Pero menester es advertir que aqiii no hay nada nvero, que esla etf h daemii ék todos los tiempos, que asi se ha inculcado en todas épocas aun á los monarcas mr.s ab- solutos, pero <^e jamás se ha entendido por esto que el rey debiese i^intr y no ^ber- nar; que antes al contrario se ha condenado ese quietismo real como una cosa altamente perniciosa, como una señal de pereza Índigo lenloft, esperienciay heníadei, la nación I na de quien tiene ásu etipp» los grandes jerá el juíruete de cuatro miserables que lian subido a los regios salones por camino tortuoso, y Que conservan su fivor por me- dio de viles l)8tn|ap..e«ando dedmae, p«iB, intereses de la nación; que antes al contra- rio se ha querido signilicar que el rey delMl gobernar tanto cerno* le fceaeiMMÉMe, MSH mándose por si mismo dé lodo, no liándose M, pnaa, manoose por si mismo oe looo, no iiauoosn <|ue el rey reina y no gobierna, nos propo- 1 á ciegas de ningún censuro, vigilando so- nomo» diistniir semejante influeiiciaB>, qun bre lodo, estando preieate a to4o, no deocSfírándosc sobre nadie de la grande respon- sabilidad que pesa sobre vi a ios ojos de Dios y de ios hombres. Ki que el sistema de f^nlñemo fuera mas ó menos [H)puiar, no se ha llevado en cuenta para eximir al rey de tamañas obli^^aeiones: él estal>a al frente de la nación, ci concurría a la formación délas leyes, éi era el encarf^ado de su ejecución, él era el custodio de los gran- des intereses nacionales, ¿i debia, pues, estar du continuo en guarda sobre cuantos atentasen ó alentar pudieren contra el bien publico; á él le estaba encomi'ndada la ■üpeccíon sobre todo, y muy parlicular- OK'nte sobre los que le nxieaban para in- formarle y aconsejarle. Cuanto mejor ha llenado un rey estos objetos, tantos mas elogios le bao tributado sus contemporá- neós, mas distinguido lugar se le ha seña- lado rn tas páginas de la historia: el rey ha sido tanto mas grande cuanto mas y mejor ha gobernado.
Si, pues, la máxima tiene por objeto la felicidad pública, si se propone que la mo- narquía produ/.ca á los pu(;blos el mayor bien que posible sea, lan lejos está de con- tribuir á ello con su contenido, que antes es á proposito |>ara producir infinitas cala- ndades, haciendo á los reyes flojos é indo- lentes, quitándoles la conciencia de sus de- beres, eí sentimiento de su propia dignidad. Ved lo que ella dice al momirca: «Solo de- béis reinar, es decir, sentaros en el trono, mas no gobernar. Providencia os ha he- cho nacer en regia cuna, no para que os ocopcis eo los negocios del Estado, no para que sigáis con ojo atento lo que exigen la opinión, la conveniencia, las necesidades de los pueblos, no jwra <|ue procuréis eute- raros á f<mdo de las principales cuestiones que se agitan en el país, y forméis vuestro concepto sobre ellas, y loméis vuestro par- tido para obrar como os dicte vuestra razón y conciencia; lo que debéis hacer es mante- neros como inmóvil estatua, sentado en vues- tro trono, rechazando los consejos que os quieran dar las personas mas sabias, mas honradas, mas distinguidas |M)r sus largos y eminentes servicios hechos á la patria, si Iuienes los dan no perlem»cen o al ni.Miero t vuestros consejeros ó á la mayoría dí'l jMamcDlo; hasta de vuestra voluntad, de ^estro juicio deb<'is preservaros como de tentaciones peii^'rosas; todo lo ijue sea em- barazar la marcha que se han propuesto vuestros consejeros responsables, todo lo Sue sea oponeros á sus