ÜiQiUzeú by Google Los que iial)lan ili> Ins Itn t^s or^áiiiiras co- mo (io (iiiii |Miia<-ua, iu> a(l\ ierl«>n ia coii- tlMÜcciuii en (|ue iiuuiTcn. I>i)s son las u\H' nÍMes sobre el liarlicular: uuos creen que es preciso orfíanizar el pais gulwrualiva- UMMile, siu couUir para nada con las Corles, proponiendo a lo luas el pedirles con el tiempo un hill de indemnidad, como si di- jéramoH usurpar cou esperanza de condo- nación: mientras otros, reconociendo la im- posibilidad de organizar con ia intervención de las Corte», quieren uue si; las tribute un bomenaize, obteniendo (le ellas la autoriza- ción competente..\nd)as opiniones están de acuerdo en que es imposible organizar el pais observando la Constitución: ambas CMvicnen, pues, en que para plantearla es ■ecesario comen/.ar infringiéndola. Los par- tidarios de las autorizaciones opondrán el que ellos no la infringen; pero nosotros les haremos observar que su elusion e(|uivale auna infracción. En efecto: el articulo \i prescribe que la |)otestad de hacer las le- ves reside en las Cortes con el rey; y el hacer no es lo mismo (pie autorizar pa- ra hacer. Diréis que salváis la letra, pues que el gobierno es un delegado de (|uien tiene la potestad; pero ¿como se hace esta delegación? Helo aquí traducido en ciiste- Itano. «Cortes formadas con la Constitución, con vosotras es imposible hacer nada; el INHft Decesita leyes; vosotras debierais ha- eerias. pero no tenéis bastante juicio para ejecutarlo, y sobre twlo no sois capaces de sobreponeros a las pasiones <|ue os traba- jan, para verilicarlo en el breve espacio que se necesita. Si vuestra mayoría es anar- quista, las leyes saldrian anárquicas; y si no lo es, la mayoría carecerá di; medios fiara vencer los entorpecimientos (fue le opondrá la minoría. Conoced vuestra flaípie- za é impotencia, y revestidme a mi de un poder que vosotras ejerceríais tan mal. De- clarad que necesitáis un tutor, y encargad- me á nii de la tutela.» Digas*' si esto no es un insulto que mereccria que el ministerio fuese arusaflo en el acto como reo de ultraje á los cuerpos colegisladores. Pues bien, a esto se reduce el sistema de las autoriza- ciones: por manera (|ue el hipócrita home- najre es un verdadero vilipendio. Mucha nías franqueza hay ciertamente en la opi- nión contraria: ella también alirma cpie con las Cortes no se pueden confeccionar las leyes que ha menester el pais: pero al menos no viene á pedir á las Córles una auld-. ri/acion (jiie equivale auna di^claratrion d? im|M)tencia.
Ademas, las Cortes ¿ concederán esta autorización? ¿Sí ó no? Si no la ooncedenv ¿qué resta por hacer? ¿Sera preciso conde- narse a una série de calamidades sin térmi- no, por motivo de la negativa? Si se ha de pasar por encima de la voluntad de las (iórtes, ¿con qué objeto se la esplora? Pero estamos seguros que la coiiceuerán, v en este supuesto obramos. Entonces (íecid francamente: si no nos la concedieran, tam- bién nos la tomaríamos; no gastemos \mcn el tiempo en vano, ya que de todos modos estamos resueltos á seguir una misma con- ducta.
¿Y qué leyes son esas de que se trata? Nada menos que la de ayuntamientos, dí- Kulaciones provinciales, milicia nacional, bertad de imprenta. ley electoral: es de- cir, la aplicación de la Constitución en sus puntos principales. Sin esto no fiuede vivir, y en esto no puede ella tomar parle; ¿qué institución será esa que ant4' lodo debe guardarse de si misma? ¿Cuál sera su na- turaleza. cuando su existencia es incompa- tible <^n el desarrollo de los principios (jue entraña? ¿Sabéis lo (¡ue decís? ¿No veis I que comparáis vuestro ídolo á aquellos rep- I tiles (fue se matan con el veneno de su pro- ¡ pia picadura?
