han debido ocurrir a la ilustre desterrada pedsanienlos bien graves. Om fm pialaa los mismos lugares con la mente halagada por hermoso porvenir, con el corazón innn- dado de placenteras esperanzas. ¡ ^uiéo Ja I dijera ealonees á la inesperta j oindida Pri»» rosa los acontecimientos f|ue d>an á sobreve* nir, la terrible situación en que se habia de encontrar, los sinsabores que la aguardaban en ese pais don^ no ola otn ceea qutcin- tioos de entusiasmo y de amor, y que tan presto se habia de inundar con torrentes de sangre, y cubrirse con. inoendioB y ruínual ¡ Quién la dijera que había de anCnr el Irá- írico desenlace de una emigración, por la jíen graves al coni{}arar unos tiesHios con oIrM tiempos, y al roconiar |« serie úe acnn- leciinientos coíosali's que so ]m\ verificado de«de su priaiciu venida, ^ que!>« han uní- j la si d» á «p> nombre; debieron de asaltarla pe»- nuestra patria. No perdonaría fácilifienle lai hombres y la enseñanza del inforluaio..
Tiembla de espanto pI corazón ai tijar la« ininidns sobre!a carreni que iw indeclina- ble iicri'sidntl ^emiiria la revolución españo- olra v(>/ se a|K)dera«e de los de»ilintís» ^ anmicntoü bien f^raves, y considetarsé etf rei hamcnic obligada a consagrar sus días á iu íelicidad de ese pueblo sobre cuyos desti- m pingo al Aliiaino eoncederie tan poderos sa influencia. Por esto no eslrafiainos que el ferviente entusiasmo lie (|ue le <la (csliinonio In continuada ovación de que es objeto, no ki éirtUniga de sns pensamientos religiosos, antes si los:ni\e mas y mas, } la imluzca á tener lijos los ojos eu el cielo, cuando de tal suerte na esperimentado la vaqidad de las de la tierra. Oulera la Providenria inspirará laaugus»' la Madre de isal)cl para que coDijirenda é teda In sitoaeion del país, si|s véraaderas necesidaden, el oriisen de sus males, y el remedio (\m se les ilebe ai)li( ar: (juiera ins- pirarlu saludables consejos para diri¿¿ir a su eacelan Hija en hs crítíeas pero ravorables circunstancias que estamos atravesando. Pueda no olvidar esa atJiíusla Señora que solo hay fuerza, que solo hay elementos de Man y estabilidad en las ideas y sentimien- tos nacionales: y (|ue en esas ideas y sen- timientos descuellan la Religión y la mo- narquia. Pueda no olvidar que las palabras áb las hombres son vanas, que las lisonjas <}uc se tributan en l¡em|)os de vi iilon» se truecan en grosero insulto cuando sobrevie- ne el infortunio; pueda no olvidar qoe de la eoi^ucta que se observe en tos momentos présenles depende el porvenir del trono de bu augusta Una y ia ¿iuerte de la nación. Fnedn no olvidar one en el beneficio que la I está dispensando el Todo|M)deroso llevándola de nuevo a abrazar á sus escelsas Hijas, y conijx! usándola las píisadas amarguras con ■u viaje deCriunfo, viene envuelto un dei)er gravísimo, sagrado, de colocarse al lado del Irono de la inocente Isabel, de dirigirla con- llMamenle y de no abdicar esa c.