Gnaado hablamos de los medios necesa- rios al gobierno para ejercer las funciones que le incumben, no entendemos limitarnos a los puramente materiales, no ju/gantos que la filena da uu poder ae haHe en |^ Digltlzed by Google iMiefon con la fuerza maleríal de aue dis> pone; antes al contrario, la sobrada abun- dancia de esla suele euüaquecerle condu- ciéndole á la niina. ün conqoistedor cfoe araba de lomar por asalto una pla/.a. tiene en su mano la vida y hacienda de los ciu- dadanos: nada puede resistirle, su ley es so Tolantad; los medios materiales le 'so- bran para oprimir y vejar, dado (jne ha si- do bailante fuerte para derribar ó salvar las HimiMhf^^Ufl'iMiibargo, nadie dirá'qür'el goMérno fundado sobre aquella base tenga Ycrdadera fuer/:i. Ilci u! que corra el tif>m po; y asi como un imperio que estrrba en la lostícia ▼ láÉ 11^, ^NKrtstft' al' enbele' de larjíos sííjlos, el oiro no seni parte á durar algunos anos atravesando los mas insiguili- cantessacadimientos. Vm rirrunstancia nue- ft'/ttnaMMHdiittBoion imprevista, una noti- cia que alarme al ven». cij ir, <¡ue alíente al vencido, veréis qup rompen cual endeble cana el cetro que creyerais de diammite.
Kn Turnuia el soberano dispone á su vo- luntad (le IR vida (le sus vasallos; manda, y las cabezas caen como las espigas segadas por la hoz; no obstante alli el poder no ee fuerte, la mejor prueba de su debilidjiíi <'ni las catástrofes que esperimcnta. Luis \iV, jjt^w^ iHésperto, hanébase vn día codeado desús cortesanos, y llegó á decir que no conocía mejor gobierno que el establecido entre los musulmanes. «Señor, le respon- dió con hidalga entereza nn magnate qne se hallaba presente., tamj)Oco conozco yo nin guu i»ais donde los soberanos sean dego- llados con mas frecuencia.»
Durante el imperio mmano, el hombre que ocupaba el solio disponía de innumerables legiones, ios pueblos se iucliuaban ante él, le oirecnn sus homenages cual hacerlo pu- dieran á una divinidad: ¿pero.sabéis cuál era la suerle de esos señores del mundo? Perecian casi todos á mano de la holdadesca.
El secreto de la monarqnia europa, es decir, cristiana. consiste en que el sobera- no, aun en lus monarauías absolutas, tiene Nmilado el poder por ta nonl, por las cos- tumbres, por la conciencia pública; ili^iin- guiéndbsc de todas las monarquías de los países donde no ita reinado el cristianismo, en qué, entre estos, la palabra monarca es sinónimo de déspota, y entre nosotros sig- nifica un soberano que gobierna con arreglo é las leyes.
