SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Page 48 of 137

Para que se euttenda sin riesgo de equi-^ vocación cuáles son los moderados cuva alianza rechazamos por inútil y dnf:ri-n. (í¡- remos con toda claridad de qiiienes habla- mos. HaMamos de aquellos que, habiendo ponderado hasta el fastidio la necesidad de rotnisliH (T el jiodcr real. nada liaren ni quieren hacer en este sentido, ace¡)tan toda la obra de la resolución, y dejan al trono abandonado á merced déla ananjuía; ha- blamos de aquellos que aplauden el desar-^ me de la milicia nacional y su continuación en este estado, y no quieren ()ermitir qne nadie toque el artículo constit iriun;!! cu ípie se garantiza la exjstcncia de la milicia: ha^ blamos de aquellos que en materia de leyes y de contribodnnes se deelaran tos adalides de los derechos constitucionales, y sin em- bargo aceptan y aulaudcn que se fOirinja ia Constitución en todos estos puntos: hablamos de aquellos que en la práctica hacen de ia (kinsiilucionel it«nque bien les parece, y aña- deu, y quitan, > aiudítican según á ellos les conviene, y sin embargo tienen la peregrf* na protensiíni de llamarse los ronslilnciona- les puros, los parlamentarios; hablamos de aquellos que están pronunciando contintid- mente las palabras de ley y legalidad, ▼ que no «¡aben ni pueden sostenerse ni mandar de otra manera sino con la c^da de los militares; de aquellos que han estado declamando largos años contra los atentados y dí\spojos de la revolución, que han estado })role>tando contra la veutji de los bieneii del clero, y (|ue sin embargo se bin apre- sui iulo a venderlos mas que los mismos pro- gresistas; de aquellos que han estado ¡mn- derando la necesidad de reconciliarse con la Santa Sede, y que nara allanar el caminó de la reconciliación nnn continuado despo- jando a la iglesia d:< una manera escanda* losa; de aquellos |<u. fieles á su sialeimi de cubrir la realidad con mentidas aparien^ fias han llamado algunos Obispos, pero de- jándoles las manos atadas en el ejercicio de * la udsaMianerfaqte seon» 34 Digltized by Google cdntrebdn ant(»f!: rfc aquellos que pagan al clero, al culto, ¿ los esclautUrodos, á Im monjas con palabras balagttéftas, coa pro- mttttB sedueloras, con protestas ferviMitcs, sin perjuicio He permitir que eslcn á punto •de cerrarse las priuunas catedrales del rei- no y que perecean de ItoroiMC los eBclao»- trados, las monjas y elclerfi; de nquellns que en vez de í'oiiienlar ia reconeiliacioii de todos los españoles, tral<ui c<»u insuírihle desden ik toco lo que no es ellos, y creen haber resuelto todas las cuestionen con lla- mar á los unos anarquialas y nnoluciona- rios, y á losotn» leneciounes, ii^nonn- tes, ranáticos. De esoe moderados baUamos, no de los otros.

£áia es la verdadera situacionde las cosas. JÜHVá'bien, el partido realisla y la mayo- ría de los moderados, á quicnes no se pue- den achacar los cariros (jue hemos hecho á una jiequeña íraci luii que se apellida con ^8te nombre, tienen un f:;ran prohlema que resolver, cual es la aelitiid (pie dehen to- mar en \9& próximas ciccciones. Kl proble- ma pueden resoWerie de cuatro maneras.

nimero, retiramlose completamente de la arena electoral Esto tiene prravtsímos in- coQVcoieutes, porque o precisará á valerse 4e medios muy violentos, ó espondrá al (Miís á qve ganen Ins progresistas las eléo- cienes en muchos ptnitos. í.n Tracción mo- derada que aciilwaios de des4*ribir es cortí- sima en todas partes; si se encuentra aban* donada á sus propias l'uerras en luelia con o! partido prO{j;resista, en lacapital perderá in- dudablemeute las elecciones, y ei triuaío de no será el único.

