Kieosaii, que no están satisfeebos con saber i.que tienen el dia de boy \ desean saber lo que liabra el dia de niañana; y basta pue- de ñsefimrwi que la nación entera se re-, Mente de un estado de tal incertiduinbre. y que csperinienta cierto nialestar (ine no es uada provechoso para consolidar la situa- ;fioo, y que no deja de esparcir el desaliento y la deseonlianza.
El gobierno, suspcudiendo la Conslítu- ' flioii y declarando en estado esce[>cional a la | Kmwfta entera, ha |>edido al pais sumisión ' y oliediencia, y ademas decidido a|)oyo pa- ra sofocar la insurrección: el pais se ba i prestado á audtas cosas, pero ha sido con la ] esj>eran7.a de que no se trataba únicamente de vencer sino tand)ien de ai)ro\ echarse cuerdanieute de la \icti)ria; con la e>*pe- ranza de que desend>ara7.ado ul gobierno de los rebeldes de Aliiante y (lartauena plan- tearía un sistema de orden que ofreciese ga- rantías de esla!)ilidad. No obstante, los (lias pato y nada se hace; continúa el estado ecccpcional, nada se dice del modo con que M piensa resoUcr cuestiones gravísimas, f que se hacen tanto mas difíciles cuanto mas le apla/an; y en inccrlidumbn* los ánimos, fluctuando entre el temor y la esperan7,a, se deshojan todas las ilusiones y se conciben Mspechas de que la crísis que acabamos de ' ■travesar no ha sido In última, que solo debe I 9tr mirada como uno dt' los accesos de fre- i nesi que nos atacan períódicamente, y que continuaremos en ese funesto estado de anár- quico des|)olismo en que nos hallamos des-; de IKU.
No decimos (|m^ esa inacción del gobierno dimane de flojedad ó pereza, ni de olvido de los intereses públicos; antes bien nos inclinamos a creer que este raro fenómeno ü susceptible de una esf)licacion harto mas i aMHÜla: no sabe qué hacerse. No estraña- BM8 el embarazo, pero si nosadmira que no tie k hubiera previsto, ó que si se le pre- H vio, no se aprovechasen los dos nieses úl- timos |tarn escogilar un medio de desalar ó corlar el nudo. Es nmy natural que el go- bierno tenga repugnancia a abrir las Cortes, pues que es evidente que si alcanzase ma- yoría, lo que no es seguro, se enoontroria por lo menos con una miñona numerosa que le combatiria con eslremado acalora- miento; es natural (pie tenga reparo en soltar la prensa, porque desde el momento que esta pueda hablar con entera libertad, sin temor a otra cosa que ¿ los fallos del jurado, el ministerio va á sufrir tan tre- menda oposición en diferentes sentidos, el desbordamiento ha de ser tan lerríble, que bien caro ha de pagar el incienso asaz em- palagoso que hace dias está recibiendo: es natural <pie tema el dejar campo libre al mo- vimiento político en reuniones, esposiciones > protestas, porque tan pronto roibo e^lo .se xerUiíjue desplegaran sus fuerzas los ene- migos de la situación, procurando abultar- las con el estrépito y la osadía; es muy natural por consiguiente tpie no se dei ida a entrar de nuevo cu la legalidad constitucio- nal, pür(]ue en ella ve su muerte ó cuando menos gravísimos peligros. Verdad es que algunos de los ijue le lisonjean le presen- tan este camino como sembrado de flores, y que al oírlos no parece sino que el parlamento ha de conceder desde luego el bilí de indemnidad, y (pie por agnuleciniiento se han de levantar estatuas a los ministros; pe- ro bien saben estos ([ue el negocio no es tan llano. ipic la situación de las cosos no es tan placentera, ) que d(mde se le pro- mete gloria y recom[)ensa podría muy nien encontrar humillación y castigo. >i V no volviendo á la legalidad constitucio- nal, ¿qué camino queda? hace? El problema es difícil, sumamente espinf)- so, sobre lodo para h(nnbrcs de los hábitos y de los antecedentes de algunos de los mi- nisUos. Como quiera, preciso será resol- verse; es imposible permanecer asi; cada dia (pie pasa hace la situación mas apre- miadora; ya (pie en la actualidad cuenta, si., con la aquiescencia del pnis, pero no con el decidido apoyo de intereses poderosos ni de opiniones iiifluyenti^s. El partido pro- gresista la alM)rrece de muerlc; el partido llamado parlamentario está descontento por- que no se entra de nuevo en los limit<'s de la Constitución; el monárquico no está satisfecho porque oye las continuas protestas c4Nitra cJ absolutismo. ¿Es posible prolon- gar una situación semejante sin gravet» in- éwveiiientes y p«lignitf ífE^IfMÍUe aue una pirámide se sostenga estribando soure ra vértice? Los gobiernos no pueden empe- Mme en andar sobre la niarouia; es preciso fa» caminen sobre terreno firme y ancho-' roso; de lo contrario se esponen á que nn gesto mal combinado dMlruva el equilibrio ▼ ae vengan af nielo entre h» silbidos de los concurrentes, con mas los doaagitdaUes tares de tamafta eiúda. • • PAftTlDOS POUTiCOS £N ESPASA.