Por estas consideraciones se' echa de ver cuán lastitnocMOMMle m fibea it moderna cuando no se quiere reconocer es- ta in)i)ortante verdad, obstinándose en no ver el poder Hmitido sino allí donde extstea- asambleas que de continuo le vigilan y cen- suran. Por mas que se exagere el poder cjer- eído por Felipe 11, por Luis XIV y Car- los III, nadie que no carezca de sentido común, llegará a confundirle con el de los déspotas de Oriente. l*ucu luiuorta que el fireno ne se vea ai en' reaMdaa 'taiiaia.. -fti este punto menesteres confesar que los aÉ^ vfr<ni io< Ht'l iíobicrnn absoluto le han tra~ tado con ntudui injusticia, cuaudo se hau empalado en apellidarle con negros wm- brcs que en la realiilad está muy lejos de merecer..No pretendemos suscitar aquí la cuestión agitada entre los oublicistas sohie las ventajas ó desventi^ w^stas é-wqtfft» lias formas; pero opinamos que aun los mas ardientes apoio|¿islas de un estremo no pue- den-dispensarse de hacer al opuesto la ji»- licia ([ue le corresfionda. I)i_ase ( idiorabue- na que en el absolutismo hay peligro de que el [wder se cstraliniite conculcando las li'\('>, \ lii.sta sosténgase si se quiere qiH' la uu jiir forma de ^(tbicrno e> arpiella en que se combina en el mavor grado po- sible el elemento democrátieó; r si place, ofréicasc como el bello ideal en esta mate- ria la rcpuhlica donde domine escltisivamcnte lu doiiKM racía pura; pero eottaizao- do nn principio no se Heve 4miiNIMMÉ^ tokraní in i on los otros, que se les niegue lo que no puede disputárseles en el tribunal de la filosofía y de la historia. ' ^ Sí bien se observa. la opresión dimana mas bien del estado (Ir las ideas y de las costumbres que de la forma del gobierno. En las repAbJites de América no predomi^ nan por cierto ni ta monarquía ni la aristo- cracia; no obstante el mas liero des|)otismo devasta con frecuencia aquellos desgracia^ dos países; y eaépoca nM-ie-ite hemos leido narraciones que nos han hci lio estremecer con la increíble atrocidad de los hechos. ¿Quién pretiriera vivir e(i iMr repAblieas db .Xmérica si pudiese disfrutar de un gobierw como el (le Anslria ó el de l'msia? Knla mis- ma Inglaterra, la verdadera bberiad no data del establecimiento de sns asambleas: eim- tiendo estas,!a tiranía mas cnnd se ha er. Ironizado mas de una vez en la (trau Bre- taña: y hasta en nuestros tiempos >'enios a la Irlanda sonelida á dora ecoavitud, no UMo que la domÍDa. ' < La monarquía heredilacia tal como existe | é» Jhmpa, ni deja al hmibn reeelos, ni li féip9s á la insUtiicioo, ■ i liaMbiiMm | aMBBlo: por esto tan sunvp su arción. taai^enéfico su influjo, su conservación tan. pMMi para el aseieiio y la felíeidad de los | porirfbs. El muña rea es un hombre coloca- ' do en regiou superior a la de todos sus mUíImi, aun los mas elevados por sus ca- lidades pefaonalet, é por su Mdwenln; i Hda típno que esperar ni que temer: su ÉKz no se liaiiu eulre los murtales, está en • «l4iele. IDesde que abre los ofoa á la knt 1 descubre la carrera di- mi vida; en vano 'í::u?aria sus deM'ii> |»¡ira em nnirarles nuc- i: ubjeioü: autoridad, hunores, riquezas, ¡í piaone, lodo se baila y» alredpdnr de su •■M; no se prej:iint;i \n ijni- vjilc. sino lo qet^«aj su menlo ^rsuual^ si alguno po-, saov einto tolo estimado>sn» encarecido, Mlignido; la lisoiijii cuida de hacerle creer i qne aiiii no lüihiciido naeidn en el réftio al- . caxar luera laiubieu diguu de la corona; y ¡ hw éiiielbe mas evidentes y palpables, se II cubren con rien velos para que no ofendan éeatnstcscan al mismo quede ellos ad<dere.
