t>referencia. La arena de sus rivalidades que a eslahlezcan en otro lugar: y en lo que di- rectamente nos pertenece sostengamos nues- tro derecho, con decoro, pero con di¿;nidad y liruieza. No olvidemos en todos los conflic- tos que ofrecerse puedan que las amenazas de una ni de otra, de amenazas no han de pasar; que si pasasen, nunca se muestra mas grande el pueblo español que cuando pelea.
¿Y DESPUES?
I.
Los sucesos se precipitan, el desenlace se acerca: el dedo misterioso ^, habrá escrito en la pared las palabras fatídicas? Mientras los vencedores entonan ya el himno del triunfo, y los pueblos se entregan al entu- siasmo y alborozo, necesario es dar una mi- rada al porvenir, preguntando: ¿u después? Porque después de hal>er derribado, es ne- cesario construir: después de removidos los obstáculos y limpiado el terreno, es indis- pensable levantar un edificio sólido, regu- lar, acomodado á su objeto, para (jue den- tro de poco tiempo no se vea la nación en la triste necesidad de derribarle también. Que semejantes derribos salen muy caros; y una nación no puede subsistir en' medio de tan crueles alternativas. La administración se disloca y trastorna lastimosamente, la ha- cienda se dilapida, la disciplina militar se relaja, el pueblo se acostumbra á la insur- rección, la autoridad se envilece, las ambi- ciones se desplegan, y con el tiempo...¡Ahí las fronteras y las playas españolas han oido un doloroso adiós de tantos y tan diferentes proscritos!...En el curso de las revolucio- nes el observador filósofo descubre un fatal encadenamiento de sucesos formidables; el hombre religioso una serie de espiaciones tremendas: ¿habremos llegado al último eslabón? Dios no nos ha revelado sus ar- canos.
II.
Un viajero que abandonó hace muchos afios el pacitíco techo de la casa paterna, sufre una larga cadena do vicisitudes é infor- tunius; con malos encuentros en la tierra y- lenipeslades en la mar, salva con trabajar sa existencia, merced á su complexión mlm^ta, á su constancia invencible, á su intrepidez: [lor lin. habiendo sii)M'rado los pelí:;n>s de a mas deshecha tornienla, halla arrojado sobre una playa solitaria; alli de.spues de hal)er recogido á duras penas algunos restos de su antigua fortuna, se concentra, me- dita, echa una ojeada sobre los caprichos de su suerte, recorre con plácida nielancolia los azan'S de.su vida, acabando por pre- guntarse: ¿y ahura?
¡Cuántos cambios, cuantos trastornos dewle la muerte de Fernando! 1^ Monar- quía pura, el Estatuto, la Constitución de 1812, la de <S37, dos regencias, diversos sistemas, innumerables mini.steríos So ha destruido todo lo antiguo: ¿donde eslnn las creaciones nuevas? ¿Se ha mejorado la administración del reino ni de las colonia.s? ¿ha dado un paso nuestra hacienda? ¿se gloría de un adelanto la instrucción publica? ¿Y continuaríamos en tanta mezquindad de pensamiento, en tanta nulidad de ejecución? Hay un gran pueblo que solo espera una voz para levantarse y hacer prodigios re- conquistando su primitivo grandor; pero esta voz le ha faltado, anda errante, sin guia. ¿Quién se lo dará?
III.
Todavía existe el trono: ¿Cómo se ha salvado?
Tal vez los huracanes se desencadenan y barren los bos(|ues de pinos y de encinas; la lluvia cae á torrentes; los riachuelos se convierten en ríos, y los ríos en mares, las comarcas se inundan, los viejos castillos bainitolean, y la vivienda del labrador es arrebatada jior la corriente como pe<|ueña góndola que el pescador se olvidara de amar- rar á la orilla; una cuna va ilolando sobre las aguas, y en aquella cuna hay un niño oue duerme tan tranquilo como en el regazo (le su madre. Asi al lijar la vista sobre las tormentas de la revolución española, nos hemos figurado á la inocente Isabel, respe- tada |>or las borrascas, mecida |)or la tem- pestad.
