Uombres de legalidad se han llamado tamljíein^IMderados, y por consernenda primeros segundos qoe lo atestiguan descuella cl de las últimas | han sido apeldados los progresistas hora elecciones. Esta es la verdad. Cuando hay en la sociedad un hecho grave, nada se ade- lanta con despreciarle: por mas r|ue sea contrario á nuestras opiniones no deliomos negar su existencia: jamas hemos podido comprender á (¡ue conduce ese desden cal- culado y afectado, por cosas que de tai mo- flo se ligan con el porvonír'de la nación. ^0 obstante esas denegaciones y afectados dhndenes, cl partido progresista "va agitán- dose de tal modo, que á estas horas debe hahor d;ido ' ya que pensar á los hombres iros de fnería; según esto, los triuoíaimn con la discusión, los con \9» Mtliál; los primeros, f^bcrnaban con la lev, los segundos con las bavonctas; los primeros vivían del |)ar¡aniento, los se- gundos de III iiiiii V. ¿Es esto verdad?
Los moderados caídos conspiraron sin es- crúpulo, \ o!ii[)leai(in «mi ("■ciíipiilo también, el recurso de los prouuuciamicntos. Los moderadbs éft errando, han gobernado por los estados de sillo, y no han escaseado, cuandf '<* hnn croid'í rnnvcnionte, el legisque predominan: se ha des^ireciadu á los - lar por decretos, y hasta los golpes de esta- monárquicos como un apoyo msigniflcante: I do. ¿Es esto le^idÉdT se ha rrcido rpie sobraban fuerzas á In sitúa- ' Rosulln. núes, que la diferencia caracte- cion para iriunlar de todo por si sola; los 1 ristica entre progresistas y moderados, no hechos hablarán.
Con In mira de alucinar y conrundíf « se ba procurniln comparar al ¡¡artido progresista con el moderado, atribuyendo soloa este to- do lo que ennoblece y agranda, y haciendo esta en (jue aquellos sean nombres de ffber- za y estos de ley. Ambos han empleado la ley* ó In Ini'ryn ^o:zim las circunstancias, cre- yendo probablemente que de esta manera se podía TÍFlr mejor. " ' ', - j ^ 06 La i ¡(|ui'za os otio de los á'i^nos que se han «jiíeiido sefialnr como distitilivos, [)cro Uiinhicu US nuiy ci]ij;voco ni.nuio menos. Si se iial>la de de la riqueza aoli^ua, nos en- coDlranios con la mnsa de los propietarios, honil)rcs piicilicos en su inmensa mayoría; de eslos una gran parle se halla en el parlido iiu)nar(|uico, mientras otra, mucho menor, (|ue hahia simpali/ado con las ideas nuevas, se encuentra ahora entre dos íucííos, en un laberinto del cual solo procura salir con vida y sin deshonra. Tocante á la riqueza nueva, ocurren dos oh.servaciones: prinjcra, que entre los progresistas hay una parte muy consideiahle de esta riqueza nueva; segun- da, que de la (jue se halla entre los mode- rados una buena cantidad se ha formado des- de 1843, y por consiguiente no podia ser anteriormente el distintivo de los ijue loman este nond)re.
Creemos poder dispensarnos de hablar de la sed de empleos con que en otro tiempo se caracterizaba á los progresistas: según parece, no dplestao los moderados esta (acil carrera.
La moderación en la conduela, cualidad la mas coiisocuente al nombre del partido, lam|>oco puede lomarse como signo caracte- rislico, en contraste de la exaltación que debe suponerse en los oíros. A mas de la severidad ordinaria del régimen j)n!itico y administrativo, no hay partido alguno que en las circuoslaucías cstraordinarias haya derramado mas sangre: una pequeña tiínía- liva hicieron los carlistas en el Maestrazgo, y lodavia no se pueden recordar sin horror ios fusilamientos que allí buho; muchas ten- tativas han hecho los progresistas; donde se han levantado allí humea la sangre. A (ines «le <S44 el Clamor Publico contaba ya 214 hombres fusilados: desde aquella época el guarismo fatal ha crecido considcrablcnienle.
