decirse que los conlagiad<js de ella mas bien padeoea ét una es|>eeie de postración mor il, que no que alimenten verdaderas conviccio- nes. l'iOnq)arando bajo este as|)ecto la Es})*i- im con la Francia, se paljKi desde luego la diferencia. En el vecino reino abundan los periódicos y las Revi>tas donde scí ataca abiertamente a la Religión. donde se pro- mueven discusiones sobre los puntos de mas alta iin|K»rtancia; las sectas disidentes ense- ñan abiertamente sus doctrinas opuestas á las del catolicismo, y la filosofía esceptica com- bate sin relK)zo á aquellas y á este. Se dirá <|ue si aqiii no se veritica lo mismo es |>orno herir la suceplibilídad publica; pero caltallos houbres de talento; do han formado ver- *' mente con esta repica se conürma inas y mas lo qtt eslimos Boitoaieiido, imes que si esas (kn-trínas no pueden preseDtan>e imi la arena, a {le^r de la liiuilada liberlad que han dism(>nsi mayoría de la nacioD una resistencia ilecuJida, que auo ea la osfiera de la inteli- irt ocia entrañau pocas tmnm, y de que-Mia, partidaiios abrigan la oaav jooian'- de 4w Im teataUvasí para dominar los espíritus serían imiicieates, ^ 4e que no producirían á sus MHmM m glqn» m frovecbo.
Para comprender mas á fondo la diferen- cu (]ue en este [)uiUo media entre la Empa- lia > b Francia, iMtsla atender á un hecho suiüreiuanera í»igtillcalívO': la conducta de la prensa llamada conservadora. Esla entre QuüoUos apeuas se peruute una paiai>ra <|ue pueda heiif las creenoiai-eatúlícaa, y mu 4e uoi vez ha* immiln á au cargo la defensa de k)s díTecbüs y prerogativas de la Itrlcsin con lias mismas régiones donde atpaiwer d^HiS^ ran haber prevalecido tendenciaíí contrnriaií, son sumamente consoladoras, pur(|ue de- nmestran que la Rtiigion Cal<iltca' tieno en España una fuerza j)ro[»i a. intrínseca, inde- pendiente del apo¿'o del gobierno, y que por taato'seié battante á conservarse, seaneu»- Ibsfuemn las vicisitudes polUicas. Crcvéroft' la algunos inoperable de una forma ^e go-' biemo, y esta ÜMrma desapareció, y la han sttseMo otraa ^riaa, y ta ReUgimnae oan^ serva: opinaron algunos que la causa de ta* Rclijíion estaba irremisiblemente i)crdída'# no alcanzaba victoria el principio dinásticéf que por espaewde^nvnoe íMMtió en la» provincias Vascongadas, en Aragón. Valen- cia, Cataluña y en otros puntos del reino, J ese principió micumbió, y s«s in4(Mltf^dOtf reíMesenlantrs están endeffMMlOB en Bourges» V sin embarco la Reliííion se conserva uiicttlur tai, que.ecadijtcii distiiu^uirladeia ii Lace resonar su voz poderosa, y llama iá prensa panmenle religioaa. Leed • los feriédjius conser\ adores de Francia; ved si guar- dan tali's niirannentoi^; notad si uo sostienen cuBüliua )¡ iudiuule polcnncu cuu los or¿^anos méími i De dónde la diferenciat Del. «h lado lie la.si»í ir j nJ; de sus ideas y coslum- hna:. porque los pacidos, en medio de sus ctfnvMMi y cct^ueca quQ por intervalos los ifwrwyyie á veceaioa iMsfdett, tienen sin eialiargo instintos muy felices, atinados, c«rterus; y.j^4Uüo urcunslauctas esi^ipfiii^ ■ales no kw taciE de quicio, suelen: iw^' ' (^rbácia(|||||4kbjilbloOBadaiirable liultilidad. . Ü^prialtMiamos decir con cstn <|ui' entre los fUflKadwes de Empuña mo Uuya verdade- Bsqeeaeiag y religioiidadiinoefa;- lajea de 1^ nosotros el aventurarnos a semejante suposi- tm; anle> ({ueremos signilicar, que aun los ; que luu participado del oioviiuieuto relbrdel Ipebierao, y conquista parte del terreno perdido, y Kgura como ano de los elementos que hm 1:iin;m nías señalado