1.4 ESPAÑA Y LA FRANCIA.
La Recisla de ambos mundos, dando cuen- ta del ultimo cambio ministi'rial ocurrido en España, y hablando de los señores Mon y l»idal. se espresa del modo siguiente: «Intimamente unidos por parentesco rt simpatías c(m el difunto conde de Toreno y con el señor Martínez de ta Rosa los princi- pales agentes del nuevo gabinete, han.se- guido constantemente la fortuna de esc gran jiartido que es, ahora mas (pie nunca, el verdadero partido nacional, hi monarquía de Isabel Ii y la lilmrtad conslUucional, ia aplicación de las iiuirimas francesas y la alianza con f rancia; tal es el punto lijo ha- cia el cual ha gravitado la K^pafia dui-ao^ •eflte eríaii Aoee allM. ftempre que el país, abandonado á sí itr(i[)íó> lin yxiilirio siirnifirnr 8U vcnladera voluntad, luí conliado el |>oder á kws hombres cuyas crcoccias jjoliticas se reasnmen en esta doMc fórmula: siempre ha apoyado n los señores Martirü'T '.h' la Rosa, Tóréno. Ofalia. Isluriz, ctc» Sucesos funes- tos, ayudados ñor intrigas esMogcras, son ios ún ICOS que nan podido dsstintr en eíeriss períorlos r^tn< i»' Juf^nrins, quc r(i»Mif;Mi en 8U favor con laudítesiun de la grau mavoría nacional.»
Asi comprende la Berista de ambos mnn- dos las necesidades de Kspnnn: asi fnmuila el sistema que ha de labrar nne^lra dicha; asi euenta eonrn parte ef^nr ial del ^wemo do los niodorados la íiplicurioii (fr!iis ju/i.ri- mas ftgncesas y la aitanm ron la t rancia.
Nos abstendremos por el momento de de- cidir hasta qué punto sea verdad lo q^ie la Hevisla atribuye, á los moflfiados, Hmitán- •«bnos á espresar nuestra opinión sobre lo ftmcsto de semejante sistema. « ¿Qtié son las másimas francesas? Es el predominio de lina t ía*»' que no puede pre- <lomiaar en £:>j>aíia, por la gacilla razón de qüe es tan redocida ifnc bien pnede contar- se por nula. En eforto, no lonomos aqui esa ' democracia culta y rica, pero caprichosa y mudable, por prescindir de otras caliíicacio- nw t <{ne se ha estado fermando en Francia durante el último sif^lo, (pie ha continuado deseavolviéndose en el seno de la rovoiu- cion. y que ha acabado por trínnliir definiti- vamente en 1830, avasallando completa- mente al pueblo bajo y á los restns de!a antigua nonlcza; la propiedad no ba sufrido entre nosotros esa mudanza profunda que ha espcrimentado en i l vecino reino desdi' ITí^O; las costumbres esj»;iriolas, si bien notable- mente alteradas, no han pasado por una se- rie de trastornos tan colosales, ni han esta- do amasadas y amoldadas ñor l;i m tno férrea de un gran capitán; la Reli|;ion uo ha estado cspiiesta i vn siglo de Yoltiiire, y A otro medio siglo de incesantes ataques; no han cundido pnr ta genemlidnd del j)n('hlo lo- libms donde se vierten las doctrinas innova- doras; no han descendido hasta las Infimas clasíís con indecible pmriisioii, lo < periódicos, los folletos, los escritos de todos {géneros, en que bajo las formas mas variadas y cscitantes, se siembra la incrediilidad y el eiiccpti- cismo, se corrompen la« cn«tunihre55, se exaUa la fantasía hasta el frenesí, y se coucon descargas eléctrifas y emisiones ^tíIvá- fiiens". Nuestro estado social s**m, pues, muy diícriHite del de Francia; nuestras necesida- des Hmy distintas; las máximas quft'enliie nosotms bnn de reirir. nada pueden tener de semejante con las que dominan en l»am.
