SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Para determinar la cantidad y calidad de lo que abriga la nácion espafiola conieapeo- to a los estrcmos indicados, parécenos quo se ha de atender á dos cosas: t.* influencuiS á que ha estado sometida; 2.' bedios que ha ofirecido. O en otros términos, la cuestkNi ' puede ser examinada dpriori 6 á posteriori: la naturaleza de las causas que ban obrado sobre una sociedHl iinfiea el estado en que esta se hallará; asi discurrimos á priori, pa- sando del conocimiento de la causa al del efecto: los hechos que se han veriíicado en ella revelan su estado; entonces discurrimos á pos I criar i, pasando del coilocimiento del efecto al de la causa. " ' ' Al hacer estis investigaciones se CóMf Id peligro de caer en error por no considerar mas que un género de cansas ó de efectos» como vemos que acontece á cada paso á los que se ocupan de semejantes arnterías.

Emplearemos este articulo en demostrar la sinrazón y el espíritu de partido con que examinarse suele lodo lo que tiene relación Echan aliíiinos una ojeada sobre nuestra historia, encuentran por todas partes la re- ligión y la monarquía, y díeen oesde lueg^: «esta nación es monárquica y religiosa, y nada mas; á esto únicamente se ha de aten- der, el resto es indiferente.* Observan óteos Dlgitized by Gopgle Dlgitized by Gopgle que por espacio de treinta aftos hemos esta- do sufrienao la inlluencia de principios con- trarios á la rclifíion y á la monarquía, y di- cen:«íesla nación no* es nada de lo (|ue fue; su rclif^ion y su monarcjuia están únicamente ¡ en sus libros viejos y en las cal>e7.as de la generación caduca; no men'cen que nos •copemos de ellas; en nada pueden obslar- BM semejantes elementos; para nada dehcn entrar en la nueva organización social; niu- cbo será si los toleramos hasta que se eslin- j gan por sí mismos, como fuetio sin pábulo.» Cuando los primeros (piieren confirmar sus * doctrinas, á mas de fundarlas en la historia, aducen la reciente esiwriencia de 181 4, IHi'i y de la guerra de los siete años, en cuyas ¿pocas se mostraron tan vigorosos y tenaces ks dos principios religioso y monár(|MÍco; tsícomo al emprender l<»s segundos una ta- rea análoga, recuerdan los años de 1812, 1820 y la última década, en (|ue las ideas mo<ler- nas se han mostrado pujantes, luchando con todo linage de resistencias hasta conseguir QD triunfo definitivo.

Considerados los hechos con semejante aislamiento, claro es que solo pueden con- docir á equivocaciones; solo pueden servir á formar doctrinas falsas, inaplicables, que nlo están en la cabeza (|uc las concibe, ó R descienden alguna vez al terreno de la práctica, es para producir males sin cuento, pisar como una borrasca escoltada de trué- aos y relámpagos, y concentrarse de nuevo en la mente de sus autores, que desespera- dos del mal éxito se quedan maldiciendo á la sociedad, cuando mas bien debieran mal- decir la ceguera de su entendimiento y la imprudencia de su conducta.

Ese espíritu de pasión y parcialidad acar- rea otro efecto no menos dañoso. cual es, la exageración en todo t uanlo concierne á la calificación de los hechos, asi pasados como presentes. Preguntad á ciertos hombres cuál es el origen de todos nuestros males. Su respuesta es muy sencilla: la superstición y üinpotismo. Esta es la fórmula en su ma- yor concisión; que si los instáis algo mas, ofreciéndoles oportunidad de desarrollarla, 05 recordarán la inquisición, los frailes, las Btnos muertas, la teocracia y otras cosas foreste tenor. Habladles de nuestra historia, y Cárlos V fue tm déspota, y Felipe II un BÓDStnio, y sus desrendientes unos imbéci- es, y Feliné V un maniquí de Luis XIV, y Femando Yl nada, y no oís do sus bocas una palabra de consuelo hasta que llegáis á Cárlos 111, que tamlnen lo pasara mal si no hubiese tenido la fortuna de seguir los con- sejos del conde de Aranda, si en su tiempo no se espulsaran los Jesuítas, no mediara el ruidoso negocio del obispo Je Cuenca, no se escribiera el Tratado de Amortización, y no saliera á luz el Juicio imparcial sobre el Mo- nitorio de Parma. Claro es que del mismo principio de la superstición os han de hacer dimanar todos los escándalos del reinado de Cários IV, que casi casi disculparian en gra- cia de los provectos de Urquijo. En llegando á la guerra de la independencia, escusado es decir ({ue la nación estaba perdida si no la salvaran los discursos de los oradores de Cádiz, que en buena filosofía debieron de poner mas miedo a los tn^scientos mil sol- dados de Napoleón que todos los ejércitos españoles c ingleses y las innumerables ban- das de guerrilleros (|ue hostigaban al enemi- go, ora matando rezagados, ora tomando convoyes, ora disfteriando una columna con imprevistos ataques, ora deteniendo y es- tropeando divisiones enteras en los desfila* deros y gargantas.