A mas de los partidos polilicos uue acaba- de describir, liay otro que lia tomado dífereoteli DonriMres según la situación en í|ae se ha encontrado y la actitud en que se ha mantenido, no ol)stanle de que en el fon- do ates mas que uno, y que, asi por sus doctrinas como por sus actos, poede llamar- se con toda propiedad el representante de la revolución. El título de exaltado mas bien eapiesatma pasión que un pensamíenlo; y Ú de progresista tiene significación muy va- ria, y por lo mismo no determinada. P«'ro el sentido de todas estas palabras se lija muy Men desde que se entienda que se trata de revolver la sociedad, porque entonces el progreso indica desarrollo do cuanto contri- nnje al objeto mencionado, v la exaltación designa el árdor 4e la paaimT aplicada A la obra.
tuacion política, destruir poderes, ensayar nuevas formas: legitimo l^eredero de los pik- meros aniHti de la revofaMÍon^oe le wmmm^ ne fiel conservando como un precioso depo- sito los principios, los habitáis, los tnstintoa revolucionarios. Y hé aquí, por decirle) 4a paso, la ra/un de uue petmañosflin todavía en sus lilas los homl)res que mas se señala- ron en la época conslituciooai de 49 ti. E|i él eneiientraA el elMnento qne naeeflkiapn ra respirar y vivir. Esta es la causa {Mrqut el difunto í). Agustín Arguelles se compla- cía en recordar iuccsanlemente las cunslilu» yentes de GédÍB; era náa especie d» fula» dor, y asi le agradaba traer á la memoria los días de la fundación, inculcando o MIS adeptos sus teorías y máximas. • «M' ror manera, que cuando el partido pro> presista se ha apellidado oschisívaniente partido liberal, ha tenido hasta cierto {»uate una pretensión razonable: ya «¡oe él oa ^mm conserva el legado del libeinliamoprimitivoi^ él es quien con ohms y francas [)elahrat continua lo comenzado en 1 8 i 2. Y no se ale* gue en centra el qiie«oin nartido-lia ejero»*^ do la Urania invocando la libertad, pues q«| esta ha sido la condición del lilK»ralisnm en España desde (810; se queria que el puoé» blo espafiol bebieae qm copa <iue deteslalMi necesario ert, pnen, wjalaite con fuertes cadenas. i. <in. " El partido progresista ha tenido «l^nm^ vez pretensiones do pareoep partido de ón» den V legalidad; y en esto, si bien ha obe^ decido á un instinto de propia conservación, queriendo orreeer al pais algimat eapenmiai quelegrangeascn simpatías y apoyo, no oba^ tanfp se ha olvidado de que desde el mo- uieulo que entraba en dicho camino se haft- Haba e» el terreno de otro partido Hamade niodcrnílo, y que se despojana do su propia naUirale/.a. Kn efecto, si el partido progron sisla se propusiera acabar con todos los.poof» nnncíomiealos. dar mayor fuersa ai iraMi centralizar v vijíorizar la administración, en*- Estudiando ccm atención la historia del i frenar Uimpreola; mas breve, consolidar Ja» partido progresista, se'echa de Tcr que do puede vivir sino en la ajgilacioa y de la agi- tación: la calma es para él un estado de re- " sistencia á