SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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prorodimicnlos (juc rslan en v<n [larn lo (pie m llama enpluiar la voluntad de ios pueblos: ¿qnién osará decir que el resultado de las wrms la espresa geaninamente? cuando se verifica la elorrion, (orlos los pnrli'! - achacan rcciurocamcnte intri^^as y tohei ht>s; f eif Mlindñ condiiiéa puede asegurarse Hie todos la darán ^po^ MlB, eseepto el que ra habrá iraomlí».

Al mayor numero de los electores les talla ttémmsmmm m^eaarto' pan HenM^ éOn- dsmente su objeto. Trátase de elegir nada menos quo un le-islador, y si de eslos hay H)cos, tampoco son muchos los capaces de distíngoirle entre I» miMtiíd de candidatos. Quien se deja pn'Oí upar por el úon de la palabra, creyendo muy equiv<Madainente lue el (pie lo posee ha de ser \h)y necesidad ly (Miti iidido enlMIllDacion de las leyes; deslumhra con el brillo de los'co- uocimieiilus manifestados por un escrito, imaginándose no n/am equivocadamente '4|IMHit4vces en uBtéüo ai;g»yea imn den- cu naiversal. ó «pie el t;il(Mito l<'<trico es lo üipálll que el tiao practico; quien moliere ^ qae esta puede mny bien iiH h con un na- Hiral candoroso que *;e;t t;i( iliiictite victi- ma de la solapada pertidia, y que no siempre fWflMi^ I» debilidad de >ctri0ler que con- fnndela prudencia con la pusilánime timidez. V toma a veces por cuerda contemponza< ion ia reprtuisihie condescendencia que raya e« %a eomplieidaér'4fQleii te Hlseiiia eea'la hoja de sorvicifi^ r!;' un hombre encanecido en una carrera respetable, sin rellexionar el arte de la formación de las leves no (ar siempre en el verdadero punto^ Mrli menos existen probabilidades ae hacérM) com al^uua apioxiiuucion. Pero amy lacMpnl- feiiiM etU féptica. Sef|iNihÍHNiliiM»jno- (leriitis, y atendido el mismo curso natwal de las cosas, en la prensa comoi el pMÍi> mentó f existen siempre dos campos: el. del miaialeiie y tt de la oposición. Kn todoi íÜí asuntos, sen cual luere su gravedad y furár- ler, esta siempre conocida 4e M^tfuano ia opinión de loa cmiteadieiites. timikmmImKh teriales, el ministerio esáyeeiibli, iwpjiiW de la o|M>sicion el ministerio está desatenta- do, es imposible qve acterte ea nada^:} ceande ae trata de eoafetwar miare mu wíi tos futuros, el yerro es indudable; solo callé- la dificultad en si seni mas ó menos dañoso, mas o menos disparatado. Llega el tiempo de la» aleeeioaea? tdaierto aaitei láies soé a los ojos de la prensa sostenedora del mi- nisterio, los boiubres mas sabios, mas cuer- dos, mas dosiutcresad/us y puros, los boai* bres que labraran. a nmMarM^ MiMaiM publica? buscad quienes son los que proba- blemente votaran un tavor del ministerio; aiiuellos son, no lo dudéis; y em este dala, bMB Mdeis ahórralos el trabajo de leepi 4ift periódicos ministeriales. ¿Otiereis saber cuá- les son los Ansttdes, los Catones, loaCiee- foses que os piesentari far eposicíonf ^ved quiénes son Icis que la componen, ó los tftt por sus antccedenle'í v compnuuisos es pn>- bahte que la retuercen; sabido esto, podéis iambien aborraraa %l>'(faÍM^MÍa éÜMiafaB investi^jacinnes.