determinaciones, to- 0 lo que sea mezclarse en los negocios dti gobierno, lodo lo que sea saür de esa impa- sibilidad que constituye vuestro carácter de rey couslilucioual, es contra el espíritu de la Constitución, atentatorio á los derechos de las Cortes, dañoso a la libertad de los pueblos, peligroso para vos misino, que atraéis sobre vuestra persona la indignaciou de los patriotas, y os despojáis de la irrtis- ponsabilidad con que os escudará la ley fun- daiuental. Cozad tranquilo y sosegado de la dicha de reinar que os ha cabido en • suerte, llevad sobre vuestra cabeza la bri- llante diadema, empuñad el cetro de oro; pero mostraos a los ojos dt; los pueblos co- mo una divinidad agena á los negocios de la tierra; procurad que no intervenga jamás vuestro nombre sino para articular alguna palabra de amoróiierdon; y si alguna vez lle- ga á las encumbradas regionesen que moráis el ruido de algún conflicto paríamentario, , conío se oyen en los etéreos espacios ¡as tronadas de la atmósfera sublunar, inclinad , un instante vuestros ojos hacia el lugar de las tempestades, llamad á vuestro lado á las notabilidades mas ilustres ¡>or la facilidad y brillantez de su palabra, sean ellos los ala- dos mensageros (pie lleven de una á otra I parte las combinaciones ministeriales, y en caso de incertidumbre decidios sienq)re. por el hombre de la situación, que será aquel que en la sesión mas borrascosa haya aterrado con su elocuencia á todos sus riva- les, y ande en los periódicos de su j)artido con los esplendentes dictados de orador emi- nente, estadista profundo, con los apea- dices de purísima honradez y acen(lrado patriotismo. Asi os conservareis en la altura en que os colocará vue^itro destino, asi no llegará hasta el trono el abra.sador aliento de las pasiones; guardaos de la tentación de tomar parle en la refriega; no olvidéis que bav guerníros nuiy fogosos; recordad lo de la tabula; persiguiendo á un enemigo podria muy bien suceder (jue hiriesen a una dio.-ia.» ¿Sabéis lo que signiíica ese discurso? ¿& - ; beis cuál es el blanco de tantos esfuerzos? . Helo aquí. Formadas las constituciones mo- dernas c^m arreglo á los principios mas de- mocráticos, con numerosos artículos á pro- ; pósito para dejar el gobierno en manos d< I los mas bulliciosos y atrevidos, todavía en- 1 cierran algunos gérincocs, que destmuellos de la manera conreuiente por una poKli- ca sagaz y previsora, podrían suscitar no leves obstáculos á la amnirion desapoderada de los que se imaginan con escltisivo dere- íf-ho á dis{)oner de los destinos de la nari«m porque poseen la facilidad de pronuncrar un disí urso y el arte de captarle nnapopulari- idad tanto mas ruidosa cuanto mas lacticia. 'Asi era menester no dejar el |)el¡í;ro en pie, era preciso salirte al encuentro, y ya 3ue no se pudiese (juitar del todo. «I menos ismÍHuirle en fíran tuanera, y mantenerse contra él en viídlanle guarda. Para esto era indispensable falsear ¡as conslitticiories pot medio de doctrinas aclaratorias y de prácti- cas parlamentarias, todo con la mira de que los tres poderes se redujesen á uno solo: la cámara popular.
Es evidente que esto es lo que sucede en todos los países donde se han imT)rovisado constituciones muy democráticas: la cámara alta no siímilica nada, el poder real ha de es- t^ir esclusivaniente representado por el mi- nisterio, y este no ha de ser mas que un de- legado, lín servidor de las voluntades del cuerpo popular.