sus mas tuertes iuclinacioncs, la abnegación de sf mismo, la woeile. Nece^ sita desbordamiento en la prensa, tormentas en el parlamento, asonadas en las calles; ha menester devorar un gobierno cada seis instituciones y los intereses q«e ba ceaadb laiovolMioli con hacer á catO'MS pfev^ ra. menos arrebatada, ¿en qué se diferen- ciaría del partido liberal que se apellida mo- derado ó eonaeriador? Si w progresialn qéiai re la Constitución, la quiere tambÍM-oete; si quiere que se respeten los hechos«consuma- 006, Í9 quiere también, este; si qiñoBe que IvA^élM» flHp[|li'MlMBa4BflM|ÍÍlH|li quiere ' uublicislas pnríainentaríos: no todos los hnni< UBKTftP esté; si quiere gobierno de muyo- bres de alquil valer caben en una situación* riiw. lo quiere iHinbien este; si quiere (jue el dada, no lodos los ^eles pueden ser niinis-' rt'v fflnr y no fíoj)i«Tne. lo quiere también iros a un mismo tiempo, ni lodos los subul-' a no es conservador de lo antiguo sino lernos oc upar destinos importantes; y asi eai de uniuevo; estií tan encaníiado con la revo- necesario esl<d)lecer dos campos donde se* luciüu, c\uo de-iea roiistiluir-se en guarda de ostenta un simidiicrode jiuerra de principioK' lo« intereses itcíhIí» [)or ella. Véase cómo se empresa el prospecto del Tiempo. diario cnn- ténodor^ (pie hace |)oco salió a luz. cAl pÉlUdh de partido de mas (emplanza cuando en realidad no liay mas que la lucba* de ambiciones personales. t Dejemos aparte la In^ílaterra. donde el re¿;imen represíMitalivo no es una importapasiones (|ue lijeza en sus miras, le cion violenta, sino una planta arraigada en* l)auUzan)n sus instintos y se llamó modera- do; al partido que nace en <N4i, partido caya vida s<' reconcentra en la grande idea desgobierno, le bautiza su sistema y se lla- ma eoaservador. Kl uno estaba destinado á nwderar los ímpetus de una revolución osa- da en SOR Ünes y violenta en sus medios, el airo e$lá destinado á conservar los intereses crttidos de una rerolurion consumada y re- conocida.»
Coo mucha verdad hemos dicho, pues, que el partido projíresisla. desde el monien- t»Me entre de lleno en el camino de la le- ftmáaá, deja de existir como partido políti- co,«í identitica con otro, ya que no nabrá diferencia ni en doctrinas ni en conducta. Dttde que la revolución esta consumada, ceM la cuestión de oportunidad; y el campo de la lucha esta entre los que quieren con- servar la ohm «le la revolución y los que se )roponeD destruirla. Se han tríttado los pa- peles: los antipios revolucionarios se nan convertido en con.servadores, |)orque desean ooBservar lo (pie han adquirido; y los parti- dafios de lo derribado se em|>erian en (lerri- bar lo nuevo y en restaurar lo viejo; bien que los nuevos' conservadores se hallan ade- mas cftmbatidos por otros (pie, no habiendo tenido parle en el botin [wr hal>er llej;ado tarde, no (juieren recíonocer la peregrina le- galidad recién creada, y se obstinan en em- pujar de nuevo el carro de la revolución.
