' 'niucbo tiem|)o, en el consejo de su aticiano V es|M.»rinientado |)adn'. MiM'rable previsión fuunana! Un <-al)allo d<'sb(»cado disipa en un momento (an balafítiertas esperanzas: "I in- fortunado prmcipe vace en el polvo del ca- mino, privado de los sentidos «jue no lia de recobrar. I»asan breves momentos, el duque de Orleans espiro; y esa vozíjue se esparce con la celeridad del ravo |)or toda la Francia, causa una sorjiresa, un eslujmr im))osibles de describir: al lado de una lund»a,.se des- i'ubria un abismo. Pero, ¿«jue se hizo pasíí- doel |»rimer instante de asombro? alzóse en ^ lodos los ánííulos de In nación, el iírito de: •sais ese la monanjuia", la re/;encia era in- /minent;^, y con la precipitación del sobresalto tbe estableció la ley de la regencia heredita- ria. Asi.se pnx'uró dar estabilidad y consis- tencia al trono, haciendo (lue de su inmoNi- lidad y lijcza participa.sen la institución y las personas cpie debian ivprcsentaric. ¿No hu- biera sido mejor, (pie acpiel caso se hubie- íic previsto con la debida anlicioaciim, y (|ue la nue\a ley no llevara el sello de las cir- cunstancias, ni se rozase con determinadas jM'rsnnas? Supuesta la imprevisión, no fue posible obrar de otro modo; pero llcííwia la oportunidad, ¿seria imprudencia que de la manera «pie se juzgase legal y con\enienle, nos previniésemos nosotros contra los azares «|ue pueden ocurrir?
• Hay ciertas cuestiones que la nrensa de suyo tan libre, y osada. m las nnorda sin endiargo de frente, dejándolas en completo olvido, ó tocándolas con nuicha reserva. Hespelamos lr»s motivos de semejan'e con- ducta, \ nos guardaremos de decir, ipie no medien eo esto razones do pnidencia. Com- prendemos que los partidos están en batalla, ^ y que dominadcis del pttitf|||Ép(n de nlai|iic.
¡ cuidan principalmente dff^^mr bien los ti- ros, y esgrimir sus armas con destre/a y valentía. l'ar(<«eiu>s no obstante que al lailo de la idea (pie H|)ellidarem<>s iie^'ali\a. -ci i.i útil conceder mas lugar a la |M)sitiva.y «ino al señalar con generosa res(dii<*ion lo que no se. ipiiere, se formulase con mas preiisioH lo ipie se quiere. »> No conviene, se ims I < (Híteosla ra, suscitar embaraz<»sni suinioi<- I trar pretestos; hay rosaft qoe os m ». 1 aplazar: en hora buena, y por esto ni> sindi- camos vuestro |Mro<*eder; |H'ro no ohideisal iiu'ii(i>. que es(»s embarazos no dejaran á<t I serlo entonces, «pie esos prelestos s«' apro- ^ vecharan entonces también: no olvidéis que I los apla/umientos no son siempre los medios mejores: cpie la indi^cision es fatal en todo, y íjue se marcha con |»aso mas lirme, cuan- ' do Si' sal»e á donde se va.
