SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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"Entonces, ¿qué se habrá hecho de la I le(jali(iatVh< no lo.sid)enios; tiempo hace que I ¡a estamos buscando; aftenas «iescubrimos su huella en ninguna parle: al parecer ha- t brá sí'guido el camino de.\strea.; En los tiem|K)S que corren es gracioso oir (|ue se habla de legalidad. Van yaiargos años qae la situaci(»n es eslntorditiaria; s bajo mil formas diferentes, a la s<»nbra (ie distintos velos, sieinpn' las cuestiones vienen a deci- dirse en el terreno de las medidas escepcio- iinlcs. \a\ escejx-ion se ha elevado á repta. Ni es |)robable (pie de semejante estado sal- gamos tan pronto como fuera de desear. Bermude/. cavo legalmente, merced á indi- caciones (|ue iMulian hacerse respetar; Mar- tínez de la llosa sucumbió bajo la legalidad de los amagos de levantamiento, y de las iiisinuaci(uies del puñal; Torcno fue derri- bado con la legalidad de la insurrección; Is- turiz en fiienta de la legalidad. tuvo qae salvarse disfra/.ado de correo, y con él vino a tierra el Estatuto revisado y por revisar; Mendi/abal dejf» legalmente síi silla, poroue los sables le hicieron \ina seña desagraaa- ble; Castro se embarco legalmente |mr una significativa renuncia ajKivada i>or cien mil bayonetas; v dejando mil otros incidentes (pie. se han visto en el gran drama. a la Imra en (pie escribimos (»stas lineas estarán sobre .Madrid los ejércitos pronunciados; si Espar- " tero no ha tomado el camino de la emigra- ción", estará también alli C(m el resto de sns luery.as, y se probará la legalidad con lo certero de las descargas y lo n'cio de los sa- blazos.

.\sombro nos causaba la candidez de cier- tos hombres rpie cf)nsideraban posible un desenlace legal y tran(iuilo. \o fuera i>ora fortuna (pie á tanto alcanzase la situación venidera. Van ya nueve años (pie la España está en revolución; las revoUiciones para cambiarla organización del pais, comien- zan saliendo del terreno de la ley. y ninguna * tennina en el terreno de la ley..\bi está la historia. ¿Queréis columbrar el |)orvenir? Dad una ojeada sobre ese suelo volcanizado, y n'cordad (pie la escelsa Duérfana (pie ík'u- pa el trono no llega todavía á_los I M aflos.

I.

«¿Cómo hiMiios pfKÜdo llegar á laniaiioei»- tado de dcscoiiciprlí) v desorden? ¿¡Mít (pie ■o tenemos gofeier»o?o preguiitn algimos; «¿cómo no hemos llegado todavía á un tslaéo }XM)r? ¿cómo hcinos Icuido in "íoiiibra de go- bieroo?» debiera prcguauirse. Minoría, ffmrra demetHony mohKhn: oüdft vm ét ' -f s malos basta por si?o!op;ira trastornar i UQ.I sociedad, ¿gué m habia 4Íe rosuUar de j los tres reunidos?

U sola miiH>ria-4e Carlos U llevó «gita- ám los pacatos tierapos dot último período (le la dinastía austríaca; la sola guerra de su- cesión inandó de san^ la Península ul en- lioaiiarBe la rama Iwrbónica; la sola revoUi- rhn nos trajo la lucha civil ^!n invasión estrangcra en 1 Hi'.i; nada pue^ urna natural (|ue lorraaies sia cacnto «pie hemos salrido, ya que la Providencia qaiso que te ooaibÍBa» I sen y obrasen á un tiempo sobre nuestra pa- | tria tres cieniontos, loáos lan pfxicrobospafa | En la minoría, el trono está desocupado', | bajo sus dosfh's t'siá la résia cuna. Las fun- " ciones del monarca Us ejeicea otros; pero,1 cibatmeutc la fuer/.adel poder monáNfaifio i'<t.! uucnlada principalmente á la niisiitó I persona del monarca. Kl monarca es inamo- vible, la regencia no lo es; la monarquía es peipétoa, la regencia e# temporal; el ow nm;i obrn en nombre propio. In rr^'fnciaca nombre a^eao. La autoridad es (kUil porque es mmMéaf a» sale inmediatamente del origen; y ambicioii no tiene cerradas las puerfrfí í>nrque hay er¡€ntmlidad do cambio en el ^er supremo, y por consiguiente eiistea mpertmnM do asorparto. Daranlc el fanesto período, espcrimenta la nación los males de una monarfpifrí electiva. La ley que ea Francia acaba de declarar hereditaria la rejEem^, encierra- «a peaeaaiieaia de biea *lta política.

