SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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i. IXMMr li ¡■iigMBiiii áe la In- ¿fkailMMiüclaiiea,Md «rdMeatará aügoradb, ni las conciencias dejarán de Imitarte, ni el trono di> Isabel gozará la t-onsidoMieion aue necesita en Europa, ni estará exenta oe peKgro h Mqnilidad de 'os dominios de la monflN|ainw elcoati- uent4*, y en las colonias.

Mientras loa partidos solo se sometan al /énlen legal, oca» i ma.naeeaidad de fner- za. las insurrecciones serán frecuentes como io son en la actualidad; el orden sera lutur- milanle, y ni «n los m'—ii ialenralos de trata de la nación que dispone de mns me- dios públicos y secretos para dañar á sus enanigos, súm» también porqu*' {in cisamen- te la Inglaterra ha sido uno de los IfMy^ll mas poderosos del trono de Isabel IT.

Ffnminnmon abora cuáles son las proba- bilidades 4e thHwr tsliS ftrni^as i«sgk tados.

Mneera M ntlUmm j útHm parteo» Un jíohiernonocs legal por solo querer- lo: la legalidad eüi^n algo mas que volun- tad sincera de sujtjWfH^'A la ley; ha nicues^' ter de ciertas condiciones independientes de los deseos y propósitos de los hombres que gobiernan. La conservación propia y la del órden púbNHP'ftif |(ÉMt loe gobiemés nece- sidades superiÚ^ t Ta ley: si esta no bas- ta, se suple con la fuerza* Asi lo han hecho siempre los gobiernos, asi lo hacen ahora, asi lo harén en lMMite, no solo en EspaRa, sino en todos los países de! minulo y linjo cualesquiera formas políticas que se plan-, teen ó imaginen. Es pues tiempo perdido el que se emplea en predicar á los gobiernos respeto á la ley, cuando i»or si sola no se puede bacer respetar de guheruaules V gobernados: los gomernos cuando no poepaz material estarán libres de inquietud y j ácn gobernar pelean: el despotismo que cn- '.ozobra. La sumisión del gobierno al órden legal, es otra necesidad: es preciso poner término á ese funealo<si8lsaM que proclama derechos en la ley escrita, y los infringe sin reparo en la práctica, y que es por si solo una semilla wcunda de anarquía: los pueblos aprendM^oaln lo ^ las.snsnia» los' gobiernos.

JKl arreglo de los asuntos eclesiásticos AiaBtola Mrtoridai M Smo PMtilice, es ana de las necesidaies mas trsscendentales, no solo para el bien de la Keligion, sino también para el del Estado: aun cuando to- dos los demás mgoeios se terminasen con felicidad, si este (]oedara ¡icndiente, él solo i lonres se ejerce no es olra cosa que el uso eslralegal de las armas que tiene en su ma- no lodo poder constituido.

De donde resulta que el primitivo origen de la posibilidad de un sistema legal, no so ha de buscar en los gobernantes, sino en los gobehiados, porque no hav poder públi- co posible cuando la soi'iedad ^e lirilin en tales circunstancias que hacen imjpostbtc el S|oe este poder ejerza sus funciones. La aenca del poder nunca nace del gobierno, sino de la sociedad, siempre se trata de muchos contra ^cos; y asi es que la historia y la esperieneia enseftan constantemente que los gobiernos muy odi,)íl(»< «le los pucbastaria para provocar graves conflictos en h blos, caen irremisiblemente, siquiera se lo presente, y acarrear inmensas males en I encastillen en una altura inaccesible erizada el oon^mm.

El reconocimiento de las ¡wtencias del ■Surte es también indispensable, si el trono español M fa» de raprssenlar w papel tan desairado cual no lorapreseata «ngan treno de Europa. Por lia,.el desarmar la indignación de la de bayonetas.

Prescindiendo del origen del poder civil, y sea cual fuere ia doctrina que sobre este ponto se adopte, siempre será necesario convenir en que no es posible pohornará un pueblo que no quiera ser goluM n iilo: cuando los conquistadofes huu oprintiduuor •Igoa Ümp» á u país, loMttiwlMlMM^.