Preguntadles: ¿quién impidió que la Cons- titución de 181 2 00 convirtiese la España en un ¡laraiso? Los enemigos de las reformas. ¿Quién hizo que la Es|)aña no se apn>vecha- se, ni en la política interior ni en la esterior, de las ventajas que podia sacar del glorio.so ¡ triunfo sobre las huestes de Najíoleon? Los I enemigos de las reformas.;. Quién provocó I los escesos de los liberales desde 1820 á 1 823? Los sordos manejos de los enemigos . de las reformas, que no reparaban en dis- I Trazarse hasta con el trage de la libertad. I ¿Quién escitó á la Europa contra los dema- gogos, quién la reunió en congreso, y la de- cidió á enviarnos cien mil franceses? Los enemigos de las reformas, para quienes na- da significan los nonibres de indejM'ndencia V patria. ¿Qué se produjo de bueno durante ía ominosa década? Nada. ¿Y el progreso de la industria y comercio? ¿Y el tal cual arre- glo de la hacienda? Hay en esto exageración; V si algo hulK) uo fue |)or lo que hizo el go- bierno, sinoá pesar de lo que hizo. ¿Quién suscitó la cuestión dinástica? Los enemigos de las reformas. ¿Quién encendió la guerra civil? Los enemigos de las refonnas. Los ene- migos de las reformas fueron los que provo- caron el asesinato de los frailes, cl incendio de los conventos, los pronunciamientos uu )ns proTÍneias, laff represalias y crueldadt's eu el campo lie lialalla; Uts (|ue prolongaron la ii:clin ínilricida, los |>fr(lK'ron a h ruina Cristina, los (jiic no di'jaron i|uu se prraiííü.se la nv*'"i'ia do Ksparlen», los que embaí. izaron su hautficu. HusIkhI'i y UIh-iuI gobierno, los(|ue contribuyeron uiut bo a su caida, los que crearon los riosftos ele las si* tuationes sucesivas. los (|ue lian pro iuciilo la crisis actual, loü que. sueñan en reaccio- nes de sau^íre y despojo, los (jue...en una palabra, en los eneniií;os de las reformas esta pei"sonilií.-ado el ^jenio ile la disc(>r(lia y liel crunen, el lual princi|)io de Manes; ciiaii- 4o de parte de los adversarlbíí no bay mas que ilustración, p'neiDsidud, patriotismo, ¿eneliceucia, iin|)ecab¡Iithid nuiaa tii'smen- tida, si uo es |>or alf'un esceso de celo por Ja e^ usa de la libertad. - En el reverso de la niedalla se presen- tlHi otras liguras. lioinbies bay a cu\os ojos ^>s del'unsores del aüti^uo sistema no c^ Aielierou nin^íuna falla; la monarijula de los tiemjMjs anteriores á 1808 no adolecia de ningún defecto; la resolwíion tiene la culpa de todos nuestros males: si ella nu bubiese venido á perturbainíis, la Espafia.seria com- parable a los caui|)os Hliseos. Aíortunadauienle iniicbos otros, del mismo |>artído. de las mismas ideas y no menos profundas con- vicciones, miran las cosas de muy disliiití» jDianera; y en verdad que seria pn'cJso « or- jar los ojos para no ver (|ue no todo lo anti- cuo es digno de alabanza, y que no deja de iiaber mucho cjue merece censura. Si esto jno es asi, ¿c<ímo esplicais lad<il()n)sa deca- dencia que se verilicó durante la dinastía auslriaca? La España de Felipe 11, ¿no se babiora avergonzado de la España de Car- los U? ¿Qué se babian hecho nuestra agri- cultura, nuestras fábricas, nuestra pobla- ción, nuestros ejércitos, nuestras armadas, jauestra preponderancia en Europa, nuestra inllneocia en todos los negocios, el respeto •que se mereciera nuestro pabellón en lodos -K)S mares? ¿ Dónde estaban nuestros hom- bres de Estado, nueslros grandes capita- nes, nuestros historiadores, nuestros poetas, jaucstros humanistas, nuestro poderío, uues- XvQ esplendor, nuestras glorias?.Nada sucíí- ide sin causa: dispútese enhorabuena sobre ^la, pero confiésese al mono)»uue exi.stia; -reconózcase cpu; se habia cumplido la profe- cía del P. Mariana: Parece <i ¡os prudi'itfc.s Ponderando) desmedidamente las Nenl«i^a> del regiuien antiguo, sin pararse en."