Segundo, aliarse cf»n los proirresislas; esto sería funestísimo, inmoral, escandalo- so, bastante á desacreditar al partido t^uc de tal modo prosUtiiyese sus princi|K08. Cuando se trata de derribar á un adversario es preciso hacerlo coa nobleza, con digni- dad, con decoro, sin saerifiear las convio- ciones propina-;«! esjiiritu de \enganza ó al mezquino alau de acelerar el m.jinenfo de la victoria. Todo partido que proiesa prin oqiios impefModenw, y qne representa i tisn» ministerial, ni el despotismo de grandes intereses, debe saber c^pcnir, cui- dando de no suicidarle por una pueril im- paciencia, ó por un ardor demasiado impe- Unsa. Con calma, con dignidad, con firmeza, con imperturbable constancia, tiene asegupeña, esta hora no se hmi cspernr mncbii iercero, entregarse a «Uscreciou del par* tidodomiBanle, volar doeílmenle bs ea»* dídaisras que éi prop(Higa. y creyendo á cie^'fis que realizará huonanienli' cinnto prometa en sus pomposos programas: e!»to podrá amptarb qnien «o tenga reparo ei servir de instrumento á miras aiíeiias: mas no podran resignarse a semejante }>apel los liumbics de peusauiieulu propio \ voluuiad independiiMile. qoé tengan intereses qne salvar y principios qne defender. El ensayo Sü ha hedió ya repetidas veces; sobrada docilidad ha tenido el pais; empeñante en otro con la esperansa de que aabese anjor que los anterinrc*^ seria gastar inúlilmenlc el tiempo, y reproducir escenas que harto hemos {iresenciado. Yasabomosde onlea»- no quienes serán los candidatos que se nos propongan; las mismas notabilidades, k misma {K)lítica de miedo, el mismo sistema de tira y afloja, la misan eslarílídad dn resultados.

Cuarto, levantar una bandera propia y formar una candidatura de hombres capaces de sosteneria: esleír, trabajar de su cuea> ta, de una manera independiente de los progresistas y de los booiures de la sitWH ción. Este es el camino qoeen nuestra con- cepto debiera seguirse; y como |>ara lograr un objeto es necesario saber á punto lijo en qué consiste y cuáles son los medios que so non de emplear, serta muy conveniente qne se formaje un programa, no de vagas gene- ralidades, sino iiieu circuaslanciado, dicien- do con toda claridad: «Tul es el punto á que deseamos llegar, tal es el capnao q«e nos proponemos seguir.»

J¿u uueslra opinión, el programa debiera redudfse á lo siguiente: i AHrmar y robustecer el poder real; lo que se h\\ de foirrar cand)iarido profunda- mente las insiiluciuues poUúoas por los me- dios que se juzguen mas legíltmos y adap- tados, restableciendo en cuanto sea posi- ble las antiguas leyes de la monarquía española. (jue no consienten ni el desperado ei triunfo: tarde o temprano sonará su i posiciou de los tributos y eu los negocios bom¡ filendidnslti cireninlaroaa de E§- 1 fidiM». Ens m fomidttde «mlos privados, ni el militar, ni el revohicio- nano, ni el parlamentario: el rey con la sc- berania, como se la reconocen todos nnes* tros oódijioa; la nación con el derecho de intervenir por medio de las Cortes en la imlos negocios de fleadM, no de miÉneiw, liiit ét lit represeatanlps Jos grandes prím ipios é intereses de ia üoctedad, de loa iioaibrcs ■ni gimdoa y fotoelw del pak; pero síd el derecho revolucionario de \ oUir cada aím los impuestos, |>M(lH'n(lo negar al gobieruo uuu lu«> recursos inabuccesariospara la c«d- wmcioii dd Eslido; nn oUigar al monar- ca á rnnvor;irl;is en plazos demasiado l)r('- ves, tsobre Umíu cuando se las haya disnelto; «B necesidad de que todas las sesiones ba- van de ser públicas, antes dejaido al rey (a facultad de señalar todas las que juzgue ceaveateiite (|tie se celebren en secreto. El mámen de laa aclM sajelo á reglas tiji», no al juicio ó capricho de los primeros que se reúnen: la formación de los reglamentos y k elecciüu de presidentes y vice-presiden- tes todo en^mendado al monarca.

