SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Kl poder leíistativo de nuestros sobera- nos es cosa siempre supuesta en nuestros eódiíTos. «Ordenamos y mandamos, dice Felipe n. íiue cuando se fmtartm mmtro eotisejo (h Jutrer nltjttva letf tvtrrn ó prnrj- mátira, ó de derogar ó dispensar con alf/nna íev, havan de concnrrir y concurran en un ▼Óto todos los del consejo que se hallaren pre- sentes en »>! ronsejo. ó por lo menos las dos prates, y nos lo consulten para que provea- limen ittó lo qne convenga é nuestro sei^ vicio V al bien público de nuestros reÍDM.» (Nov.'Berop.. lih. 2, lit. I. lev 8.)

La pragmática que precede a) citado códi- go; en el 'eaal se conservan todavia nuestras antiguas leyes, fue hecha y pronnilpafin por el nusmo WHiarea, y a»' ella se notan lai» ^ siguientes poialMpqtteiMqMmita oinraanin I el poder legislativo: «Y mandamos -que se guarden, cuiupian y cjcculeu laiis leyes que J van en este liwm, y se joiguen j- dateimá nen por ellas lodos ios pleitos y nepocioa que en estos reinos ocurrieren, aunque al- I guuas du ellas ¿«eaii nuevamente hechas y I ordenadas, y aunque no k§i§m^mi» prntlp- cadas ni pre^rojiauas, y aunque sean dif€- renles ó contrarían á las airas ieyes y c^'- Udtt» 4$ Cárteg y proj/métUas que antes ée I akora ha habidOiao estos refaioa: laacwalii queremos que de aqui «adelante r?o f^ff/tn autoridad. ¿Igunadn se juz^e por eiias 6uie solamente |ior laa de este lihio.a Í Prescindiendo del punto de vista legal é faistciríro. atiMidanios únioaniente á la con- , venicQciu poliia a. ¿No pueden venir mu- ¡ chos casos en que sea neeesaria la pnaoul»- [ gacion de una ley, y por otra parte no ¡"^té ea el iiUerus del Estado la ecnvocacion de las Córtes? ¿Por que se deberá negar al monarca la facultad dehacefla. siquiera con j el carácter de interina, y sometiéntlnln des- pués a su debido tientfx) al eiLámen de las I G6rtea?- ¿No estamoa viendo avada pmo «pie el gobierno se toma- esta tilieflad, á pesar il de lo prevenido espresfiinente en la rfuisti- lucioa? ¿Por qué ao lialMa de ser mcjur el jj otorgarle firanoamente eMe defodio, m al I sujetarle á una prohibición de que a^^eaett- f tiende infringiendo la ley? li £s preciM) uu perder de vit»4a que Bué>» tros hábitos, nuestras ideas monáiqwMa nos llevan ¿ considerar al ir( nt^ como auto- . rídad soberana, no solo en cuanto a la eje- j cucion de las leyes, siuo también en cuanto I á su ftffmacion. El fioi)ienio que recibiendo i las inspiracinTi s ilcla sociedad. ¡)articipa de las ideas y iiuktob de los pueblos, siente ia II Aiarza del poder real.tan pronto -oonMe»- I nienza á emplearla; y asi es que no se de*- il tiene por el (lébii reparo de un artirnio escrilo cuando se trata de ejercer acto» para i! loa cuaias se eree autoiizado por las anii* j guas leyes, y por las ideas, sentimientos y ¡I costumbres de la ifiinensa mayona del puar biü e&paAol.

