que encargado de la dirección de los trabajos á que se desluian las (unuones de la cos- tosa jBáqaiaa, la rodaa da aniliaiia tcligenles y reposados, da con gnu tie»> to el primer impulso para asegurarse del punto en que debe graduarse á lia de que tengan koa.nMvimieBto6<la eanvaMonte regu- laridad, apartando cuidadosamente de todo el contorno al inocente niño, al joven lógoso, altrabeiadúr nal eanceptuado, previniendo de aatawaiiaiiqHa put ignorancia, preoipM tacionó malicia, no suceda ai:,'una desgra- cia que acarree jierjuidos de uoiuiwlenible enantfai.
Todas las formas de gobierno neceai- tan cierto grado de elasticidad a fin de que sin |>erder nada de su uaUuraleza, pueoan acomodarse á la inoesanta variedad qm transforma y altera todas las cosas humanas: lo (|ue es sobrado ngido, si se ha de mane- jar mucho, lastima; y ademas, lo que no ae puede doblegar corre riesgo de quebran^ larse; pero sobre lodo las instituciones lilw- rules son de suyo muy Üe.vibles, muy a propósito pasa 4^ue pveda eeharae bmum» 4» ellas eo los senlulos mas opuestos: por ma- nera que iu misma institución que es hoy un arma de partido, [K>dra ser mañana un escalente medio de gobierno, v la mima que |HKlria ser\ir de solido andamio para construir luda clase de edüicios, se la vera tal vcB convetlída aftmiqnfan de guerra pa- ra socavar hondos cimiantos, y derribar ra^ buslos muros. Y no es que yo descono7<'a la dii'crencía que vade unas a oirás, utse me oeidle que algunas envuelven es si propina- grandes peliuros, asi como otras están conio erizadas de precauciones saludables; pero no es raro que el curso de los sucesos ven- ga é dwmaniif laa prefiaioMfrdal haanbrai y que por mas que se esfuerce no pueda settorear laa circunstancias, mqiidieodo que sa Idaee lantimaaimmit» la inaÜiuaíaA, y. qna ae baga de ella un uso del lada oan^ trario á su primitivo destino.
IS'o olvidemos una verdad que está escrila á cada paso en toda la bialona del hunumn^ linage. Lo que falla por lo conuin a! hom- bre y a la sociedad, no sou buenas reghis siat ID aplicación; no saubmenaaleyea, si- naanaoa^díiHenlD; no son buenas laaliln**» cíones, sino su cenuina reali/aciim. La mano del hombre es terríbie para estropear y fal- sear: dejadle que toque unaeoaa cnalqaie-. ra, ó la quebranta ó la tuerce. Por asIo cimoMlMpitii de examinar «i Méifilráb «m institución, no tanto se la debe mirar en si cwno en las garauUat» qm oírece de no ser mu> entrañan mas perfm-ion, sino las quo llevan weíor escudo. Los linml)n's que ha- yan estuciiado la historia, ij<)a)|)reuderau Ml»fiMMaiiMento, y harán fiteilmente aume- ro^Ms;>}»!iriH Ínnt's; esta es una verdad lu- miuütia que esclarece sobremanera el hori- fMlt'éé la fiklwAft de la hisfinría, y es una ^aiia que puede servir de mucho «tt loa in- trincados senderos de la prarliea.
Las nuevas msUtuciones i^liUc^i» fal- sBaB aMS^'aMMiP4ii^'(BMMHaa'0M%lwiaMei!>; pero la española en partieuínr. lia olreeido en este punto ejempl(Mí tan siu{krulares. (|ue biai^ fHwde asegurarse no hay otra que pue- didlápatárle la ventaja. Por no estendenne, demasiado me ceñiré á un solo ejemplo /.Oué uuede haber de mas umpho en oro de ias laeiitlades populares que H ' Cwiallluiim de I 3? ¿Qu(" código le lleva la delantera en así'iilar \ a[>liear doctrinas detnorraticn-í. en ra Manacam á lo que exigen intei siniestras; y victimas los pueblos de las ptt^ siones é iutereses de una escaüa porción da tlaaas^iéde malvados, se cansan al fin <to padecer y callar, s<^>. eiaapenui ^ daaHtfl hasta que apurado el Mifrimiento, apelan i la fuerza, se traba encarnizada luchiai entfa los gobeniantes y g^benadiM^ yaai Aiil I aman copjflniw Mmímmáitmmsrt y 4tf4kf, I III r lid afcjfin'ijfc mAmit} mí mi CAPITULO IV.