Poesía! Oh! i)oesia, sealo; pero en esa poesía se abriga un hecho hÍ!>tórico y social de la mas alta importancia; en esa i>oesia de los nías poderosos s«ntimi«iil08 que se iiUb»ipin eu el corazón de ha eipailoies; eo «tpwsia está la ekirede It l, Ira estrella [wlitic i; ({uion la pierda de vista siuuira el país eu iiuevoii ahinMot; ^aiea se guie por ella » lo salvará. Ufebhalteoe diol», y.M>lo esenciia. ron;a«lo osperálsimos, porque bien sa- baAMW que «c4iaiMÍo la» pasiones rugen con fattltftvwi, oaaaio los partidos se dis- DoliB la arena coa taato «ümiHniento, aifiift «aa ^e puedan hacerse escuchar ni aiqaien pir los tcippladoa acentos de la ra- ■•fda biai|MMMlidtd.» Mas ¿qué tat- üSg^^ilWÉ^ con venia era decir It vckw «^^•pBmas desoídas tenían un seguro garaulequc debía jusuíicarlas: el íimpo. hn aeerlar no siempre «t iMeflam Mr proft ia; fundad vuestras convicciones sobre poáepios eternos, y sea vuestra lenírua el íflÉÍ^^2üf£u!? ^pif>^u- este es un A los tribunos de los pasados tiempos, á los paladines de la libertad, los apareció m visión aterradora. Uau sahdo corriendo «la mansión sombría. Aiaradas, kHoí de si, ¡iritando: lo vinws, lo vimos I Hé aqui 1(1 luie refieren. Al hond)re á quien levanla- ■lilaBla la cumbre del poder, al hombre l^CD desposaran con la diosa libertad, le soiprcndieron:...hnhin dostrnzado á su wnsorle. Rodeado de los miembros palpi- ^■■tei de la vfetima, desgarrando hojas del ptcto que se creyera siigndo, rcvololeaban swre su < ihcza frenios maléíicos, que es ««¡ale fucfütt enviados de la región de las ■MSI. faMjpHelo, agitado, atonnentado por ■ pensamiento terrible, cuentan que esta- Wicechando con áv ida y devorante mirada, regio dosel a cuya sombra dorniia la ino- ff^ Receeidaü qne sob españoles; se JJ'ranan al ver que el sangriento espectro wMce algunas señas como invitándoles á «r cómplices en la obra nefanda; entonces «eslremccen, dan un grito, y qué grito? ¿'%v xnlre In libertad, Diox salve In Cons- >'^>^cm/...So...Dios síUve el pais. Dios Xntcs hablabais como bombres de psrli~ «. eotonces hablasteis como espaftoles: la Udob oyoel grito, no se curó de quién lo geros. lii Reina esta en peligro, corramos; Uioü salve el pais, Üios salve a la ReinaS Bl lestt de BailoB ha sacudido su melena y el vienle éb Isa bonanzas v del cielo wreM no disipa «npiMio la UelUdelatom- >eslad.
¡ Qué «naiM pm los eoraioMs genera- ssBl {qué loeomi pan loi l»nhiw poMíM?
V.
Hornos visto nmciios akamientos; pero ¿quien se atreverá á decir, «vo he visto otro como el presente?» ¿QÚéén habra visto mezclados, eonfMMss, diftMafcre délas ' ciudades con el honrttre de los eanpes<^ morador de las campiñas feraces con el ha- - hitante de las hórridas montañas? Solo se vió tamaík) entusiasa» en la IWMrlalhiélM contra el capitán del siglo; y es que enton- ces se gritó también: ¡nos arrebatan la in- depeadondal inos han robado el rey! Tam- bién entonces se da<iÉt »Hlm<swm tocsHios can)po«;. destruiremos vuestros hogares;» «/ji** importal contestaba el generoso es- peiofr Boeslros hogares están en nuestro corazón; nuestra patria < estará atli dondé podamos vivir con independencia. » También ahora se ha dicho: «incendiaremos vuestras riquezas, anlAiliUMÉri luUilili eapital, y el entusiasmo ha respondido: «pegad ftiego á ve el pais, Dios salve a la Reina!