En llura teoría, nada mas absurdo que ¡| una insliCDcion senejante; en ta prictiea | nada mas cuerdo: vano es lurhar cnntrn los áacbtti, V los becbos están abi. La bistona efltaMK ^ esperiencta de cada dta depoimi de c^ta verdad; si la razón no la esplica cual conviene, el buen sentido la compren- de perfectameute. Pero no es exacto taui- i ftm t(itt la raxon sea inqiotente á sefiftiar | as^ causas de esle singular fenómeno; si ' uiea quizás entregada á la mera especula- »cÍ8B. DoUe^ra á tanto, amaestrada empero «csft ■§ kocioiiee de la práctica, conviene en la prudencia que á esta preside, é indi- ca ios molivus del acierto patentizado por taMtaidad de los resollados. I El proMema del poder público envuelve { ires parles: primera, ój-den; Sí'iíunda. es- labilidad; tercera, hacer el mismo poder ] bondadof^o. Estas tres condiciones se hallan |{ satisfechas en la institución nionanpiica de!' IM manera admirable. Para el manteoi- ji ii«Me éel dnlén se deposilan eo' nanos ' lev inmensos leenrsos; pera garantir la e8tal>ilidad se cierra la puerta á la am- bición, asegurando el mando no solo al so- hmm Éaa é. M> desoendenota. Se I' quita al poder sn malignidid y se le IMM bondadoso, no dejándole espuesto á tas pa- siones comunes. ¿Qué codiciará quien toda lo posee? ¿como teodrá cabida la esYidta en i) certMi del que es mirado |k)co nMtr nos que como «na divinidad? ¿es fácil que conozca la venganza quien de nadie recibe injurias, quien hada Meapre á se eeewii* tro la veneración y el honn ii ii:*' ';.c()n quién alimentará rencorosas riv.ilidadi'S quien se baila constituido sobre todos, mi> rando hasta a las otaseetMai alias de la so> • i«'();id. rol(H-adas en irrado muy infeiior^ suvo, a larga distancia de su trono?
lié eqer la razón por qué ta histarta 7 ta esperitMu ia de la Europa moderna en los países donde la monarquía ha estado plena y sólidamente establecida, nos preseutaii a menudo soberanos débiles, pero peow malvados. En efecto, la región en que mo- ran, la educación que recibe a,, las ideas. en que se los imbuye, si algún iiie4Nlitih nicnte tienen es el de enflaquecer su et- rácter, el de desarrollar aipiellas pasiones que llevan al corazón la molicie, pero no la perversidsd. • Ni) ii:iioramos la^ r^n-jM iiiiii'v ipu' íIc csla regla se nos pueden objetar; (>eru lejos de ser verdaderas escepciones, son mas bien una conñrmaciatt de ta reita general. Casi todos los soberanos que se han distinguido por su perversidad ^ o han vivido en ouhIío oe diseordias inlesUnaa, dhan sido een^uüh' tadores. En uno y otro easo, el principio M verifica; fM)rque en el primero, el monarca se veia mal seguro, hallándose en peligro, ó su persona, ó su dinasUa, 4 ta institución misma; en el <eLMitido. el soberano se halU- ba agitado por una uasiou vebemenle; ai ia> do del poder que gobcniaba bahu d voder que invadía; y por tanto faltabi ta condición (pie hemos indicado: el sobenuM UMtawta deseaba.
Este earáeter benéfico de ta monar^nta hasta pudiera descubrirse en aquellos paiace donde reina el des|K)lismo. La crueldad y demás vicios que allí deslustran el poder so- l>erano, m tanto dimanan del esoeso de los medios que en su mano tiene. cuanto de las ideas y costumbres de la sociedad que g«r bierna. Falta en elta el verdadero conooi- miento de la dignidad del hombre, d<^ las consideraciones qiie jwr s<do este tdulo lo son debidas, de las verdaderas relaciones de este con sus semqanlea.'ae lieiMi ideáis <|Íllj^l'<lK]uivoca(las sobre el origen y objeto de toda antoridad. Cuando el s«)berano mal- trata a SMS subditos, ruando abusa «le su ()o- der en contra de las