En el articulo:U del Estatuto se dice, que ron arreglo á la ley I lit. 7, libro 6 de la Nov. liecupilactOB. nu se expiran triiiu- I tos ni oontñbaciones de ninguna elaae sin que á propaasta del rey los hayan volado las <]orle«: \ en ef '.V.'} se añade qne la^ rontri- iiuctoses iw jM|üfaa imponena, uiatukMoaji, $m por término de dos años, nntps de cu- yo plazo debi^rnn votarsi* de nuevo ¡wr las (lórtes. Preciso rs ronlcsar «jiie en este ponto se hizo unn innovjK'inn de la m;iyor lUBfendrnria en nnestras antiguas leyes. Vamos n demostrarlo. I.a ley ñ íjoe se relie- it» el articulo rilado es la siguiente: «Los rfvfs nneslros progenitores establecieron por leyes y ordenanzas fechas en Cortes, ipie no se echasen ni repartiesen ningunos ppcho*. servicios, pedidí)s, ni monedas, ni olrns trihiilo* oHrmv, especial ni general- mente en todos nuestros reinos, sin que pri- meramente sean llamados á (lortes los pro- nirodores de tfxlas las ciudades y villas de nuestros reinos, y sean otorgados por los di- chosprociiradoresque a las Cortes vinieren.»

Por el tf'sto de la Ipv anterior se echa de vi^rqii" las antiguns Cortes dehian si inter- nando se tntaba <le im|>oner nuevas cwtnlniciones, pero no era necesario su consentimiento para cohnirlas va estableci- das; y sin duda (pie el j)rincipío de gobier- no entendido de esta manera, entraña ma- iduria que los artículos de las cons- üluiiJiies modernas. Porípie ¿cual es el <Afíto do la intervención de los pueblos por mHio de las C6rtes en la imposición de los fribolos? Es el evitar que so hagan pedidos ifijtelos y arbitrarios, y precaverse contra 1.1 codicia de unos malos gobernantes (|uc oniíipran chupar la sangre de la nación; y praesto. / ' <ario acaso que las Cortes anden exani. II iii i » de continuo cada ano o •"ada dos años los presupuestos, y (jue otor- tuen al gobierno la facultad de cobrar ó se l« Bieguen? No ciertamente: lo que se ne- WSita es que cuando se im|)one una conlri- Iwcion se averigtle con mucho detenimiento rttMe» el objeto á que se la destina, exa- pwttndo al prirpio tiempo si encierra algo de. injusto ó falto de equidad, si es demasiado Pavosa á los pueblos, si, tanto con respecto > b cantidad como á las bases con arreglo • las cuales se la distribuye, adolece de alewn defecto. P(»r lo demás, tanto dista de spr prudente el examinar todas las contri- bocione-í c;ida ailo ó cada dos afms, que ha- brá muchas sobre las qu^* un tiem¡)0 seme- jante será insuficiente del todo para que se i'ueda formar juicio de ella.

K primen vista nada mas alrai tivo y se- •liictor qne el ariiculo en que se previene qne antes de votar las Córles las contribu- ciones que hayan de imponerse, se les pre- I senté por los rcsp ^ secretarios del i despacno una esposicion en que se mani- lieste el estado que tengan los varios ramos (le administración pública, debiendo des- ; pues el ministro de Hacienda presentar á ' las Córles el presupuesto de gastos y de los inedins de satisfacerlos; pero en la realidad t(Mlo esto no ha sido para el pueblo español mas que una ilusión cruel, si es que en sn iumensa mayoría ilusión hava tenido. Mas ' de diez, años llevamos ya de este sistema, ¿y qué ha sucedido? El gobierno ha cobra- do las contribuciones sin el consentimiento ' de las Córtes, como y cuando le ha parecido ¡ bien. Si alguna vez no ha creido conveniente hacerlo de esta manera, ha pedido!ina au- torización, y las Córles, que tan celosas de- bieran ser en este punto, la han otorgado sin diíicultad. Cuando se han llegado a exa- minar los presupuestos, la discusión ha presentado dos fases. ¿Se trataba de algún punto que se rozase con la política, con las pasiones del momenlo? ¡Oh! entonces el celo de los representantes de la nación no reconocía límites. Tanto era el ardor con que entraban en la disputa. que por lo co- mún se ol\ ¡daban de la cuestión; traíanse á cuento las miserias de los partidos y de los individuos, encrudecíase la lucha, los ánimos se exaltaban con el choque, v lo qne era asunto de una pequeña asignación daba ¡I pie á una sesión estrepitosa. Menudeaban I entonces las interpelaciones, los teriibles ' cargos al ministerio, las palabras amenaza- ' doras, los siniestros recuerdos de la omino- ¡ sa década, los aciagos anuncios del porve- ■ nir. Pero si los artículos del presupuesto no i eran de tal naturaleza que pudiesen servir : para levantar por medio de ellos pasiones poHticas, ó bien los directores de las tem- pestades no creian que fuese aquel el mo- mento oportuno para atronar el cielo y la tierra, entonces la discusión de los presu- puestos, por grandes que fuesen las canti- dades de que se tratase, por dificultades (lUc ofreciera la materia, por mas que pu- tiiesen campear en la arena parlamentaria las altas capacidades económicas y ren- tísticas, entonces, repetimos, y a pesar de estímulos tan poderosos, el ceío de los re- presentantes se enfriaba, las sesiones eran : fastidiosas ñ muchos de ellos, la discusión se arrastraba con languidez como enfermo moribundo, hasta que al fin se estinguia I cual fuego sin pábulo.