La guerra de surettion snnone cuestiona- ble el derecho, y encomienda la decisión á 1 ks' trances de las armas. Mientras dará la sangríenta lid, se levanta trono contra trono; 00 existe pues la. unidad, esta privada la i annarquia de su carácter esencial; quedan- daea eieiio modo aplazada su existencia I para cuando «c ha decidido la locha.

La rerolmiütt ataca el priac^ño uhmuo del gQbienio, ponpie se dsHge á oambiar tas for- nspoHlicas y la orgaaisaeion social. Por Batnralc/n es enemiga del poder so c«;r?!('r- xa sia cesar en enl1aqQec«rle ^ porque suiin es denibatte. Aeltja M«i loa- viacalaa osa, ^esti farwtdi te^sooíedad-. psoiBO mvn I obstáculo á sus d(;si^nios; y el imnIci' sui>re«' moes el objeto de sus iras, ifior el doblo motivo de ser poder, y de servir de centro y nudo á la orgauizaeion social que se inten- ta destniír.

En la úKiiiKi época. la roveiudoa hubiera sido iiMpotcnlc. como lo fue en las aníerinn-s. a no l)at)crla secundado la minoría y la í^uer- ra de sucesión. Siempre qoo se hahíeaa empeñado en una lucha contra el trono, cuerpo á cuerpo. habría sucumbido: porque el trono es nacional, la revolucioaao.

Gnando la revolneion ho conocida sos ver'- daderns irrtt're«es \ la debilidad de sus fuer- xas, se ha í'olocado siempre a ia sombra del troiH». Necesitaba un escu<lo, y ca este eiH eudoioseul^ les blasoftes do la «eoarqofSi II..

Alguna vez lieans peasado, á tm bttbíf)r ra (iañado mas que una Tevolucion mooí'n- (linca, un inuiiarca revolucionario. (Aplaiiios por la primera, porque al nial.Boledesea<> nio^ nunca un cicmcnlo de pujanza. I'ii mor uarca revolucionario que con las moditicacio- ncs del espíritu de la época, se bi^biese arrojado por el sendero de Enri(|ue Vff I é del emperador José, quizas nos liiihicra per- dido para siempre. Recuérdense ciertos pe- ríodos críticos del tiempo de Carlos Ul y dü Garios IV. EIdesérden de la revolucioa des- truye, fMTo nada edilica, ni bueno ni malo, y trae tu |>os de si el peor enemigo: un iii'- curable descrédito; pero la acoioaoideBada, regular, iírine, con que funeíoliala momuTr- qnía. derrilni de un fíolpe, y edilica en un instante: ¡ a^ de los puehios, si el dcrrilK)^ la coastracoton esten dirigidos por el genio del mal!

En adelante. ¿([ué ludria suceder? l^is^ circunstancias han cambiado: si en una de las infinites •eonbinacioncs^pie es dado iauK íítnar,seap<Klci'.T<en del trono iníliieiicias ma- léficas, su acciou sería nociva, pero no omni- potente. Hace ya muchos afios que los bueno» principios están acostumbrados -é no deÍHsr su salvacion_^a nadir Sn fiirrTn prnpi t, in- trínseca, esencial, esta en cjeircicioi,nu hay poder aabse la tierra que pueda oscteyízar- los. y mucho menos destruirins. Sin embar- go, conviene que sus d'-fensores uo esten donperdbidos: la KsiKiria«s un camt>auteii- te eQ.iMnfeR, dsnde cada coalxflwidailo fldyo samo^BMflor paedoi 'y m caw»H"te de nadie; pero lo ageoo: m (omenios wkda feleinos en torne del «rm III.

