SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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ldad en la carrera política. Para uno que medn; en ella, quedan mil y mil cruelmente biiHados, pnes por mas abusos que se str- i [xingan en la miillíplicacion de los empleOit, lay un cierto limite del cual no es dable pasar; no pueden calM»r lodos b)S candidatos avncimndula siluacionse ensanche escanda-, losaniente; es preciso (pie muchos eontinúon devorando su desengaño en es[)ectativa de nuevas mudanzas, en que (piizás les venga su turno. Esta es una ciusa de malestar (jue, dará que entender a todos los gobiernos y que solo puede remediarse lentamente: el Medio mas seguro ▼ pronto para at<i jar su ' |^ ' i'so y (iisiiiiouir aliíiiii l;inlo su daüo, i rur la arena [mlilica. (luuuiio i;! (}ue Uesec Usurar se vea pa'cisailo a saluT algo ri que cuatro vulgariiiadcs sobre fortuas gobierno; cuauiio se lialle en la necesi- dad de tener conooniiienlDS le.oriats v prác- ticos de detenuiuiulas lacullades, entonces menguara el priiiil* <le baeerse de inijwovi- sn Iimmi'mc |)ul)lie«; las venladeras eapaci- da« an mas conocidas, y |>odran tenor ua.s participación en los deslinos públicos; la plebe de la ¡nleligen«'ia se resignará con menos dilicullad a tareas uias niodcAlas.

La deiuocnicia ciuntitiea y literaria es casi la única que bulle en Kspaña; porque la de la industria, eseeptnados nniy p4>cos puntos, no evjj>lc ni puede existir en un ffüü agncola en su iiuuensa mayoría. \o IHj lides fuerzas ni exigencias apre- ■nau.>itl:^, cuando una democracia acaba de nacer; V esto es lo que sucede entre nos- otros a ía industrial. Es preciso convencerse de que eij esta parle no nay nada «ujo pueda ' hacer fu ule a en gobierno decidido, que cuente con energía de vulnntad, y no se deje amedrentar por vanas apariencias. Uuy al contrario, el medio mas seguro de cou- Wvii.yr democracia, no es hacer con- :icas a hts que toman su nom- bre, Sino asegurar el orrien público, (|ue permite la tranquila eiaulaeion de los ca- pitales, y (jue j)or consiguiente proporciona trabajo y pan a los obreros y ganancia á los • ui présanos: único objeto «¡ue se propone la democracia industrial. Como se nalln en \ia país virgen donde todo estii por ha( 1 1, lodo por esptotar, pasarán muclios años an- tes que putnla fallarle objeto en que em|)lear su actividad emprendedora. Esta circuns- tancia bara (|ue uuranle largo tiempo se ha- lle la Kspaña sin el peso abrumador de un esceso de {iroduccion y de población, y por lo tantii sin los graves compromisos rn que se encuentran las naciones donde se ha veriíicado im gran desarrollo. En la compli- cación {K>lílica (|ue nos aflige, no es poco el estar libres de la social, y tener el tiempo qecesario para prepararnos á hacerle frente cuando sobrevenga, si es i\w con la espi - riencia de los males ágenos no liemos po- dido evitarla.

