Irielameñle á la legalidad para en adelante? Si las Cortes saliesen progresistas, ¿os re- signaríais al fallo de las urnas? No. Si sak una mayorio á vuestro fiiTor, pero embanh- zada por una minoría numerosa que no os deje andar ^lor el camino que deseáis, ó* ponga en peligro Taestra conservación en el poder, ¿os sometereis á vuestra suerte por amor a la l-'i: tlid;id, por respeto á las prác- ticas cousliluciuuales? No. Cuando, pues, ba- btois de legalidad, no os esplicais con fran- 3ueza; entendéis la legalidad á vuestro mo- o, el acatamiento a la autoridad de las Cortes es un bumenage bi|)ócrita: si se pres- tan á serviros de instrtnealo, las dejareíf ejerciendo sus funciones en pai; cuando ao, las haréis pedazos.
Pocos meses faltan para que se vea con- firmado lo(|ue estamos dicieudo ¡ cuando os presentareis á las Cítrtes. á pesar de toda vuestra legalidad, no dejareis de volver In popular. ¿De dénde habla salido el | víala hacia el presidente del Consejo, no poder de Espartero? De una insurrección i para aseguraros de que lleva en la mano la ■üüar conabinada con un aaelin. iQuíén leí * Coaatitncioa de 1637, sino por vef si tien» Digilized by Gü(¿gle '1 c€lidii todüvfa ki espada de Torrejon de hrdn/, y cen"iornrf!s de s¡ en el último eslremo Eodeiscuatarcon h legalidad de uo acero de ufen templo. es Ja verdadera sitnteion' délas oosat), clara, limpia, espresada sin ro- deos: no qiifrpis dnr mas rnbustcz al trono, queréis continuar mimando de una parte á la revolueion niieiitras de otra ta habéis irríti- dn terriblemente: (jueieis continuar en una leirnlidad que bien sabéis lo siirnilica, queréis proseguir en esa biluaciun provisio- nal: aislados de tos partidos que eneierran la fuerza del pais, os p.oclnnnis los solos inteligentes, lot» hombres de mano robusta para empafiar las riendas del Estado y ase- gurar el triunfo de la ley; y entretanto solo podéis subsistir porque 'os *apr)vn e! pnder militar, no por aticioa á vuestros prmciuios, t sino porque el ejército ofi ve ál laoo del tro- I no, y el ejército es leal á su Reina. El éia qiip e! ejército. sin lK)St¡lÍ7.ams. sin ponerse del lado de vuestros adversarios, os dejase solos en lacha con los progresistas é eon los realistas, aquel dia desaparecierais de la es- cena eonio leve paja arrebatada por el viento.
Citando las naciones han llegado á una si- túa* íoo cnlica como la actual de España, la verdadera lt'i,'alid;)d cslá en aquellas medi- das que salvan el país matando la anarquía, aiianzando el órden y asegurando para en adelante el imperio de la ley. Y cuando los poderes han desaparecido. cnando todas las leyes se han conculcado, cuando todas las instítaciones yacen por el áaelo, cuando no hay principios fijos de gobierno, cuando hay un desorden profirndo en la admini^fracion, V solo medran los intereses ilegilimos, y so- lo campean las malas pasiones, y solo pre- vn!('cf;\ los iatriírnntcs. y el horizonte se anubla, y ei (íorvenir se carga de tormentas V corre riesgo la nave del Estado de zozorobusto ftnettMHtíis entro 4t"«nNpita y el despotismo, tendréis que entrecrnro^, o en brazos de la revolución, o colocaros eaun euacfao cercado de boyonetas. Dadle á la cuestioQ todas las vueltas que os pareciere, no 1h encontrareis otra salida: á esío «¡neda* ra reducida vuestra decantada ie^^aiukd.