La guerra de sucesión ce)»ó, la minoría s<; acerca á su lin, la revolución ha IK^gado al término de su (jarrera, porque desgraciada- nmite ha logrado su oi»jete, en onanto le ora ¡Kisiblc; ¿qué es lo que puede im|)e(lír f I esliil)leeimiento de mi i^bierno? Lo ire- WM» diciendo cu el pn^senle artículo y en lo» venidef*OB« ¿Cónrf) '^ límis (¡iic! i ivv(»l»('if)n ha Ih'^ra- do á su lerminu? pf)r({ue no venios en pie nada de lo que ella qaeria (kstruir, cscento las cosas indestructimes. Ifotamos sentados en medio de ruinas, esto dos fiaiantiza de que no nos engañamos.

Después de lo que se ha hecho, todo lo <pie en adelante se apellide revolución no merecerá tal nombre. Será el designio de impedir que se quiten los escombros, que se despeje el terreno, y se tevanle un ecnficlo. Pnrn rierlos actos, es muv convenienfe te- ner a la mano montones (íe polvo |)ara os- curecer la aluK>st'era y privar ia luz.

En una vasta llanara, entreeorlada por suaves colinnv^ existia en otros tiempos tm magnifico ediiicio que levantaba hasta las nu- bes su gallarda cúpula y sus torres gigantes- cas. La amenidad del pais, la feracidad de los campos, el despejo del bori7onri>, la her- mosura del cielo, parecían decir «[ue alli do dia Ailtar la vivienda de) hombre. Sin em* go, el tiempo que todo lo destruye, habia desmoronado el edificio, consumido sn«; tre- chos, desmantelado sus paredes, minado y destrocado sus einientos. K«¡u{ un enorme paredón (luc amenaza desplomarse de un momento a otro, allí una bóveda, cuyos es- tribos se van cayendo á pedazos; arcos ais- lados, columnas que no sostienen nada; gran- des aberturas en los parages antes cerrados; montones de escombros sobre el lugar de las Antiguas entradas; descomunales boquero- nes en el suelo, todo confusión y draorden, todo minas. Kl hombre no vire en aquellas estancias, pero la habitación no ostá desier- ta. Loa «orrds, los jáchales, las Menas, loa tigres, todas las alimañas y ñeras del de- fiicrlA han hallado alli su cueva; tas saban- dijas, los drag(mes, y lodo linaje de reptiles etaeuentfuíí cómoda gwuida en Ha wnlietosaB y I^Mfmdaa liendidaraai} y ta ifauítms', tas leetaüs, M Miroiélagos Iféneor so nido en los restos de las torres y almenas.

Un viajero recorria silencioso los afrede- dores de las ruinas, y contemplaba con do- lor aquel eaadro de destrucción. Resonafit el rugido del tigre en el mismo lugar donde antes se oyera el ladrido del perro Het: don- de antrs eol^^iiba ana linda iatila con un pajaro d(> pintados 'colores y de melodioso' ranlo, asomaba la faelra del buho con su pi- co coi-vo y sus phnnas en forma (l»' orej;!*»; ¡Híf Ia*i ventanas donde se recostaba en otro tiempo nna gallffi'da m:iii un o hermosa doB- rolla, sacaban de in)provÍM hi i alx vn rnt- ro, el oso, el tigre; y en íos lu^íares ea (ine jiiizetem'^ con bulliciosa' ulegria la can- doro.sa niñez, silbaba la horrible sierpe; nmstrando su lengua de sangre, y sns ojo:f- de Uauia.:.

Por respeto á los manes de los antiguos señores, aijo el viajero, es preciso que des- aportízca tanto h*irn>r • fM-enso qnttar esas ruinas, y construir uu ediiicio. Y es fama qfue defundiéndose esa ver por tedo el ám- hito de los ruinas, las Ilcri- I ts aliiiiafias, los reptiles, y las aves i>uclünias, temiendo perder su irábitacion se helaron de esfjanlo; cada cual á su manera dió un grito horrible; y el s¡lbi<!o, y el ntL!-ido, y el aluillidn. y el chirrido resonando lodo a un tiempo, resul- tó UQ ruido fatídico v aterrador. ■ IV» Um seAal bastante nnfm de que la» re- voluciones se aproximan á sii lin. es i uand<» loíí tribunos se convierten en cortesan(»<!. y ios agitadores muestran pretensiones de pa- recer hombres de gobíenio.

