SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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posible retroceder sin confesíonea dolorosas al orgidlo. dado caso que no se (piisiera sallar la valla y arrojarse desalenladai)iente por un senderó de precipicios.

Creemos, pues, que para evitar tan graves peligros, y supuesto que. atendido el espíritu de la época, si se quisiese que el gobierno Goosullase á todo el Episcopado, probable- mente se ronsi'üTtiiria que no lo consultase uun(;a, sena conveniente ((ue se. declarase qne todos los Arzobispos y Obispos son miem- bros natos del. alio.coeipo, y que el Rey pudiese designar en cada convocatoria un cierto número du ellos para (^uc acudiesen á las <4Órtes. Asi se conseguiría: 4.*Qae las iglesias de Kts Obispos convocados no esta- ñan largo tiempo sin pastores, pues (pie sabiendo estos que son llamados únicamente para aquella ve/., sabrían que cerradas las Cortes debi-u volverse á sus diócesis. 2.*" No se eslablc(;crian di^tiucioues que siempre 4raen consigo alg^^dfl^ odioso. 3." El voto de los Obispos en maíeriaa civiles s<'na mucho mas ilustrado y sólido, como fiiiuhilo en da- tos positivos, en conocimientos prácticos da mo todos los Obispos serian llamados aller- nativaiuente, eu el trascurso de. algunos anos no quedaría ninguno sin nanllaf; 7 por tanto, ningún país de España por retinf- (lo «|iie fuera e insignilicante (pie pareciese, estaría sin luuer a las inmediaciotoes del go- bierno nn órgano tan leapetable coito él da un Obispo, o." De esta suerte se baria nui- cho mas fácil el formar la estadística, mejo- rar el sistema tributario, reformar los demás ra moa de adminisiraeion, pues que al go- bierno no podria oscogilar un modo con q«e recibiese las noticias de las necesidades de los pueblos por un conducto mas Juicioso y desmteresado. 6 " InsensibleaNBle se iría consiguiendo que varias mejoras se introdu- jesen por un camiuo suave, v al propio tiem- po no rafoctado de impiedad y eorrapeíHk 7." Se remediaría poco á poco esa profunda desconíianza de los gídiernados con respecto a ios gobernantes, lo que es una de las gran- des calamidades qne trabajan tas entraA» de nuestro pais. ¿Qué fuer/a no adquirirla sobre el animo de l(»s pueblos una ley á cu- ya votación eonlrihuyeran los Obispal? >...

Bastan estas indicáciones pan oeMmlnr la importancia dfi lo que projmnemos: pero repetiremos todavía, que si se han de con- seguir tan halagueflos resaltados ba 4& ner promoviendo el desarrollo giemÍBoda la n»- titucion, no falseándola por miras aviesas ó intereses de momento. El banco de los Obis- pos en el' alio cuerpo puede ser tm éneoin del Estado, ó una cosa inútil, cuando no dañosa: lodo depende del modo con que se realizase esta idea política; lodo de{>endcdc ai ae buscarían dignos y celosos defensores y promovedores del bien de la Iglesia y del kstado, o flexibles instrumtínlos para hacer- los obrar del modo que se quisiese sobra el Estado y la Iglaaía.

/•^•aibiiei ft£ LA cmiTliGWN.

ABTICDLO Til.

.f.La fonnáaon un banco de próccrcs hereditarios envuelve ciertamente una mira de profunda política, porque en general jMíde asegurarse que es provechoso, á la {gwqailidad y bienestar de los estados el crear instituciones que representen grandes intereses del país, y seaa al mismo tiempo independientes de la voluntad de los hom- kns. Todo lo que está encomendado á la lihre discreción humana adolece de cierta jÍAStalMlidad, que m le cousieutu echar bon- dit nicna ni ejercer sa aeeion de ona ma- ta^ regular y saludable. Esta verdad se aplica no solo á los pueblos sino también á los gobiernos: reyes hemos visto (juc tedia- dos por su orgullo, ó engañados por per ti- dos aduladores, ócondiK'idos por insidiosos consejeros, han hecho un uso niahsinio de sus prerogativas, dañando a la nación á cu- jm tranlA.ae haJiaban, y. zapando el miamo ^onu que se proponían engrandecer.

