¿Hay aliío que responder á estos hechos? ¿Los hemos \Mr ventura exagerado ó desfi- gurado? ¿Y qué arrojan ellos de si, sino la tlVte verdad de que en los últimos diez flfkos ha desaparecido el inqierio de la ley*? Esto es triste ciert^mjente, es de.sconso- fcdor, |M»ro incontestable: y asi se debió prever desde que se vió enervada la monar- quía con la cuestión dinástica y la acción de los principios revoincionarios. Faltó el poder reguiador, y los elementos que antes vivian m fWZ T armonía. se entri>garon a la lucha; desapan*ció la ley, sucediéronse las armas; Uifi nombres y los partidos se encontraron 'Nacarados unos con otros, y obedecieron al instinto de conservación. oponiendo la fuer- za a la fuer/a.
La continuación de la locha ha traido la modilicncion. ruando no la disolución de los partidos que la sostenían; por manera que en la actualidad In situación es totalmente diferente. no solo de lo que era en <8:t3, si- no también en épocas posteriores..Muchos de los qui> se batían encami/ndaniente en las provincias del Norte se hallan contundidos en un mismo ejercito, l)ajouna misma ban- dera; y por lo locífnte a las fracciones del partido hberal. se han visto ya tantas defec ciones, existen tantas posiciones dudosas, se han modilicado de tal suerte las opiniones, ue ya es imposible reconocer en los parti- os militantes á los mismos que se hicieron cruda guerra en los ailos anteriores. I^s homhn's antiguos están poco menos que ar- nimlíados totalmente, y se pueden tener por dichosos si los (jue los han reemplazado les permiten ocultar un puesto en las lilas que antes acaudillaran.
1'Si tamaña mudanza se ha verificado con respecto á los hombres, no es menor la que I se ha rcaliiado en las ideas; y nos ahsten-í- ' drenMS de probarlo atpii, supuesto que en la reseña que llevamos hecha de los jtartidos lo hemos dejado fuera de dinla.
Inlerinios de estas consideraciones, q«é ha sonado la hora de crear una situación en- teramente nueva, de aprovpriiars*' de e>la descomposición de los jtartidos, la que es preciso fomentar y acelerar para que llegue presto ií su tin. No pretendemos (pie ««e fim*- I de. un gobierno sobre alianzas ni coalii ionesí, porque á wn edíHcio sólido no le deseamos cimiento de arena. No nos alucina el que en ; momentos de calor los partidos se mezl'len v confundan; por esto no han perdido su níí- tiimleza: pasado el < alor volverán á sú es^. lado: los metales espuestos á un fuego nr»-' diente se «lerriten v se dejan conducir mienh tras conservan la iluidez. pero en enfriándo- se recobran su primitiva dureza.
Asi no queremos esa>í fusiones facticias, j que ñor necesidad han de ser pasaguras: j ciianao se fpiieren mantener en fusión dos I cuerpos que se repelen, es necesario, para evitar la separación, un terrero que preva- j lezca sobre la accimi de ambos y los absof- 1 ba, y alworbiéndolos los ma. lié aquí la imagen de un jKider fuerte; hasta (pie lo ¡ consigamos, la unión seráiina palabra vana: I habrá alianzas para derribar, mas no combl- nación para edificar..Mediten estas verdades b»s que estén encargados de conducirlos n(^- gocios públicos, y cuantos se hallen ¡nten*- sados «n el establecimiento de un órden de cosas satisfactorio V estable. ' Mas por |»oder fuerte no entendemos h- arbitrariedad. no un gobierno sostenido úni- camente por las bayonetas, sino un poder que después de hálier resuelto tíidas las cuestiones pendientes, después de haber di- sipado ese cúmulo de esperanzas y temores que trabajan las entrañas del pais,'se asierí- le sobre una basa anchurosa y (irme, not<^- I niendo otrc) lema que justicia y lev.