DigitizQd-fay Coegle ID arroiar sobre esUí, al pueblo con- tjuislador. I'ara ^ol>crnar e» necesario un vinculo moral, (|ne |>or una parle de consis- tencia a la íuer/.u nialerial, y quu sopla lo que á esta falla; y esle vniculo debe arran- car de (ui punto lijo: el convenciniienlo de quu ul poder (pie gobierna, es leiritimo: convenciniienlo «pie se del)ilila ciiand*» bay una parte que opina en contra de ta legiti- midad. l*or esta razón se ve á los ííobicrnos, aun los nacidos de las revoluciones, correr desidados tras el titulo de legiliuius, procu- rando subsanar el vicio de su origen; y es i|Uii saben que encoiitrarian en eso un ele- mento de incalculable Tuerza, y que lo con- trario es una causa de profunda debilidad; es que saben que los (meblos sulrt-n por lar- go tiempo el mal proceder de un gobierno que creen legiliuio, pero no sulVen sino a la tuerza, a un gobierno que creen ilegitimo, aun cuando gobierne bien. Lstaoí ion es de mucba ti ascendencia para cuii^i. ^iJer la hi.sloria y ¡a polínica. Uqo de los resuluidos mas desastrosos de principios rcvolucionarii -u mpre luuy sos|K»clioso: la nionar(|uia es jior esencia un eItMiienlode orden y estabilidad; los prin- cipios revolucionarios son por esencia afila- dores y disolventes; no pueden unirse; su unión es la muerte de uno de ellos, y a ve- ces de r;K «'1 irono de Luis XVI y iaíí lilHírl.i..1111 « -as, se hundieron juntos en los horrores de la convención y en la dictadura militar. AforUinadamcnte el a>- ccndieiili' del espíritu nionin ('iiu >, ha c\i- tado en España tamaños de, no |>er- inilicndo otra cosa que iiii'/i|iiiMns remedos de aquellas escenas coii»>iiirs y terribles; pero es inenesler nolar <|ae el diaoia sigue aun, y (pie la revolución española no ha lle- gado lodavia á su desenlace. 1. eras pasan, y el desenlace no se i » in tima se inaugura como otamos presencian- do: en los partidos división, exasperación; en el gobierno crisis peq>etua; en el |)ais, ama- gos de revolución y de guerra cisil; en la Europa, aislamiento v enemistades. Teniamos prorundauicnie grabada la idea las revoluciones, es el (jue a fuerza de der- de (pie era necesario substraer el irono ib ribar y levaular gobiernos, debililan en los Isaln'l II a la necesidad de los ajioyos revo- pueblos las ideas y.senlimienlos de la tegi- { lucionarios, que desde su elevación le lian timidad del poder; y las cuestiones dinásli- [ conmovido al paso que le soslenian, y tle cas figuran enlre las mayores calamidades I que era preciso hacer entrar en combinación de un pais, por<iue el |)rincipiü de la legiti- ¡ con la Kspaaa nueva la Kspaña antigua. pa- mídad se divide, y el poder publico pierde ' radar á la monarquía el cimiento anchuroso en fuerza lodo lo que le falta de reconocí- I y sólido de las ideas y sentimientos naciooa- niienlo que no le prestan los di.sidcntes. | ctonales, de las tradiciones español,)-^ « re- Kn Kspaña, a mas de tu guerra diuastica,: vendo (pie solo de esta manera (X) hemos tenido la revolución que se ha llama- i guirse que subiese a las regioaes cki do aliada del Irono; y be aqui tpie ahora, la savia viviticanle que circula |M>r las cuaudo debía halier unión, siquiera entre i ñas de la socied<Kl. Mas como (piici los delénsor>>s de Isabel, se présenla un uu- en nuestra opinión esto no po<lia lograrse uiero considerable de estos reclamando el II con reales ordenes, ni con arliciil<»s ¿c ('um¡)limienlo del pacto concertado enlre el i periódicos increpando a los disidentes, ni trono y la libertad..Nucen de oslo compli- I con el proposito de hoinlm"^ (pie lo de>ca- caciones nuevas, que en couceplí) de los j! ran, sino con hechos p. grandes, de amigos (le la revolución, afectan a la misma legitimidjad de las instituciones; v se acusa ctic-.tcia segura y duradcta, se dijo tentábamos una reacción, (jue la ejct lucesantemenle a los consejeros de la coro- f de nuestros proyeclos pondría en jieligro el na, de haber eslraviado a la autoridad real, haciéndola sancionar actos contrarios a ios principios de la libertad: tales son el desar- me de la milicia nacional; la restricción de los fueros municipales: la reforma de la Constitución de tí<37, y por bn el olvido o el destierro de los que tiguraron en primera linea en defensa de la revoiuciou y del trono de Isal)cl II.