Todos saben ahora lo gue no quieren; ¡jo- cos saben bien lo que qmeren; en lo primero no hay discordancia, en lo seírnndo sí: pero en el fondo de todos los espíritus honrados y sinceros se agita va deseo que presentado bajo mil formas, y revestido de difireiites colores, viene á parar á una misma rosa: á la satisfacción de una necesidad que todo el mundo síoBle, aanqiie no se It esplique: fiohierno.
¿íialieis loque si;Líuilica la situación actual? Os aloelaaM mucho si pensáis que hay entu- siasmo por estas é aquellas personas, que hay predilección por uno n otro sistema; la situación actual, esa a«iacion que con tanta Awrsa sediríge á denMr lo existente, es>4a' espresion del profundo malestar en que la — se eacueain, es la caademomi de Digitized'by Qgogle . todos los rnsavOT qne so han hecho hasta ai|ui. liuinbrcs apellidados de gobierno, a Yosolnis os loiaba ensenar a ia naeioii su rainino; pert) ella liu tenido (|ue ensi>ñaroslo ' a vosotros: ¿<iné? ¿<»s atreveri'is a ne^'arlo, ni a dudarlo siquiera? Ved alii la pruelta. Hasta ahora hahiais adoptado nombres es- elusivos, OH hahiais envaneeido con ellos rual eoQ nobles blasones: y la nación araba <le deiir: «no (juiero mas dictados propios, no quiero otro (|ue el de españoles» el mas lato que se habia oido hasta a<{ui, era el de liberales. Cotejad y juzirad.
«Pero nosotros, diréis, hemos levantado , esta l>andera de reconciliación, y la nación acorriéndola con entusiasmo, ha sido diri^'i- da por nosotros:*» no es verdad; antes que vosotros enarboláseis la enseña, el hermoso uonihre de reconciliación estaba escrito en tiKlos los corazones fícnerosos, se albergaba en lodos los entendimientos pensadores, y se agitaba en el seno de las masas haciendo- las mas dóciles y suaves, como el aura be- nélica (¡uc aplaca y estiende sobre su lecho las olas alborotadas. Eii una revolución re- cicQle, que quizás no esté bien juzgada, se notó este fenómeno de uu modo admirahl(^ La sangre habia corrido en abundancia, los enemigos estaban a la vista, las intrigas contra el movimiento eran mas claras que la luz del dia; todo al parecer debia contribuir á e\as|>erar los ánimos, á irritar los enconos, ■ á crear una situación suspicaz y |)erseguido- ra; y sin embargo solo se habló de españolis- mo, de reconrilincion, de unión: comparad el noviembre de <842, con el noviend)rc de I84r VII.
No nos liacemos ilusiones con la palabra recouciliacion; creemos que espresa un sentimiento hernu>so, un [lensamiento de alta política; pero no un sistema de gobier- no; V (|uien la adopte por bandera diciendo <pie f)asla |)redicar la fvalernitind para hacer una obra maestra de política, bien puede asegurarse que o procede de mala le, o «pie vive ftn las poéticas regiones de la fantasía.
