SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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sin einbargodilicil; falta que loslioiubres que se coio<pien á la cabeza de la nación se con- venzan de su fuerza si se apoyan en los ele- mentos de bien, y que no se crean forzados á tener contemplaciones á los elementos de mal; falta que acierten á mostrarse como prolectores de las grandes ideas nacionales, que de esta manera esciten el interés de la inmensa mayoría del pueblo español; de ese pueblo que hace años está esperando que un venladero gobierno le llame en su auxilio para hundir en el polvo á esas pan- dillas que le atí)rmentan, le despojan, y por añadidura le insultan.

Ved lo que ha sucedido. y conjeturad lo que sucederá. Habéis clamado ¡kl jmit y la Reina están en peligro! y el pueblo es- pañol se ha levantado como un solo hom- I bre, y os ha dicho: ¿ d<>nde están los ene- ■agpstiel país y de lu Ueiua?» lus b^ña- la lazuu, la c»(»enttiicia, la iiisiuna; que oo laslcis; un instánle después ya uu exisliau. lu pierduu dt- msIu ludus luü hüiubre!> uiiiaü- £1 pueblo español, ese pueblo que no ' los de su patria: Suelua necesidad urí:eale.

•abe siQo pelear y vencer, se retirara con la generosa) contiunzu que abrigan los |>eciius hobies y valientes; después de baber disi- pado ron un soplo á vuestros advei-sarios os de|arn hacer: muy desleales é ingratos l'ue- . mis si le ení^añaseis también. • No ipinora la nación que la situación es * «irtranrdinaria, que en medio de la iusurrec- MOndcsaparece la legalidad; y que no pue- de reclamarla estricta en los momeólos a premiado ra. es un |xjder íuerte; aiu el 04 liuy espcrajiMi de:>uivacion, sin el sufrire- mos la mas bastarda y la mas esleril de las láauÍM, que us la impuesta por las pandillas y facciones; sin él no saldremos jauias de estados de sitio, de medidas dictaiias por la salud del pueblo; y t^lt mal será irremedia- ble, porque su rai/. no estará en los hombres sino en las cosas. Colocad eo el gobierno a hombres de opuiiones templadas y de uxt&a* críticos de la victoria, cuando ha quedado cioues rectas y pacilícas; hi su poder eüdé^ uua Ueina menor de edad, sin rciíencia, sin bil. o serán echados de sus puestos, o aMiministerio nombrado por los tramites legales; cando sus opimones y olvidando sus hábitos, por lo mismo no os pedirá cuenta de si ha- se convertirán en opresores.

beis puesto ó no el pie sobre el linde de la ley, sino de si habéis salvado el |)a¡s ó no. Salvadle y no temáis: el pais que sulre tantos estndon de sitio, lanías medidm de salvarion pública, laníos velos echados so- bre la esladut de la ley, tolerara sin duda que le salvéis, sea 6 no en el terreno de la estricta legalidad, de esa legahdad (|ue años hace ha desaparecido, que todos invo- can y que nadie observa. Jms revoluciones comienzan saliendo del len eno de la ley, y VIH.

VIH.

Salgamos del terreno de la política. que está volcanizado; mientras permitáis que s% revuelva, temblara el suelo bajo vuestras plantas. Siempre se habla de Constitución, siempre de leyes orgánicas, siempre de go- bierno y oposición, siempre de sistemas políticos; nunca de buena admim.ttraciuu, de arreglo de hacienda, de instrucción pii- ninguna termina en el terreno de la ley; se j blica; siempre del instrumento, nunca del empieza clamando por las garantías legales, artefacto. Olvidase que las formas políticas y se acaba por hacer necesario un poder sonun»H«/ií>, y se las considera como /Ím, ¿iscreciooal. ¿Que importa que lo ejerzan mejor diremos, se aparenta considerarlai las juntas ó los militares, las convenciones como tal; porque en el fondo de las cosas, ó los dictadores? Si en tanto abuso como se i en la realidad, patente ya a los ojos de lodo ha hecho en KsivaHn del poder discrecional, i el mundo, lo que obra, lo que remueve, lo se hallase quien lo empleara en salvar la ' que agita y {x>rturba, son la ambición y la patria, á buen seguro que en lugar de la ¡ codicia; y tal tez, y sin tai vez, mas la ac- hoca Tarpe ya. le espetaría el Capitoho.