vidas y bariendas que debiera ser el primero en proteger y respe- i| tar, aplica en la esfera de su acción las mis- mas reglas (jue baila establecidas la au- toridad de otro peñero. En semejantes paises | la potestad patria es |Kir lo común escesiva y tiránica; los bijos viven bajo el dominio del padre como el esi lavo del de su señor: y la mnger misma que nació para ser compañera del bombre, no es mas que una de sus es- clavas. Se ignoran los medios de conducir a los boinbres por la razón y ¡lor las piTSua- siones; solo se cono<'e como medio elicaz la fwer/a; se la emplea en todo, y no se con- cibe que un gobierno lirme pueda ser otra co- sa que un mando violento. La obediencia del subdito, no fundada en motivos su()<;riores, { le envilece y degrada: ó se somete temblan- i do como un animal doméstico al oir el cbas-, a\iido del látigo, ó se levanta como iierain- ómita y hace pedazos á su dueilo. 1 Para comprender (uie no es la monarquía la causa de estos males, su|>ongase (pie en, lino de estos desgraciados paises sometidos j é un régimen brutal y envilecido, se introdu- cen por un momento las formas democráticas antes que se haya \erilicado un cambio en las ideas y costumbres. ¿.No veis á la primera I ojeada convertirse aquellos hombres en una infinidad de recíprocos lininos, que se opri- men y se atormentan según prevalece la fuerza? El orden público, ese orden semc- i jante entre ellos al silencio de los sepulcros, Í)ero que tal como sea es muy preferible á ii os ahullidos de una manada deberás, deja de 'I existir al momento (pie te falta el supremo poder (pie le sirve de centro y apoyo. Los malos tratamientos que reciben la muger del marido, los hijos de los padres, y los escla- nos de su señor, subirán á un punto mas al- to de crueldad. no mediando el recuerdo de que hay un poder superior al d(miéstico, ca- paz, si le place, de intervenir en la querella }f castigar al desmandado padre de familias...os gefes inferiores (pie gobiernan las pro- vincias ó las ciudades, se convertirán en otros tantos déspotas cuya tiranía será tanto mas dura é insoportable, cnanto no recono- cerán á un superior, que dada la o|)ortuni- i dad pueda hacerlos n'SjKmsables de los da- | ños (pie causen, de las injusticias que irro- guen, de las arbitrariedades que cometan. ' El eslravio de las ideas y de las costumbres se ofrecerá á la vista en toda su negrura y desnudez, echíindo.se de ver que no es el poder solx'rano (piien oprime a la sfH'iedad, que no nacen de la soberanía los males que ella causa: sino (pie de la misma sociennd coirom|>ida y degradada, se levanta el pesti- lente aliento ipie contamina el solio, v que cuando la persona (pie le ocupa se entrega a la crueldad y olvix r^crsns abominables, re- cibe de la misiiiii xx icdad que le rtKiea sus inspiraciones perversas. •i • Ésta es la causa \wt (pié natural y ospon- líuieanii>nte la nuinarípiía euro|)ea se ha he- cho tan sua\e y lM>nelica, liast;i en aijuellos paises donde la falta de todo limite Ic^l pa- rrn;i ticber arrastrarla á los mayores desma- nes. Las ideas, las costumbres. las re§las de gobierno á (|ne se amoldan los monarcas, las reciben de la misma sociedad gobernada: en ella d(miina la razón. prevalece la moral, levanta la conciencia pública su voz imp*»- riosa: y si el orgullo y el desvanecimiento se obstinan en guiar al numarca porestravia- dos senderos, álzase de todos los puntos del reino, de todas las clases de la sociedad, un rumor.sordo (pie atestigua el descontento, que pone de maniliesto el escándalo, que es mas eficaz para enfrenar al [M»dcr que las insurrecciones» n motines.
