SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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f,as razones arriba espresadas militan tam- bién con respecto al tieinno anterior á la re- volución de I78§; peroaesde aquel colosal a< onleciininnff). y particularmente t!r^fie la última de Ihao. son tantas y tan graves las consideraciones que aconsejan prudente can*» lela, tfoe en p«es«Mia ds eNai pnreeen éb* X)ca importancia las qne acabamos de espo- ner. Una dinastía nueva, y con ella un or- dea de Mw ieMmHNidte néevo, itmar siempre cc^go omnplícaciones tan díHeBes- y pueden acarrear eventualidades tan varias e imprevistas, une es menester [n^caverse oon nwsha oóíasdo eoolni sos eonseeoen- cias.

La Europa entera ha reconocido los he- chos que tueron el resultado de la revolución de jobo, pero semejante feeonooinMenio nO' le baimpedido d mnnAeaaiea en eierttrasli* Dlgitized by Google twáxit f Hf — iü y aMRHMHni ti^intfm unv 'li* «n tnoinento a «tm viníeiseii üneeaos incüiMiraüosu tiara laüi cosas un sosgo pligroio. 1 m •» orea que 91^ la Knropa ejita Unea de conducta por motivo de las ma- \ nr<'s ó menores simpatías que conserve con ía rama eaida, ui porque diido <ie las miras ptelflcM y toideneias emmernéom 4e ta reinante: en cuanto á lo primero, pesa muy jvoro en h ímlauxa de la actual paütira de ios gahiuetes el interés de uu uidividuu ui de ti«a familia, para que alcaBcea á raethar ínn)n ronsideracion, ni influyan en el cnnío general de los atMinlecimieiitos; y por lo que loca á lo segundo, trece años de trabajos y daifatt^as en contener la revolución, y de fnnc;"*<;tnn»'s y deferencias á los deseos y suaceptibdulades de los gobiernos estrange- tot; son prueba niMle «qvfvoea ét> que se tiMirta iPoínntad de no permitir, en cnanto pw^H^le sea. el desbordamiento d Ijís ¡deas re^'ohicionarias, y que lejos dt3 jwasar en proi)figaada'ai -«n reMKittu' cvestiane» re- sueltas en 4815, solo se trata de no perder lo qíie!»c posee, anudando lo presente con lo pasado, v esforzandose en nacer mas y éer iM %rmm é» éoeeaM de hankma ét principióos o menos parecidos, )»ero que UÜiiHiín uu imíu < » la auiicaciou, cimim* ^ie- hra diinrir per MMeMáw«o<oaÉaead« taéM juntos en el ministerio. Quién se arrimn un X)co mas á la dereelia: quién se inclina un tanto á Ui r¿quie4-da; quien procura iaaa4»» ncrae eqnümrMl»' y aplomado m al aasM; (luién, un '■(tiiifutn df SU i'ífí'^icion, pasa de una a otra lilikcoiuo vilianu deaortor; se coliga con opiniones las ma» paia^el í^anto objeto de derribar M rio, con la j i ul osa intención de ocuf^ar Isüi siUas vacanleü: estoti hombrea pof citem^ denmosde ta Francia; el rey, que les < ce y conoce taiid)¡eu la situacioo ¡Nropia y la , dd país que ¿gobierna, cree que es naaesacio I coBteimpori^arv sufrir, talsrar, iMMia ^fm-é él, o á sus hijos ó nietos. se les ofrezca la ocasión de obrar de otra manera; v asi se umtieae paciente en eaia desa^aciabie taaeiM, taeríHcaiiria á loa «Maá laa •»» ijencias ambiciosas di^ ln«^ otros, pnrn sncrifi- car lucf^o a estos últimos a la ambición de los primeros. ¿Dudáis lal \cz du la verdad y P^Ub el beelio, haoieiido en euanto | exactitud de lo que se acaba de daaíft A m cabe, olvidar el origen, infif i i^'^p dp aqni qne la dasconlianza que abriría la Km opa, v tan visible se presenta a c ada o()ortuiiidadf ({ue aa alreca, tfaea de la misnta naturaleza de laa caeas. v de que la Francia e^^^t 1 muy lejas ^ aéüAi» garantías de orden y estabt- •Halriaae eontiauamcntc de la eatraaidiaarif» rnp iridatl de }jú<. Ft^lii»e, de los inmensos resiütaüos de su habilidad y previsión. No negaremaa al gefe de la oueva dinaetfa las eminentes calidades aue le honran, ni pon- dremos en duda ({ue la Francia le debe qui- zás el no haberse de^ñado hasta el f<mdo del abismo háéia donde enpexára á radar c-on la rcvolueidn de fMííO; pero si no nos engañamos, los mismos elojíios tril)iitados a Luis FcUpe son un Iristisinio indicio del mal aaladií social y poMtíeo en que dehe da ea- contrarse la nación que aquel monarca go- luema. En efecto, por que se pomiera tanto su talento? Porque ha sostenido el órden. jDaagfaaiado pueblo que para sostener el órden nerrsita ir- un boml)re estranrdinario!