No descenderemos a ¡Kirmenores: perosu- piicsto que hemos tocado este delicado pun- to, observaremos, que una de las princi- , pales miras que se han de tener presentes en el enlace de la Keina. es el no ix'miitir (pie se haga de suerte tpic pueda c(mtrihuir al aumenlo de la iunnciicia de la Francia ni 1 de la Inglaterra. Es evidente (jue seria muy I dañoso el ofrecer nuevas ocasiímesy medios j al gabinete de San James para alcanzar ese I |>red(mdnio en todos nuestros negocios, (fue I con tanto desembozo cíKÜcia; pero en mies- i Iro concepto fuera también un error de fu- nestas y tracendentales consecuencias, no diremos el conceder el mismo predominio « la política de la Tullerías. pero ni si({niera I una preponderancia notable. A mas (ie los i inconvenientes que siempre trae consiso l;i escesiva inlluencia de un gobierno eslrani;i' I ro, á mas de lo ipic nos ensefía la histnría sobre los fatales resultados (pte nos ha |>ro- ducido el constituimos en satélites de la Francia, media en la actualidad otra circuns- tancia, cual es, la situación de la din:i>(i;i n'inanle y el estado iiilelectual, moral y po- lítico de aquella sociedad. ¡! Kl enlac4» de nuestra jóven Solierana con ' un principe de la casa de Orleans, nos baria participar de las continuas zozobras de una I dinastía que entronizada por la mano de la re- i voluci«m sobre un antiquísimo solio, vive desasosegada é in(juieta entre opuestos te- mores, lín los salones del regio palacio se le aparecen las sombras d« los antiguos ti ves, en las mar:.M'nes del Sena resuena todaviy ol iiiiimnillo tío h\ icvoIik ion. Aipiollos j s)is rímihinjirioncs do loftns V fl(P''}»f{ím>s pn- (k'UMUilun U> perdiüu, csla el cumpli- HiiNtlo «te k) p^ctailo; a(|tielk»ü inlimidan cott la esperaii/a de iiik) rcslaiirai ion, esta anie- n.iM siistiluir \;\ re¡túhlu(t a mía tnouarquia ')in*si' liu iie^ailu a sei" ir¡H¡bluuutí. ¿OB el ftdvetiímeiito do un principe Tn»^ Umuiriaii m.is a^iriidií'nto s(»l)i«> iu»s- PiKs idoas (juc ya iu lieiieii en di* masía; In Marquia tutelectunl V moral de aqud |>ai.s, tuamoicéBdoseiius iiias de lleno,, MtMÜapéé^ Iver y adiilfi'iar lo^ liiit'ixts clcinfiitnsque nu^iaii par» uue.sUu rtigcnecaviou.
X El robustecimiento del |)odpr os una de liuf priiueras iiocusidade.s de la nac ioii, \ iio •eeitemos á c«fM«lür eóiM puedan eiiconh- IrntN.' hoinhn's (le Iuhmiíi fe, <|uo o dcsM»- nuzcan esta necesidad, u se opongan a que i «e h satisfaga. El poder en España os el | trono; y hasta que^k afiruie cual cnnvic- hasta í|ue su aítion este <l«'senihai azada ll^dM) obstáculos que le suhuUui jai luccio- ¡KisiMe lotlo i:oli¡orno. hasta (luo osle se »i' Ula l'uerttépaia Ihucr ol bien, y en región liabtanle elevada \M\d nu hallarse tan áwc- «■áo ton tentación de obrar mal. no saJdie- MIOS jamas do »'sa incortidiimhro. ticosa an- sietlad, quo nos licúen sumidos en uueblado de desespMante a|!:oBÍQ. • • ^^4 -. mí •Dr las urnas oloi-toralos osperan tigñfM H nMuodio