Iiisrar en la esíera social v política. ¥ esto ¿cuándo? Cnandodeapnea de kAéPútm^amUlíW' leraincnle sus inciütw innti i jnlcs, se ha en- contrado oou solos los morales; cuando no teniende ni annas C4)n que contar, ni rique- zas de aue diseñe r, ni posición poIRkaqoe aprovecW, se ha bailado sin mas fner^a que la de ■ s« arraigo y predomimu en Ia9 aaÉCNMMÍaB', sin'nMi i Mjui b6(I1IIíIiH4MII * brc el publico é mfluif sobre -él' íf6bíei*no,' que el ¡iiilpiio V la pren.sa. Esto Ir ha bastado para hacer trente durante tres años a los pe- ligroa que ÜrdMÉMittM? pAra'MIaftriftHter i i iy.i a los adversarios, para hacerlos re- üorrilcr en sus provectos inicuos. Precisa- mente en esta época, que al parecer dcbi^ , éboio son los que |>erlaMceii al kh || conducirla á la p()straeieN<yiáMiaMUl¡dad, i) parli<I no llevan uÍKCOn iHUchu sus sido cuando se ha m'isir.tdo mas vitroro^a, iíir punto que sus harnanos del idíuo cuando se ha heclto mas poderosa en la prea- H q«ie no son poaoe lot qna de baHina sa v eMndo ha resehado OMi nts érter^iñl fe lisien tan la.s creencias de la inmensa el pulpito, cuando ha removido mas proften- mayoría del puclilo c^p iñ.! y que los que damcnte la opinión ptiblioa é int^^resádola en litviMiiu.de o4r4.uuiner«, juagan <<anveniea(e su favor. gobierno inlental»a separar á la y kttlaiiidi8|ieBiable leapetwdlMMiiwnle IglérfaKMejMMiiArla Sede-AfMMéA^VfMñú^ ^wUode quedndan en el fondo de so co- cnrah i pi i cuantos ntedíos estaban á sii'üb razón. canee escitar el rencor y el «küo (oivtra Sitas consideraciones, que pruetmn el ¡' cuna Humana, y u| resultado ha sido tan ini^de h Relif^MKe»IIa¡Miña, no funda- I dianM«i!alneiile<ópue!4o. (|ue se ha (bnñáiifay 'las en hechos que alj^unos alrihuirian á de- I la-.opini(»n mas Inerte v compacta que darsor terminado partido político, sino en indicios i puede en íavordu un arroKio amistoso ^leotf que mamliestan k) que se verítica en aque- I Uoa>aci'todoS'*iaei paftidie mnNfe*>iewhM Dlgitized by Google en que nos hallamos con resiKM to:i! Sumo Pontífice, y de anudar las relaciones con ei K^re común de ios líeles. ^ ^ Kilos hiichas Bon sumamente sifiiiilicBti^ vos: pues que semejantes fcndinenos no se veriticarian si el principio religioso no rebo- saiie^ vidav si no tuviese en ii seeiedid' española raices profundas.
Ya que la oportunidad se brinda, pre- senlaremos.una reflexión, que en nuestro <iiil»pCB!i»»' értiiws«4tflii<irla los hombres (|in' (le rnni/oii intoresan por la causa de la verdad..Si bien se observa, las ideas y que se mknm las wédieg Boteiielesv Mil»!
importancia que ha adquirido la discusión en la prensa, v los demás espedientes ((ue se han ensayadk> pera ieflnir en 4a opimoa irtMíeeTOBli'MnIn del gobierno, qvo^ es menester que los católicos no dejemos perder esta bella poMt ion que hemos con- (iüista4o.-4s'|iieoi8o que poP^loleB- Üb^mmi dios que estén á nuestro alcance proru re- mos mantenemos al nivel del si-lo. y qtic sin dejamos contagiar por l|>4ue tengaáe meto, flfes^nÜNÉMii'ile it'Miif i|m MriMs* ña de bueno; si so h;in!_':>M;tdo las amia* de la Tuerza, nos quedan otras todavía de sooUmientos religiosos han tenido en Espa- mejor temple: el vigor del eulendimiento 1Mi4e mucho tiempo atrás w eaiécter suma ■ente belicoso. La causa ro es difiril adi vinaria: por eapacto de ocho siglos la Reli- gión estüw «M. liNht BaleriareoB el-isie^ mismo 't' ln «ras narehába al lado de las enseñas guerreras; en las batallas con lo-^ moros, ius re^ es se veían indistintamente y la enéTf^ de la voluntad.