Los demagogos se símreiráii (juizás de edi- tas d(K'trinas: como quiera, nosotros les ha- remos observar, (pie hasta en los gobierníw fundados sobre las conslilucionesmas latas y populares, se asienta como principio indispu- table la inviolabilidad, la irresponsabilida(i del monarca, o del (pie ejerce sus veces- «Al rey. dicen acordes todos los juiblicislas constituci(males, solo es licito atribuirle el bien. nunca se le puede inqiutar el mal: constitiicionalmente hablando, el monarca es impecable.» ¿Y de d(mde creéis que se ha originado semejante teoría? ¿Os imagináis que es el producto de las combinaciotR\K de los publicistas del et/uHibrio?.Muy al contrario: todos sus principios, tenias sus doctrinas, todas sus tendencias los guiabao en dirección opuesta; pero el buen sentido europiío, los hábitos tle largos siglos, las lecciones de la historia. los escarmientos de la esp(TÍencia. los han forzado en este pun- to á negarse á si mismos, rechazando las ceosecuencias déla soberanía popular. Jamas los hombres de la antigua escuela se vahe- • ron de tantos circunlo4|uios (mni nombrar al rpy. «Persoaa sa^da,» 'peftsamlento ir- reáMMjlte,» «vuluutad superior,» «regiou elMprabre la esto de las pasiones,» fslas V oirás frases semiejaotes, se pnnuH cian «fe continuo en l;i tribuna y en la prensa, evitando el llamar al rey coa cí nombre ^ro- pió. Biriafe que ae trata de una divinidad qaa los mortales no se atreven á tomaren l)oca temiendo prof;iuarla. Pues bien, todo esto Bo es mas que un sacrilicio, un doloro- so sacrificio ({ue ha hecho ia escuela demo- tñikA á las idca-í aiilitriias: lodo esto no es \xm que una pruclamaciun de la inipotencia de sos principios. si estuviesen abandonados a soaJn^nas; todo esto es un plagio del an> tÍ2?B0 sistema, al mismo tiempo (|iie con lan- tasmmdad se ie desacredita e insulta.
como dogma indíspulable que ^IHft «ipremo es un simple mandatario, Hnmcrft delejiado del pueblo; y sin embargo sedecUia desde lue^:;oque este poder de nada es fwypqpüMe é su principal, ¿ su delegante; waMieida con mofa el derecho divino de ¡•nreyeSf) no obstante, se los apellida in- tittlaÚea, sagrados, se los compara de con- tiemk divinidad, que no puede fsbnr •na!, qac solo es capaz de ejercer el bien; se estaiitece como única tabla de salvación pa- ta b Piedad el principio de elección, y á invde esto, es rechazado ealc principio con ""spectoal poder supremo, y se inculca sin cesaf la necesidad de la nioiiarquia heredi- tMl; nada se quiere dejar al curso natural laaicosas, todo se ha de nm^^ con la discusión, todo se ha de practicar jior In es- M^M^cu^ del hombre; y esto no cin- euande se trata de lo mas imitor* rufreeerse pueda en los negocios de 1, se cierran los ojos, se huye de ;íon; el hombre teme la razón y, id propias, ae abandona é lodae hw azares para evitar la elección.
Hfunhres que tan im-onsideradnmenle *<mdeQats lodo lo anliguo, que creéis haber iloaiaado^l mida, que oa fi|[urai8 i la bn- i"^Didad envuelta en densas tinieblas hasta que vosotros las disipasteis con los vivos res- P^Mdofes de la tilosot'ia, no reprobamos, no, vwttra eoBducla, no os eeharoaa en eut ^'"flra inconsecuencia [)ara que obréis de oif» modo; piuo sí tenemos derecho á exigi- '{ue uiediteis algo mas sobre vuestros P^Kipios, q«e noachaqueistan livianamente ^jjWliimo y apocamiento, lo que anduviera por profonda sabiduria, que no os ] imaginéis que la humanidad ronchaba á la decadencia \ envilecimiento si vosotros no hubieseis venido á torcer su carrera. Si de- mandáis tolerancia para vuestras opinianea» dispensadla vosotras á las agenas; ya que no os avergonzáis de lomar de vuestros adver- sarios doctrinas que repugnan á vuestros principios, al menos sed justos, dcoíd de dónde las habéis recibido. Conlosad que en- tre las r.uinas que habéis amontonado, o&ha- Haia forzados á conservar un pabelloA pan guareceros contra las tenqiestades que ora- man sobre vuestras cabezas; engalanadle co- mo os pluguiere, pero no neguéis que ^uien loconstruyé tan solido, quien lo reeamo eoa tan preciosas labores, no fuisteis vosotros sino vuestros padres. Este pabellón es ia monarquía.