' En los ¡)aises donde existe ima administra- Vion muy vigorosa como acontece en Fran- cia, el poder real tiene en su mano el re- ocurso, no de resistir al ascendiente de la cá- ''mara de diputados, sino de hacerla de su devoción, influyendo en las elecciones, y de conservarla adicta con varios medios;' asi c^mo en Inglaterra, donde predomina la aris- tocracia en el órden social como en el polili- Ní6, esta consigue enviar á la cámara de los tromiines una mayoría que no contrarié el espíritu y las uúras de la cámara de los lo- res, Sin embargo, vemos que la Francia se encuentra á menudo en crisis ministeriales, y en gravísimos embarazos, que conlríbu- TCn no poco á ¡mjjedír que el gobierno pue- 3a seguir una política grandiosa y lirme, cual cumple á una nación de primer órden; y esas crisis son debidas á la ambición de ún muy reducido número de hombres (pie se creen con derecho á perturbar el Estado por la decisiva razón de que ha pasado ya ' demasiado tiempo sin que se hayan saborea- do en los goces del mando, y que ha llega- do ya la éj)oca de que á toda costa derriben á sus rivales, como estos á su vez los derri- baron á ellos. Miserables luchas de amor propio, donde no entra para nada el interés tie (a nación, donde los grandes negocios del Estado sirven de arma a la ambicioB y a la vanidad, donde se examinan las cuestiones mas importantes v trascendentales, no á la luz de la razón y íiajo la guia de \a pniden- cía, sino al travos del prisma fie las pasiones. : y procurando abultar y exagerar todo lo qnc sirve al (pie de ellas se vale, y disminuyen- do ú (H'ultando todo lo que pudiera dañarle ó embarazarle. Los países donde ha hecho estragos el es- ' 1>(ritu revolucionario, donde se han perdido as creencias y las tradiciones de los siglos, donde el vértigo de las ideas y la disipacioo y ligereza de costumbres llevan en iHjriHi corriente á los espíritus, preciso es (pie sm- fran las funestas consecuencias de su estado sm-ial, y (jue a falta <le buenos principios bastante poderosos para prevalecer en la és- fera iK)lilica y a|>oderarse del gobierno, vi- I van esclusivamenle dominados por la aristo- cracia del oro y del lilosolisino auxiliad;! per i el poder militar. iMas en Es^wña, donde se conservan muy fuertes y arraigados los prin- cipios monárquicos y religiosos, donde no j ha predominado todavía ese torbellino que agita los ánin»os y pulveriza ta sociedad; en España, re|)etímos, hay otros ele me utos de gobierno: y no necesitamos entregamos ata- dos de pies y manos a merced de una vein- tena de hombres (pie, (»scoltad(js de sus sa- télites políticos, cientílícos y literarios, dis- pongan á su talante de la suerte de una nación de catorce millones.
A esto, y á nada menos que á esto, nos llevaría la adopción de la máxima el rey rei- na y nu (fobiernn. De los dos cuer|H)s cole- I gísladores, el uno tiene una influencia licli- • fia; solo el popular la tiene efectiva: vivien- do el rey á discreción de los- ministros y los ' ministros á discreción del Congreso, y es- tando el Congreso á la disposición de un nú- mero muy contado, lejos de abrirse para España una era de bonanza y prosperidad, comenzaríamos otra en que el país seria victima de la rivalidad y lucha de ambiciones estériles, introduci riamos el funesto sistema de ipie la habilidad del monarca haya de con- sistir en jugar con dos ó tres < Mpac¡(lades. sacrilicandoallernatÍN amenté la una a lautra; falto de estabilidad el gobierno no.