• El apoyo ofpN ido á los tronos por los • Imiio de la bija de Fernando; se pretin» es- cuchar los consejos de la corle de las Tutl<'- rias, se lomaroii determinaciones in>lanla- neas, y se ejccularon con inaudita pronlilutl. Ks de suponer que los encai -M(!'» i'-' j)or la seguridad del trono de iKni.' I- w v la tranquilidad del iwis, lo liali n- sado bien anies de tomar lan graves resolu- ciones: sobre ellos, pues, caerá la respon- sabilidad, a ellíK locara In censura o ei elo- Digitiz'eíJ by Google gioMÉilMo It pMüéiáMl, f tales I nesde hw wfpqiittoaes populares, y Wr todavía, ea el juicio de la geDeracion pro- j ríaa la oiilícit aacíonal; mas con esto ¿qué senté. Si nueslra opinioa fue errada, y de i se adelanla para cooslítuir un gobierno só- todos JDodos la Espaúa puede ser prospera lido? nosotros creemos que por el coulraho y firiix, ■Oft alegrarenos:6a el caso contra- | resulta imposible. ¿Qué se adelanta para lio na*, censóla remos, recordando lo que tuantes. coino se echa de ver en la perma- nente crisis de su representante que es el ministerio. ¿Qué remedio hay para seme- jantes males? otros lo sabrán qoitá; aosotros lo ignoramos.

¿Se puede coinen/.ar por entregar el man- do á los progresistas? Ni la corte lo quiere, ni el partido moderado lo consiente; y sin embargo, e:>la es la única eondijiion para aplacarlos.

¿Se puede llamar á los conservadores? Las simpatías de la corte por esta fraí ( ion, son cuando menos muv dudosas; y ademas, la mayoría del parti<H> moderado se opondría á que subiesen al poder los que han estado en minoría en las cortes pagadas, y lo están en las presentes.

llSe conserva al minislerio actoal, en todo ó en parte. ó bien se nombra otro que pro- fese los mismos principios v observe igual pUtíca? Nada habremos adelaolado; dorará ía.situaoion actual ( on lactiTáNoa, con la irritación, con todos los inconvenientes de ahora.

¿Se hace una tentativa en sentido mas monárquico? Entonces se reúnen contra el ministerio todas las fracciones hberales; mientras los monárquicos en su mayoría, se eonservarán en su retiro, esperando k» acontecimientos.

Ademas, ¿con qué medios de gobierno contariañ los varios ministerios que acaba- mos deladicsr?; 'i, Los progresistas restablecerían la Consti- lucioa del 37, eosancharian las atríbucíolos progresistas. ¿Dónde están esas difemncias de sistema? nosotros no las alcanzamos. Fácil es hablar en general de legalidad, de moralidad, de economías, de dignidad na- cional, de mejoras públicas; pero la diticul- tad está en la ejerucion. ¿Renajarian el sis- tema tributario? En lal caso ¿como se cubre el presopueslot El gobierno do' los conser- vadores no tendría bastante fuerza para ha- cer reformas radicales en el ejército y cu todos los ramos de la admioisliaciuu; para esto se necesita una audacia ó restauradora ó revolucionaría; y esta no la tienen ni la pueden tener los hombres que prol^san esoj» doctrinas libias, en que no entra el cal||r de. BÍngiui prittápio poderoso; esas doctrinas, en que la monarquía y la revolución se equi- libran en iinísimas balanzas; disputándose largamente sobre un adarme teas ó meuoé de prerogatívareal, ó fuerodelparlami nlo.

¿Modilicarian notablemente el gobierno de las proviucias? Si no anduviesen con gran tiento, muy pronto palparían el resultado. Hay ciertos males inherentes á la situación, que no los curarían los conservadores, y uno de estos males es la necesidad de hacer mucho uso de la fuerza.