«>pecie de detecho, aue tantos lilulos juslitican« por I de Inglaterra del dia 28 del mes próxiinñ temor o deferencia á las teorías revolueio- i pasado es notable bajo muchos as|)ectos« Barias; que el Rey deln; no solo reinar sino jj Lord J. Manners hizo una moción cu^ el (dn taaibien gobernar*; y hi candida inesperien- cia de la augusta persona que ocupa el trono ha menester los consejos de quien humillaciones qoe ha sufrido, no se dormilín so!)re el triunfo. no tralaria de eontem|)ori- zar.pam atraerse pruselilos: cnlru ella y el trono bay abora nn abismo; y delládndal trono se bailan lodos los grandes intere- ses de la nación. Su ¡¡rinier paso seria llamar de nuevo al proscrito de i>ondr(s, le- vantarle de nnevo al poder con vno ú otro tulo, que esto poco importa, lan/ar del sue- lo español a la augusl^t Madre de la Uuina, i y quizás, quiiás ni la raisoia inocencia fuei^ Mstanta á proteger á la eacelan ifaiérfinm que orupa el sólio de sus mayores. se daría osadamente el paso a que nadie se ha atrevido basta ahora; qnisáai 4 se^donin barU sin rodeos la monarc|nia, ó se establun ciera á sus inmediaciones un |>roteelorado que tuv iese al monarca en perene tutela.. ¿ Qué conipromiaoe ptidiera ya temai? ¿Qué peligros la debieran intimidar? Colocada en la alternativa de vencer o morir, se arrojara, no lo dudemos, se anteara a los mayores iMoesos; y si eslos abreviaran los dias (le su duración, al menos se balíi i gozado en ql placer de inmolar victimas a su veni^pza., Tan tremendas consideracionet inspioiii la mas seria inquielnd, la flMS viv» tmedlld sol)r(' hi ninrrlut que en lo sticesivose adoj>- tc; según esta sea, lal sera nuestro porvenir; venturoso y balagtteiko, <>tempe«tuosq y pieMo de deuslies. u.i mina íÁnmm..
La sesioii de la eAmara de bit Gomaniái iéto de que se representase i S. M. contn la detención que 1). Carlos y su familia esta- ban sufriendo en Francia, y se suplicase ^ baya podido amaestrarse con la práctica de | la Reina uue interpusiese su mediación con.^1 kiMfncioa, con: «1 coaqcimiento de kif I giobismoDiMés fftra que concylksc h| Ih Dlgitízed by Co< tiertad a los (irisutueros de Hourires. Soa que lii tnocion procediese uriK amciil»' do la bue- na voluiitiid de M I. Manners hácia \k fa- milia \) ciarlos, soti (jiie los niiiiisfrns se hicieseii inleruelar adrede para leuer (R'usion 4É^dM*«8(it}eflMlMf «ibbre pantos dü alta ini- líartancia, pues que oslo último saben ha- cerlo muy bien los dipicunaticos ingleses. lo cicgto ea que resultaron de la moción decla- nMHÉINHMMev'V'^lffÉt Mtt Ito ¿Hlioés eir- nmst.incins qii(^ estamos ntrave^Dídb n0 de- ben piísnr (li'<;ipt'r('¡l)i(l;is. * Sir Roberto i'eci alirinó csplicitameiU*' dio ciiando inipfdia «pir los emigrados ¡n- tn^a^en «mi sentido hostil contra una poten- Htf tecina. Abstúvose el niinistix>de discutir la ley francei^a por la <M«t el'f^érdo dé lat^ Tullerias tieiic prisionern en Rn?iriri>s a don Carlos; mas no dejo de añadir que asi lo «Itiltiinlas leyes y I(«r1iiter«ses de lo Fran- cW^; T qoe esta medida estaba mny confor- rríí con las ohli^'jicion*''^ qno tiene contraídas la Inglaterra con respecto a España « á cau- üf de que esta úMMf lIltfíüu podría f^r vic- iiMt de nuevos trastértMiníI>. Carlos alean- xasela libertad Harto rtofíTror.ado, dijo, se baUa este pais jKir las disensiones intestinas, fm' es ]usto fl;2<ravar el mal 'Odú^M^do que un elemenin uurvo de discordia promue- va nuevamente la guerra. Asi pues, el inte- rés de la España, el de Trancia y el de lii- glaten^ exigen que la pícese ocia de¡l>.'Cár- M)ri' la suerte d- la IN'iiínvnh, los n Descoque aquel pais goce de uu gobicino íffiflp^MMé' y mmltíwmM, y deseo sobre tOd» ( I termino de élD5 connio^^UMPríbles 3ue turban la paz é impiden la pro-pcridad c España. UeiUí^n:£onocido a la Hcína, y si Bi'dÉÜét TÍwrea aquel país;.en (]w.