Beflexionando sobre ta linea de condacla aagnida por Lds Felipe, notaranaa qne-tado el secreto se reduce á lo qne vulgarmente htMando aa Mama Hr» 9 afit^. Hay ahedemano está nn medio muy f.iril de cnmprohar- lo: contad los muchos uiinistenus que se su- ceden, y notad las pocas persomu á qna'laa cambios se raduean y da quieio fMaadvift influencia.

£ste hecho revela otro nada lísooiei*. fia- toa houAres algo rcpreasHan, algún Mliu» existe para qws por espacio de tantos añsi les esté encomendada la suerte de la Fran- cia; esta siluacioA algo signilica. ¿Sabe» I quiénes son esos iionibreaf Bianindlo< y I veréis lo que pueden representar, y lo que i representan en renüilad..Nos ocuparemos de i ellos alguuos momentos, uu por lo que son en sí, sino por lo que espresan, por lo ifM ' de ( str aronteeimiento podemos inferir pa- ra lormarnos idea de la situación de la Fran- ela; (|uc si considerarlos debiéramoi» en su individualidad, y atendiendo á qne en la a»*- tuaiidad sean estos o nqneltos rpiíenes ejer- zan el mando, ya hemos dkbo desde nn principio no f«r nuestro, ánimo el limitar bs miras a un ámbito tan reducido..Vdemas. enando h il lnmos de las notabilidades infli^ yenles en los destinos de aqoel país, no ne- gamos que «xislaB ascepoioiiaa liantuasn? solo tratamos de los hombres en f^neral« mas Imob d la ataidsfera an i|na y foluatad de 1m \ cíaiites v iMinqueros? ^TiThiiilirí las ciones ik los li()ml)res, es un mal lo que an- tes era ua bien; es un bien, y ub bien ne- cesario á la ooMervicioB de la sociedad, lo que antes Tuera un horrendo crimen. Antes la prensa era la voz del pueblo; el eco de la nación entera, el órgano de la razón púli^ca, la espresion de los intereses bms legftiBMi,el clamor de las necesidades mas urgentes; el poder que lo desoyera se hacia reo de alta traición, digno de (¡ue se le arrojara con violencia é ignominia; ahora es la prensa el alarido de las pasiones bastardas, ei grito de la ambición cba)>queada, el rcsuiradero de las sodedides seentas, que solo se propo- nen provocar horrofotM trastornos; el poder que la desoye hace un-acto de heroica firme- za, los hombres que se levantan ¿ la altura eonveníMle sabicnido despreeiarla, sob Vm únicos dignos del titulo de hombres de es- tado; el honor nacional, la inde|>endencia del pais, sus relaciones cou el eslrangefo son cosas que el público no entiende, son ' [)alahras cuya inteprctacioii cslá esclusiva- inente sujeta al juicio del gobierno v de sus dependientes. La opinión de este ^el>c ser preferida síenpre, aun cnaiulo lo contrario mas claro que la luz del sol del medio \ÍTen qaeal individuos.