Kespecto a los principios socinles tampo- co encontramos tanta diferencia como se ha laierido suj)oncr. Los moderados no impi- dieron el incendio de los conventos y el asesinato de los religiosos; v cuando' los progresistas vinieron á suprimir con decre- tos lo que en realidad había dejado de exis- tir, no tuvieron míe luchar mucho con la oposición del parlido moderado. Los progre- sistas abolieron el diezmo; los moderados han aceptado la alwlicion. Los progresistas decretaron la venta de los bienes de la Igle- sia; los moderado^ han mirado la desamorlizncion eclesiaslica c(-nio una de las mas jirniosrts romjtfistaa de la revolución; y lle- vados del celo de desamortizar, han compra- do los bienes de la Iglesia. La consecuencia obligaba á dar un decreto con apariencias j de reparador; pero el decreto no se publicó 1 hasta pasado algún liemfio, precisamente el ¡ tiempo aquel en que síí hicieron innumera- ;i bles ventas. Los lectores no habrán olvida- do la viva polémica que por este motivo sos- luvo el Pe>s.\mik>to db la ¡Vaciok con los j órganos del parlido moderado.
I Una de las diferencias mas caracleríslicas t! entre los progresistas y los partidarios de la II situación, consiste en que aquellos son hom- '] bres de acción revolucionaria, V estos de ' goce revolucionario. Ampliemos csUi dislincioD.
Cuando las revoluciones comienzan llevan en su seno sus consecuencias. Las de la re- volución en España debian ser la supresión de las órdenes religiosas, la al}olicion del diezmo, el despojo del clero, el abatimiento de la influencia religiosa en el orden civd: estas concecuencias las ha reducido á hechos el parlido progresista, el parlido de acción revolucionaria. Los bienes materiales que esta acción debia producir á unos cuantos, nos los ha rehusado el partido moderado, el del f/oce revolucionario.
La milicia nacional, organizada en gran- de escala, convenia á la seguridad de la causa: quien la armó principalmente fue el partido de la acción revolucionaria: esta mis- ma milicia., pasado el peligro, ha sido des- armada por los moderados: por<{ue siendo esencialmente activa en sentido revolucio- nario, no permilia gozar con tranquilidad.
No hay medio mas seguro para eslcnder el goce de los resultados de una revolución (jue aumentar indelinidamenle los emplea- dos, siquiera se hayan de aumentar en la misma escala los impuestos; el partido mo- derado nos ha favorecido con la administra- ción francesa v el sistema tributario.
Otro medio bastante seguro para no tro- pezar con inconvenientes en la carrera de la felicidad, es el no mostrarse demasiado rígi- do con la corle: el |>artido moderado ha pro- curado no ser intratable, y no se ha descui- dado en hacer notar cuan intratables eran los progresistas.
Kl a()oyo de las bayonetas es una de las garantías de buen resultado en tiempos agi- * lados; el partido moderado ha sufrido du- I raioe largo tiempo ios Ímpetus del general NMváet, M éontemfMMlo cnanto ha podido i los goTos militaras de las pros inr ins, y so- bre tfKÍo no ha perdido jam;is do visla una regla muy sencilla: ton tal que el ejercito sen nameraso, y esté bien imgado, y bri- llantemente e(|ufpndo, no importa que otras ciases se mueran de hambre.
En la actualidad ¿qué es lo que separa á los Riodefados de los prop:resistas? Muchas cosos y muy irraves: la distancia entre ellos ,es mucho mayor de lo que fue durante la gttem Chrit, y aun def lo que era en 4843.