Ya |M»r efecto del esj)íritu del siglo, ya por los mismos sacudimientos de la revolii- i^ioa, se nula en Espai'ia una decidida tendencia liácla e! progreso material, y á en- trar en el circulo de movimiento qiíe arre- bala a todos los pueblos cultos. Ésta ten- dencia se maniliesla cou señales inequívo-, cas; cada dia vemos que forman empresas para realizar algún proyecto importante; gran numero de españoles viajan continua- mente por los países estrangeros, para llevar á su patria los nuevos inventos, y perfec- cionarlos ron el fruto de sus propias obser- vaciones; los ca|)ilales circulan cou uua abundancia y rapidi^z nunca vistas hasta ahora. y el genio industrial y mercantil que tan lozano se des[)lega en algunos pun tos. agita vivauiente su ant/ircha para der ramar chis|)as sobre las comarcas que per- manecen adormecidas. He aquí uim i 1 i t uu sentimiento (]ul> tienen en la -..d española una fuerza efectiva: al gobieruu le sera lacü dsirles la dirección mas conve^j- niente: pero si se empeñase en resistirieí>, si por una ú otra causa se hallase en opí)ál- cion con ellos, tarde ó temprano seria veof- cido. Lo propio diremos de ese niovinuenl^ intelectual ({ue Lan vivo se va luoniíestandp; cu la actualidad se consume inulilmenlugri^i cantidad de él en la arena política; es muj posible. y ademas conveniente, el evíiar (jue ese vapor se (lisi|x', couio sucede aiunny sin dar impulso á nada que sea de provecho: arreglad bis conducios por donde ha de cir- cular; aplicad su fuerza á. punios douik pueda ser útil; pero no cerréis loilos lujf re^^piraderos, que con vuestra iuq)rudcucia provocaríais una csplosíon.

K.NTRK LOS EXALTADOS Y LOS. ABSOLlTISTAStl MiJrHl 10 J» marta iU> IStt.

£n estos últimos dios se ha felicitado m«7 ( ho al gobienut por la energía que ha des- plegado, asi con res|H»clo á los pronuncia- dos de Alicante como á los guerrilleros dei Maestrazgo, y Galicia, haciendo notar qu9 con este paso se había dado una lección se^ vera á los partidarios de la anarquía y á los secuaces del despotismo. Se ha poníierado inuclu) que desde hoy en a<lelante ya sabrán todos los miU avenidos con el aciíial orden 4 » (lé't'ósatt, qtíe iiu ataca iinpuiieincnte ni el trono de I*íabcl ni la lev fnndanicnlal del Kslndo, y asi ^íc inauguraba una nueva ora. cuya dnisa seria: justicia para lodoN ' Paréceiios ([uc on esta luanem de presen- tar los arontccimienfos hay cuando nienos alguna inexactitud, porque se viene á snj)o- ner que H partido nnsolulistn v el anarquis- ta, cada cual por sti parle, lian lieclio un esfueno para trastornar el orden, v que el fusilar á los que se levaiilahati por el gobier- no absoluto ba comenzado ahora. Es mas claro que la luz del día que la inmensa ma- yoría (le los realistas, mejor diremos su lo- ialidad, no han pensado en sublevarse ni en conspirar; véase cuales son los hombres in- fluyentes de él sobre (quienes haya recaido ni culpa ni sosjMicha. hl levantarse un guer- rillero, el reunir una partida mas ó menos numerosa, no es un suceso nuevo: desde que ha terminado la guerra civil no se ha visto la Kspafia cnleranu iite libre de esas bandas, ni siquiera un solo dia. ¿ A qué vie- ne. pues, el llamar de lal manera la aten- ción sobre la coincidencia de los fusilamien- tos de Galicia con los de Alicante? ¿Es que date de hoy el fusilar á los carlista^! como á . los revolucionarios? líien notorio es que no: hasta ahora se podia hacer un pronunciamiento con seguridad de quedar impunes sus autores, si es que no alcanzaban galar- dón: mas ni ahora ni nunca desde 1833 se ha señalado á los «pie han proclamado á don ('arlos otni pena que el ultiiho suplicio. Es- te es un hecho (juc nadie es capaz de des- mentir.