Cuando la revotneion irr 'k i \.\ l 'iíalidád, es un indicio de que el enenii¿|;u esta fuera de combale, y de que es tiempo ya de tra- tar del reparto y seguridad del botin. BiH tonces vienen ríe molde los lirrhoy nmsnmn- dos\ y como suele dodrse, se cnnmUda h situaeíon. Bu tiempos revueltos es veoeaane no contentarse con saber y entender el Dio* cionario de la Ae^iltMnín Se ba clamado nuicíio contra un centenar de ancianos y hombire» de mediana ednd, porcpie se han mostrado tercos sostenedores do hs leye,^ hechas por ellos, v de la situa- ción, también oreada iwr elloH, como kc snpone: 4rVo8olm> tesMan 'imamMfíKh posns antagonistas de la monarquíi, Im au- cha, y atendidas las insólenlos provorariones lort's de la revolución, los padres de la [I de los ainanles de novedades, presí indiendo (!uii^tiliu-ion del aAo (2, los ineorruptibles enemigos de las camariifte eorleniiM, los hombres del pueblo, de las etemafi ponde- rdcioaes de suu» derechos, vosotros os habéis pnwtkiÑdo á los caprichos de uu poder Me- vo. obra de vuMlnHi MUIM, que ni brilla con ia llama del genio, ni resplandeee eon el Rfl^jv de uu ^ran nombre, o de recuerdos iHstóricos, y en cuyo ponréniriMtejrBtt que usforidad. '¿Preferís una mirada lisonjera o una sonrisa de ese poder, al clamor de los pueblos, al voto de los parlamentos, al «rito ■MBinie de la prensa? ¿Ibbeií eanibiadode principios, moditicado vuestras creencias po- lilicip, disipado vuestras ilusiones, secado vuestro corazón?; Qué mudanza tan inespe- ndil Aates, las sociedades potriótieat, nio- n los salones diplomáticos; antes, despre- cio de la aristocracia, ahora insaciable sed de,<TMMÍecoiP6ioaes y títulos; antes, al pasar poil éeiuite del regio alcézaric mirabais con altivo desden y con ojo ceiite!leni\le, ahora ''l^r. jjipirf^ antesalas de las f^Ma MtinViM, y vestís la fibrea de loa cortesanos, y os wjais arrastrar en sober- tiias rarrozas*: antes haríais irala de vuestra pobreza, blasonabais de espartano desinte- rés, i fuer de pechos generosos no ansíábais otro fm, no os impulsaba otro móvil que la prosperidad, v sobre todo, sobre todo, la li- oeriad, la idolatrada libertad de vuestra aprímida y gemebunda patría; ahora, ¡oh K>nsaniiento desconsolador! habéis aceptado pto^ttes sueldos^ en retribución de vuestros serpatea^ y babeis desvanecido de un golpe tima bwo>daifa»0i|cantoa: habéis cometí- lio «na profanación sacrilega; habéis coloca- iio el ofo junto el entiiaiasroo » Esto les adí'inas de los manejos y ventian/as de los {lartidos, lo que decian los mas aventajados adaliíit's (le a(|nella lucha podía formularse en estos términos: «Nación esi>aik>la, esas hombres que apellidan /í¿er/a<i y te prometen el siglo de oro, te engaftan. Sna dadnnaa son las ensacadas en Francia; mira loque estas bau producido allí, é intiere lo que prodnciién aqui, Se quiere derribar un Mola para oolooarse én su lugar; el incienso qne te forzarán á rendirle, te será repuiínante. V las ofrendas que te obligaran a presentar- fe te «aldién muy caras. La aimeioa y la codicia se cubren con el manto de la libertad y de la economía; no les prestes oidos. que el tiempo vendría ¿ castigar tu imprudencia con dotorosos escarmienloe. «Y bien, ¿mé decian aquellos escritores que no se haya di- cho ahora? ¿qué fue la prensa de entonces, en comparación de la prensa de ahora? Loa hombres son loe miamoB, hasta llevan el apellido de la é|>oca, se llaman doreaflistas; entonces hablaba la previsión, ahora habla la «qperieneia fCnán amaigoa desenga- ños traen consigo las revoluciones! Hombres que estudiáis su historia; no os liéis de los libros, escritos en buena parle por los auto- res ó loa eómplices del mal; atended á loa hechos, y á nada mas que á los hechos; mirad lo que habia, ved lo (pie hay; mirad lo que eran los revolucionarios antes de la re- volución, mirad lo que son ahora: el espíen-, dor ha sucedido á la oscuridad, la opulen- ciaá la pobreza: bé aquí disfrazado elenigroa.'