¿fuereis malar la revolución? Ouitiad de en medio las cuestiones que le sirven de pá- bulo. ¿Queréis alejar el temor de reaccio- nes? Hac^d que caiga un fallo delinitivo so- bre los nego< ios que pudieran promoverla*. * No hay país que pueda estar fraiupiilo bajo la.s condiciones en que se encuentni el. nues- tro. Aquí 1<kIo es provisional, todo incierto; vemos lo que |><isa lioy, nada salamos de k» 5 pasará mañana. Ni hay menarquia ab- la, oi ^obtcruu rooreMsolalivo, ai dic- mfmmar, m piévii noBwt, m liber> tad de imprenta, sino tma confusa mesco- lanza, una situación iudelinibie, monstruosa en que no prevalece ningún principio fijo, «ii que no foobierna niu^uos i^la. Es impo- mbh continuar asi: no hay organiiaclon so- cial que resista á Uwiailo conjunto de imiti- toeiOMs Üibeadu ^ de éMftiMs prodiandas y noaplicadat, de auseacit de.toda ley, ha»- ta de toda vohintad (irme y decididn. Vivi- mos cono aquettos boiubres despilfarrados AMItteitaB aiempre á la mmeá ét la paalaa ff lOeoesidad del momento; que gastan en un día las rentas de iiuu hos mesos; que consu- uteu estéril o funeslumente suh fuenas íi&i- eaa y morales; c^ua ae duenneo tranqmlaa en medio de los riesgos mas graves: (jue so- la ae ponen en actitud de defensa cuando so- brevieiie un tcanee de vida A éb amarte; que asían proyedaBdo contiaai|aBMile un siste- ma, un arreglo, un orden que no llega jamás. ¿Cuánto no esperaban algunos, de los cambios Terifieadoaea kw wÍíwmo aKaes?
índiea <|ue no está olvidada la cuestión de las formas políticas. Se clama sin cesar contra km proyaatoa de los carlíaiaa^ y esto ñMÜea que no falta quien pionsji en In mcstion di- nástica. Se habla de las exigencias del cien), de la revocación de la venta de los bienes, de que se quiaia- d aa- aaifoiare m arreglo deíiiiitivo; y esto demuestra que está toda- vía en pie la cuestión religiosa. ContinuanNa iaeonMinicadaa ooei la mayor parte da Eaf»- pa, se pinta de diferentes maneras la dispo- sición de estos ó aquellos gabinetes; con lo cual se echa de ver que existe como aAos alfés la enaslien da laa falaeioBaa interaaaia* nales. Un pais que se halla en semejante es- tado es imposible que disfrute de calina: no es estraño que nos agitemos eu febril uiaies- tart lataalnflo es a» estemos conUana* mente entregados á convulsiones honavaaas. Con la incertidumbre es incompatible la cat- i ma; no es posible que estemo» traoinílaB ' bey sí Mnaams la suerte qaa aaaipiacfc'ila car niaflana. ¿Quién duerme sosegad* l! borde de.un pr ] Cómo saludaban alborozados la venida del siglo de oro! Y sin eniliargo conlimia la in- certiduiul)n>, el malestar, la zozobra.
Una esperiencia baria trisia ba venido á demostrar ( u;in liiíeramente pensaban los in- cautos que veiau en la declaración de la nuiyoria de la Reina el término de todas las discordias, el remedio de todos los males. Sin duda que fue nn;¡r ni' ¡ mí. i t,, fflicisi- mo la declaración de la mayor edad de Isa- bel; ain dnda qne eon él In mejorado mu- cho la situación del pais^ y que el poder ha manifestado nna rucr/.a que basta el presen- te le bahía faltado; pero no es menos cierto en lontananza la voz de la tempestad?: Ks pues indis|)ensal)le, nrueute, que los hunihres líautadus a gobcnuu ei pais lleguen á la laife del Bwl y M se cmiaalen con va- nos paliativos; es preciso que resuelvan lo que esté ()or resolver, y que corten lo que sea iusolabie; es necesario que se quitasde en medio taotoawHhraajda diareinia» lau- tos prelestos de revuelta; es necesario crear un orden de cosas enteramente nuevo, ¿ cuya sombra pÉadaB aaajena tadaalaa mía- resos legilimos, todas ws opiniones razona- hles: e< necesario que sepa la nación á que dclMj atenerse en adelante, y que no vea la •Mese ba víalo con teda alaridad qne varias || edntitWaabm 'dal funesto sistema «o ^ae aa- Je his cansas de nuestro malestar habían quedado intactas, y que por lo misnio el por- venir de la nación está nuiy lejos de presen- IMIM daspi^o y placenteroi iLa lucha de los narliíms continúa; los elementos de dis- coroía bullen todavía cu este suelo desven- •luvdat lá menarquia tieiíe en so livor gran- des pnHwbilidadas de triunfo; mas Asías no son tales qne quiten lodo temor de ntievas revueltas, y «pie dejeu completamente tran- qmlosá los que se wtei«fttn< aioearaalenle por la suerte del trono y la conservacioti del orden público. Se nos alarma conlinuainente eoU los peligros que corre la Constitución 4fi i837: saa de aatotoqaafmia i al mnmt l(t se trata de salir di'l I; i • lu y. sm pen- sar en el |M)rvenir; es necesario que haya al- go mas que una situaemn, es menester oq st/aia; «t aaelaaaa can» bu- taiilias aa le emm9fmm, daaaaa «ttoltonr.