Vil.

. WUti lh «««lu MU Si no se quiere un gobierno fuerte, si se oponen obstáculos a sn establecimiento so protesto de combatirla tiranía, tendremos á centenares los tiranos; porque lo hemos dicho y lo repelimos: los gobiernos opreso- res no son ios fuertes sino los débiles. El fuerte puede marchar á la luz del dia, no ha menester las maquinaciones tenebrosas; no necesita medidas violentas, pornue cuenta con la debida fuerza para hacer observar las || en la compra, esiarian muy bien empleados, leyes; no es suspicaz ni perseguidor i>orque I y no se arrepentía de haber dejado vacias puede despreciar á sus enemigos, eslaudo ¡ sus arcas. Hodeado de amigos que le felicita- seguro como lo está de anonadarlos si se han por su adquisición, embriagado de gozo alravpa a lavantar la cabeza. Esto enseñan | v desvanecido de orgullo,.«^e fclicitalw ¿ sí i I dícia que la ambición.

Un hombre que tenia inmensos caudales, no sabiendo en qué emplearlos, dio en la idea de hacerse fabricaute..\ costa de mu- chos sacrilicios adquirió una ma(]uina, que en su concepto vva lo nuis admirable qua iiiuiginarse pudiera. Fuerza motriz muy po- derosa, combinaciones ingenioas y elegan- tes, mucho tino del coitelruclor en acomo- darla al objeto [tara hacerla elaborar en abun- dancia los pnHluclos mas es(]uisilos; todo este c/)njunto tenia embelesado al dueño, y le hacia esperar que los capitales invertidos el^MÍMiWiáirtfiiplan. T va tolo pfíí"^?i>>;í vn liuíi arnn hambre de babilidatl y c(maG^ para uocargarie üe la dirección de H^Mtfriiú». ÁávÁ fw dmide tro|)«Bé el liao* ei|NnAiil»ii4Ímln«8 encúnt«ilMÍM^ p<»ro hn^no niiv-Mino allaniilia y nivelííbfl ei Ierre Q0, se mudaban los operarios, se inMudMi. Lo» áiiMtoreif ivnunrtaban 6 ei itnrím los dpsppfün;! t mnqnin^ no funciona- ba. Quién iue liaba cou ua incuuveniaate, olvidahn de dei ir qut' la t'iivi lia no podiá fKT-lonar la introduccioii do la imi()uina. y í|ue |M»r mil medios lenebrasds v períido&, isar SR moriwitili^:nM productos. Seis años liauian y todavia el pobre fabricante, sin haber visto mi producto, estaba an ciclando la máquina; los gastoÉ enui- nrochos. los f.vV<('o< >in oiirnto. la do^p^^ixTícion t'<taha en:iu cobno. Consúltala un dtu a uno de sus 'la trama infernal de que erá vietimñ r»! fV^sgraciadí) cHiitfüsta.!<' dijo: '«i la maquma funciona, los electos fabri«^doís farán sujetos á cálnilo. si no rii-'iiroso, al menos aproximado; y los salarios asi del di- nol^eonw) de los operarios, iteran lijos.

arbitrario: ¿ftién prcdc sa- berte quo (MH'stn t!n;i reforma en la m^(niina. viwtnici todo el desbaratar los manejos de los in seducir n los operarios, y <jui- »ii-destrutrla? ¿t^níén examina fqUO se nn'ttMi.i directores ó á rcforinn- éafB0ÍmlíJ^ adomadüü du tot» oonociuiicnios TodasM apíénidüQ maquinistas, todos tienen ^ voto, y lo que p« peor, tmio^ rfthran su sabrio. Estableced una regla muy seucdla: jÉtto pere^rÉ vn iiiaiiy¿ÍiÍlMiti''<|Éa"lií máquina funcione; y al día sisuiente, ó la máquina funcionara u os habréis (piedado li- bre de directores y maquinistax.)* Dicen que sfl^puso en planta el conaijoiy fel pabNHWHi pittiista se vio libre de trampa'^. "'En tan delicada materia conviene no liarse <teeet^s, ni pretestos, ni apariencias las OM iiMicentes: que como deciiHitaMMlks: fñv fí i'í fiiy el mundfi: v esto divh , bambre, i al vez liace arrojar 1qí> logeiMi^ á eHasqne no están «m el mapaij»»t¿ leUaaioi itiGimMto las reToluci^s éstan enci peno-' COIISIO£BAU0N£$. \ •i tt II <>lMt.

