No sal)o;iios hasta qué panto será exacto el contenido de los párrafos q»i ■ proceden, y no ignoramos tamiioco el modo con que se oonfecdíenan esta clase de documentos; sin embargo, por escaso que sea el crédito 3ue merezcan conviene no dojarhís pasar esapercibidos, cuando se rozan con ioten^ se^ tan vítales p4ra el pais, y en circnnnr* tancias tan críticas cnom Its qjun eattmas atravesando.
Estrafto es que se \^ en el regreso de la Reina madre una coiUmuamtí oe los prn- }octü"^ s;ili(los do las TuIIoití^^ pnrü!a paci- Üoaciou de Kspaúa, cuando ao cfcc utos <|ue ÜiQiUzeú by Google nadie \moñt\ rnntmnar lo que no ha (Mii|>e- ■/ado. Kl ííobicrno rrniict'S. y «*slo roiivieiie ropolirlo \tinn <{(ii* no olvidr, (>l ^'ohicnio franrós no lia contribuido en nndn á sacar- tíos do las manos de KsfKirU'ro > dr la rovo- liii'ion: el pueblo español se levanto poi'(|ue estaba cansado de sufrir, ponpie no quiso soportar mas un pcnier de miras avi<>sas, y ademas ilefTitimo; peni el pueblo español se levanto por inspiración piojúa, sin que en ello tuvieran parte al^'una los proyectos de las Tnlleriás. T.on la a> oda del pueblo triun- fo el gobierno de la insurrección ccMUralis- ta; con el a|>o>o del jxieblo ba sido \encida ta do Abrante y (Cartagena; la opinión pu- IHica es quien fia guiada» al g(d)icrno en to- do lo que ha hecho de bueno; > si en abril d«' IS44 distamos tanto «leí abril de IKi'í, la mudanza no es debida á los cstrangeros, sino á los esjiafioles y ñ solos los es|)añoles.
No dudamos (lue el embajador de Francia habrá venido á España oun miras Ix^nélicas; mas si. como pretende el autor de la carta, por Uiles medios se ha de pacilicar la Kspjt- íia, y del éxito de cllf« esti» pendiente nada menos queol reconocimiento de las |K)len- cias de Eurof>a, pareí-enos (pie el nejíocio ll*'va tra/as de ser duradero. \a lo hemos dicho otras veces, y lo repetimos aqui: las inspiraciones estraui^eras las mirauios con -uma descoidianza. ponjue cuando no ten- .::anotn) incimveuiente, suelen adolecer de un mal gravísimo, cual es el que andan lAadas de proruiida ignorancia de .1 ^ii.is < osas; ) por cierto que si la veni- (1.1 de S. M. no fuese mas <pie la conliunu- noH de los proyectos de las Tiillenas, ten- (lnam<»s pocas esperanzas de que llegásemos j un desenlace feliz.
i^uisiéramosípie el golíierno esi)añol nmn- liiviese buenas ndaciones c(m t(Klos los de- ms, pero (pie se guardase de inclinarse de- masiado á ninguno de ellos, escitando celos ) rivalidades (pie no podrán atraernos sino i.Taves daños, y prestando oídos á conseje- ms incompetentes. Es de temer (pie si el ga- binete de las Tullerias se entrometiese en nuestms cosas, procuraría inspirarnos una jioliliea semejante á la suya, [Hirque asi en la vida |)ublica como en la privada, siempre V' u'rílica (jue la mejor conducta nos pare- ce la que nosotros observam(»s. Pues bien, , sabéis eiial es el carácter dominante de la Hitica francesa de muchos años á esta par- te? La iudecisioo y la timidez. Jísla timidez •pie ha relmjado á aquella ^ran nación del rango de |M)teiu ia de primer ónieii. y qii« '!<; hace comprar la paz con los mas doha-u-. ' sos sacriticios. En la actual situación de U Francia, quizas sea esta la única política p(K I sible. j)orque las naciones no pueden osteU' I tar su fuerza y [NKlerio cuando padecen una Ij enfermedad (pie mina su existencia; pero la I España.se encuentra en situación mu\ di- ferente. \ la pretensión de im|)urlani(is id sistema francés st^ria muy |>eligrosa. j La Francia ha de tener miedo a la re\o- I lucion, |)orque alb la revolución es |M)dero-^ sa; aqui se puede atacar de frente a la revolución, ponjue no es mas que uu vano espantajo. La Francia no tiene otro medio de im|M.'dir el desurden (|ue (d so>len»ír el vigor de la administración; aqui la.M)ciedad I marcha jior si misma, |H)rque las creeucias ' están vivas, j)or(jue no ha cundido en ella ; esa liebre de gozar (pie devora a los paises de una cultura retinada; la Francia ha de estar en continuo acecho de lo que pasa en I Europa, oonjue no puede ocurrir negocio de gravedad (pie no la afecte; y la España li se encuentra en una posición la mas fa\ora« ' ble para no haber de temer de las complica- ciones eiirojieas, > pínler nianteuer.se en coiDoleta neutralidad aun en ca.Mi de una I conflagración universal. Tengamos la con- ciencia de lo que somos } de lo (jue vabnuos, (jue todavía no estamos en la triste necesi- dad de (|ae hayamos de vivir bajo la lut<da de nadie.
