subii'AiidüS t:outialamulropoli; y la España, liel ai j><ic- lu ue iauifiia<' y ( uUauiLaudu nia> iiicii el lU)lMii|lM(qiM»t«i iiiler^ti púUiicu, iuiilu joiiiitiü Tiilal: im rey absoiulo, duí'.üu tn', miiieu^a^ culüiiias ctt América, cuutiiiiuye (MI IN'ril, lüs simpUasílc la Fnim ía un \m- dicTuii impedir «1 1." de seliembre, el em- barque de la Reina Crisiiua v el encumbra- miento do l'^sparlero. La caijn del Recente fuo obra de iin alzamienlo nacionnl. en (|iic se coiifyaroa todos lus partidos, viéndose lue- go-croelmeolB buMes el «mérquu u y el proííresistii. Si h: iiilltiencia frantej^a bubie- se Itinidü (|ue derrihar a K->¡)ar!"n», es 1.oü seguro qut^ t i e\-Ucii;cutie uga jim iiabiia La < oiuiiicla de la {'raniila en el asunlQ. del caüaiuiuiiui nu <Ua beciio mab i^uc atíiM>.
ciicAziuenle al tHttiítb 'do los ínsurgenles | rear couilielo^rbi candidatura nu^ im]|K>pH2n ttiuejricattot», luiidadures de Ih.¿epúbiicáidu | lar <|uu pudú haber, k dci eoodQ<dC,Xi;4paiU|> lus LhUiiiuh-l iiiiioí). ¿vjuien j)tie i¿ pwid T«r iit»»,litt;MUü(ií&>,%Uü uo> cuálu iii utiau/a Iraiv* cesM iw^iii|)e!ideÉ> iNied«rie('2 Mamsá, üjttiviiiiis, tes'iio, todo a disposifioi'. déla Ifaitcia y sacmu-íiao ptr la i'raiu-ta!.. ¡V 4uu:áii.céuo>-) Úkí u uaiaita de iraial.:iur., dou- lüjpiimrmii et4;utt42u, saariiiceda a los m- tert!i>es d^e la iVaueia, pereció loiiu e;.l(;ra. ata ni«^fMU:>uciüi4iuc- ei.iüUttsr:>eiM44du ¿us uliiuius niumenlos con on valor adniraUeL. ili^^í^uciuti causa el recordar, que desjiues ^iaulos (ifMislios, ( ilavi t ii)an nuoíros roilüií buju el mando aci marques de la ia« á peiear^r la Ffabcia énidScontín le Europa; y que lanía;:en M osí lnd era ror- ffespufi(iido con la couüucla niai aievc, de •c}ue bay ejcíii:)io en lus la>íkjs ¿c ia iiistx)- e^la Hit- afioxatia )>or la Francia. V aborn niih'ino. cuando aq^a de lograr su inientps ¡que pri-as, ({ué'SÍlíiIps, qué. precipilacioDt en lodo! ¿i^uiéu^düría.que al proceder, asi b€ lijiiii iiada in^'nos que- (leí uialriintuiio de la iiciua üc Kftjiaíiay de ia si^cesura a iuv^ v^ na? V ¿por (pié esa conducta tan irregatort, P inpie asi le conviene: poique le interesa que el niülrinionio de la lidanla con, el du- que de Monlpeiiáier se realice ProoU)>rllftX. pronto para quu cuando la inglaUMntiVdlir potetn iüs del Norlc (juieran tomar ona acti- Uid sena, be cucueulreu ya con un UecW inreveciiible< ¿Qué Importa la pausa qaelaa bien sien la en lodo cuanto coiiLierne á réi4Ía nni^es!ad? ¿i}^''' ¡iuporla que el voló de ias Cortes uo ««.a Oídocon el (ielenmiieu- totque oon]OHf¥mde y ({^etan solenuiemeiiH le se bal.iíi nrouieUdo al discutirse la roíur- nia constitucional? ¿Qué importa que el ne- ¿íocio mas grave y trascendenlol que puede ofrecerse á Ja nación española se discuta y resuelva en t¡n;e>; (IcrP-s «jue tocan á su ün^ .«ba.{^u)tia ao ia íun olvidado ios cspa- ¡( que han consumido su tuerza moral en Ios- trabajos anteñore», y que sofríeren l« btmí- llMile suopeiksion íaipuesta |)or el soiíundii ;ñfti«. Indifuiuiou causa ei recordar i a ocu- pación Ir. II. lora de nuo>!rí) leniloi in, de jiui:9ili4»4Jia2abluertes, y i«i cruel cüuuiu' la dn^Mur^cgA-míiberotiaidifl dos deUayo. Uayi uoiMmoauoie«to»4iiie rMiisrdu. nuestra desdicha y nue^l^a gloria: y esadesuicha i'fislcs^»' ,. CuuMdtf se levanta en el p^irlidu modera- do a iriiiiii vu/ ciMilra la iniluencia francesa, , Í4^iUii;»a de i'aa> piocura.uio^^aiia, liaiuau- . im iWQftlnii.á ÍQS>*4Usideiites>; y cu verdad t que cur^o seuiejaute uOifiodcán oirib sin ru- bor los que lautas veces tiau iiüplurado el au.viiio de la Francia. Sin embargo, bueno ^fSera con>ii:nar, <jue ni aun ese partido, que Mr. (iuizol a})ei!iii'i ¡nihlicamenle par- Udo ícauceb, be ha salvado nunca en sus fiailáes afMires eon.«li.iMiiMto tde la Fran- ftMUiln iSBoi cayó l>ajo la mauu de la ro- í volucion. a pes;ir tie hissimpalias de laFittJi- c cía; en ifniú^ sucunduo ul muún de la Uran-* mini<iterio Narvaer? Nada de esto importa: á la Francia le interesa salir pronto del ne- gocio y acabar de uqa vez, yeolaxará ua hilo ({•' su rey con l;i ininediiitn suresorn á la eorofia de Kspaña.;0h soiid>ra6 de Cár~ 92 iin (iia, y oyendo de iioca de sus augustas Hijas y de al^iiii vordaderu españul, lo <|ue ha pasado desde I K33, y lo que está pasan- do en la aclualidad, ofrecería una escena interesante. Las palabras del rey serian bien di^cniLs de ser escuchadas!...■ REFLEXIONES SUELTAS.