Es necesario no haber vi to rnuira de cer- ra esas c^Ksas para ignorar que se miente «IB pudor, que te-ewwMMi awi aaramieilai. que se adula con bajeza; es necesario no tener otras ideas que las miserables vu^- ridades de ciertos libros para ignorar que el apfendewa' 'tadocida ámbito de jj medio mas seguro para no acertaran la aiecona profesión, v que hay mochos individuos \ cnm es el dar imp i! inria ni aon riicilinno que han consumida largos aftoa sirviendo u creditq, a lo yia escnbenptnniiii mieiesadas fi«^*ei%H¥ientf^ hablando, lmm\ \mi& en kis elecciones uiucIkks empleados, o une de- ím» mtId: en tal caso la iniliieiicia del gn- hierno no conoce limilcs. y esla influencia sirve, 1K> i>nr;\ \mrvv ijiie tbrnien parte de la represenlaciuu aaciuiiai los mas virluosus y Mendtdos, sino k» mas decididos derenso- res del sistema que á los ministros les piu^ío adoptar, y de cuya ejecución gravita tal ves «laa buena parle de responsabilidad so- bro les unamos candidatos. Ka verdad que la influencia del gobierno olá íietitralízarln un tanto, y no pocas veces veuciUa por la ánlm ipnriidea qoe aspiran é serlo; pero en este caso lo que se nace no es destruir la corrupción, sino multiplicarla. £sta cor- rupción na llegado en Inglaterra á un estre- no escandaloso; y alli ne ejene el «obiemo nna inDuencia tan grande romo suele aconla voluntad general por dos razonrs muy sencillas: primera, porque esta voluntad no existe con respecto al mayor número de casos: segunda, porque cuándo existe, es muydineil, sino imposible, el conocerla. Gran parle de las leyes versan sobre mate- rias en que el piibli^ no entiende: no cabe f)ues volnniail. no habiendo conoeimiento de o que se ha de «juerer.

Es también muy difícil que las leyes sean la esnresion de la razón pública arreglada por los principios de justicia v diri-ida uor miras de utilidad general. No sabemos la suerte qne en los siglos venideros está pre|>arada a las formas políticas que rigen una gran parle de las naciones culí.is, pero si creemos que la csperiencía mas cuerda, que las teorías, introducirá reformas muy trascendentales en lo concerniente á es|)lotecer enlos paises no acostumbrados al sis- | rar la voluntad de los pueblos, y á recoger lema representativo. | el voto de te razón pública. Los sistemas cia y la malicia falsean pues electorales de nuestra época tienen el grapor su híi'íf' el dcretlio electoral; la libertad vísimo inconveniente de ap:uijonear las am- polittca por el espresada, pesa en la balanza ¡ biciones existentes y crear de continuo otras " ' ' ' nvevas; de llevar agitada la vida de los pueblos, y de esponerlos a cada paso á ser víc- timas de intereses y pasiones particulares que nada tienen que ver con la convenien- te Unta de leyes electorales se pro- 1 cta públíc^i; de estar cimentados sobre bases qiip ron f;ir!|idad pueden ser falseadas; de estar sujetos á una continua movilidad in- compaUlNe con el sosiego y bienestar del pais; de ser demasiado elásticos para pres^ larse ora á servir de inslrnmentf) á lo- doée In mon mocho menos de lo que se cree.

Las cuestiones sobre esta gravísima mate- ria, son uno dr los objetos que mas debie- ran llamar la ateucion de los pensadores cede for nlina, y esta ratina es fmiesta, VIU.

Nombrados los representantes, al poner en ejercicio las íacultades que se les han ij siguios perturbadores de ambiciosos tnliualorgido, ocurren todavía nuevos inconve- nientes que desvirtúan mas \ irías e! valpr del derecho electoral. Si este iw de ser algo mas que un nombre sin seutido, es menes- ter que los diputados representen ó la vo* lontad publica ó la razón; rsfo es, qne sus actos ó sean la liel espresion de lo que es realmente la volunlad de sus oafmitemes, 6 al menos lo que debiera ser, si se coosulta- San tos dictámenes de l i justicia y de la conveniencia. Ora tomemos por base el falso principio de Rousseau, de que la ley es el producto de la voluntad j;eneral; ora adop- temos el de otros qnr la miran como el re- suiiado de b razón publica; siempre encon- traremos que el derecho electoral tan atto-» pcllado V desvirtuado ya en su mismo origen.

nos, ora á revestir de un carácter legal y jwpular, medidas arbitrarios é injustas. Con los sistemas modernos la anarquía vive so- metida a regla, la tirauía se ejerce por medio de leyes.