Prescindlen'do de otras' diferencias, hay tres sumamente capitales. La Constitución, ios ayuntamientos, la milicia nacional. ''■^tMi progresistas se quejan todos los días de fjno la Constitución de 1837 ha sido rota Kr los moderados, no obstante el ser una ndera aceptada por aml>os partidos. Si los moderados nolinbiesen tenido la incalifica- ble liírercra de encomiar la Constitución de 4837, llegando á decir que iiabia sido liecha con sos principios, habrían podido contestar, que cnando llegó su turno, rom- pieron lo que se habia hecho sin contar con ellos; pero esta respuesta la enervan las palabras y los hechos anteriores, entre los coales dt'srnella la fíimosn coalición con su no menos famoso mauitiusto después de la elida del Re^^ente...'
Todo indica pues que id tos progresistas subiesen al poder, uno de sus primeros pa- sos seria restaurar la Lunsliluciou de 1837; 6 repentinamente, lo que es mas probable, 6 por medio de una discusión parlamentaria, abriendo brecha en la de i8i;j, por el mis- mo sistema que enq)learun sus adversarios contra la de 1837. Por manera que las dos fraccione? del partido liberal. (¡iie alixunos inocentes esperan todavía ver encerradas en los Unitfll de una discusión paciRca, discre- pan entre sí nada menos que en un punto tan pravo cual es la ley fimdamenlal.
¿Donde estamos? Después de trece años d« guerra y de revolncion, ¿todavia no se ha podido conse^ruir que las nos fracciones del partido liberal se pongan de acuerdo en lo tocante á la Constitución, y acepten sin- oeraroente este terreno para luchar única- mente con armas legales? D-ire años han trascurrido desde que en el discurso de la apertura de las primeras cortes decia la Reina (lobernadora, que se habia echado cl einiento, y que á las cortes tocaba levantar el edificio; ¿y todavía se disputa sobre el ci- miento? ¿Todáfta lüíplra unos sólido v esl)acioso, lo que otros apellidan flaco v dimi- nulo? ¡Guamas reüexioncs inspira este solo hecho! Si no hubiese bastante con los escri- tos p 'riódicos que lo confirman » loa último» manifiestos electorales lo presentan tan de bullo y con tales caracteres,de gravedad, que bien merece llamar la atención de todbs los hombres pensadores.
El pariido pro^íresista necesita absoluta- mente de una nueva organización de los ayuntamiéntoí. Voí «¡sienta de suyo inquie- to, ha menester de auxiliares cii fodos los punios del r,eÍD0, que trasmitan en breves mstanles hastA'ei últio^ ríocuu du la pcnin- sula el movimiento 'que aimáca del c«fntto aiíitador. Un ^'obiemo progresista sin nvun- lamientos democráticos, no puede sostener- se. Asi pues, la subida de los progresistas al poder acar rearía por necesidad una disolu- ción gcueral eii la> munici[)alida(les, vol- viendo con poca ditereucia al mismo estado (|ue tuvieron antes de f843. "Esto, no solo está conforme con tos j)rincipios democráti- cos del partido progresista, sino li-nhien con sus intereses; pues que si alguna Tuerza ha de tener en el pais, preciso es que su go- bierno de la corte deje participar de la a< cion gubernativa á sus auxiliares de las pro- vincias. Claro es qiiiB áijtaefiifttb mudaáEa vewpría siliqbe'liidas las corporación nes populares, inclusas in'- (!l¡)UIaciones ' tomascií cl caiiu ler de cuernos |K)liticos, v \m consiguiente sin que se suticse en todas parles el malestar inseparable de las agita- ciones políticas. Esto es un mal de inmensa trascendencia, ^ que previsto por los pue- blos. suscitará grandtss oMeiiK» al Inuolo del partido progresista; pero hay todavía otro Igualmente necesario al sislema del progreso, y mucho mas intdleinible para to- dos los amantes de la tranquilidad publica.