OE LOS PARTIDOS I»0LITIC0S EN ES1>A.\A.
ARTICI LO III. Mmlrid 10 (Ir abril ilr 1*44.
Con la palabra modrnuin se intenta ro>- I miinmentedesignar un partido que,. sin alwn- , (hmar los principios liberales, trata de apli- j Carlos cou mesura y lemplanza. Suélese em- jilear esta denominación cual si espresar» alguna cosa determinada y lija; siend»! este, un error ijue no deja de |>roducir fiiiiM-s in- 1 coavciiieutcs, porque los iiüudjres que lieuua ^ irnteMiOQ de. acaudillar ai meneionado 1 zundo a muchos de aqnailos eoa la miH ftfiido i« haoen la ilusioa de creer qoe los ■ -* — ' ± prosélitos de. ((ihí disponen son en númoro mas crecido de io que son en la realidad; y los enemigos de los moderados, contundien- do es una ipiflona palabra opiniones muy di- ferentes y á veces opuestas, multiplican también &ck m imaginación el número de sus adversarios. De aquí resulta que unos y otros ae colocan en una posición falsa, (|ue por necesidad ha de cstraviar <n conílurta.
Para muchos hombres U [Glabra modera- do no espresa mas que nna pnra negación: ellos no lo croen asi, ellos se Hfínran (jue usaudüla desifínan ciertas opiniones políticas determinadas, mas cu la realidad solo signi- fican la no proresion de otras, ¿(luánlos hay que apellidan moderados á lodos los (|iie no son carlistas o proirresislas? Esto no es mus que ana hegaoiuni esto siirnifíea que la per- aona opina que el derecho no está por Don (!;ir!o>^ V ffiit» no son vei (i iiliTns las doctri- nas iituladajá del progreso; no nos indican lo danza de gobierno se habían entregados ilusiones doradas. ¡Cuántos > cnánlos (|ue en no podian soportar la idea de la mo- narquía ak>olula, han dicho pos(erí(»rniente que no había otro remedio que la dictaduml ¡Cuántos que rechr/ ihan á D. Carlx por representante del absolutismo, han aplaudido despnes un gobierno militari jCuántos que encontraban estrecho servil el Estatalo le han tachado despue- tle l ito y rrvn!ucio?in- rio! Estos hechos son iuitegai)ies, lodos uiuios á cada paso confieabnes de esta especie; de lo (¡ue se deduce (¡ne en e! seno del partido dinástico defensor de Isabel, se ha operado una descomposición profunda bajo el aspecto político.