«bcn-) •t T LAS IXSTITrCIO\ES POLITICAS EN SI S UELACIO>ES ¿Quién desea en Ksparta el gubicrno ab- 5o¡uto? Si se csplítrase Sdhrc este {wrlicu-, lar la voluntad de los hombres de lodos los I parliJos, ¿que resultado se obleodria? No | es tan fácil adivinarlo conio á primera vista | pudiera jxirecer; sin embarjío, es muy prnh;i1il(' (|ue en vez de recibir una respuesta c. a nos hallásemos interpelados con olra prt'iíimta, \ según á ella coulesláse- mos, podria suceder muy bien (|ue algunos de lofi conocidos por liberales se trocasen en al)solutisla.s, y que al contrario, no |>ocos de estos nos sorprendiesen con el grito de, otra la libertad.
¿Y cual seria esa nueva pregunta? Iléla aquí. ¿Quienes serán los ministros del mo- narca absoluto? ¿Que sistema se propon- drán seguir? Si proclamáis la monarquía pura y colocáis al frente de los negocios á; bombri's imbuidos en los principios de la ¡ revolución, interesados en conservar lo que ^ esta ha creado, en dejar sin re|>aracion lo que ha destruido y en continuar un sistema de gobierno que en nond)re del rey consti- i luya á la España en el estado social á que |l la revolución se pro|K>nia conducirla, innu- merables serán los bberales, aun entre los! mas progresistas, que se pondnin de vues- tro lado, y (]ue ace[)laran alborozados el auxdio del poderoso brazo de la monarquía fara dar tin a la obra por cuya consumación «■tan suspirando, y en la cual repelidas i creces se lian estrellado. Y entonces ¿qué partido tomarán los realistas? Es muy sen- etilo. «Si os pro|K>neis oprimirnos, csclama- ' rén, dejadnos por lo nienos el derecho de protestar; dejadnos la libertad de im- prenta |>ara que podamos influir en la opi- > DÍon |Miblica; dejad abierto el páriamenlo. ¡ donde tal vez habrá alguno de nosotros que levantara la voz contra vuestros desmanes; dejadnos con ministros <|ue puedan ser re- sidenciados por los cuerpos colegisladores, porque ul menos la instabilidad nnnisterial nos ofrecerá esperanzas de rentedio; la mano que ha de ejecntir el mal no la quera- mos fuerte; si el |>oder no ha de ser otra cosa que el instrumento de vuestras ideas é intereses, aluminamos de su robustez y fijeza; lo preferimos flaco y mo\edizo: la paz y la calma con que nos brindáis seria la raima y la paz de los calabozos y de las tumbas;^ mas queremos la vida agitada y turbulenta de un sistema de libertad. > Y cuenta que ni proceder asi los |)artidos no serian inrmivc «nenies: no harían mas (pie sacrilicar dot trinas secundarias a prin- cipios fundamentales; que subordinar los medios al lin.
Para comprender á fondo esta verdad es preciso recordar, que en tíídos los grandes neclios )K)hticos vtene envuelto un ínteres .social; las formas |)olíticas son un inslru- menlo para conseguirlo; y asi es que.se las aprueba, o se las rechaza', 6 se las modilica de diferentes maneras, según requiere la variedad de circunstancias, siempre con re- lación al objeto á que se las destina.