CAPITULO IV.
Apreciar hasta qué ponto puedan amena- larnos los indicados peligros, investigar cuih les son los medios mas á }jropusilo para pre** cavemos de ellos, determinar con atinado acierto la oportunidad de aplicación, no de- jando pasar ocasiones que a eato m k-iuden, es tarea (|ue segoraamito eft la aativUdad debe de traer ocupados á anestros iMBiMt de estado. Como quiera. siempre temo que ooii>i|;uar derechos, en disposiciones a pro- i medidas desatentadas no vendan á complican pÉRlo papa nívatw las masas, y ilamana^á.^-^--jtomar parte en matiTÍas de ^(»hierno? v sin eflduurso, esta lucra de duda para todo hom- talMíqpafcial y entendido, que nunca fue CMPi eoBiultada la voluntad del pa«faÉa es- pañol, y nunca Tue menor su innitencla en los ae¿;ociüs públicos, que en las breves éMM m íjpit ha estad» «a vigor aquel có- «S$k Que si al.iíiiní) ijuisiere coittra<lecirme ÉMMe punto, solo le diré que de una ojea- IIKas sesiones de cortes v colecciones de ámet^, en ima |)alflhgltfj á-«Ml tfxlos los dírumenlos de la época, y que rellexione un momento si hay allí a%ü que se parcxca alia ¡ésa» y eosHmbres del iHieblo espeflol, ^nl romo se hallaba entonces; y abandono cüii enler I coiilían/.a la resolución al juicio 4e uii atUcrsario, si es que quiera luanleuer- >eB el terreno de la buena fe. ' ii no se traía de opiniones, sino debenueatra aiMaiBuna amiwiaB, lanar «peía acrecienta mas, cuando se repara en la tan increíble como común ignorancia de nues- tras cosas, defecto de que con frecuencia han adolecido no paaoa de los hombres, qye á lodo trance se han empeñado en diiigirnos.
Ua llegado a ser uroverbiai la espidan de qife Éspañe *t npak ét Uu mumliút; pero traducido el proverbio á lenguaje mas exacto, debería decirse ^ue Esf^ña es una nación nm\ poco conocida. ^iSoaoos acaso nosotros una absurda eaaafMan da aifval principio de que los efectos son proporciona- les coa sus causas? si los resultados des- niianton m favcDeBdia lascoBijetiiras y pro- nóstteos que aventuran sohfe MMsIraa oaaat políticos aventajados, señal es que ellos se han colocado en un punto de vista falso; ape- lar luego á las aalabns da mUramtaa^ maia»- esct'pñou oárbara, v otras semejantes,.
;; aquí no se examina si el pueblo pen- fMHlra ser un plausible velo para la iguoran- bien ó mal, pensando asi, sino única- cia presuntuosa y sonrojada, pero nanea de- cente si pensaba asi.^.. > > «tl^v \ jará de serua eBii|MÍft de ¡lalakaa vaste ¡Ay de la nación en que esto se verilica,; de sentido, sí DO se acude muy pronto con elicaz reme- i £1 esplicar los fenómenos sin tomársela dfof la ley ftendenenial afiNM» alwHiKp- i pena da exaniniilaa de carea, ea nélode os Mi> iiu i'M\ ( uientes sin contrapesarlos j| que á la verdad aapMieá tremendos chaicea: toa niimuna venlaja; puesta en las inmora- pero en cambio tiene el aliciente de ser el i«í» touiius de turbulentas fucciuiies, se la ij mas cómodo, luati amplio, menos sujeto á mtgg^J^ialb^. iqiM^Mm^ Mmíímh i ín\m y ml^mtm, Reeosidm loa düw en Digltlzed by Google irios, colocada la cuestión en iin terreno Ideal, campea á las mil maravi- llas el brillante talento de un escritor; á falla de solidos cin)icntos se brindan para llenar el vacío las injíeniosas hipótesis, y le- vanlansc sobre ellas mai^nilicos y elciranles castillos: como el pintor no tiene (juc con- snllar otro tipo que el que se ha creado él propio allá en su mente, multiplica á su pla- cer los puntos de vista. los varia, los en- íürandcce v hermosea; traza cuadros, carnc- leriza las fisonomías, representa los Iim-. v, V nianejando en todas materias el pincel con mimitable maestria, estieude sobre el lien7,o mil |)nxlii;ios y primores.