Sin enihar^zo, á estos honibrcs (jue han modilicado dt; tal manera sus Q|>iuiunes, ni aoD á Í0í> que ya desde un princinio las, pro- fesaban monárquicas, no se los designa co> Tnünmente sino bajo la (ItMinminaciou de mo- dtt ados; siendo de notar ([ue a veces so que piensa lobre'foBÍnas políticas, sobre re- I comprende también en ella á los carlistas hgion, sobre organización del Estado, pues que se han manifestado inclinados átransac- que sin pertenecer á ninguno de los jiarlidos' ciones políticas ó dinásticas. Por manera, nombraüus se pueden profesar principios que el partido moderado entendido de esta muy varios y á vedes opuestos. | auerle, es una especie de terreno Ubre donde entra r t rl ini il ( on las opiniones que quie- re, sin que se uccesiteíi mas requisitos que la no profesión de los principios que el ciar- ' silicaaor ha tenido á bien anudar.
.\nn entre los mismos que no han abju- rado sus doctrinas hberales, se encuentra tal gradación de opniíoiies, que resalta muy estensa la escala en que se hallan distribui- dos, tocando un estremo de ella en el ])ro- grcso, y el otro en ei realismo puro. Quien está por la Conáilucíon fielmente observada* con el apéndice de las prácticas parlnnien- larias v con leyes represivas, mas no con scveritíad dcsntedtda; (j[uién opina que la Constitución debe escatimarse ac tal suerte por las leyes orgánicas, que en la práctica no se sientan ios efectos de su conocida la- titud; quién es de parecer que bay algunos artlcuns insostenibles, y que no ba^ná corregirlos todas las leyes orfránicas imagi- uable&i quién se inclina a que lo mas conve* niente fuera d Estatuto; qnién piensa que* no es imposible estabh'cer unas Cortes que se aproximen mucho á la-S antiguas; (fuiéa afirma que ante todo es preciso orgaiu'zar discfecionalmenle el páis, y luego dar cuen- ta á los oueqMM cologisbidoffes pidiendo w Hombres hay claramenl? deínii ir»-, y aun muy comprometidos {M)r el trono de Lsabel, y que creen no ser conveniente el gobierno fepreaenlatiTo en España, sea cual fuere la forma, opinando que nn hay esperanza de sosiego y prosperidad suio bajo un monarca absoluto; mientras no fiiltan carlistas que consideran como útil la institución de las corles, si se la acomoda á las ideas y cos- tumbres del pais, restableciendo en cuanto foese dable las leyes antiguas. Hé aqui pues que estos carlistas serán menos realistas que acjuellos adictos á Isabel, y por io misnm si aplicauíos cierta denominación política ate- niéndonos únicamente á las opiniones dinás- ticas, habremos trastornado los papeles, y tendremos una clasilicacion monstruosa.
Semejante error es hasta cierto punto es- cusable, at« ndido que al comenzar la guerra civil se nüliaron los liberales en la bandera de Isabel, y gran parle de los realistas en la de lK Caitos *v pero á mas de que ya desde entonces íiirnraoan en defensa de la hija de Femando muchos bien conocidos por sus opiniones monárquicas, el tiempo ha venido 000 sus desengaños y escarmientos á cai»- Kdeaeaperan- Digltized by Google lidad*, qoión sostiene que esta or2anÍ7;irioii juiodi» sor l!t'\;nlii a calw con •A^nixiiio de las mismas Cortes, y que ím- fttrti BUMbo «o «ÍMhr é medioB qM luego ludieran senrir dé precedentes de despotis- mo; quién pretende que las reformas polí- ticas, aun las iundaioeulale.s, dcl>ierau leerse por el monarca y los cuerpos e<ile-' jrisladores; quien se empeña eii rpie son preferibles los golpes de estado; quien pero ¿a qué continuar la enomeracioii? Lo «Mh» hasta a(|ui basta y sohra paira omiTen- cer de la coníusion di" idi as que resulta eModo-ee quieren comprender ím¡Q un solo tíÉ^É^'^mm, tan >ariaa y Can opwsaias opiniones.
La porción del jiarlido moderado que pu- diera apellidarse militante, es la que se éímuiítñ fMriid9 partammUarir^ 'Y como df^Bn qoe sei;un parece se trata de orre- oémoslc coiin» M luera nacional. y profesara doctrinas lija.s. únicas capaces de salvar al fBía, i>iieno seiioifMB nos ocupemos en el examen de lo que en > 'i 'v i de verdad.