Algunos ejemplos aclararán y conlirmaran esta verdad. ¿Por qué los revolucionarios de Francia simpatizaron mas con.Napoleón que con la rama primogénita de los Borbones, no obstante que bajo el imperio de aouel no había mas ley que su espada vencedora, y bajo el de estos estaba en vigor el sistema representativo? Porque Najioleonern la per- sonificación del nuevo orden de c<)>as i rea- do por la revolución de 4789, era el brazo que le defendía y aseguraba para en ade- lante, y la rama de los Borbones llevaba consigo el recuerdo de la organización anti- gua, pudíendo su[K)nérscle inclinación a restablexíerla si le hubiera sido ¡M>sible.
¿Por que los católicos l>elgas se interesa- ron tanviNanuiUeii» la revolución que eman- cipo á su jialria del ^K)der de Holanda? Por- (pie creyeron (|ue, consliluida inde|H*ndíente la Bélgica, tenían mas garantías en favor de su religión, y mas libertad para apli- raria como mejor entendiesen a las iaslitu- ciones sociales.
¿Cual es la can.sa de que en Inglaterra é Irlanda sean los católicos los mas ardien- tes defensores de la causa de la liliertad? Porque el protestantismo está a|)odcrado del mando, y está atrincherado en las institu- ciones aristocráticas, y no es posible des- I truir su monopolio en no promoviendo eu l[ el país las ideas y las instituciones demo- lí cralicas.
27 I -•,¿Céma es que en Francia los católicos, •on el epiflcopadu a la cabeza, reclaman la mas ámótia liberltd de enseñaiza? Porque ía increaulidad y ia indiferencia están ejerpuebles, ÍZistfí de la Iglesia, todo era nada en presencia de la autoridad del Sol)e- rano; y esto ¿por qué? Porquje el soberano era un osnMcnte instrumento pnra lograr el «ieiido el moDopaiio, y no es posible de- objeto que s£ deseaba; |)orque, el pqderoso Jbader la tefinan aíno con el amolio áe la limo del monarca altatialM todos lorólstflikertad.
¿ Por qué motivo los católicos de Polonia eslan suspirando por un cambio político? Aaaqve- el* deapoliaaae roso pesa wnre ellos con mano de hierro; porque están viendo que si la Providencia no hace un railo;;ro, ■á la vuelta de algunos años habrá conseguido el gabinete de San Petersburgo descatolizar é> §íraii parle de los subditos de su imperio >^.>if(ka9d»^obenaba l¿spar iMioa»'lMbm^ AMO, ¿MMeaB»* paOa un solo hoamre religioso oue no se alejírase de qo« hubiera libertad de impren- ta para protestar contra los proyectos de afsoM-f y tantos desmanea como soeometían contraía Iglesia? No por cierto. Nos ale- grábamos todos de que el brazo levantado para herir se hallase detenido por mil obs- táculos; que se- aiitieae enervado \m el clamor de la pacasa y la opoaioipn de ia trífnre»o6mo culos y triunfaba de todas las resistencias.
('.ambláronse las circunstancias; los reyes, amaestrados por la esperíencia moslraroñ es- pirita ét resistencia á ciertas innovackmes, y desde entonces se enTrió e! entusúísmo realista de los que las deseaban.
En esto do hay conlradu ( ion, no hay in- consecuencia, h«y(i##Krr(es Ihltade Kuené fe, de fr,inf|ní^7;i en co!»fe<:nr la verdader* ffiaafdo^obenaba l¿spartero con miais^ |j causa que impele á defender un determina* do Bialema pemioo, ó al menos Ima Aofliof que por el momento no deja advertir distin-^ lamente el móvil principal avll'll BÚSIM que obedece a su impulso. ' ^'X* Flor ti leflella Oe hemos presentado # ocha de terqne no escopiuamos de esta re- gia general ninguna ciase de opiniones: en todas los hombres son los mismos; jamás sa- cñficárAn lo 'principal á lo accesorio. T ea efecto, se comprende fácilmente el ape^ á los bienes de^ fortuna, que satisfacen conti- ■vamente' n^eslrai^'M^fciÑidflnles, y nos prafa porcionan comodidad y regalo; se compren» de el deseo de vivir bajo un sistema