Tan distantes efítames dn ci«cr que pucs- da sernos conveitiente el oonseío de la pista, que antes hi( n l imos pmfnndanien- te convencidos de que l<>s hombres del par- tido moderado que pretendan aiemnar |;foHa haciendo el bien de sn ]>olr¡a, han de tra- bajar |)or despojnr<r mas y mas cada dio de las simpatías tpie pudieran tener por el sis- tema francés. Los verdaderos hombres de Estado no se dejan destninlmr por la bri- llante/, de las orillas del StMia, ni \mT la com- £ asada regularidad de una administración ien ordenada. sin» qne estíenden mas allá sn vista; calan con ojo e^írndriñador en tás entrañas de las sociedades, examinan dete- nidamente sn intima estmetura, pronirte conocer las leyes v las condiciones necesa- rias de su existencia y felicidad, y apreei;in- do en su justo valor lo que han visto en ei estmngero, se gnaidan de introducirlo cie- gamente en su país á ííuisa de modistas.
Oeemos que estaran convencidos de es- tas verdades algunos de los hombres de quienes haManos; y hisqne conservasen todavía preocupaciones francesas, los que se imaginasen qne es posible plantear en España la potftiea interior del reino Teeino, y (pie con esto cabe asegurar H órden'y iMh- cer la felicidad d(^ la nación. deseamos ar- dientemente que se abstengan de la preten- sión de froltemamos; que en «lio se inteven la traiupiilidad pública y el porvenir de nues- tra palna. Bien pronto heirnts de ver si será este el camino que se emprenda; en tal ca- so preparénwnoa para nuevos disturbias: ma y mil veces se mndará la decoración para repr^ntar la nusma pieza; nuestra poUtica interior será la tela de fttialape (4 ).
Kn cnanto á la aliansa con la Francia, can- ee hlmos mny bien qne pueda convenir a es- ta iiaciou el estar aliada con nosotros, poro no vemos tan bien «1 qne nueda interesar- nos á nosotros el estar alia(l(>s con ellii. ¿Pa- ra qué nos hemos de aliar? Toda alianza tiene un objeto, y oo alcanzamos cuál será P (i) Vate lia vKto.
»4a dotstion en el sentido del | coa iiitert'S españd. A nadie htim< d ■ li n cr la ffuerra; de nadie nos hemos de licícuder; m dflMiveniMeia^ y haaU has guerras eoro- pMiMMUiliMNii4|iie ferooiv nosotros que m fW'^tMMtH^s yn provincias en Flaiulcs ni on ÍUitíi; Ukíus los eventos ki ijue nos vtíu- w la aMMcalriela BaalraMad. Ya que b Fiiropaba tenido serenidad bastante para roiiiciDuIar como nos degollábamos por es- pacio de siete años, cual los pueblos anli- pos asisliui al espectáettlo de oombateB sanírrirntos, cuancío n In Europa le tnquo (*\ torno de las ralanikiades de la guerru, no penuitamos que corra la noble sangre cspa- Aola, 1^ jtan tevonnrer á los potentados del Norit', rn prtrn sostcncr á los descendientes délo? tHtldados de Napoleón. Recordemos que (l'-n cu lo inlerior, que conserve y roinenlc« nuestra uacioaalidád, enlauiodosti lo nuevo* con lo antiguo; na abdiciHido los gloríosoa recuerdos de nvaüfa Uitoria, ante»^ bien alinienlándolas sin cesar con el esplender fie laReligion y de la inonarquia; cuu una [loliUca prudente y Heaa da difiaiM, nm no efNsfta rivalidades en lo esU' l i li \ p: nos inani- ticste resueltu!^ a «¡ohteuer a todo Iraticc nuestra inde|H;iidencia; con un acertado sis- lena raatrictivo «pie proteja deMimeat»- nuestra industria, sin negarse tampoco á hs reformas cuya necesidad vaya demoslraudo' d tiempo; ¿on una sabia adtninistracioa e» las<eolont«i, que prereaga las rcM>hicidaea V anmenff l i f»r(>sjyerldrtd y dicha de aqnó-^ lios ricos ilofoues de la diadeoki espaftola: deqweB de haber salvado á la Europa can un I asi débenos luchar eon la laglatorra; eos heroísmo sin ejemplo, no se oaotó para nada cnn nmsijlros m los congresos enrofM»os, y qae ium rivalizado ea tratarnos con desden, loa esa lacha filien, incruenta, honrosa, que al propio tiempo que nos conciliani el apre- cio de nuestros «idversarios, uüs poiiüru a como loa diplomilicas de I cubierto de peligrosos asares, ea que pudiése las altas pc^ncías. ¡Las franceses (pie (tejaron imponer la ley por los ejércitos alia- dos, los diplomáticos del Norte que tembla- ban al oír el nombra de Napoleón y le pe- dían de rodillas la pa?.. á la Españ i ihp juro feslvar su independencia sobre los cad<i- «^pwiusiirti iMtados dé Daois y da Velsi^ de, que vengo con el heroiSBio de Bailen las cnieldades del Prndo, y que fue á pedir cuenta de la villana iuvasioa de 4ti08pa- saaido su «stmáBrle vmoedar porel meaia- i dia (le la Francia!