<*e convierte nneslro recnnnciniienlo?» De esta declaración resulta, que la Inifhlerni anda acorde con la Francia.en que cuiiliaue pri- ▼aia^ su libertad el Principe encerrado en Bouríies, é indiea tauibien (pie la Francia por ahora no trata de des\i,i;M' de la Iniea w'lfcOndncta observada lia.'-la el presente. AllÉP#s desvanecen los Tumores que habian circulado [jocrt tiempo atrás de que I). Car- los;iba á alcau/ar su lil>erlad; a juzgar por Ks'aiMiríencias, la ndtícfa éstah.l de^itilnida de' fundamento. Ksle hecho es • -rave. supuesto que tal vez podria inanifevhir tam- bién cmil es la voluntad de la Fmucia v de tt' tnglateirt^^>»iie^*fe8Í^WÍ'iÍ>M «wMü importante que se ha de resolver eaiia{KM>| venir no muy remolo. - - '4 Sin embargo, esta última coni no es tan e\aeta como á primera vista po-í diera parecer, supuesto que las idteríore» declaraciones del ministro indican q«e han hecho á D. Gárk» pfopfltÍHOBi»* fmm inclinarle á que renunciase a la esperanza de volver á España. No sabiendo á punto tij«. en qué sentido Bglabmi"BiMCbidM \m ymm posiciones mencionadas, udA podcaws cir sobre la ilaei(m de que trniamos, dado* que ignoramos cumpletameule basta «pié punto se hacían coneoaionw á fl(]ael PrtacÍMi pe para inrlinnrle a lo (pie de el se exilia.
«\o conviene, continuo Sir Roberto Peel, que la cámara de los Comunes se entrometit en una cuestión puramente francesa, y en— ponga al |)ais por una parte á la humillación y }>or otra á la guerra. Pero rediaiaado la proposición creo podier asegurar que el Ptimá cipe sera tratado con toda la atenctomdelMiM Ks un Príncipe de la casa de Uorbon, y co-* mo tal será respetado, ademas de ijUtí tieu^ á su disposicíou un ndio de cuatro la^unA» Si D. Carlos se eompronmtitra á establnmm en ruaUjuin punto de l'Ainy¡>a qxte no fuera Esmña, y rñmneiaae ú huiu experanza de roiTer á a(¡«el pais, m ei gokienio ffwmé9 ni el nueslro se njtondriau á que saliera de Finnriii. Creo haber dicho lo suficiente pot ra determinar a la cámara a no aprobar la proposición de lord Jobn IfoimerK, tiuien sin du(la no (juerrá comprometer los lazos de amistad que uucu actualmente a la f raooin Dos ideas sobresalen en las declaraciones del miiu.stiít in::Ii s: 1." \aluntad decidida de que D. Cijrlus permanezca detenido en l*ran* cialiKtií^tieTeMé Prtneipe ofretca la saiwft- dad de qoe no |)erluibara el reposo de la Pe- nínsula con sns prclensionesal trono: i." de- seo de <|ue i). Carlos renuncie á toda esi)e-> ranza, y de que asi pneda salir de la prisión en <¡iie se halla encerrado. ¿Cuales serán esa> condiciones bajo las que se lo ofrece la libertad? El ministro no lo indica; pero lord PalmerSUM-;' que no estaba obligado á tawln reser\a, y que habia esludoen [xisicion muy oiKiituna para^saber lab neguciactoues que sobre este piiat»ilaihi«i ínMiado, no twro dincultad eMpeapticarse mas; bien que no puede iníerirse con toda claridad si sus |M»ia- nras dicen relación únicamente a los tiempoa jasados ó ti oonpivDdfA limbM» loi pfMi- Dlgitized by Gopgle les. W ex-«inistro de ncírocios ostrangeros, importantísimos en el camino de la reparadespues de IliImt munirestadu que se^un las leyeii es{)ariulas l.salicl II era la Reina iegí- Uma de España, y (jue seria absurdo é jfe*> (lii:nñ del fíoliierno inglés inlcrvenir ron es- te mAi\o cerca del Iraocé^ eit uua cuetiliua («nineQio rrancesa.aOadió: ^B» Cárhti9&' fk piMlo 4111 npttro en ti^kd-ti mpeñase $H palahra de honor jle m entrnr en España.