Con motivo de la protesta del infante don Enrique, se ha dicho que nin{2;un subdito, por alto que sea, tiene derecho a protestar contra la voluntad de la Keina. ¿Podria el líscal denunciar esta proposición, ateniéndo- se á las docfrinas constitucionales'i Según estas, un rey constitucional no tiene volun- tad conocida: los ministros son resjwnsables de cuanto hace el monarca, como monarca: ningún mandato debe ser obedecido si no va refrendado por un ministro responsable. Su- pon^ramos, pues, que un secretario del des- pacho aconseja á S. M. una medida contraria a la constitución del Estado; ¿tendria derecho un subdito á protestar contra semejante me- dida?
Dada.
Dada.
Los consejeros de uu monarca pueden engañarse. Este engaño lo pueden sufrir también los consejeros no ministros. El Rey puede engañarse también, siguiendo el er- rado consejo. Un subdito, por humilde que sea, ¿tiene derecho a creer que en estos errores se ha caído al concertar régios enla- ces? Parece indudable. si no se quiere esta- blecer la infalibilidad de los reyes y de sus La verdadera leuUad.
La voluntad de un uíonarca delve ser aca- tada. Pero ¿se ouone a este acatamiento el que cuando se na incurrido en error, y mientras es tiempo de volver airas, se le advierta que ha errado? Lejos de que seme- jante acto sea una falta de respeto, es una prueba de amor y lealtad.
Seria curioso saber ahora. lo que pensará de sus consejeros presentes y pasados Dorta Isabel II cuando baya cumnlido treinta años. ¡Quién es capaz de decir, los acontecimien- tos prósi>eros y adversos que se habrán ve- rilicado en España!
Fernando VII resucitado, por espacio de ProirüiaH InauKnralea.
El reinado de Doña Isal>cl 11 se inaaguró con una protesta de un individuo de la fami- lia real. El casamiento de S. M. y A..se inaugura también con una protesta de un infante de España.
Lo» oft-eelmienloa.
El reinado de Doña Isabel II se inauguró con los mas decididos ofrecimientos ¡wr par- te de la Francia. El casamiento se hace tam- bién con las seguridades de la mayor inli- midad en la alianza francesa. Los ofreci- mientos, cuando liegó un trance apurado, se convirtieron en simpatías puras, en el jamás...de M. Molé. ¿En qué se converti- rán las seguridades de la intimidad actual? El tiempo lo dirá, si los acontecimientos se complican.
rolnrldrnrla.
Poco antes de comenzar el reinado de Do- ña Isabel 11 se hablaba mucho del tratado de Ulrech; poco antes de casarse Doña Isa- bel II se habla también macho del mismo tratado.
Semeja «a.
Por los años de 4832 y 1833 estaba el país tranquilo, pero angustioso: se sentía una calma pesada y sufocante, como suele serlo la de la atmósfera poco antes de una terrible tempestad. En 1846 el |>ais está lran(|uilo; pero todos los periódicos, asi na- cionales como estrangeros, emplean en su tono un no sé qué de fatídico!.. Los ánimos se hallan en una espectativa cruel...Se es- pera con ansiedad el correo...Los diputadas en sus discursos auguran uu porvenir bor- rascoso.
Oflciofkidad.
El gobierno y sus amigos tienen cuidado de hacernos saber que en todas las provin- cias se disfruta de tranquilidad. Esta solici- tud es laudable, pero inspira reQeiiones. Los parles de sani(lnd. nunca son mas fre- cuentes queciundo hay peligro de epidemia.
•I El Sraado MMa; el Casgreso fsiMila; las felicitaciones esprenin de^cos^rt^üperan- zas; el Congreso y el Senado- están en su ÚBn^dmmdof egperandOi El deseo, di* oen ln< mnnü^ias, sii refiere ¿ lo tmeoo; la esperanza á io árduo.
¿Se acuerda el lector de ninguna época, tea la que fuere, que no se hava inaugura- da eonléliladoBes?