ALUmS Al KSPASA.
ALUmS Al KSPASA.
ASTICCbO I.
Se ha difundido bastante en España la da- ñosa persuasión de que estamos precisados á tener alianza con la Francia d con la In^ fílaterra. De los dos partidos (pie actnalmen- te se dispulan la arena, niu¿^uuo esta exento de haber contribuido ¿ la propagación y ar- raigo de tan funesto error; dado que por mas protestas que hayan hecho, es claro como la luz del dia que iino de ellos se ha inclinado aacaalvamenle á la Gfan Bretaia, mientrai el otro ha manifestado demasiado sus simpa- lías en favor de la politic^i francesa. Los tér- minos que empleamos son im cierto los mas comedidos que usarse pueoen; y hacérnoslo de projjósilo, porque deseando esclarecer la cuestión, y no ensañar las pasiones, no que- remos, sea cual fuere nuestra opinión sobre este asunto, echar en cara á ninguno de loa contendientes la dej)endencia, el servilismo, el absoluto abandono del honor nacional, de que reciprocamente se acusan. T cnandetsta conduela ebservames, no lo hacemos ei^rt»- menlo |)ara blasonar de una imnarcíalidad que tenga por objeto concillarse La benevo- ^nch ninguno fie!oí arlvorsíinos; nw^- ina coBVic<'tuttes soa cüUiKidas; cuando se trata de decir la fenbd aabemoa ewresaroos sin rodeos, y decirla toda entera. Pero como en la matpria que nos ocupa, de la propia sDerte que en tantas otras, nos parezca que ambos anduTwn» desacertados, necesario nos hace no ponemos de parte de ningUDo de ellos La ahaü^a con la Inglaterra está ya des- aeredhada hasta tal ponto, y tiene en contra de sí tan fuerte antipatn en la inmensa ma- voria de la nación, que uo es occesariu es- Ibnar mucho el discurso para convencer y persuadir, que á mas de inútil, nos es en eslfemo perjudicial y ])<>Ii-rnsa. A cscem ion de un número muy reducido de. hombres, que por sus principios, antecedentes é par- ticulares designios, muéstranse decididos sostenedores ne la innucneia inglesa, la ge- neralidad de España sin escepciun de ningún partido, se manifiesta abiertamente contraria a toda alianza con Infílaterra, y propende visiblemente á desconliar de aqiM'lla poten- cia, aun cuando uo se mantengan con ella mas que las indispensables relaciones de buena armonía. Y no esdiHcil descubrir la causa de semejante aversión, puesto que no , es menester un profundo conocimiento de la política y de la aiplomacia, para ver desde Iue;ío lo que la Península puede prometerse de su intimidad cm la Gran Bretaña.
Examinando la respectiva posición de las dos naciones, échase de ver que no existe ningún vinculo que pueda mantenerlas imi- das, y que todo cuanto en esta qaatena se intentase, ha de ser por necesidad feeticio, y por consiiíuienle poco duradero. Porque Convicn»' nn porder de vista que la soliacz Í estabilidad de las alianzas no depende de fotantad de los gobiernos aHados; entran para mm lin las pueblos, y no es posible des- entenderse de ellos, si se ha de conse<2:uir llIflO que ofrezca garantías de buenos resul- tados.
Aplicando e^e principio á la alianzfi dt> la E^ña con la Inglaterra, notaremos que no Mmenin<^náde las condiciones que en se- .liMjaiites casos conehicen é eslreciiar y for- tificar los laiss que pudieran formar m go- biernos.