de todas la^ (tolcncias y eTfoliz (iosoulnco de lanlanu-ulabic siluuciou. Lejos •■Tita de nuestro ánimo el intento do retraer 'lo ollas a los hombros do bien; comprondo- nio>cuau iin|>()rlanto os hajo lodos a^)|H:clos, ijue uo se las doje abandonadas á merced de Itcie^ ambÍ4Úon y do pasiones rtines; poes si no inoro nosiblo otra oosa, al monos ^>^ú^ra el mal. o no se permilira que se iflHMímienérfcioas prMMiNi. OfiinrtBes aSjQMMiBi, (|Be estos son remedios pasa- wms, que no Ucean á la raiz dol daño; \ L'uando vemos a ciertas persouus. candidas inaginándodt «fMtta \96 urnas líos osta lodo nnosiro porvenir, paro- r4*<»nlciii|)lHr una de aquelUus escenas aiciusas en.quo un iluw se entce^ná (i) Por donde se vc^^^uc b ion al laa- nnüUnra adivinar los sucesos Inlnros. '>Vadfiviril(rhemn< Vhro unas (lorli'sqne durasen todo el íioinpo marcado |)or la le^; el fíidnorno \;\>. ha dt'sji.'drdo con mas ») mo- nos cortesía, cíuindo ha \istoquc no st>rvian para «l-Mi^iilnwqBtí élrÍiil0tnA^^ v ^una vo/ no ha 8«á»'«| ((«iMémb, la revolu- ción ha cuidado de Ruplli* la falta. ¿DAnde esta la omnivottima pnrlainenfaria? ¿ Donde Inaiefectes de la sohcrmiítt poptif/rr? Si IM cuerpos ioizisladoros In rc[irosonlan. ¿cómo es que perecen. ora a manos do un ministo- ri»v «fa bajo los -olpos de ana insurrección? Los partidos trabajnmn con ahinco repetida» reces para asegurarse uno mayoría (pío fue- se la espresion de sus ideas y realizara sus provectos: vm decrotn^ 6' un «lotfti; tf^sVanf*^ ( ¡iMon todas In? os|MM-an7as. Con afanes V sudores sin ciionlo. haltian subido el enor- me ueñasco p<»r una rápida |»ontliento; \:i tocaMiiiá4n*0Íniavriinn(l()(S('a|>;indoso de sii<< manos, rodó hnsfa rl fniido del abismo. Ks uceesarK) coaicnzar de nuevo la dura faena. HLiN)M^tffr^ W vobcfbtt dé= los «M->> puoslí)Sjapiblí)Nw»'í1ie' asopfnrdda eficacia que en o! órHen lesat poseen los t norps le- gisladores eu todo í^^obicnm representativo, se ' ha teMlfl«ilusoría en Esf^fta: primara j)or los votos de oonlian/a, soi:imdo con MÍ coblumbir de cobrar las contribuciones;!» v«la(la.s: por manera qne cxaminanoó f ftmdo la liliertad |Kisitiva (pi<> iwn (pieda déÉ^ l>iii's do tantos años do ro\ olucion, consisfrf en la facultad de desahogarse en quejas c Invectivas, dé palabra 6 poi^tft^íto. Laí es el úme«-d«8alldga'[^. Se ha dicho inli'ni- las veces que el gobierno trataba de cifrar osle rospirndoro: nuiclio dudamos ípic ctín* so mojante paso se acreditase de buen ma-^-' (piini«la: Ett«* RrfieiAn'ftliiííttttiite se exha- la con frecuencia la {ndignacioñ tnas acerba, y s<^ consumo una gran parte do temible euer^'ia; ¿que venlajai} podría acarrear el c.oncentrai«si< el (omrUitt 9 W»|itegftttlfe stfhrC SI mismas, y á producir vi\ í»s osiroinooi- mionlos, ó jesulosioncs estrepitosas? Verdad' es que ^"-áéémgb <debé de haeecse pesado- i<iii#^>«iti>»y fetr»>i1giiÉlP^^ HlPr' la poi-soniíiracion dé'eflta libertiídv nido de sus acentos indica bástanlo rpie caluras.