nada tenemos que objetar á la insti- rpaan de los próceres hereditarios consíde- jada en si misma, paro abñíianios algún re- eelo de que tal como se estableció en el Es- .4»UiU>« no había d« llenar el alto objeto á fw se la destinaba. Ya iadicunot en el ar- ;ulo anterior que doscientos mil reales de nta nos parccian {»oco para tan elevada jllgaidad, pues que no su Uat<i unu ámenle 4b seotener con decoro el rango de grande y de procer, ni de ascííurar la independen- cia del individuo, sino de introducir en el lito cuerpo elcmentps de mucho prestigio é ilAnenoia, de otorgar influencia poUtica á iSpáen ya la tiene real y efectiva indepen- ^roite Uc las leyes políticas, de hacer que «bn dft ona manera regular y penniuMnle ; 'Pllne8fertdel f:obierno lo q'ue por fuerza .jMpia e<itá ya obrando sobre la sociedad, branque reunau esta^circunstaneias ios pró- Heiea heredílarian es preciso que baya una razón particularísima que motivt; y justiliqne una distinción tan señalada; y por lo mismo para acaudillar empresas, para ios primeros puestos de las asociaciones qi^ tengan [>or objeto acarrear beneficios^ en una palabra, es preciso qon Ja casa 4¿1 grande hereditario represente por si sola muchos intereses, que el voto del procer sea por si bastante pcideroao para atraer na* merosas voluntades, y que de esta suerte las familias en (jue estén vinculadas las dig- nidades heredit<irias sean como utius tactos puntos céntricos, desde los caaleíii|uniaii muchas ramiíi< aei()nes que envuelvan cu su red una porción considerable del pais« £a no lográndose este objeto, la institución se- rá una cosa cHBBen;'.ngurará en los artíciit los de mía ley. mas no inüuirá eficazmente sobre la su<^icdad. Doscientos uúl reales alcanzan deseguro {lara tan vastaantencioiieBi el grande cuya renta no esceda de djcbi cantidad podra vivir en la corle con decoro, mas no le sera dado derramar por los pue^ blos notables beneOekie, jd le fiobrarán e^^ pilales para impulsar y kémlatM^W^'* lio de los intereses materiales.

Cuando eii el Estatuto se lijo la roula mencionada, tal vez se tuvo eypi cwmta to consideración de (pie habiendo men^'iiado mucho la renta de los grandes, v llevando camÍDode menguar ca4a dia mas,.^i se hu- biese asignido una renta niayar halu ian sido muy pr)cas las casas que hubieran disfrutado del honroso privilegio, üu, «d efamen, fia.los documentos presentados á fai tmmm ifil^l^ tas del Estamento de Proceres, se echó de ver que era bastante dilicil la justilicacion de la renta esprus¿)da, y ciertameuti- que en lo sucesivo debiera serlo mnoho mas, ya por los quebrantos sufrirlos en iiuníío de la guerra civil y vaivenes de la revolución, ya también por las innovaciones hechas en la legislación de mayorazgos^ Todo esto signiiica la suma dificultad de crear semejante institución de uiui manera que pueda producir al pais benefisios positii- vos, é inspira el tenor de que si jio se to-> masen muchas precauciones, fuera esta ley como otras tantas de EspaAa, q¡iie en los co- (bges lo son todo y en la oealidad no son nada. Añádase á esto el abatimiento en que han caído las clases altas, no solo por efecto y y Boba»ta que el grande pueda sostener supo- ij de los ulLiuios trastornos, sino también yor uicion con decoro y dignidad, ni qne su ca- |l la acción debilitante que sobre ellas baajel^ sa ostente un lujo deslumbrador; es preciso ] ndi» por rancho tiempo la monarquía. que le |iobim^abiind(iate6 caudales para ejer- •> kjos Ue aoateuerlas como estaba cu su iute- 52 fés y etf c^tVto lÉ nádoR, ha trabajado por enflaquecerlas, y resullnrá ser muy difícil el pianteir m este sentido una iiü^titucion que sea niií*» mas (jue un ensayo, y no se la pueda llevar el viento al primeVsnpli». Como todas las plantas débiles. no pmlria soste- nerse y levantarse sino con el apoyo de otra mas robusta y eneumbnMla; y asi, siempre qoe se intentase alí^o en este sentido seria menester enlazar fuertenienlt; la nueva ins- litucioD coa el trooo, y oo pensar en plaa- tcnrhi sino en el supuesto de establecer ana constitución muy monárquica. Lisonjearse de que con una ley fiinflnmi^nlai formadn á semejanza de las consliiucioiies modernas, seria posible arraigar la instUncion de pro- ceres hereditario-^. fuera no conocer la Es- pailta, no conocer el espíritu del siglo, que ya de suyo tiende con vivísimo impalsu á derribar cuanto se distin^'n por una sombra de privi!e::io, y nhiitir t.js eminencias que esceden del nivel que la democracia se em- peña en tirar sobre todas las cabezas.