>j^Qttieiies son esos hombres que desde 4w rigen loe destinos de la Francia? ¿De dónde vienen? ¿A donde van? ¿Cuáles son sus |)nucip¡os? ¿Cual la norma de su couduc- ia? ¿Cuales sus la/os con lo [tasado, sus mi- «•aalwal» pnaenle, sus trabqoa para las f^ner^iones futuras? ¿Representan un sis- estable, marchan a un bleuco deleruii- ), tienen sus ojos Ojos ó lo que en pos de alba ha ée venir? Desconsoladona mOexio- tm se afíolpan a la mente al proponerse las cueatmnes iiMiicadas; tristes pesamienlos se 0ftémm éd ataM al CMaidenr k terrible #ridencia con que aenumiCestan los funes- tos resultados acarreados á una gran nación por un siglo de impiedad y medio siglo de ^aaaayoa nvaMonarios. las bases sobre que se asienta toda sociedad son los príocí- * piosreliíriosos y morales, las buenas ideas so- Lre el poder, y las relaciones legítimas de >aBlB oanlos súbdítos. Ahora bíeft, ¿qué pien- san sobre la religión los hombres que presi- éuiá los deslinos de la Francia? Fara ellos )la indiferencia es un progreso social; para iiiifl lai ■anioBfii han nadn ni patrn inmenso en la carrera de la civilización, cuando se ha desterrado á Dios de la sm iedad, cuando la O día. Si la Francia ha descendido del rango %ae haiieehóatea. ¿Qué piensan sobre el | de nación de primer onfen; si contem^ humillado su pabellón en Bspalla y en Siria; si los gabinetes europeos resuelven las gran- des cuestiones sin el voto de la Francia, y á pesar del voto de la Francia; sí los como*- doros ingleses ejecut^m loB acuerdos de la Europa, asistiendo las dotas francesas a las operaciones tjue destruyen el poder del pro- tegido de la Francia; si en España no se le- Nanta el dedo sin |)receder liis insinuaciones de lord Aberdcen, si no se hace caso de las reclamaoiottes de las Tullerias hasta que en Sin Janaes se ha dado la sefial de que conviene una ligera couleiu|M)rizacion, lodo esto en nada se opone al honor, a la digni- dasnedida. Dónde eslin la ^feii>- 1 dad, al orgullo de la Firanciac un ebcuenla «bff ¿Viene de Dios. dimana de los hom iMTs. se origina de la simple naturaleza de las cosas? iCuales son las condiciones de su femáBÍdad? Preguntádselo, y de todo os ÍM|Mán escepti) de Dios: ¡a voluntad det fM$fo, la razón publica, la espresiou de los UUereus procomunales, la necesidad social ^alna nombres semejantes serán las res- IfMstas qae oiréis; y en el fondo de todo, «mié encontráis? Nada mas que el simple re- «Madmiento de un hecha; hecho aue tratan d« modiiicar como majar lasagraaa, sobre linlode esplotar cual mejor cnn)ple á sus mi- lis e uitereses, a su sed de riquezas, a su .#1, y la kittoria, y la humanidad, y el ioBor de la Francia. y el onjulUi nacional, M el hermoso porvenir, y lautas bellas ¡>alaiIm ten waenninnte I o ¿ftos se halagaba á la rtzon y las pasiones, inspirándoles fuerte aversión a todo lo presente, y preparando la esplosion que habia de volcar el antiguo |M)- der,por el alUsinm mativo de que endino teoian cabida alpinos perio<listas, unos cuan- IM profesores, y cierto uumero de cumer-" discurso pronunciado por Guizot v unoscuan- tosarticulos del Diario de los Dt'hates baslan para curar el nial en su raiz;y si ({uedan toda- vía algunos incrédulos que se obstinen en de- cir (jue la Francia no «"cupa el alio puesto en que lacoloi-arau Luib \IV \.Napoleón, oiganel concluvcnte argumento de loselo|e;iosque Iri* • butan a cada instante, en firesencia de la Eu* ropa entera, los interesados ministros ingle- ses ala iio/t<icam(>(/<'jií/ii del gobierno tVaucés.

12 aqnfl»'^ md «aoi hmibres; hé aqui I en el poder «nos himkm, ú éxislM las manos ¡iqnn rstá enwMncndada la suerte j rpc posean iin sistema mejor \ (\n^ al mismo (le la Francia; be aquí 1? situación laAieuta- 1 tiempo sea realizable. La!< rancia sutre esa ble ñ que flc hrita «endiieíde ene gran f poUtica fwrque la memm. • > Ahoni biiMi: ¿qué venl.ijas puede acarrearcion, merced ti los que, derribando lodo lo existente sin edificar nada mievo qno ol're- ciesc sutícientes garantías de estabilidad y JdiMNiioQ, han dejado ta sociedad como casa cimeTitada sol)re la arena, ospnesla á caer á la primera arremetida de ios vientos.