«¡eria po- ( sible llevar adelante ninguna clase de mejo- ras, y manteniéndose al país en una agita- ción sorda, efecto de los manejos del que (juisiera escalar el poder, correríamos el riesgo de nuevas insurrecciones en que la « Google bles azares,.rj, ¿Y no es una vergOenza para uu pueblo Meen al^o estime su dignidad, t\ que á ÉlflMB.se buya de enconlnr largo tiempo ^oBieriio,'¿ causa de que dos ó tres in- dividuos no aciertan á coavenirse, y tienen 110 interés en suscitar obctáculoa á la eom- bioacion ministerial, según las práctica^ parlamenlariiiv? Si canjarilliis (i<'iien los re- yes, ¿Qo lus tioQJt;n ^anüutiu esusUe muera (as que. cga distintos njDyn|)re^ y con mentidos títulos se erijien en tiranos de la sociodád? Jl^ crisis espiiiosus, ¿uo ^'uardun tiiinliicii e%s una afectada reserva (¿ue. salve su res- ponsabilidad y no dañe á so fepatacion de JlffQibrefi de estado, mientras sus satélites en ft^fi^WP ¿y.<?W.ja prensa hacen díiciaíacior mu aas 0 menos esplíeitas, que revd^n el (HSnsafCiiento del iiersunaje qw) ha unido á sus facultades tribunicias la magestad.^ir- li#[Mpsa{iUidad di^ un muuafca? 9^i)oaiifia i^ecpraamos qoeeuandp los puri- tanob cou.'^titucionales se proponían resistir á la ambición y ai sable de Kspai lcro con el inipc'ucUab^ escudo de las practica^ parla- ■lúilarias* npiMitras la nación estalla mirawlo con zozobra que pclií:ral);i »■! trono, que pe- la j^cU^iQn, que pcb^^raba la inde- pendencia, se nos precisaba á esperar la r^^s iií.i> un i coiiibioacioii ministerial que habia (ic (lar cumplida soIik ion al complicado pro- blema; y al ^ran pueblo uue en Ips tiempos ao^guos y modernos se ha complacido en i^l|(a|las de ^'i^'untes, venciendo el islamismo, cnnqui^ílando un mundo, intimidando ñ la Jbiufy^a y derrocando, á Napoleón, se le oitii- iplM naístir 4 juegos de ntflos, á farsas, de piiriiioos. y se le conlal)a como un suceso de ^portiificia, como upa prenda de lisonjero mrveiúr, comp esperanza de remedio, i^l ¿ U(>9ii». están aquellos poderes á la tan robustos, aquellos hombres tan influyg^r tes, tan necesarios, que sin ellos uo era posi- ble {5'oberuar, ni era dable que la Espaiia ontinuase existiendo? Ksparlero esta pr^Sr (•rito. Olóiciifia fii^'¡li\<). l.o|)ez (.culto, Corli^ na en la ^;arcel. Ué aqi^i ^ei|iusU-ado con b^- cbos^ lo qae valen esas máximas, esas préC;- licas 4eiM€ienia ímpoctacioii. Sía> anaigo, sin apoyo, sin simpatías en el |)ais, se ois^ pan al primer.suplo, v suio qitr^um^i^iuj za que Ies dan la ilusión y U¡|li|^^^y mismos que las aborreceikt VMMK teiichroMi pareeciKis ver en lontananza Üii laiiUiuiu ¿li^uulcscu »|ue iiu exiile sino en uue^ra Imaginación, el^vesliglo se dlsij^ tan pronto como nos acercamos á ély i^ cercioramos (^ue po h<ty nada.,, SOBRE LA AOMINISTRACIOIir ' Alupbos $on los elo¿$ios que ha recibido de ciertos periódicos el Sr. Carrasco, de suerte aue sí k opinión por ellos manifes- taila hiifiiesp estado fiíndada en hechos, se habrá podido concebir la esperanza de que nuestra- hacienda ibaé salir djbl estado de abatimiento y embrollo á que la. ha condu - cido una dilatada serie de errores, malda- des y desaciertos. Grande hubiera sido la Slona del Sr. Carrasco si hubiese conseguí- 0 un objeto tan árdno é importante; pero desgraciadamente, se^un las apariencias, no llevan las cosas el mejor camino, y las á,tai ó cual hora habia sido llamado |i I ilusiones, si algunas se han tenido, comienuena-Visla este o a<|uel indi\i(luo, v que (^^oz^a y Cortina hubiau pasado. de.hra(;ern ñor Ja Puerta d^l StU. Saíiéiannos al i^pstro IOS colores, si no recordásemos que la nación tuvo otro medio mas grandioso y eficaz para dar iiu ^ uua isiluacion injusta, violenta^ O' i^sa; 'ú no.recordásemos que los púa- )rmaron una coaUcion que valió y pudo á&iilP^tíl^fi la de. Olózaga y Cortina*; si no recordásemos aquel ma^íiico levan ta micolp 4Be hizo tfii^s tapta iniquitlad y miseria, y que hundió en poKu. rt fUijo;i'la nada á los zan a disiparse.