. Desgraciadamculu salta desde luego a la llato ^pfa* el^rttdo parianentaéio de ahwa ai'Éilprapiaim noinlirt' que no le corrcspon-- ée. pués que no habrán olvidado nuestros ieclures que el usuresado partido eslalia lor- BMído<ée 'dMjáwaws r progresísiaa era una ÉHÍon de las dos (i[)inioii<'s, una especie de saciedad en la (|uc cada socio había puesto su capital, y por lo mismo después de la sejifeiacioB parece qne laio de los socios no ie v leiieobo Éigailar diMnbre delaao^ .>'«NoeolroR, díiévloB moderados, nb he- ■ieafffovoeado la niptQf«,»«ea(MiheiBbuena, fem no se trata de eso, fíao únicamente de ' esta ruptura existe 6 lO/de si se ha des- ^ianeíadtd^iio, y mr consígniente ai podéis ó no aplicaros el espresado titu- u Ademas que h<i progresistas sostendrán Ht-vo60lrob sois los provocadores, y que ^ «andada habéis iaalHiefulo so '<*■ Qttieáa no faltará quien se empeñe en sos- tener qae todanrit-la unión existe, pues que énire los honibiai 4S'te aüaaeíon tisniran nfíiinos bien coVNMos pnr sus antecedentes Bro^resistas-, y ^el ptrlidu i>arlamcntario no iMiMii deavahio á les que han hecho ItgMiTa al gobierno con las armas en la 1 'n< ípip coadyuvaron de cualquier a ia:iiarK) atentado, ó a los que pesteríormenM iiHmi#Marott con mti -b claridad que s¡m|)atÍ7.ahan con la insurrec- ción y deseaban su victoria. Esta réplica se- rá escelente si tratamos de eoatiiraar en el sistema de nMntins contenidas que a nadie enirarian. y que solo sirven para llenar las columnas de un periódico, no dejando sin respuesta IMIMIA ó mala al que ha objetado uita (iiticultnd. Mas nadie podrá persuadirse que la escisión entre ios dos |)artidos no sea actualmente muy profunda, tal yñt,maÉ dé lo que ha sido nunca: y si en la sitoacion prcvL'rite üiruran lioin!;res que antes pertene- cieron a las Illas de los progresistas, esto solo prueba que el tienipotodohi^Mdritf.'ftk preciso no hacerse ilusiones: mientnls 016- zníra está emiurado. López fugitivo y Corti- na eu la cárcel, sería un absurdo eí empe- Aafse* en- sostener <|iie eontinúa en lodo ni en parle, la famosa aliamta de qBO fosdlléel partido parlamentario.
Ina reflexión nueden hacerlos cfae faaii quedado dneños ael eunpo, que ofi-ecc mas vi><os de fundamento y v i! <! «La alianza, dirán ellos, no existe, es cierto, pero exis- ten los principios proelamadoa al ImnaHaT de estos myMs li M^rw desviado, nitpeteaios desviarnos en adi'lnnte: no es nucstm la cul- pa M los hombres del progreso no comprendie- ron Sus ]>r tpios^teiieMKv ai ÍivolitcMhMi>sa caii-;n un ijiic no eipa Ul suya: por lo deiiias nosotros r jtintiaremn'; con la misma bandera (]uc enarbolainos en ia upoca de la unión; los (|iie á eüa quieran «ttliarsc podrán hacerlo. sin que examinemos cn.iles han si- do ó sean en la actualidad sos opimoues po- líticas; nos bastará para admítiféorel que profeaen los principios de gobierno que i la sazón se «'onsiíínaron, y 'li* comini acuerdo se declararon como base de ruorgam/ucion y de alianza.»