Achacpie es este del entendimiento huma- no, V acha(pie bien n*belde debe de ser cuando en to<las las ciencias cuesta tanto tralKijo desarrai^rarle. Mucho tiempo habia trascurrido desde que un lilósofo juicioso y profundo habia advertido á los fisicos que para hablar de la naturaleza era necesario observarla antes con detenimiento: pero los fisicos contintiaban escribiendo voluminosas obras, sin curarse de consultar la es|>crien- cia. Kn esta i)arte se ha remediado mucho el daño, y los resultados han satisfecho el tra- bajo con usura; por lo que toca a otra:ícien- cias, y entre ellas la |)()litica, empiézase también á sentir la necesidad de la observa- ción de los hechos; pero este método como el mas trabajoso. es |M)co sepiiido; siendo cosa de ver cuál se maneja la política, de improviso, al acaso, á manera de recreación y esjiarcimiento. Que si por fortuna la cues- tión es española, entonces sale de madre la osadía y no conoce limites el desacuerdo; es- ta es tierra puesta á saco, todo es del primer wMipante, todo el mundo tiene amplia facul- tad de manosear, trastrocar, malbanílar, lle- varse todo cuanto le viniere en gana, y aun favoreciendo como de paso á los dueños con alííun epíteto mal sonante.
Treinta años de in«piietud y de revueltas, tanta huella de sanp;re, y tantos montones de ruinas, nnniliestan bien á las claras que hay en Kspaña al^runa fíravisuna causa de enfermedad: causa profundamente arraiga- da, ya que es tan duradera: causa poderosa y muy dañina, cuando se ha señalado con iau terribles eslraaos. No es menos evidente qne los remedios hasta i;hora empleadr>s pa- ra combatirla, ó han sido mal escogidos ó al menos mal aplicados; puesto que no solo no ha desaparecido el mal, pero ni siquiera ha menguado en fuenía; antes al contrario ha ido tomando siempre creces. pre^enl;mdo en cada étH)ca de su nuevo desarrollo, síntomas mas alarmantes, y destrozos mas terrd)les. O se ha de cortar él nial en su raiz, ó la na- ción perecerá; ninguna síK'iedad puede sub- sistir en un estado de conliiuios vaivenes y trastornos; por la propia razón qne muere el individuo mas mbusto, si se prolongan por mucho tiemjM) la convidsion y el delirio.
Créese p«)r lo cumun (pie se ha dicho al- guna cosa de urovechn, cuando se ha obser- vado (jiie luclian tiem|)o ha en Kspaea lo:^ dos principios «pie tieniMi dividida la Kiimpa: esto es una verdad, pe!*o verdatl estéril. j)onpie en política, como en todo \n demás que ha de llegar á la practica, no basta un hecho general, sino que son menester he- chos precisos, determinados, con sus cali- dades y circunstancias |v:'culiares y caracte- rísticas; de otra manera lendrnnse quirá fecundos temas para espaciarse on s agos dis- cursos, no dalos para resolver un problema.
l'n estado tan complicado y espinoso como el actual de Kspaña. es siempre efecto de muchas causas de distintos oroeiies, contri- buyendo a que unas pongan mas ó menos de lo suyo que las otras, mil y mil riiTunsIan- cias ilifenMites, v a veces iiupei-ceptibles; por lo cual seria ínnlil empeño el de asignar un hecho único, del cual dinianen todos los males. IVro no es imjiosible por lo conuin, el señalar una causa que desrnclla sobre la:i demás, que fínina como el centro del siste- ma, que eslicnde á todas las ' Iras su infliKMi- cia, comunicándoles en cuanto cabe, su Ín- dole y carácter. Una larga y rebelde enfer- medad rara vez delw su origen y duración á una sola cansa; pero hay siemjjre una (jue reclama con jirefercncia la atención y los cui- dados del facultativo..'