El partido progresista!. pues, considerado ron» partido legal, carece de objeto, se idcBtifica con el parlamentario o llámese roKervndor. si esta palabra se ha de enten- der en el sentido que acaba de dársele en el documento menc¡(mado. Si permanecen se- (Kirados esos partidos, la cuestión no será de principios sino de |)ersonas; y esto es lo que constituye el paniiillaje. Desgraciadamente esto es ío que sucede con las formas constiel pais, [wisque ademas esta sujeto á con- diciones dilerenles de las del resto de Euro-; pa, asi en lo social como en lo político, y li- jemos nuestra consideración sobre la Fran-^ cia. ¿Oiiánto va de la |)olitica de Thiers á la de (luizot, y de la de ambos a la de.Mo' lé? Cuando se atacan para derril>arse, mu- cho; cuando gobiernan, poco o nada. El gefe de la oposición cómbale al ministerio en lo- dos los j)iinlos de política interior y esterior; diriase (|ue si se veritica la mudanza, el ga- binete de las Tullerias va á entrar en una carrera lolalmente nueva, á inaugurar un sistema (pie nada tenga de parecido al ante- rior; y sin embargo, los resultados vienen luego á manifestar que la marcha del gabi- nete es á ¡Mx-a diferencia la misma que an- tes, y (pie si algún cambio se realiza con respecto á lo eslerior, es únicamente para que con personas diferentes pueda la Fran- cia retirarse con honra, de algún mal pa.so en que se adelantara, tal vez con demasia- da lifíereza, tal vez ya con espreso desig- nio de volver atrás bien pronto, á la primera oportunidad que se ofreciera. Thiers alarma- ba la Europa con su bélico aparato; viene Guizot y opina en favor de la paz artnada, ó de las armas pacificas v el gabinete de las Tullerias se halla libre de em|X'fiarse en una guerra, que ya se deja entender la em|)ren- dia de mala gana..\si Luis Felipe, sagaz co- nocedor de esas ambiciones, va conservan- do con el auxilio de distintos hombres el mismo sistema de |)olitica; cifrándose su ar- te en sacrilicarlos alternativamente unos á otros. Cuando los que mandan se han gasta- do ya con dilatada permanencia en el minis- terio, y se ha de.scompuesto algún tanto la mavoria (jue los apoyaba, entonces ha so- nado la hora del sacrilício, y el ministe- rio cae.
Si en F^spaña se llegase á arraigar nn sistuetonales interpretadas á la manera de los • tema semejante, y el monarca tuvie.se la esfíios lo qm ^fí trata de dfslruir? ¿Pero don- de están eaw prirüf gios? ¿ Donde esta esa arísloeneii qae coA'ta poder y aMHerit pueda provocar la cólera del pueblo? Entro nnsf>tros va no ha qwedfídn mas íiristmTacia que lu que resolta de fortuna piugue \ do calidiMles penoaries aventajadas, é é> «aH pico on altos nep:ocKw del Kstndo: t esa Mi«- tucT.icia es indestriicltble ea iu> alacuido in propiedad misma, en no condenandi liia conflidsfMion tributada al mérito peraonni, eft iif flr^pr^jiindo de lodo prestiirio n los al- tos iuuciooanos. Una de lat» revoiucioiies ni» eompisis qae n te fñt» m liqpiAa fue la de 4840; y ¿cuál fue su resultado? Sustituir á nnrj ír wncia otra regenria. á unos cortesauui» otros uorlesanoa, a uiius emi^eadot oIrM emfteidflo^ iM-trilNHiM 4ñ Cádiz perdieron reponlinainentr su horror a los palacios y a la eorie; ios hombrea que mas se habían sc&alado por sus doctrinas democrátíais vistterM en nrpH» la lilÉen de In ("asa Real.
En otros países eoncebiniosaueiia]f»i|ipea mefte en revftlncitmM prafonm ^ft«««a- biar de ran el estado social; porque la ti> cenciosa aaarqui i (íe las docU-inas, y «1 vt- heñíante ^piritu de luuovacion que trae canteadas muelna oabaaaft, «finen «Miwa esperanzas de que cuando se me jan tes re- voldfioncs desciendan de las teorías a loa hechos, ban de encontrar apoyo en numeequilibrar de esta suerte la miVfuina ]K)lil¡ca, variamos á los gefes de los partidos legales i smadeneaHannivaBumla en ermMsiena, natteodo giSA ftido desde los bancos de la! opoiñcion. y obrando de la misma manera ' cuando ocupasen las codiciadas sUlas. En efiiclo vivpoeala la Mnamnaeton de las gran- des injiisliciás revolucionarias. y qvn' los dos partidos conviniesen ((uuo convienen en reconocerlas y en consolidar su resulta- do, y que ademas w reágnaaen^aaabaa aon- tendientes á decidir sus q«ere1l;is en e! ter- reno marcack) par la Coostitucion de t837, ¿en qué podrían •dilMiBeiaraa? , Bl partido pro^resbta propiamente dicho no jniede f'Mitentiirsp con e*;tn lucha pacífica, SI quiere cojiscrvar el carácter qne ic distin- gue', y4MK alejiur da ai toa etomantoa que constitvyen su vigor. Reuniendo en su seno lodits las ideas, todas las tradiciones, todas las tendencias revolucionarias, lia de vivir pasando. sucestTaoMrta del campo ds ladía- cusioa hI de la fucnea; y así es de notar, qtin tim pronto como algunos de sus caudillos jl han queridn en ciertas coaaiones oponerse I al espíritu éé dasoidénadp movimiento que trabaja á una gran parte de sus prcist>!i[f>s, se Kan visto ardientemente contrariados |>or los que poco antea lea aplaudían con el mayor entusiasmo.