El esclusivismo es aborrecido, los parti- dos son delesla<los j>or su perversidHd o des- preciados por su impotencia; los nombres con (|ue procuraban engalanarse asi |)ropios o denigrar a sus adversario*», van cayendo eu dtii^usi), son mirados i'omo. enseña gasta- \ da |)or el tiempo, manchada ademn^ con polvo y sangre; |>ero no deja por esto de existir ía ibfereiicia de opiniones, la oposi- ción de intereses; y estos y aquellas saldrán de nuevo a la arena tan pronto como hayan derribado al (|ue miran como enemijfo < o- mun. De aquí la necesidad de pensar en el jtorvenir, de no liar la reconciliación á sen- timientos que por generosos, no dejan de amortiguarse tan pronto como desaparecen las circunstancias que los inflaman. Conviei'i ue escogitar un sistema que ofrezca garantías de protección a todo lo bueno, á todo lo le- gitimo; couviene aprovechar los primeros momentos, porque la m-asion pasa como un relámpago. Los hombres políticos no delMMi conliar en esas reconciliaciones de tcalro. que se ejecutan entre los aplausos de una entusiasmada asamblea, los brindis de un banquete y las orquestas de un festin. Hn- llanse tal vez frente á frente ejércitos ene- migos; algunos soldados salen de las opues- tilas, se adelantan unos hacia otros, se saindan, se estrechan la mano, se abrazan, comen, belk'n, danzan en lamas perfecta armonía; ¿sabéis lo (jue vale tanta cordiali- dad? un momento después, cada cual vuelve á estar en su puesto; en toda la linea resue- na un récio quién vire! y el fuego.«;e rompe, y la refriega se empeña, y la batalla se hace general, y los mismos hombres (pie se abra- zaban.se disparan con encarnizamii'uto el plomo niorlílero, ó s<» pasan á cuchillo. Finos en apariencias {V.
VIII.
Es preciso no |)erder de vista que en la actualidad ¡téngase presente que no habla- mos de la nación sino de los partidos) hay coalición, lo que es muy diferente de fusión, los coligados pueden tener muy bien largas cuentas que liquidar; el reservarlas para después no es lo mismo que darlas por sal- dadas.
«¿Pero, no veis, se nos dirá, que activi- dad está desplegando la conlirion'} ¿os parert» qiir ha trabajado ¡hk-o? No por cierto; ¿mas no vois di> qué se tnUaha? ¿no veis <|iiií rlas«» dt' Indjajo rs rl (|ii(> os alncina? Muy lorpo fuera, o muy corto de vista, (juion orcvose i|iu> van a levantar alifun iti-ando •ütifio líis cucriJos do iniícnieros. ile /apa- áíres y di* artdltTos. rnainio conslniven Si queréis » <nii|»render a loado una situa- rmn, r\pniina<l tandnen a fondo el estado I ' ln< opiniones. inda^Kíd todavia mas a lon- 'l« ijiic inlei-uses jin'jran, y cual es su |)osi- 'ii»n resjx'tliva; atended eii tin a los medios de que disponen los campos opuestos; juz- ?aid por los dalos que sobre estos estreñios recojáis: lo demás son bellas palabras, <pie el tiempo cuida de desmentir con hechf>s bien feos. Esto es triste, desconsolador; |m«- rola realidad suele serlo tanto!...Vor lo de- más, si alpiien jíuslarc de correr sin tino ftt nn camino hennosamente lapixado, es im deber advertirle el abisni'» que pueden « nriintrar sus pies. Las victimas iban al sa- ailieio coronadas de llores.
X.
Hay en España un hombre que durante el (•urso de la revolución ha representado un j«pel sm^MjIar. Siempre en las Cortes, siem- pre en los circuios políticos, siempre en las Itosó á la cabe/.a de partidos ruidosos. Se lian sWBiiido innumerables ministerios, se han Khndo para escalarlos reíiiílas batallas, ora el parlamento, ora en last alli s y plazas; Se ha dicho míe este hombre esta dotado de un gran Uilento; es bien (M>sihle que asi sea. y nos inclinamos á otorgárselo; no r^orf;"!* discursos parlamentarios, en los qne aun juzgando favorablemente. no le conoce- mos superioridad con res(MH-lo a muchos otros; no (mr su táctica en las negociaciones. )ues no sib(ímos (pie hasta ahora hava lle- vado a calw} ninguna que merezca la pena de anotarse en los fastos diplomáticos; no por la voz y hima publica, |)ues sainamos que en materias de reputación, sobre lodo ¡ntr bre- ve tiempo, DO faltan numerosos ejemplos de usurpaciones: lalent(> jiolitico se lo recono- cemos en no haber querido.ser ministro. Siéndolo, es preciso nobernar; v cuando ei (fobermr es muy difícil, el desa edito es in- minente. Este será sin duda el jiensamiento dominante del señor Olozaga: habni dicho para si: «tienes reputación de hombre de gobierno; el mejor medio de conservarla, es no ponerla á prueba.» El fx'netrarse déla verdadera situación de las cosas, el conocer- la con claridad, con limpieza, es uno de los caracteres distintivos del talento: estas cali- dades las ha manifestado el s»M"ior Olózaga en su obstinado alejamiento de las sillas minis- teriales: si semejante conducta es una señal de franrpicza y desprendimiento, esto es otra cuestión.