PimHUM, ¿Era posible que el trsaa organizase por sí mismo el Estado? ¿Tenia fuerza sufíciente para llevara cabo semejan- te proyecto? Ciertamente que si se ju¿^a de situación de España por tos fieros que tea estado erfiando periódicos de diferentes co- lores, debiéramos creer que al publicarse los decretos de la nueva organización hubie- ra estallado vaa revohieion espantosa, se hubieran repetido los jornadas de julio de París, hundiéndose el trono y pereciendo los inseosatoseoMeferas que ImlNesenvIaB- tado contra la libertad. ¿Qué hubiera podido el ejército con acreditados generales á la cabeza, cuando se habría visto aoouetidu por una nube de patnotas de fenaidaMe iMT' na, luengos bigotes, ojos fulminantes y voi estentórea, gritando: vn-a la libertad! ¿Que hubiera podido, ni el mando de la Ueina. ni el apoyo y el contento de la inniensa ma- yoría de los* pueblo^ ni 1 1 Ir iltad y resolu- ción de un ejército numeroso, cuftMio tal vez la falange de la patrüi se habiera visto reforzada por algunos ^pos de hombres habitualmente pacaio-í, fijne si bien formaran en las lilas donde no se oyeran otras palabras que las érátn yley, nó bubimB podido sufrir que se les arrebatasen los derechos, conqttifita preciosa de largos añas de uncnfi- cios y de sangre? Por nuestra parte esiamus tan convencidos de la impotencia de la revin lucion en España, aun cuando quieran afi- liarse abiertamente en elia algunos q4K pretenden sus enemigos, que si eí trono brerenbrevé, entonces, si la Providencia I hubiese dado un paso atrevido para salvar ha conservado un poder, bien que desman- t^íudo, todavía fuerte, todavía acatado por los pueblos, este poder tiene el derecno, tiene el deber imprescindible de hacer un esfuecTo por salvarse á si propio por salvar á la nación que le está encumeudada. Esta es la verdadera legaKdad en Espato; este poder era el trono; andad buscando la lega- lidad en otra purte, no la encontrnreis. Lo que haréis sera prolongar el malestar del [tais. esponerlo é nnevos disturbios, ¿ complir irinns's sin cncnto. (ni vez á catástrofes el pais. creemos ([lu* jínra mantener la tran- quilidad pública bastaliuu la vigitancia y pre- vencionei del servicio ordinario, ais qne hubiera sido preciso ni aun reforzar los cuer- pos de guardia. En prueba de esta verdad recordaiimos un hecho que basta y sobra para el objeto que nos proponeaMa. Había en España un;i uulicia nacional muy nume- rosa, (pie era el espanto de todos los go- biernos, el a¡H>yo de todas las revoluciones, y que al parecer podia anoaadar al «jéicíta el dia que creyese conveniente ejecularlo.
espantosas; y huyendo de crear un poder " Estalla la revolución de Alicante; haUabaae 1 a] frente del ministerio un hombre práctico •B la materia, que segim noticias allá en iempos no muy remotoi anduviera en moti- Msy (Mt>nunciumientOi; tionocedor el seüor González Biabo do lo que vale la revolución . fltt£spaüa, y de ia íuer^a de esa^i bayonetas 4a la nitieia aaeioiial, capaoes de canciuis- tar el. mundo, dijo con la mayor serenidad: t Vengan todas esas arin;fs. >. Y esas armas faeroii entregadas, y la Lspaüa se vio sin aáieia, podiendo apenas creer cierloa hom- lires lo que estaban viendo con sus ojos. El Sr. González Brabo liubia aprendido en me- dio de la revolución lo que la revolución va- lia; y con este acto de su gobierno ha ma- ..rtwtado hasta la ultima evidencia lo que el foder real es capaz de hacer en España cuando quiere.