En Kspaña hay revoluciones, hay revuel- tas, hay guerras civiles [Mirecidas á las <pic ha habido en otrí)S países; en España se in- vocan los mismos nombres que se han invo- cado en otras partes; ])ero ¿cuál es la causa de que con tales semejanzas coincidan tan capitales diferencias en los resultados, bur- lando las previsiones que se fundan en las analogías? Para apreciar en su justo valor un fenómeno político, es necesario asistir por decirlo asi, a su nacimiento, indagar las causas que le han engendraiío. seguirle lue- go en su desarrr)llo, obs<»rvando cuales son los elementos que le nutren y avivan, cuúlc:< le cnna<|ucccn y amortiguan; y de este mo- do Vil nu sera tan diiicil medir su estensiun en \a actualidad, di-U'riiiinar:>u loroia, c in- dicar su tendencia. y soloasi, se llegará a formar de él una idea cahal y exacta, una idea á pro|K»sit(> para suministrar reglas lijas, precisas, aplicaldes desde luego para prcvc- oir nuevos niale^i. atajar el progreso de los presentes, enmendar \ crios, y enílorezar la torcida conducta. A tan iin|)ortaute ubjelo voy ¿ dedicar algunos capítulos, no con va- gis gi^aeralidades, sino con un.severo exá- Aeu de los bechot).
CAPITULO V.
CAPITULO V.
Por causas que no es ahora oportuno exa- minar, ni siíjincra indicar, y en ciiyo núme- ro y calilicacion andarían, como es natural, luoy discordes las opiniones, eoconlrúse £s- piu'úi por largo esoacio á contar desde el pri- mer tercio del siglo déciniosesto, en una po- sición excepcional, «pie la niantenia como se- parada de casi todo el resto de Europa. In- novaciones religiosas con su correspondiente aconipañamiento de |K>rl¡adas y sangrientas guerras civiles, cambios y trastornos polí- ticos, acaloradas controversias sobre las ma- terias mas altas y delicadas, Ira.scendenta- Ics revoluciones en las ideas íilosólicas; bé aqni e\ cuadro que ofrecían tas naciones curo[K*as: entn'tanto la España |)ermanec¡a oi).sosiego y tranquila, sin que el tener á .sus inmediaciones tanta agitación, tanta efervescencia, tantas convulsiones y sacu- dimientos, alcanza.se ni aun á estremecerla.
Estinguiila con la nuierte de Carlos II la (tinastía austríaca, y escogidos los camposcs- Bhele<; como arena donde habían de luctiar K rivalidades é intereses de las potencias ^VO))eas, hallóse empeñado el país en una guerra de sucesión larga y encarnizada; é inundado de ejércitos de tan estrañas nacio- nes, puei>l<i en intima y perene comunica- ción c-on la Francia, que entonce^) como aho- ra |)odia llamarse el cora/.on de Europa, con- ducido |>or el resultado do los sucesas á par- ticipar macho de su inlluencia, y afectado de aquel calor y agitación, que mas ó menos son siempre el dejo de prolongados sacudi- mientos, era imposible que no esperimen- t^se ya (wr de pronto considerable mudanza, Iprnien y preludio de un nuevo porvenir.
Así aconteció en efecto, bastando para pal-» >ar el cambio, conqiarar el reinado de (dar- los II con los de Felipe V, y de Fernando W.