Ahora bien: coIím ado este |Kirtido en la alternativa de coiitinnur por el camino de la revakMáon ó de fundirse can otro del cual le | rosea partidarioe. ^ero en £spaAa, doaidvae separan tan encaro i 1 1 ^ ¡di,;; tiál es su porvenir? Noes diticil adivmarlo: t>e incli'* nará naturalmente hacia el lado donde están sus fuerzas; la revolución será su bandera. Y en la España de 1844. ¿qué significa la revolución? ¿Se quieren todavía nuevas deshallan en minoría aun \n< rrlnrmariores mas mesurados; donde las ()ersouas uuslnñdaai ó no tienen noticia siquiera de esaa «¡atamaii U-astornadores, ó los detestan y desprecian; donde la generalidad pueblo vive toda- vía fuertemente ajiegado h las tcadkiODes j tmeeionea? ¿Qué ca lo que se pnede def$o i costumbics antiimaa;: domto «a ae trair? ¿Será el trono? Ksto es imposible; ta república entre nosotros es c\ mayor de los dfuirtos; apeuas es concebible como seme- jante eansa pueda sdr aoslenida seriamente.
Nuestras ideas, nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestra organización social, nuestra situaciou con respecto a las {)oten- cám europeaa, se oponen invenciblemente á tamaña insensatez; la república en Esparta no fuera mas que una miserable farsa de Iwevisinia duración, los puébioa la rechaia- rian con indignación y desprecio, y al Hn no prodnrinn mt^s rf^'^nHndo que estériles des- ordenes, acabando todo por una restauración <> deleaidos y helados en presencia de iancmado esos grandes centros industriales que tan u propósito son para que las ciases mas numerosas se contagien con ideas disolveos tes; donde la inmensa malaria aMé-Míaa- da a las tareas agrícolas, de sayo tan pnri- ticas. sosegadas y conservadoias, ¿que pueden prometerse los que sueñen en con'* mar la revotatnon, si pensasen llevarln al estremo de reconstituir sobre bases rnícra- mente nuevas la sociedad entera? Hemos visto recientenienle qw al inManm reKgion mm mudanza cismática, los desa- tent;tdn<! autores del proyecto w sinliemn ÜiQiUzeú by Google ÜiQiUzeú by Google titnd imponente <lol pueblo español, y rc- Imcedioron espantados de su propia obra. Ahora bien, a una nación a (juien no si; ha podido seducircoii mentidas promesas de un cmtianismo mas|iuro,con las declamaciones á favor de la anticua disciplina. ron las en^rM)sas palabras de que no se trataba de dcslrnir nada im|Mirtanle y si únicamente 4MPe^till)^■('e^ las practicas de otros tieni- , a t'>a nación. n*pclin»os. pro|>onedle delirios dcinocnUicos que bullen en otros p«Í9es, aconsejadle que derril>e el trono, tfiie abandone su relijíion, que ensaye sis- temas nuevos de organización social sin mas ílogiiuis ({ue el de la fraternidad, (|ue plan- tee iraas formas p<jliticas sin mas vinculo que el de convenciones y confederaciones pasaderas; a esc pueblo <|ue aclama con en- tusiasmo á las personas reales, y que se agolpa de tal modo en los templos que no calM' en \n< anchurosas naves de sus nui- chas y esjwciosas l»asilicas, a ese pueblo ha- bladle de revoluciones profundas, de mu- danzas radicales en laswiedad, y veréis co- mo en vez de entusiasmo no rccojícis otra cosa (fue indiiinacion o desprecio.