fljiarftiwMflrf No falta quien opiiie que la ocasión no era oportuna; que lo que se po- día hacer en marzo no era ya posible en ju- j«lb; qoe nieatras la iaturraecion de Alieante f Cartagena estaba dando motivos i>ara obrar con energía, entonces se debia aprovechar k coyuntura, tomar por preteslo lo eslraor- ^4itario las ctromiataiicías, y dar de un gol|)e al pais la organización conveniente. iMiserable discurrir! ¿Existe la necesidad? k ó no: si no eiiste, ¿por qué dar un gol- fe de estado? Si exiale, ¿por qué no salisfa- rerla ahora? ¿ Pues (|ué, acaso las grandes .auestioaes de Estado deben resolverse ))or j^praleatos, por aorpreaa, á manera de despi- íjipie pueril, ó por espíritu de venganza? Si fe hubiesen resuello estas cuestiones en me- dio del estrepito del cañón, ¿no se habría ^Ñ^adid^ deair que el gobierno obraba por li- Íereza, con prccipilariim, cegado por lo pe- igroso de las curun>taucias? ¿No se hubie- n podido decir que echaba al inceudio «iÉaa9W canbuatibles, eacílando las pasiones y conlirniando con sus actos el grito de alar- Btt de los rebeldes que procuraban legitimar •«la iasurreccioB con el protesto de que estaba tÉiaaianaTndB la libertad? ¿Na era mas juicioso, mas sabio, mas político, mas aceptable á los ^¡jús de la nación y de la Europa, el iuaugu- iPirua aiateBMi nuevo después de asegurada ^ h tranquilidad en todo el ámbito del reino, pasados todos los peligros, trascurrido el -^JieBipo necesario para que hubiese podido .dlHiaaiilarse el negocio en los consejos de S. M. con todo el |)ulso, detenimiento y madurez <|ue demanda un asunto de esta clase? Y si '^m es oportuno ahora, ¿cuando lo será? El orden railULeB tadiS pKtes, el trono es arar tado por los pueblos,61 ejército esta decidi-r do á combatir á la revolución, el curso mia? mo de losacootecimicutoa babia creado una situación cstraonlinaria, que reclamaba una solución estiuordinaria también; la nación está sedienta de paz; de (]ue se afiance so* bre basa sólida el órden que mira mal segu« ro; los ensayos que el poder real ha hecho asi en el desarme de la milicia nacional co- mo en la publicación de leyes y en el cohifi de contribuciones no votadas por las Cortes* han manifestado que no eiiconlraria resisten- cia eu cuanto intentare para salvar el {>aist ¿qué mas se podia desear? ¿Podia oMapü ocasión mas oportuna? Quiera Dios que po-» eos meses no basten para alterar una com- binación de circunstancias favorables, ijlia cuando se quiera emprender el buen emusA no sea ya tarde, y ([ue la nación nf> [)^\ü:\\9 como siempre los desaciertos de lut» hoiiit>res.