En prfmer lagar, los dos pueblos ne solo (utblan idioma muy diferente. sino que tam- bién ha faltado etitre ellos la comunicación precisa para difundiralgun tanto la intcligen- ^ cía de la lpng:nri rf^'íp'^cfivív Esto es soleve obstáculo para la bueiui aiui2>lad de uuebdi á pueblo; oostáculo que no existe eonla Praa- cia por la propagación de su idioma entre nosotros, originada de la menor üfiniltad )^ que de suyo presenta, de ia mayor íre- cuencia de relaciones de unos naturales coa , otros, y muy espprialmfntc del predorain» ' alcanzado en Kspaña par la literatura fran- cesa desde que ocupara el trono ia descen- dencia de Luis XIV.,. ^ u I,a rpüu'iiin profesada i)or los españoles es diferente de la que en Inglaterra domimi; mediando ademas la {)articuJar circunstancia de las tradiciones poco favorables á la amia* tad, las que todavía conservan am!)a>> mñn- nes: no se han olvidado aun los reinador de Felipe U, defensor acérrimo del catolinsmo asi en España como en el resto de Europa: V el de IsalM>J, encarnizada pers»'!,MiifIúr;i ie lia Religión Católica en sus domntios, que afirmó ademas la iglesia anglicana, y apoyó el protestantismo en los demás poises»ctta^ le fue posible.
Las costumbres de las dos naciones no tienen ningún punto de semejaaxa: al pisar el suelo de la Infílaterra. se cnnom, se sien- te iustinlivamenti' esta diferencia proíunda.
IComo quiera que los dos pueblos hiaa^ivido en completo apartamiento el uno nspecto del otro, no «"^^^ encuentra nin^MMi punto de contacto ni aproximación; las leyes de los dos países, el sistema de gobierno i wie du- rante largo tiempo vivieron sometMon, la nin^na analogía de su adminislmcion. vie- nen á sancionar esta diferencia que otras I cansas de suyo harto poderoeas tienen esta* blecida; resultando que así se parecen en lo intelectual y en lo moral, ingleses y es- pai^oles, como las nebulosas orillas del Tá- Biesis á las risueftaa márgmiea del GvodaM quivir Y de! Ti jo A pesar de tamaños inconvenientes, no se podría llamar temeraria la tentativa de acer-r car á las dos naciones, fomentando la amistad y fraternidad entre los dos pueblos, y pre- parando de esta suerte alianzas solidas y dur Iraderas entre los dos gabinetes, k no mediar otras drcnnstancias que las haeea de lodo punto imposibles. A'uoca, durante la situación actual de las dos naciones, podría ser la aliansa de la Ba- paña con la Inglaterra otra cosa que la su- misión del i^abinetc de Madrid al gabinete i de San James, que el sacriGcio de nuestros áloe iriieramsdalt ton Bretafla. 1^ los compensaciones reciprocas no serán otra coM que veios mas ó menos tra^rentea, fM^€ÉbffV69te jiMiiflüo &t iMMitro bien- estar v pfoaperiéM á loa inlereaes de la pre- lindicía amiga.
•e4«a razón de lo que se acaba de decir no MlKMltéB adifiiialr: existe una verdadera | oposición de intereses entre las dos nacio- nes; el proírreso de los unos será por nece- sidad en menoscalK) de los otros. No igno- raiMs las hennoaas utopias de la eommiidad é identiilad de intereses de todas las nacio- nes; nosotros, sin nef(ar que hav ciertos ' menester ie será probar, que nada le impor- tan á la Insrlaterra tan preciosas ¡ovas, o í¡ue sus hombres do estado -serán tan' ¡niluM iies que no prevean 61 peligro que las amenaza- ría, desde qiie la España recobrase su an- tiirua pujanza; moncslrr le será probar, que auu dado caso «jue no se hallara en la misma aftaaeion topdgralea del pais una razón po- derosísima para formar de toda la Península una sola nación, no es al menos la influencia española la que por lodos títulos debiera prevalecer en Portugal; menester le será probar, que un reino que se sintiese con fuerzas bastantes para arrostrar fcrandcs compromisos, no esc.o¿;ilana lodos Iqs me- dica, no tantearía mil y mil combinaciones, no eniplearia cuantos recursos Iii viese á la mano, no andana a caza de lavorables co- yunturas, para apoderarse nuevamente de Gíbraltnr, echando de la propia casa ese centinela de vista.