En lo tocantií a la polilu^a eslran^'era, la aUanzacon la trancia sena uu medio segu- ro para escitar la rivalidad, los celos f luis- la lii;:lalerra; y pw ramos peixler lo que nos res(n t!r las anti- guas |)osesiones, y envolvcnias de nuevo ei» espantosos itaslornos. ' ■ ■.
Las naeiones aono loa íadividin^ debeir vir inpre contar con sns propias fnerraf; mas que con el auxilio ageno; de otra manera se- desaprovechan las mas abandanlas recnnos.
no se despliega energía, y esperándolo todo de los demás se ("if en!i(|ii<'lla jwistraciorv que, comenzando por emperezai ia acciuu, Bcabapor esliBgnirla vida. ^ • i Ademas, que en case de im conniclo con la Inglaterra, ¿créese por ventura que la Francia nos sacaría sanos y salvos del peli- gro? La Franoia, ya i^r su estado^ social ^ iiolitico, ya por s\i situación con res|>crlo a las ésDias potencias, uo quiere ni puede aventurarse a las trances de una guerra: loa belgas le orreeíeron una corona y no se atre- vió á tomarla: no qniere el matrimonio de uno de sus principa coa la reina de España por no mrosirm" tompromkim. Y <i«n cuando se decidiese en nue>tr<> fas or. ¿qué consegui- ríamos? Si la fnfrlalerra iiilenlase dañamos con la fuerza, nu lo baria con ejercilus sino OSA amadas; y en esta arena la Francia esr Iras colonias, para qne hayamos de espo- I] ta niay lejos de pofli r < nnipctir con el colo- nemos á sufrir iasa7.arosas consecuencias de U so británico. Este es un heclto ya muy sabí- an roTolucíaa en l^rís, ó de una guerra en do, pero qiM se ha ccnfirmada reeieirteaien- HRhíatl HRhíatl No hemo'; de fiiiardarnos de la In^ílalerra tílro lado nos produciría también el desvio és laa demás petaneias de Eurofm. En el ««- tado actual de lo Fraada, cuando ha ahan- (fnnado n 1;i Polonia y á Mehemet-Mi, cuan- do las grandes toesliones se resuelven con elastafleede ála reeolneion, sin ella si se niega, contra ella si se resisto, ¿qué venta- jas pudiera acarreamos la alianza francesa? ¿No tettein<^ bastante cuii>pücaei(tn interior, es con respecto á Buespw medio de abanzas con la Francia, «luu e eii un escrito del principe de Joinville i.hic hf mnnnn Tmnersa. Kl joven marino, 1 después de iiabcr comparado las tuerzas uaso pais ooD las de Inglaterra, se ssa do esía «mpHc • f Pcnn^n me lia sido, i'lodo el curso de estu peuuefto mrito, el hacer sttfrírá mi pais m «ftielm pmrmtgon con otro (juc tanto le adelanui | //uí le ántrn- ce de ai loin) en la ciencia de suí< intfrcses; ■ penoso me ha gido el descubrir el secreto de nuestra flaqueza en