Verdad es, (pM» solo se percil)eu a pnnieru vista algunas reformas administrativas, y el comienzo de una nueva era literaria; pero ¿quien ignora las delicadas é intimas re- laciones con i|ue en la soiiedad se enlazan todos los ramos, aun los mas distantes y di- ferentes? (Cabalmente a la sazón, lomaba en Kun»pa la ciencia humana un carácter peli-^ groso; ponjue estraviada de su objeto, v ol- vidada de su origen, se había apartado de su nativa dirección, v pretendía arrogarse facultades ilegítimas, hica con la pingíie he- rencia t{ue le habían trasmitido los siglos anteriores, ufana con sus adíjuisiciones re- cientes, engreída con la consideración y los aplausos ipie se le prodigalian en todas par- tí's, escudada con la jmiteccíon que le gran- geaba su mérito, ix'clamando la gratitud de la sociedad por los benelícios que le disjíen-!" .saba, é inspirando afecto y conlíanza con su as|)ecto de candor, sus modales iku iIícos. y sus palabras de beneiicentia; deslumhrán- dose á si propia con los brdlantes atavíos elaborados por sus manos, y con que sabia presí'utarse tan vistosamente engalanada; su- frió lo (pie sufre la debUidad cuando con vivo sacudimiento se la eleva a exagerada altura, se desvaneció: y tomando entonces el desva- necimiento del orgullo por el fuego de inspiración creatriz, confundiendo el destempla- do latido de un corazón fogoso, con el senti- miento de la robustez y verdadera fuerza, lanzalia en torno de si una desdeñosa mira- da, V concebía el mas osado v el mas insen- .sato de los proyectos: era nada menos que derribar cuanto llevaba ei sello del tiempo, y alzar sobre sus ruinas monumentos impro- visados por el pensamiento del hombre. A proporción que se iban reuniendo medios de ataque, y se trabajaba en debilitar los que los adversarios podían emplear en su defeusa, aumentábase mas y mas la osadía en mani- festar el proyecto, por manera que muy an- teriormente á su ejecución, estaba ya cubier- to apenas con velo muy transparente.
Pero por mas que asi se verílicase en una nación vecina, no fNxlía suceder lo mismo en España donde las circunstancias eran muy di- ferentes. Las instituciones ya fuertes de su- yo, y robustecidas ademas con el tiempo; los hábitos arraigados profundamente; el grado de estraordiuaria consistencia y firmeza que habían adífiiirido las idoas, natural pterl(> do. lialKT permanecido por Inr^o ti<Mn{N> en un castado invariable: Unías estás causa» traba- das |)or naluralcza entre sí, y favorecidas ademas |M»r el canirler nacional, ann^ío de lo grave y severo, formaban un muro de bron- ce que apenas alcan/áran á estremecer los recios goljR's (jue comitatian sus cimientos.
Al contemplar el trono de Ciarlos III, i-o- deado de poder v magestad, ornado é ilumi- nado con el espícndoroso circulo que en su torno formaban las letras y las ciencias, que celebraban sus recientes adelantos con el al- borozo propio de la míM cdad, vénse ya ser- pear en las giradas del solio alfiunas centellas, activas, vivísimas, que en sus formas, mo- vimientos, y colores, manifestaban los ele- mentos que" les sen ian de |)abulo; y á buen seguro que el candido monarca las tomaría por uno de tantos deshunbnulores rellejos, lanzados por el oro y pedrería de su rica dia- dema.
A la propia sazón se verificaban en varios puntos de Kuropa acontecinnenlos singula- res: y al observar la tendencia y medidas de varios gobiernos, pudiera deí irse que inlluia fin sus deliberaciones una inspiración en cu- yo carácter no habían ellos re|)arado bástan- le. Ahora que aquella época se va ya alejan- do de nosotros, que han descendido al sepul- cro los persfmajes (pie en ella figuraron, y q«e el sucesivo desarrollo de tantos y tan co- losales acontecimientos ha puesto en claro la naturaleza de las causas, mostrando el ca- rácter, las alinidades y las tendencias de las doctrinas, v presentando en toda su eslension el resultado de algunos artos, es ciertamen- te curioso, v m escás»» de provecho, el volver los ojos hacia aquellos tiempos, y encontrarse á cada paso con datos preciosos, y documen- tos interesantes.
Construíase entonces una gran máquina de guerra, reuníanse abundantes preparati- vor para el gigantesco ataque con qtie se tratalKi de embestir todas las instituciones que llevasen el sello de los siglos; estos trabajos, que naturalmente debían llevar consigo tan variaílas combinaciones. tantos esfuerzos y movimientos. despliegan a los ojos del atento observador una escena gran- diosa, interesante, y que hasta de vez en cuando baria asomar en los labios una ligera mnrísa, si en IraUindose de herir los gran- des intereses de la sociedad, la misma grave- dad de la materia no inspirase severo sobrecejo. Intenciones inwcntes ayudando mira?! perversas; espresioiies semillas e incautas viniendo en apoyo de palabras preñadas de maligno sentido; y la sesga mirada, la mo- dia palabra de insidiosos directores. confun- diéuílo.se con el aire distraído del ojKTario (|ue atiende apenas al objeto que lleva en sus manos; tales son los contrastes que ofrece a(piel cuadro. Los dos poderes, blan- co princifKil del ataque, inspeccionan tam- bién las obras; y cuando uno de ellos índica el peligro, aconseja la precaución, y sugie- re los preservativos y remedios, es cosa de ver la astucia profunda con que se procura atajar el eco de su voz, é intp<'(lir que se le escuche, para que sus saludables avisos no entorpezcan el curso de los Iralwjos, y no espongan á contingencias el resultado de la empresa.