En los dilatados años que llevamos de re- vueltas, la esperiencia li i i ii^cíiailo (jue aun \^ iaiiovaciont's j>oliliea> que se han guare- cido á la sombra de la monarquía, no bau podido alcanzar arraigo ni vencer el desvio con que fueron miradas desde su nacimiento, i Y de aqui es que el |)artido progresi.sla, que i según.sus doctrinas ha de a{)elar siempre á la solKüranta popular, se ha visto preciado á guardarse del verdadero pueblo, y no ha podido encumbrarse sino [)or medios violen- tos, ni sostenerse en el poder cuando se ha pf>dido veriíicar un desarrollo pacilico de la opinión pública. Mientras ha estado en el mando se ha visto condenado á vivir en con- flBua zozobra, sintiéndose abrumado por ^^Ée inmenso peso de la opinión (jue, forma- de los realistas y de los nioderados. hacia I inclinar la balanza ' hacía ellos, no obstante el lial)er en la otra toda la fuerza y los re-, cur>os de que dispone un gobierno esta-: blecido. I No alcanzamos cómo algunos hombres de ^ talento que ligunm entre los progresistas no, han reflexionado sobre la posición eminen- | temcni'» falsa en que se hallan colocados, áempre que tratan de gobernar conforme ¡ á sus doctrinas de movimiento. Si conceden, ma» latitud á los derechos electorales se i verán precisados á falsear desde luego so propia obra, impidiendo por astucia ó vio- lencia el que acudan a las urnas los hom- bres que figuran en el partido monárquico y en el moderado, jwrque no pueden igno- rar que donde esto último se verifique van á quedar en insignilicante miñona; si ar- man al pueblo, sera preciso que procuren eliminar de las lilas a los ciu<ladaiios mas distinguidos, y que anden a caza de quie- nes no tengan otra o|)iníon que la del in- terés ó exaltación del momento: por mane- ra, que asi en el terreno de la discusión como en el de la fuerza llevaran por nece- sidad la peor parte, siempre que Jején des- arrollar cumplidamente las mismas leyes que ellos habrán confeccionado. Preciso* les ha de ser, pues, el falsearlas; y ningún par- tido <|ue haya de estar falseando continua- mente su projMa obra puede prometerse mas que una vida enfermiza y de muy corta du- ración.
Añádase á todo esto una consideración nniy importirnte, y es que el partido pro- gresista con sus tendencias re\olucionarias, aun en los intervalos en que muestra pre- tensiones de fundar un gobierno, tiene por indeclinable necesidad en contra de si al poder esencialmente conservador, que es el trono. Asientcn.se las teorías que se quie- ra, preténdase inculcar á los revés la en- señanza progresista del mejor mo<ío((ue que- pa en imaginación humana; jamas será posible que la monarquía simpatice con lo que se encamina á limitarla y relajarla, cuando no á destruirla. Ksto se funda en la misma naturaleza de la institución, en las mas fuertes inclinaciones del corazón hu- mano: en vano será luchar contra semejante hecho; no serán parte u destruirlo todas las declamaciones ni estuerzos. ¿Y qué podrá esperar el partido progresista teniendo con- tra sí á In inntensa mayoría de la nación con un punto de apoyo tan íirme como es el trono? Claro es que semejante combinación de circunstancias ha de producir al partido situaciones sumamente diliciles, cuyo des- enlace no puede ser otro que su caída*. Cuan- do la mayoría del pueblo simpatiza con cier- tiís ideas, con este auxilio es dable neutra- lizar el poder del monaa*a; y al contrario, cuando el monarca está inclinado a ellas, con su ayuda se puede contrapesar algnn tanto la pujanza de la mayoría del pueblo: mas cuando ambos son enemigos de on 25 «ist«nu, ¿qué recurso les queda á los que ji§ emUewen üostenede? JÜ^tk nías que ima seiie (le atenUidos vtíúám «tArOfló y el .j)ucblo, oprimiendo,i este con el prolchUi de la obscrvaiiciti de la ley, y ultrajando a ;f^^el«u uoud)re de la libcríad. 