Sin unidad no hay concierto, sin conciarti} no bay orden, y &iu orden no pueden subata- tir el araado ftiíoo,» ttmdnliBaiwaatfvi»» dadcs inconcusas, eternas, aplicables á la >o- ciedad como al individuo, ¿(jue es la virtud? un órden, un 'Concierto, «ubordioados a bi grande unidad, áte.l€3r olirtta,.á-DÍBi; iQil es la ciencia? un órden, un concierto depen- dieBlea de la unidad, del principio gen«radot- de loa cóuMinmlos; Cada ciencia en parU^- cular se asienta sobre una verdad que le sim de base; yeslas verdades fundajnentales exa- minadas eo su origen, se baila croe convergen todo UMi 4Mn m 6t oino ti punto % «á que esta afianzado el primer eslabón do Ift cadena.;.Oue es la salud? un órden, un concierto, deueodieates de la unidad, que armónica ím naoioM f Im hace wMHbmt á un mismo objeto, cada cual á su modo. ¿Qué es este universo que nos admira y asombra? es el urden, el coucieito, sometí* doa á It «aídad. Soponedque la unidad dat-» aparece; el concierto y el orden dejan de existir, y el universo sé convierte en caos: Todof los seres, asi que se apartan de la unidad á que están sometidos, pierden «í cierto mouo su naturaleza; porrpie csfn no Gonsisle precisamente en la esencia que ios eMítaye, sino cpie ibiMC todu las 1ti&^ tades, cuyo ejercicio forma eh oomplementti del mismo ser, y le bace alcanzar el objeto a que esta destinado. £1 liombre dementol esoievIaiMaleunMihra; pero le Mta «I uso de la razón, y avi de poco le sirve elt#i ner esa noble lacullad radicada en su alma. £1 díscolo, el perverso, es bombre; tiene el Kbn ejeideio de su entendimiento y voImh tad: pero abusando de las j>otenna's que la ba otorgado el Criador, y desviándose de su fin, es un hombre incompleto, que tninC»¿ por decirlo «k, M propia nalonltiaf fé% viadoia d> wiyarto awa Mk, l 11 Por esta cau>ia UhIos los seres que exislM I liz e^tadu. que la a^fuanbu tilas ven(ung|Í|i fuera del urden que les toiTesponde, que " en 00 lejano porvenir, ¿^ué valen ios pera- han dejado de estar sometidos a la unidad, livos si la raiz del nial queda inlacla? ¿es- se hallan en situación violentíi. y forcejan I perais crear un p«Kler fuerte? ¿ w o no? Ahí or volver a su estado normal. Kn el mundo 1 está la diticultad; en no su{M>rándola, será ím útil cuanto se ha^a.

A ios |K)liticos entendidos debe de cansar- les espanto esa falta de unidad que se nota en Ks|)afia: hablase mucho contra los sigkM pasados; y esos sifílws sin emi)ar^o nos sal- van todavía en la actualidad: que si ellos no hubiesen formado ese espíritu de rectitmi^ de justicia V cordura, ese ape^o ¿ la numar- (luin que distini^ue á la inmensa niayoria del pueblo español, después de ntraveMr una revolución cien veces mas terrible que la presente, correríamos á hundirnos en un abismo sin fondo.