Hemos querido presentar con toda clari- dad este importantísimo punto de \ ist;i. por- oue creemos que las naciuiies contó los iu- ^vidnos ban menester <|ue se les diga la verdad, que se les hütífi compieridor su si- liiacion, que no se les permitan ilusiones, que no se les deje meciéndose en vanas es- Iperantas. Li España es oomoí|iqnellos enfer- mos que adolecen de graves y r(^l)eldes do- lencias; es preciso señalarle' dónde está el mal, fijaran emicler, indicarle los remedios, mas no consentirle (pie se alucine, que se entregue con sobrada cnnfinnzn á esta ó aqueiia medicina; es necesario (juc no olvi- de la necesidad de atender al mismo tiempo á muchos otijofos; es indispensable incul- carle, f|uc si bien urjre muchísimo su reor- ganización política, esta uo es suficiente, pues que cualquiera relbroift que se íntetite, cualquiera institución qiie se plantee, cnnl- quiera ley que se establezca, ha de resentir- se inevitablemente de las circunstancias, y ha de llevar en au seno muchos gérmenes de destrucción, m^rrefl á!a disolvente atmós- fera en que babra de nacer y vivir.

La claae qne en un sentido cualquiera obtenga el mencionado privilegio, es preciso que s'* f'onvenza de la imposibilidad ae con- servarle SI no hace grandes esfuerzos ^ra pagar con 'benéHeios al país las fnerogatim que le otorguen las leyes. La historia y la «»periencia están enseñando, qne el ser elevada distinción son cosas casi siempre inseparables. Asi, cuando se ve qne una clase se lia levantado a mudia altura sobre las demás, desde luego se puede inferir que, " ó por sn inteligencia ó por sus virtn ícs ha ejercido inilueocia muy provechosa; y al contrario, cuando se nota que desciende de su rango, que va perdiendo d |H"estigto, y Ilos hottores y consideraciones que nntes dis- frutaba, es de sospechar oue se ha dejado arrebatar el cetro de la inteligencia 6 lafnl^ nía de la virtud |)i>rlas demás qne á su fado se enniiiihran. En la sociedad como en la naturaleza nada sucede sin causa; no hay anomaKas propiamente dichas: si pudiése* t nios penetrar en el seno de todos los (d)jet08 _ y descubrir las intimas relaciones que los I enlazan, hallaríamos que acontecimientos á primera vista muy fortuitos, tienen cansas Imuy naturales y profundas; y qne nn orden de cosas raro y estra vagante en la aparien- cia, no es mas que el desarrollo espofrtáneo I de efectos intimamente enlazados con sus ' cansas, y sometido á unt legulaHdad ñé- I uiirablc.