Sabido es que todos los altos empleados, y muy parliciduiBente los del víanoso re- nto de hacienda, suelen ser el blanco dt- la maledicencia, y que con nuicha l'acilidad se les achaca que no evitan cual deben la malversación de las rentas pttblieas, aiift que no se les imputan otros caraos mas gra- ves. £1 clamor de que se hacen contratas ruinosas está casi siempre á la órden del día, como suele decirse, y apenas ee eo^ mienza á hacer la oposición a un ministro se.ojU'uy¿ei:«^i^,a )Ms¿ii|iir,a. |u.«ii^ciuu. i de Hacienda,.cuando ya se le echa en cara Digitized la dila]mlnc*¡ún del Erario por su escesiva rondi'sreiidciKia con iosachiWes agiotistas. Prr ln mismo no estrañaríainoÉ que se veri- ficase lo niisiuo con el Sr. Carrasco, ya gne Btendo ministro de Hadeoda rio podía* evitar los inconvenientes que están anejos ¿ la | aprtf r irla sUta. Qui Iwfli AoAonfog, $( one- INífo nos haflamádo muy paiíieBlannente la alcnrion el qnc un poriodico redactado por personas eulendidas, y que desd(» un principio se ha declarado en oposición al gabinete, haya formulado sus cnr^'os con tal precisión y tal tono de «^r^rurid ni, que no parece abrigue recelos de que pueda ser desmentido. Bien necesario sería que el mmistro de Aicíenda deshiciese la equivo- cación, si es qoe existe, asi como también parecería regular ^ue los periódicos que han encomiado la administración del seflorCar- ra^ o saliesen, ó á defender al señor mi- nistro si podian hacerlo con datos que le justificasen, ó á exigirle esplicacioues por no continuar «& ser apologístaa de qnían lo lo mereciese, oYa que se nos provoca imprudentemente, dice El Tiempo en su número de 25 de este mes, y se nos llama á un terreno donde la victoria ha de ser seguramente nuestra no-: proponemos hacer á los diarios del gobierno algunas preguntas, la pritnerade las cuales ts la siguiente: «¿Es verdad que en el ministerio de Ha- cienda se ha hecno el dia 1 1 del corriente el contrato siguiente para la construcción de unos vapores de gneirat . D, A. iñf regará do\o OD el tesoro co» carU«s de pago de la pa- gaduría militar. 10.000,000 en cuponeB no llegado» i e^iitsttmr, despwvde cobniikis ios valonsqee reciba ea pag»» Jlt.«ii.
ümí/^rá D. N.
I que se e&pidic riormoaiia* 10JOOIkt1KNI< en llagaré* M Iccoto fM se lial>nin Je satisiaQeir CB el. tercer plaio de 1| •DtictpackMi deleontator de (abaeot.
bles en pago de de» eb««>deliitni«»a*^ ' Tota. to.ooo,iior "Por otra condición se esfablecc, que si el gobierno llegase á contratar algún emr- préslito, los efectos sobfe aduanas, aaoguM y tabacos cirríba citados ^^prim rrriíiidn?; rn parte de pago de dicto empréstito ^mo mC' tálico efectivo. ' »;.Es verdatf' lanbién- que se ban hecho destinos, en iguales lénninos con corta di~ ferencia I ¿Bs cietfd que de vestftas están empeñadas lají rentas de aduanas, piierta«, tribnco»;, TríiT-idn v olrfll» de no* menor importancia por mociios meses, y en muchas provincias por tod* I» qiie qMdtt del año?
»¿Es verdad que después de este dea* Kilfarroes imposible que nadie pacda go» emar?
» Contesten los periódicos minístefiBUa la que gusten.» ^ Hasta aqut Bl Tiemjio; y por cierto que retando tan osadamente á los periódicos ral* nisteriales á que cortf^^^ten lo (pie gusten, no le debe ser negada ln contentación, dado que en ello se interesa el honor del ministra y el decoro de los que te han defendido.