En medio de miesirM resuellas, dísfrtilamos (le otro benoílcio que aljíunos atribui- rán a causas jKtlittcas, cuaodo en realidad dimana príiicipalinente del espíritu de la época. de causas parameote sooialéa. A pe- sar de I:!^ ni ilesUas y |)orNi»( i« t(m(*s que por sm opiiiioueü políticas hau sulrido no poeas personas « nótase sin embar^ la exisleiieia de causas que tienden á suavizarlas^ á qui- tarles iiijtiella recnidecencia que tuvieran en otros tiempos. Couieteso una violencia, pero desde luego se ve forzado i avergmH larse de ella el misnio ji rpctrador; quien se entrega desatentado ú la carrera de los desmanes, se encuentra bien pronto con ro- bustos diques que la mas impudente anda- rín no se atreve á salvar. Si bien se observa iiu dunaua este fenómeno ni de las formas políticas, ni de las calidades personales de los que ejercen el ^'obieruo, sino del espíri- tu del siiílo que tan decididamente se incli- na a la tolerancia, y á desterrar de la socie- dad el inipérío á» la fuerza. Pasaron los tiempos en que esta era uno de losjtfincipa- lea medios con que contaran asi los indivi- duos, como los pueblos y los gobiereos; el bien tiene por instrumentos la convicción y la |)"rsiKision; el mal se sirve de la astucia, de la uupostura, de aiiiaños seductores, de palabras en^fiosas. Hé aquí la razón porque se verihcan mudanzas profundas, y lias- .ta formidables trasl,urno.s, sin que los indi- viduos sufran lo que en apariencia debieran sufrir, ateniéndonos á lo que nos refiere la historia con respecto á otros sirrios, ^ é lo que nos muestra la espcriencia, en iu que toca á otras temporadas del nwsstro (1 ). El estado social ha cambiado; va modiiicandosc cada día; en esto deben buscarse las causas, no en las regiones de la |M)litica.
De esla suerte van haciéndose menos te- mibles las reacciones que algunos recelan para ciertas épocas de transición. Sean cua- les fueren las vicisitudes que puedan sobre- venir, ningún partido, ninguna faccí<Mi, por mas osadía que se le suponga, será capaz di; dominar esla irresistible tendencia de nuestro siglo. La lolmicía está en la socie- dad, yeslaoos^tfanaformaeoiiwi decreto: la tolf rancia estñ en las costumbres, y lo ([ue esta en las costumbres, no ha metteakK 3ue le cOBMoiquen vigor las (melaMiioíoMS e la ley.
lk> los partidos mt!it?^ntes> ocupan los dos estreñios ci republicano y el moderado; aquel dice abiertamente que áo ae baila saMtMho fon las formas existentes, este protesta que las acepta, y que solo trata de acomodarías i sus ideas por medio de las leyes or^micas. Sos adversarios ponen en duda la ameeriáad de esta protesta, achacándole segundas; in- tenciones dirigidas á derribar laConsiitucioo de 1887, reempiaiéndola con el Batatola, ú otra lev {¡arecida. Dejaremos á los órganos de los diferentes partidos el cuidado de apo- yar ó desvanecer la acusación, que ni á unos ni á otros les faltan plumas amaestnMias' M la polémica política. Observaremos sin em- barco, que dado caso de existir las supues- tas mtendoMS, andaría muy errado qoíen creyese que con un golpe semejante se ase- guraría para sieninre el triunfo de ciertas ideas. Kn efecto, los mismos partidos que existen ahfwa, axistieran entoMaa también, todos con pocas m ci 1 1 i! i c a u o n r s c m p! <; ri v hm idénticos medios que bajo el uupeno de ia Constit4icion, la nueva ley se suspuidlcfa como ahora, siempre que aeoaatfia-se cre- yese; la luclia se trabaría como ahora en la K reosa, en la tribuna, en \m urnas electora- ift; se suscitarían iatlermliuMea dispalaa sóbrelas leyes de ayuntamientos, de dipu- taciones provinciales, de milicia nacional; en breve estaríamos como aliora en el terre- no de la política, en ese cficvlo sin salida, en que tan im'itilnientc se constimen infíni- tas tuerzas individuales, en que tan estéril- mente se gastan las del poder y de la nación. Diríase como en otros tiempos se dccia: «la nueva ley es no mas que el cimiento; cons- truyauius el edificio;» en vano se le iria al- zando de contfouo; las exigeneias no cesa- rían hasta que la cumbre tocase al cielo (á).