CuestUm rtUaim, Laa ii|(§míones que aa han atribuido ai marqués de tllwna con res- pecto a eÜa eran, lasue suspender desde lue- go la vi'uta de lodos los bienes del clero se- cular y regular, de devolver los no ^lendidqa a los legítimos dueños que existieren, y to- mar las debidas pro> idencias para que en todo lo demás se pusiese de acuerdo el go- bierno con la Sonta Sede, para aue se pun diese asegurar una subsistencia independien- te uara el culto y clero, y se reso^ieseu todas las cuestiones de una maftera justa y decor(jsa. Tenemos motivos ^ara creer qua estas noticias no estaban destituidas de fuu- damenlo, y que tales eran en efecto la^ inn tenciones oel Sr, maroués de Viluma. Aun cuando no hubiese mediado la cuestión po- lítica, bastaba que el ministro abrigase semejante proyecto con voluntad firme do llevarlo á cabo, para que séj le snsdtajlen numerosos obstáculos. Se qtiíere suf:nertdcr la venta de los bienes del clero. pero la sus- pensión serácuando esien ya vendidaatodo»; se quieren cottsen'ar los hecbos consntnmlos, V j)or lo mismo se activa la consumación di? las ventas; se quiere asegurar al clero una subajalencia laa^idiente, pero se trabaja infatigahlemeule para hacer la independen- cia imposible; se cpiiere obtener un arreglo con Uoma, pero con la condición de que el Papa no intervenga para otro cosa sino poní sancionar todos losuespojos, y tranquilizar las conciencias de los mibuios que hau couir prado y están comprando cone^ esperaota; Digitized se apresura la conáamaeiÓB (de todo k» qat es menester para que mny ón breve se pue- da decir ai Papa: « Beatísimo Padre, ao&- ttras somos profundunente católieo», ttthe- lamos reconciliarnos ron fl Virarlo de Jesucristo, deseamos qiw la Kspaña no con- tinúe por mas tiempo como rebaño sin pastor; nürad, casi todas las íf^lesias están sin Obis- pos, las funciones del Sa^rrado ministerio apMias pueden ejekcerse por falta de sacer- dotes a causa de la inlemipcion de las orde- naciones y de la susfH nsion de provisiones do prebendas y curatos. el clero no tiene de que comer, pero nosotros le aseguraremos tma dotación del trarío; no nos pidáis onda sobro los nnliíiios bienes de ta iglesia. la revolución los ha devorado. se han creado ya intereses que es imnosible destruir. Sa- cerdote Snpremo entre los sacerdotes de m Dios de paz. no nos preciséis á una ímerra. decid que todo lo hecho por bien hecho se Ipiédti* íf^ttneAibs amigos, y quizás quizás algunos de nosotros « os bendeeirán al con- templar las ma?rnítícas posesiones que tan fácilmente lian adquirido, y ai?er la adqui- fielonsaneionadacon la autoridad apostólica. » Entretanto, buonu será continuar man- dando personajes a Roma con protestas v ofertas: cuando ios hechos hablan roas alto qne todas las palabras, instiles son las tenta- tivas. Pero. ¿([lié les importa á ciertos hom- bres la suerte del país? ¡ Desíiraciada na- don! ¡Muy irritada estará contra ti la Pro- videncia, cuando no hn sonado todavía la hora de Iiher(;irt(> (Ir nianos de (¡uienes sobre el daño añaden la mentira y la burla!...hen aeffwir loa de «M pairimf muy necios ó muy olvidadizos, si pudieSea dar crédito a las entrañosas palabras de ciertos hombres, que (Kir sus miras particu- lares procuran difundir el engaflo de que esta nscírtirado el orden, de que nada [)uede ta revolución para turbar de nuevo la tra»- (|uilidad pública, de que los pueblos calan contentos y satisfechos con k SÍtMniOttao^. tual, de que llcjifado el momento del peligro ie:i bastara a los gobernante» dar cou el pie en el snelo, para oue nncan por toda4 parv tes numerosos defensoras