Cuando la guerra civil apreniialw, cuan- do de no ser satisfecha una aiencioo peren- toria podia resultar la insnbetdinacion en el ejército, la p<'rdida de una provincia 6 de una posición importante, entonces se con- cibe muy bien que vinieran casos en qvB faeren necesarias dolorosos sacrificios, en que con grave perjuicio de! Erario se ho- biesc de ceder á las exigencias de un pres- tamista que hacia un anticipo. Pero anork^ ¿dónde están los motivos que puedan ni le- gitimar ni escusar contratos tan ruinoso^? Mucho dudamos que sea este el camino de tevanlar el crtdito, y de n aüzar las cspe- rnnrns rnn que «íc nos vieiM halaiaiido éa tres meses á esta parte.
El arriendo de tabacos, cuyas ventajas tanto se nos han encarecido, ha sido tam- Imn objeto de una aéñe de artácolos en d Dlgitized by Google MÉPYMMMS, «fUe cuaudo menos Mceii m\iy dudoso el provecho nne de sctnpjantc conAralo puede reportar al Erario. So ái¡o MMMM DOMO eoM 4{tte vo snfHa contradirrion, oiie jiiiiuis osta renta habnprodu- ri(!o líquidos mas allá de cinruenla inillo- aes; esta aserción fue ya desmentida en aqmNM días, pues üo es exacto lo q«e afir- ma El Tiempn de que tédo^ las lu-riiMliros que a la sazou existían u{)r()hnsen el arrien- do. De los diarios, A"/ Mundo lo eombatió; ▼ eh el nuestro, siempre se mostró una pnulenlc (Ic^^cunlinnza. Km el nuniern iH de Íél>rer0t en la.s«>cí ion que lleva por titulo Manía M gobierno, i^^<^i wdiiiáW»'^ dtatift Atiendo romo un ensnyo. en el su-*^ popslo. enipen). 'Ir ^]\)^^• <•! irolMcrno hiihiosc reflexionado mitre hs inacendeHlales abv^ kulmf '■"■'!'!<' i'r.'h-Hf.i ' '!ns prndüi-- küée la rtnta. \ en el numero de A de abril, lejos de parlicipar.iiel entusiasmo^ aNwfOso ane maniiestamn algunos periódi- ms por oí rrnii'te de los 110.040, 000 rca- tefjfÜP^. ^ admitir como cierto el dato de «Wmm RUÉ no Inibieae' eaioetfiáa nunca cÍDC(ien(H millonea de reales, se obeer» vaha que <■! rcrn ifí" era ventajoso si se te- nían en cuenta las especies verltdas por a/^ ^mio», de qiMf IwftaefénAa, admmiBtniBMio w)r ííí esta renta, no perelbia la mitad de la rnnti<i:ii! en que se la hahia adjudicado; y en sepjida se recordalw que en la Me- poria leida en el Eslamenli» db* Préewres SS8 de setiembre de is:5.". constaba nue hia año en que la espre^ada i«nta kuMa «■eedido 4e eien mHlones.
Conio quiera, úempre es muy interesan- te el esladd qi»p prevenía el rilaílo p<»riítdico •É flQnúmeru del ¿tí, v que demuestra de 4m ■Mwein Ifrefrayabíé lo tfyne ^ue aquella operación que se nos (|uiso ofrecer como mi acontecimiento de la mayor impartaBcia.
mciiiítx de «iiia manera Katisfnetoria; yioh|U(i I ei de^urcciu v el silencio asientaa muv bien vemiíkm trilMÍi^jÍiiiihoa 6 de' vfkwV'tfffiM I elamaciones. mas<'CÍÉ«ido el qne tiaoo la^ oposií ion se liitidn en dalos numérw*osv i cuando están de por luedio ^nivLsimos intu« n>ses. de caya>biieMi administración tÜM^ el pais un ineonleslaUie dereelio a eercit>- j ral■^e. [jreciso es que no se huva el (*uer|K> á ta diiicullad, que no se esquue la lucha, sino que éae aanifiesle In equiviicado d» los dalos en que se tunda - 1 • ' <» se iudique cuales son kts uioUvüS quo Uau influida para oaeiie ereyesa canvaaianlni obrar de a(|uelía manera, con tm perjwá» da ka ioteresea públioat...• f. • ■ ••: ■MMtaiiMy**' » im.