V.

__ «Todas las reputaciones se gastan, escla"^ a» adversarios;dftlosi«ntdesnapoca8 I maneierCoa hmfeai^siflaposiblegolKhiah fueron, sus amigos y auxiliares. Los co- la rapacidad mas aventajada, la pndndad mentarios y las consecuencias no son difici- n)as incorru|)t¡blc, son inútiles; por(|ue á les^de alcanzar * no sabemos si lo siguiente |)oco tiempo de ligurar, caen cu el mayor jervtr para nada. | deacrédito. Esas leffiotaoionas son monstruos En tiempo de las Constituyentes de <8I2, | aue se lo tragan todo: en no sabiendo qué aev< \ de la iuauíiuracion de la escuela revoluclo- üaria y volteriana en nuestro suelo, salieron áHafcndef la religión y la monarquía algu- nos escritores, haciéndolo cada cual como mejor entendía, distinguiéndose uno que otro por cualidades mas ó menos relevantes, pero alÑindando los mas de doctrina y racio- rinio, A parte la exaltación d** los ánimos, muy natural en el prnuer momento de la lu> orar consumen reputaciones. » No tenemos costumbre de apadfmar la causa de la revo* lucion. ni laaipoeo jolemoa enearecer la fe- cilidnd de gobernar; pero en esta parle no podemos sufrir que a la revducioa se le acbaouen noevaa delitos; bastantes ha w- metioo que no consienten disputa; no ia ca- lumniemos. Nuestra opinión en este punió podrá parecer peregrina: como quiera no la <(>ncinos |>or (Ie.sac<.>rtada. La revolución no ^asfa las n'piitacioues, loque liaLees(K)nerlas apruelMi; y eslu e» cusa uui\ iliferenU'. So» ándinaaim áj^iie la opinión publica lejos de ser injusta ni severa, lia sido y < s to(la\ ia de- masiado iudulgeulc. Hay C4ii»acidudes (]uc no pupdcn rcHiscrvar «a illa nombradla sino manteniéndose en niisleriusas sombras. En dándoles de lleno la In?., el presligio des- «lüfireoe. ¿^uiyen tiene lacui|)a? Uay virtudes wfiáaitast hfty pnMdadM une ño «inven fMi- ra la boca de la tentación;. el oebo btíiida, el {Hili^ro amena/ii: 1n probidad siinnnhe; ¿quién It^ne la 4:uipu? Las revoluciones su- elKien y ««itan ir sociedad; el «al campea, el liti'n s(* ve precisado á defenderse; se for- Mian (iilerenles bandos, se ofrecen situacio- ues üii'icilüs, lu ludia be enciende, y en ella «•«preciso nióslrar d teonplede la espada, el corte (!e la ubnna, el tino gubernativo, In previsión |)olitica, ia Himuza de carácter, la energía de voluntad, la elevación de senti- mientos, los quilates de la hennidex: los entendiniieulos y los corazones se bacen irajiparentes; ¿quién tiene la culpa sí son pocos loa tjtte saleii airosos de la dwapniebaf ' ¿Cuántos son los hombres emineales, ni aun d¡sling:uidos, á quien(»s la opinión pública no baga justicia? Pocos son los que rMoen teaéhas énalidadeB aoimsalientes, cada cual está dotado de las suyas; y en estas el público no es tan injusto como se quiure suponer. Lo que bace es distinguir, 4Ha8Ífiear>, otorgar lo nerecido, y negar lo que se pretende sin razón. Acabamos de almesar una^*rra civil, y estamos uasan- . do por disturbios políticos*; y sin cml)ürp:<», recórrase el caták^ de los hombres que v<- haa señalado por sus tálenlos, por sii liua- radfab, por su carácter o \m otras eualida- ¿e» Mfcuasifó malas; >ee' ciiahpiieffa'"de Im irartidos, y se hallará que la \erdadera of)i- nion publica rsla fijada sobre su mérito. En cierlab cualidades bay dii»^-re|>aucia; peix) iMiderteaMr ^lue en tal «asoné siMn oNn muy aventajadas, ('liando el s<d brilla todos lo ven; auuj^uquellos a quienes ofende, ir'tüklas ¿no sabéis lo que suele decirse, C|tte la juslida no la baciMi los contemporá- neos sino la posteridad?" Ks cierto: ñero en tiempos de levoliiciou la {losleridad se adelaala, los aftos son ' siglos, las generaciones viven mili lias vidas, y antes que las míabilidades desciendan al sepulcro, suele llegar {tara ellos el fallo de la bistoiia. ¿Qué se ha beclio la ditiniáad de un famoso di- putado de las (Constituyentes de ('ácliz? y este diputado vive aun; ]>ero ha llegado para él el fallo de la histona. Varias cualh- dades se disputan á Marti ne? de la Rosa; pero.¿quiéu {tone en cuestión su honradez y su elocuencia partamcntaria? Quién nie^ á (ialiano su ímpetu oratorio, á López so fuego y Cacilidad, a Toreno su liabil trave- sura? A Cúidova y Zumalacarregui » quien loa de8eoMíc«t"'i •;^ Todas las caricaturas del mundo no doa^ truyen un hecho; todos los artículos de fon- do no lo crean. ¿Qué pudieran las carica- taras contra Na(^noD, é la tista del ótétm i público restablecido, de la administración I organizada y de las banderas tomadas al ; enemigo? ¿que valiau los artículos de un I periódico ministerial para realzar el prestái' gio de Espartero? Se le ha llamado ilustre, invido, honrado, patriota, modesto, destn- teretado^ y de esto cada cual ha creído la fque le pareciera bien; pero no >e le ha Ha-f ¿ado grande hombre, nombre de c}C)ün\ él (propio nos ha dicho en un rocíe ule mani- fiesto, que no ambidaiiaba tal Hiato, que i no lo nicrccia. ¡ Tanta es 1k Itacrza de un ' hecho evidente!