sico, el cuer|)0 separado de su irntn». lien- de sin cesar hacia el: abandonado á si mis- mo, marcha rápidamente á buscarlo: dete- nido por un obstáculo cualquiera, lucha iM)r vencerle; con el choque, si antes est<iba en movimiento; con la presión, si se lia con- seguido detenerle. ¿Qué busca ese aire, que se aíiita con tanta vicílencia, (pie se convier- te en huracán y arrasa los lK)sques, destru- ye los eiiilicios. y siembra el espanto por di- latadas comarcas? su lev, su rc^la su rc^la su unidad, el equilibrio. ¿Que buscan esas olas alborotadas, que braman furiosas contra la roca inmóvil, aue traban cual leve paja la loandiosa nave? su ley, su regla, su uni- dad, el cauilibrio. ¿ Que tiene ese hom- Jire que pálido y convulsivo se agita entro tormentos atroces? on pequeño órgano se ha dfsar reí/ lado; le ha faltado la armonía de las funciones, la unidad; y el desgraciado invoca la muerte como un alivio á sus crue- les dol(»res, prelierc la no existencia a una existeucin desordenada. ¿Que mal esperi- inenta ese otro de la frente torva y del mi- rar iiupiielo, que lleva pintadoen su semblan- te el sello (le la maldición, que anda errante por la íii/. de la tierra sin encontrar consuelo ni descanso? Se ha apartado del orden, ha perdido de vista la unidad de su regla, ha cometido un crimcD. £1 remordimiento co- mienza ya el castigo que la justicia divina consumará.

II.

ihl' II.

ihl' Tan pronto como la sociedad se aparta de RU regia, ya sea dejando estraviar las ideas relativas ai orden moral, ya sea permitiendo que se derribe el poder sm sustituirle otro que le reenqilace completamente, se siente fuera de su quicio, le falta la unidad que ar- monizaba todas sus partes, v se agita tam- bién entre mortales agonías a la manera del individuo atacado de crueles padecimientos. Tal vez se levanta con fuerzas eslraordina- rias y arrolla cuanto encuentra á su paso; pero un instante después yace de nuevo en el le( lio de dolor. lánguida, abatida, mori- bunda, escuchando con ávida coniianza las j>alai)ras halagUcfias que se le dirigen para nacerla creer que «aldrá presto de tan infe- l I ñtn*j III* La Kuropa se agitó durante muchos siglos buscando esa armonía que se alianza en la unidad. Entregados los elementos sociales á su propio impulso se revolvían en tenebroso caos; {HTO t<in luego camo se establecieron centros cx>n grou fuerza, en torno de los cuales se arregló el movimiento, nacieron los diferentes sistemas que foniian el hermo- so y variado conjunto de las naciones euro- peas.

Un inmenso continente que en los tiempos modernos ha >enido acrecenUuulo el número de los pueblos civilizados, se halla actual- mi'nte dividido en dos partes sujetas á con- diciones muy diferentes. En la una reina el orden, es acatado el gobierno, v las ideas ó intereses sociales han constituido un centro que los enlaza y armoniza. Allí hay prospe- ridad y poderío. En la otra la anarquía cam- pea, los gobiernos caen como las hojas do los árlKiles, las formas políticas son mons- truosos embriones, á los que no se concede el tiem(K) necesario para desarrollarse, y manifestar con la esperiencia si es posible ó no que se conviertan en un viviente de or- ganización regular y miembros proporcio- nados. No hay orden, no hay unidad; allí hav infortunio, descaecimiento, [Mtstracion.

tVesentamos este cotejo pon{ue también contribuye a demostrar lo (pie nos hemos propuesto; pero no intentamos comunicar á nuestros lectores, entusiasmo |)or las formas (K)lí ticas de los Estados-Unidos. Semejante entusiasmo mal puede trasmitirlo quien no lo siente. Ni aprobanios ni reprobainos; nos absleneaios de juz^íar; solo nos permitire- mos una observación que conviene no ilejitr en olvido. La vida de una nación se compo- ne de muchos siglos; quien juzgue de un sistema (Kilitico \M)r los efectos que produce durante setenta años, se parece a quien psadernra las ventajas de un régimen con respecto a un individuo. |K>r haberle sido saludable una corta temporailn. Ademas: ^quieu sabe si se atribuye equivocadamente al wrtecDa político lo que ba dimanado de muy diferentes? Es probable que se en este error; quizás |>odrian si'ña- razones que a|)oyarian esta &os[M'cha; de todos modos el tiem|)o será el juez mas com|)elcnle. Lo que ahora sucede ya, es un indicio de lo que |>odra acontecer en el Irascurso de un siglo.