Estos hombres gobiernan la Francia por- que en algún modo representan la Francia.

Kilos sun liijos (le la rev ítlni-mn v discípulos nías o menos encobierios de lu escuela tilosdlieadelpaMdosí.zlo; y la Francia lal-eome exÍBle es también hija* de la revolución, y formada también en buena paite eri la mi^nn escuela; ellos profesan odio a lodo io anl^^iuo, i. pudtera traemos m»les de mucha trasceor nos la intima alianza con ima nación que en tal esleído se encuentre? ¿Qué fruto delie-^ mos prometemoe de la dMMporieiea de (os Pirineos? Es evidente que el único resultado probable tuera el contraer compromisos tute podemos evitar muv bien, y el de introdii^ cirsenos mas y mas la mauíade pJb&rmmnm á la francesa. Amiios eslremns nos serian sututttnefile diMi«Mi«>it el^MStaodo ei uno nms- trae felaftioMt>4atoráaoionles, y aucande el otro la ovianineíiii mm\ y ^litica.^tti». í*or io que foca á lo primero, claro es qoe y gran parte <le Ift- Francia ha cambiado (am^ | <teiicia ell^tar náestro porvenir con el de «n iiien de ideas y eoslmnbres, aparUnidosc del nación que, por su posición UipográHca y camino que siguieran sus antepasados; ellos no se atreven á sacar todas las conse- cuencia» de los principioe qne profesan, y la Ft incia tampoco se atreve á hacerlo: tam- bién retrocede espantada á la vista del fan- tatma aterrador que amenaza arrebatarle su bienestar material, destruyendo el orden pú- blico; ellos desean enlazar en?>panenc¡a lo |[ eso $lntu qm que tan penosamente se prapor sus revoluciones tan recientes, [luede verle gravemente comprometido; ya siía por el curso ordinario de las coaaa, ya por alj^mi acontecimiento imprevisto qne obrando, ó bien direcl^imente sobre ia Francia, ó sobre el resto de £uro|>a, cambiase la presente si- tancíon > é faíoiese impaeíble la «MMÍoB\in presente coo lo pasado « bin abjurar empero i longa. La guerra de los Estados-Unidos, la también á rehabilitar los siglos anteriores en la literatura, en las ciencias, en la< artes á manera de distracción y pasatiempo, nocon- eediéndoles empero «no un lugar mny se- Cimdarío en l i- rr^riones del entendimiento, mas no ascendiente sobre el corazón; ellos están inciertos, la Francia está incierta; ellos fluetoan, la Francia fluctúa también; ellos no piensan en el dia de mañana porque los ocu|>a el dia de boy; ellos descuidan la gloria nacimial y se oounan principalmente ^e los intereses materiales, y en esto imi- tan á la Francia, nue trabajada y maleada por una filosofía irreligiosa, ha visto entronizar -en su seno el egoísmo, qoe no oonorá otras- medios (¡II ' p| oro ni otro lln que el goce. No, no tienen la culpa los gobernantes si 4U{uella nación desciende del alto puesto qne le oorrespende. Sn 13 años de paz, con un gobierno representativo de tanta latitud, la prensa libre, la guardia nacional, un nu- mmwm ejército, coli til mofiarca de alta ca- pacidad, no ^ posible «té ^evalezc^ una polítici) no esté adaniada ú las circuns- iancias del pais;no es dable que se sostengan bataltn de trasigar, la espedicíoii del qiiés de ia Ronuina, son heelwa ipie tmm viene no echar en olvido.

A pesar de la mucha sagacidad y pacten* oía del monarca reinante, liemos víalo mas de una vez bastante cerrano el f)eíi^'ro de un rompimiento: estos peligros volverán a pre- sentarse, ()onpie están pendientes gravísi- mos negocios cuya complicación los puede acarrear. Supóngase que la lucha se traba en las márgenes del Rin, ya sea que la Francia quisiera 4lesbordarse, ya sea qiie les ejérci-- tos aliados intenten marchar de nuevo sobn París; ¿cuáles serian para nosotms hs coa^ secuencias de semejantes acoulecimientoa? Claro es que tod» dependería de la aetitnd que hubiésemos tomado con respecto á li nación vecina. Si tuviésemos con ella alian- zas, pactos de iamilia o ruiaciones demasiado intimas ¡lor un motivo eual^piiem, se non haria en estreino difícil, si no imposible, con- servar la neutralidad, y nos halláramos pre> cisados á pelear por intereses cpie no fueran los nuestros. Toaosios> recursos terrestres y ' marítimo^ 1,s rnnsumiriamos inútilmente con " el desprendimiento que caracteriza el leal y generotM» ((lié? Quizás para recoger msvegra ingralilud.