Como quiera, apreciemos las cosas en su justo valor, y no les atribui[amos mas mé- rito del que encierran. Resignnios con los males é inconvenientes que siempre traen consigo las instituciones humanas, procure- mos mejorarlas en cuanto cabe, sin olvidar que el tiempo es un fiMtor indispensable á todos los productos que salen ae la mano del hombre; y que sin su concurso no es dable edificar nada sólido } duradero. Pero la misma prudencia que nos aconseja miento y circunspección siempre que SI» gafre nuevos y considerables quebrantos. trata de mi^ar ó innovar, nos prescribe Las leyes formadas por le de la aacioii no pneden ser Las leyes formadas por los representantes I taarideneldelerdennpreocaparnocenfovor . _ _ _4 espreaÍMi de I de lo qne poáeemos, cío no dejarnos llevar i5 del f nfusinímo que inspitun bellas aparicn- 1 fias, V de penetrar en el fondo de las cosas á para e'xaminar su inlima natunilexa.

IX.

Los limites á que debemos ccñiraos nos precisan á ronlentíirnos con las indicariones que pri'cedcn, obligándonos a pasar ul de- cantado punto de la ▼otaeUm de los impoes» tos. T |MFB Quc no se crea <|ue estlmamoi en pocD un derecho tan prcciosn. nos apre- suramos á declarar, que iejo^ de altrigar semejante opinión, estamos convencidos de que rcirulanzado y ejercido cual coiivioiie, es una de las mejores garantías de la pros- peridad de los pueblos, y un freim uiny sa- ludable para la codicia, la prodigalidad y dilapidaciones do los írohicriKíS malos. Cuancipií»: rs liasla iuipdsible qtie puedan alcan- /.arlo ifur iob caiiuuos seguidos liasla aquu Vna m k»«cupaciones mm privilegiad»?.«k» las asandileas deliberantes (íebicran ser los negocios de hacienda, v estos son los nías descuidados. ¿Si> hablu ile asuntos politic9S'^ las sostoues son mujií concurridas;,:l|HigBé \ a(;t!'uad()s dábales se empeñan, enj,qi|^ Luutatt parte muchos oradores, haciendo os^ teottelon.de su saber, y luci«Adífi las galas de sn elocuencia f ¿poro llega la época det examen de los presn|>ucsl()S? la ui«-n>ion es írifi, desculuridu, iaugmda; las l ouiisio- nes presentan siHB|Bl¿men por cuBiplir con la rolina: y si una ^uo otra vez los oradores se enardecen, es. |K>rque alguna de las can- tidades se roza coa las pasiones o intereses de la esfera política* /Cuales son las cansa> de t'>la frialdad e do otras razones no nos impulsaran a uuinar 1 indifureof'ia en malcría tan impurtriulc? no en este sentido, inelmáranos á ello el ob- servar que nuestros antepasados tan famo- sos por su reposada cordura. establecieron y conservaron este derecho, como el paladión dé las libertades públicas y la mas segura prenda d(d respeto debido á la propiedad. Kn las leyes de (lataluña, de Aríigon, de es diflcfl adivinarlas: la completa ignorancia eA<el asunto sujetado á discusión, y d es-r raso inferí'"^ (pie en el jiueden lomar In-; qnc deben dilucidarlo. De los hombres qu(> ti^u- rar suelen>en>i1aft eandidatoras ¿euále» son los (pie posi'en conocimientos profundos, praclítos, atinados, en negocios de bacieu- Yalencia, de Castilla ó mejor diremos en ] da? Esta ciencia tan exigente en iu>aeria4^ las de toda Europa, se encuentra consigna- I dittos, no es posible (pie se conqi|isleHQ|.