ÍSt todo el mundo supiese que sois un de- fraudador de loa caudales póoiioos ¿de qué os sirviera tener asalariados a dos o tres es- critores para (pie os llamaran sin cesar lion-, . radü, puro, desinteresado, basta el ías-^ I tidio? ' Mí^ifF' Todo se ridiculiza: á un hombre qiiiíás muy resjielable, se le hace objeto de despre-i cío, es verdad; j)cro esto no afecta la repu-^ I lacion tanto como se pudiera creer. A un' político eminente cpie haya prohado con lie- dlos su elevado talento, ¿qu*^ le impoiia i que un papel «ín Créia-le diga cuatro desi^ ' vergüenzas sacando á plaza su enorme mt^ riz, su joroba, la curvatura de sus piemnfi.

I su calva, i>antutlas y levitón? lül niuudo está lleno de piernas derechas y de fiaras aironas y elegantes, en las ipie nadie pien- sa; ralle \ rand era cojo y dooitoabi la di- plomacia eurojica. ^ r'M.i'".\\^t i^^u.n En épocas turbulentas, # 8a-'lte||rá^» modo u otro á inutilizar ()or una temporada los talentos de hombres cajwces de.salvar ' el país, el interés público es lo que sufre; I ia repntacÍMi si es sólida, queda iolarlai tillando se examina la conducta de un gc- 1 ucral desgraciado, se atiende' ai número y ríase de tropas de que disponía, y ¿ la si- taaciim en <]U(' se onroiilralia: cuando una , uave D<) ha }K>dklu salvarse^ no sicniprc se adiacael naufragio á la ini|)erii-ia del piloto.