de. tos utopias é intereses. Preciso fuera cerrar los ojos o la luz de la verdad para dejarse alucinar coa vanas palabraa, qnn están' en «videntoconf^ tradiccion con hechos que vemos con nues- tros ojos y palpamos con nuestras manos; pa'ci^u lucra, para mecerse cu tan meoUdas esperanzas, haber olvidado 'leo nconiecÍB míenlos de los diez años que acuban de transcurrir; preciso fuera ao recordar gan en époeas recientes tnmbien se eotaMMi himnos de triunfo, quo luego se convirtienm en gemidos de dolor y en gritos de desespe- ración: también se decia eu louu de completa seguridad, tratando dendtrtiesanienle a ki ({ue se atrevían á dudarlo, que la alianza del orden con la libertad estada asejíurada i para siempre; que el trono cuusliluciuual estaba aaenlado sobre basa anchurosa y firme; que en adelante serian una verdad las prerogativas de la corona v las garaalias populares; que imperaría la ley, y solo la ley, en todo el ámbito de la mooarquia; que la España iba á entrar en una época d« reorganizacioa social, de mearas de ha«,u cienda, de retonnas administmiivnB, dn> progreso industrial y mercantil; que ibinae a ser de nuevo admitidos en la comunión europea; que las potencias del.Norte;i que hasta ahora se habían abstenido de reeennifi cer a Doña Isabel 11. iban á verificarlo enr, breve, persuadidas de que se había esta- blecido un gobierno sólido, estable, juicios<s. con quien ae pedia tratar oon esperanzas éivi que seria bastante fuerte para cumplir lo que £s necesario no alucinarse; hemos He- | llegara á prometer; también oirás vece». Mito á wna sítuaeiott sunameote grave, * *' ■ - — • dificil, peligrosa. Apenas salidos de una crisis, vamos á entrar en otra de no menos trascendencia; seguu el modo con que la reaolTanios, dentro de pocos meses iK)drá éneontrarse la nación ó considerablemente nwjorada, ó sumida de nuevo en los horro- mt'de la anarquía. Los españoles serian o j paiiUeadii en Madnii hemos oído que la Espafin alcanenrta pnmtaK ese cóuiuntfrtan deseado, y i|ue entraría é no tardar en un verdadero sii.'lo de oro. merced a la inteligencia, a ta rectitud, ala lealtad, al celo, arpatriotisaM», aldeainteréi de los hombres (|ue estaban á la cabeza déla nación, o <|ue deseaban derribará los golier- nantes con el santo lio de colocarse ellos en (le tao halafíllefias esperanzas? Recordemos, rada patria, uno de esos dias en que truena e^üoles. k» acontecido eii 183.'i, cu 3y, horrorosa tempestad destruyendo todo lo en iO: rcsonabaa todavía esas palabras de >«Didad y de mentíitivy ^1 huraoande la revolución bramaba t>n ('>(i'>s los puntos de la Península; y lo6 btíiubfes ((uc se lison- jeáran de (^lateiieiia con^u débil mano, que rechazáiM.«m insulteiU* desdén el apoyo (le otros mas nifmoro?os y mas íuerles que ellos, se veiau dis^rsados como granos de aiflM en la inmeiMidad del desierto.
Pero ¿á qué recordar lo [Misado? ¿No Iwsta dar una mirada á lo presente? ¿\o basta volver los ojos eu rededor para ver ta revolución está a la poerla, que no cxisleülc, y dcjaudo eu pos de si largo ras-i tro de trastornos y calamidades?