Intentamos significar con esto, que st co- mo le achacan sus adversarios Ub miras de cierto paatido se dirigiesen á un oroy^to semejante, mnclif> dnd;mios que aican7asc E)r este cuuunu ci objeto que se uro(ioAc. 8 indispensable, urgenle, aalir d« temne de la política; mientras veamos, que tai el (1) Desde i 844 se bn listo alsaaas ne» de cata Ñifla.
. (¿) La reforma de b II ciado astas verdades.
CSoasliluflM ka oiMon « gobierno coiiu» Iqü Cortes se ocnpan de ella am preferencia, niiejitrus en las ili.scusiones de la prensa y de la tribuna, inircnuts ar- rumbadas las cuestiones de administración y 1" ' ^ras |>().sit¡vas, para disputar sobre la - lad de este o de aquel poder, la con- veniencia de la mayor ó menor latitud en las U^yes or^íánicas, y olnjs puntos semejantes, estemos se¿ruros que la revolución continúa todavía, que estamos condenados á presen- ciar la lucria de las pasiones, no de la inle- tigcncia, que no asistimos á una discusión de donde broten destellos de luz, sino á un cÍMM]ue violento que arroja chispas incen- diarias.
Entre tantos golwirnanles ipie bajo distin- tos, pretestos han infringido la ley vicíente, ninguno lo ha hecho de una manera grandio- sa, que acarn^-íse a la naciim resultados |K)- silivos y universales; ninguno que al recon- venirle por su infracción pudiera decir como aquel romano: « Juro que he salvado la pa- tria;» ninguno que concibiese un plan vasto, que lo realizase con energía y rapidez. alla- nando todos los obstáculos, superando todas las dificultades; ninguno que al presentarse ar'",1 ^ran jurado de la nación, cargado con ¡I.. re>p<jnsabilidad, pudieradecir: «Se- fiores, la iK)litica era un caos, yo la he des- embrf)llado; para ello he quebrantado la ley, es verdad; si queréis mi cabeza. tomadla, que ahora ya no es necesaria, ni para salvar la patria, ni para afirmar la ley; pero antes wuwá mi obra, destruidla si os atrevéis; yo Biafcharé contento á la muerte si vuestro co- razón no os dicta que en vez de un cadalso debéis levantarme una estatua.»
T rakiirade rn Barrd«na ni.* de ahril Af IIU. ' El poder que gobierna la sociedad ha de ser fuerte, porque en siendo débil tifaniza ó conspira. Tiraniza, cuando se esfuerza por hacer.«:e obedecer; conspira, cuando sufre en silencio la resistencia y el ultraje. Au- gusto se sienta* fuerte, y su imperio es suave; Tiberio se halla débil, y maquina y oprime; f de los monstruos que mancharon el solio de ' los Cesares, fueron los mas violentos e in- i.sojiortables, los (pie oían ya cercano el ruido I de los pretorianos que venian á de^ollarios. j. Recorred la hislori;i, y encontrareis escrita I por do quiera con itliasde sangre esta im- portante verdad; ¡Ay de los pueblos gnber- j nados por un poder que ha de pensar en la ^ cou.serracion propia!
Esta es la clave para csplicar los inconce- I bíblcs esccsos á que.se abandonan los po- I deres revolucionarios y los de.sj)úlicos, una i vez dado el primer paso en el camino de la ; tiranía: todos.son t¡rán¡i;os porque son débi- les: y cuando los ve^iis locar a la demencia en sus medidas de tiranía, «lad por seguro que están por espirar. El moribundo mejor ; que nadie, augura su próximo íiuamieiilo. La Convención uresenlia la dictadura. El temor aumenta ¡a omesion, v la opresión acrecienta el temor; la impulsión es recipro- I ca, y sigue la misma ley (pie el movimiento ; de un péndulo; el \mnlo de elevación esta cu el mismo nivel que el punto del descenso; la oscilación continúa, hasta <juc media la ' única causa capaz de restablecer el aplomo: la justicia.