Abora se abre una nueva era; van á po- nerse a pnifíba ciertos hombres; seria hien posible que tuviésemos gran consumo de reputaciones {i).

VI.

Los ejércitos pronunciados acaban de cn- Irar triunfantes en Madrid, ¿('nal es la si- tuación de la ca|)ital de h\ monarquía? Están aK mezclados los generales de octubre con ks tribunos de 4840. Muy en breve estanin en movimiento todos los elementos (mIiIícos que se agitan en la I'enmsula; si no se crea pnmto y muy pronto, an gobierno fuerte, comenzará la discordia y seguirá la anar- qnáa. ¿Cómo puede crearse csle gobierno? És ttecesarío un centro; y centro no hay otro que la au,:aista Huérfana, esa Huérfana qM se arrebata suce>ivamente la fuerza amada!...esa Huérfana que en la Granja se ha viMo a.'^allada por sargentos y entre- ^, _ pda á manos de la revolución; que se ha justicia, sediento de paz y estabilidad, ene TÍsto separada «le los brazos de su Madre migo de teorías, despreciador de los char- por el general de los ejércitos reunidos; <pie lalancs, amaestrado con larga y costosa es- en octubre ha oido las descargas en las es- ' pericncia; hay un país abundante de recur- raleras y salones de palacio; y que al re- sos, hay innumerables veneros de riqueza jooar los vítores délos que acaban de H- por esplotar, hay muchas rentas que bene- iMrtaria, a las ordenes de Azpiroz v Nar-! liciar; hay una situación lopogralica que raez, ignora lo que hay, tiembla, flora y | brinda á la'indei)endencia, y hay un caracU-r pregunta, si electivamente gritan r»ra la liero y brioso para hacerla rcs|)ctar; ¿qué /fnna/...Hombres de la situación, rede- falla pues? Falla una cosa muv sencilla, y Reina se pondrán en movimiento; lo» par- tidos lemenKsos de perder demasiado en la transacción, suscitaran cuestiones sobre las cláusulas del contrato; quien posee no quer- rá desasirse. y quien no tiene deseara ad- quirir; hay la cuestión de la mayoría, la del reconocimiento de las potencias del Norte; los negocios de Roma; hay un desgobierno espantoso, un descpiiciamienlo administrativo que da vahídos; y descuella iinalinente como un fantasma aterrador esa haeieníla. que pa- ra mayor infortunio acaba de salir de nuevo de las manos de Mendizabal.

Bien se echa de ser que no disminuimos los obstáculos que hay para bien gobernar, V qae los pintamos con sus verdaderos co- lores; los hombres de la situación no ¡Mnlrán quejarse de que no les suminislrvUnos escu- i sas |>ara los errores que puedan cometer; pero en cambio les diremos también los ele- mentos favorables con que cuent<in, (jue se- rán sus cargos,.si con ellos no salvan al país Y á la Reina.

Hay un gran pueblo entusiasta de la mo- nanpjía, tirmemente adherido á la Religión de sus padres, amante del ord(>n v de la lionad sobre b que os dicen estos hechos; y si sois hombres de estado, acreditadlo de iioa ver.

Se necesita un gobierno fuerte, no nos eMbaremos de repetirlo; sin él tendremos arbitrariedad con pretesto de orden, licencia coa nombre <le libertad. No bastan reconci- liaciones enlusinstas, no bastan abrazos; los individuos y los pueblos no viven de esce- DM de teatro; (os síntomas nue estamos viendo nos indican la gravedad de un mal que en vano se trataría de encubrir.

La susceptibilidad y los intereses de In- gbterra han quedado heridos, la vanidad y la ambición de la Francia se habrán dis- pertado. los pretendientes á la mano de la (t) ¿S« ha cumplido?