preteneía del «nia^n del K)der de la (iran Bretaña; poro tendría á di- cha si con la sincera confesión de estas tris- tes verdades, pudiese disipar la ilusión en que se hallan tantos hombre» juieioflos sobie el estado renl y y)osiiivo de nuestras fircr7.as navales, y decidirlos a umr »u voz a la niia para demandar las salada Mes reformas que puede dar á nuestra marina una nueva era de pujanza y gloria. t» Asi haMa un hijo del rey de los íranccses; id ahora, espolióles flasoB, y dMinés de haber portairbado vues- tra patria con la aplicaeioiif de máximas di- solveules, por el prurito de imitar, unid ^nies- tra suerte con la d» una nadon que esta amesazada sobre el Rhin por los ejératos de lina roalirion europea, v que de la otra par- te del canal de la Mancíin contempla inquie- ta las inmensas 0otas de la Gran Bretaña, y que {)or boca del hijoda au rey conliesa el gecnlo (ff.st! flamesa en presenóia del auh dro tUt ¡ioúerio m inr'nal^ "BBAoDee9<; fái»4alcoBresÍM deV mnto de íu flaqueza, esplicado está el.scrreln de la condescendencia de M. Guizot, y de sus de- seos de intima cordialidad con el gabin(}te «it San James. Bien sabe al uMnielro que las bravatas de la prensa parisiense m» oerrarian un solo paso del Rhin, ni apreslarian una ve- la ni un vapor. Entiéndanlo nuestros b(mi- bres de Estado; y ya que algimoB de nues- tros literato») se íian proptieslo re|!:enerar nuestra reUgitw, costumbres y Utaratura e(m las'fiMiMcíáiies de las márfpeneadel Sena, sobre todo con las del famoso Euge- nio 8np, y las de la célebre Jorge Sand, esa muger cuyo delirante entendimiento ri-^ vaNta con las afwtinras de m vida y la en- fermedad de su corazón. s«>pan ai menos ro- nocer iiueslroü goiiernaules que, asi en la paz como en la guerra, necesitan las nacio- nes algo mas qne el auiilio de vaporosos discursos, de ^ueñn^ hrilinntes y de alardes impotentes. Recuerden que mientras laKran- da está presenciando la estéril hwha de sos oradores, como si tuviese líeinpo de sohra pra ^'íi'^fir -i rnrii!>ates académicos, el.\nsina Aom^ tres días las revoluciones de Italia, la Rusia' lleva á cabo sos' en Oriente y Orcidt nte, y ta fnglaterrá r\v.p- branta el poder de Mebeiiiet-Ali a la vista de. los ahnirantes fraacetea. y derr^M á ertén»» zos las barreras que tiene eenradafi el impe- rio (!e l:i rhin:i;il rotm^rrio europeo, fcsto sin duda es algo mas elocuente que un aníe caAo del IKorj^ «I» JotMtfllit, rdevAat/liii» lo Algo mas grande que las nerviosas convn)*^ siones de unlance de novela.
MtifridSdejunki deUU.