f ion de los males sufridos por la Iglesia: y fuera de temer que una imprudencia de los que confiasen pcÑder derrílMT la dinastía rei- nante ó foiizaiia i ana transacción, hiciese relrui'eder á ios gobcruautes hacia la des- confíanza que ha domíiiado hasta aqui, y quizás provocas» puseGHoiiiHs que, pmr injustas que fuesen, no dejarían de enconaos de coasenlir eu dar esta segundad, no i trar quien las escusase y legitimase. £1 par fm^irií4m mmtiar «w éenehoiá ftmr I tiio estreÉM» qne «eaba de Meambír, y que utHhijo, y Boes dudoso que si hoy estu- en los dias de su mando lia causado tantos viese kbre' volvería á su pais y encendería i dafins á la lijlesia (joniéndonos en tan inmiwewDettle el fuego de la guerra civil.» 7 i^fim wigk COR 4>jo abservador el curso de loa ■BfKÍOB con respecto á la ^rnvisiuia cwfliion cuvo desenlace se va por njomen- Us acertanJo, rccu^^t-ra cuidadusamenle es- ím ditos, que pueden servia ne pDMifüra fomiar conjeturas sobre la inayoi o nii ñor id de las noticias que hau circula nenie riesgo de un cisma, levantaría de nue^ vo la cabezá s ofiradeado mi> apoyo al' ttono de IsaÍM'l, y este se viera en la necesidad do ace|)tar el;m\ilio de aquellos a <]uienes niifa actuabiKiile como implacables enemigos. ■ ¿Quién es capaz de calcular los males de inmensa trascendencia que dimanar pudie- rao de situacioo tan complicada? Verdad ea últimos días ea favor, de algUBM I que todas las probabilidades , poco antes mirados COD desvio « y I qM por roas videstos que fueses los de se^ruro esduidos de obtener una mano f rosque al principio se hicieran, la guerra lUi^nista. Bien pronto hau de presealarse 1 seria ahogada eu su cuna; pero aun en este délos males que acabamos de anunciar, y iMMeilaies aue solaren mss y mas la l taifiés. y revelen á los no iniciados en los misterios de alia poiilica cuál es el destiao I se habrían esterilizado los medios de recon- 3>Ui reservado. ^ ciliaciou universal que no sin provecho se que aes e> MNás personas y sobre las dinastias cstaa los principios eternos; y los partidos 3 uc k» profesen cou profunda convicción no eÍNyi desalentarse jamas, sean cuales.fuer M^flMNMMtieiones á que se k>s someta, pa- ra harpr profesión de sus doctrinas y procu- rar aiie desciendan al terreno de lauraclica. UiÉMibres anustei de la Mi^ídBa de Es- rMIMinr lectaazareomo QttSídea funes- ta^ quizás como insinuación ]>érfida. todo OM|j| encamiue a euceuder de nuevo la mmtn'ú, sea enal fuere el pretesto que Nn eUo se tomare: sería menester cerrar ras ojos á la luz para m ver que los esCuer- H«qae se hiciesen con las armas en la mano Krín del lodo esléríles para el bien, al pft- foque acarrearían desastres sin cuento.