Divide y reinarás: rei>etia secretamente )ero sin cesar, el genio del mal «pie dirigía esta obra; y siguiendo puntualmente su con- sejo, se despertaban sagazmente antiguas rivalidades, se avivaba la suspicacia,.se abultaban y creaban [)eligros, se nutrían y enconaban con prolongadas dispulas los re- sentimientos V rencores: lográndose de es- ta manera enllaqneccr á los adversarios con disensiones vivas, y ofreciendo una distrac- ción ruidosa y deslumbradora (pie no dejaba percibir como era menester, la gravedad e mminencia del riesgo. Entretanto, ibanse amontonando los combustibles para el in- cendio y esplosion «pie debia ser la seña y el principio de la ejecución del proyecto; y el espíritu del siglo, encaminado |>or manos hábiles y mal intencionadas. soplaba sobre el peligroso montón con su aliento abrasador y robusto.
Rebenló por fin la revolución francesa, ese acontecimiento único en los fastos de la historia, verdadero monstruo por su magni- tnd, por sus formas, \m su carácter y rc- sulljmos; y á impulsos de tan recio sacudi- miento, temblaron a la vi^z todos los tronos é instituciones antiguas, c(m>o en la enip- cion de un volcan se estremece la tierra a largo trecho, v bamlK>lean los mas sólidos edificios. Veriricado tamaño suceso, era ya imposible (|ue la Eurojia |)ermaneciesc en el mismo estado que antes, debia precisamen- te cambiar de faz en muchos sentidos; y por tanto era menester (|ue los gobiernos pensa- sen muy seriamente sobre el partido que de- bían tomar, para dirigir con acierto los pueir blos, en el aucvo rumbo por donde ibnn á encaminarse.
No l»asiaba una confederación para ahorrar en su ori^'en el incendio; el éxilo era aven- turado; y teniéndose ademas (pie luchar con ideas, sabido es que no es dable vencerlas con la sola fuerza de las armas, l n triunfo momentáneo podrá lisonjear con espefanxas baía^fteñas; {>ero tarde o temprano vendrá á disiparlas el tiempo carguío de amargos de.sengaños y escanuientos dolorosos.
Era mas considerable la mudan/a de |)osi- rion, y por tanto nías prave el |>eliji;ro de trastornos v calamidades, en una sociedad que se hubiera hallado durante tres siglos, fuera del círculo de movimiento que llevaba levueltas, o ruando menos impiielas y ai;i- tadas ¿ las otras naciones: en tal caso Vi go- bierno que se hallase al frente de ella, ne- epsitalia reunir en sumo prado la pn'vision, y la altura de las miras, combinándolo todo aliñadamente con un gran caudal de pru- deaeia y firmeza. No es necesario recordar n á la sazón era tanta nuestra dicha: y des- graciadamente ni el trono constM vaba aquel poro esplendor, aquella elevación maf;es- tuosa, que le ^rangea la veneración y acata- miento de los pueblos.
m GAFITÜLO VI.
m GAFITÜLO VI.
£J atronador y espantoso ruido de los gri- tos de un pueblo en delirio; el estrépito del rhoque de sus armas contra las armas de la Europa entera; la palabra de fuego de tan- tos IrílNiDOs. que encomendada al [)apel cir- odaba rápidamenle en todas direcciones; el pnseiiciar, aun cuando fuera al través del polvo y humareda del combate, la escena que á la sa^ou presentat)a la Francia; eran cansas sobrado activas y podentsas, para qie lo fecuudáran la semilla de innovacío- sembrada ya de antemano en nuestro fHs. Era mucha la trabazón de las antiguas ideas é instituciones; era grande la firmeza que habian adquirido con el trascurso del iiejaiM>; pero ¿como podian resistir á una coraagracion tan espantosa, ca))az de der- retir los mas duros metales? Muy difícil era (pie va por de pronto no sufriese considera- ble menoscabo el antiguo apego a la esLabi- lidul. y que no sintiesen muchas cabezas una fermentación á propósito para concebir nuevos y atrevidos proyectos.