Se ha querido suponer no sabemos qué monstruosa alianza entre los sublevados de Alicante y los carlistas: á esto se puede contestar con un recuerdo, que será tanto mas d^ci.sivo cuanto es un argumento funda- do en hechos de la historia del partido do- minante. Cuando la regencia de Esparten» se veía ó creia verse amenazada por conspi- raciones reales ó eparenles de los modera- ck>s, los órganos de la situación clamaban de continuo contra la alianza carlo-cristina; referian los pormenores de la soñada tran- sacción; suponían en concertado movimiento á ü-I)onnell y Villareal, á Pavía y Elío; y hasta de wt en cuando confeccionaban jun- tas en Burdeos \ otros puntos del estrange- ro, donde «te reunían para la ejecución de tremendos designios el P. Cirilo v Martínez de (a Hosa. ¿»Se quería una prueba írrefra- ¡ gable dé ésfa verdad? Kh\ estaba línn Vsrtá de un corresponsal bien informado; ahí es- taba el viaje del sugeto Á. que hnbia coin- cidido con el del iiersonaje Ij.; y sobre to- do, ahí estaba el haberse aproximado á la frontera algún general adicto á Cristina, I mieutnis asomaba en el Maestrazgo una par- tida de anti^ruos secuaces de Cabrera, 6 « dejaban ver algunos trnhurnirrs en las cres- tas de las montañas de (iataluña.

Todavía recordamos (pie el general Vam Halen lu\o la humorada de asegurar que d movimiento de noviembre de Ilarcelona, né obstante de ser sus directores lumibres coi' nocidos |)or sus ideas republicanas, hahia^ sido promovido |)or los carlistas y los modc|| rados; y eslo lo decia con tal serií'dad qim se adeliuitaba á añadir <pie en la tarde del i$ desj)iies del fuego en que las tronas habian tenido que replegarse, el general conoció á los carlistas v moderados que se pasenbali por la Kambia mu) alegres y snlisfc líos, como lo manifestaban sus car;i"s Por manera, ijue en goliernando los c\al- tadits los cariislas se alian con los modera- dos, y en golH'mando los moderados los car- listas se nllan con los exaltados: a(iui Vcti^ dría bien aípiello de e n árbol cniao t&áos hacen leña. ' • La inmensa mayorin del partido moderadí es demasiado juiciosa para que pnil.imot persuadirnos d*- que asiente á seiuejantei alísurdos: y cuando ella ha sufrido los niisi mos cargos de bis ijue se apellidan aUmiztín nefandas, y ha tenido (¡oe defender- tra tamañas calumnias, creemos qin- un senfimieiilo de justicia lo impulsará á xm acriminar á un partido qtie, sean cuales tflPí'^ ren sus convicciones. se mantiene tranqni-í lo y sumiso á las leyes. Quien ha sufrido uná calumnia. natural es que no preste fácil- mente oido á ella cuando la sufre otro que se halla en circunstancias muy semejantes. El testimonio de la inocencia en atpiella sa- íon, nos del)e inclinar á presumir la inocca- cia de los demás. ' *••!•*' Si los hechos no hablasen, bastante fViera a disipar tales conjeturas la simple conside- ración de los principios, de los intereses, di' los objetos de los dos partidos que se jtu- poiien aliados. Pero se nos dirá que se habla de las h€C(s \ entonces no mentéis á los par- tidos, no rélíciteis al gobierno jior hal>er j triunfado de principios opuestos: las heces i no son los partidos. las hecex no |)rofcsan principios, M iicet cío' l^prescnlán nada; rio mismo que son heces son desechados; pcrtenvcen á determinado cuer|Mj; uour- rojan sobre nada responsabilidad ni Uicha; el Iriunrar sobre ellos es una forlnna. es el curoplitnienlo de un d<MKT, mas no la viclo- ria sobre nin;:un partido, nías no una lee- don ni un PS4*anniento para los hombres de bien de ninfriina opinión.