en que se dislrute completa liliertad de pensar y de hacer lo que Meil Mlvcoi, con tal que wí m falte al respeto denido á las leyes; se com- prende el anhelo de ver prosperar la riqueza y la inteligencia del pnis en que habitamos, porque en ello se interesas el amór "áe la I palna y el propio; en (iii, se comprende el apego a todo aquello que nos aíécta ÍHpe8ail|^ lenMole, que eslá en Intima y [wrpélna i# lacion con nuestras ideas y sentimientos; y por lo mismo se comprende el entusiasmo por la religión, la aticien a conservar y au^- aieiilaraneslrasitieDes, e^«f¡■l de'ileainai' gloria, de asei:tirnr nui'>.lri dicha; mas np se comprende lan laí ilmciite ese entusiasmo ni apego tratándose de formas políticas, desde el momento en que cesande estar unidas CÉB alguna idea ó sentimiento de grande influen- cia sobre nuestra alma, y mocho menos dqsde q«e «sttis femás «smédai lo'qno.iiM es mas caro. Asi un hombre caUÜieo schará monárf juico si ve que la monarqola favorece la rcíi^iun; y se ioclinará á ia libertad poÜ- tiea,é:tal mcalíno en IHMday Bélgica fo envarlirt m «ididiir |aftidiri».d0 la 4»- la polftiea.88 anda. Suponed qne en Francia el clero está.apoderadoesclus¡vamenU3 de la universidad; niCousin,niViltemain, ni oio- ^0 ^<lDdos sus seeoaeea goslaadfán por cierto ese monopolio universitario; demanda- fán ea alta voz ia libertad de enseñanza, el eumpümiealo de las promesas de la Carta •4a ISBA. Saponed que en Inglaterra la arisr tooracia es católica y el pueblo irlandés que ¿^me en la opresión es protestante; por «iarlo oue lea sesteaedorea del aiatema es- 4ai)iecido no serán los partidarios de la lgl&~ flia reforauida, antes al contrario, ellos echa- rán en cara á los católicos el monopolio re- ligioso y politice, é imüaodo i 0*Coaaell pedirán la mejora social de sus hermanos, wvDcaodo ua orden de cosas mas demo- crático, y combatirán contra la anstocracia icatólica apellidando libertad. ¡J ^-^ ',hu Antes de la revoiucioa francesa. cuando Ja mayor parte de los monarcas de iburopn lia Miolaban déaOiaaBle á las-'ia^Miaeienes 4e.ia eaoueia que se proponía un cambio religioso y social, se oyeron las mas ras- .Ireras {adulaciones a los reyes; su poder -ata encafocida oaa iaa exagemcion intole- rable; el anaaiea lo aia lodo; la Yia de las | tías de la conscrvacioa, y prosperidad de la ' sí leyes de la mayor truí^oendencia, y sio rfliiriou (jiif iH iUa. Kl proicsUmle prodama- omhareo p-ncootraba numerosos sostemádorei ra U república, bt con ella pucdt^.^iislraerse aun eulre los miamos que de coQ^úUcioii^ á bhttveridtd^de Felipe- II y ri^re^^el.dur 'I Im blasoiafaen. «K$lo es triste, se-deei», pe- (|ue (le.K\h,\; y i)nMlicará contra ella si ocu- ro es necesario; es preciso prescindir de Ibr- pHcl trono un Enrique VllLo Utta it><i|M}l.de, mas, la cuestión es de vida o muerte; laat iMiaterra.,. \ circungtancia:» son tan crílicas.^ picadas atte: ^ el Fondo de las revut^lias que nos agi- sean se podrá entrar de nievo ta el ómib.- tan de treinta anos á esta parte, ¿predomi- ' lejíal...» El ministerio, según parecía, po- na por ventura la i^ueslion política^ No, ¡es ij día contar con un bilí de indemnidad, si ciertft^qve do. Lo que prcdoniiua.es la cues- con onvotode gracias. Sobie lodo elflkiMlts- tioiiifiCffiU que afecta á un tiempo la reli- | Brabo-Oarrasco contaba rnloiiiiiBln winni'' gÚPHyJlos intereses materiales. Nadie ha ol- • culi'' 1"^ "im' oriipnn de materias de Aa«- tidose qoeen 4b I i ut la cuuvocaetou de cor- '| ciunda; y cou la \o'¿ de estos, casi casi so- tes eeAstiiuy entes, ni aun la publicación de i ahogaban ioeirumore»4e los se aire vjon» la Consliliiciim fueroo mal miradas por la ¡íe- I ¡i murmurar contra la prolonícx ion del