2." Atendida la corta edad <le nuestra Reina, la necesidad de luejorur y rubuste- MT su preciosa salud, y otras circunstan- eiuqae fiiciliiienle conocerá lo<U> hombre p«'n';;í<!?»r fpie liaya reflexionado algunos mo- lutíulus sobre lu situacioft actual de £«paña, eoavieM aplazar per alioni la cuestión del enlace de S. M., dejar que el horizonte se despeje algo mas; pero procurando impedir por lodos los medios legítimos que este im- aertaalisimo problema, del cnal está pen- diente el pon onir de la nac ion. se resuelva precipitadamente y por unras interesadas, Cayéndonos un pnnci|)c olruiif;ero que no npreseate Miigfiik principio ni interés ^ que DO tenga el apoyo de ningún partido, y fpie solo sea a proposito para servir de instru- ■eMo á imií^ ealTBBgcras y de Juguete á los partidos interioras, que desean un poder flarn, inra|Ki7 fie (Oprimirlos, v iin rev de puro nuuiin c, paru que puedan ellos medrar y BMttdaf á la sombra del trono. Las opinio- nes fíídire este particular podrian ser dife- rentes, j)ero IímIos los liondires juiciosos han de coiiveuu' eu que el asunto es grave, su- ■anente trascendental, difne de ser medi- tado profundamente. de no ser abandonado al capricho de unos pocos; y de que es al- llBMUte potttico^ equitativo y justo, el que se combine de una. mane ra razonable la li- bertad de la Reina con la voluntad \ los in- tereses de la nación. Bien se echa de ver que no ifutaflMB de imponer á nadie estas d aquellas opiniones; que no queremos pre- cipitar nada ni violentar nada; solo decimos: «¿i negocio es grave, tomaos tiempo (^a ten » Creemos qoe no ge no« podrá tachar ni de |)oco razonables ni de soiirado exigen- tes. Una indicacionbaitMas porque iell»M» obliga una convicción pipíunda: el dia que viésemos resuelta In cuestión del matrimonio de la utauera que tivseaa ciertos hombres, es decir, sentado al lado del trono un priM»« pe déhil, que no rejiresentase nada, que n» iuese mas que un simple marido de la Reinn, aquel dia'perdiérámos la esperanza de akan^ zar mejores tiempos; aquel dia consideraría- mos la desventurada Españaenndenada á vi- vir eu la incertiduubre, en la a|i;itacion, en el abatimiento, á sufrir altemativaneate la tiranía de las facciones; á pasar de la anar- quía ni despotismo militar y del despotismo militar á la anarquía; uuuel día se uosol're- oiera la España como baiel desmanlelado, que corre sin rumljo lijo á merced de es- pantosa tormenta; aquel dia no viéramos puerto de salvación en ninguna parle, no se no6 ofrecerían mas (lue bajíos y eseoUoa, ni enseriamos (pie h»j|He<:e otra esperanza que un müagro de la Providencia.

3.** ihroourar la reeonciliacion sincera de todos los espafioles, comenzando por una amnistía tan amplia como rompatihie con la tramiuilidad publica, couquendieudo en ella á losrevoluekHiarios, pero noescluyen- do tanipnro á los carlistas, romo se lia he- cho hasta ahora, pues no parece sino que los liberales han tenido formada una socie- dad de seguros mutuos para mono{)olizar entre elhts el derer!tfi de conspirar y de su- blevarite siu demasiado peligro de lúg vidas, bacíeadas ni ana de sqs comodidades. ¿Gd- mo es posible, se nos' dirá, que con vues- tros pnncipios deseéis una íimnistia tan lata para los mismos rcvulucionarios? Es muy sencillo: nosotros queremos aplicar ei reme- dio á las cosas, y dejar en pa? y favorecer en cuanto posible sea á las personas; nos- otros creemos que un poder fuerte, robusto, apoyado en la inmensa mayoria de la nación, podría consentir sin peli^'ro mirar -in nin- guna clase de recelo, que unos cuantos in- dividuos de ideas mas ó meaos exageradas, de antecedentes mas ó menos satisfKtorine, volviesen al seno de sus familias; y que al contrario un gobierno débil y vacilante no se fortalece ni se soli^ deportando 6 desterran- do á 20 ó 30 personas, porque cntom í ellos conspiran desde fuera y sus amigos conspi- ran (lentro, y los unos se consideran como liiréMiBi, 7l«' «(ros se Uáwui oprimidos; y tomo todos conocen In f];f<;ticza delgobicrno, todos abrij^aa ei»)i€rau¿as derribarle eo Wtve, 7 folo píenMa en evitar ua golpe luioiUras eslun ac(^qhando la ocasión opor- tuna. Todos los partidos han encarcelado, han desterrado, lian deportado, lian fusila- do, han hecho derramar sangre y lágrimas con enlnifias de liiíre: y ¿qué han conse- guido? La opresión ha produ<*¡do la e\aspe- racioa, las poreecucioncs han hecho inas ar- diente^ la sed de venganza, la sangre ha clamado por nüpva sanare, los vcnlnirns *;p han convertido en victjuuui y las victimas en verdugos. Pensad algo mas en las cosas, y «l^ro menos en los hombres; cstentled la vis- ta a un circulo mas dilatado, levantaos sobre esa polvareda quu anubla vuestros ojos; en- tóneos lleiTíii-eis á ser hombres de estado y d»'j ir ''< cU' ser luunbres de pai liilo, \ no coufuudircis ios pensamiíMitos de alta poiíti- ca con la zozobra de vuestros intereses ame- nazados y de vuestro mando en peli^ nt con las inspiraciones de vm^slro rnrnznn ulrerado por agravios ^ que por injustos q^e hayan sido nada tienen- que ver con los grandes in- tereses de la nación.