Sí se nos roplirase qtic los partidos mas distantes a veet-s se maíiromunan para der- ribar á su adversario, que asi acontece en Francia, que asi acont -rio en el pronuneia- miento de junio, responderemos que esto se verifica después de iariro tiem|>o del pn*do- minio de nno solo, euando la exasperación K ha apodenido de los ánimos, cuando ya BO tienen esperanza de triunfar por otro me- dio; nías no cuando en reciente lucha se han hallado en o]>uestos cam|)os, y han lu- chado con encarni/amiento los que debieran ;ilí;>r<e. I,os pronunciados de Alicante y (lar- ;;i representan la causa 'de Espartero V del partido que Ib sostenía; y con ambos íucharou en junio los carlistas en unión con los moderados. ¿Quiénes fueron sus niejo- rw auxiliares en (lataluña, en Valencia y Él casi todos los puntos del reino? (loando Irob el pnMiimciamienlo de los centralistas pnrn nentralir.ar los riístdtados del pronun- ■nto de junio, ¿por ventura los carlis- iii> lavoH'cieron el triunfo de h nueva in- surrección? ¿\o contribuyeron también ellos {)or Sil parte'á encerrarla en los puntos don- 'stallado. oblij^'ándola en unión con I i 1 jcn ito, á ninrir de consunción? No con- viene olvidar tan pront(» á los cantaradas con luienes se ha militado bajo una niiíona iem y corrido lo* n>ismos riesgos: los tidns como los individuos dcfien güar- € mucho de la ingratitud. Por lo que toea á la monstruosa alianza, ni creemos fpie se hava realizado ni que piH*da p'íilirarse; mas (íiremos, en nuestro fanrept" m se presentara este caso, estaría en el inten*s del partido dominante, noel despreciarla con insijllante desden. sino el dpí»f»aratarla con habd política, atrayéndose al partido carlista Estii política, ya comen- I seguir con algimas medidas re|)ara- iiur;i>, podría eslenderse en mayor escala, V continuarse con mas perseverante y tra- bado sistema: norqne para quien conozca el estado de las ideas y costuud>res de Espa- ña, es cviíicnte <pie no es |)osible establecer uii gobierno füérte si no ^ lo^ra el m- dicadü objeto. Mientras el partido carlista se mantenga tranquilo, iiiofeiibivo, ageno á toda tentativa de insurrección, una de las fracciones del partido lilieral podra golier- nar por mas ó menos tiempo, bien qu« siempre con debilidad y sobresalto; pero di'*;de el momento (pie el partido carlista se arrojase á la arena unido con la fracción es- ( luida del mando, sucedería como si á im platillo de balanza que tiene el peso de uno se le contrapesara con cuatro. olvidéis estas verdades; recordad que en tiempo de vuestro infortunio procurabais atraeros la opinión y los interesi's de ese partido (|ue pudo sostener una guerra de siete afios; ta política observada en una secn'taría debie- ra donunar en tudas; y la prensa amante de la situación actual debiera C(»advuvar á unión, sin la cual no' es posible dacer la fe- licidad de España. ' LOS P.\UT11)ÜS POLITICOS EN ESP.\X.\.

AHTICILO I.

ai, d Hemos examinado cuál(*s eran los elemeiH tos (¡tie tenían en la síu iedad espai^ola una fuerza efectiva; faltamos ahora saber en que proporción se ban distribuido enln; los pan lidos i)oliticos. Esta investigación es indi<i- pensable, porqne no es |)osibl»' acertar en el sistema címveniente sin conocer el res> pectivo valorde dichos partidos, y ésttí Valor está en razón de la cantidad de fuerza socíél que contienen en su seno.

Liberales y realistas: hé anuí las prim(»ra$ y ])rincipales divisiones que nan e\isl¡dO en España; bien que estas dos palabras sean ahora y hayan sido siem]ín' algo vaga.s |)0r demasiado generales, será preciso emfilear- las, a causa de la dilicultad de encontrar otras mas á propósito para espresar eva«-la- mente las ideas á que corresponden, dada uno de estos partidos se ha iraccionado ert dos, (pie lian tomado distintos nombres, pe- ro (|ue algunos apellidan moderados y exa^ lado», á pesar de que con estas clasiflcaciu- ^cs QU se üe6Í¿;nau los |>rÍQCi|>ios (jue profe- san ni aun el carácter que los üisUnj^ue.