■ jMsublw españoles todas, díganlo con | itontees masnulos, maspervermoéi la maoo puesta sobre el corazón, si el cuadro que acabamos de trazar no es exaeta- meate tiel. Digao si, no obstante feos artíca- los escritos, han víslOidíssniBuir svs eaiigts; dignn si jaflíás tuncfoii, un gobierno peor y mas caro.

Bl objeto de estos preTenckmes suopieam que se consignan en las leyes funda- m(*ní!iles modernas. vs tonrr In rjue so Wáma. una arniii contra el (Mider (lura esgrimirla siempre que se orea necesario óeonveniente. Hé aquí cómo discurren las escuelas rt'voln- ciouarias: sin voto de Corles no hay contri- buctopes, sin contribuciones oo hay dinero, nn diñen» ningún gobierno vive; cuando a ucranios, pues, imponerle respeto ó ame- re otarle, ó forzarle á algún pa^ <|tte le sea eo^oso, le diremos: «lú eres maj libre para hacer lo que quietas, pero si nos dis- gustas lirmarenifn; tu sentencia iiuiítI**; el suplicio sera cruel, perecerás Uc ttamitre. ^> Este disoureo ee renMdo como cosa muy corriente, muy juiciosa; y sin embarco, en otra época m í^uc no se liallcii atacadas de vértigo Uá cabezas de muchos que se pre- tenden publicistas, será «mirado eoroo eosa ostra va gante é insensata.

Vamos á demostrarlo de una manera muy sencilla. O el gobierno en cuestión habrá llevado su arbitrariedad y tiranía hasta tal punto que haya traído sobre su caly^/í^ la in- dignacioa de ios pueblos, ó no. ¿>i lo prmiero, ni él se detendrá por los ohstáeulot que le oponga la ley fundamental. ní [)or masque la> Cortes le hayan condenado a nwr'u- de hambre, dejara de tomarse el aiiiucaia por (jTif> Meran jaina-^. tndo [inr In scnríHa é iuoccuttsmia razón de que so quiere derribai al miaisterio y ios candidalos del nuevo son los opositores', ¿qué neoesidad ba> de defar 8 la ambición tan anchuro!*? |>iieri^, di' suer- te que pueda acecítar el mooieoto o^rtuna en que se acaba el plaw de las eontabneio ues votadas por las Cortes, y suscitar adre- de una complicación, que ó derribe al mé nisterio, o le ¡tou^a en la neeesidad de infringir la ley oobnn votadas?