do este precioso derecho de una manera mas 1 airrado de esos lioinlircs públicos <pie co||^ ó menos esplicíta; podiendo asegurarse (jue.i lauta felicidad se improvisan en nueslru si- nno de los mas bellos distintivos de la civi- i glo dé^oéo. ffut fortial' no gefe político, un IÍ7.aeion europea fue el que ya desde su cuna j ministro del tribunal supremo, mi •-mbaja- tendió a precaver rjue el poder público dis- j dor, o un secretario del despacho ¿de qué pusiese de la hacienda de los ciudadanos, ■ sirve esta ciencia? I*ara semejantes cargofi »n que estos interviniesen en el negocio de j basta el arte de estender un prograi» wna ú otra innnern. |; soltura y deseinliarazo sobre el lema <{< _ Esta consideración es de wMu hn |k\so, i ofrezcan las circunstancias, basta el talento porque manifiesta que cl principio <pie ase^ ] de pronunciar en las Cortes un discucso buegan Ú cuerpo de la nación una interven cíon mas ó nlenos directa en la \ol ación de los impuestos, no trae su origen de las doc- trinas revohicionarfas, sino de kn mismos elementos constitutivos de las sociedades modernas. Por cuyo motivo, conviene an- dar con liento en destruir este principio; por mas q«e en la práetiea por rason del modo con que se le aplii a de lugar a gravísimos inconvenientes, que a ineniide son mayores ^pñ las ventajas.

^ Bi masclarofflie laluz del día, que con los sistemas electorales vigentes v las costumbres no óilialo, en pro ó en contra de un mitmt Iro: perode nad;t -^irviMi lo^ conocimientos sobre las desagradables maleiias rentísticas, que ne ofrecen atractivo sino cuando toca el tumo de percibir el pingüe contingente. .\demas, (pie si el hombre público raya muy alto en la cate¿^oria {K>litica, de maneta qu^ el no tomar'parte en alguna de las dtsctugajüML. ha\ a de servirle de mengua y desdoro, bás-, tale ocuparse breves ralos en la lectura de alguna obra de economía política, buscando los capítulos en (|ue se trate de la prodnodon \ dislribuci(m de las riquezas, y los otros en que se apellidan constitucionales y paria- u que se ventila directamente cl asunto de las mentarías, no reportan los pneUnsmMafr» I «MiiftMfo para quedar desde luego iíiáoeqaedebíernnpriNnelemde«qa«lptni- I blUMUI^ ^.'"l^. matatfsr ái6^¿f^ ^ Digitize<d by Gopgle inriunilfi* o preámbulo de un dictániiMi. Que MCQ apurado caso llcíiasc la notabilidad po- Uüeai verse encardada de la fonuacian de n ■íbbMo «. eiiooBtndos km cuatro indi- viduos (^np sor'ni romn los sótelilf^^ (h'} nfor- UiBado |)re:$iclei)te. no faltara tiempo para no», ««MlMy denu medios de aonaniM?

clon ó de cultivo, cuál el de la instrucción y educación, cuál el de los estabkcimientoíi de beoeliceocia, los nuiles ó incoo venientes de quo adolecen y los reraedios mas oportu- nos \t&n\ neutrafi/arlos ó curarlos, cuáles k>s sistemas que se practican y los fondos heoEvestve ios «lutiguos empleados del ra- i con que se mantienen; en una palabra, de-r mo, ó los aj^tistaa y jugadores de bolsa, i bcria someterse al diputado i un examen que niiruna medianía que se prestará dócil á («das las voluntades de si» colegas, y que «MrtenMmlose parlóle tect ám asuntos de 511 incumbencia con dar rutinario curso á tes espedienlt»s, no saldrá de su somnolen- cia habitual. sino cuando se trate dediscur- lir'irtRtrios para aitiafacer seceaidades ur> gentes: arbitrios que á pr^nr sus distin- tas formas y ' fañados nombres, todos se I al «rte rolgar y funesto de los diia- ís de It hacienda pública ó privada: sacrifi<\ir A? porvenir a!o prrs!>nt"; hi]inf(>rai por una caiUKlad mezquina, productos cien leceensyores.