L;\ prensil l»ítjfi totlas sus formas, las a9f>- ciaciones ora ¡lerpcluas ora intermitenlcs,. \bs esposicioeíes^llnne», las^fHétaBlas lea^ piadas y decorosat^^cn una palahit, ta luz mtelerUial y l;i enertria di' los sentimiento» morales, \w ac^ui las armas do nuestro sifodeadosde magnates seglares < de OWspes> l| gloy sHwas propias ■del*liiiwiNl\> ' eli» y de AlKides. Kit ln> últimos tres sijilos e! cai(O^Í3mo de los españoles se halló duranli> mocho tiempo en actitud guerrera; la Es paña era el ( ahalloro armado que cardaba las puertas de la ciudad santa. Cuando Ja guerra con la Francia en tiempo de la re- yobiciqn, y despu^.nn Ja de laiqde] de^cM, ^' OoaÜHnaran de. tal modo Jas cunstaneias, que la guerra tenia á loS ojos del pueblo espuñul ua earui ter reli^oso: los fianoeses con quienes se peleaba en la pri- mera época eran los pe rse^: oidores del clero, a i^iiieji ja E.s|>uña acogiera con tanta f^eue prerorihles á la fuerza material, que nacen lie l;i ilustración del rntendiniiento, de la sna\i(lud de coi^tumbrcs, que revelan tal' conciencia de la 'digniM^^anana, qo»' triunfan tarde o lempnino mandóse las env- plea en defensa de ia justicia y de la ver- dad. Nadie puede usarlas mejor que laftt^ ligibft,' pues que en ella se «Bcueatm«l' cimiento de toda verdad, el manantial de toda justicia. • ^ - <.
^vi6nbñ^de> esio' m^mtlbmWlá * giosos de Espafta; no idenliii(}uen la cañen eterna ertn ninunna causa temporal; v cuan- Tosidad y socorriera ct»n indecible despren- do se presten a alguna alianza legitima y de- dimíento; y los ejércitos de Napoleón, eran | ceitK»; wm sleiipre eonssffando aquella i»*' los sol(la(los de lili lioinbre que personilicaba ¡; dependencia que reclaman sus príncipioB' en^bi, las ideas mno\ adoras, v que por aña- #Ílorn4wMi^'iidtn al Súuio Pontiiice. De aquí batfesnllado esa propensión a fiar el éxito de la causa á los trances de las ar- foas, y á teiner que la Religión se huadia sillos que la aaalenian eran veneideB-na el fppnpo de batalla. Estn, que en ciertas cir- canslancias lia producido un p:ran bien, con- svi;vaiHlQ;nues(ra independencia v losliabilos d|»tdiHlonitMid. ha desaparecido ahora en aran parle. |)re\ iilei itMidt» los medios inte- %cluales y jufifalcs, empleados últimamente ^irapltj^o tan, feliz, cuando se ha firo* attilpaila necesidad de resistir a* un gobier- ^l^ue se proponia conducini 'v al cisma. Tal -flt^ltespiriiuidi^ia é|iaoa,, tai el desvie oon k inmutables. Repetiremos aquí lo que hemos dicho ya otras veces: no es la poHtica laque hade salvar a ia Religión, b Religión es rien ha de salvar a la jMilítica; el ]iorvenir la Religión no depende del gobierno, el porvenir del goMerno depende de la Meli^ fíion; la sociedad no ha de regenerar á tai' Ueliirion. I;i Religión «s qwen diebe regseae- FU- a la sociedad, n u. ^..f La míccuodiilad de la discusiou para t'idu ■ea-gafaeroar, es un hecho euseftado •or la razun, probado por la historia y con- nrmado por la et^perieacia. Los retrasos que ocahiuoa el trabajo de reunir los votos de ■nehos para tomar una determiiiacioa; los lamrntnhles cslraviüs á (|U(' foinlnre el cho- que de las opiniones, de iiu» pai»ioues