Estas rellcxiones nos ocurrian meditando sobre los misterios de la monarquía; ponjue misterios tiene esa institución maravillosa, como los tiene todo lo grande. «La monar- quía es el despotismo)) ha dicho una política superíicial: ¿y porqué? «porque el monarca dúspone de inmenso poder, v'cslc poder es sobrado robusto v síiíido, dado que las leyes lo aseguran al so"berano para si y para sus I hijos.» Entonces no comprendéis la institu- j cion, pues señaláis por origen de la tiranía de los reyes, las causas que precisamente les impiden el ser tiranos., ¿Queréis un poder suspicaz? asentadlc sobre un terreno minado; donde oiga á ca- da instante el golpe de la zapa que prepara la ruina. ¿Lo queréis violento? presentadle enemigos que sin cesar le amenacen. Quitad hasta la idea del peligro, y tendréis la sua- vidad y la confianza.
La gravedad y trascendencia del asunto exigen que se esplanc con toda claridad lo que debe entenderse por fuerza de un poder; pues son muy distintas las acepciones de que esta espresion es susceptible.
La fuerza del poder consiste: i en la se- guridad de su existencia: 2." en los medios I necesarios al cumplimiento de su objeto legitínK). Supóngase, ttl pus donde llt'^nu- a eslabiecerse v arrtigarse uua constitución mal eombinadtt, viciosa, que no deje al po- ' der bastantes medios pan ejercer sus ñin- cioDes en pro del or>mun; de suerte que en el manteuintiento del urden público, en la , administración, en la aplicación de las leyes ri\ ilc» y ( riminalt's, en sus relaciones con las |K)tencias eslran^eras, carezca de los re- cursos que ha menester, y no tenga una ac~ cioD eficaz, espedilay pronta; en este caso, será posible que el poder disfrute del prime- ro de los requisitos indicados; la seguridad propia; pero«char¿ menos el segundo, y por tanto no será fuerte, en lá Terdadera aeep- rion de la palabra.
00 I!
00 I!
Kii \ano le exigiréis que obre de olrn ma- nera; eüta es 8Ü posición, esta la lev indecli- nable de tw naturaleza; ni las ciJii^adps 4ñ las personas que ejerzan el poder seria'iiiil< te á evil^irlo. Estas podrán ({uizás mantona se eslraAas ai soborno y á la intriga^ drán hasta odiw aemejántei iiwios, los ('m|)I(Mián por ellas los que están en SQ alrededor, los que gozan con los goces del poder, los que á la existenciade este tienen vine lilaila la exisloiu ia propia.
(Contribuyen a dicho cfi'cfo i\o> causas: 1. * La natural iucliuaciou del hombre a la estension y eficacia del BMindb que ejerce: 2. * El instinto de cousorvaciou. La primerá no ha menester esplicacion ni comentarios; Asi, un rey de Esparla ó de liorna entre ¡i l>ero si la sef;imda. liemos observado que la monarca de los tiempos ■filos medios, un soberano loK antiguos, un feudales en los si con una constitución como la del año 12 en- L te tardt i'alta de los medios necesarios al cuaiplíniiei[| t(» <lt' las alnluii iones del poder, coniproineS teiii|>rano su misma existencia; y tro los modernos, por mas que á causa de » bé aquí por qué en sintiendo esta falta, loe los hábitos, de las costumbres, é de partí- [ busca por todos los reciwibi qi|B tiene ¿ I» rulares circunstancias, alcanzaran toda la se- guridad que imaginarse pueda, no serian un poder Alerte. Un hombre falto de alguno de los miembrog mas precisos [i;u i ejercerla profesión a que se dedica, dislrutara tal vez de buena salud, prometiendo largos años de vida, y quisás se hallará en cipcunstancias á propósito para continuar en sii ocupación todo el tiempo que le agradare; pero no de- jará por ello de ser incapaz de ejercer mu* chos actos, y por consiguiente llenará de lina manera muy defectuosa el objeto de sus tareas.