Es cosa de ver la facilidad con que una (irovincia nombra para su representante a piKte <■ (te maniíieptn si jvosee ó no losoono- cimieulos necesarios uara votar, si no con macha probabilidad de acierto, al menos con mediano conocimiento de causa. Eslen- didos los espresados documentes, iirniados por sus respectivos autores, debieran suje- tarse ¿ la censura del páblíoo fior medio de la imprenta. Pari n nr^ que el resultado seria grncioíio, y que el mayor numero ma- nifestaría que nada entienden de lo que han de arreglar.

Ix>8 pueblo?; salieran siu m i-; ^anan- 4;iusoS) sien gobernarlos se empleara nienos ciencia y mas buen sentido, inew» teoría y mas observación práctica. jCuántos y cuan- tos asertos pasan jior indudables en un (kmicaa-^n \;i veces coniíoja y despecho, el eulrcj^adas á manois de un miserable aventwero, las riquezas de miliares de fa- milias, oott Ubre facultad de dar su voto so- bre las curírris que deben imponérM'les.

ifemos |>eusado alguna vez que seria un hmm lemedio para- evidenciar U» defedoe de t'is leyes electorales el practicar, si fuese jiosihie, la operación sijruiente. Reunidas US Cortes podríanse dividir Ids cuerpos co- kgiiitdeffes en tantas seociones cuantas son las provincias representadas. Kntí iu rs apli- cíuido la regia de que para cuidar de un pa- trimonio es necesario conocerle, sabiendo en qué coQsisten sus productos y sus cargos, scueberia obü^'ará cada diputado a esten- éeren el término de veinte cuatro boras, qoiea tal vez no piso nwica el terreno cuyos Ij greso de legisladores que un liumbie seucilio «alé eneafgado de proteger; mú^ pero esperimenlado, minria como ^olemnea despro|)ósitos! ¡Cuántos proycclns, llenos al (mrecer de ciencia y discreciou, resultan sueiiüs irrealizables cuando se trata de po- aeriosenplaatal ¿yqné.medios se practican [KWA ]ife(;i\í'r (\w los cuer|J0S legislativos se compouKau de esos bumbres que tienen la foneata üicilidad de habbr de repente so- bre todas las materias, y cuya ignorancia es tanto mas peligrosa cuanto se oculta bajo el oropel de La ciencia l Observ ad los i e^ulla- dos y facilmenle conjetucaréis cuál debe ser el sistema que á ellos nos conduce.

Desde 1810 llévala España 17aitosde gubieino representativo. ¿Cuál es el froto?' Éo los aOes irascurídos desde 4834, en cu- \ o tiempo no se ba interrumpido nunca, las Cui les ban presealado una arena donde ban • nim de opositor á cátedra úcaaongia, un |i luchado sin tregua ni descanso las pasiones informe que ooBtuvieso la deseitpcion del Piis por él representado en que se detallase ^uál es su riqueza asneóla, industrial o MniaatiK oíales soii los nambros de- ha contriljucione.s directas ó indirectas que so- pwia, cuáles las bases que por la ley o cos- (ttinbre te adoptan en lus re|uirtiin¡eatos, <mhi los matei que ios pueblos lamentan, coáleslas mformas locales ']tn»prodriau hacer )oliticas; peto la instrucción pública, la edu- cación, los sistemas de bcnelicencia, la ad- ministración, ia iiaeieuda, lu^ coditos, lodo estáiiitaeto, todo yace cu el mas profunda desorden. ¿Qué sucederá en adelante? con- tinuaran las recriminaciones, la de^conlian- za, la iiasi ibilidadde losjpartitlos, la perlidía y las Iwbulenrias de las facciones. ¿Nos atreveremos á desliojar la l"'lia iliisínn que ^. coal el estado de los. lariflütpalea caui- || abiÍKaa las aknas candidas e lue^perias, las que ni prcvon el mal futuro ni recuerdan el pasado, por ser tan fuerte y vivo el impulso que las indina al bien? (4 ) Creemos que á las naciones como á Ion individuos no se les dan» haciéndoles cono- cer su verdadera situación; no se remedian los males sí se ignora que existen; no se los precave <\ m se teme que vengan. Quien escribe para el público debe decir siempre la verdad ñor dura que sea; y cuando uo le •ea posible, condénese al silencio antes que permirtirse el engafiar á k» pueblos.