e iute- vefies; la oMmckm ei «l eivor oeasionadt por miMor propio pueril, que se aver^Uen- i« df H¡)arlars(* del (IniniiH'ii que ha llegado tt sostener; el predojiuuiu que alcanzan con tÉBla fimeMBcia el iagenio sobre el jukío, Uft palai)ras brillantes sobre las reflexiones sólidas, el sofisma sohre la razón, la impe- tuosa audacia del Iribuao sobre la recalada predeecit del sabio, producen que las gran- des asambleas sean de lodo punto inútiles para izoboruar; y c|ueaun contando en su se- m euúuentes jurisconsultos, distinguidos HteralM» hasta verdaderos hombres dego- bit roo, parezcan á menudo destituidas, no solo de provisioa Y buen juicio, sino basta de leatído oomuB. Por manera, qae de una reuioii de hombrat estimables ^r su sabi- duría y discreción, puede,muybiea resultar una asamblea insensata.
Baü «efdad ba sido reconocíde en lodos tiempo^ y países; y de^aqui es que aun las república^ üiHs celosas de su liberUid se en- trégaruu u iu discreción de un hombre, cuan- do para salvarse necesitaron acción rápida y enérííica. En la milicia, inslilucioo esencinl- meuie desiiiiada a obrar, la discusión ebla loiaUueule desterrada; en ciertos casos se> fia considerada como un crimen: uno solo manda, los denias <i!» •f!"rt'n ciegamente. En las mismas reuaioncA duode se coocede á la «Useusion^cimplia libertad. es preciso nmchas veces apelar a la dicladura inlelecUial, si se quiere llegar á un resultado delinilivo. Fn {Nresentandose un negocio grave e intrinca- do, ¿qné se hace? Se nombra una comisión para que dé su dictámen. Y esta comisión a su vez encarga a uno de sus individuos et ofiteoderlo, y comunmente después de de- beles intertiinaUes se llega á aprobar loque ha propuesto la comisión, es decir, un hom- bro. ÍM qneeftta ibctámen se apruebe ó dea- I ijpnabe, sea cual foen elrasaílade le la ' vofocion. ni fin no se cons¡j?ne otra cosa qne ; adíienr&c ai i>ens«miento de un solo hombre; I porque divididas las asambleas en dos ó trei» fracciones. de las cuales cada una tiene su caudillo, tan conocido como el general de I un ejército, las resoiucioues sobre los asun- I tos de alguna importancia no son mas ({ue la adhesión á lo que ha propuesto o indicado I alguno de esos caudillos. No tanto esta la I contienda cutre las opiniones de muchos co- I mo entré lasdedos gefes encmip)s ó rivuli^.
Asi, aun en medio de la multiplicidad des- i cueiia el poder de la unidad, de esa unidad que rige el mundo moral como el físico, sin I la casino hay orden, no hay belleza, no hay concierto, convirtiéndose lodo en tene- broso caos. • ' Se cree oomnnmenle que tes pasiones sen la causa principal de que en las grandes asambleas sea muy difícil alcanzar la verdad, y poco menos qué imposible el ponerse de acuerdo en las resohidones que convieae adoptar cuando las circunstancias son criti- cas y aprcmiadonis. No ne^'aremos rpie en ^ tales casos contribuya mucho á ofuscar la razón la niebla que levantan las pasiones, de suvn inclinadas á alterar los objetos y a presentarlos bajo el aspecto que les interesa; pero es preciso confesv que hay otra causa quizás mas influyente que ellas: la estrama debihdad de nuestra razón.