¿Cuáles la mejor forma dr irnhinrnn? Mu- chos son los que contei>t<m rotundamente á semejante pregunta; ma« no cruemos que esto sea lo mas aaeitado. PaféeOBaa* qae la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿de que pueblo se trata? £nctiecto, nadie podra soalcaier qae una naaDA iMna ata la qnn conviene a todos los paiflaa, poes que la ra- zón, la historia y la eapariaMía domuesuan lo contrario. ttié^^m^ LoB que defienden la repúUiea aama il )eIIo ideal en esle ¿rénero, debieran decir- nos SI es |x>>il)le eslaíjiecerla ni en Turquía ni en Rusia; habrán de confesar que seria un delirio, y que si por «n momeólo se rea- lizara, producirla es[innfM'.;i'. cntnsfrofps. de las na^ia el desuousiuo. Im wu»uio se veríbcaria d^ ks puntos de Asm y de Atí^ ca. Con respecto á loa eivaiaadaa da Baiapa» no l)Hv hombre de juicio que pueda negarla imposibilidad de plantear deb&itivaneiita el giatema i«pablicato,.y lae lerrihiea ealam»* dades que de solo ensayarlo hahian de re- sultar. ¿Dónde está, pues, el helio ideal? Se dira ({ue el estado social lo hace imposi- ble, cierto; mas ¿ por veatnrá padeoios for- mar á los hombres como nosotros los desea- mos? Preciso es tomar las amas coioo sou en si; de otra suerte, dígase que se trata de dar rienda suelta á la fantasía, no de eaoogí* tar fornui'^ de irohiemo aplicables y útiles, Aun suponiendo pueltloa en que sea paa»^ Me la repúhttBa, nada habaenaa adahalada para establecer una tesis general. Esta ht^ ma de gobierno es susceptible de infinifas gradaciones, desdad mando de ujia an&to» ÜiQiUzeú by Google cnMÍa esconda y po<-o uiimerosa., hasta ti ire(ioii)iiiio di; iu utas iiiliina plebe. AtiMiar>. Liiiiajio, Koina, \ ruccia. Suiza, Eslatlos- l ui<ius, suü numiires de repúblicas lauiotias; N uu ()b>tantc, ¿nos recuerdan acaso una mísuiu rt>riiia do gobierno? No: algunas de illaá qui/as disleu loas eiiUe si (jue de cier- tas nionarauias. ¿{}w lenia de semejanle la república de Veuecia con la de ios Eslado»- L'BÍdüS?
Los que opinan en tuvor de la monarquía tampoco pueden asentar sus doctrinas sin las aMTespondienles limitaciones; pues á mas de que la palabra munaiíftiia es sumamente vaga por encerrar muchos y mu\ dileaMiles siiuiiticadüs, no es verdad, aun limilándo- Bosauni» determinado, que sea |>osible se- ñalarle tal que sea el mas conveniente a lo- dos los paises. Monarca es Luis Feli|)«, y monarca era Luis \1V; monarca es la Reina Victoria, y inunana es el autmrala de las Rusias: monarca es Isabel 11, y monarca era Cérlo6 ül; y sin embarco esas monarquías no soo nada semejantes. Aun concietaudouos á la;i!wi*iiit;i, aparte el (les|K)tismo y los {í(v- bi' presenlalivos, se puede asegurar que hay entre ellos diíereocias |)r(>fundas. Jlbsoluto era Fernando Vil y lo fueron Uxin- Meo sus antecesores; pero la monarquía de Fernando Vil no era la de Carlos Ui. Pres- ciodiciulo de varias circunstancias ^ue la luodilicaban y ia sujetaban a condicioues muy diicrenlf^s, basta considerar (|ue babia la nueva institución de los voluntarios realis- tas: Iu (|ue en nuestro conc^epto es de t<mta tiaiiceadencia, <pie afecta profundamente la misma forma de gobierno, asi como es cosa muy distinta la Constitución con milicia na* cionnl o sin ella.