El derribar en España, suele ser muy fá- cil; pero no lo es tanto el acertar en el" mo- mento oportuno. El señor Olozaga no carece de tacto en esta parte: en cit rtas ocasiones su aparición en la escena ha tenido algo de íalidico. Todos sab(»mos la historia de los .,,.,. ' «"OS pasados: cuando ahora dió el famoso una secretaria del Despacho ha sido elliello ¡ grito: ¡Dios salve elpais, Dios sahe a la f'>il.i>s las ambiciones; varias opor- ■ i 'i lies se han ofrecido a este hombre pa- ra sentarse en una de las codiciadas sillas, 'inemas de una vez hubiera iwdido ser la de Ufr ' h ia. \ (H'sarde lodo, este bond)re i'.iiido ser ministro. ¿Sera |)or no •lierer abandonar el puesto de tribuno? no: fws ba sabidf» resignarse a perder la popu- widad. á eclipsarse [>or algún tiemjK». no nciendo resonar su voz sino de vez en '^•do, como para inqMMlir «pie la posición •^sus rivales no |)rescribiese. ¿Sí'iá ponpie •fcsprecie los puestos elevados, y no «piicra P"cil)ir nada del erario? no: largo espacio ntfltado ocuiMindo uno, en el cual el orillo « la categoría compite con el emolumento Hcina! Espartero v sus amigos debieron de comprender iKírleclamente loque aquello signilicaha.
En los dias de crisis se dijo que Olózaga era el hombre de la situación; v su nombre andaba siempre al lado del de 'l^opez: seria curioso salier los jiormenores de la negocia- ción entre los caudillos de las fracciones del- Congreso. Como quiera, síein|>re es muy notable que un ministerio Lopez-Caballero encontrase iiii aniienle defensor en el señor ÍMozaga. ¿Si'ria posible (pie en las entrevis- tas con Esparten» s<' hubiese convencido de que el ministerio debia ser de breve dura- ción, y que el programa no tendría mas efec- to (jue el de una gran f)alanca?
Se entenderá mejoría vei-dadera positioa 15 I del seflor Olózaga, si se observa que v\ so- ííoi Sandio, (luion en las lilas del pro^^oso coinparle cuii el la noinluaiiia de lioiiibre de gobierno, ha seguido una linea ile runducla baslante parecida. La o|H»sí('ion FÍeni|)re. el minislerií» luint a. ü» pre>itlen< ia del conse- jo para don Antonio (lon/.ale/ uo(ro('unl(|uie- ra; las endiajadns de Londres > líe l'aris, |>a- ra Sancho y Olo/a^a. Ksla conduela es sa- gaz y sobre lodo niu> cómoda; pero los homHres de lodos los parlidos deberían saber latubiea á qué atenerse. Nuevas coniplica- ciuntts sobrevendrán, para las <pie conviene eslar en guarda. «(Señores embajadores, se- ria menester decirles. o ^olM>rnad ó dejad gobernar; el criticar es univ fácil: el eiecu- lar no tanto; aípiello de Talleyrand: Sern- dor fiel, pero reserrúuduse el derecho de mu- dar al amo. no queremos que se actituate en Kspaña."