¿ Sabéis lo que signitica ol decir ¿ un g bieruu «no cobrarás ningún tributo, » y al pueblo, K no debes pagarlo á Um que te lo exijnn?" Si::nitn;> nada mcnns que r?ecir: «sociedad, uuedus sin goinerno, el |>oder que te regia na caducado por cierto tiempo, no vale nada hasta ({iie'nosotroe le rehabill- temov; ffur itii ' c! interregno deliendc tus in- tereses como mejor entiendas, n Signilica lo mismo que decir: «ejéreito, deja las araMs y vete adonde quieras. Arifiada, roooge las velas, interrumpe todas hs psiíediciones, abandoiyi los apostaderos, y deja que Utó ca»<os se pudran en el primer puerto adon- de puedan arribar. Magistrados que adminis- tráis justicia, cerraíl vuestros tribunales y dejad que el ratero, el ladrón, el asesino, el falsario, el incendiario campeen á aus^nk- churas. Empleados todos que en un '^critidn cualquiera formáis parte de la admmistracioa pública, que protejeis ó fomentáis grandes mtereses, vuestra misión se conclavó, nada tenci-; hacer. Alcaide^ <yoí^ '_'Mírníus a los presos, directores de los establecimiensi mismo con la punta de *la espada, ni es | tos de piados, abandonad vtiesiro p«e»to» probable que el negocio so detenga en votos de Corles, pues que en casos tan estremos la historia y la esperiencia uos enseñan que las pasiones y kw intereses de los pneotoa suelen tener órganos aigo nia^ cfit aces que los oradores parlamentarios. Cuando ha lle- gad» el sufrimiento á altarse, cuacdp nada han podido los ruegos, las esposieiones de- corosas, las reclamaciones vivas, las protes- tas enérgicas, entonces tle^a para las nacbnes una de aquellas crisis formidables en que comienzan a dar rugidos los entrañas de la tierra, sobreviniendo al instante una esplosion espantosa. Si el gobierno no ha llegado á tal estremo, si solo ha tenido la desgracia de nuil(|uistar<;e con algunos díabríd las puertas de los calabozos, rpiitad las cadenas a los presidiarios; estos infelices de- berían morii^ de hambre, p(MX|ue el gobierno nn tiene nn cuarto con que sasteneríos, y pena de muerte no se la han señalado las le- yes, y si tal fuera, no sería de hambre.. Es- tablecimientos de beneficencia, todos los que dependéis del gobierno, van á pavoenr WB niños espósitos. los enfermos, los ancianos desvalidos. Embajadores de la nación que sostenéis su hoMr y represeartoia m digni- dad en tas cuatro partes del globo, recoged el pabellón que ondet» orgulloso sobre vues- tras casas, y a quien os pregunU? la eautia, deeid, que no es otra que la misefia. » «Este coadro, roplicarci-. vn\\\ reputados que tienen á los niinigiras por los v cargado. • Pues nosotros pretendemos que Dígitized by Google áélMnos «Indio mafqtft wHimtk á la luz corre^pondientp pnra que pudiera ser visto UtI como es. i^n electo, vuestro articulo «BDililiieioiial wfá una verdadé no: ai lo es, al cuadro es íidelísiino; si no lo es, ¿cómo podéis dofendor ron lanzn en ristre lo que reconqpeis ineotira? Mentira sera porc^ue el (Mliienio M» fM» ha do resigoar á monr de inanición pni no (jiiebranlar ta ley; y si vos- olros para aleccionarlo le derribáis, de nada habrá servido ei articulo tan decantado: en alfríaiereasD reinará la arbiirafiedad, en dvlio la aiian|BÍa, la ley an ninguiio.

SOfiBE LA ILTUA CRISIS.

Emito «BAaredAiia ea tOJ« julio d* jr pnbiicida Madrid •tlTilíli ■ La ■adoB acaba de atravesar una crisis prtivisi?nn rjoc ha producido muchos males, pero que no dejara de acarrear algunos bie- nes. Muchos males, como son la incertidum- bre de la maicha politíea, la ausencia de todo «i-- temn,!;t rlt'soríranizacion de todos los ramos administrativos, la descoolianza de loa iainios, la exaltación de las pasiones, el tomento de las esperanzas de ios partidos, qne Icnlavía no h;in renunciado á perturbar ei pttis. Algunos bienes, como son ei dar á aaaieer é na hombres, poner en claro la verdadera situación en que nosencontramos, y aurntíular asi mas y mas el raudal de es- pe ríe iicia que lodos los días va atesorando la nación, late OS nn bien« un bien de mu- chísima importancia, porque los puehíos co- mo los individuos no han adelantado poco para encontrar el remedio de sus dolencias. Manda bon conocido cuál es el mal que pa- decen, y saben á punto fijo ooál es el ori- gen de que dimana.