^u.s in- convenientes, empeñándose en que tudu en- leramenle habia <Ii; continuar inliicto, <isi en el fondo como cala forma, noadviert n <'^'"< homhrus, que a la sombra de aquel i <i ' se comelienm tropelías contra la religión. | s<' pre¡>araron nu jiocos de los de^ >y sufrimos: no recuerdan (jue al n. ii,, u an tiguo ^)ertenecieroQ los reinados de Carlos 111 y de Carlos IV; qno en aquel régimen s< el ntas crudo despotismo ministerial, qii< I resiK'taba ni a las personas, ni a las clit>>^. ni al santuario mismo; que en a(|uel rep- inen [indo un ministro hater prender eii una noche a miliares de individuos, muchos de ellos venerables |»or sus canas, su saÍHír y I sus virludesv -y respet<d)lcs lodos, cuando no |M)r otro motivo, por su carácter de ciu- dadanos españoles, y conducirlos como re- b iiios á la orilla del mar, y amontonarlos eo cmbareai'iunes preparadas al efecto, y arro- jarlos a las cosías de Italia, y dejarlos «jue I alia estuviesen sia |H»der lomar tierra, pere- ¡ ciendo los mas ancianos y débiles, entre el I funir de los elementos, y sufriendo iiuícIk» los demás, ofreciéndose el ejemplo de ni.i- I cruel arbilrarieilad «|ue se viera cu los fasli«> I de la historia. Y olvidan esos hombre» <|uc bajo el antiguo régimen se entronizo tlodoy, y estuvo envileciendo al g(d)ierno y a la ua- i cion, V pre|>arando los desastres de la guer- i ra, V ios de la revolución, v cuanto heioos I padecido por espacio de tremía años, y per- diendo nuestra armada en Trafalgar, y en- i| viando á (terecer á nuesln)» soldados entre ¡I los hielos del Norte, en defensa de quien ya desde entonces meditaba sus planes de nsur- p<icion. Y olvidan (|ue bajo el antiguo régi- I mcn se prepararon las escenas de Uayona, y ' la prisión del rey cuando era mas necesaria ,| su i^vresencia.

I hin duda que la revolución nos ha dañado horriblemente; pero ¿tiene ella la culpa de < (|ue en 1808 estuviésemos tan atrasados en lo concerniente á caminos, canales, navega- ción, artes y conKírcio, y que poseyendo nuestras riipiisimas colonias de América : ñolas aprovechásemos cual podíamos, y esr- l! tuviésemos conm quien {)erece de hambre e^a-. ' Ire montones de oro? Si se quiero que Iriuft- ' fe la verdad, es nH'neslcr que sus defensa , res se muestren sinceros amantes de ella; ',que,do^e,haya ui» bjen alaben, j^ti^p i{a mal lo condenen: |M>rq«e daña mucho á las taosas ni.is justas y santas el eni[>lt'ar on su i)éf?nsa l;is anuas del ciror, qu«' son el dis- fraz, el disiuiulo y la mala fé. Rcfordemos que peleando por f^randes principios, por verdades eternas, uo conviene que nos cons- tituyamos defenstires de objetos jiequeños y transilorios, y mucho menos que nos empe- ñemos en escusar las faltas y los ahusos, aun cuando se hayan cubierto con velos respeln- hles. Fijos los ojos en las iusliluciones, debe- mos olvidamos de las personas.• si alíTiiua \n est;is no han lienad<i el alto objeto de aqui'llas, reconozcámoslo C(m noj)le lealtad, que cuando no alcanzásemos otro resollado, nos atraeríamos el aprecio y fa coillianra de v: mismos adversarios.