¿Armarían la milicia nacional? no: pues entonces los progresistas se quejarían lo mismo que ahora. ¿Admitirían ampliamente á los proiiresislas en la administración públi- ca? Si no los udiniliesen sufrirían las mismas acusaciones de esclusivismo; sí los admltie* sen, el partido progresista con su número, su energía y su audacia, absorbería en poco tiempo a la pequeña fracción conservadora que se disolvena bien pronto como un pe- queño grano de azúcar en un vaso de a^íua.

En cuanto á los medios de gobierno de que dispone un ministerio que conserve la 97 sítaMÍoii actnl, prohados están; y lo peor I es que no hí^ alran/a la posibilidad do rm- f plear otros mas elicnces, atendida ia falsa posición en que las cosas se encuentran |)or un conjunto de dremislaiietis flanamente complicadas y pelií;rosas.

Pues qué, se nos dirá, ¿no le será posi- ble al partido moderado llamar al partido monárauico de todas jiiniones dinásticas, asociarle sinccramenle al.i:ol)i<'rno, y con- tar con él, como el mas iirmc apoyo del trono de Isabel II? Pero nosotros pregunta- KMiios también, si los partidos vienen por solo llamarlos; si las ideas y los sentimientos se cambian con un escrito; si los temores V las esperanzas se deshacen con vu pita- bra: si los compromisos se rompen porque otro lo aconseje; si los insultos se olvidan con una espresion halagttefta; si se niegan los actos de toda la vida, para acometer empresas inciertas en favor de losenemi'ros; si se ha olvidado la historia de 1843; si se ignora que la generalidad de los hombres prefieren vivir infortirnados en la oscuridad doméstica, á servir de pedestal á sus ad- versarios, y que tantas veces los despre- ciaron.

Si las dificultados enumerrifínv no son verdaderas dilicultades, convenimos en que latenlativa pudiera salir Men; pero si son dificultades grandes, entonces sigase como hasta ahon, v sufra cada cual la situación que se ha preparado, y súfrala con sus últi- mas consecuencias, que, antes de seguir su conducta pasada, bien debió pensar en su suerte futura. Los negocios de estado, los sistemas políticos, no son asuntos de intri- gas particulares; los grandes negocios tie- nen grandes resultados, buenos ó malos, según la resolución; los principios poUticos muertos en su atlwns J á con los fatídicos acento^ que dOTin en COMI- do se exhalan de las tumbas.

La revolueion ha muerto, el carlisaoo ba muerto; lodo ba muerto menos la ntuadoA; sea en buen hora: feliz ella que en tal ca- tástrofe de muertes ba podido conservar la vida, j no como quiera, sino con robusles, cnn Inzanía. con perfcclo bienestar, coa esa: unión en su propio soiiü,(|ue le augura lar- gos siglos de duractoQ y bienandanza. En vano claman los progresistas, en VMO se' (|uejan los monárquicos: la situación no es- pera ni teiue uada deioi» que están fuera de ella; y derramando; gracias sobre cuantos la sirven, y aincQa?.undo á cuantos no la admi<*> ran, sigue su marcha triunfal entre los aplausos de los pueblos y la envidia de la' Europa...-.tür >u,(i II. j ¿Hay probabilidad de llevar á cabo eaiaimportante medida? ¿Cuál es h actitud mas favorable que la Santa Sede [)uede tomar? No creemos que haya otra que ia de exigir una 008a justa, justísima, á saber: que se asegure al clero una subsistencia di mroñi é ii¿diependientc. ^.Ilay esperauzas de que esto se baixa? ¿Cuales sonf ¿En qué se dan? Si se hace una tentativa, ¿hay estabi- lidad suficiente en los hombres y en lascosas: para que se puedan ofrecer garantías de que se cumplirá lo que se prometa? <^.»<<ími El sistema de la dependencia del erario está juzgado por la esperiencia, como lo ha- bia sido préviamente por el cálculo. El de prestaciones én frutos, no parece qu(> obten- Iga, por ahora, las simpatías del gohiorno, ydibcilmeate obtendría el de las cortes.

tienen consecuencias, buenas o mams, se- { lüualesquiera otros medios que se est^giten.

gun son ellos; los partidos y los hombres no son insensibles á las heridas del pundonor; la repulsa y el desprecio no son buenos me- dios para conquistarse amigos.