4." Fuera del todo h milicia nacional.

í>.° Arreglo dü la iiuprcnla de tul suerte que, sin embarazar el desarrollo inteleelual, cviln rl que se (•(!n>iirii;i en lurhíis esté- riles la intelif^encid del país, se insulte sin cesar al^'obierno. se alarmen continuamen- te ios cinimos poniendo eo |)eliíxro la tranqui- lidad pública, se oíenilulii n ii-i n; \ ¡a moral, ] i»e ataquen las reputaciones mas bien senta- das, V se eslienda. ht difamación hasta el sagrado del hogar doméstico.

6." Quitar la exnrhitnníp rnnlrihiirion | del culto y clero, que t<iuU)s sacniicios cxi^re de \m pueblos, y tan estéril es para el sa- grado objeto cuyo nombre lleva. \<i':,urarla subsistencia de la Iglesia de lüia manera independiente del Erario, mediando en lodo ¡ lo que sea menester la autoridad del Sumo Pontífice; dcx olver á lOs compradores de los bienes del clero secular y de las monjas lo <^ue hayan satisfecho., y restituir ¿ sus legí- timos dueños las propiedades de que se los ha despojarlo. Los comprnílores, si prnccden de^ buena le, no pueden exigir mas que el keinlegn) de lo que hayan desembolsado; los que se opongan á ello. los que clamen, que griten, sfnal es que haii fM>rjio un negocio demasiado bueno; y es un pnncqiio de equidad y de iuslid«,-MBamM;ido en todos k» códiüíMi del mundo. ^\\^ n^dic dehp enrique- WKC a costa ageoa. ¿Que pueden alegar ea su ftivor? ¿Laacahtidadea que han aoliafeohD?- \ lies serán devueltas. ¿Lascomplicacionesque i. esto trnci in (•<>n>>iiín? Todo es objeto de una . Itquidaciun, niti,^uu negocio se queda sin ' arreglar por scmejantt^ obstáenlo; enBapajIa : abundan todavía los liondircs lyv -«abtin I aritmética. ¿Los derechos adquuridosV ¿sto:» ij supuestos dei-ecbos son de ayer, y los dftl j clero ilevan largos sigh)s de duración, v Mr- tífn 'jaríinlizados |K)r todas l'^vcs.;.É1 vo-* I tü de las Cortes? Sobre ese voto esta un arr- I ticulo espreso dek ConsUlncieB que prohiba ; el despojar de su propiedad á ningún ciuda-- I daño; sobre ese voto están el derecho eacri- . to, el derecho natural, los costumbres de to- dos los pueblos «ávilíudas. El ser un iiaeha ' consumado ' \.a < i n'-iiniaci'indtMm lu'cho.si es injusto, nu quila la injusticia, antes hieuia aumenta; sí es daiioso no disminuye el dai'iOf ¡ antes bien le agrava: quien intcntá un inceo^ 1 dio no hace tanto mal rnino elque lo intenta y lo consuma; el conato del robo no es tan malo como el robo mismo: la eansuoneiaii, piiea# ' de un hecho ni le hace justo ni conveniente* sino (¡lu' lo dein en su nnluralera propia.

.\iienias, si se tratase únicamente de sus- pender la venta de los bienes, y devolver ios no \ elididos. ¿con (|ué equidad, ton qué justicia se quedan poseyendo los unos y des- pojados los otros? ¿Se lia reflexionado sobre el desorden y conTusion <pie semejante des* igualdad ha de traer en cualquier arregioqnn se intente?