la ■en la actitud que dos corresponde, si procura- mos conservar con In Francia las relaciones lie buena vecindad, sin ulorgai la empero uiu- IMíiANMíaeainNsIroa aegocioa, ni lí~ rar nuestros intereses cdn los suyos, enton- ce«ia neutralidad se nos haría, no solo |!0si- Ue áno fácil, natural, y en cierto modo MSesaria. Colocados á larga distancia del campo de Itatalla, y a las espídelas de la uiis- flio nación que en tai caso iueni ó invadida é-ímiBara, podiéiUMNi eeialar hboms gra- visimas que nos aconsejarían abstenernos de lomar parte en la contienda, y satisfacer de esta suerte a las incitaciones t^uu \míá ein- pilamai m la iMka loa «lirigienn las de- mas jHJteacias. La posición peninsular y en el ulliDio estrcnio de Europa, si bien bajo áuim aspeclus nuiídn no nos es favoraiile, pUdaM aliüaiiin aerviroaa mmA» para ob- Wffar esa conducta neutral que tanto nos ialeresa, para libramos de que a los daAos wftidoc por tan dilatados trastornos se agre- pHB auevoe Gooflictoa, traídos por las com- plií';iriones í[ne pucd»!! sobrevenir, y que á oaUwd^rlu sobrevendrán en el continente.

fUtepafta, si Mea debe proewar abane ■uevo al rango que le corre^ode entre las ffrandes nacKHies, ha de fíuardarse con MíliliMeBan; ana eModo el noébvade an aníifruo poderío le brindase con oportunida- des luikfMjeria>. Justo era y muy natural <pie la oadon que poseia dilatadas provincias en ittriíayén el norte de Europa, se hallase tam- bién mi'7( ladaen toda- las í^randes cueslio las ¡UKadü lUMMOnes: |)en) nosotros que na- da tenemos que ver con la Alemania, ni lalV loma, ui con la Italia, ni con la Siiia, ni conel Egipto, ni eos la India, ¿no eoraeteriamos la mayor imprudencia si no procuráseinoe OOB* servarnos en estricta neutralidad, y preca- j¡ vernos ya de aulcmauo de comuromisos ulte- riofea, apariándenoa en la actualidad de. alian- zas y amistades (|ue pudieran traérnoslos?

Por lo que toca a los efectos que nos produciria en lo interior una relación dema" siado intima con la Francia, que lendieae é asimilar las dos naciones, creemos (¡ue fue- ran también suuiameut«í dañosos. Por des- gracia la MMoa ^recindad, la ñrecnente ce- municacion de los naturales de nmhnnpaiocn, el ascendiente de la literatura francesa so- t)re la e^Qolu y otras causas análogas re* anidas á IradiciaDea y. bébitá» arraigadoa en nuestra aiielo dittde él adrenimiento de la casa de Borbon, predisponen demasiado las cosas para hacernos ciegos imitadores de la Francia, aplicanda a» Uno y descemimien- to lo que allf vemos, sin ri'^taror en la pro- funda dilci cncta que media entre nuestra ci* vilizaciou y la del reino vecino.

A primeVa vista el español que visita la Francia y estudia su or^rani/arion adminis- trativa, quédase agiadablemenlc sorprendi- do al oonleBiplar ta adnirabie legwaridad con que funciona aquella inmensa máquina, que lleva el sello del ííenio y conserva lodacuiilidtf íáíi tomar parte en ios negocios que i vía las señales de la férrea muño que la coos tmyó y ta dió movimiento. La oentraUaacioB IM)r la cual tcxlo sale de un [)uiif;i y converge al mismo, es una de la> ( naliilado que mas deslumhran al observador; y como las ideas de unidad y de ópden ejercea tanto asoeadiente sobre los e^pirilus cnj)aces de abnrues coulinentales, apocando con respetables | car grandes conjuntos, se pega laciimeule a ejénttos las negociacionea^ aoa diptamáti- I loa honbies de gobierno ta iMala de aAror ve inciinjui (¡iriliucnlc a soñar muy hacedero lo que c> uiipüMlilc, y a considerar como I muy útil lo que tal vea fuera daAoae.