Can la oaida del niniaterío González Bra- bo se organizó el preaeirte, del cual el pais tenia derecho,t e«ípi'rMr (foc imprimiriaá los aegociot» una marcha bruie y decisiva; des- graciadaniente solaba tenido oca«íon de eo> nooer d(; <jué modo se le gobierna, y con eeán inescusahle lijereza se conducen en Kspeña los grandes negocios del Estado. Ona éeloa miembros mas importantes del sieíoo particular y por la elevada misÚMMva acababa de recibir de S. M. la Reina, se lia- llalla auí>eute, eu cauiino para l^dnjs, cuya embajada se lo liabia cncarjuido. Era de suponer que al llamarle de uuuvo para ofi!p;ir \m-\ '-mI:' «m! cI coh-ejo de ministros,' se. iiut)riaii leuiao cu cueuta sus opiniones, no ignoradas de cuantos le conocían; y qna por lo mismo estarían los nuevos ministi-n» dispiicslos a seeuirias. Proceder de otra ma- nera parecía impropio de hombres de Esta- do, pues que la uniformidad de opiniones ea una condición iiutispensabla para ibramij^sn ministerio compuclo.

Tal era el aspecto que los negocios pre- sentaban miradk» de lejos; pero los que ha-»' bian tenido ocasión de ndruiirir ¡líennos da- tos sobre la verdadera situación de lastusa.s, V cuantos no olvidaban que aquí se - marcha a la aventura sin darse mucha pena boy por lo que pueda suceder mañana. sn^prr hanan' con harto fundamento que ia uuiíonuídad miniflerial sería una palabra vana, qne aa^ darla algiin tiempo en las columnas de lo» periódicos hasta que ios iwcitoa viniesen a» desmentirla.

La salida de Londres del marqués de Vi* ]nirin dirigiéndose á Es])nnn para eneargarsff de la secretaria de Estado, sigoüicaba mu- chapara los que ignoraban qne el marquéa obedecía á una insinuación de aquellas á que» no puede resistir uo caballero, pero que no quitan la libertad de iíeguir el dictámeii de la eoneíencia cuando llegue el momento de-> cisivo de obrar como ministro, convirtit-ndo eu actos públicos his opiniones partrcidares.

Tan pronto coiiiu iuilio iiegadu a Barcelo- na el marqnés de Viluma, comenzaron á circular rumores muy craves sobre diver- gencias de ios ministros en puntos de ja ma- yor trascendencia. Los períódicc» de laopo" sicion principiaron haciendo íodieacionea sobre peligros de la Constitución ^ planes reaccionarios en diversos sentidos; La pren- sa llamada de la situación procuraba atenuar el efecto producido por las palabras de sus adversarios, y se esforzaba en pí»rstiadir que los ministros estaban en el mejor acuer- no. y qne si alimona disidencia podía exlaiár entre ellos, debía de versar sobre obietos de escasa importancia. Vano empeño, la opi- nión pública daba á los espresados ruínures toda la gravedad que se merecían; j á )>esar órganos nwvo gabinete /no solo por la cortera que de las protestas de ciertos órganos de ta sekeaeoniendaba, sino también por su po- " prensa, no había quien no creyese que Tio 4«Imibo8 en una crisis cuyo desenlace había de ser, ó la salida de un ministro, ó un «iuuiiiu en la dirección de ios negocios.

IkndúvosQ achraiido cada dít la situación, Ins rnniores circulaban mas arredilados y «ircuQslanciados, era mas vivo en unos el grito de alarma, menos fuertes en otros las denegaciones; hasta que al fin, con la sali- da (1p Madrid de los nialro nttnísfros para llarceiooa, y con las indicaciones de los misiiios perÍMioos que uuis se habían empe- ftado en ainnuar á los q|os dd público la (gravedad do la crisis, no -pudo quedar nin- gún genero de duda de que esta era muy liescendenlal, y de que las disensiones en-' Irc los individuos del ^Mbinote versaban so- bre objetos de la oías elevada iinjiortaUL-ia.