£n efecto, si bien se observa el curso de una discusión algo dilatada, se notará que I se alegan por uno y otro lado pruebas tan especiosas, se presentan n*flexiones fan deslumbrantes, se aducen hechos tan de» I ctsivos, 4fne et eolendimtento llega á va- cilar enlie his dos o|)iniot\es coutnirias, ora inciiníMidose a unos ora a oíros; sucediendo L a menudo que lo que u)ilila a favor de una I parte le parcceria del todo concluyente, SÍ B luego no viniese la adversa á destruir la y convicción, y á mostrar qne era una vana ' I aperienda lolque Hevaba todos los visos de II ser la mas positiva realidad. 1 Mfio se jiruebn, todo se combate; no hay I nada tan absurdo ((ue un entendimiento in- geniosono llegue á hacerposible y verosímil: no hay nada tan cierto y evidente sobre lo cual no se piiedíui e.sparcir sombras y dudas.
J£sta es la condición de la humanidad; con- dición Inste, condición lamenlaUe, on^ ti . de firiuides errores, causa de muchas ca- I lauíidades, pero^qne no está en nuestra Alano el dcstniir, y a la cüal debemos resi^ I naruus como ú iiiia do laaUis uii.seritU) que .«oii Boéslfo fiMríníioiM-iiobrela.liemL . De eflliB- coasiderackNMw llevadas i la «'\rtp;ftracion, se podría snrar la necesidad de la regla siaí pro raí tone vuiuulas: mi razón H m volmtad; ^mcirconscrilas á Umilcs justos y prudentes, entraran una saludable lección de gobierno. Prudentes decimos, parque estamos en la prolunda convicción '4e que la mayor parte ao los negocios bu- nmos deben' resolverse por o! fallo de la prudencia, mas bien que por las discusiones; <]ue uo es dable poner fin á estas sino inter- viniendo dicho fallo; que el talento de los lionil)rus de Kstado cousiste principalnaente en un tacto (|ue decide instiutivauicute de tas cosas., y (>uc conduce á un juicio aceitar <lo sm Mcesioad tde mucdio diárafti^ ^ El verdadero genio mas bien re que rf/*- curre; y el takutu es tanto mas cluru y ele- Todo enanlo mas se acerca ¿ esa fuenea in- UÚtiva que comprende los objetos á la pri- IMOa ojeada, que acierta desde lue,:ro en el ,|P0ldl|ierü puuto déla dilicuilad, y dií»tm- •goe eoire b verdad y las apanraoias, sin f[ue alcancen á deslumhrarla razones espe- ciosas. Dichosa la nación que tiene a su fren- te Vü iipnihra de ^esla clase, dotado al pro- oto tímoo de rectitud de intencienes y Jirmeza ae voluntad; en poco liempí» podrá lograr por simples provideucias gubernativas i»(|iieiioñienidildeeaoseguír oon dílala- 4»B dncusiones de asand)lcas deliberantes.
Como quiera, en circunstancias críticas ^rá mucbo mejor entregarse eo manos de qilieB sea capaz de hacer firenle é ta sita*- cion ' la realidad, la triste realidad, suele cncal*- uarse (le disipar vanas ilusiones, en que se • i.i [Hii siipiiesiu que losbbmbre^ son ángeloei; en qne se olvida el coullicto (pie por necesi- dad, por indeclinable necesidad, re>ull;»ri;i del cluMiue d(í las opiniones, pasituies c uite- resf s; en quenafieadknirtéijuc een URff'l^ l>rudencia se |>odria destruir gran parte d«l l»i«>n ipie se ha hecho, s<>mbrando en abun— dani i.i la discordia para recoger luego 0I amargo fruto en dVilii trastoiintis. j.klumtm».