Se ba dicho una v mil veces, y se está repitiendo todos los áias, que el partido mo- nárquico, absolutista, carlista, reaccionario «llámese como se quiera, estaba muerto; <lejadle pues en su sepulcro, no busquéis el apoyo de los muertos; su apoyo es delez- nable como un montón de ceniza, su proxi- midad contagia; permaneced en esa región de foena, de vidn, de aroma, que os ha- béis fabricado, no vayáis á inquietar a los tendrán contra si el deplorable estado de nuestra hacienda.;) ^(^snr ái\ las insoporta-^ bles cargas que abr uni iii a ios pueblos, r^*^ No creemos pues exagerar nada al decv aue esta suh^isftMicia decorosa é indepen- iente, no puede garantizarla la situación actual, ni otras que hemos indicado: por consiguiente es harto probable que las eosH permanecerán en el mismo e>íf;i(ío, y que el arreglo definitivo de los asuntos eclesias- tieos se aplnzari tedavin por algún íimip»i En estos dias se habla (fe la venida de un Nuncio, y algunos creen que en realidad tiene el gobierno noticias favorables: por ei- 4 4 to, M modamoB de opiiimi: el Nució, si viene, veaárá para cxamiaer b.qiie se pu(;- de hacer, y es temible <]w!»> '<or;t diticil fieuveocerse de que se pueda liacer lo <|uc eMi^íeoe. Be Reme no se proeede coo pre- cipitación; antes que la Sania Sede' tU un pa- so delinitivo, ha de lra^^cLlrriI• todavía luu- cho lieuipo, y por desgracia los sucesos en BiMit ee €oni|riÍGiui <fo una manera nueva flwttreaneaee.

trece bien.

ates: el leeutf jusgafási peasanioe IV.

del Norte.

AI rernríI,Tr este asunto, se nn< nrnrre iiaiuraliueiite ei repetido anuncio de (¡uc se «i á olrtener noy pronto el deseado recono- cimiento. Creemos que esos auoncioese hau hecho un tanto ridículos, y que seria bueno economizarlos en adelante. Cuando Uegae el recoooeinieBlo eeró baene aami' ciarlo de repente: asi la sorpresa será mas profunda ) íícneral, evitándose las noticias anliüipadas que pueden producir ia sonrisa de loe incrédulos y el aereasino de los ene> mijrns. Por lo detnns, entn'i'nTnos al buen juicio del lector el tallo sobre semejantes e^ranaes. Las potencias, que con tenaci- dad inaudita han permanecido apartadas y somlírías durante (rece nfios. á pesar de las üe&irones del gobierno español, y de los ga- btnetee de Franeia é IogÍatemi,no es proba- hlr íjuc muden repeiitiriauKMile de política, ahora, precisamente ahora, cuando contem- Slau cou placer el estrepitoso rompimiento B la cuádruple aliansa; eoando la Inglater- ra se opone abiertamente á la sucesión á la OeMrmar la IndiciMeioa déla IntlaMrra..

La indignacieii de la Inglaterra, proceden- te di l niatrimonio de la infanta con el duque de MoiUpcn^íier, se dirijre principalmente contra la t rancia, ¡>ero afecta mas profun- damente á la España. Una venganza directa contra la Frauda, Tu-cesila de mas medios y prepararidn ffue eontra la España: aquella naeioii, auuíjuc encierre elcmenlos de gran- des complicaciones en Utt porvenir no muy lejauo, se halla por el momenlo en niefor'*-- disposiciones para poder neutralizar las lua- niobras estrangeras; y ademas, no es tam- poco posible intentar nada sobre la Francia, sin que se resienta!a Europa entera. Si la dinastía de Orleans hubiese du correr peli<- gros algon día, estos se prepararían en un concierto europeo, tomándose anteriormen- te todas las prevenciones necesarias para impedir <jue el intento de cerrar completa- mente el cráter del volcan, produjese una I ronfla^^racion espantosa. Por dcsíiracia la fjeninsula se encuentra en posición muy di- érenlc: algunos millones empleados con habilidad, pueden hacer pclipírar la tranqui* Hdad de España; y este snrrificio no es muy grande para naciones poderosas. Cuando no se consiga otra cosa que dar disgustos y te- mores á la Franeia, ya >e In^ra en parte el nhjeid (k los cpie desean vengarse: y si por los azares de la fortuna se llega á uo resul- tado mas cuinplido, se tendria adelantado no jwco para intentar con el tiempo emprecorona de una de las dos hijas de Fernán- | sas mas atrevidas. Nunca hemos audado un do Vil; coaado lord Palmerslon hace todo lo i momento de que las desavenencias estrafias que puede para mortificar é ¡uípiíetará 1» * ' ' ' ^ " corte de las Tullerias y a la de Madrid; cuan- do se da en Lóndres tal recibimiento al prin- cipe fogilívo de Bovrges; cuando eit Portu- gal, que es poco mas que una provincia de España, ondean nada nu'iio-i que tres ban- deras, la de Doña María en Lisboa, la de ta revotiicion en Oporlo y Santarcn, la de don Mí^'uel en Braga; cuando los partidos poli- ticos de £spaña «e aprestan á avivar mas y wm tat luchas dentro y fuera del parlamen- to; cuando el ffoki&rm se ve precisado á to- mar providencias para hacer frente ¿ los amagos de guerra civil.