Ya se habrá entendido que hablamos de la milicia nacional, cuya reorganización for- ma uno de los principales eafrftnlos de programas progresistas, y que seguramente sera una de las causas que mas antipatías les j)rodu/can en la inmensa mayoría de la nación, ('omprendemos perfectamente que, o el p MÜilo progresista lia de abdicar sus priiicipius, ó uecésila tener eu las grandes ciudades y üfr todos los pueblos de alguna iniporiancia, masas disponibles para hacer frente á una ¡osurrecdon militar ó á una in- Digltized by Google Digltized by Google triga de. la corU>; qius, auaque uo ue^^inios | la necesidad, no podemos desconorer que esta es una de hs fatalidades con que lucha I esc partido. Atendido el carácter iudaiuable de nuestro pueblo, y lo turbuIenU» de la época (|ao vamos atravesaedo, es de todo piinlo iiDposihle que la milicia nncinna! no j ilé IVecuenle ocasión á graves dtslurbios, y j que aun en las temporadas menos in<|oíelas i no sea una causa permanente de aíjitacion y! malestar cu los pu 'blos. Estos que llevan ya tantos años do siilrimientos y trastorno, no quieren ni pueden soportar la idea de que á todas horas liaya df oir^e el ruido de las armas, aun cu ias inansioucs mas tran- qoflas; de que sus hijos, lal 'Vez educados Goá el mayor esmero, se tean mezclados á menudo días enteros, con nenies de cos- tumbres libres y desenvueitas; que la lle- gada de un corifeo (toco satisraetork», é qui- zás de un agente fncmi^ío del í;ol)¡erno, baste á poner cu armas la ciudad, desbo- cando las pasiones, y pro votando graves con Íl i dos. Se ha dicíio que cu Portugal no ha sido posible armar la milicia por la aver- sión de los pueblos; estamos sejjuros de que tampoco se reorganizarfa en la genera* lidad de Eapafia sino con mucho dógaslo y basta con resisieoda de la inmensa ma- yoría.
La milicia nacional es un arma de guer- ra, no una institución de paz: el gobierno la necesitó durante la lucha civil; los pro- gresistas la necesitan también ahora, por- que su mando ha de ser una hicha con- tinua.
Decimos que el gobierno de los progre- sistas seria una lacha continua; y Mbre este particular presentaremos algunas ob- servaciones. Otras veces han tenido (¡iie lu- char los gobiernos progresistas con las ideas y sentimientos de la mayoría de la nación, IK)rque cstraviados por ali^unos utopistas se lan propuesto realizar imposibles, añadien- do asi á las diiicultades de su situación, las (]ue resultaban de herir convicciones pro- fundas y seiitiniicnfos nrraifíados. \o sala- mos hasta que puuto los nuevos gobiernos progresistas se aprovecharían de las leccio- nes de lo pasado; y sí mas loleraiMes y me- nos cavilosos, presciiidirian de los asuntos iiue atcctan á las creencias y costumbres del puehloespaflol, limitándose á vigilar á .««US adversarios en o! terreno de la política; pero uun cuuudu supongamos que asi lo higunas dé las causas qjm wUit. «MÉibiijieron :i hu caída en las épocas anteriores, todavía tropezarían con otra, indestructible por si misma, á no ser anrojándose á medidas esr tremas, que tampoco púcdcn producir nin» gun resultado con garantías de (!uracioa;i llablanios de la oposición de la corte.