Por de pronto, toda tentativa (pie se diri- íiwí.m; a levantar una bandera contra el go- Pero sujíongainíis (juc la smerra pudiera tomar creces, equilibrándose de nuevo laa fuerzas entre los que militasen por el trono 4e Isabel y los míe defeadieaen>4l principio opuesto: ¿qué nombre, en cuyo pecho la- tiera un corazón español, seria capaz de co- locarse 4e nuevo en 4888, y oontemplar sí*^ horror la hunensa cadena a» desastres qnei iban á renovars<» sobre esta nación infortuna- da? ¿Quién sería bastante inhumauo para compíaeerse en la idea de que fai sangre e8*> pañola corriera de nuevo á torrentes en Na- varra, en Cataluña, en Araíion, salpicán- dose mas ó menos con ella todas las demás provincias del reino? La Providencia alejará* de nosotros tan terrible calamidad: y esta- mos seguros de que la inmensa mayoría de los hombres cuvas convicciones los llevaros biemo de la Reina empeoraría notablemente | á simpatizar eon el príncipio qne sucumbió la causa de la Religión, pues sus eneniíííos w dejarían de achacarle la cul»a de las nue- vas deoordias, por mas (luo ella 80 mantu- viese Bgena á las vías de hodio v á todo lina^de intrigas. El gobierno actual, arras- an por la opinión publica, ita dado pasos en Vergara. rechazarían con espanlo todo plan que se encaminase á aventurar á los' trances de las anuas el trinniii dosas idoss.
TU 10 íít •It?, lo qdP hajo ricrlos nsporlos no ha dejado de Iraer graves danos. E-* d<50(rin;i de lodoü iuá uublicislas que ia uiouamuia, para se^ stíMtí y no áé^^mm^ú tíimtea; na me^ nester eltpoyo de una cinso intermedia; esta clase ha faltado en España y de aquí han dimanado muclius inatesr ITerdad es que el poder del eléfo suplía en nlu;un nv^lo el de- lecto. iiiMS ¡M)r esto no'íi.i dejado dtí sentirse la falta de uri:»U)cracia seglar. La ni0iiar(|Qia se hizo en BsfnfM demMitdft dcuvocfift^ft, y asi se entroniró el despotismo de liA Wl* nistros y privados. A la sazón no entraftiha la dcQiocraeia bastante fuerza para poner frenoé los deyiAMhio Jos goberaanles; y el Monarca. llamando á solo el pueblo f abatiendo a la nohl va. sabia ípic en él hn^ bia de eucontrar no un rival sino un servidor.
CuBÉÉk se piense scriainente en reorgft>^ nizar esta SíK'ieíhid des(|tii( iada, sera preri- condieote, nó es por los Utuioa de ííu ^una^ | ciso andar en busca de los elementos que sino por su riqueza, por sn saber I puedan servir á formar una arisU»crae«É «'«i^ mérito de su carrera: si á su lado se baila [ nio lo han hecho y lo están haciendo iodúá los países del mundo. Kl alto clero y lo9 grandes propielurios territonules son las dof efMéb'que |>re9nfttaHMti bise- se^iv.' intentamos decir que no se puedan coipbinar con ellas rí'S¡>i'taliles fortunas de otra espe- cie, mentó conlraido en honrosa y dilatada carpera, capacidid^pNíbMNhen el ^sempc- ño de elevados cariíos: jmto todo c-^to ha de I ser accesorio, y dehe eutr.ir en pcíjueña cantidad, si no se quiere que la aristocracia se pueda variar, (lestruff ó liÉpiWíilMU^-^nai K mas de la religión v de la monajcnua, ij ¿hay otros elementos en la sociedaMfmtti || que entrañen verdadera fuer/a? 1.a aristo- cracia, ia democracia projMamenie dicha, ¿que son entre nosotros?. c ■■ , Nn hay pais en el arando donde 4é8 cláses (Míen mas niveladas que en España. I.a mas alta nobleza no disfruta ningún previte^io, no está sej)arada del pueblo por ninguna btmrasoeial mpoUtica. Sí este ó aquel no- ble, este ó aquel grande ejercen alpun asnn hombre salido de la ínfima nlelte, pero que haya Llegado á poseer iguales rit^uezas y datospersonales, ocupará idéntíea4MSÍeistt social, sin que le rebaje un solo grado de su altura la numiklad del nacimiento.