esta- iieniÍKlad <h'] putblo español hastauiie se pal- ' do de sitio aun después de rendida Cartage- paroulas uutuauuis que se trataba de inlrodu- | na. El mintolerio, á pesar de haber obser:^ t ir a la sombra del nuevo sistema; muchos híHnbres basta do los pertenecientes á las cla- se$>Aias|»erjudicadas, se espcesaban a la sa* xttj)||^mM<Bianera que si noniaba poco su oi^Biww poUtica, manifestafaia la buena Te con quesenubieran prestado á tales inno- <\ vaciones si ej»tas no se hubiese n eiic auiuiado,,i a destiuir (a organizaeion> social antigua. Per |> m desdi' que se vió con toda claridad (¡iie en lacueslinii pulitic^ iha envuelta la vida o la luuefte ürl clero regular, la conservación o (lerdida de todos los bu iies y dañas medios 4' subsistencia del secular, la puiTza de la kfi su alteración con las malas doclriuus, la iatsfiñdad de la. disciplina ó ilegitimas y tras- cenobiales mudanzas, las cuestionés de djgioKiMf señoríos y mayorazgos que afecta vado la conducta was aMutista de fue haj ejemplo, era no obstante liberal, patriota; ei^ sus manos estaban segiu;p8 las institucio'» nes; el pais podía vivir tranquilo, y esR. preciso convenctM-se de que estábamos atra- vesaodo un breve csjcicio, que no •■i ri i niiis que un instantáneo ecbpse en ios resplando- res de la libertad. Se habla de si terminada la crisis habrá modilicacinn, tal vez mudan- za miuisterial; esto escita mas o meaos dis- gustos, mas no provoca irnlucion. IM'aa «d nMmicntOndeeisivo, seespaice h-voz de que la crisis es l>rnv<K-;i(l:i por iii'i:(ii'¡n df los bienes del clero; dtcese que tarrasou es TiC'" tima de su afbn de vender, que los miniilM» caen pi^iiae se resisten á la Bididn de I» suspensión; hasta so añade, ¡qué horrorf li||lanAas oli:asu clases,, y por aíiadidura un ¡ que se trata de v4)Uer la vista atrás, que-.sé •MWÍototal de empleados en que habían do | Intenta algún arreglo sobto loo bieMO y* <)uedar sin destino cuantos no simpatizasen coalas nuevas ideas, desde eiUonces toda iuQQvaciou pnbtica quedó condenada irremi- siUeoMAta^, y mirado como altamente peli- f-roM) cuanto tendiese á modiíicar en lo mas üiinmiu el antijíuo re|^en^. ^, ¿Qué mma anón awsmo acabamos de pal- piíjtsla verdad; ahora mismo acabamos de ver lo po( o (|ue valen á los ojos de los hom- bfff^ las íorinas políticas. Oe^puet^ de la cai- Olózaga sidiid al poder un miaistociD suspendió la Constituí ion, desarmóla :ia, di^claró la nación entera en estado dejitio, encarceló á los hombres mas influ- j^nUis del partido progresista, fusiló eon lO' simple identificación de personas, puso en baca da S. M. glabras íoraiidable« con resvendidos; entonces hay una esplosion de ce- lo, de entusiasmo por las instituí iones libi':- rales;la lil>erlad peligra, el íaualismo nos- va a devorar, D. Carlos está á laspuérlÉI» ¿quien saín; si mañana desperlaremos ( uniitik mmisierio compuesto de obispos, y si teft- dif»nos UM reacción tan espantosa'coiao laai de 4^4 4 Y ms'.M.iimal lalanaal «i.prer ciso aprestarse a la lid; c< necesario estre- char la lalange; tal vez sea preciso ver tiij; sangre, se verterá; tal' vos seaní indíapo»* sables nuevos ostracisuios. se aplicarán: en lili los murmullos no bastahaii. crait preci- sas terribles iinu-na/iis. que hubieran asus- tado á no andar acoinpañadaa de indudablo impotencia. ¿Y de dónde tanta i'\;>lt;icion* De que se creia que peligraban aignnss a^** cpibíciQttes, qutí debeu de haberst: hecho á onndieicHies nstante favorables, cuando se muestra tanto celo por la validez del contra- to. ¿A t{ué estaba reducida la cuestión políti- ca, de instituciones, de libertad? Triste es decirlo: á cuestión de dinero. Mientras el mhiistni Hnri^nda ¡mpulsai)a la vontn, todo marchaba muy