Se nos hablará de peligros, de revdnoimi de. grandes intereses nmenaxados, de eoc- mi;rns (pie?e crenrin el gobierno; mas nos- otros opondremos ios amigos queso atxaeria» la satisraccion con que verían los pueMoa la. reparación de tamaña injusticia; recordare- mos (|iie no son Comprrtdores las perso- i\ü6 Hia.s lüliuyuules del país; que se han abstenido de semejantes compras loa prÍBOÍ« Kales propietarios, los (íq)ita!istns que no an querido atraerse el odio de los pueblos^ y cscitaremos a que se consulte i estos cém se han vcrilicado eaas compras y ventas^ t nales las ventajas que han reportado los colonos, cual el desarrollo de ta riqueza pú» blica que del cambio ha reaultado, qué m lo que piensan sobre esas foiliinas improvi- sadas qne se han ¡evautado en los uliimos años; } entonces nadie dudara que un miut»- » » toá&íBÉÉnflMNito raieUfs y de wrcwielK ifOB, i^ria tomar es' i modida sin ningún mI^, biea seguro üe que lo6 auinnuDos « hís <ÍM(DMilMlM ^¡^ariai sliopniáos en- Ire los ¡«plausos de. la nncion cnUMa. Ks preciso «mvenciTs»', y liarlo lo csla ditieD- la esperwncia, de que la avidez de cier- iBfiiolet no caaocfí iimiu^s: qoe euaato mas se las rnnrodc nins codician; ) (¡no ps de la mayor importancia el dar ai \nm una laecMo de moralidad, para que si en nuevos tmlDmog se trata de coMtunar nuevas inse tocbs tos hombres que* 'mpnlp pI hien dn su patria, qu^ no se hn- biesun enriquecido c(m los bienes de ia igie- BÍB,(pie no f|iii6ieraii mednr en lesdkrtnrlwit políticos bajo ningún IíIjjIo. (Irconins que Tindit» podrá negar la necesidad tJi' robustecer il trono d« una manera ronl y efectiva, y en el programa se propone este robnslerimten- li>. y í^i' iiidira el modo (ic «•nn'^c'.crnirlo sin violencias ni exageraciones; nadie podrá du- dar de que urge la reconciliación sincera de tíKÍos los españoles, el levantar á la Tgle^' jiiíticias y dp atacar nuevas propirdados, se i dr ia postración en ípip se encuentra, el res- iga: *So hay que liarse de circunstancias | tabkcer las relaciones con la Sede Apof4ól«->* pasageras, pues que las épocaa antowma | ea, el atajar esa tnmocalidad, eaa eoditife Mo enseñado que larde é tempfdno liega el I insaciable que está devorando propiedades luego la venta de éadc la justicia. » 7. * Suspender desdt ^ loa faieBea oel clero regular, atajando la es- candalosa flilniiir'acion (juc Iiasta nlittra so ha iKcbo, y cnliaudo en ue^roí iarioncs con la SaalaScde para tomar las iticdidas mas c({iii- lativas y convenientes.

8. ' Dejar á!;i í-'!t «ia en la debida li- bertad, aai coa respecto á la ■ ordenación ca«een toda b eoneemienle al e^reieío de so sagrado ministx^rio, alzándoee prohibieio- Dt^s qiif;i mn-^ il ' -cr anticanóniras é ile- gales, acurrcua a la Iglesia y al Estado uia- 1» de la naayor traacendeneia.

9. " Procurar j)í)r los medios convenien- tes y canónicos, que en las diócesis donde la jnrisdiccioQ eclesiástica sea ilcgiliina o du- dosa, se ealaUeaea la legitimidad ó se quite la duda.

40. Con estos antecedentes queilanin aüaaadas en buena parte las dificultades que úapiden el restabiecimienlode laarelAeioses win h Snnta Sede: entonces se convencerá <ti duino Pontiüc» de que el gobierno espa- M procede' de bnena fe. y es de esperar ^0'^ las negociaciones que se establecen lle- líaran á un rcsuUndn safisfaetnrio. Pero babkr de una manera y obrar de olra. ba- car nmcbasprameana yno earoplir ninguna, Ptiííir que el Papa ceaa en todo sin ceder el ^bicmo en nada, y hacer consistir todo el Mpiritiide conciUacibn por parte de la autoii- 4h civil en |>edir á Roma la sanción de todo ío fr'T'hn. es querer iininillar al Vicario de Jesucrtslp, es querer tratar a ia cabeza ét la Iglesia eaidlica de la manera con que aa se trata al último de los soberanos.