Se habla mucho del despoh.smo, <le la h- rania de Espartero, se |iinla con íuerles co- lores la opresión en tpie geniia el pueblo, se habla de infracciones de la ('.onsUluciun. de ataques a la libertad de imprenta, de planes ambiciosos, de designio!^ encubiertos, «le ventíi de las colonias, de sacrilicio de la industria: cuando ven^a la historia con su calmosa inqiarcialidad. buscando una calilica- cíon con que caracterizar la epcn a de la Ke- geucia imica, no hallara en la lisura de Es- parten) aquellos rasaos terribles, pero arañ- iles, ijue suelen distinguir a los hombres de fortuna que se apellidan dés¡ntta.s y Uranos. ti carácter d<uiiinante de la Regencia única no ha sido la tirania, sino la iuinolmna (pt- f^nnilira. Nada de osadía, ñaua de arrojo; el valor (lUe según es fama tenia K>parlen) ^omo soldado, no lo ha lenido como gol)er~ . A esta inqxjtencia guberuatna delnírá Kspartero su caida; y en el peligro inminen- te en que se halla de verse precisado a bus< ar un asilo eu pais eslrangero. pue<le agrade- cer su desgracia á los b(uubrcs que le han rodeado en su fortuna. (Consejeros hay esce- cclenlcs para ayudar á subir al poder, pues para esto basta iu trujar; logrado el objeto es necesario yubermr: cosas j>or cierto muy diferentes.
El espíritu de pandilla lleva consigc» la inipoteuf ia gubcrualiya.; } e.sta tm;>oleucia ¡ toníenla á su vez el espíritu de pandilla. I (Jiiien no gobierna no tiene ni tener puede I el apoyo de la nación: el instinto de conser- vación propia hace buscjir ese apoyo que se echa de menos: y de a(|iii el pandíllage que es una compañía de seguros mutuos: la fomiula I del contrato es; «apóyame, v te dejare ba- ¡i cer. '■ Pacto sencillo, |H'ro peligro.^). , Dicen <pii' en Kspaña lodo ha de s<'r anó- malo; \ ciertamente (pie lo ha sido bosta el estremo la Uegencia única. Creemos que. cs- I le periodo es realmente original, al menos no es conoí ido el lijK). In u'<'ii ral que por un mnjuiilo de circunstaiina> alotluuadas logni colocarse a la cabeza de una gran oa- I cion. contando con medios tan |M)derosos co- mo supone el haber lanzado a tiitiras eslran- geras a la (iobernadora del reino, viuda del I Hey y madre de la Ueina; este general, repelimos, inaugurar la é|)oca de su mando ¡ con un ministerio «pie se present^i á las (lór- I les diciendo que quiere gobernar con ellas, I y solo con ellas, sufriendo en seguida repe- I iidas humillaciones, basta que al fin no dándose por eulendido, se le dijo: «anda que \ note queremos;» este general coulinuar con I ])aliativos, como prolongando las horas do la auMtnia; y por Im. en el momento críl ico., decisivo, al sonar la hora de la insurrección, dar gol|>es de estado tan estupendos eoni<i nondtrar un niinist(*rio Mendi/abal -Becerra, resignarse á m cobrar contribuciones, al)o- lir los derechos de puertas, y acabar con la prensi de la n|M)SÍcion, no admitiendo al franquea; IíhIo este conjunto es incompren- ' sible, parece un absurdo..Mgun periódico ministerial hablo de (¡nbtrnio á aihallo; me- jor hubiera <licho (jobiemu en cama.
XII.
Hace diez años <pte lodos nuestros gobier- II nos adolecen del mismo mal: la im¡M)lenria. Todos han caido bajo el dictado de Itniutrog, i| Y en realidad mas bien |M>dian llamarse dé- I hile*. Y es cierto (pietiranizabun en peipieño.