Dos naciones se distinguen en Kunipa perla I' iili ili/acion y unidad administrali- , vas, la iMancia y la l*ru^ia; ambas suelen firavea conjMroaiieaa I ser citadas como' modelos, sin advertir, que opinión \ vo- ' las dos lia:i t -' 'o i;.!h';- a condiciones escepcionales que no se han vcnhcado cu ninguna otra, y en Espafta Bienes que «a las deoiáa. La J^rusia e> una fundacíoo militar en un pais civilizado, ( oino la Rusia lo fue. eu un país bárbaro; siendo tul ve^ esta diiewaanm ceftidos como en la actualidad baflaoios á nuestros limites naturales, y <^imEis con grandes ventajas |>ara nuestro so- ne§» y prosperidad, ¿porqué no»BMZClaríamos en las cuestiones europeas que en nada aíeclan nuestros inlerex s.' Enhorabuena í|uc U la^lerra, la i* rancia, el Austria, la l'ru yin h.íi rr (juc prcMiii'/.can su op iuBtad en la resolución de los negocios que fonaaa el objeto de la diplomacia europea; Boeséa eatffaAar quecadacual procure eutr iíiK'», r^«> t'fi asuntos (pie le importan iiMty de cerca, eu cuyo caso se encuentran reacia la (jiic da (listiiilus caractert's á Fede- rico y á Pedro I. Es verdad (juc la Francia no Sí' ha creado de esla suerte, v que su monarquía cuenla 14 siglos de (íuracion, jH'ro esta larga cadena se ha roto; la unión i de lo presente con lo pasado es solo aparen- I te; la Francia actual es una nación nueva. Con la inaufruracion de la asand)lea constitu- vente se confundieron en indecible caos to- | üos los elementos constitutivos de la sociedad antiinia, combinjuulose |)ara autnentar la confusión, los que se presentaban para formar la moderna. Contrarios como eran y enemijíos irreconciliables, incapaces por de pronto de Iransifíir, trabóse una lucha des- I* apiadada y sangrienta. Fue necesario \)or decirlo asi tomar en manos todos los elemen- tos y arrojarlos en un crisol, para nuedisucl- _tos en el fuego se amalgan^wn y (legasen á formaron todo. Esta es la obra de la Conven- ción. Bonaparte la recibió de sus nianos en bruto; pero fundida ya, todo su trabajo con sistió en pulirla y cincelarla. Napoleón pudo establecer lo que (juiso, ponpie nada exis- tia de lo antiguo, ni era posible restaurarlo en su forma primitiva. El nuevo edificio nunca se levanta con mas unidad y regula- ridad de plan, que cuando el viejo.se ha der- ribado hasta los cimientos.

En situación semejante la centralización es no solo iwsibk» sino necesaria, so pena de perecer la sociedad. Cuando los vínculos so- ciales han desaparecido, natural es que se busf|uc un medio de suplir su falta. La ad- ministración rigorosa y una es entonces un poderoso recurso, asi como en los ejércitos se hace tanto mas indispensable la severidad de la disciplina cuanto son mas numerosos, mas heterogéneas sus parles, cuanto mas es()uestos esían á la influencia de elementos disolventes, cuanto mas criticas son las cir- cunstancias que los rodean, haciendo mas peligrosa la msubordinacion. , Una de las diferencias capitales entre la España y la Francia consiste en que allí la fuerza se halla en el estado, aquí en la so- ciedad; allí la administración es lo principal, aípii lo accesorio; allí casi po<lria decirse (pie la sociedad se conserva interinamente por la fuerza de la administr<icion, aqui se conser- va y se salva á ¡K'sar de la ausencia de tíxlo sistema administrativo. Si fuera posible que la Francia se hallase algunos dias con una miñona, con una regencia de breve plazo, con gnlH'rnantes desacreditados y con el des- I ónien total (pie a n»)sotros nos aqueja, su-* miriase de repente en una nueva revoluciott cuyas últimas consecuencias no se divisan. Con las observaciones que prece(U«n no I intentamos elogiar ni vilui)erar a ninguna «le I las dos naciones, sino hacer sentir la in- mensa distancia fjue las separa. y ofrecer pábulo a la rellexinn de los hombn'S |)ensa • I dores, que con la mejor buena fe podrían creer factible lo (pie en la practica encontra- rían irrealizable. Quisiéramos «pie aprove- chándose lo bueno (pie haya en el pais vecH no y que sea aplicable al nuestro, se des-»- terrase la |H*ligi(>sa mauia de pretender que ' cosas tan diferentes se asimilen del twlo; y íjue no se dieran pasos que luego se haga preciso deshacer, consumiendo intitilmenl6 recursos y malgastando un tiempo precioso.