Va se lo dijimos Otos dia al gobierno, y se lo repetiremos hay: 'Ooidado con soltar.<ie improviso el muelK; -el im{H-udeute qaetlp hiciese sería quizis el* priflMW^^pK sufriert el (l.iñn.pcro la nncinii entera podría ba- ilarse en graves compromisos, tal vea e* peligros terribles, desaproveciiándoaa flwipfn naeBle la mas escelente coyuntura q«e aMi* ofrecido de muchos años a* esta p trto pará esUMoBer w<)rdea de cosaá soiidu y du^. radiMP l4 a^ »ni»Sn^M lyt ijjt WÉit aBGRSSO ▲ 1B8PANA MaM tldiaamdtim. '* De muchos div á esta párte Milialla al>- sorbida la atención iMiblica con el n'greso a España de S. M. la Ueina madre doüa María CnBliiia« después de Int afios? medio de nbstracioii hedía de todo méríto per- " la emigración doloresa á que la oliliuárnn los sonal, que di\agar entre los encontrados 1 desmanes de la revolución, y la fea conduc- embutes de hombres comunes (¡ue se creen 1 ta del general en gefe de los ejeaitos reuni-^ eminentes: SÍ no lesullase otra ventaja que dos. Torpe adcoias se moetró Espartero con- la de obrar con mas rapidez y unidad, (|ue | duciendo los negociosa tíui dura e.stremidad. la de proíx'der con sistema, que bueno ó y uo menos toq)e la revolución en apoyar inafo $)iele producir mejores efectos que la r ^iroyectos ambiciosos, aue solo podian venir com|ile(B (alta de el, ya se obienilria UO lie- | a paiar al ignominioso desenlace que saen^ neíicio rpie no debiera despreciar la 18100 y sumó en el Puerto de Santa María.
Atreviéndose a espulsar del territorio e^»- Eiftol é la angMlB Goberaaéora madiede la eíaa, asi la revolución como Espartero se la prudencia, féníl es declaoiar contra la ílegatidad de de un gobierno ipie obra disrrecíonabnenle, coatfa vacio que deja la falta del umcurso de Ía# luces de mk hombres mas prensores e influyentes; en una })alahra, fácil es .señalar el mal pnísente y ofrecer en halaconstituian en h dura alternativa, ó bien de, nu disirular de la victoria sino por muy es- I CMo tiempo, ó de aa^aÍBar ooatca el tiano.
déla escelsa huérfana, Ponpie bien claro se veia que desde el iiKiinetilo que lle;,'ase, la i^Ueñapeispücliva los biendi venideros; peto i mayoría de S. M., los seiUimieiitu^ iibaieSf cnnndo no eoosideracioofís <Ic política, ha- lua» 4le llamar de ihum o a Eítpiiftii a la ilus- tre desterrada; y poi- mas generoso que se quisiera suponer el ccprtlfeon de 'ki «soélsfl Princesa. por mas f jnr fnera de esperar que, •Ifidada de hs agraviuí^ con cpie desapiada- dnmeiile la aflijieran )a ingratitnd y la dcir- ImM^«iío ákn^tntt •eatiinientos'dc paz y de perdón, y que no fe entregaría al inno^ Me plaeer do la f cnganza, sin ^bargo, era iBp08ÍMe éeaconooer que s« v«ella debía eMaf pMce#d^ é '«^giiida de iin nuevo w-^ tepBitwo y la reroltieioñ m podiiin ealar en Madrid cuando hiciese sti entrada en la capital In au^'usta señora i|iie tuvo que sepa fSRe de bus hijas en las ptayat^ de Vulunciu, Ár^lii» waamo que danlíi^ar su an^us- ttdo corazón con el manifiesto de Marsella. AtoDlar contra el trono de Isatiel II en be- iaido del soldado de fortuna, era empresa htfivdilieil, por fiodedr imposible: si tan iniciios proyectos existieron, la lealtad del Dos cansas han contribuido ú interesar 3r los pueWos en favor de la ilustre Princesa: el infortunio y la espeiansa. £1 tnlorluaio. porqve k» peehoa espeftolte* aeertmtlwideli á un amor entrañable á sus revés y á un pro- fundo respe lo a Iímíos los nuembros de la real familia, se llenaron de amargura, de compasión y de ÍBé«;McioB'geiievesa al pie* senciar la escena, niincíi ^t''!;1 en este suO^ lo clásico de lealtad e hidal^íuia, de que una augusta seftora, viuda del Rey, madie <ki U Berna, te ^ra dmiba(k del poder y lan- zada ñ playas estranferas con f^rocederes ton villanos, por el mismo a cuyas luaiioa se entregara la eonfieda Prineesa, y á quien hiciera árbiiro de los deslinos de la nación v cusfí dio del trono de <o <'?¿celsn hija, t-uau- do Mana Cristina uo hubiese tenido otro ti- tulo para inlerenr en sa favor al pueble ea^ pañol ^ ini-rt'cerlc espresiones de íifrrtn y veneración, bastábale el halier sido vicliuia de la ambición de un general, para quo al- canzase la ovación continuada (w^ne oa si- do objeto en lodos los pontos de «n carrera.