Aun cuando uo mediaran otras causas que engendrasen oposición de intereses entre ingleses yesnafioles, las indicadas fueran por cierto poaerosas en demasía para pro- del vendedor y los del comprador, los de dos || ducirla tuerte, viva, intransigible. La histo- — ~ss qne coneiBren á un mismo mer- |) ría y la esperieneia ensenan de consuno, que motivos de muchísimo menos valer ocasio- nan ¡uestiníruil)les rivalidades, acarn'ando a menudo guerras san¿¿rientas. La posesión de una pequeñísima isla en lugares ai pare- cer insigniliiantcs. la dcmarcarion mas ó me- mercantil, esta en oposición con la España'; jl nos escrupulosa de una Iroutcra, una fortaleza el aumento v desarrollo de los verdaderos in- 'I colocada en un [)unto de suyo poco influyen- iHvses^ de la una, dañara por indeclinable | te en las operaciones militares, un peHazo necesid{íd los de la otra. l>ejemos aparte por ' do tierra junto a una romoti<ima ensenada, un momento los mercantiles, ()or no repetir ¡i el mayor o menor ascendiente en los uego- b qne mil ▼ mil veces se ba dicbo ya, y mi- | dos del (^biemo de un pais situado á terpuntos generales en que efectivamente esta «Miad se enlasa y hermana, opinamos qoe hay mtiehisimos otros en que dichos intereses se hallan necesariamente encontrados; v par tanto siendo indispensable la rivalidacf, eaáacvml debe procurar aacar de so posición el mejor partioo posible. promoviendo su conveniencia sin apartarse de la justicia. Tan «nMi «b raion en qie se funda la ver- Mi 4e 1m observaciones qae preceden, co- mo lo es que están en oposición los intereses cad\ los de dos aspirantes a un mismo cm- pteo, los de dos ambiciones que tienen lija sa surada en un destino en que ambas no ptNiÉi tener cabida á nn ansmo tiempo.
La Inglaterra bajo el aspecto político y la cuestión bajo un panto de riBtade I golsinia distancia, y den y cien otras cao- mayor estension y altura, y en que no sea sas menos poderosas, motivan los mayores dable sospechar interesadas miras de proviu- i esi uerzos de la di^ilomacia, y provocaii cs- iMMao. ¿ConviéneleilaGnnBretafia que trepitosos romoiniientos; ¿(¡ué será pues la nadon españolase levante de la postra- • - ■ • - ^ cion en que yace, que lome aliento y brío jpoft ocupar de nuevo el rango que le cor- mpiMide entra lis nadónos europeas? ¿no US cierto, ( iertisirao, que no? Quien lo con- trario pretenda, si quiere dar a su opinión tan solo un débil viso de probabilidad, ne- eaearío es qué borre del mapa de la Penín- sula el importantísimo punto de Gihrallar, en coyas fortalezas ondea el pabellón británico; necesario es c^ue haga desaparecer del mismo mapa el vecmo reino de Portugal, casi re- dadd» á «n simple eoloniade lDglaterr;a tratándose de la iniluencia sobre nn reino situado en posicicm ventajosísima, para to- das las operaciones políticas, militares y mer- cantiles que se intenten scÁire el occidente de Europa, Mediterráneo, y costas de Afri- ca? de un reino, que entre los restos de su pasada grande/a, conserva toílavia gru- pos de preciosas islas, muy bien situadas para servir de escala eu el tránsito de Euro- pa á América, al Africa y al Asia? ¿«lué será tratándose de un punto como Gtbrmtar, llave del Mediterráneo, punto de apoyo [)ara opekar sobre la Península, el Africa y el At- ií