Las costumbres españolas eslan culera- mente acordes con esta organizaoit»» social V política..\(jui no se conoce entre los í:rnii- áes esa infatuación aristocrática de Inuialerra Í otros países, donde las familias pri\ ile¿(ia- • come que se lisonjean de pertenecer á mas alta especie; no hay en Eí-jiaña esa i el antojo de un ministro etiqueta que separa á unas clases do. otras.
pfnt es un pénese reeoerdo de la'iloMiiDi^ i d«rlh''^ liil''^nsayo que ni surtíoí ndad, y una continuada ostenladáBwb.'ilsatl efecto ni podía surtirlo. Kl principio ersi titulos de sanírre. A(}ui todas las personas - de elevada, calcj^uria apean desde luc¿;o el , A propósito del alto clero, el Sr. Marlim^z^ tratanúento; y si ellos no se apresanm^ nos tomamos la linertad de hacerlo sin su per- miso, para librarla conversación de liabas L dejarla mas suelta y corriente. A({ui uu mbre de la mas humilde clase de la socie- dad detendrá en medio de la calle o d •! ¡« i- seo al maselevado magnate. En unapalalira, la aristocracia de nacimiento no existe mas que en el nombre: y la de^ las cualidades personales es muy poco exigente sí se la compara. cou la de utrus paises..■ Si Ua» aeobsenra, esto no ba Httpado de la revolticion, poniue antes de ella ya se velan encumbrados a los primeros puessaludahle j ero evfal):\ mal aplirado. Cuando algunos iiuluiduosdc una clase entran en Uaí(méri)o (|u.> AiMMUAM'1l'4MUra<'^(MA^ sí solo deben cBta éfstíncion á la elección del gobierno, no van como n'presenlantes de su clase, sino cuuio pei'suuas agraciadas. Des^ de aqnel^ÉÉaiillWfierden la ÉHIj»u»i 0m, del iiilliijo y prestigio (pie Ies correspoi^' j)or su categoría. Ademas, que en In éfi6ba del lislatiito. halKindosi» ftiftodo su ardimieO'- lo la guerra dinástica v jM.liliea. los obis^» pos olev.iilnv,\ la di.:m(lad de pn'x-er, por mas grandes uue huinerun sido sus virtudes y saber, pofWíf'respetnbles qne foeranriM» JO todos conceptos. desde que se sentaban en hw escaños di'l K-laüiento tenían rnntrasi tos del Estado hotubies de cuna muy iiumíl- H a la parle de la nación que opinalia en.taviir tle I). (darlos y de la monarquía alisolula. La. (Utiriu, uues, que uslus prelados |><MÍian ter» \ ía sociedad, la perdiao en el évdea itico; el ministro que crcia llamar en su yu á una clase, solo llamaba á una l^na. ¿Cómo se dcbia remciUar el dañp? aquellas circunstancias ora írreac^iatilQ,. rque iio ora posible hacer (jiie desapare- 1^ divisiuii en la sociedad, y, que ol in- , que tomaba parte en un.seatido po- iiíico, no fuese mirado cun desconliauxa por los que deseaban el triunfo (lel¡);u tido opues- to. Desde entonces la situación ha variado, V si bay previsión en nuestros gobernantes. p^;de ln.i.i\ i.i \.iii<ir y mejorarse mucho mas.
El jj(Jti«'r (juc. >c viese rodeado de la adhe- siou bluieru, liruie y aíccluu>a de lodo el episcopado español, sm divergencias de njn- apifiia clase, ni de los obispos entre si, nj eor U¿. ellos y el gobierno, alio;,adiis para siem- p^ todas las cueslio^es que sobre este o aquel punto pudieroD eaoftro^tieinpófi intrch- ducír la divisiim, este poder tendría en tofno SU) o una verdadera aristocracia ecle- ^fitica, y esta aristocracia Uevaria iras si i resi>ectí,\auiculc cabe al uno y al otro libros üaírrados: pecnnio) obediunt omnio: todo ubedece al dinero. Kas rique/as propor- cionan medios para satisfacer las nec^sida-^ des propias y iíOQar|ftR j«l>ilgenas; lo pri- mero n>oi:ura la independeneia, lo se^íundo forma cbenlela. Esta es una leona muy sen- cilla, porque se funda en un hecbo palpa- re; es una teoría inslrslructible, porque es-. Iriba en la misma nalurale/.a de las cosas: una teoría universal, pon|ue donde Uu) a hombres habrá necesidades y deseos 46 lisfaeerlas. Esto no (le,:.Ta(Ia el mérito ¡)er- sonal; nuda rebaia de l<»s timbréis del saber y de la virtud: el rico podré ser malvado y el pokc virtuoso; pero siem|)re será verdatl que el rico no e<lii sometido a las tentacio- nes bijas de la ueccsidad, v que atendida la llaqueza del coraeon humano, sobre estas probabilidades puodQ basarle una sólida leona: siempre será verdad (pie el rico ten" dra uicdios de iuiluir de (|ue el iK)bre,esta (alto V y que de esta diferencia de condiaon^ y en igualdad de las demás cirrunstancias. se puede inlerir la diferencia del íuilujo que nada oeAos quQ á todo el clero y á lodos los hombres <jue reúnen las creencias relij:{ios;i> el apego ¿ las tradiciones, iustiluciones jcosUimbres anticuas.