De los realistas, u i|ue desean la nionsir- quia nl)solula, iiiio:< hun opinado por la con- únuacion drl anli^^iio urden di* cusas, asi en Jq social contó en lo político, mientras oíros han cn'ido que Olivándose el principio mo- nárquico en toda su unidad y fner/a, era uroeiso entrar en ol camino de las reformas, naciéndolas «Muanar todas del tnmo. Estos últimos son los imitadores del sistema (|ue domina entre las >;randesiH)tencias <lel norte de Europa, o si se ({uicre, los discipulos mas o menos fíeles de la escuela del miuido ile Carlos II l. Mas no crea (jue ni aun esos realisUis nioderados estén acordes en todas sus opiniones y miras; al contrario, los hay que distan mucho entre si, y quu segu- ramente no se avendrían fácilmente en pun^ tos doctrínales de la mas alia impurlancia.

No todos los realistas moderados son alum- nos de una misma escuela, no todos proce- den de unas mismas lilas; y la diferencia de su origen se deja conocer en la nueva posición en (lue se hallan colo<'ados. Los hay que han salido de entre los liberales, relro- KradfUído como suele decirse; los hay que antes p<*rten(TÍeron á losrealislns oxaltad<ís, y los hay por lin que no están entroncados con a(piellos ni con estos, por no haber ligu- rado jamás en ningún partido polilico, y ha- ber formado sus convicciones y dí'scnvuello BUS sentimientos á la vista de los desastres de la revolución y de los errores de lodos los gobiernos.

La genealogía de estos partidos es digna de ser observada, pues, que en ella se encierra nada menos que la historia del curso de las ideas |M>liticas en Es|)aña desde el último tercio del siglo pasudo.

El partido que se presta mas fácilmente á un examen sencillo y claro es el de los rea- listas enemigos de innovaciones en lodos sentidos; sin embargo, al dedicarse á este examen no dejan algunos de incurrir en errores de gravedad y trascendencia. Por ^qiii comenzaremos, pues., ya quti asi |>arece exigirlo el orden lógico de las ideas y de los hechos.

Los hombres que han opinado por la con- tinuación del antiguo sistema en su tot<ili- 4ad ó con esca.sas nHKlilic^ciooes, pertenecen a las clases mas identiticadas con él, y á las que pvr aif^ cijrcunbUiuuia^ pacf^cul^rc^ hau f vivido nwnos' luijetas al aliento diimlveate del esmrilu del siglo.

Se ha declantado ntuciio contra los frai- le^, porque sostenían con ItKlas sus fuerza^í lo antiguo y resistían con tenacidad a las inimvaciones; y en esta declaiuaciou, cuan- do nu hubiese enorme injustici;!. habría cierLainenle mucha fall<i de lilosofia. Es prc- tensidu bien p<'regrma ta de exigir de un hombre que.se declare á favor de un siste- ma que se halla en coulradiccicm cou sn^ ideas, sus c(^tumbres y sus intereses; ey decir, con. cuanto puede afectar la convic-*- cion» la virtud y el ajuor |)ropio. Un fraile revolqcíonarioes un fraile enemigo de los fraU les, y esta es una ligura bien poco agradable: i de sospechar es que abriga utr(ís doíi^-nios (jue los de libertar de tiranos a las na y hacer la diciu del género humano.