i mi. ' e^los eslremos que acabamos de describir, se encuentran hombres qne bla- sonan de imoarcialidad, <)ue se maniliestan n I tono linaje i\v piísiones, que ase- j.. 1.,11 teniT otro deseo que colocar en su puesto la verdad y huirde^ toda exageración, asi en la teoria como en la práctica. Entre - gados desde su juventud al estudio de los Hhros reformistas en nílijfimi y de los lil)C- ralcs en política, intimados erí amistad con tos hond)res qne iiilrodujeron en España las innovaciones de lNt'2, pe rsepuidns algunos dcellos por el^íobiemo absoluto, y creVendo que su reputación, su gloria y pón-enír son ií.<;p|»arables -de un sistema libre mas ó me- r. jalo, uo pueden desprenderse de anti- uii.i> ideas, de arraipiados sentimientos y de ¡ rohios intereses bien ó mal entendidos; r ílii!;idt)s por otra parte de tálenlo el;rro, d'- fiirazou reclí) v de índole templada y apaililc, no les ha sido dable cerrar los ojrts'li iMÉnde espcriencia lan dolorosa y renetida, vHog^ar el grito de la conciencia ni las ins- pineiones de su hidaljro |>echo, y aífí e* {\w¡ MB moditicndo en aran manera sus o))inio- BM, lian retrocedido, como suele decirse. S fslbrzánd(tst» por salvar su decoro y no pa- recer inconsecuewes, han tratado- de íiitHíit- » en un ierreno neutral, y desde allí arrt»- wslar a los contendientes, inclinándose de v^f en ciiniido á unos »» á otros, pero sin fmpeftarsc' demasiado en la refriepa.'^ •,..111,,i -iiuiosaírtenie sobre su inn>ar- parrlalidad. qtie no advierten cuanto los oftis- ^an los restos ile «tis «nticuas opiniones, <te «is amistades. y tí«l vez sus intereses, I*» hacerlos suinamenle parciales. Descúhn'se sin^darinente esta parcialidad cuando se tnita de e\amin«r la historia de la revo- hicicm de EsjwOa ó la de otros países. Con- denan también el falso patri(>tismo, la ambi- ción desmesurada, la cejíuera de los viejos revolucionarios y otras defonnidades por es- te tenor, que aparecen como ncírras man- chas en el cuadro de los ^lartidos reformado- res; jM'ro siempre (pie asi lo hacen, á no ser qne se hable de alinin motin. se traslucé" ser amigos ijue se diri{;en a antifíuos anup:o<, míe son hombn»« ' qire ' ¡>articipan en huenii dosis de las mismas d<K't riñas, que aplauden en lo ínlinvo de su coraz^m las mismas medi- das^ ▼ que si eh alao discre])an. si abo tie"- nen que echar en « ara a sos adversarios, éj5 porque e^tos se htm olvidado de esperar Ih oportunidad. ponpH' no han tenido presente aquella reírla: fnrfitrr in re, suavUer in mo- do. I.a dureza, la hiél del leníjuaje, lo í*eser- van todo para los enemiííos de las refonnasr, siendo notable que, cuando en los reformis- tas respetan casi siempre la intención v atri- buyen sus escesos á la exaltación de los ánimos por la resistencia que encontraban en la ejecución de sus desiiínios, en lois enemiíros de las reformas no hallan sino in- tolerancia, apecro á intereses mezquinos, insigne mala le, o crasa- é inesensahle igno- rancia, ••.t'lifli»»! <Hí uúy íf»iií mtjitut Suponed que sé ocupan de la revolución francesa: sejrun ellos, tfMÍos los desastres (pie ocurrienm desde la apertura de los R*'- tados f?i'neraless(m debidos á las intrigas de la forte, y á la ohstina<'ion de la nohiezti y del clero en no ([uerer hacerse cai'po del siglo en que vivían y de la situación de la Francia. Los denm-rátas procedían de buena fe. llevados de liennosas ilusiones, de.seo- s<>s de labrar la prosperidad <lel país. domi- nados por lá iilt^ de la fil>ertiid deííli ])Mm: cuando líHi ari«<lrcratflS''«olo atendían á fwls interi'ses piínif'iilarcs. sin Cfm-vicelones pro- fundas, sin amoral suelo (pie lo*< mantenía, sin* Otro olijeto' (píe |»erpe<uar loí! ántigtios áhhsoí* qne hacian de una gran nación elpa- trin>oniít dedos clases. ¿Hay justicia en este modo de apreciar las cosas? ¿Hay la impar- cialidad de que W glorian los que asr so portan? ("ieHamente que no: lo que hay es adhesión los principios de la revolución, bien que templados en lo locante á la práo- tica; interés en favor- de las jK'rsonas qiio los aplicno. bien que acompañado de alguna i displicencia cuando tras|>asan ^-iertos iinntes r menos disfrazada á las doctrinas de lo« ad- Tcrsarios, un desdeiioi^o desvío \)or las per- ionas de estos, cuando no un rencor, dinia- Aado de antecedentes que es preciso olvidar al tratarse de formar sobre las cosas juicios verdaderos, y de disciurir sobre ellas coa .;, Mientras las opuioies es tremadas anden á tan larga distancia unas de otras, y los que toman á su cargo el servir de mediadores imtlfif'^ m lenguaje tan poco iupafqiil y i^poÍRiliador, difícil será que alcancemos la verdad en el examen de nuestra situación, 4c las causas que la han producido, y de los m^im ét alir de eHa; éifleil aeié que acer- temos á comprender cuáles son los elemen- tos que tienen en la sociedad española uu poder efectivo, primer dato de que debemos «Nijiirarnos, si no quefenosperpetnir nues- tro malestar, nacido en gl«^ paite dinMes- in iucerUdumbra. - ^ P«es «BUmees, se nes objetaré: ¿cómo dijfeteis que la nación tenia un pensamiento propio? Si tanta es la discordancia de opi- niones, ¿cómo será posible encontrar la anidad? Lo dijimos, y no toaoBoa reparo en repetirlo: la nación tiene un pensamiento propio, bien (jiio no Inmiulado, y por lo Busmo preguQlubauios al comeuzur el prus- faela: ora poaUilo ftinnular ese pensa- miento como norma de organización social y basa de sólido gobierno.» ¥ es queennues- Iro coDoepto, á la espalda de oaaa honbres que bullen, qne hablan sin cesar, qw lle- van la palabra en nombre de quien no les ha facultado para ello, hay una nación de quince Búlloiies qne tieiie bus enonciaa, sus sentimientos, sus costumbres, sus necesi- dades nuevas con sus necesidades antiguas; una nación que piensa, que quiere, ^ro COB cierta oscuriaad, oob cierta confusión, como el individuo que, encontrándose en una ai^wmn complicada donde le agobian -oíiiMiflilriw adversas y le aniaan olías 4fK0iialdeav «eate que se agitan en su aspí- ritu ideas mal formadas c inexactas, proyec- io$ mal coordmados é incompletos, pero todo >oenvoiiolrte é im nismo punto, é la aacoqupromeUendQ lo mismo que se trata de { que Y. enmlea^ stm tal y tai.» xesp(ndB: ^ I 1.-,, H asi es, cabal, í8 lo «¡8110 que yo penadli y queria; soló qoo 90 a6eini|»|i^,á. jlanae exacta cuenta.»

La prueba, la evidente prueba de que d estado que acabaoM» do describir existe ea la realidad, es lu que aconteco al hablar con personas desinteresadas, que no esperas medrar en uno ni en otro bando, y que soto desean un orden de cosas seguro y estable, para labrar su furluua por medios le¿;itimus, u conservar la que hayan adquirido, liablad- les de la ei^ageracion, del m que se faafli ea lodos los partidos; lo reconocen: del hiea que se podria aprovecbar de varios de ellos, iu coaiiesau: de las principales necesidadcá que se han de satisfacer, ds los. obstáculos que se han de remover, eslan de acuerdo: pero preguntadles sobre los medios que con- viene emplear, entonces vacilan, dudan, un eterno pero...es la respuesta á todas las indicaciones; la irresolución, la timidez do- mina en to^os los actos;. el escarmiento de lo pasado DO les deja caminar hacíalo veni- dero; tan vario y malo fue lo que pasó, que no alcanzan á persuadirse de que pueda dejar de ser vario y malo lo que vendrá.