' que opriminn a su modo, (pie a veces hasta liacian un esfuerzo algo alarmante: pero to- do era facticio. S<'ntian que si* estaban mu- ¡ riendo de languidez. y era muy natural que se irritasen un |)oco contra los que les ento- naban el c4into fúnebre, y con mola y sar- casmo les mostraban la tumba. Del misino modo perecerán en adelante todos los gobier- I nos que imiten semejante conducta. Si en 4Bk de colocarse á la cal>eza de la aanoii, se Hacen goles de iwrtido, sí en vez de a^Hilli- '4tr vftfcns noinbn>s, no ¡mocan la ley y la talUcta; si en ve/ de fomentar ainhiciones maguido servilmente al primero <fiie oírete ajíoyo, iv> Irazjm eon mano fuerte nn ctr- mAo rfcl mal no permiinn;i iindi»* salir, v •i el <|iK» se em ierren ellos mismos: si en vci de contar ron ¡iropios actos nuM ei edores do la aprobación y del aplaiLso. cuentan con la tideiiidail y (íerision de este ó aqnel •ivnv- ral, con el rcMM'lo (jiie impone tai o cual fortaleza^ con el auxilio prlamenlario decsle o aqoel orador. |M*n»(enin como sus aiilece- >ores, perecerán hajo la execración y el des- lirecio iwblico.
XIIU fmagmanse al;<unns que c( medio de pre- H»ir los levantamientos v perpetuarse civ til noder.es lisonjear a los pueblos con pala- bras blandas, humildes, que mas bien (me ordenes parezcan sú[)licas. Grave error: los pueblos no sufren el ser oprimidos; ¡taro iaoipoco quieren un írobierno que les hable ác rodillas: las huu»illaciones rastreras, les haceo creer que hay traición y perfidia; y j|Vaodo no, piensnu con razón que es inca- paz de mandar quien no al)riga el sentimien- to de la divinidad pnipia.
"Pertrechémonos en el terreno de la ler, dicen otros; con la ley seremos fuertes, sni la ley caeremos. - Kslo es una verdad, |ven» wisceplible de sentido mezquino, miserable. Be U*jos de pntducir la salva« ion causara la ruina. Habláis sin duda de la ley fundan)en tal; y bien, lK'mo> vi>to c^er f¡;obicrnos que la respetaron; mas diremos, ninguno ha caido por haber faltado a su letra. «Pero fallaron íi su espíritu. - ¿duales este espíritu? «'l res|K'líír las mayorws; Cristina lúe echa- da |H>r lial)erse conformado a la voluntad de ps mayorías parlamentarias; Espartero es derriliado por hal>erlas desoido: ¿a (|ue m reducen pues las mayorias? ¿Sabéis cuál sera el gobierno que las tendrá en su favor, no facticias, no aparentes, no prontas á caer al primer ^rolpe? Será el (lUc se a|M)ye en priniipios é intereses verdaderamente na- cionales, que arregle la administración, que saoue del caos la hacienda. que aliaiice el nníen, (|ue alirme el poder, cerrando para »i('inpn» el cráter de las revoluciones. Mien- lra> to(|os los destinos de la nanon estén a merced de un corlo numero de hond)res que distribuidos en las capitales puedan con fa- cilidad iMHMM-se de acuerdo para pmmover nuevas iiiMurei cioBes, mientras la masa do la nación seji inirada con desden, tratada como ilota, vedanihisele de difcn'ntes ma- neras el lomar parte en los negocios (ju»' Itj inlere»;an. y esto, cuando se [)ronuiician in- coiiiiti iiiciite las fialabias tibft ttul. ujual- útui; mientras uo se príM ure que entren co- mo elemento <le írobicriio, opiniones razona- bles e mtere>es leiiiluiHts que ha>ta atpii han ll«vado un sclh» de comlenacion inapelable, por la sencilla razón de «¡ue eshi |H)litica era m'cesaria para so>lener y Hmienlar el es- dusixisiiio: mientras. re|)o timos, se siga esta deph 11,1 ble linea de conducta, los gn- bienM)s caerán. o combalidos por la vo- luntad nacional, o ahandonndos por ella. Kn el primer caso el levantamiento será poíle- roso [M)r su fuerza intrínseca: en el segundo lo sera por uo Itaber quien lo contrareste.