Hubo un tiempo en que una apostura ga- llarda, un brazo de hierro y nri corazón va- liente y emprendedor, bastaban para ase- I gurar a una clase [»oderoso ascendiente; y I esto, ¿por qué? Poniue sometida h socie- dad á la dnrn ley de la fuerza, ó precisada por las circunstancias á emplearia de eontf- , nuo para reebanir la infasion salvando las haciendas y las vidas de los cindadnioa, 9b buscaba natnralmenle aquello que era de una necesidad mas impréápiudibie y ur^a* I te. Por lo mismo el mas iralitrnte debia mr el mas noble; las insignias de los blasones debían < untarse por ios trofeos de las victo- rias; la luiluencia sobre los negocios públicos graduarse por la pnjania del nrezo que sos> tener piifliern en e! campo de bntnih ef dio- taineu emitido en el consejo. A medida qon anduvieron variando las circunstancias, y que la sociedad, si bien de vez en cniiidn necesitaba combatir, habia menester mu- cho mas la protección y dirección de un p6- det dotado de grande tnteK^oia yenergli moral, el trono que satisfacía cumplidamcn< te estas condiciones, adquirió decidida pre- p(mderaQcia sobre todas las instituciones potitieaá; Bn este caso las clases que auísie- ^ ran conservar su antiguo a.scendiente aebrtn • colocarse alrededor del monarca » pero de Digltized by Google ta( manera que no trocasen suAprerogalivas ari>i< i( T ilicas por las distinciones corlesunas. Bslf <)l>|('to no se podia loírrar sin que la cía- le privilegiada marchase al freule de la so- ciedad. adelantándose á las reformas y me- joras demandadcis jior el espíritu del sijrlo, y procurando defender su elevación. jiisliii- randola con la sufx'rioridad de la ialelii;en- eia y con la enerííia de acción cu pro de los Mlw^«'< i 'imim;iles. Pre< iso es confesar q» en Ksji.ifia no se hizo asi: ora seíwlemos por causa la política de los reyes, ora las «endiciones de nuestro estado social, ora el descuido de los mismos nobles, la cierto es que el efecto ha sido el misino, aristocra- cia que mejor ha comprendido su verdadera sicion ha sido la inglesa; los lores no se n contí'ntado con disfrutar pinjílles rentas; COD adornar su pecho con cruces y bandas, con obtener el favor de sus reyes ^ con intri- gar en los salones de palacio, sino que han cuidado siempre de acaudillar los ejércitos y las armadas, de ocupar los mas elevados puestos del Estado, de d¡ri;;ir la diplomacia, d'' impulsar el desarrollo de los intereses industriales y mercantiles, de s<'fial;»rsc por sus vastos coiKK'imicnlos en lo<i _i neros, «le no consentir que ninguna otrn clase los avenlajarn cuando se tratase, ya del mérito individual, ya de celo y desprendimiento en bencKcio de la prosperidad y frande?^ de su patria. Tmiavia jnas; conociendu que con el Iwscurso de los siglos la«í razas so debilitan y» estinffuí^n, y (pie alfjunos individuos de las clases medias y hasta de las míimas, a fuer/a de talento y laboriosidad se levan ■ tan sobro el nivel en (jue los constituyera ■B nacimiento, ha procurado la aristocracia ñgiesa nlraerse y asimilarse los elementos ■nevos que pudieran darle fuerza y presti- do, y (jiie dejados en otra esfera, tarde o temprano hubieran {mdido formar cIushs po- 'ésvosas que contrapesasen su influencia. ' • No iírnoramos que instituciones semejan- tes no se improvisan; sabemos (jue el espí- ritu del siglo, de suyo tan democrático y ■ivelador, se opone de- una manera irresis- tiMe á que en ninituii país del nuindo se fivne en la actualidad una arislucracia wmejmite a la de la (irán Brctaila; mas esto MMveda que en lo presente como en lo ve- nidero, se ha\a de veriíicar un princioio tacialde eterna verdad, a salnir, que todas Im clases civilizadoras Uegañn á ser clases «ilti,, asi como todas lag clases altas tieiien I el deber y la necesidad de ser civilizadoras, I V (jue cuándo se olviden de su misión caerán irremisiblemente. Su caida será un efecto natural del curso de las cosas, y ademas un castigo de la Providencia. I Kl principio enun- iado se verilica de di- versas maneras.según la diferencia de los 1 estados sociales; pero observando atenta- I mente las dislinlas fases (jue nos presenta la j historia del linage humano, le vemos sieu^-r- pre reall/ado de un modo admirable. I Ka sociedad actual, tan desenvuelta en ; lodos sentidos, exige grandes esfuerzos de quien desee colocarse á su cabeza. Tres son las necesidades cuya satisfacción forma el oiqelo de su anhelo: el desarrollo de la in- bdigeocia, el aUanzamiento y estensioo de [ la moralidad. y el progreso de los intereses I materiales, coiiciliadu con el bienestar ge- I Dcral: tres puntos en que debe tener lija su I vista toda cíase que se proponga conservar I ú obtener consideración y ascendiente. ' En otras épocas bastábale al militar saber las materias de su profesión, al eclesiástico conocer las correspondientes á su sagrada ¡ ministerio, al magistrado las que le eran ¡ necesarias para la recta admimstracion de justicia; y asi, encajonados los individuos y las clases en sus res)>octivas carreras, quien ¡ se aventajase eu la propia, por mas que sus conociBiientos no se eslcndiescn á otros ob- jetos, |)odia estar seguro de pasar plaza de sabio y merecer las consideraciones que co- mo tal le eran debidas. Mas ahora no basta }H)secr á fondo una ciencia, es necesaria ademas tener alguna noticia de todas, por- ' (pie atendido el carácter do generalidad y I trascendencia que se ha comunicado á todos i los ramos del humano saber, atendida la , irrupción (pie por decirlo asi hacen de con- tinuo las unas ciencias en el terreno de las demás, atendida la eslcnsioü y variedad de aplicaciones que á toda clase du objetos está haciendo la actividad del siglo, uo es dable tomar parle en las discusiones cientilicas, ni participar do la acción que se ejerce en la { práctica do los conocimientos, sin poscci instrucción vasta, y amenizada de tal suerl» que á lo útil y grave se una lo agradable y lo Itello.