En las innovaciones de los últimos tiom-^ po^ ha venido ensueltn siempre la ruina délos iustiluUts 1 i-li^inviis; \ un rr.ligio^ I digno de este nombre ¿piniia apoyar seuu^r jante proyecto? El «jue asi lo hiciera, a buitu seguro que, lejos de graiigearsc la eslinu- ciou de nadie, debiera atraerse el desprecio de los mismos en cuyas lilas se inscrihia. Se nos dira que un religioso, sin }M»rder na- da de.sus virlU(U»s ) de U austeridad de su instituto, podía nuiy bien opinar ({ue bubia lU^gado el caso de una reforma: (|ue era me- jor organizar de otra suerte aquellas insli- luciones cuyo objeto había caducado coa el tiempo, aconuKlandolas a las nuevas oece^ sidades de la época; pero á esto responde^ remos, que no se trata de salwr cual era la utilidad actual de e4»te ó aquel instituto, ni de cuáles eran las variaciones ó mudan- zas (|ue se |>odian hac^er. ni tampoco de si a un religioso le era licito abrigar sobre di- chos nuntos estas o aijuellas opiniones: irár tase; (le si á un religioso le era {Xirmitido contribuir á la supresión ni reforma de sa orden sin la legitima autoridad; sí le era permitido pisotear los cánones. qucbrautar sus votos, ultrajar su propio decoro apar- tándose de la obediencia de sus prelados, menospreciando la regla á que voluularia-^ mente.se había sometido, v declararse ol enemigo de bus hernumos. ^sto es lo qué hacia un fraile revolucionario; y a decir verdad f este es un espectáculo tan repugr' nante,^ue muclu» nos complacemos en que havan sido tan pocos los que lo lian otrcrr lilA- Digitiz'ed by Google I m , sin [)ararse en los motivos de justi- t ía. sin llevar en f uenUi otra cosa (jiic U>s nalnrali's M*nf imientos corazoii. debié- ranse haber abstenido los que de justos bla- sonan, de eulpar la incorreuibilidnti de los frailes en su aversión á Ins innovaciones re- I - y politicas. Al oir á un reli^jioso (jue « i. lia Imio lo que se ha hecho, que se empeña en no transi/iir en nada, no conci- ben algono^ como esto pueda suceder, y esriainan: exlos fumhres xon inmrrefjihies. Pero decid vosotros: si durante larjíos años htilMe^is vivido sometidos á una re pía, profesando doctrinas aprendidas desde la mas lienia edad, con la certeza de t^ne en respecto al recolar, hiftujtifj" med4rtn(!o' fa' diferencia de que este se veia amenazado inevitablemente de una destrucción total, mientras aquel temia des|M>jo de la propie- <lad, ultrajíes á las j>ersonas. ataques a la independencia de su su^nídn ministerio, y propafracion de los errores e<mlrarios al dop:- ma y a la moral. De esto resultó (lue en su generalidad se deelarase enemigo de las ¡n- novaeiones, bien que con respecto á la po- lítica no con tanto empeño < omo el regular, a cansa de que, a pesar de los males que veia sobre su cal»eza, no cn^ia posible, co- mo en efecto no lo era, el que «e le des- truyese completamente arrtiinando del loá& la Iglesia de Kspaña. Asi, tanto el clero se-' aquel retiro debíais acabar vuestros días, y cidar como el regular tenían la previsión y de repi'nte se presentase alguno dicieiidoos el presentimiento de lo que harto funesta- I «jae lo que vosotros reputabais como santo y venerable. era superstición y fanatismo, y os desp<ijase de vuestros bienes, y os ar- rojara de vuestras casas, y os condenara á ta miseria y al mas espantoso abandono, ^ t 'l 'via no contento con tantos desmanes, e que aprobaseis cuanto ha hecho, ayudaseis á consumarlo y á consoli- '1 os permitiese que hablaseis con 'I ' t iles alentados, ¿no diríais portase habia perdido el eiíiniin? Hues bien, en este caso se os frailes a quienes llamáis inrorre- la corrfccioti es difícil [)onpii' es iin- fKisíhfe destruir el eom>:on humano. Habláis ' rancia á unos hombres á (piienes no tolerado en medio de la sociedad; 1. - que os toleren amablemente ruando no les habéis tolerado que tuviesen los me- (fiOÉ de sul< la; cu ' nombre de vTfi»<frriv,111 ijiios no sf lo liu tolerado...('ompri'ndesf muy bien ipie seáis enemigos de los frailes, ya que 'si ' - impulsan vuestras doctrinas e in- . pero sed al menos algo rnzonabl<*s <lra enemistad: no exijáis que vurs Iras victimas os ayuden a inmolarlas.