No sabemos que exista ot¡-o (hcumcnto donde se eslahiezcan con mas claridad y limpieza los indicados principios que el mw^- nifie$tó4ti i^ de airvasioéa 48411, dirigido á los electores ht /v, ■/.',.■ sf jf? r, ntwA HdWbratla pur la numerosa reumon rié^k&tAre» pertenecientes á difmntes matkes thUtítox antifitiox, qne se han ronfkndiiki juíra eom- batirel jn>tlrranli;mrhnui'iitfn-i<> >¡ so<ilPuernt adeloiUe ia Comútuam, h uuo y las tnaá la vista vamos, pues, á exatttaaii^ l<> que puede ser el partido ILnnndo párinmentario. que algunos se empeñan en dexir que existe, 24 Digitiz rnmdf) todos estamos y'méú wm iwiwhwu Se nos ha ocurrido varías veces que qui- zas hiiliienm andado ni>& acertados ciertos lyNiU>res eu bacerq»»* f'lviilasc este dif^- tado. BaBla leer el tamoM> Uocuuientu para convencerse de que no cabe mas falsedad ea I su Darracina, ni mas im|)revisioa ea lo cou- -rcrnif nle al porvenir, ¿l.ómo es |>o.siblp que hauibreá u quiene» uo pueden uegHrse taleu- lo claco y alguna experiencia en los negocios, suiicribieseu á un documento semojante? So nos dirá que aquello era una cosa pasadera, línicaniente encaminada á ganar las eleccio- fies; pues ¿á qué levantar la declaración romo una biimlfra nacional? Si de esta suer- te quisiereis salvar vuestra previsión, en- tonoea deiárais en deseabierto vuestra bue> na fe, y la mala fe es {H)r cierto cosa mas ncírrü qup la falta de lalcuto y pn'vi<ioti.
Después de las escenas que hemos pre- fotfciado desde 4S34,qne hemos presen- ciado rocioüleinciitc y que presenciamos todavía. es curioso el oir á los profcresistas y luoderaiios diciendo: «Que paru permanecer aoles divididos se habian tratado coa injuB- liria. V qne ^'i sinr'<Tnniente amah-'in ]v,< mo- uarquicos la iibci lad, con no menos buena I h tendían los progresisUu i la «mmriida- | ^iimdel frono; y que por eso, cuando los 0006 y los otros <tc unieron [tara defender ia Überlad y ei trono, igualmente amenazados, se halbiron mejores de lo que respectivo* mente se creian, y durante el coniltate y dejipue,»; dé 1 1 p» lea, no soto se han enten- dido cumulieuiK) como leales, smo que se han omooo como bwnos españoles.» Después di' los sucesos de 1835, íiespues de los es- cnndaios de la Granja, después del pronun- ciamiento de setiembre, después de haberse atacado en la tribuna con la mayor virulen- cia, en la prensa con los mas insultantes dicterios, en las calles con las armas en la mano, después de baber becbo i la nación victima de la sangrienta lid, desinies de tanto ruido, después de tanto escándalo, ne- cesaria fue ciei tamcntc una calma superior i lodo lo que puede imaginarse para escribir el párrafo <]ue se acaba de leer: y ahora que los convites, y los bríndis, y los*abrazos, y las lágrimas, y el entrañable afecto de agos- to y setiembre han venido á parar en insul- t' ^;i la Uflna en su propia cámara, en in- burreccibues abiertas, en estado de siüo I pnra.toda Eapaíia.,.en fuailamieolos y en | bombas, nlmm es curioso, mejor diremos» es iniporlaiile, es necesario, ei recordar lo de ayer fiara conjeturar sobre lo áe.Maftant> el rceordar la manera oriol eoft4|no bairs^ do burladas tan lisonjeras e^jwrrtnyiis. pare conocer, lo que prometemos podeoM^i de las nentidis ilusÍDoes oan que se nonf retoñé* engañar.
6 Las dos «¿rondes fracciones en qnf» sft dividió el ]|>arlido coitslilucioual, üicc ci ma- nifieHo^ vieren rom so bandera ésade qno, consolidadas las instituciones y teraúiiada la guerra civil, lálto ia razón y ia oportrntr* dwi en que mndalmente fundaban sus dife^ renoios.» ¿Asi se confiesa, qao entre loe sostenedon's del Estatuto y partiflnrios de la revolución, de la üranja, la ditereacia se fundaba mmitámnH en la lysriaiiMhiáP ¿Asi se hace cómplice a un partido de todas las injusticias d'* hüm r<>v(dueion, declarando que solo las reciiazaba por razones de ofior- tunidadt ¿Asi se santitíca lo que taalan ve** ees se ha condenado? El jiarlido profaesisln ha sido el representante de ia revolución, el prupiu no se detiende de este car^, an- tes pretende fundar en él ana titalos de i'loria; y los ardir «íísdefensores de h-^ insti- tuciones é intereses destruidos por la revo** luciou ¿contiesan paladhiamente i la 4ht éai mundo, que la cuestión solo era de opocta»* nidad ' he esla confesión deben lom;ir neta los pueblos, y tanto como los pueblos el trowi.