La debilidad de qne ie bii sentidi» atacado el ministerio (¡onzaN / Rrabo a])cnas < ons<!- guido el triunfo, la proAuula división (píese ha introducido entre sus antiguos S(»sleuedor res tan pronto como se liaUann deaembararel zados de sus rivales los progresistas, los j^ritos de alarma que rcsucnaQ continuamen- te por la atpoeala aüaim que se apatUda. ¿ano>ayacncna, no son ciertamente finóme-, nos eslrafios á los ojos de <[uieu lija su atoll-. cioo cu la vÚL de nuestros luulos; pero de»? bieiM aer un desengaflo para los incautoai (jue esperaban de buena fe la ¡nau:-nraii(in de una época ret^ular > Ixuiaiu tble. desde la hora enque se hubiese obtenidoel triimt'n soH bre los rebeldea da Alicante ) C.arla^a'na.
Se ha dicho que el miuistrrio no hahia comprendido su posición, que la culpa no ha 8ido de las cDsat aino.ge loalMimbces, y qjaO'CatOs habían desaurovetfbkdo uM-aítuo- cion que de suyo oslnna iriiiando por el buen sendero, «i no hubiese habido el cuq)cñude apaMaiw da él. Tampoco •«eaaMada^a<)i^ gobierno haya sepiido A ( ¡uniiio hkiv;.. tad»« •uuí|iiailHicu|soo4iuo por efittt.woUvo i« diofíAiaiiifMPiip de dltloMo fénero qn^ loade otros escritores; pero mí podemos ne- gar, que á mas de la culpa de los hombres ha hdbido la cuipu de las cusas; que el pési- mo estado de estafi era hastaatéÑI kutunar todas las medidas que no llegasen á la raíz ód^mi^iífm ahí como se ha dcsga^do es4e nittiaMeiise desgdstarán^ loa sucesivos..si GenniiuHMiB Goaio hasta aqüi, siia haeao loa.gobernantes un esfuerzo para crear un mn^o.órdea xle cosas, qpe ao adolezca de laiiÉeaHidundKe;f fluotOMÍini qM to^tri-' bajado todos los aistmas i|aa hemos tenido en los últimos afios.
El carácter de aueslro gobieroo de mucho tiempo áesta parte, es aueaonenda et po* der sino un partido; de lo que resulta, que lo que impera no es la ley sino la voluntad de los hombres. £1 espíritu de insubordinación y de resistencia aneneitee aquí no poderoso fomento, porque nadie se aver^riicn/a ni in- diana de estar bajo el mando de un poder á quien leoonbce por superior, pero no hay <Íaien tolere con calma el TÍvír najo la domi- nación de un igual. Fl proirrosisla, oí mode- raila. e| carlista se acomodaran cop ungo- l^ib'iiA^fó néM^ftinguno de estds h£n- bres; de lo contrario, el gobierno solo tendrá de su parle á los de su denominación. y esto mientras les contente sirviéndoles de instru- mento: Cortina obedftcieffaá miMNbtysii á GoBfzatex Brabo jámás. -'••T) adviértase, C[ueal hacer esU-is observa- ctolMS do tiOS' limitamos á las épocas de go> biemo representativo; abarcamos taMbien las del absolnto desde 1814. Tanto en aque- lla época como en la de 4823, et monarca fldineviA á empaliar con mano Aiefle.e1 ti^ tunn del Estado, como cumplí» éla dignidad del trono y al bien del pais; en ambas dejé que los caidos no viesen solo al monarca, si- te ápersonás que teiniibani;u nombre; e« ambas consintió que la nionanjuía anduvies^e acompañada de la demagogia: por(|iie tam*« bteittiiy demagogia que grita viva el rey.