paebk) español tuvo buen cuidado de dcsba- ji La esperanza, poroue la nación, que tanto latarioB A tieaiipe La revolución abatida y humillada, y Esrtero contemplando desde Londres el íriun- <fó Mana Cristina, son dos hechos que eaa lüctt prever; v por le mneio, cuando Esjinrtero y la revolncion se niancnniunaron para llevar adelante su obta de iniíjuidad, á la uegrura de sn conduí ta añadiorou hi tor- ptnu Tritalernos'nii bonienage al pueblo español, que asi sabe decidirse en pro de la inocencia y de la justicia, y demos gracias • laPwVMenaia por hal)erse dignado condu- cir ha acontecí miealoe de tal manera que resafln^jc In voffinnc espiacion a ipie ha qne- rido someterse á los autores de tamaño La augusta Cristina ha sido recibida en todas partes con inequívocas muestras de afecto y eotusisoreo; las autoridades se han tawaail» ea ebsequiarla eaa) eumpUa á eo rsmeraíla clase; pero menesler es confesar qoe la aie^'rianoha sido nieranu nte oficial, sino que lia salido del conizonde lus puubius. May eosafi' que ao se lingen: los arcos de Camacbo en la entrada del n- rnt • < n \ i l»M^ después del bombardeo de Itarcclona anliela una épaoa de ttétn y de paz, que tan fotigada se l^dla de revueltas y discor- dáis, (¡Mr l?m explotada se ha visto por los j prlidus y uundnius que sucesivamente la I han dominado, que tan deseeperaaiada eelá de obtener lo que necesita para reparar sus males y abalanzarse hacia la prosperidad a que se siejate llamada, si no se io^ia que eJ trono recobre fuerza y prestigio bastaates [)ara imponer silencio á las pasiones, calmar os enconos y concibar los mtereses eaiCOil^- trados; la nación, repetimos, sedienta 4k un mejor porvenir, vuelvo afanosa sus O|joa híu ia cualquier punto (pie le liriiula ron un rayo de esperanza, y no aparta su \ista d«| aleáaar de eae reyea, donde confia que des? eenderán las inspiraciones de San Fernando.
Tan a^qtierosa, tan inhumana, tan cruel y destructora se ha nioslrado la anarquía, tan insoléotet los tiranos que se levantaron sobre las ruinas de las instituciones anti- guas, tan opresores los que apellidaron rneur lida libertad, que la uaciou. ba conocido, sentido, pa^do, la diibrencia que va del imperio de sus rr\r:^ -A i\í' in pif ^ i.>adoB niaodariues; ha esperuucntado qj^e aqueUoa na pédieron arranear vítores de los cu- gobiernan agitando suavemente an eeliO 4q riosos, ni evitar que atravesase las calles oro, y estos blandiendo el iMatonJhmlalqaa d<'l mismo >fadrid en medio del mas aigniíi- empuñaran en la |)l^a pública, cativo sdeucjo. I Por Q6lo « al ver a la augusta madre de la 1 Reioa que vuelve |)ara abrazar á su esc(>lsa bija. y lijar al lado del truuu su morada, la saludaii «en eatiUMwno < eoo demostraciones de júbilo, )K*n.sando (fue (jiiizas In osperien- cia y el inl'ortunio, iospíradus |)or el autor UMtemal, gniarán por acertado camino á la nogortn BÍit, cuya tierua muño acaba de empuñar las riendü» de tan vasta y InÜMya- da monanjuia.