«La Constitución de J837. que sc^un la esperíencia ha acreditado alianza las liber- tades públicas úi\ pouer embarazo á la ac- ción t^^iUt del gobierno.* Si.soto es así, ¿cómo es que ha sido preciso suspendería por tan largo tiempo, y que el partido que se llama parlamentario ha aplaudido la sus- pensión, ó al aaenos no ha proleatada «m* tra (día?
«Acepte el trono por uuicos consejeros á los consejen» responsables por la Conslílncion.» £sta lección dada al treno, bien pron- to cuidó de esplanarla el atrevido presidente del Con&ojo, que después de haber laitado al respeto debido al sexo, á la inoceneía y é la magestad, desenvolvía en el seno del Congreso doctrinas las mas á propósito para convertir el palacio en una cárcel. i.
La nación ha visto lo que hadaéoéoai<d partido parlamentario de entonces; menes- ter es que no olvidemos lo que podrá dar el i>artido parlaneatawdl» abÍMii ji aot étf^ Digltized by Google No, fio «s ver^d que ese conjunto de hombres, que llaman moderados;i falta Tww alucinar de n«evo, culpemos m:f'^?rn * nirt^imn de ías grandes cuesttonei qB« han torpeza^y sofranios susresokÁdM, que bieu j| de decidir de la suerte del país; que viv« .__^__» paro el día, y que para abultar su número se ve prednde á Itacerse ilusión á si mismo, conlando en «ns filas á hombres que jamák de oiré denominaciun ooo (|ue de^ii^arios, li pertencderon a ellas o que ¿ a las bao abao- — *- - - a»ti<«te8 ktow ni w idfaiem á ta- || donado.. t -; Si la fncnca que en los últimos aconteci- mientos ha adquirido el trono, la renunciase á liivor de este partido, bien seguro es que no se ha terminado la revolución, j qoo davia el iwrvenir que nos espera es insta- ble y tempestuoso. Antes no se den pasos imprudentes, una cosa descanios, y es qm se dude de la legitimidad de los'podena de los que tan facihnente se apellidan repre- sentantes de un |)íiriido; porque estamoi convencidos que la pequeAá fraccíMi que st titula parlamentaría está muy distante de (encr las simpatías de muchos á quianos cuenta entre sus defensores.
maños estravíos; no es posible que quiera halagar a la revolución que lanto detesta, siquiera por los suirtniieutos que le ha acar- reado; no esi^pesible que le aitrade esa (mli- tica fluctuante sin prinripm^ fijos, sin oliieto determinado, miserable importación de pai- ses que se balaron en sHoacion nada pare- «Ui A la WKBlia, y^ub mb* embargo arras- tran pí^nocamente sii vida polftiea entre innobles intrigas y ambicioues desapodera- 4m; bo^s posible que ios que sa ban anelli> dado tan ligeramente representantes (le la ibí«tracion, de la honradez y de la riqnc/n, bayan recibido de la nación sus poderes, eaaaáo asi osnlcadlean tan reciente historia, cuando de tal suerte abjuran hoy las dfM tri- nas que ayej* sustentaron, cuando tan pal- mariamente se equivocaron sobre un iome- düato fmrvenir. cuando ao vieron lo que estaba n h vista de todoa^ y flo palpaba con las manoB. ■ ^ éice que estas palabras eran «Maplimientosque se dirigian unos á otros los iwrttdo'; V que no espresal)an ningún peosamienlo político, enloi>ces replicaremos ^tB é laa nacioiies no se las ffomeraa con cooipliniicnto'. \ (¡rn tns parti<!os que as- piran á acaudillar un gran pueblo es menes- ter que prolésen principios fijos, y que los dawiwi ana -lealtad y laa afmqáen eonffr- «iCTn Lo diremos francamente: no podemos uer- snadimos que sea capaz de iMoer la 'felici- dad^ ta Mcion, ni sinuiera de establecer va gobierno durabb' el partido qne ni tiene Im siaipalias de los progresistas ni délos üatAiydoaa» ipie'amni se tm^iaa d unos T después á otros, rpie proclama hoy con ardor los principios conservadores de )a so- ciedad, y <pie mailana nos dice sin rodeos que fti dMtei wiriw 4|ae -le distingoa de los pmgre- sista*^ so)n ver'-a sobre la oportunidad; nn portido que cuenta ooa algunas cabe/as y mu vangtm braao; que se ve amenazado por Ibí aMMa «avaiaMarias v las maMK rea*' K.<;tas; que por npet^sidfí'l ht> de vivir en eterna zosobra por su permanencia en el LA INCEHTIÜÜMBRE DEL GOBIERNO.