IV.

Las naciones que han estado sometidas á k unidad de la monarquía hereditaria por eapaeio de mucho tiem|)o. |)resentan un fe- MIMeno digno de notarse: al través de Ins revoluciones mas profundas, conservan la fuerza de reorganizarse sin j^icrder ni nienos- cabarsn independencia. Casi todos los reinos de Europa muestran de bulto esta verdad: la Frtocw y la Inglaterra ofrecen ejemplos re- cientes: y según todas las apariencias la Ks- p ifia esta destinada a ofrecerlo también. La tdiisiiiucion «le Polonia era una escepcion Pw tener ado{)tado el sistema electivo; la olonia sufrió revoluciones no tan grandes como las de otros paises, y no obstante pe- reció en ellas.

¿Qué seria actualmente la España sin tro- no hereditario, sin esa institución que neu- traliza tan iMMierosamente los elementos del mal, á pesar de que las circunstancias apenas le han dejado otra arción cpie la fuerza moral de sus recuerdos v esperanzas? Viéramos n*priKlucidas las tristes escenas de nuestras colonias de.\mériea, donde pasa continua- mente el poder de unas manos á otras, sin C|iie alcance á robustecerse ni fijarse en Mguna.

V.

¥a que hemos hablado de la unidad ha- blemos un ()OCO de la libertad. VA uso conti- m que se esta haciendo de esta |»alabra inclina uulurulmentu á meditar wbn ku sentido., Alguna vez hemos ptínsado sobre la rea- lización que la libertad tiene en tttdos los se> res; y á decir verdad, no la hemos encon- trado en ninguna parte sino con muchas é indeclinables limitaciones.

Echemos una ojeada sobre el mundo ma- terial: lodo está sujeto á reglas lijas. Los astros de inmensa mole como los átomos mas im|)erceptibles, se bailan sometidos a leyes constantes de las <pie no pueden desviarse. En el reino vegetal uo es menos evidente cl encadenamiento de los seres, no es menos sensible la falla de libertad. I^s plantas han menester del calor del sol, los rayos de la luz. la humedad del roció, el agua de las lluvias, el oreo de los vientos, y no po<'as el asiduo cultivo de la mano del hiuiibre. En su nacimiento, en su auge y desarrollo, en su conservación, están de|M«ndientes de la tierra, de la atmósfera y del cielo. Se )onen lozanas, ostentan visto.sos colores, producen sabrosos frutos, exhalan suavísi- mos aromas; |mto todo á condición de estar sometidas a una regla, de carecer de Hlterlud.

\ms animales nacen, crecen, se repnMlu- cen y mueren, siempre con sujeción á las leyes de su respectiva naturaleza. Su exis- tencia esta ligada con las reglas que le pres- criben la organización, los alimentáis, el clima y todo cuanto la afecta. (Conservan la salud bajo ta c(mdicion de vivir sometidos a las luyes naturales; cuando de ellas se des- I vian, primero sufren, y si se obstinan^ mueren.

Elevándonos á la región de las criaturas racionales encontramos la libertad de all>e- drio, hallamos que no están sometidos los actos de la voluntad ni á la violencia ni ú ninguna necesidad interior; pero fuera de este círculo ¿(pié significa para el hombre la libertad? Examinémoslo con alguna de-% tención. La libertad tomada en su sentido mas general, es la auseucia de obstáculos ó trabas que impidan ó restrinjan el ejercicio de alguna facultad. Veamos si son |mx*os esos obstáculos y esas trabas, que o embar- gan coui pie ta mente el uso de nuestras facul- tades, ó le limitan de mil maneras difc-' rentes.