Natural era. piícs, que el clero regular en sn toUilidad fuese acérrimo adversario íe todas las innovaciones; en ellas veia sa muerte, y esta muerte la alejan de sí cuan- to pueden, asi las coqmraciones como los in- «lividuos: declamar contra un hecho seme- jarte es luchar contra una necesidad funda- da en la misma esencia de las cocías.

Tocante al clero secular mililíjban lam- hien alonas de las razones.alegadas mente se ha verilicado; bien cpie para este' habla ademas la cuestión de ser ó no ser»' que naturalmente debia aumentar su espíri- tu de resistencia. ' Y nótese, que en estas consideraciones prescindimos absolutamente de nuestras creencias. v miramos las co.<as tal como pu- diera mirarías (piien fuese del todo indife- rente á la conservación ó ruina de los insti-i lutos n'ligiosos. á las mopiedadesdel clero,í á la independencia de la Iglesia. y aun á I* n*ligion misnía: solo atendemos á estos ohK, jetos en sus relaciones con la influencia qu^ debieron ejercer sobre el corazón, y á la repugnancia á toda innovación que debieron* inspirar a las mencionadas clases. Bajo ef sislem i antiguo no les amenazaban peligros,' bajo el nuevo sí: teniendo »pie optar entre estos dos t'slnMuos, la eieccion no podiá sel» dudosa. ' ' • IVro, se nos dir;i,¿no hubiera sido me-' jor prestarse a una transacción, y socrilif ai«. una parte á la conservación del íwlo? ¿N> hubier.i sido pendente prevenir la revolu-^ cion, sali<*ndole al paso con la reforma 'N' Nibre este |)arlicular hay un fenómeno dig(^¿. no de observación, y que haremos notáf/ por(pie puede servir mucho para la intclP geiicia (le la historia y la conducción de los; negocios en circunstancias difícileí». Admí- ranse algunos de ipie los institutos religio-J^ sos no provocasen ellos mismos la refortntf propia. ya sea disminuyendo el numero de* sus individuos haciendo mas difícil la admi^ sion, ya sea modilicando su objeto confor- me á la variedad de los tiempos y eircuns*', tancia». Sin entrar Oii la cuestión de W tpdad, conveniencia ó oportunidad de 1 opone gran resistencia al qm M le quiere a reforma, esnondremos en breves pa-! siisliluir;;isi se i splica en uua palabra coiuo labrihs lu UíIIcuIUkÍ que. a olla se o|)onia lUra vez acontece que las insliUH*iones hgBflantenle arrai^adaii en la stK-iedad se <jf struyaii ui ana se reforincu, sin fuertes sai udimionlos. Todo lo (jue existe olM'decc, iii instinto de conservación, y este instinto se, estiende, no solo á lo «{ue es esenoial, sino también á lo accesorio. El individuo no solo tiene alicion á su existencia, sino tam- i bies á su UMior de vida, á sus usos, al pais; en que reside. á las personas (|ue le ro- (bíau. en una palabra, a lodo cuanto le ba ¡Vfeclado por algún tiiMn|>o, aun cuando sea lo mas insifíuilicíMite. ¿Quien no lia «spe- rioienlado cierta p(ma al v»»rse privado de objetos de n>uy pin a monta, y por b)S cua- les ao.c,reyora haberse interesado si no sin- tiese un pesar al separarse de ellos? Re- cuérdaiie ii veces con dulzura mezclada de tristeza. el árbol que crecía en el jardin junto a la ventana donde nos asomáramos para distracción y esparcimiento; la forma de la babitacion donde. viviéramos largos , años, sus muebles do menos valer, se uos presentan tal vez como la memoria de anti- guos compañeros con quienes estuvimos ligadw) con inadvertido afecto; lo que es de SU} o ás|H^ro y repugnante, el uso lo con- ' vierte en blando y placentero; á las moles- tias, á l(W4 nuiles mismos se apega el hombre; lo que para unos fuera una privación inso|K)rtable, es para el acostumbrado á ello una necesi<lad imprescindible.