Tal es en nrieslrn rnncppio p! Dro-^rama i que debiera adoptarse: a podrían adbenr" i sagradas y el Krarin público; nadie podrá dudar de la urgencia de pcmer freno a loa eaeeaóe de la prensa, de qnitar para eiem** pro el peligro del paisann 'O armado, ins- t rumen lo ol mas a propósito para ernijaraxar ia acciondel gobierno V promover disturbios, de salir de una vez di- estado tan precaria en que lodo depende de la lealtad de los Dtilitares, y en que estos se ven precisados á estar oonttoue sobra las armas s(b[( 1 I ¡ I trono y conservarla tranquilidad publica.» I)e estos estremos nonos hemos olvidado en el programa; en todo hemos sido tan eapifcitee como era posible: y st en puntos delicados licníos preferido un apla-r y.amienlo, lia sido porque no tratamos dn pri'cipilar nada, de sorprender a nadie: el curso de los acontecimientos, la Tuerza áé* I;k ( ircunslancias, señalarán el verdadero camino. Creemos baber pintado la aitoacion del pais tal como se halla en la realidad: hemos consignado hechos, y de ellos dedu- cido conseenencias y re:;liis fie címducta: los hombres sensatos juzgaran si nos hemos equivocado.

umm pui.\upio&, el miim v el gloso.

Cuando escribíamos los artículos sobre la refonna de la Constiincmn, no andaba gnia» da nuestra pluma por el vano pnirito de cri- ticar lo existente, ni de hacera! gobierno una oposición sistemática. Noaotnu» creemos qiw I«po(ftTca debe eslarsubordinafín i fa mora), I mal meidado con el hkn, h vcrriatl ron r\ y ^ue tle scmejaote ley do pueüe lampoco fl enror, el acierto coa el yerro; bs komitret» ' tüi^st pagan — ^ esraiírse lft prensa qw» se OMfia de los gf^cm públicos. Serrine de las ideas y de las (loctrinns. no por lo qup pntrañnn do verdad ó de error sino por lo que conducen á este A affnel Rn. den otros términos, apli- car ni (inli'ii inlííleclual el principio utilitario, nos pan'(\> nn solo inmoral sino lambion al- tamente diiñoso a los progresos de la ciencia. Bata se olvida de m propia dignidad. se en- vilece cunndn se prostituye á intereses de- terminados, cuando se hace flexible en ma- nos deaoien la quiere emplear para el loírro de un onjeto. Y no es que opinemos que una convicción ilustrada y profunda, nrnia 1 «!i severa lógica, embellecida y realzada con la Mllanlez del talento, no pueda venir en apoyo de un sistema pnlitico determÍBado; esto equivaldría á ihv W la cfoncin no trÜMlo á It fnfr* tlidad inhefaiie ¿nuestra naturales», y se olvidan por un momento de s»s deberes * Uta mas cruninales no üiempre obedecen ai un- ptriso de snftmahia Wdiitaa; Bweaiwevefloa ejercer acciones muv loables fiiiiados por una de aquellas inspíracioues virtuo>as que con frecuencia se sienten en el fondo del al- ma a»n en medio de los mayores ealmvfea; el sabio, por mas juicioso y discreto que sea no siempre tiene la fortuna de descuWir la. verdad, y el iiinorantc y Mck» tal Tec dili con ella por una casuandad feliz; el taelq nías delicado y lino no está siempre seguro de guiar atinadamente al que io nosee « y <)uÍEás nn hombre petnianle y amondrado encontmi la debida solución á un negocio íírave y espinoso. Tal es el mundo, tal es ia puede combinar un orden 'ie cusas aplicable j| humanidad; asi no concebimos como puede al gnbiemo. Cuando nn sistema contiene, los mismos principios de la ciencia. y reduce á la práctica en oportunas aplicaciones las consecuencias qne ella ha sacado, no hay inconveniente en (pie los hombres de las ideas apoyen á l ^ Immlires de los hechos. Creer que el bufete del escritor sea por ne- eesidad ef despacho del jiombre de listado, es no conocer las diferentes atriburiones de ambos, es no llevar en cuenta las muchas causas que pueden impedir semejante con- fusión ó alianza. Pero empeñarse en qne ha fnher un per|)é(no divorcio entre los es- critores y los ííoberniíntes. es asentar por principio que los hechos no pueden andar acordes con las ideas, es dar por supuesto ó qne la cienr-n no lince masque desbarrar, ó que los hombres de Kstado obran sin pensar: ambos estreñios ofrecerían una idea bien triste de la sociedad y de la humanidad misma.