Luego de nacido cl hombre, ¿cuál es su libertad? La frágil conlestura de su cuerpo recien formado mantiene en inacción tmla» sus facultades intelectuales v morales, y permiM escaid ' ^erdcio tfMlMÉtvas; en cuanto á la satisfacción de sus primo rns ne- - cesidades, no tiene en sf propio utro recurso tínpor é\ le ha otorgado la prdfvida nata* rn!pzn parn espitar la ternura y la coiÉ|íÉ4ni de cuantos I»' nuloan: el llanto.

Adelantando en edad. continúa sometido á'IMMIIIi HéOclMadeit: la libertad es fMtrá él una palahr.T vnn:i 1!;iI)Í<mi(Io ndípiirido \n fuerza necesaria |)ara lomarse los alimentos, carece de inteligencia y robustez para pro- loreionárselos. Vive pues dependient*^ de BUS piidres duranfi* ninrlio^í;m\<. \ ^'m el auxilio ageno perecería. Sin luces en su éspfailli, sin h 'enseflanfa de la e^ríencia, lia menester (pie so las comuniquen otras personas; de ellas dfpiMide en su mstrticcion y educación: el libertarse de semejante de- pCVlÍM^'^cft§''^Ml éí iAMtifittiO'A!^"htn^ rancia, ininrtralidad |f éstdflltfez. Dejadle libre, no contrariéis en nada sus inclinacio- nes, permitid que se entregue a sus amába- los, no le preciséis á tímccrl» pereza for- zándole á dedicarse al estudioó á otras tareas. V esperimentareis los dolorosos frutos que íejproducirá la libertad. Veréisk» crecer cual Iw brutos animales, con hiftlitrtbfi violentos, fon inclinarifinfv (orridns: no emploniido el escaso desarrollo de su razón, sino para es- cbgHar medros de satisfacer sus pasiones Étoarregladas.

¿Dónde psfa la libertad del liombrt* cuando llega a la edad de la razón, liaciuudose oa- pax de dirigirse á 'sf mismo y4IÉfiMlllNí sus semejantes? Ademas de la precisa de- pendencia en (¡ne se halla ron respecto a las uecesidades inseparables de la vida, se en- i cuentra eneajonido, jwr decirlo ast; «n'ifif esf;ido y profesión, que le iniponon innume- rables obligaciones reslringiendode mil mo- dos su libertad. Dejemos aj)arte al infeliz jemaiero encadenado á su Urbajo desde que el sol nace hasta que pone; al (iueño de ^taUecimientos agrícolas, industriales ó co- iMMt^lefe; <0Mlavif fldo tadní el dia por la yí- gilancia míe reclaman la conservación y proe- {wridad de sus intereses: al tnilil tr cñiivtreque lo teAalaa lUf ffipeHoret; déjainiHÉ^ ocupaciones mas grn(,i< o el descan^cf'ií^w noche, para trasladarse junto al lecho 'dlj^ dolor V recibir fel Altimo' suspiro di^ IMMp bniido. Considerando no mas q«* rla<e de Ivmihres que por su fortuna ó rular [troresion pueden pasar la vida cmjMjM ensanche y ílesahogo. ¡(^ftáiftafi^ftflMMHv no sufre su lilx'rtad! Kl estado de 1<ri' négrf- cios domésticos, las relaciones de familb. la Índole v el carácter de los padres, de I» esposa, (íe los hijos. la influencia qmB' iiilii su situación ejercen las vici^ifiid 's politicas. las leyes y costumbres del pais eji «pie mora, y cien otras cansas que directa ó indirecta- mente le afccttm, todo contríbaVS á iieWi'i# gir su libertad. l'^i^r w VI.

VI.