La desmoralización que rái>iilnmente ya cundiendo, merced á las disolventes doctri- nas de incredulidad y escepticismo, produce j tandiien en la sociedad actual uu sentimien- ' to vivo de la necesidad de atajar el daAo, réSÍáfl!>Tecipnd() <■! impí-rio de la sana innral é Impidiendo que los adt^lantos sociales «¡e V«aii amenazados en el iiorvenir ¿ causa de la desaparición ó amortif^nanifenlo de los principios moralts. sin los (|in» no piiodí» vi- vir el género humano: asi notamos que los IMi^bres mas arenlajados en la eleneia diri- gen muy particularmente su atención á este ot)jeto, y tanto los gobiernos como los pnc- hlos se agitan por resolver el problema de la conciliación de la buena moral con el desar- rollo de la intr'iiironcia y el CttltÍTO de loa in- tereses materiales.

El fomento de estos intereses es otra de las necesidades de la época pn stMiic. Vano fdera el cmpi^fm di" detener el nio\ imicnto; lo jue conviene es dirigirle, regularizarle y rtarie en cnanto sea jposAile lo que tenga dañoso. En ana nación donde se formase el insensato empeño de oponerse á ese irre- sistible impulso hucia las mejoras niateriales, qm es ano de los earactéres qne mas dis- U^linen á nuestro siglo, sobrevendrían por necesidad complicaciones gravísimas. v sin obtenerse mas resultado (pie acarrear aí |)ais tpnuchos retrasos é inmensos pcrjnicios, la íhario imprudente que hubiera intentado pa- rar el tiiempo en su carrera, seria hecha pe- ÍMMÍb. H^M'BésUir hablar con desden de las vftés del siglo, lio basta lamentarse de los ip'íiles que acarrea el desarrollo de la indus- tria y comercio, no hasta volver los ojos há- )|ÍÍb tiempos míe pasaron, y ponderar las vieutajas (jue llevaban al presente; es preci- so tomar las cosas tales como son, no como [ se (luisiera (¡ue fuesen: en tadn ej>üca los hómbres que han de dirigir la sociedad es necesario íjue comprendan c'uáj es el espíritu que la anima, cuáles son sus tendencias; y ciii Tez de empeñarse temerariamente en lu- cliar con la naturaleza de las co«»s, deben tratar de remediarlas en lo que tenrrnn de malo, de aprovechar y fomeutíir lo que en- cierren de bueno, todo con acción lenta, suave, acomodada al siglo en que viven, dejando ^ÍPiiipre una larga parte á uno de los priu( i|)ales agentes en la íormacion de las granaes obras: el tiempo.

Ouien desee, pues, acaudillar la sociedad del siglo Xl\ es indispensable que procure aventajarse á los demás en la ciencia, que tralwje en restaurar, arraigar y estenderla moralidad, en mejorar la situación de las ve un nombre ilustre, de nada cuaiMiosas riquezas, de nada una larga serie de <ka(ÍAf> goidas condecoracioBes, de Mil ni ncofMr por las leyes un alto ftitm^éá liiida> « el i)ersonaje no figura por sus conociraien- tüs, si no se ha señalado ^x>r so celo eu pn^ de las mejoras de la «kaaomi inoml ir mHkt^. rial de los pneblos, si no ha impulsa(lo gran- des empresas. I.a sociedad quiere palpar los l)enelicios que le produce; no se deja de^-r hmibrar ni por bñllnwle orapel* ^ esi^ riles rique/as: mide á la ptírsona y a la clase no por lo (pie aparentnnsino por lo que valen, no por lo que desiumbran sino por lo qM aprovechan.

BEFORIi DE LA COÜSTHVeiM.

ABTICL'LO V[I1.