Este país es muy desgracia<lo. Repetidas veces se han presentado escelentes ocasio- nes para acabar con la resolución, fundar un gobierno é inaugurar el imperio de la jos- licia y de la ley, v otras tantas se ha ma- logrado la oportunidad, smu es que se haya agravado el mal, esparciendo para mas adie- tante las semilhis de mayores enlaroidadea. En t8M se ofreció á Fernando \ II la mas bella ocasión, y la eclw á perder con una poHtita desacertada; en 4693 tampoco oom^ prendió lo que exígia el interés del trono identificado con el de la nación; y cuando un épocas posteriores ias circunstancias baa brindado á los gobernantes á que entraseo con pasoíirme por e! buen cannno, ó no hai» querido o no han sabido reali/arlo. Mucho tememos que ahora nos sticeda otro tanto, y qne pudíendo ser el último el sacudimiento (|ue arribamos de sufrir, traiga todavía en pos de si otros mas estrepitoso6 y luneslos^ ¿Qué sígníHca esa incertídmnbrc d^spael de la victoria? Alicante y Carbigeaa ÍHÍ^' cumhido; la autoridad dv la Rei»>;i es acá-» tada en todo el ámbito de la nación; el ejer* piiW|i^ m iáiriga paÍMunasto H^vwtkm I cüo» apíMido ao lededar-dal Iraoa, lo eaf iida cm iw peoiiM v lNqpiMBlM«balni todt | clase d(3 cneniiíroíi; los íiyimtaniicnlos están VOiMPUCslus (lü hombres adictos a ia causa *del jordei), y opuestos por coilviocion y por interés á los motines y trastornos; las au- toridades, ó son todas de la devoción del gobierno, ó si bay algún empleado (|uc no simpatice cob la situación, puede ser remo- vido t liando se crea conveníanme; la Uíilicia nacional, esa eterna pesadilla de cuantos hombres pensaran en reorjíanizar el pais, ya no existe; se ban (piitado todos los obsta- culos: se ba allanado el camino de tal suer- te, que es dable marchar por el del modo que se quiera; y entretanto, ¿qué haee el gobierno? Enerfíico en el momento del pe- ligro, salvando sin reparo todas las barre- ras^ suspendiendo todas las garantías, pres- eÍDdittnd»'de toda consideracioii á sus ad- versarios non los di' m;is alia cnleiioria, al- canzo a dominar la crisis, ¿desbarataren una parte las conspiraciones, á vencer en otras la insurrección, lo.s:rando en el espa- cio de dos meses (lueqoediise dominante en toda Espaúa la enseij^^d^ gobierno,, y es- tármentando con inexorable rigor á los que se hablan atrevido ¿ declarafse contra ella. Pero tan pronto como ha consoíinido el triim- l'o se ba dormidu trani{uilo sobre los laure- as, sin dar ningún paso para salir de la situación escepcional. pi'nnanecieiido en la misma como si fn(>ra un sislema gubernativo acomo<lado á tiempos normales. ' ' 'Una nación de catorce millones de almas, ¿puede vivir sometida á un estado de si- tio t cuando uo hay guerra, ni peligro que por iiiQit se eneienda? Si ae nos dijese que Mi rawdiMoa no desíBlea de sus maqnina- fiones, y (jue asi es preciso mantenerse en acUlud imponente, opondremos que en este eaoomes^hemoff de hallar de aquí á m aflo lo mismo que abora; y si para prevenir las insurrecciones no tenemos otro medio que el estado de sitio para la na( ion entera, de- diceee ooe esta es la ley (|ue se nos in^ ne, y saldremos de!a incertidumbre. • £ra de creer