I Qué calamidad para este pais el que Es- partero no baya sido un hombre de genio! £1 se encontró en circunstancias á pro- pósito para formular el pensamiento de la nación; para presootánoio sin disfraz, de-" cirle: «helo aquí, este es;» y obligar á su aceptación a los díscolo^, y refractarios^ Y asi será preciso kacevio tarde é temprano: no hay otro remedio; y téngase presente esta indicación, para que no se c rea que las discusiones que hemos comenzado sobre el estado de nuestra 80oiadadi,;las pongamos por tipos di' otras discusiones que se hayan de agitar cii grandes asambleas. En la situa- ción eu uue se eucueulra el puis, es menes- ter dárselo todo hecJio: aun cuando hiibiéso- mos de tener instituciones republicanas, seria preciso que estas nos viniesen de una Ata- dura gubernativa; peio dictadiira sabia,, dic- tadura dooonait, úuooadf olvide, nada des» atienda, que acuda á todas las necesidades, que sea digna 4^ su destine, que iuspire á la nacioii Manto respeto y ceofianaa para tisfaccion de sus necesidades, á la desapari- |l hacerle aceptar de corazón lo que le ofrezca cioü de su malestar, al logro del objeto de; corno medio de salvarse. Ya que la Provi sus deseos; de suerte que si se le presenta i dencia dos ha dado una Aeina niña, quiera ■quien le diga: «lo qM. V. quiaio os eso; lo - t^— i- * WV. iatonlahMcroaoaolm: h» nodioB Immbres qtn*. no ncrrtnndo á dirigir bien «'1 país, se cnLUcnlrim nuütarazados en MI aii iun (K»r mil obslacuios, que las luas vca's dios propios se suscilan, apelan al fú- ril medio (!t.> calumniar a la nación, dicitMuio que aqui no se conoce la ol)e(lieacia, que todos están acosUinüirados al desorden, que todos i^nuinui ki que es la (diservHwHi de la lev. Nosotros opinamos de una manera muy diiiereiite: creemos que ou España un buen fobíeiao podrá hacer tod» lo (pie (}uiera; y si se nos pone por delante la c^^rteiicia dé los pronuní'iíimicnl"*, observareinoí* qiH* aquel goLieruu (juc obre de tai suerte que xgUA la jurisprudeneia revoliieíoiiBria me- rezca un pronunciamiento mas cumplido, aquel gobierno acabara (>ara siempre con todos los proDunciauucnt(».

. vnu EL tmnm w «iitCM r mmx Y EL DE HÁCiElWA* MwlrtU tt d" febrpr» do Hace ya muchos dias que el señor minis- tro de Gracia y Justicia se v¿ conquist«iuUo dipreeio y la gratitud de todos los buenos espadóles por sus reiteradas providencias di- rigidas á remediar en cnanto cabe los males (m han faíli^ido y ailigcn todavía a la Igle- sia. Las órdenes que salen de su secretaria están conceljidas vn un lenguaje tan blan- •In V consolador, tjue alivian y dilatan el co- razúu del sacerdocio, q[uc por espacio de diez lios ipena» oyera ds boca del poder supre- mo mas que palabras de amena/a y descon- Üaoza. Nadie se ha olvidado todavía de los léfWQoa de la real óiden eoD que rueron res- tituidos á sus diócesis los M.KR. \r7.u]»i>p()s de Sevilla n S;Hítia;;o, ni los de la otra ( on que han sido relevados de sus conlinaniien- loftel M. R. anobispo de Tarragona > ios RR. obispos de Canarias, Calahorra, Paleii- ria y Pamplona; pero nos llama la ateocion de una manera particularísima la eireular ée 6 del corriente á los diocesanos. Alli no vemos una medida aislada, sino la rspresion de on sistema: dichoso el señor ministro, di- dwsa la nación, si^eslesiatema es Ifofado i cabo con lcaUa«l y pcrsc rcrancia. Alli ya no se recuerdan al cirro sus deberes con aquel tono altivo y exigeulc que en otros días de triste rccoroacícm; ya no se le incnka, cual a una <• (¡ti- estuviese siempre pronta á usurj)aciuue&, que es indispensable, so pena de rigurosos castigos, que respete las pre* rogativas de la corona; ya no se trata á k Religión con aauel desden en e! cual se nía- niüeista que solo se la mira como un ramo de adoftiiHstracion; alli va no respira, ni In suspicacia dt> algunos liscales del antiguo consejo, ni i*! rencor de la escuela volteria- na. El li'ouo se dirige al clero con amor, con ilimilada coniianza; y es bello, es tienio, en estremo agradable y consolador, el ver rpie la inocencia y la Magestad se colocan a la sombra de la Religión; el ver que la escclsa hija de cien Beyes, huérfana sobre el trono, sola y desamparíuln, teniendo sobre su cabe- za una nueva tempestad, recomimia c<m nmd» akineo á los minislros del SeDor, fue implorm la misericordia del Altísimo para su (roño y ditia.'^lia, y para la magnánima nación que la ha eletado á él á precio de s» sangre.