7>:Tal e» ÍA sitúa* ioa ddlpailidofirofíreMsUi en E>|><in:», mí «juiere aU'nerse a sus doclrt- nos y anlecedeíilcf;; |M)sieion suiaamcule feisa, en eslreino peli^írosa, que solo puede j|0afreflr desastres al paiH ^iCtOMa i^aiislac* rion á los autores «Ir! (inuo en U\> l)n'\es luomrntos df $u cusluísa viclona. bi diihe mi Mimierio, ó será denibftdo pflfr Iks Górtes^ áMdü si estas le son Tavorables, sobreven- drá de un ukkIo ú otro una crisis, cuque ia corona retirara la cftuiiuu^a a iu:i muutr- li^, yi««los vendrán al suelo €Q|iil984»órt< les que!(»s sosteninn. l'ani rocoiirar lo per- dido sera uií'ucstcr una uueva revolucioyu en (tó de la cual se repetirá una y juil voces» a misma escena. En vano es deelamaj^ocMihT Ira las cnniarillas, coiUra el ejtM i ¡lo. coutra lo» reirofírados, contra los rejes uiímous: ¿podoi» destruir el trono? No. Dt jaudole que^xiata, ¿podéis (ie:^p(ljarle de sus incli- «aciones naturales? No. ¿Podéis lo}<;rar que, (al.vas algunas ebceuciunes, no. ponga #l<^¿aoiilroilo «I «jéroi^ por honor, p^[t^|awbtOMcP9r.efetto de su misma or^^a^ nizacihn. por interés |Wopio? No. ¿Podéis cauiittat las uit as del pueblo, y hact^r que ■IM^ teníais en contra el inmenso. |ie80 >qiie re-u!ta d*- la opinión de los realistas y nio- cienados? No. Pues entonces en vano es lu- nlif^ coBtra la uat^ralexa, d^ las coi^; es fí^^so resignarse áÉMMiMÉMhii^fVMÉD ■ es posible d('<lniir. ' medio desesperado quizas se haya oi^Urridot á algunos, y os.tf ie|arie.á iwi re- voiueion atrevida que no respetasOítPi 4a iW«>ma persona del niunarea, no liara esla- .l|iec<5rla república, sino para destituir ia iliaaiítía de los BMrboDcs. Pero y \m medios (le llevar á cabo tan desalentado proyecto, ¿dónde están? ¿Con quien ieempla/.ais a la augusta, familia reinante? ¥ cuando por un c<Hljuiit0;'de cirounslancias que os íavore- ciesen UQll manera eslraordinaria liubié • seis., conseguido el miento, ¿qué bubierais paliado? Nada. A.segurada la nueva dinaa- lia se presentara de nuevo el misino feuó- im'uo: eiKonlrariais en ella el mismo desvio, la rai.süta resistencia, porque lut i\m <iuc.^ citmes inseparabllís de uh trono espéñoi.* Y lutíru lMcu.po^Utí que eu vei ét. gaaaiirt rio liaUaBei0 iui el^ rnwfcinrf TpéwMdm porque si aseutaseis un el solio a un varón de alguna edad, es probable (pie a vosotros y a olro.>> que, se os paicceu os trat«u»e cuu mas sevtfrídad.da i» qHA •hfeié *i*b Nifei de i i años.
Creemos, baber demo^tradu que el laiie- riuloioo (Áisne Muo sabidas dcaasir^sas^iji es bavto cíImIo <|uejliOttilM«» nfmrkm m canzado ya uoa píngUe íoriuna y posición social. disim¿;uj4u, «{ue sou lutr iyÚMireiuUar dos ptmikm ái<|ue puede aspiiMMMi^hMMM ^'0^0, cuntinúeu todavía en busca de aves»* turas piiüiolii as para deslíiccr agrav«oe» lie- cluJ.^ u ia diosa jbsta vida, por que bt* suMilido últimawaiHes itfle. ye q/m comienza a ser pelimosa; ¿no seria mas prudente que altaudouarao el azaroso uticio. y disírutarau de las dulziuas de U paz, ai menos aquellos que. haa: alcaoiad». á.pm* pawkmrsa el oUim mm éjjmhtl»?