Pero demos que a la monarquía absoluta K^ledé una ace|K' ion lija, abstracción he- cha de las modiiicaciones indicadas; ui aun asi es verdad (pie sea para todos los paises la mejor forma de fi(jbierno. ¿t)s atreveríais a ensayarla en lof^ Estados-Cuidos? Es im- pobibie. Pues si es inq)osible, no es allí lo nejor. ni lo bui'nu siquiera. En Ini^laterra aohay fuer/as humanas ca()acesde estable- cer el ab^ulutísmo; luego |>8ia allí no es lo ■aior, ni aun lo bueno. De la Francia, Bei- giea y Holanda se verilica otro tanto; y no ea fácil decir lo que sucedería si se intenta- se lo aiisnm en Succia, Noruega. Ba\iera, Sijonia. Hannover y oíros paises de Alema- nia donde existe el ¿gobierno repreüeutativo I «on mas ó menos latitud. Tenemos, pues,' I (pie en una gran parte del mundo civib/.ado el absolutismo es imposible. ¿Que nos quer da. pues, de las teorías en que se le etitiH blezca como lo mejor? Lo será para cierto* paises, mas no para otros; pues en cosas I que deben reducirseá la practica, lo imprac- I ticabb^ no es lo mejor ni lo bueno. 4 I La cuestión de las formas |K>líticas es un escclenle tema para discursos acadt^micos: en pro o en contra de estas ó de a(piellas pueden campear a sus anchuras la eriidiciou y el talento, |K.'ro las generalidades sirven I de puco cuando se trata de la aplicación. Encontrar la mejor forma de gobierno para un paiá es uu problema complicadisiiuo, y ningún problema puede re.^iolverse sin tener a la \ista los dalos necesarios. Salid de la academia con ideas republicanas, o monar- (|uicas, puras ó representativas, y echad una ojeada s(d)re el mundo: ¿hallareis por ven- tura los hombres y las cosas tales como las luibeis supuesto? lulinita variedad, profun- das diferencias en religicm, en costumbres, en carácter, en instrucción; mil y mil con- diciones de que en la discusión no os hacíais cargo y de que do podéis prescindir en ia práclica. Como pn>fesor teníais una libertad que no tendréis como hombre de estado.
Por estas consideraciones, á las que en I nuestro juicio no se puede objetar nada s6- I lido, no comprendemos los sistemas inflexi- j bles en pro de esta o aquella forma; no al- ' canzamos como se puede invot^ar sobre la humanidad el esclusivo predominio de nin- gún principio político; asi como no concibiii- I ramos que puuiera sostenerse la necesidad ' de construir en todos los climas las habita- ciones por un mismo estilo, y vestirse de la misma manera. Dense el clima, la ocupa- ción, la ricpjeza, las costumbres de los ha- bitantes, y entonces se podrá decir algo so- bre el albergue y el Irage que les conviene; ¡ de lo contrario corremos peligro de vestir con delgadas y ligeras telas aí habitante de los hielos del.Norte, y de sofocar con tupido paño á los moradores del Trópico. Mas de la propia suerte (|ue en matemán ticas no se pueden resolver los problemas i particulares sin los datos particulares, y es- to sin embargo no ini|»ide (pie a veces so tenga una formula general aplicable á.los diferentes casos, con la simple traducción do las cantidades generales en cantidades jiar- titulares, y. a>iLlaümudiü(;ai;joucü <üig 4iA.iUih Uirnleza del objeto exige, asi también en I polilica nu dejan de existir ciertos principios qac pueden guiar maobo-en la practica, con tal í|ue (juien de ellos se vale iM)sea los co- nocimientos y el tino necesarios para apli- earios debidamente.
SI ^biemo no es un ser abstracto que pueda prescindir de la realidad de las cosas; ■ oi es tampoco de tai n4luralexa que le sea i dable existir sin el ooncoiw de la toeiedad gobemadaj De ella saca sus fuerzas, de ella vive; si ella no le presta su auxilio muere ' de debilidad; si ella le ataca perece. No bay: gobíereo ipie pueda sobsialir ñ está en con- tradicción con los principios é intereses que dominan en la SfKiedad: todo íjobierno (jiie dura (y en esl4i luateriu lu duración uu se; cuenta por breve temporada), indica que i los tiene en su apoyo; y este es el sentido racional y verdadero que debiera liaberse • dado á la palabra sokramfo nacional; es detír, el dominio en el órden politico de la que domina en la sociedad, f.uando veis un líobierno sólidamente.establecido, estad se-; gÉM áe qué^liene én an (bver el voto del | país, que está sostenido {)or los principies é intereses dominantes on la sociedad: aun cuando veáis una monur([uiu absoluta no di-, gais que hay opreaion, contad que el sobe- I rano no re ¡)resenta un poder abstracto; con- tad que tiene algo mas que sus títulos de, nacimiento; si la diadema está lirme sobre j su calieza, es qne la nación se la sostiene; ¡ si su cetro es Inerte, señal es que ba recibido el temple en las entrañas del pais. £1 ¡I Rey reina sobm Is nación, pero la nación •béidece contenta porque reina con so Rey.