Si, e8t««8pennsaesla que ali^^rra al pue- blo español, es laque le hace saludará ia ilustre Prinresa con efusiones de aihororo; i^nc si no ki halagara tan gratopensauucnto, uclo que ebta dulce esperanza, no calie i encontrar persona qve pueda ejercer dccidi- I do atMiendimle sobre ef.Éiitw da <h<H;.«WMi el (le l;i aiiiru^^ta Princ's-i cuyo refrrr^o f España eütan celebrando los pueblos. es (¡ue estosttiyiiiii •e#w»4i fietsaoifiesetw. (i<> iin órdfÉl díe cosas inenos dcsvtMiturado» ijue hasta aquí, n Iíi siiUi(l;m ¡illmnizados esaiMo üH'usagera de diai» nutb buiiuucibleü., La auj^Mn fiajBWI mt'1Í>tfegfrf»<P twlos loa punios de su tránsito la mas pro- funda rclijiiosidad y tierna dcvocitui. A|>e- nas. acaba de llegar a una {tubiaciuu donde sino vieft en el regrese de Cristina mas | di8ÍhMliril|MiittelneÉ«eBi'de^ descanso que un acontecimicnfo orflinariti, ii:rato y consolador para la real lamilla, (Mildiiros*, bien que no dejara de espresar su afecto y venencioB á la a uguate Tii^ra, lo haría empero con aquel adornan fira\c y mi'ianrn- lico coa (|ue los afligidos toman parte en las satisftMWiones agenas cuando á ello les obli- gan el respeto y la cortesía.
Dilicil es adivinar ruñl es el giro qm» to- marán los negocios de Espalta teniendo a su ledo Isabel II é ese cooaejero natural, de in- fluencia efectiva, contra cuya realidad nada jxiedcMi las licciones de Ins hombres. ¿ Como vedar a la Reina que comunique a.su madre ius pensamientos y sus dudas, y la supli- que que la dirija (' ilii^tri'? Para obtenerlo menester fuera intcnlar una niieva separa- tion, porque a ello se resisten los mas po- derosos sentimientos de la naloraleae. ' Si el real palacio estuviera como en otros tiempos con numerosa l'amdia; si Isabel no se mibiese eneonirado por espacio de mas de tras aBos en la mas pavorosa soledad, sin ver en los salones de su alcázar á otros que a los enemigos de su dil'unto padre y á los autores del destierro de su miidre; si 1inbre=* ra tenido junto á sí personas de su familia para consolarla en sus cuitis. iKtsihIe fuera que el ascendiente de su madre se encon- trase con otro ascendiente rival, y que en los negocios de gobierno alcanzara este una participación mas o menos estendida. Pero ahora, cuando la escelsa huérfana ha estado separada de su madre y de todos los miembros de la real familia, y hasta priva- da de los individuos de su servidumbre á quienes habia podido cobrar ctriflo ^sde su primen ínftncni; cuando en los últimos tres aflos no habrá tenido otro recuerdo que el de su infortunada madr^ ni otro anhelo que ji ingratitud de un soldado y de los. misino» a el devnrie de luefo á su lado., ni otro Cftn- I quienes abriera en breve laa puertas 4eJa dirige desde luego á la ii^lesia á rendir gra- cias al Todopoderoso por el benelicio (¡ue le esta dispensando, e implorar la bondad 4i- I vina para si, para sus escelsas hijas p^Éll (>< pueblos sometidos al cetro de la inord|É te Isabel. ¥ no sin razón se enderezaiiiA ( ielo los pensamientos y(«l««oraion de.4i augusta señora, que halpaÜüdo la copa éá inroriniiio. lítiiln nías amar>:a cuanto se la nro]>inarou aquellos mismos que poco anleti wr iribntáraéibe rma» itiudMafc lisonjas ¿ «q sin ra7(ui so ondévezoi al cielo los pensa- iiiicnt(i> \ o! cnra/on de osa augusta señora (juc l<in(o lia inHuido sobre los de.'-ttuos de lawoien, y que tentó podrá influir en ede- lanle; no sin motivo invoca los auxilios de la divina jiracia. (|uion considerara como un deber sagrado el ayudar á su escelsA hija con sabios const ii ». para reparar en cuanto ¡losible sea b;s incalrtilíililf; males que ha sufrido la nación durante las pafiadas (¡¡¡tr cordias. ■ ^ ^ -.''^«i. í(jr*j^iv • i'.<, u i Al descender de la ciimlwftieles Ptriueea.