A vtm de los Obispos y de los pueden entrar en la cámara alta otras perso- nas que reúnan las circunstancias oecesariai» para darle prestigio é ¡■tinoitt. Veiilnd en (jue antiguamente no sucedía asi, pero no (leja de haber algunos motivos para seme- janto mudanza. Cuando las clases privile- giadas eran ha únicas* pederasas, y Íes demás no se les acercaban (*on mucho en ri- queza, ni en saber, ni en ascendiente sobre el ánimo de los pueblos, ui en abuudancia de medios para influir en loa negooionpilblt- eos, era natural que ai {orinarse un cuer|><> político privilegiado solo le cousliluyesvu ellas, negándose la entrada ¿ Codas las et«M; pero habiendo maegoado conaidanUemeB- te, cuando no desaparecido, las riquezas de aquellas clases, habiendo perdido mucho de sn infloeneia antigua, ^iradaae ígwaladBS y á veces es( ( <lidas por las indnstríales v mer- cantiles, y hasta por las científicas y litera- rias, habiendo adquiri(io grandes propiedades terrilNiales CnMfaasplefaejras, ckiroes que la aristocracia se hamodiíicado prolundameole, y del cambio ipiese ha realizadoen la socie- dad es preciso (]ue se resicutan las iusliUi- ofones politices.

De esto bn dimanado que se introdu^n cla¿ef numerosas, y en inipulsar el desarro- il en el alto aier|)o aristócratas de nueva crea- 'ionto^ftis progresos materines. De nada sir- U eion, ore ^ sean por sos masbas nqnexat».

Digilized by Goügle tfB/ftü tu saiter, ó por los puestos- i^e ha- fga. obU;ni(lü en el Eslado Pero este pria- «po se ie ím ilevadu iia^íla la eMj$enici(nk, mtifMtmai^i ináp ae tía aiadíift la mira iedaral poder >ra>(^rim(le induencia en el léto cuerpo por medio de la liieultad de jb|9C^MMul»rajuiteaUtó de ua üumero ilimitado «WvíImm, liara veneor oon el aosiliodo etlasrecien venidos la resislenciaque eulos antiguos pudiera eiictmlrar. o dar asiento en ks escalios de ios ie¿;isludores a los persM)- BMiiaeran de su agrado. No dK remos que este principio no sea altamente piÍMfiO,iperu as preciso ho olvidar que sino UfJÉe aplica coQ mucha parsimonia puede ItiWPii liilln cuerpo por su basa haeieiido iiey precaria su independencia. Asi creemos «Mwria iBuy coavenieute que la elección «iipiPtM^Mtiiriese sujeta á la límilacwii di ina gran propiedad, y que si pira dfltjar al trono cierta latitud y desembarazo se juz- £ra Util rebajar en ciertos casos la renta I elegible, esa parla ndvil de la eéoNra alta se encontrase con un número íijo de jiraodes pr()[)ielarios. y por lo mismo su {preponderancia no pudiese ser dcmasiadu, Hato airtíaaaipara restablecer el oquilibiie <pM las eircunstancias hubieran alterado, rhfa ai fo artículo hicimos al^'unas ohserva- Ipiizaobra la iatitud del Estatuto Real en Srte, haciendo notar que pudiendo ser dos proceres todos los (¡ue hubiesen ¡retarlos del despacho, procuradores 4ÉfpÍBp.4 Conseje8os de Estado, embajado- illié Miistros plenipotenciarios, generales de mar ó de tierra ó ministros de los tribu- fiaies supremos, y ademas los que en la en- islanza pública, ó callivaBda tas ciencias 6 letras, hubiesen adquirido gran renom- m y celebridad. se abría tan ancha puerta p*a entraren el Eslauieulo, que apenas se '~~'~ia< Magaña personada algana distin- Por e<!n t -iti^n seria muy conveniente iiuilase el círculo de los elegibles.

¡^af^éndolesnayor renta de la que en el Malata ae exigía, o bian otras oondiciones leoniesen en menor numero de indi- winos. £s peciso cousiderar t|ue una divi- iiiad ▼ilaiicia, y ove tanto loílujo puede ejercer en los grandes negocios del Estado, 10 puede quedar abandonada á merced de ua ministro; y á merced de un nuuistro que- 4l ai aaiia asaabisiBias bM^dücaltades de fpíc se rodee el cirrtilo de los elegibles. tfiiijH incQByenientes no puede traier á la caiisa publico una hornada ><ftei i. acertada? ¿Cuántos einliarazós no pueden su^itarse ai trono, cuantas coiwiliuamtones na poeden acarrearse al paiav^Bni^^^ialÉ de estas consideraoiaies eapondreoMS sei^ cdlaiueute de í(tif' manera se podría coaa» truir en nuestro couceplo la cámara aiLa<..