Los pueblos (pie se dice que la disfnitan mas amplia, viven nu obstante rodeados de taalaa oírenMlamíai que I» oaiHM; <|«e apenas puede decirse en qué se diferencian de otros que se cuentan sumidos en la es»- clavitud. ¿Se libra nadie de contribuciooeitlí ¿S<> libra de las v^irioies de la poiiciat ¿Sa libra de hs leyes que arreglan las profesio- nes agrícolas, industriales, comerutaleft o eientí ticas? ¿Dónde está poes su itb>ilaét ¿Kn (|ué lleva ventaja á lo6 (fue eetáB jKf*' vados de ella? (lotnparad un francés con «i prusiano ó austríaco, cotejad li» reslriooit- M8 que á la libertad de'eidt ewil ktfmtm las leyes del respectivo pais, y hallarais ^fuf la diferencia o» es laala como algiiiMie'ti imaginan. * Cl francés se cree Kbre, pofii|ve m^mi sus representantes qne toman parte en la formación de las leves y en el señalaniíiMito de las contribuciones; se cree libre |)ürqu8 todas las omAmm al levantarse, encuenlm en su bufete un papel donde se leen dilatados discursos, en que se atacan con vimleuciaé se ridiculizan sin miramiento, loa 'Botos ó ka personas de loe ^obernaates.

Examinemos imparcialmente á qué se reñido por las severas leyes de la ordeuaajta, | ducc tan decantada libertad. £1 derecho de abdicando é^Mdii pase ^toIsntÉéfNMNltoH nombrar sos reitrt senlanles no compete pro- deéer los mandatos "de sns gefes, renunciando ii MIS comodidades \ pía* ere<? en cumpliiiiieiito de sus obligaciones; al facul- MUfoNain ui > á iiedaí' horas al soootMMH hnmanidad doliente: ni rr),»si;,siin) ahando- UMdo sulHoMia para ir áecupar el-peesto compete pro- piamente á la nación francesa, sino á un nú- mero tan reducido. que puede con*ii(lerárse- ie en la misma categoría de las antiguas cla- see privHegindas. Mas de'4i«ínl« y tes millones de habitantes cuenta aquel rehiÉf y ei derecbo electairi Dlflitized by Gopgle - MT teiilus mil; por manera que para cada ^ justa, por contrarüi á derechos sagrados, -eseaUi y cinco frauccse:», hay un iduu revestido de esle derecho, qpwdondo (>ri vados de éi los cieoto y sesenta re>i;Miii s. De ios doscieuiosmil eleo pn » iMí cercenar una parle niuv con- llile que no usara de su derecfio por tiB|Mtsibilidad ó falta de voluntad; con lo cual r^Miltaran compuestos los colegios electora- les de lina ^mrcion tan escasa, que sera casi • t ( Olí u >¡)ectoalá totalidad de los mora- dores. ¿A que se reduce pues con respecto • la mayoría de la nuciou, la libertad funda- da f a el derecho electoral?