Y a la Verdad ¿ seria posible plantear en nuestro suelo una centralización semejante á la de Francia? ¿ Hállanse en España las I mismas condiciones que facilitaron y prepa- j raron en el pais vecino el establecimiento de a(piel sistema? Es evidente que no. La re- I volucion (pie paso sobre a(piel pais con ter- rible fuerza arrolladora, ha sido entre nos- , otros «n fenómeno débil, que solo ha podi- I do destruir á fuerza de largo tiempo, mas bien con el auxilio de estremecimientos re- petidos que á impulso de rudos é irresistibles golp<>s. En Francia la revolución pudo obrar con fuerza |)ropia sin necesidad del trono, j antes bien comenzó por derribarlo; en Kspa- I ña la revolución ha sido débil. siempre que I no se ha guarecido á la sombra del mismo ' trono: cuando no se ha combinado c(m ella un interés dinástico ha perecido en breve; solo ha podido alcanzar el triunfo cuando lia I sabido t(miar el título de defensora del trono de la escelsa hija de cien reyes. ¿Oué es una ' revolución, (pie necesita obrar por medio de reales ordenes?

Echase de ver ahí que nuestro estado so- cial y político es muy diferente del en que ' se enc(»nlraba la Francia al salir de su colo- sal revolución de 17H9, y que perianto fuera grave desacuerdo tomar por pauta lo que allí se hizo cuando se trate de plantear el nuevo sistema que la lenta desconii>osicioa del antiguo ha hecho en cierta manera in-* dispensable. I.No abrigamos contra la Francia preven* I ciones injustas, y nos parece miiv age no de 11a razón y de la imparcialidad el rencor que le profesm ciertos hombres; de la procafw. gmfcdü penfiiiiiMiii ée esladu cou*^ sf<(!!M comMnar una mayoria a fuerza do britttiur cuu iui» atractivos de que nuocu eS' tan fiüIcMi los que dispooen de lodos ks re- cursos de una gran nación; que hafó^ue |>or una fííuh' á la relij;ion úp la mayoría d(! lo* goberuadus, i^ sostenga de otra a ios enear- nizadoi eii«ii|i^ de n nism; qiió 9e.ap6- llide conservador |K)rqiu> conserva lo í\uq hay, lorinaiifln ¿iiaii ))orcion de <*s!as exis- leuuiaü, ios em|>leus, los houureb, las conde- coraciones, y sobre todo los píugttes stieldos (le unos cuaiilos lutml»n.'s que se jueiian la nación á dados, para valcnio.s de la cntM^^ica rspicsicai da MtTiilK^an.. A.iaji}mQ«iruuia de Isabel « de Garlos V, de Feli|ie U le desea- mix t ira suort»-: ^ por nmchas qtie sean la:i diücultad^ que en la actualidad la roiiaeion cnaíf jttiera, pues que no creemos que [)uci>io en masa sea digno de aver es preciso teaer e» ciieiila uaa de circiiiLslanciaSv atendiendo r,í n oiit, 1 MIO pueden producir, para iidtnarsív tnas o meaos á iktacniinadas aiian> MS. Y «salo i|wera4|w el estada jpolttie» de la Francia nos parezca poco salisiaclorio, y macho menos todavía el social th^ aquí que eoosiderauioiii muviiaños i para iu Espa- l^aar^t«l■■altaa^^ una poiitieaqae en la actualidad no podría jiistiticai i i r nu\- i£un titulo, so establezcan f«lacio[t( ^ dema- siado intimas con aquella naetofv. Ora proce díisai estas del enlace de S. M. la Reina ron un principe de la dinastía de Orleans, ora diman;iÉi>Ht>s*i»tAomt'ütc de uu sistema fdttíea « laS'isoDsiderarfainos siempre eoiDo | deán, no miramos como imposible uu ^ran dioso porvenir, nuestro único consuelo eii medio de tanto ini i tnnio. No, no creenun» que nuestra prosperidad dep<íja)da-dc aUauzas oe Ma^na clase, ni de ímftaciaoes-.rastm- ras; hay todavía en la nación un fondo de vida, de fuer/a, de energía, (jiie esplotado y dirif!;ido cual conviene puede de iuie\ o le- yantarla al-alto caof^ (}ue la correspondí*.