Esta inspiración es digna del trono de San Fernando: palabras semejantes no pasan des- apercibidas para el puciilo cspaiim; y si el' ministro se ha propvasto un objeto político, ha dado en el blanco ron ndniirahle preci- sión: porque es menester recordar que la situacioD de la aogoatalinérfina escita el mas vivo interés, basta de los mismos que pelearon en favor de sn lio: nadie ve en so' persona el emblema de los crímenes que se nan eomelido á la sombra de) trono; (odoe salH'íi (juc mienlras en su nombre se derri- baban los templos. y apellidando heina tj ÍAberladsQ balpicabao de sangre los altares, ella dormia el sueño de la inoeeaeía bajo k custodia de un anseí.

üay en la circular que nos ocupa un pér- rafo sumamente notable, que sise comprende cumo es debido, y de su significación se pe- netra bien el gobierno, contiene nada menM Jue el término de la revolución, el remedio e nnestios males, la inauguración de una nueva era. rira en halagUeñas esperanzas. Dice así: «Kn medio de esta crisisque el go- bierno arrostra con serenidad penetrado de sus altos deberes, fiado en el apoyo de U nación, seguro de su juslicin y de so fner7a, kjos de ewcar mflias pastoues para ojumer- íúiilMpiuiomíUromdelafáítion quek 19 Digitized 19 Digitized hn fn n)jihl(fif§im0iB;.i$ cmuidera mas ti- | malas 6 les abrieron índiscrcUimcntc 1n puor- gurositmeiite úKfiffmln qttfminra á promonfr, i la; olios fueron victimas de su desacert||^ á escitar ^ á lúi'ijicar cu el snio de los pite-! proceder, y lo que es mas sensible, 'Mi^ 'éhs todos im Hentimieul()s soriñfmiM con ellos la nación enle ra m fié af|iií la indicación dfl camino qm^ de- '■ \ |km o tiempo d.' Iisíber dcsciicadc nado las hera sc^qiirs(MMi adelante; he a'jui al misino I temiicstades, relnicedicron de espanto tus lik'nijm señalado uno de tos vicios radicales j mismos (pie lo hicieran: |)onpie esperinié»-^ de quendotcoe el ííohierno eíjwftol de nui- i taron muy en breve qu& los flacos diques dios anos acá. Kn solircv inicmlo niia < risis. que les h ibian ojnicslo eran nada para c<>n- eo viüiidose amenazado el poder, no ha re-!, itínerlas y aojieiarlas pasar del limite prescri- pbmdo «o cellar miino-do «wttei^tiíera me- to; esyuifÉimilluuii, (pie ei <el>órdeii moral wm: evocando las malas pasiones para opo- como en-el'llsico h iy ricrias leyes que no es norias,i hs que le romhalian. lia dcMpiiciado! dado ni hombre ald r.ir. qno no es permitido horni)leiuentc la sociedad, y se ha creado á ij desentenderse de ellas sin suirir los lerri- ttH propio compromisos de que no ha^'^ide | bies rc8d(aéái>^<|iie son «1 condigM castifEB salir airoso aun des|iiiev (|(> la mas cumplida | de la malicia ó de la im|)rudencia. victoria. Kl a|>oy(i (|ue dan a un gobierno las I Van ya mu dios años que los cscarmíeatos inalas pasiones, es por io común muy débil^- 1 producen descnirRftos; la opinión pública 9t