Los anlientes partidarios de la democracia hac litar con vivos colores esa decep- (|ue se encumbro un sistema ialseapor degradante de la humnua naturaleza, por soslencdoia de barreras que iuipediau la completa me/cía, la confusión. la idenlilica- cion de todas las clases en una sola (|ue de- bia aiMiilidai-se pueblo, y sin embaríío tan pronto como realizaron sus sistemas, empe- zaron rene^nndo de la decantada igualuad, escarneciendo la adulada soberanía, esta- bleciendo distinciones entre clases y clases, creando verdaderos privile^^ios. «Pero se nos dirá, ¿creéis que era |M)si])le proí edcr de otra manera? ¿creéis que era leali/able. el sufra^^io universal? ¿podíamos poner en planta nues- tras doctrinas en toda su estension sin des- encadenar sol)r(> la tierra las mas tremendas tem|)esta(les?».No; pero confesad al menos se queja de que se le en^afia. üiense ukrque nosomos ¡Kirtidarios del su- rnan^arwivarsal. y que nucreemos que en £u- ro|ia pueda ensancharse sin gravísimos peii- ia arena donde por des;^racia luchan las i, los intereses y las pasiones con do- irnizamiento; pero menester es con- que ios hondtres que se han apoderado do por su base; v de esta manera esparcen <jue sois inconsecuentes, confesad que vues- ei-gaaton tentó vía indignación en el pueblo,!| tras declamaciones eran arietes para derri- bar, no ensei^anza para construir; confesad que cuando los pueblos os echan en cara que les habéis ení;añado, que cuando os exigen el cumplimiento de vuestras prome-* sas, y colocados á su frente los tribunos os llaman apóstatas, y os amenazan con hace- ros correr la suerte que vosotros deparasteis a vuestros antecesores, nada podéis respon- Bode la sociedad después de haberla derles que no deje en descubierto o insigne laa l^'iáo ha^ta sus cimientos, no admiten ¡uenciasde los principios que ellos establecieron. Si creían irrealizable «I ejercicio de la.soberanía popular, ¿por qué la proclamaron? ¿j>or que eusalzarou en taerta lo que rechazau en la practica? Si •■ttamatizaron la dictadura gubernativa, ¿por f|ilé la entronizaron tan pronto como pudie- mm ser ellos los gobernantes? Si era impo.si- Ue que la ley fuese el producto de la volun- tad general, ¿{tor que asentaron esa volun^ 4ad como única fuente de todo poder? Si al- Sos de cutre ellos deeiaii que no siendo le ni justo que la ley fuese la espresion de di( ha voluntad, debía representar la ra- zón "MiMira; ¿cómo es que ¡a consultan en un ' tan reducido? ¿cón que derecho esciuyen un sinnúmero de capacidades, de (*«as capacidades que ellos un liem|>o ensal- taroo hasta el estremo. y a cuyo orden per- teaecian, ostentando ufanos ese titulo |>ara rondar la pretensión de tomar parte en los oeíTocios públicos. y combatirá las clases privih'giaiias? ¡Incou.secuencia chocante! da- iuaron contra lodo iinage de privilegios, MMMm contra loda.«« las desigualdades, coidenaron la antigua orgaiiizncion |ior inmala fe, ó veleidosa inconsecuencia Hé aquí una de las causas mas radicales de la inquietud que atormenta á las socieda* des modernas: los principios se estienden mas alia de los hechos; cada vez que estos se comparan con aquellos la contradicción.se palpa: este es el fruto de la exageración y del error.

Vil.

Vil.

En esta clase de materias, la libertad, si ha de ser digna de tal uouibre, ha de supo- ner dirigido |>or la razón el ejercicio de los derechos otorgados por la ley, ha de suimh ner que no existe coacción física ni moral, y que no median otras trabas que las que con- .sigo lleva la obUgacion de hacer buen uso de sus facultades, tomando por única regla la justicia, por único norte la conveniejicia publica. Con tan hermosos colores se pre- senta ciertamente el derecho electoral en los libros que tratan de las teorías constiluciona-«, les; pero ¿que hay de todo esto en la reali-r, dad? \o hablamos de aquellos países donde, la ley enmudece y solo cam{>ea la fuerza, donde se inrriiigen sin inirnmiento de nio- ^im a<:i Ins Itnos fundamentales c<mio seettlidaria!»: que en Un aciaga sttuaciim quizás muy h\on i\ h consa publica, i>in hí\- lier por aaút adquii idu la» ditteü que cuiUkMrénNífÉs electoral fM «!!(f8te; esta palaKni * layen «n buen' legialaéor; ¿aóflw es mi sarctsmo criif'l vtm i]uc insulia ñ l«ts pueblos la inipnulfnU- (h'sfiuhat»'/. «lo Ins fecciones; 4\s un inslrumenlu de «juc estas MMMRfctt para fealtKar sm daflados iMMMas, estabiooiiMidd la mas insoportable de las ti- ranias, (jue es la ejercida en nombre de la ley. Limitémonos á la <x»ccion moral, a l» que dimana de las ImeMsas é ama^ del podor, ó il(« a(]iH'll((s qiio \'\vnn\ pn)l)al»¡Ii<la- deH de alcanzarlo; a esa t las<> de roan ion (pie en medio'de ente laberinloid^iniatttim y discemiroienlo, el hombre que nn llega ni iXMi mucbo á la mediana altura ea.^iie eatao loa candidmotenife k» «nlei hméMma^^ Para esto, se nos dirá la opinión púUicn es ilustrada por la prensa periódica; {«ra eí»to pe&an los uteriUM y calidades» d« ios preiendmilMí; y ya * que no Taita evitable al en ningún país, y <[ue es tula condición humana. y ios