f ODAVU HA¥ TIEMPOS PEORES Estraña paradoja les parecerá á no pocoi proposición tan pnrt -'tifia; recio se les hará de creer, que ia revolución, bija de la coi^ mpcion y del error, terrible personificación de la fuerza levantada contra la ley, no trai- ga consigo el peor de los tiempos, y que no sea su época la mas calamitosa que pasar pueda sobre una sociedad. Ella destraye to- do lo existente, amontona escombros y rui- nas, relaja los vmculos sociales y domésti- cos, rompe los lazos políticos, acoslumiíra a la insurrección, mina la disciplina de los ejércitos, esparce abundante semilla de in- moralidad, sume á los pueblos cu el caos mas espantoso; ¿pneden acaso dañe mayo- res males? ¿es |)os¡ble concebir otro tiempo en qiie los pueblo;» sufran niiivnn's f;i!ami- dades, y en que se reúnan mas causas para preparar nuevas desventuras en lo venidero?

lis cierto que las épocas de revolución son las mas estrepitosas: es verdad qne los d;i- fios producidos por ellas, se hacen sentii con gran fuerza, se ofrecen de bulto á los ojos de todos, se hacen palpables ñ fndns las ma- nos: no hay familia que no llore sensibles pérdidas, ora de fortuna, ora de personas queridas í|ue perecieron en los vaivén^ de los disturbios civiles 6 en las sangrientas re- friegas de fratricidas luchas; no hay clase, no hay iateiés, no hay opinión qoe no baya sufrido contr^nliccíones^peraecuoiraes, de- sastres; no hay pneblo qaé no baya presea- ciado esetwblosas escenas, ytaHetM»* rosas catástrofes: cual furibunda Medea la revohieion anda esparciendo en todas direc- ciones los miembros de sus pro|)ios bijo!»; y esperimentmi sus furores tanto sos éí 'olUmo trimestre de actas j «I diienno de b Corona.

como sus cnemifios: los despojos, la pros- cripción y el cadalso, no reap^tti ckig» ai persona.

\*0T esta causa al saKr los pueblos deeai época turbulcntíi \ fí/flro«a, el entrar en an re{i;imen legal, al verestablccido un gobierno templado y suave, abominan del tiempo pa- sado, detestan hasta el nombre de lo que tantos males les acarreara, no alcanzan a comprender cómo bajo un sistema regular, sometido á las leyes, bonancible, aosegnd» vtran(piilo, sea posible su fririnnyores qué- panlos (pie durante la revolución; y sin em- bargo uada hay mas cierto: lasrevolucioMS de los pueblos V>n enfennedadt s agudas q«0 consigo traen exaltarinn. fiebre, delirio; pe- ro toda enfermedad uroviene de causas que afeetaron'y desarregiuroD la oigantiaoioB, y acontece muy á menudo que un errado plan de convalecencia al paso que a{>arenta resta- blecer la salud ^ ias tuerzas, mina sonib- menle la existencia del enfermó condiwíéfr- dolé á la muerte por halagtleñns; raminos.

Sí, este es e! peligro que amenaza a los pueblos después de la revolución, este es el mal que ha caído y pesa todavía sobre la Francia, este es el mal que se columbra pn el porvenir de la agitada España, este es el mal que dificflmenle evitareflu», si no cui- damos de poollnot luengo en vigilante guarda.