Sentada la revolución francesa sobre nn horrible tablado bañado de sangre. y rodea- da de montones de víctimas palpitantes, inspiraba espanto y horror al Nerla levantar con nervudo y ensangrentado brazo aquel haeha descomunal que en pocos momentos habia hechoastillastodas las puertas y vallas, y arrojado al suelo augustas cabezas; y este espectáculo, tan á proposito para enagenar- le la voluntad hasta de sus mas celosos par- tidarios, causaba en el ánimo de los puenlos una reacción saludable. Pero habia en cam- bio, que antes de entregarse á tan inauditos escesos, se habia presentado como un tri- bunal fundado por la íilosofia. y creado con el fin de abrir una residencia general de todas las creencias y poderes; ejecutando pun- tualmente las astutas inspiraciones de su ma- ligna madre la filosofía del siglo XVIil, se habia erigido como en protector na\o de todo cuanto tuviese inclinación á sacudir el yugo de la autoridad religiosa ó política, y disper- taba por consiguiente vivas simpatías en cMMrtos abrigasen miras análogas, 6 siquie- ra ideas, que )K)r secretas afinidades, se di- rigiesen con mas ó menos determinación y viveza hácia el mismo polo.
Bien claro es que semejante influencia de- bía sentirse también en España; mas á pe- sar de todo eso. tal era el esiado de las ideas y costumbres de la nación, (¡ue no solo no se habia estendido á las masas el espíritu de novedad, pero ni en ninguna clase habia al- canzado siquiera a formar un partido, que )or sí solí) pudiera ser temible. Si hubiera sido dable prevenir un sacudimiento tan t'slraordinario como el de 1808, probable- iiKMtlc se habría aplazado para época mas dis- tante todo género de capitales innovaciones.
Mas ó menos tarde. hubiera cambiado la nación de rumbo, |)orque asi lo hacia nece- sario la situación de Europa; pero sin entrar ahora en conjeturas sobn; lo quo entonces habría sucedido, es tanto lo que ha pade- cido esta nación desgraciada, que puede muy bien asegurarse. que peor suerte de la que nos ha cabi<lo, diíicdmenle podíamos.su- friría.
Oyóse entretanto el gríto de alarma, y el pueblo español, solo, sin rey, sin gobierno, sin caudillos, se levantó como un atleta, y se arrojo con brioso denuedo sobre las nu- merosas y aguerrídas legiones que inimdaban ya sus campos, y ncupalKin sus prin- cipales ciudades y forlalo/as; y i'sli' pucbiu. era el uiisino pueblo á quien a|>ellidárau ñaco, aletargado y envilecido; y aquellas 1 eran las^ Icginocs del hninbn; a quien servian { de rodillas los entusiastas de la ii^tialdad, y á cuya mirada leuiblabau lued rósame ule los altos potentados de Europa. ¡Pueblo grande I y generoso, tan ilustre como infortunado! ' tanto valor y heroismo, debían sacarte airo- so de la demanda, y quebrantar las cadenas que aberrojaban la Europa; pi>ro debian ser para ti el comienzo de una lari^a cadena de | desastres; asi (¡ueria pennitirlo la Providen- cia, é iban á acometer la empresa de labrar tu desgracia, el ciego orgullo y miras mez- quinas y villanas, lu suceso de tal naturaleza y tamaño, nunca pasa sin graves resultados para el país ca que se verilica: lo terrible del peligro, la sorpresa. la repentina desaparición del rey y de todo gobierno, la consiguiente relaja- ción de los lazos sociales; el dcsórdcn v la I confusión f|uc de suyo ya llevaban tales cir- cunstancias, los medios que debian de em- | picarse por los agentes del invasor, procu- ¡ rando la disolución para facilitar la con(|uis-! ta; claro es <|ue tantas causas reunidas, creaban una escciente oportunidad para <|ue ' Cermenlase todo linagc de ideas, y campea- sen á su talante variedad de proyectos.