Estas consideraciones manilicstan cómo entendemos nosotros la oposición: no comrendemos cómo puede hacerse esta ni en os límites de la buena mora!. ni en los de la honradez y del decoro, a iio ser ctmcieo- snda; es decir, á na emanar de las convic- ciones de ipiien la hace. Lo propio rpie de la oposición, decimos de la defensa del goliier- Be. Asi confesaremos ingenuamente que no sabríamos cómo escribir si siempní hubiése- mos de encontrar malo ñ bueno todo lo niic haber lugar perpétoanenle para la aliMMa ó el vituperio: lo que signilif;i (pie no eom- preudemos la oposición ni la dcíeiii^a sistemá- ticas, que en tratándose de un órden de cOi- sas 6 de hb gobierno establecido, lo encuen- tran por neeeaidad 6 todo baeao ó todo malo.

Con estas ^trinas claro ea que no podía caber en nuestro intento el projwner la re- forma de la Constitución de 1837 criíieando severamente sus defectos por espmiu da oposición al gobierno; miestrm pitíihfai eran hijas de la pioriiiida convicción de que aquella ley no satislacia ni podía satisfacer las necesidades del país, que estaba en des- acuerdo con las ideas y coatumbras dominan- tes en España, que era vano r! empefio da sostener intacto un ser dubd, raquítica, 3ne iba muriendo de coumeioB entré fai ii- iferencia 6 el desprecio de gebenuntea y gobernados.

Atiaiizadu.s un ios hechos, y seguros de que las protestas de palabra v p(ír eaerilo nada podían contra la irresistible fuerza de las cosas. íbamos sij:uicndo nuestro camino, dejando cjuo otros!»e solapasen con el nom- bre de la Constitución de 1837 cwiservadt intacta. Si procedian de tnala fe, nadn tenta- mos que decirles; y si eran tan dindtdoi» que creye^tt huenamenle lo que afinoaban, e»> vidíábamoftsu eoraxon, mas noaaeompie»' sion politíca, y com e])iuábamos fpie el meeste hiciese. En la instabilidad y variedad n jor remedio de su ceguera bahía de ser el j^í M, gjgmpj.^ g| 11 cnMamuet algunos meses. * is palabras, ni m mwo9. asf romo nos hiihinmos rcklo al- gún tiempo antes de aquellas oirás, hq moa mt4Mi$mm, m mm naemmm: m cono ' iK en la época de las glorias y de la omni- potonrin flr Olozaira nos habíamos atrevido á doflnr de los futuros prodigios de su go- Memo, auDuuo arrostrásemos laMigm- cion ó el (losdcn de muchos promi ^isln- y no pocos |),irlaiiKíntarii»s; asi couío luvnuos por una tin sa la coalición para todo lo que ■O fuese dc^struir, y mucho antes dei famoso docamt'nlo de la c«)inisif)ii electoral parla- BKDtana, ese documejito de los abrazos, M bMuo desenpfk), del aello'de aníslod elpma, do los pronósticos de perene vco- lara y bienandanza, de pa?,, d« fraternidad jdeamor, v sobre todo de orden publico, <Íyreflpieriáid nwcioiiai, de temible pujan- 7a y fiera indejwndencia, escribíamos á pruueros de julio de IS43 lo (|ue por des¿i;ra- cia una triste esperiencia ha venido a con- Asi no es esfrañn que no nos hiciese mella ex terrible ui mas m menos; ese basíau las kn» úrgékkas; estf h ConsHtnekn es el li- ■Mrrfe tadot Im partídos: esos y otn» te> mas semejantes que con tan enfática seiruri- dad se proDunciaí>an. i^ira hablar coulra la GaiHlilticion bo8 fmdábtmoa en un heobo my sencillo, á saber, que la Constitución Mexistia sino en un libro; pedíamos que se BU la mostrase en la sociedad, y nadie io iaeia; la MTe se habia hundido, solo se des- cnhria la estreinidad del mástil, y no falta- ban buenas fíenles empeñadas en sostener ^ la embarcación marchaba viento en popa; y asi se exigís que lo creyésemos los q«e f"!|;il(:imos presenciando la catástrofe.