4.* Todos b» Arzobispos y Obispos dé^- ' hieran ser mieadma natos, dejándose al monarca la libertad de convocar on oiarla numero de eiius. >^ / t i." Podría adnútirse lo asentado en ei Estatuto de serlo taml)icii todos los grandes de España, pero dcbteran disfriUar a lo ma* nos 300,000 reales de reala, i u.

3. " Debieran entrar algunos pcapieta«> rios que distVutasen una renta en bienes rai- ces de 150,000 reales; y parece que seria bueno determinar un cierto númaio del cual no pudieran bajar.; 4. " Si se admitiesen otras clases. de- bería exi^^ise ai mismo Licmpo uoa reata de 100,000 reales, de las cuates la mitad al menos fuese cu bienes raices; y si se cono- ciera útil dar cabida a algunos empleados du las mas altas categorías, convendría poner- les-nudias limitaciones de edad, de años de servicios, y cuando pudiese canUriboirá dar alguna garantía de acierto.

Mauifestada nuestra opinión sobre la c¿- aun alta, vamoi; á decir cu dos palabras lo que pensamos sobre la popular. Kn nuestro coni:epto uu debiera entrar nadie que uo disfrutase una renta en bipnas raices, ouaar do menos de 20,000 reates; y aun en este caso seria preciso tomar las debidas precau- ciones para que uo se falsease la ley. £n el Estatuto se cxii^ian 42,000, y ademas hubo el inconveniente de que con la latitud (jue se concedió en el examen de actas, entraron di- putados que uo reuuiau la condición exigida; paro eslo.se podría avilar muy foeilmeata, ya sea con algunas precauciones que se coUt signasen en la misma ley fundamental, yit con oirás qua se ianavaian para ta ama- Vamos ahora á examinar rápidamente lo* demás puntos que debieran tenerse presen- tes en la formacioa de la nueva ley. El Esta- tuto previene en el articulo 33 que juira la formación de las leyes se requiere la aproba- ción de uno v otro Estamento y la suicion del rey. Á pnmea vista esta diieUina (jare- ce muy corriente; sin embargo, ora alenda- moa á'U antigua 4i^slacion da itUpaúa, ora Digitized á la facilidad de ejf'cuUirse lo que en el arti- culo se prescribe, no dejan de ofrecerse muchas ditícultades. No qucremoü decir que las Córtés ne imervengan en la foroMeion de las leyes, pnrn sí cn't^inns (\m\ es aliío aven- turado el eslablecer en general que ln- mo- narcas por si solos no puedan hacer niu^^una, ni aun con earáel^r de interina. Les aniores del Eslíitnto pretendieron nn hncer mas que restablecer las anticuas leyes fundamenta- les, y sin embargo, en estas se encuentra que los monarcas tenían el podfr leeislilivo. «La facultad de hacer nuevas I ^ f ^ diee Marina, de aancionar, modificar y aun renovarlas antiguas haUendo rezón y justicia para ello, fne «na praromíva tan earacteristica de nuestra monarqnfa, como propia de tea va* salios respetarlas v obedecerlas.»

Tno porque Marina intentase negar la intervención de las Córtes, ó no encontrase difcrenria entre las leyes que se hnrian en «Das y las que emanaban de la soia volun- •faé del monarca. He aqitf cómo se esplica pobre este pnnto. ^Porque las leyes de los príncipes. dice, aunque no nere'sitan para su valor el consentimiento de los vasallos, y deben ser obedecidas solamente por el iiecho de dimanar de la voluntad del sobe- rano, con todo eso jamás se reputaron por leyes perpétnas é inalterables sino las que se publicaban en Córtes. Lis que cÉreeian de e«:rn 'íol(>innidad debían ser cumplidas y Hobedeculas en calidad de pragmáticas, or- denanzas, pnmsíones. cartas é cédulas rea- les, que no siendo por su naturaleza inva- rÍaW'^«= T>^flian ser reforninda*^. dispensadas 7 revocadas por el monarca reinante y sus tncesores.» *