\o (^s para una nación el mayor de los in- foriuuios el que por algún tieu^M) se vierta en los ean^M» de batula la sangre de sos hijos: después de guerras formidables que diezmaron la jinrutud, levánlanse á veces los pueblos ( (m mayores fuerzas, con mas vigor y lozania. Asi ei adalid que ba lomado parte en cien batallas, que tm (ierramado á menudo su sangre en peligrosas refriegas, blando el aceto con tanto mas brio y energía cuanto mayores son las cicalrices ae la nuh no que lo «"mpuñn y df^! brazo que loesgrime.

No es tam{K)co ei mayor infoituiMO de tma nación, el que haya venido al Suela un ab- tema político, y que desmontada éinutilisft¿ da la antigua mamiina del estado, sea pre- ciso echar mano de otra mas adaptada a las — «as propia para «l objetoá (-imda la sociedad que no sea capaz de go- bernarse sino por un medio y bajo un siste- ma; la razón, la btstoría y la esperíenciaes- Im MneAndo, que salvw los principios tu- telares de qne en ninguna situación se des- entiende inipnncmenle la humanidad, son ▼arias \bs combinaciones que pueden idearse pftra eilriilecer nn ftoMen» que afiance el orden, proteja los intereses públicos, v la- bre la prosperidad y ttenlarade los pueblos. "••Wu t9 pata mm mán el nmr ka nfortimios, el que en medio de las reroel- tas V axares de una época tormentosa hayan vdeit „ r&cticio aumento de las fuer /.as del estado, se destruyen las crcencius religiosas, se ca- travian las ideas nMMraies, se enervan los iní* WM eoR volaptaoMa unces. se nutre un des- medido orfrullo, se fomenta la vanidad, aflojando de esta suerte lodos los laio* so- ciales y domésticos, entronizando el eidlo dt los intereses materiales. divinizando el vicio con la prostilncion de lns bellas arles, sus- tituyendo á la virtud el eguisuu), a inf sentí- mieíitos nobles y elevados la metqmáad j villanía de pasiones astutas y rastreras. Es muy temible (juc lennmada la dcsassalitio gayemente vulnerados respetables | trosa revolución (luu uos agiUi y alormenla, regeneración, en la cual se mostrará de una parle recelosa esquive/, con respecto ¿ las doclrioas demasiado ¡>opulares, y de otra mocho prevención contra las reacciones qw tiendan á resucitar los principios y sistemas antiguos. La alianza del orden coñ la liber- tad, será la bella fómola ea que se ooBpwir diari el pensamiento dominaate: Mda do anarquía, se dirá, nada de exaseracioncs democráticas » nada tampoco de de^timo^ nada dt sumntkim, imnIo de fnlensUitm fanáticas. Fuerza en el frobierno, vigor en la administración, centralización de lodos los rauios; pero libertad en las ideas, iodul- geneia en laseostamkni. Vigilaite inspec- cion sobre la enseñanza, pero comnlela tole- rancia y disimulo en todio lo que dimane de escesivb celo por Is ilustración y el adelanto. Protección á la Iglesia, peiomleeciop doi- conliada, suspicaz, que se alarme fácílmeil- te por la firmeza de un párroco ó la pastoral de un prelado; proleocioB que haga respe- tar los templos. pao que procure encerrar en ellos la relitrion, de suei le (jue no salga de allí, y uo alcance a ejercer inllueucia so- bre la sociedad; permisión de defoMler ol dogma y la moral contra sus enenii'xos, pero dignidad y severidad contra los que se atre- van á revelar malas tendencias del gobierno, pésimo influjo de altos magistrados, aviesas miras de un plan de instrucción, abusos de profesores que propinen funestas doctrinas á la juventud. Asi, con poeosaios-de paz y de órden se cambiarán radicalmente las ideas, se modificará el carácter nacional, y la Es- paúa adelantada y culta conservara apenas un reeverdo de lo que faera lieBipo> de nuestros antepasados. Es nenesler no hacerse ikisiones, es pre-