Otras veces lo hemos dicho y lo r>'¡^f'ti[iin^ aqiii: á esta sociedad no ialalUm eicmeuluá de buen ^ubiemo; tiónelos qaia^ás en lanía ahuaduKtá'Coino cualquier qtio puelilode Kiiropa; pero echa de menos ittiu IVli; cotri- rece que ios partidarios de seoiejante enlace I tJiuaciou de circunstancias en que pueda iia til I ti o iRias cuanto se tmidasoii en íin horho i-Mic-h i;, iilii ■ i i! sería un casa- uienio de Lsabei li cou uuu de los liijos de| \1 parecer no fallan alf.Mino> «pie á esto se iiuhnan. crt»yendo sin duda que con;ip<>\o tiii poderoso, y cou las buenas cuaíiüades fM is supoM i los candidatos, oblendrta- nwv tina jirmda de estabilidad v de buen go- iieroo. Sin disputar ninguna (íe dichas cua* Uades, de las que por decirlo de paso no .'líttios mucho hasta que se hayan probado con la piedra de tof|n(> fie la espcriencia, jia Bsinn bastante sobre snsicáBiil- Ante to<ln es ntuy probable y casi cierto ifue BO lo permitirían ni la Inglaterra ni las -fMnHias M Narte; y si por SMdios mytre- vistos pudiera allanarse tamaño obstáculo, lejos de alcnn/nr asi un principio de estabi wad lo tenili iüiooH de incertidumbre y vai- Tfnes. pues que se combinarían para f>rodu- eiriosla rivalidad de la Iniilaterra. y los ries JK i que esta sujeta y lo estará por mucho 4m>P0 la dinastía de Orleans.

k intimidod de diefass relaciones estrí- en la semejanza de conducta de amlK)s ^Binemos, la consideraríamos tan dañosa co- (pa el principio en qoe se ñmtoia; qne pa- ni iraestiia paUianodeseanMon gobierno de miedo, (pie ni se atreva á scrTevolucionarío, 'Si á defenderlas grandes tradiciones naciona- I»: que se láMl»é m redueiio vémmo df íunbiciosos, cuyas ha/añas consistan en ífor liarse mi panto doode se rennan «y armoni- cen los muchos elementos de bien que posee. Cuando esto sr verilique no se haru esperar mucho un f;ulíu'rno verdaderaiucitte nncioo'al: flamas oido re|x»tidas veces qoo en Espaila es imposible mi buen gobierno. y que ese desorden en que kioe taatosiaíit^ nos bailamos sumidos es ana dolcoda (rae no es daMe renmdiarr-nadésoanbiHMnoa Mi fundamentos en que se a|)oya esta opinión, )eru ucN» pai'eoe que entra, en ^la uo {Hico de aqnel abatiniisQtd que- presenta los objetos mas tristes de lo s^piS' ten en la nvtliflnr! Fntrctnnffi t*s de h m^vor im- poi taiiciíi el nutrir y ioinenlar en los.auuiios este presentlánoMo de tiempos ñas fefiecs: conviene no atajar el vuelo qne á ello n<is impulsa baciendri ' ■ 1i;,r proteclorado de IB- I nin¿$una clase. La lugialerra y la Fran< ia se- de {j rán para nosotros una misma cosa: interesa < flris csfiTrn-NTo-*. rtivn n'iii:-l;ul no nos traer;» ókx & sus fÍTaies permedio de intrigas, y nin^ bien y nos pue4c acarrea^ muclios males. No consÍDlamos en servir de campo, doude por inedio de intrigas se dií^puten la