Asi es de notar qse pasados los primeros mnmnntns do calor, efecto natural de la reacctoQ j)rovocada por los desmanes de la demagogia liberal, á medida qne:elpodeil nenii^tivtco se iba emancipando de lareiif geneías que le apremiaban, el trono se pre- seetaba.mas aiirmado, ma.s robusto; su ac- cfen, sineer menee fuerte, era mas templada y snnvc: los hombres de todns las opiniones se avenían mejor pon on sebieTno á &Kjpi sombijB taiteapeitfeíeado |m) nominaciones, reemplazándose con ta que debiera existir, la de espanoles.
¿Qué viuo a ser el cambio de 1832 a pen- sar de haberse inaugurado con una amnisliéf. Kl predominio (K' Inv ¡üm-i uIi s sobre los rea- listas; la prediieccion páralos primeros; el desvio, la desconfianza para loe se^ndneái para aquellos el AiveVi para estos la pfllí^ cucion. Hasta aignnos de los hombres que 6 estaban dudosos en la.fittesUaB de le^itimi^ dadvóne teniu bástente teaolufiion paiA tomar las armas contra el gobierno de Isa-r bel, se arrojaron después á este estrcoMii hoatigadoo |M)r sus enemigos: bubiérans« metido aín dilieiilted al.cetro de la bija di Femándo, mas no querían sufrir el altivo tnando de un rival que á nombre 4e la Reiq na los oprimía y ultrajaba., vv, Entre las fracciones en que se ba dividido el partido liberal, se ha podido observar el mismo fenómeno; los caiqos no han, visto ea el gobierno á delegadoe del naonato* simé enemigos que^ habiendo salido venoedorea por la intriga ó la fuer/a. se habían consti- tuido en ministerio,. en Lrtbuuales, en eun nhedosdetedae las clases: ea deeír^ in» junta supreuui (jue se habla establecido á las frradas del trono, y que había esteudido su impeno por el ámbito de la nación., an r Recdmiiee. tedas las épocas desde 483% pónganse la mano sobre el pecho los hom- bres honrados de todos los diferentes parti?: dos, y digan si han visto jamás en el peder «n véraadeae soperier, si le han ff»iiiitoni¿ do con otro carácter que el de iu\ rival que por un momento prevalecía, y a quiea e<« preciso derribar é tedt eoate. De aqjBÍ.hadii» manado que la lei^alidad ha sido una palabra vana; qin' si la han invocado asi los vencet dores. como los vencidos, la ia\ucaciou ha siiUMWia bipocrea(Ai i<pMll' en realidad 4 HMfi ni otros han reconocido otro faiiio inapf^r lable que el de la fuerza. "bLnmatikumi^' ¿Hasta cuándo duró la legalidad deMÜ^ tinez de la Rosa y del conde de TQlttMt Hasta que el ensayo de la casa de Correos pudo hacerse en mayor escala cu el levanla- mie«to<d<ra/re<ite^*886. ¿Qué podottele^ galidad de la revisión del Estatuto contra el salilc do Ins sar^rtMitos de la Granja "í ¿Qué la legiiJiüadde Calaüava y Mendixabal contra las mánifestacieaesde Aravaca? ¿Quéia leg»> 'j lidnd d ' la n pencia de tiristina y de las cor- i tes de 4tt4U contra un general que queria ^isorpar aquella y dispersar á eslas, teniendo fiara ello l.i (iccisiva razón de cien mil bayo- netas? ¿Y cuiiDto duró á su vez laie^nilidadde ttpartcro? Tanto manto le sostuvo la Fuerra. ?lomyoen 1841 porque la fuer/a no le aban- donó; rayó en IH.i:{ porquo la fuerz.a se pu- so de parle del pronunciamiento. La legali- dad dfl niinisti'rio Loper triunfo de los cen- tralistas a < afionazos, y la de <ion/.ale/, Bralio lie ha sancionado con el sable de Koncali. ¿Cómo entendinii la legalidad los (|ue se proponían cnmbinr la situación en Madrid? Clon una dcscarira a quenf»a-ropa sobre Nar- fvez. ¿Cmno ha sostenido su le^^lidad el irobierno alarado? Suspendiendo la Consti- tncion. desarmando la milicia, y declarando en estado do sitio a la nación entera.