Esceptuando la Inglatern, dendfrloéÉrw- tá sujeto á condiciones especiales, y propias únicamente de aquel pueblo, en todos los países del mundo se puede noiar que el trono no simpatiza con los partidcs fétlíh' eos progresistas. Véase lo que esta suce- diendo en l'orlugal y en Francia, ao.obsr, lante el que en ambos pai8ea.lo||wbMÍ|É| hayan adquirído sus tronos hajo la enmr de la libertad. No es diücil adivinar lo razón de este fenómeno político: el laslioU) de con- servación, los sentimientos mas i ádeU^bles^ mas fuertes del corazón humano, hacen y harán siempre que los soberanos oigan con mas gusto y confianza á quien les habla coar tinuamente de la necesidad de fortalecer al trono, que á (piten les habla de dar ensan- che á la libertad popular. Uh soberano prO: gr^isla en pohtica, es ona idea oontradío^ toria. í Hé aquí una de las grandes dificultades del sistema progresista en todos los paiseii donde 4os camiMOs politices aléctan directa é indirectamente á las prcrogativas de la co- rona. Y esto es tanta verdad, í|ue si en In- 1 glatcrra uo hay en la corle semejantes pre- j venciones conlra los \\ighs, esporqoe la aS" toridad real no ¡hmi íI)!' ninguna mudan/a en los tránsitos de uno á otro sistema, y porque los partidos luchan á larga distancia (kl trer' no, sin pretender añadirle ni qnilarte nada, ocupándose lan solo de cuestiones sociales I y aiimiQÍstrativas, cuyas consecuencias solo I á la vuelta de mucho 'tiempo pueden reflnir j sobre la corona modificaade ugnm de su» atribuciones.. ^, Estas dificultades que eu ningiui |WÍ8 son Ide poca monta, tienen en Espafta ana lra»h cendencia incalculahhí; |>nrqne en un país tao emineolemeule monárquico, es una con? traríedad terrible, no diremos la enenúslad^j sino también el simple desagrado del mo«-, narca. La historia de los últíiuos aitos es se» bremauera iuslructiva...t, t^Mn-»^i Dejando aparte la época desdé ÍéÍ9 Imk ta 1825, en que el Kcy Fernando estuvo ' siempre en sorda ó en abierta oposidoi^.coa Digltized by Google Digltized by Google áu gobierno, podemos observar que aun desde 183;i, en que sobre las lorrcs del re- gio aloa/ar se cuarboló el eslandarle de la libertad, se ha establecido una lucha ince- sanie entre el partido del progreso y el po- der real; lucha que se ha niamíVílado mas de una vez con estrepitosos rompimientos. En tS3(), la Reina (lobernadorn después de hai)crse resistido hasta el último momento á las exigencias de las juntas, y aun de la milicia de Madrid, se vió precisada a ceder al niülin de la (iranja; y poco después abria las cortes constituyentes con un discurso lic- uó de blandura y hasta de humildad, decla- rando que como Reina nada aconsejaba, y como madre nada pedia. La revolución triunfante en todo el ^'imbito de la Penínsu- la, fuí! sin embarco bastante generosa o bas- tante previsora, para olvidar la resistencia pasada, y conlirniar en la regencia del reino á la madre dt; la Reina.
Corrieron los dos años siguientes en di- versas alternativas; pero reproduciéndose #on mas ó menos intensidad los síntomas de desacuerdo, hasta que en \H'.i\) comenzó á bullir en algunas caln'/.as un proyecto formi- dable, como único niedio de desí'mbarazarse de un obstácjilo permanente. I.a ambición y fortuna de un soldado favorecieron el pro- yecto que se llevó á cabo en el pronuncia- miento de setiembre de 1840. Alegáronse á la sazón, auncpie no olicialmente, razones particulares, fundadas en hechos que las re- velaciones posteriores han aclarado; pero lo cierto es (pie en el fondo del negocio habia una razón política, y que esta preponderó sobre todas las demás. Los que dirigen los grandes acontecimientos políticos rara vez se dejan llevar por los mismos motivos «pie ha- cen valer como |>oderosas palancas para con- mover á los puel>los.
Los sucesos de 4840, dejaron en mala situación al partido progresista, para que en mucho tienqio pudiera habilitarse á los ojos de la corte: aquel fue un paso muy atrevido; en hábil política, o era preciso evitarle a toda costa, ó arrojarse á conducir la revobn'ion hasta sus consecuencias mas lejanas y subversivas.