No obstante es menester adrertir qñe la falta de los medios necesarios para cumplir el poder su misión, tarde 6 temprano le acarrea la falta de la propia seguridad, ame- nazando M misma existencia: como el hom- bre que no puede desempeñar cual conviene el cargo aue te incumbe, de grado 6 por ftMirta anembaflarse precisado á abandonarle.
Dt^ aquf resulta un fenómeno constante- mente observado en todos los periodos de la historia y bajo todas las formas de gobienio, y es, que el poder que se halla sin tos me- dios necesarios ni ejercicio de sus atribucio- nes, trabaja sin cesar para procurárselos. Se dirige á su objeto poreaminos diferentes, se- gún la situación en que se halla; si abunda de acci(m material. emplea la violencia; si es rico corrompe; si todo le falta, maquina ▼¡nanamente copio el állimo de los eonspi- radores.
mano. I,a nieslion que en apanencia vei únicamente sobre los limites de la esfei|' del mando, es en el fondo, y para un Iím^ \yo mas o tiu níts ceirano, cuestión de vida o de muerte. Todo poder que se onciitMitra en semejante situación, conoce instiuliva- menteesta verdad, y obra en coiiseciieneini; (iracia nos hace la candidez de ciertos e8<|^ critores que con la mayor seriedad del mnmi|i. do echan en eara é Lnis XVI y á Wenamf do Vil el haber sido eauaa de que la revoló»? cion se deslvocase. no resi;Línándose á la posición que les habian creado las circun»n tancias, no dándose por satisleehoB con faÉ facultadi s señaladas por las respectivas coaai^ tilucioucs; como si las condii iones de la existencia v de la acción de un {Kuler depen- diesen de ía simple voluntad de la persona que lo ejerce, cmno si el poder público no fuese mas bien una institución que un hom- bre; como si esta institución no estuviese sujeta á las leves generales de todo ser,. que se esfiier/a siempre en procurarse lo que necesita (lara su exislcucia.
Casos liay, en que al parecer el hombre es la insliluriou. y esta no es nada siii el hombre; pero en la realidad no es asi: La institución existe, bien que de tal naturales za que necesita una personiHcacími, imre^ pn»sentante que no puede dividirse ni cont- partirse. Entonces la institución en provecho uropio, se absorbe en el hombre, se eon- runde eon él, se vale de su prestigio, IttMa •É^ los sacerdotwdal g«ttlí- ; ocultaban tras el ídolo J comMÍca- ;bki JwNi oráculos. €és¿r\, vilÉMlr 4t ios ^kM,^piisa el lubicon, ahuyonta á Porup)>yo, tniinia en Parsalia, y se lovaiila ion «'I mando de la Rc^ublii íi: ¿rrt'eis que i ii el (lii liui(»r uo lay mas (\ue la iK'rsona del general victo- í liOM? Si a>i lo ( HM t'rri--. rccMiii;!-! (¡lu' la ^ígHliira era uaa lUdliluciuit eit Huiiia. Loa áBwk (ireseBlfett sin duda «tro a^ix c io. las ^KíislanciaMHi mijr diferentes, pero el WfTio es el misnío: solo ((iic los romanos Biaiuladot» por el dicUdur Cuiuilu, no eran hi liawoa rwMii.isf<lel-iéietador amante de *! Que la dicta<lura era iieeesina, que (a*- ■mt DO era mas que su personilicacion, que fcfWFciendo la pensu la institucioD de- fcia continuar, los sucesos lo detnoslrarnn ltti»ta la evidencia. Kl puñal de Bruiu ras- pa el peebo del dieUidor; AaloiiioollPMien- éo a los ojos del pueblo It túníct ama- ftri'ntada de la ilustre victima. inaiifnira el ItiUD^imlü, es decir, la nueva dictadura i|n-M ha epamMo