las pagaríamos tos españoles, desde que vi- mos la inconcebible ceiíiiera de los hombres que disponían de la suerte de nnestra patría; los resultados lo van confirmando de una manera tan gravo, <pie hubiera parecido ¡ncreible algunos meses atrás. Asi los suce- sos que debían consolidar dclinitívamcnle el trono y la tranquilidad piíblica haciendo en- trar dé nuevo á la España en el concierto de las Daciones europeas, han venido á inaugu- mr nna nueva era do conflictos y riesgos, cin as i'iltímas consecuencias no se pueden conjeturar. Se ha cometido en España el gravísimo Bo semejanteseírcnastaneias, no creemos, I error de aumentar nuestras complicaciones no podemos creer, que las potencias del león las airemis; de ligar nuestra dinastía r^le otorguen lo que ban negado duraute ' todavía uo baslaulc consolidada por cfcct» de ia ^erra civil y de ia revolución, con una dinastía amenazada de graves peligros en sentidos diversos; nuestro suelo tan de- V necesitado do pa/. se le ha abierto luipruüentemeate para que sirviera de pa- lenaue donde luchasen con sos inlrif^, sus medios pecuniarios, y tal ve/, con sus armas, naciones poderosas. La opinión general en España y en £nropa trata cun severidad á los espaftoles auc tal desacierto luni comeli- . do; la pos!('f i<iaíl sera todavía mas severa, porque enloQces se tiabráa visto los resul- tados. Bien es verdad que la Providencia conduce muchas veces á las naciones por caminos que do alcanza el débil hombre, y uiii pudiera suceder que esos mismos des- aciertos produjesen en último resultado so- luciones inesperadas que nadie liubiera po- dido prever.