¿Cuárdn será esto? ¿Quién será el pri- mero que se atreverá á proyecto tan cul- pable ¿.ínseBsato? ¿Cuál será la ocasión que aprbvcchcn los perturbadores? ¿Cuál prcteslo tomarán? ¿Cuál será la bande- ra enarbolada? ¿Cuale^s los medios de (^ue dispongan para sostenerlat ¿Cuál la táclica que empicaran para destruir la combinación de circniislancias que favorecen la situación presente, y bacen íácil el transito a un^esiaq do de cosas mas segnio y satía&clonof B»» hnv otro medio de salvar el íroBO y prevenir ' to no nos lo preírunteis á nosotros; interro-r borrore^i de la anarquía qite poner en movimiento y. acción aquellos elementos que entraftaá unaMdal de ñicrza propia, que enrif rran una vid;i no f-uiicia, no depen- diente de circun^taucias pasageras, sino iNja de principios que no perecen, de seaCl- aneatos que no k estinguen? ¿Es |K>sible 3ue una persona juiciosa pueda hacerse la osionde que el sistema a medias de vanos paliativoa, de.bipaci«sía y engaño, que al- íennos intentan ¡-emiir, tía de ser bastante para remediar los males qne padecemos, prevenir ios grandes peligros que nos ame- Bam, y ciear 00 órdeo de cosas beoefieioso ydnradcro?¿E8posiblequehdya (\n<.r]) <r;\U\- cine hasta el punto, que crea sostentbie por ■oebo tiempo loque cuenta tantos adversa- rÍM, y que los va contando cada día ettmajior námero? ¿Es posible que haya quien se per- fimá& que dejando sin resolver todas las caeüíoaee políticas y religiosas, descoolOi^ tando por una parte á los revolucionarios y poratra a los hombres amantes de la Rí'IÍ- pony de la monarquía, haciendo todo io iiitMHu pan irritar y ex^perar á la revo- lución, y no tomando nin^rnnn rijrrl d i que pueda matarla, dando de continuo csfieran- ■ta de que se repararán las grandes injus- ticias, y pruBovieodo sía eesor.ta oomoaMK cion de lo nisis injusto y escandaloso que (^Dieazara la anar(|uia; és posilde, repeti- os, qoe baya quieo do Tea que un sístenia gad a la historia, consultad la esperiencia, atended á. lo que estáis presenciando, á loa síntoaias qoe se os ofrecen en todas direc^ clones; que si tal hiciereis concebiréis justos temores, se desvanecerán vuestras^speruhf zas, y recibiréis severas leocioDes de prtH dencia y cordura. A Dosotros nos basta saber que ningún frobierno puede sostenerse por mucho tiempo, aí se empeña en aisiarse de los grandes principios é totareses que tienen en ta socieaad una fuerza real y efeclivai nos basta saber que los ^'obiernos del)en es- ti'ibar en basa solida y anchurosa, asentada en terreno lirme, y que son iodígOOS do llauuirse bonibres de Estado los qne pro- le nduUí iHi^uii; un sistema de equilibrios imposibles á manoM de volaliiies, ora incliuándiise á la dereeba, ora á ta ta?rf quierdü, or;i Iihcír adelante, luego báciaí atrás, gastando luutiUueule las (uer^ait en ooBfervar aolitaMieB viotantasrbaoieoél conlor.^iones estravafianles, y presentando á los ojos de los pueblos una miserable far- sa, capaz únicamente de escitar la risa y ei desprecio, en \qi de la gravedad, del apta* mo, de la dignidad severa y niníestuosa 3ue deben caracterizar á los hombres llama- os á regir los destinos de una nacioft gran-» de y generosa.
I'ara formarnos id^a^; claras y exactas so- bre la verdadera situación de las cosas, y conjeturar con algunas probabilidades de semejante no es mas que un anchuroso cami- á acierto sobre eJ porvenir, echemos una mi- no de pi^dicion, que conduce á un ahi«ímo rada a los partidos y al poder. Los projíresis- á la nación entera y a los que se etnpeitau tas, que duraule el tiempo de su mando se habían dividido en vari«i frMciaoas, «a ba» „ ^ unido de nuevo y forman un ruor|)o compac- UQQ de «sus (ijnii tarmidabtai qm con tapta • to. Ya no se «íumiveA esparienuta^t oya^^" ¿Oaebaya quien no vea pmgro^ístás porofí MpdUieano.^ ni ( das, élifilis contrarias Él trono de fiM, Atrás denoininaciones semejantes: y nr niiora no hny sino enetnigos del gobierno aelual, y la diferencia de opiniones é mtoreses la ocul- tan por el momento. reservándose manifes- tarla paracnamio hayan obtenido el Iriunfo. Poco importa saber si Espartero y Olozaga «0 han recondKado efectiTamenie ó no; lo I se entregó de nuevo á loe ocopadones eierto es que los partidarios de uno y otro es- tán rn!