lodaTia sn repreaoitH- te. »|ue no se atre\e a idenlilicarse con un solo lioBihre. que u^'uarda el curso de los teonteciraicntos, que atormenta atrocméntc i Im iwnim para hacers<> mas necesaria, para conquistar la unidad. Bruto y Casio ■Hieren, Antonio es vencido, la antigua Hbeitad p6fB06 pura sicflipre, It dictadura seor^niza y perpetúa, se convierte en im- perío. y se' inaugura aiagniíieanente en Resulta, pues, que la dictadora, es de- cir, la inslilncion (pie mas parece conl'un- dime con un hombre, prescinde de la per- üaa; y de m BNido ú otro, mas é nunos poderosa, vua ó menos brillante, mas ó oieDos benéfica, se presenta siempre qtie el estado de la socieuad la hace necesaria. Tres grandes dictadores nos ofrece la his- toria: ('.ésar. t'.romwrl y Napoleón. En cuan- to a César, no queda ddicultad en la apli- Mciaa del principio asentado: y por lo per- InaCMBla á los dos últimos haremos una oh^ervacinn rpie!o dejará fuera de duda. La loglalerra desde la cjioca del Prutcclur ha-eoBtMMado en sv estado normal á pesar de alí;un trastorno iMísajícro; y loque es mas siiiírnlar, hasta mediando un cambio violento de dinastía, \etiile y ocho anos ha- ¡ « que NtipoleaA fue vmkííIo par la últi- * mavai y continadu a Santa BlaM; la Fran- cia ha sufrido desde entonces revueltas de ffiomeotu, pero el desorden uo ba podido prokmgarae: j es notable que haMeadn realizado lo mismo que fa Iniílaterra. una mudanza dinástica en iS.'iü, ha continuado tranquila: se han hecho esfuerzos hercú- leos paca que la levducion no siguiese su carrera, y se ha conseguido. ^Qne prueban estos becboi»? En nuestro juiciu la amse* coencia es muy sencilla: (Muéban que en tiemiH) de los dos dictadnifs aiiilias UMÍO- ne> li;ihi;ni \;i im mli» al leniMiuf i\v ia revo- luciou, que ola habla cunsuuudo sus ele- meatos, aue no |Mtdia conttDuar, que el ór- den se liahia hecho una neresidad indecli- nable; y por tanto los dos grandes hom- bres no fueron mas que ia per.sonilii aciun de esta necesidad social, sirviendo con su ' brazo de hierro.i (\w de una situación se pasase a otra que parecía separada por un alnsmo.
Si la ]xtses¡on de los medios necesarios al cumplimiento de su objeto lejíitiino es con- dición mdis|)ensal>le para «pie un gobierno pueda llanuirse tuerte, lo es todavía mucho maslasefíuridad de sue\islencia. Y no le bas- ta esta seguridad, sino (|ue es menester que las pefsoiias que lo ejercen, abriguen sobre esto una omviccion que los deje á cubierto de todo linaire de recelos La mayor cala- midad que sobre uu país puede venir, es un gobierno bmI seguro, que esté eu coMiuuo acecho contra los coiis])iradores reales ó apa- rentes; en tal caso es imposible (pie el jío- hienio no tienda mas o menos a la tiiama, porque quien se ve atacado, natmil eaique se ílelienda No le bastan las leyes comu- nes, que regulariueulü hahiaiido estau fun- dadas en el supuesto de que se respeta el principio del gobierno: si akunas existen (pie preven lían el caso de atentado contra este principio, cslan de suyo mal deslinda- das, se rozan en diferentes pautoe con los demás ramos de legislación, y el gobierno que ordinariamente \mw su atención princi pal en cuidar de la conservación propia, se estralimita, se esoede y comienza á caminar [)r.r una pendiente en cuyo fondo se baila un abismo.