bien, la libertad no pe- ligMrfm; se Imla de la suspensión, enlmMefl I se desborda o! celo por la causa de la liber- tad. La libertad pues no era, ni la imprenta suspendida, ni las cortes cerradas, ni la Cons- titución infringida, ni la milicia deiuniiiidt« ni el derecho de legislar invadido por el go- bierno, ni la inviolabilidad de los diputados eaeneelados, ni las garantías constituciona- les anonadadas eon el estado de aifSe; eran las fincan rompidas y por comprnr. rra el interés individual en su espresiun mas niez- qiiioa. flé aquí lo que vales las mstilucioiies i políttcas cuando se las compara con otros B objetos que afedaa con mas intijiiklad y efi- ] «acia. I Diferentes veces henos reflexkmado se- I brr la rTicsflnn tlin-istica (iiie se ha agitado en España desde 1832, y buscado la causa de la afiliación de los partidos bajo las diíe- raotaabaiidefas, TSMmprc nos ha parecido f]t)í» de eí!n resulta'ba en claro la verdéid rpie estamos demostrando. £o general los libera- • les, y todoB'Ios parlidaríos de reftimias vas ó menos latas, estuvieron por la legitimidad de Isabel; asi como gran pnrte de los rea- listas, de los que temían por ia rebgion y las instituciones antiguas, se deeídiéron por I láde D. Carlos. Respetamos como el que, mas las convicciones de los que de una y otra parte se entregarou a uu detenido y pn^undo examen de la cuestión bajo el as- pertn íoirnl: rnnlV'^nnios que no faltnrtnn rs^ cepejones honrosas en que la severidad de 1«Mipíos no permitiría sacriflcar la jvstieia a la conveniencia; pero creemos que poede asegurarse sin temor de errar, que lo que prevaleció en el ánimo de la inmensa mayo- ría, ain entre los que no pertenecen al vul- go, no fueron las razones IcííoIc^, sino las ( sociales y políticas. ¿Se escandalizan tal vez í los que sostuvieron a Isabel, ^ proteslau 3m profundizaron la onestíon bajo el ponto e vista le?n! sin gozarse en la convenien- cia, sino después de haberse asegurado de la fnatiéia? ¿Se escandalizan lanMes k» car* listas, y alegan igual motivo que sos adver- sffíosf 'tas bisa, vamos- á presentar dotf reflexiones que nu consienten respuesta.
¿ Cómo es que cabalmente todos tos boi»- bres de ciertas opiniones sociales y pnííticas viesen la cuestión legal de una misma mane- ra, V todos sus adversarios de otra? Esto» ¿no indica mas claro que la luz del dia, qúé [)Ocos pensaban en el derecho, sino en el re- sultado de ocupar el trono Isabel o D. Carlos?
Otra reftazion. Supongamos que'D. Cár- los, en vez de ser un príncipe profundamen- te religioso, decidido Enemigo de toda clase de inuovaciooes que pudiesen traer algún peligro á la antipui organizaeion; bnbieaa sido conocido ¡wr su escepticisirm rn malrria de religión, por su espíritu amigo de retór- mas en todos géneros, por su aversión al clero, \m sus tendencias libéralos; y que al contrario, la Reina viuda hubiese estado ín- timamente ligada con el clero, y se hubiese distinguido por 80 odio á los eotoatiMoift- les, por un carácter inflexible, incapaz de tran8occione«í de ninguna especie, de «¡ufr- te que bajo su regencia no hubiese habido la menor esperanca de innovar; ¿qué hHMa snriNlido? Para nosotro.s es eviflrrifc que se hubieran trocado los (lapeles, los ld)erales se hubieren apifiado en torno de D. Carlos, y los realistas en derredor de la cma de fea-^ h('\. Y cuenta, que por e^^to nn Ies achaca- mos mala fe ni a unos ni á otros; uo decimos que sostuviesen como legitimo lo que éttín. ilegítimo: la mayor parte de los hombifissoa' incHpncps ni aun de estudiar esa claso de cuestiones: entre los que á ello se dedican son poquísimos los que las comprenden i fondo; y entre los capaces de tanto, son tam- bién muy raros los que se sobre)>onen a ia