Esta observación que hemos aplicado ák fisiocracia del clero, sceslicnde también á ^ seglar, porque no basta «{ue el poder ten- ¿a en su favor á este ó aciuel grande « este ó Muel ricu propietario, es preciso que am- ' rante la revolución» lo8 conservadores han 1^1$^^, hallen en armonía con el país cuya rwpéza reprcseulau, y (|ue por cousiguieiíle todos ó la inmeoM mayoría de elk» estea ¡uordes en los puntos mas capitales, y no divididos cu ninguno de mucha imporlancia, «otra suerte las iutlueocias contrarias se atrapcsan, la fuerza aue por una parte quiere el gítbienio se halla neulrali/adapor otra iyual o superior, y jauias se llega a la luslez } estabilidad que necesita uu po- ^pjura hacer la felicidad 4e la li«ejiii;que está encomendada.
Ya ({ue en Espaíia no es posible lomar base los titokis de nacimiento, es pre- ciso atenerse á la riqueza, y esta es wa aristocracia de to»los los tiempos, una aris- ^cracia <|ue uunca perece. Porque dígase I^Pe se ({uicra del poder del-am-aa el pn>^ senté siglo, lo cierto es que es ya muy an- tiguo aquellu del poeta: auri níicra faiim: gani/.acion actual es i\w la riípie/a del pais no está en juego en la miiquiua política. Siendo la España un pueblo agrícola en su iomensa mayoría, debiera "rw piirtw'nil i mente la projiiedad li'rntori.il. comenzando desde las municipalidades basta los cuerpos colegisladores; y esto no se veriHca. Duinvocado el f»rincipin de que la rííjueza debe ser el barómetro de la inllueneia i>oblica que se ha de conceder á los individuos; peía este principio era irrealizable, mientras una parte de esta riqueza simpatizase por los que miblaban bajo la bandera contraria al go bierno representativo. An aeqoa^.é dispo- nían (le las urnas cuatro aventureros sin for- tuna ni hugai', o si prevalecían las idc4|%- conservadoras., estaba reducido el movir miaaK^ialaaiml á muy pocas poblaciou^lli y aun en estas (jiiedahaii cliniinados de he- ebo todos los conocidos por su desafección ó iiuliferencia..£n ftdieándose de tal manera latiinstitucioues^ ya sea por la mano del hombre, ya sea por efecto de las circuns- tancias, es imposible que se espentai;nle, ningún resultado provtchoflo; lo qiialéi4a« espe rimen ta son los males que la> institu- ciones llevan consigo, y estos males.se suiiíicidn del espíritu del sitrlo, y que se ha desenvuelto de una manera pailicular C(»n ct (*ílor y movimiento de la fruerra civil y de la revolución: las ea])a('idades. En la nr^ia- nÍ7.ncion anti^Mia, las capacidades se hallaban encarriladas en s^s respectivas profe- sif)ne«; el abogado se ocupaba de pleitos, y si no estaba contento con su bufete, se hacia pretendiente aspirando á la iiuigistraluni; el médico sabia ([ue iMira él no existia otro medio de?anar la sunsislencia <|ue el estar á la cal>ecera de los eulermos, y así se rc- sífínaba á pasar la vida en el ejercicio de su penosa facultad; el militar no conocía otro camino para adelantar en su carrera que el bienquistarse con sus írefes y adquirir repu- tación venlajosa asi en tiem|)o de /¿ucrra como de paz; para el comerciante no hahia mas esperanza de mejorar la fortuna <jw> el conducir bien los nefíocios de su escritorio; y<lel mismo modo todas las