■De todos modos, es cierto que la ruptura de la cuádruple alianza es un suceso colosal en la dipIfiTitnria europea, siorv!f> oí;tr;ifin que hayan dadu ocasión á esta ruptura ios mismos (|ue tanto provedio sacaron de la alianza in^'lcsa. La dinastía de Orleans le debe mucho, muchi<imo: el trono de Isa- bel 11 cncoulro en ia ln¿¡latería un auxilio poderoso durante la guerra civil; y doña María de la Gloria no estarla sentada en el trono de Portugal, si la Gran Bretaña no hubiese favorecido con tanta decisión al em- perador D. Pedro. ¡Y cosa singular! El es- pi'rimontado pefc de la dinastía de Orleans da el primer pa&o, isuiriz y otros le secun- dan en Madrid; y para que nada faltase, has- ta la corte de Doña María de la Gínria se atreve á pmipr mnla cara al fíahinele de la Gran Bretaña, i^a ia^lalerra esta indignada; loi^ PalmerstOQ oo disimula su cólera; pero menester es confesar que si jamás hubo cir- cunstancias que pudiesen herir el amor pro- pío de una gran potencia, lo son ciertamen- te las que se han reunido para ofender á la Inglaterra. La primera noticia que dél miento se recibe en Londres es lo de que está resuelto ya; el embajador protesta, pe- roen vano; el gobiernoinglés aprueba la con- dncla de su embajador, y protesta de nue- «I, pero en vano; la protesta liega a l'aris, f^mienlras se estiende la contestación. los Erincipes francpsr'í <^k'.n para Madrid v la iglaterra queda burlada. Asi corre¿>poude la corle de las Tullerfas al apoyo que la Ingla- terra le dispensara |>ara imponer respeto á la Europa; asi correspondo Isturiz y otros á " los recientes favores de las escuadras ingle- sas prontas en todas las eoatat de la penfn^ sulapara sostener contra D. Carlos cl trono de Isabel il. Esto es duro: la Inglaterra no esta acostumbrada a S4;inejanles tratamien- tos. ¿Se acostumbrará? Es muy difieil que la patria dr ritt y de NVIson s;* prosternes delaoledeM. tíresson y Yl. GuizolJ'*'»" Con respecto á España, hay en esté pM^ ticular hechos sumamente curiosos. Para condenar á un tiempo la política de nuestros hombres y de M. Guizol, no necesitamos otra cosa que las palabras,'1üs dfécTaraciones solemnes de! mismo (liiiy.ot en las cámaras, á principios de IHii. Si no lo tuviéramos a la vista, seria dilitil creer que hombres gra- ves, con larfua esperíencia de 'hút nefiociot^ [)rocediese'i mvt tamaña liircreza: '=in f-m- )argo. ello es asi, como verán los lectores, con las m¡>mas palabras del ministPOlfraMési En el discurso de nperturarfanhÍB dicho d rey de los franceses, (pie la sincera amistad que le unía con lu.s üoburapos.de Inglater- ra, y la cordial infeliaréneía «sIÉihIeeida e»^ tre sus gobiernos, iiiíuuJian ¡ÍM»iijeras es- peranzas con respecto a los nc^iocios de España; y AI. Guizol, aiupliaudo estas in- dicaciones del discurso de la corona. dcciae «Hemos dicho al gobierno ¡nirlés: In lucha entre hs dins países ka causado la desgracia (k España, y esta hostilidad es lamMiibtl nesta á dos naciones igualmente fuertes. Nuestro primer pensamiento ha sido ver aue era ¡¡osihltí que cesase esa funesta ritaliaaé en la península apelando' al juicio y honra» de/, polílíea del ííobierno iníiiés.» No cabe confesión mas esniicila: «la lucha de Francia y de Inglaterra lia causado la desgracia de Espsfia.» M. Giiizot «s quien lo dice: y enr tonces, ¿por qué romper ron la Inglaterra, y de una manera tau e^itrepitosa, en los ne- gocios de España? ¿Cómo habéis olvidad» vuestro primer pensamiento, que fue cl aca- bar coo eííta fitne.stn rival'd-H! ' M apelar al buen juicio y á ia honradez polilica del mi- nisterio ingrés no podíais entender que In Inglaterra debiese dejar á vuestra influrririrt campeando sola y esclusiva en la península, comu habéis intentado posteriormente. In» creíble parece que el mismo hombre tuviese una conducta tan opuesta á semejantes de- claraciones. ¿Que respondería M. Guizot si en las próximas eámaras hubiese wi orador que se las recordase? ^Es justo, es político, I es oonaecuenle» es aiqttíen aiuoeplible de uoa csplicacioü razonable, el dar Uinla im- porta tu i a i un pensamieiilopoUtíco, y luego DO solo nlvidHrle,8ÍiioeQiilnríarietanalH0r* tameole?

Pero todavía 'no hemos recordado mas qiu lina parift éel peosaiuHftilo p iliii o de U. Uuizoten aquella época; todavía íalla lo mas carioso: para discutir con el miais- terio en laa cáMras fraaeesas ae podría em- pezar un escelenltí discurso de oposición con las mismas palabras empicadas por Gnhot eu aquella época: helas aquí: «Hemos abor- dado otras cuestiones mas predaas y ileli- crtdns, la cncslion de malrimonio, ^l u-'-irm- pio, en la que tiene dos intereses la Fraa- da: el -primero, que no se establezca al otro lado de los Pirineos una inlluencia boa- til y naturalnif'nto cstraña á la Francia; y <^, que no nos coosiprometamos deaoasia- do en loa aegoeioB de España por «no da esos lazm que estrechan demasiado á las fa- milins y á las tuiciones. UeoMM toaaado por re^la msioé hechos.»