Como si esto no fuera l)astante. sobrevi- nieron los acontecimientos de 1841, y ade- mas las desagradables contestaciones de Pa- rís entre el Sr. Olózaga, á la sazón eml^ajador en a(|uella corte, y el secretario de la Reina madre. Todo eslu contri buia a que los adversarios políticos de los progresistas, que ya |)or sus protestas de amor al orden y á la monarquía se a.seguraban iu preponderancia en la corte, adipiiriesen nuevos títulos a la : gratitud du esta, y (;on(|uisla.«in asi una es-« I célente posiciou para destruir a sus advcrsa- j; rius, eldia (|ue ptidicseu asentar el pie en li Kspafia.
j El suceso de Olozaga en noviembre de ¡I 1841], fue lanilneu muy fatal al partido [iro- j giesista; y esto, no solamente por sus efec- i tos.inmediatos, que por cierto fueron terri- bles, ni porque inhabilitaba para siempre á I uno de sus caudillos, siuo |H)r(pie el parti- I do progresista en la alternativa de optar cn- ^ trc un subdito y la Reina, optó ]>or el súb-^ I dito contra la Reina. Y al decir esto, entién- I dase bieu (|ue prescindimos absoluUuuente del fondo del negocio, y (|ue nos abstene- mos de calificar la conducta, asi de Olózaga I como de los consejeros de S. M.; solo hace- j mos notar que el partido proiiVesista se colo- : co en una actitud peligrosa; y quizás no j)roced¡o con bastante habilidad en el mismo interés de su porvenir como partido de go- I bierno. No.se trata de las cualidades de a González Brabo, ni de otros (pie mediasen en este asunto: sea lo que fuere de todo I e^o, estaba de por uiedio la palabra de la Reina. La Reina decía si, Olózaga decía »o, y el |)artido progresista aplaudió el uo. I Como si el partido progresista tuviese contra sí una triste fatalidad en lo concer- uieute a la corle, todavía han sobrevenido nuevas complicaciones que han empeorado la situación de las cosas. Pronto va á (cumplir un año (jue el infante D. Enrique dió a I luz un manihesto, que, con razón ó sin ella, I fue interpretado por algunos como una de- I claracion bastante favoralile al partido pro- I gresista. Los periódicos de este partido aco> Ígierou el escrito con enlusiusmo; asi como los amigos de la situación le miraron con re- celo; hubo di.scursos esteusos, hubo felici- taciones, y hubo por liu acontecimientos desagradables <[ue uo hay necesidad de re- cordar. Como S, A. mantenía relaciones con alguuos prohombres del partido progre- sista, y mediaron ademas las cuestiones del casamiento seguidas de la protesta que S. A. creyó conveniente dirigir a las Corles, la atención pública en España y en Eiirofia se lijo durante algún tiempo sobre las relacio- nes y bimpalias de este partido con el jóvcu pruiciiH!, hacicudosc dileieute.«5 versiones.
m infante, no dejaban de prodacir alguna ¡nauielud en los hombres enemi,a;os de disrni - ía entre los miembros de la real familia, y (io sérias coM|H¡eMi«i« en los negocios di; España. Con eslc motivo un pcrifklicode la situación, aun(|ue con reservas y salve- dades, no dejó de echar en cara á los pro- gresistas ana de aquellas intenciones que, con solo suponerlas posibles, dañan muchí- simo á un partido para que pueda ser admiti- do algún dia con plena eonnanza en los con- sejos de la corona. Esta complicación se ha desenlazado de la manera más triste para el partido progresista; pues que después de diez meses de mterés y entttsiasoM por el infante D. Enrique, S. A. ha creido mas conveniente dar un paso de sumisión á la votnfliad de S. M., retirando la protesta, y aiuriindiDltf'ésp#esaniénte para lo presente y lo venidero. ítriioramns cuál sea á punto lijo la silunciou del partido progresista con rcs- peeto'á S. A. *, pero en cuanto se puede jua- gar por la séríe de actos cuya resefta acaba- mos (le hacer, bien cabe conjetnrar que no será muy satisfactoria.