£n negocios de esla clase, do mi\o reser- vados, y que en la parte que se deja traslu- rir f>=stnn demasiado sujetos al indujo de en- cuntrados intereses y opuestas opiniones, para que puedan menos de envolverlos en una nube de oonfusion, qoe puede hacer incurrir en numerosas y graves inexaclitu- des, es sobremanera dilicii emitir un juicio que tenga las debidas prendas de acterlo; y 4H:onseja la prudencia el no formarle, ni nur eho menos manifestarle, sino estribando en sup<»iciones de cuya verdad jio responda ci escríter, dejando á la disereciott del público el que les dé el valor que se mnr( -/i in, se- gún las noticias que hayan circulado y el caracler de lus acualeciuiieutos que liayau ocurrido. Estas consideraciones procurárc- ino5 no olvidarlas en el presente arliculo.

En primer lugar, parece íuera de duda que la disensión entre los miemliros del ga- binete ha versado sobre puntos de l.i mayor trascendencia: de olra soert»^ tío tiK r;i da- ble cspiicar la retirada de un hombre a quteu «e hace Tenií del estrangero, abandonando 4ina embajada importante para la runi se le acababa de nombrar, teniendo al {lais por «spacio de dos meses sáu uiuguu sisleuia de IKODicrno, solo por esperar el voto del espre- ■sado individuo. Vano seria el empeño de persuadir otra cosa á la nación, vano seria «1 empeño de hacerle creer que la disidencia Misteríal ha tenido por o^o cuestiones secundarias: los rumores sido demasia- ¿Cuáles lian sido estas cuestione*? AI responder a esta pregunta y;i es preciso an- dar con mas tiento; sin embaí go, por lo que poede inferirse de las noticias de la prensa periódica, de las que se han difuiMÜ- do en tos altos circuios polilicos estendién- dose después por toda la nación, parece que el marqués de VUuma tenia concpbidoan plan sobre la resolución de las grandes cues- tiones j)olitM:a8 y religiosas, que lo ha pro-, puesto á sus colegas como eondioion íiúlis- peusable para continuar él ocupando su puesto, y que no habiéndose estos confor- mado con las opiniones del marqués, ha presentado resueltamente su dimbiou, ne- gándose á toda transacción que pudiese des- virtuar su sistema; y que al im, eu vista de la imposibihdad de traerle á otro camino, la dimisión ha sido aceptada.

Sei:un parece el Sr. de Viluma se propo- nía organizar completamente el pais por medio de decretos, introduciendo nastaen la Constitución mtema aquellas mudanias que la espericncia ha maniiestado necesarias. Si esto es verdad, hien merece que nos ocupemos un momento en aaonto tan impor- tante, examinando la cuestión bajo los pun- tos de vista de conveniencia pública, de legalidad, de posibilidad, de oportunidad.