Kn ambas sup(»siciones, el resultado sera fital imra los gobernantes.
u XIV. ' Su lubla mucho de la Constitución i'erdaii, si esto signiíita algo. espresará sin duda cumplimiento ernrto de lo que la i'onxtUn- cúm prescribe. Mas como quiera que ahora se distingue entre la letra tj el espíritu de la ley fundamental, y entre el testo y los prácticas, como ademas be ha dicho, que dentro la Constitución se puede perder el pais, y como se ha establecido por principio <pie las mayorías piieilen ser facticias, si la cosa no se remedia, lleva camino de hacerse mas difícil el acierto que el descifrar los enigmas del Esfinge.
Si os apartáis de la letra de la ley se os dirá que la infringís; si os atenéis estricta- mente á sus palabras, seos achacara que cumpliéndola la falseáis; ¿como será posi- ble gol)ernar?.\clarenios las ideas, atenién- donos á los últimos sucesos.
Supongamos que en las últimas eleccio- nes el núnislerio hubiese llevado la mejor parle, logrando una mayoría tan indulgente que le hubiese absuelto'del lM)mbardeo, de la erogación de los doce millones y de las demás medidas arbitrarias; viniendo por lin á declarar soleiimemenle que el gabinete merecia la conlianza de lasílórles, y quu a(|Ucllos hoiubnís eran los verdaderos silva — Ifl — Ifl llores (le la patria. Fl fíefe M Kstado con- I rorniaiidose con el soto de los cuerpos le- i ¿aisladores v conservando a su lado á los Diinistros. hulnera sef;uido las practicas >arlamentarias, observado la ley de las ma- vorias, V alenidose rifíorosanu-ute á la (lous- titucion. Su|M>n^an)os ademas (jue mientras ministros y diputados se iiahrinn dado reci- j proí'amentc f^racias y enhoralnienas, aigu- ■ nos hombres de cabe/a ardiente y (*orazon ' audaz, se hubiesen presentado en (iataluña y dando el grito de alarma hubiesen levan- tado una nueva bandera: á pesar de las iiKii/orííts y de las ¡niirtiais, ¿ os parece si Ijabrian encontrado simpatías? creemos íir- nieute que las mismas (|ue ahora; y estará con nosotros <juien cí)nozca la opinión del pais. ¿Qué significa esto? l'na cosa muy sencilla. Si^ínilica (pie sobi-e las mayorías,, sobre las nrácticas, sobre la Constitución, esta la evidencia de los hechos.
llagamos la conlrapru(d)a. Demos i|ue uu congreso corrompido y un ministerio a|K)ya- do |)or él, ambos dominados por pasiones innobles, y v«'ndidos al oro eslrangero, se hubiesen propuesto sacriíicar nuestras colo- nias á la and)icion inglesa; demos que ÉLs- partero resistiéndose á tamaña vileza hubiese i disuelto las Cortes, pero que por un fatal, concurso de circunstancias hubiese prevale- cido la intriga, presentándose de nuevo en!' los escaños del congreso los mismos hom- | bres apoyando con el mismo calor á los mi- j nistros traidores. Si entonces Espartero de- jándose de rodeos y contem|)laciones hubiese disuelto de nuevo las (fortes, y disjKTsado con una compañía de granaderos á los dipu- tados renitentes; si levantando su voz uu- biese dicho al pais: «se me quiere forzar á ser traidor, se (piiere que venda á los es- trangeros la independencia de la nación; los traidores abusando de la Constitución se han parapetado en ella, yo no he tenido otro medio de salvar la patria (jiie pasar |M)r encima de la ley;» ¿pensáis que el pais se hubiera sublevado para castigar semejante acto de dictadura? Es evidente que no: y porqué? [>or la misma razón arriba indi- cada; pon|ue sobre las leyes escritas y las prácticas mas arraigadas, eslan la conveniencia pública y los |)rincip¡os de eterna justicia. {