¡p:atln>í, \a qne no reconciliados, y 2ue todos trabajan de consuno |)ara derri- ar fli gobierno existente, cambiando radi- calmente la situación pohticade España. Si benios de ju/.gar de las intenciones de este partido por el lenguaje que eslan empleando snaórgmos mas autoríiadoa, preciso es confe- *iñT qne lofl revolucionarios someterinn á una espiiicion iremcnda á los que obligaron a emigrar ó sumieron en oscuros ealabozos á sostuvo por espiv'io d ' <ietc nflos unn piier- ra sangrieuta, imposible de terminar ora las armas, y á la que se puso fin por medios de nadie ignorados. Viendo perdioa so cama ¡)or í;i Rctucia de los unos y la defercitm de los otros, ó se resigité á la emigración, o mésticas, no queriendo continuar un derra- mamiento de san<rre que por el momento?eia estéril para el logro del objeto deseado. Los inmensos recursos con que contára este par« tido, sus ramiticaciones víi^tn^ v i^rofnndas. el apoyo decidido que eucoutrubu en todas [>artes, bien lo manifiesta el haber sostenido a lucha durante siete aAos, el haber llegada a equilibrar sus fuerzas con las del gobio'-nn. a pesar de haber tenido que veocer las diti- euitades qne siempre presenta un kmmiilos principales caudillos progresistas; preci- { miento contra un poder establecido; bien lo M> es confesar que rto se contentarían con i manifiesta el carácter de los acontecimiento!) una venganza de momento, sino que harían | de la guerra, el sistema de las operacioDes esAieraoe estraordínanes nara asegurar por alprun tiempo el resultado ne la victoria: pre- ciso es temer que la revoliir ion, exasperada y recelosa de una nueva caída, llevaría su OBikda máoo á re^Mones mny eneombndas, y que la monárq nií i Ksfinna quizás presencia- ra lo ^m jamas presenció; quizás la revolu- eiofi dijera en alia voe lo que murmura entre dientes; quizás en so furor y corage se atre- viern eníilrn j'^'rsfmas augusfns- y la nación, coQsli'ruada y aitalida, se debería cubrirla eaheia con un velo en sellal de espantoy luto, fiara no ver las gradas del trono reinadas ron a sanare de sus leales servidores y ia dia- dema de Castilla cubierta de lodo.* No, no hemos feeargado el cnadn»; Dios aleje de miestr;\ piúv'm este dia terrible; la revolu- ción uo hn iiiiiorto aun; tenéis hincado el pie sobre >u ccrvit, pero resuella todavía con el estertor de In desesperación, y cuan- tos la miran de eercfi rontern[)lan con espan V maniobras á que estdwn respeethranMiia sometidos los ején-itos de D. Carlos y los Añ Isabel; la facilidad cim que una espediciou caríisla atravesaba toda la España, y con que los cuerpos e jerutaban sus moTimtentei en h'< pnn itirias de su residencia híihitml; el que ellos podían marchar ^ mamobrar en todas las unidades, el ejército entere, lis divisiones, los batallones, las eompaMm. ha-ifa!o< individuos, mientras- las tnifas de la Keuia no (>odian dar un [niso síuo en gran- des cuerpos, con abundantes eonroyes, esa muchos puntos fortificados que les sirviesen de apoyo, y aun asi no podían evitar fr^- cuentes descalabros, debidos no pocas Teces á la ftilta de noticias en que estaban con res- pecto á la sitUííi'ínn v ninrrliíi< del rncm^o. á causa del aisla ntiento en que el país dda- ba á las tropas, mientras fiivorecia por todas los medios posibles i los defimaores de Dn Carlos Kstn es um verdnd reconoeida f>or tocuál amenaza a sus eueaiijsos con sus ojos n cuantos tomaron parte en ia guerra o pudiedellanw dellanw Hav en España un partido numeroso que rn diferentes circunstancias ha dado [)rue- bas de iu mucho que vale: sus principios sociales son los únicos que, aplicados con discreción y oportunidad, puedeii cerrar el cráterde las revoluciones y restablecer la tran- quilidad y sosiego de que' tai^to necesita esta nación desventurada. Arrojado en ^ran parte por su« rnnvieciones. por la imprudencia de I roa Terla de cerca, ó siguieron con mediana I observación el corso de los acontecimientos; una verd?