Conveniencia pública. Nadie duda ni da-t dar puede de la profunda dt'sorganizacioa )oht<ca en que nos euooulramos; nadie dudo ni dudar puede de que mientras no salgamos de semejante sUuai ion, es im|io8ible dar ma [lasü en la carrera del bien. Or^^fnicemos la tiacionda, dicen unos; ordenemos la ^mi- nistraciott, dicen otros; y ambos nos pare-*' cen comparables á quien hablase de tal o cual re-íirocn de vida á un enfermo atacado de una dolencia nM>rtal, sm pensar ante todo en acudir al remedio de ella. Mienlraa lm nación conlinúc en el estado político actual, en esa anarquía que devora sus entrañas, y que por no manileslarse ahora eu las calles y en las plazas no deja de producir.grandea males, es imposible hacer nada bueno: en- sáyese cuanto se qmeia, todo nacerá euler- mizo, todo iieiecera en breve. En este punto están de acuerdo los hombres de todas las opiniones; y por lo que toca á la lev fundado acreditados, los hechos sobrado ruidosos, mental, que es lo que podría ofrecer mayo- MTi qne nadie pueda hacerse ilusiones so- I' res dificukades, reiteiiremos aqui lo que nfe la gravedad de los motivos que han j hemos dicho ya una y mil vec^'s, «{ue es prnducidí» la »'««cÍ8Íon ministerial y la relira-. injusto /«pie es dañoso, que es funesto, «ue da d 'i luaiiiue.s de Viluma...es dair al pai^ una lección de luiu^rahj^au «4 Mit ley 4|M 0»%ÍB mnlh I vartérs y budlerB los niobtmiM aottoí^ miento se ha infringido, él apelliilar sagrado res? El sable de Espartero, del fteoeral d« lo que se conniira con desprecio, el <'mpe- los ejércitos reunidos. ¿Üe dónde nació Ik fiarse en llaniar ley fundamental un código cuyos artículos no existen sino ene! popel. Por la (Innstitucion d<'hi(»n hnhcr iniliria. y DO hay milicia; por la Coustituciuo no dehic- rm cobrarle contríbocionei} no votadas en Cortes, V tas contriÍNKÍBae» se cobran; por la Constitución la roroim por si sola nopiie- Conslitucion de i 837? Üe las Corles couslí- tuventes, eesvoeadas por la violeiicía hecha á fa Reina en sti niisnin cámara en el palacio de la Granja. ¡Lc.^'aiidad!...¿Con qué lega- lidad se dcslruyeroii ios conventos? Con el piBAal y la tea. ¿Con qué legalidad se han • arrebatado a las monjas sus l)i('nes, deSj)ode hacer leyes, y la corona ha hecho 4eyes; a jéndolas basta de la dote que recibieran do Maro A qiMl eanaanuMit «Bn «ilros arHciiloa | smrfimiUas, y dejándolas perecer de mise ManOir.nMiiifestado hasta la ultima evidencia, en ona reseña de los hiubos coto jad os con los artículos de la Constitución. que esta en lülklail ve wisle, t^n es ana pambre vana, un pedazo de papel, una mentira con que se vrocura engañar impudí'nlemeni»' á los pmMee, queriendo hacerles creer que dis- nMtonpina libertad que jamas han disfnitado, I que no disfrutan ahora ni disfrutarán en aÑielaate. £sto es un insulto a la nación, piRS es decirle que tiene delante (te sus «ios lo que eUi no ve en nhigona parle, qne palpa lo que na palpa « que gasa lo*qoe no los advérsanos bociones de las Córtes? ¿\o os espanta esa OtensioD de las facultades de lu corona? ¿No ría en la soledad d los claustros? ¿Con qué legalidad se deja el culto y clero oii el mayor abandono, mientras que cou sus bienes se están hnproTísando cotosales ÜMrtunes? ¿Co» qne legalidad se ha dejado á los parlicipeü legos de los diezmos sin uinguna indemni- zación por los grandes perjuicios luic ^^e les han irrogado? ¿Con qoó legalidad se está permitiendo hace ya tantos años. (juc insa- ciables agiotistas se enriquezcan mus y mas con los sudores de los pueblos? ¿Con qué legalidad se ha consentido Upie lus ministras hasta los últimos dependientes del gobiery iM> hayan obrado coa la mayor arbitrariedad, «¿No os eseandaK«a, dirán ski sn}eeion á la ley. sin ninguna clase de , esa usurpación de las atri- ' miramientos? ¿Con qué legalidad se está con- sintiendo todavía que la Constitin ion siga sin observancia en puntos de la niuyor gra- al 8í^ nombre de gi^pes de estado? II vedad? ¿Tenéis intención de sujetaros es- ¿Nada siirnilit a la palabra hf/alidad? r> Con- fiíj»aremos francamente que cada vez que «BIOS pronunciarla por ciertos hombres, le- la indignación nuestro pecho si no la sonrisa á nuestros labios. ¡Legali- I...{[Dónde esta la le\^? Desde que Íú- HmM d Atimo «MNMrca, ¿hemos visto mas qas al inqierio de la fuerza? Fner/a contra hsteycs antiguas, fuerza contra los intere- ses Blas sagrados, fuerza contra las iuslilu- iines m» ▼enerandas, faena eonire el poehlo. fuerza contra la religión, fuerza eontra el irono. fuerza contra todo j)oder, ^rza contra las personas mas augustas, heita en tas-caMes, fnerva en las plasas, ftiprzapn los campos, fuer/i en los estrados k los tribunales para intimidar a los minis- Ins de hi justicia, fnerxa en los altos conse- jo». fuenr.a en la cámara misma del monarca, ¡legalidad!...¿Donde esta la ley? ¿De don- tic Ih sabdo lu situación actual? De una re-