Por manera qne esle partido, sin haber sacado d menor provecho de sus defcrcn- ■ cías V sim|)alias hácia el infante, se encuen- tra ahora con el disguste de haber arrostra- do un compromiso inAtil; y con la pena que naturalmente causa el verse separado de personas tan elevadas, cuando se las ha ai»MHdo con entushismo y se ha procurado escitarle en el ánimo de los pueblos.
Por si esto no fuera bastante, hay mas todavia. Sabido es que el partido progresis- ta apUiudid el casamiento de la Reina een el entonces infante í). Francisco de A.sis. y que se complacía en llamarle principe libe- ral, esperaiiilü do él un cambio político. No sabemos hasta qué punto estas espernuBas eran fundadas; pero lo cierto es <pie sesun parece, se han frustrado del todo. El Key no ha dado ningún paso que acredite simpa- tías por el triunfo de los progresistas.
Asi pues el partido del progreso, después de haberse indispuesto para siempre con Dofla Marta Cristina, después de haber to- mado una actitud poco grata á la Reina en el asunto de Olózaga, acaba de perder las esperanias que con nion ó sin ella, fundaba en la familia del inbnte D. Francisco; y esto liltinu), precisamente en el momento mismo en que esta augusta familia acaba du elevar- ^ se i tanta altura 4i «piMÉvéi por el enitoedesafriiMiteito con la leí*^ na isal)el. ■ • na isal)el. ■ • Parece que estas cirennstancias son dig- nas de recordarse, cuando se quieran aven- turar conjeturas sobre el jwrvenir del parti- do progresista. Por nuestra parte creemos que por lea nedion erdíMrios, le ha de ser* algo dilicil subir al podar, y también el con- servarse en él si llegase á conquistarlo. Co- mo este partido, aunque no tan fuerte como él se cree, na deja de contar en sn sene po- derosos elementos de acción, se puede ase- gurar que no se resignara a la suerle que los hombres de la situación le han deparado; y que mucho manan se l> podrá peraunáir que abandonando sus principios é mtereves, se someta a un régimen que no cesa de ape- llidar ilegal y tiránica. La esperieneia km. eoseQado que el |initido progresista no re». para en obstáculos, sean los que fueren, ni se arredra por diiicultades de ninguna espe-. cíe, siquiera ppocedM de allo«H(ren; y a#* debemos prepararnos á ver cosas muy sin-# guiares en las evoluciones que haga este partido eu la esfera política. El ardor con que últimamente je na arrojado á las elee^^ ( iones, indica que está dispuesto á trabajar ahora tanto como nunca; y es probable quo^;"^ no kut fldoel cimpo deelonl donde plee sus nadion de aaciiB*pani derriiinr á^ sus adversarios. ' ' ^ En estas uuiterias es diücil calcular á punto fijo lo que mieederi; pero cnaM» partido progresista por un conjunto de cir- cunstancias especiales se halla en una sitúa* cion anómala, se puede prever que ba dr^ ser conducido con el tiempn hechas matffr anómalos todavia. Este es un cometa que camioa coa demasiada velocidad para que pueda ser atraído por d actnnl siMcma, y sometido i un movimienio regninr en la ór-« bita moñárquieo-constilnrional, convirtién- dose en satélite de la situación. Sin que lo intenten ahora los prohwnhwi del pnXidniw la fuerza de las cosas le irá llevando á larga distancia del punto donde esta, asi como la misma íueua le ba llevado muy lejos del sitio en qoe estaba durante la guerra civiK^^ Cual sea estepnnto, y cuáles los caminos por donde baya de llegar á él, lo han de de-^. terminar las nemiadiiiaBtos, que por eioM| to no falltiin, y de ^fadnd, parn qie laii^ partidos encuentren vaste espneie en qnnvu realuur sus maniobras. ' ^cu^ ' ^ (f yaque no venturosos, es preciso que se obtenga lo siguiente: 1. " Sttuusion sincera del gobierno y de Im iMrtidet alónleii legil.
2. " Arreglo de los astinf *^ i i 1 <iást:' n>; iHiwiiwite la Miloridad del Sumo Footitice.