que el gobierno, desple- ijMdo tan terrible energia contra los per- turbadores éd óiden público obraba con un plan; v qiin asi romo sabia lo rpie liabia de nacer para Iriuular, asi también babria pre- iMiltdo;q«é<eonducta «aikteiiia seguir des^ pues de alcanrada la victoria. Si esta pre- meditación existia, debieron inspirarla las circunstancias uiisnias, porque fácilmente se ocarre a das tan estraordinarias, qne no siempre ba de ser ))osible continuar c<Mt la escepctoft* y que ri* fin 4ia dd ser fMPeoM* «taanaart á' una rehila. Xo obstante, según todas las apariencias este plan no existia, ó al menos no estaba tan preparado como era de desear; se trataba de vencer, y lo restante ae apto» zaba para mas tarde: se vivía para el día de boy sin |)ensar mucho en el de mañana.
Cabalmente en circunstancias ias críticas la ooaaion es anuamente fugafet en los tiempos que corren la fuerza de los gobief'- nos se gasta con lucreible rapidez, tiaciéa» dose luego imposible loque'antea'iieiQfblÉi dificultad notable. Porque mucho se eqjm^ vocan los ministros si creen que basta el silencio o la reserva á que esta precisada una parte de la prensa: »iaBgaa aa-aüMir sita del permiso de los geles políticos, las corres|H)ndencias y)articulares suplen en par- te la acción de los periódicos; y por fia cuando los hechos son muy patentes mms )osible cerrar los ojos á la luz: d pense-» miento va siguiendo su curso, poique al peosaailento nadie le «aendena. vn«q-..i^h La iiwertidumbre es u n estadopénime |n un gobierno que se encuentra en una situa-^ cíon dihcd; ni impooe a los eneiuigos ni ooolenta i loa aasigos; y danda vaai ftkm ¡dea de la elevación de sus miras, no4W ad(|uiere nuevos pariidanos, antes esperí'f uRMiia lodos los dias cmisiderables defisap dones. Por cierto que ai sistema poiMiaali noli lar es un sistema muy vigoroso y es» pedilo; pero creemos que ñ» hay neoesidid de ello, y que los aiisasoa y mejeres eÍMlr los se pueden obtener dejando que «¡ni con accmn regular y desemfaaFBaada al aliar cipio monárquico. * 'u. n-^ i^* 'tr^námm Goafésanaa ingéntMoieiila qí» naM» prendemos nmu) pueda convenir á la nación ni al gobierno mismo ese sislema con í|ue de palabra se rinden tantos bomenages a la Constitución y se la tiene awpaadida en la realidad; no alcanzamos por qué no babia de ser mejor el decir íroacaiaente: quiero ó no quiera AiiaaBioB da las Géites; quicio la suspenaíoB éd la Constitución hasta tai • cual tiempo; quiero hacer tales ó cuales le- ves, sin esperar discusión m conscatinuenlo de-los^cBemofl loalogisladéaaa; ^futmém quiero la libi riad de imprenta: entonce«ll nación Stibria a que atenerse; los (jue opin»"- seo en favor del sistema que se luaugusaas^ pondrían de parte del gobierno ^ los de-! 3bs le liaritui la oposicioQ por los medios <|uc quedasen espudilos, ó se resi^uarian a la BÍluacioii que se creara; se vería claro el ¡{ porvenir, se sabría lo que bay que esperar ¡ 6 que lemer, } no se lemU'iu al pai.s calero en lau^KMiosa espeelali^a.!
Se dirá iiue entretanto se disfruta de paz, j uve al pueblo p(K-o le importa que sea de \ «ta o <le aquella numera; pero en este pue- blo hay una gran purcion de bumbres nuc