den»as pn)feMO- nes lenian como encerrado al individuo que les pertenecía. por mas sobresaliente que fuera en capacidad y demás cualidades per- sdtl9flé9. Ahora la situación ha cambiado: el hojnhre que se siente rt cree sentirse con talento para escribir ó ficurarde alíiuna ma» «era, ya no se considera liinilado a una pm- fc^ion* ni circunscrito al estrecho áinbilO' de mía clase; es un hombre prd)lico qne podrá servir para lodo b) <pie se ofrezca, resiu'lto áOncariíarse del primer negocio que ocurra, áin perjtiicio de dejarle lue^ y pasíír á otro de especie uuiy diversa, si es cpie le pn»- seuta posición mas ventajosa ó le halaba con inaymres esperanzas. Tomara parte en las dependencias de Ksta(b), de (í(»l)eniacion, de Hacienda, de Gracia y Justicia, de.Ma- rina, hasta de tiuen'a, sin reparo de niiH- gttna ciase: ¿cuáles fueron sus litnlos? ¿tlüál la canuitla de que es idóneo p;ira el d^íieni|)eñ() de su carjío? Ks una capacidad.
Y no se crea nue este fenómeno dependa del orgullo ó del capricho; si bien S(í mira; es el resultado de la nueva orfraniracion so- cial en que se ha destruido todo lo anti^'uo, pensar en lo que se le habia de susti- tór; es efecto del espíritu del sigilo que impulsa á los jóvenes h;icia las carreras li- terarias, en número nuicho mayor del que ellas han menester. Puede asegurarse que esta es una de las mayores calamidades de nnestra época: esperiménta.'Je ya en Ks— paiia, bien que do lauto contó eu otras po \ con nías eficacia las causjis que \n producen; pero cada dia se irá aumentando, si continúa esa fiebre politíca que escita tantas andticiones, é inspira tan bx'as ninzas. A mas del paupi'risino projuaii: uir dicho, hav en Knropa un pauperismo de seMres: el primero no aflige todavia á la Espafia coíDo á otros países, y en la parte que le sufriuHis tiene un carácter {inrticular que por ahora no ofrece nmgun riesgo; el segundo se muestra ya con sintomas alar- mantes.
En la organización antigua, el eslado eclesiástico y las ordenes réligiosas absor- bían una muchedumbre de jóvenes (pie aho- ra se dedican a otras carreras. teniendi>se de esta suerte un desahogo. por decirlo asi, que no dejaba que se multiplicasen las ca- pacidades sin destino. (Inda año sale de las miiversidades y colegios un crecido número de jóvenes que han concluido su carrera, que llenen desarrollada su inteligeucia, que han vivi<lo largos años con la esperanza de eonípiislar una posición social distinguida, y que sin embargo se hallan de repente sin ocu))iU'i(m, sin medios de subsistencia. í|U6 tropiezan con mil obstáculos dondt» quiera, y de cualquier inotlo que se projxmgan ejer^ cer su facultad, que hallan odstruidos to- dos los caininos, cerradas todas las puer- tas, en situación muiho mas triste cpie la, del oscuro jornalero. y con las muchas ne- cesidades de su categoría. De aquí resulta una especie de democracia. «pie ora bajo la forma revolucionaria, ora bajo la conserva- dora. se agita eu la esfíTa política, porque la política e« el único ptmto que le ofrece ihis'iom's de porvenir, halagándola con es- peranzas de una colocacimi decorosa. Y de- cimos ilusiones, y halagos, y esperanrim; )or<pu' en electr» es poco lo (pie hay de rea-