ídq«e lanventaron todos los genera- . les de la Reina, todos los gefcs de operado- nes, un hecho contra el cual eataban toman- do continuas mediílas, todas con niníruno rt escaso resultado. ¿Y qué revela este hecho? Revela el hondo arraigo que tienen en las entrañas del país loe r^ ^"- " ' este pnrtidn sus eoeuligos y la fuerza de las circunstau- II ^Creis por ventura que por babor cesado el pslrf*r iio d(» las nrmas pstns prinripios ha- brea perecido. uaséndoie sus duiénsoi^s á fwtmnm filMt No «biidoiini oñ kw. hooK km lo que aprendiproa en h infanda, lo qnp profesarnn durantí» sn vidn, In qnp liaron coa su sangre. ¿Y <¡4ie es lo que po- áM luibereaiiBMio im mrannn Mnejante? Si dcjíucstas las armas, si araUulo oí trono de Isatiel ei» todos lu< aníruios d<'l rt'iiio, y en amplia libertad Uva vencedores pura ensa- yar sus teorías j aiitemas, hubiesen lof2:rado ' establecer un írohierno solido, que hubiese ntisfecho las ncci^sidades de la uaciou y re- BMliado sus males; si hubiesen procurado cemeiitar á los caídos haoMidak» olvidar ni triste sucrtt' á fiuT/a de protección, de paz y de tranquilidad, entoaces esos hombres MAonoLpodidD decir: «Tal vez nos en^a- feébamos, tai vez exagerábamos los males qut' amenazaban á la Kspaña, tal vez acha- cébauiüs á nuestros aiiver.sarios cargos injus- IM, cuando siisteaiamos que eon sus princi- pios no era posible establecer en España un gobit^mo.i» l'ero cuando los hechos han veni- do ¿ contirmajr sus pronósticos; cuando des- (mes de termiuda la guerra ha sido victima a España de una sérin de trastornos y rnla- nidade« inauditas; cuando la anarquía ha CBnpéado tkm deoenfrenada si cabe quedu- nmte los años de la fíuerra, ¿cómo queréis que estos hombres hayan abandonado sus Ciacipios? ¿No veis que pur necesidad se brin afianlado nos en olios, áfrregándose- les muchos oíros que antes no les pertene- cían? Ks preciso no olvidar que la {2:uerra civil de Cs()aña era mas bien de principios que de dinastía; ¿y qué mejor prueba de la falsedad de \ tiestros prineipios, que lostras- Uinio8y calamidades que cou eik&liabeis •carreado á la nación? - Entre efitOH dos partidos se halla el mode- nñu; pero se pqiiivoca quien creyere que á el p<;rtenecen todos los que do son pru^re.- lüaa é carlistas. Ya dijimos en uno do los artíeulos anteriores, que se aplica esta de- nominación a muchisimos hombres cuyas opiniones se parecen poco ó nada; y que el partido mod(>rado, tomando esta palabra ron la ali ostunihrada freneralidad. era una especio de terreno neutral sumamente vasto, doMO ao eoloeabañ k» hombrea ¿ quienes naseeaeonirabaaliliados-entre los progresis- tas ó carlista^!. Tan p-^íainos de creer qac muchos de ios ()uc dislioguen con el. nsaabn do Moderados aployen al pequeflo | partido qir intrMifn ¡"vnnfaríie con el mando, que autcs bien upinamos que seguirán de buenar gana otra bandera que pírczea mas garanlias de acierto en la marcAiB polttik», ▼ (ine sobre todo se presente con mas <lnrf rr- (lad y franqueza. Lei<», pues, de rechazar á esos modefaikia, amelamos sn unión con el partido carlista, y creemos firmemente que solo con esta unión puede salvarse la España.