Por iin hemos salido de ia iocertidumbre; 1^ flai se ha cejado en el empello de oMi- ffmas á C0BÍt>sar (|ue veíamos lo <|iie iio íbamos, que palpal)anios lo qne no palpa- ^rnos, que era una vana ilusión, uucapri- de mieslra Cialasfa lo que eslábaoMM Tiendo con nueslros ojos y tocando con laeslras manos. El ministerio, ese ministe- ib eminentemente parlamenlano y escrupu- ilHMnente legal, que diz ha impedido una roaccion tremenda, la cual sefinn los periódi- cos progresistas, comenzando por un golpe «düioaiiS.

' de estado, quizás qmsás —^trn pnff HiWU( á í) Carlos á Madrid con Balmaseda por luiüisUo de ia tiucrra y Cal»rera de capitán general, anea del restaMacimiento de iodo« los conventog, del dc.^üello de todos ios li-, l>erales, que con las terribles noticias an(l;i- i)an asaz revueltos e uriladoi, al vei quo sus antiguos amigbsiralabaiide enlfe^wrlos á ios voliiiitarios realistas; ese miaislerio, repctiiuos, que con su anómala Ic-alidad var á traernos el siglo de oro de iu2> leonas cous- titucioiiales, ha vendóla decJarar.íbrmai-, mente en la esj)os¡cion que pr cede al de-i cTclo de di:>oluuiou y convocación de Corles,, que *el timpo ha lltfjado ya de introducir el arreglo y el buen coik ierloen losdil'erea- tes ramos di' la adinini>lracion del Kstado, de diciar las lev es uecesarias para aÜaAZAf de ua nada sálido y eslaMe la tranquilidad, y el orden público, y de llevar la reforma if la mejora a la misma Coiuslilm ion <h-l Esta- do, resuello de aquellas parles que la espe-i ricncia ba demostrado da un. modo pAUAiuit. (Míe ni están en consonancia COn la verda- llera mdole del régimen representativo, ni tienen la flexibilidad neccbaria para acoino* darse á las variadas exigencias de esta classt de fíobiernos, y (pie líwlas c^t - r r rmasaá pais las reclama co.\ ansu y avuisk.»

Aceptamos desde luego tamaAa eoofesion» y nos aprovecharemos de ella para decir cuatro |>alabras al (¡lobo, en contestación á su articulo del i8 de juuio y u un periodo da su número del 39 del propio mes. Ya pueda conocer nuestro colegía que no hablamos por despique ni espíritu de ven^'au/.a; que cuan- do tales mqtivos obran en el ániuio, suele ia contestacioa ser enérgica, viva y sabiv toda pronta, sin que trascurra unmes eslaroeilm Ire el cargo y la defensa.. j No podemos perswMlinMs que el (r/oio aí estampar su artículo abrigase la intencioo de que se pusiera en [«'Iíi-to cI deposito del Banco; porque si biei^ t ¡amaba ¡ioi que se ttm impmm súmeioy todavía creemos, que. ese clamor mas bien era un aviso severo pam quecejasumcKj en nuestra empresa de refor- mar la Constitución, que uu una escitadon formal dirigidaálos señores iiscaias. De otra» .suerte debiera mos decir que estos eran mas tolerantes uue los ilustrados redactores de> aquel periódico.. r.ui./ .\parte, pues. la cuestión de intcnciaMa»} que creemos ¡ndnigenles y caballerosas, e»s tiraremos eu la de priucipicis, eu ia cual Digilized by Goügle hnhlnrsp ron mas doísenihararx), yjse encier- I ra mucha mayor imporlaucia.

Después d¿ haberse lamentado el oiiado periódico de qiip durante la regencia de Ks- partero, v aun en los últimos aAos de ia de la Reina ¿ofia lluit CiiaUiia, ciertos órga- nos de la prean ibooifleii IMW los días por la ri'piihlica, poniontio asi on discusión la m'v íuudainentai del Estado, y auu licga|>u a dme «I Mduidalo de que la Gaeela, el ér- Uiulos que le hagan sagrado é inviolable i