con vida ii y de alianza, sagrado vinculo entre lo jiasa- do V lo tuluro, el truno es al mismo tiempo la garaDin infioliUa del éi^n cooBtitucio^ nal. «TeneoMB, pues, que según las doc- trinas de la comisión, el principio verdade- ramente constitutivo de la sociedad espafiula I aaeltrano; yenioiccs ¿á quéaMMIa soberanía popular? Algunos meses bá bainos diciendo que era necesario reformar la Constitución, y que la nación deseaba con ansia dieba ñfiinM; -y no laltA ifúm se enojase contra nosotros, sosteniendo que no se nos debía permitir semejante desacato á la ley fundamental, y que los limites de la libertad de la discusión no debíamos tres- pasarlos impunemente. Por fortuna a los pocos días el gobierno, el mismo gobierno defBBdido por el periddim qneioe ceaatt- raba, saKó declarando míe era MCMiria reformar la Constitución del Estado, v por lo mismo jusliticando plenamente las doctri- nas del PraMfliMNla d» Aútim, Después el mismo Pensamiento cometió la falta de decir: «cuando los |)oderes han desapareci- do, cuando todas las leyes se han concul- cado, coando todas las* instituciones yaceu por el suelo, cuando no hay principios* fijos de gobierno, coando hay un desorden pro- fundo ra la adniaülraoien, ysolo IMOfiB 37 lus iQlenese» iteglliittoft, y solo campean las inilns pasiones, y solo prevalecen los in-< Ingauics-, y el harÍ7.ouk> so anubla^ y el porvefüc MtiargR de terinentas, y corre nmh go la nave del K>lado de zozobrar en breve, enlOQces, si iu Providencia ha conservado un poder, bien (|uu desmantelado todavía fuierte, todaviaacat ulo |K>r los pueblos, este poder llene W drirdiíi, liene el deber im- prüsciiidíble de hacer un esfuerzo |K>r sal- vane á si propio, por salvará ta nación que le esta encomendada. Estu es la verdadera legalidad en l>|n>fia; oMt poffcr rs el trono: . andad buscauuu ia legalidad en otra parte, noJa eocoBtrareis.» I^nes estas palabras le fueron criticadas al Pensamiento de la.Yo- eioH conoo una especie de blasfemia pulitica; y con esta ocasión se recordaron al irunu español en contra de los coBsejos del Pen- ftütnieulu ele la Aacmi; hs «(Mpra55 Ircciones de {(oHH Y itidUy aiimiando que sí prestase oidps é eUos no iatdana.9n sufrir la misoia suerte. Al Un, la conmioR central de elec- ciones del partido monárqiiíco-cünslitucio> nal ba« didio que el principw eerdadtramm- H ^(mtifuiiBo de ia meítm upuMa a» katta ^nonificado en niiesím augusta iieina: de- jamos al juicio de imestros impufínadores el decidir si csti^uu es avanzar luuc liü mas de lo que haÜa dicho el PmmMnio de ¡a ya- dou; si p^lo no es echar por tierra el prin- cipio de lu soberanía naciiinal; si esto uo es di^no de censura, si de censura fué digno lo nuestro.
Ksta coiiTe^iion uos ha consolado, porque hemos visto que el ser tratados coa mas ú • menos dnraxa no inpedin el triunb de le vL-rdad; y que esta se presentaba tanto mas resplandeciente y pura cuanto saiia de la Upcu de. aquellító mismos hombres a ({uieocs nuestros adversarios se glorian de sostener. Otras verdades hemos dicho, oirás declara- uiooes y oUos hechos vendrán a cuulumar- l^s; no nos «rredn el que ae nos supongan ji^ttslMnenlA^nleBciones y designion poüti- <ios que nu abrigamos, el qtie se dcsliffmrii y evats^iia nueataasidoclriiias: a. razones «onf^stareoM» con nuones, á hechos con heclics; cuando con aquellas y con estos se uos denniestre (|ue iuks hemos equivocado, U) couíesai'ttiiios IraaciimciUti; pero a todo laque sen.ataqties declarados 6 insinuacio- nos iiiaií ó -menos maliciosas contra la clase u qifo nos honramos de perienecer, poco ix^Mlo^taremos^ porque el eacritor debe retr, I petarse á si mismo, debe respetar al públi- (o, y debe respetar a los mismos adversa^ rius, aun cuando estos se permitan empleac> espresiones poco templadas.^,m; k>i Pero volvanin^- al tnnnilifstí). I, as ideas de la comisión con respecto a otros puntos m^? recen ser respetar Isn iirta» tímumaáM. Asi In pnlenüzan aquellas pnlshrts 4s se inaugure la era de reconstrucción v d* justa. reparación, coucdiaudo los mUremi aniiytut em lat ntmmuuk- rmáMi- wA ¡que han sufrido pérdida o menoscabo en sm derechos ir (¡ti unos, al mismo tiempo qu» respetando los adquiridos U^jú la garmtUm de las leyes recientes. Es decir, (jue todo lo adquirido bajo la garantía de ias leyes ré- denles debe quedar tal como se halla: ¡ vendido por veiidié».dnb» quedar. Nmfl»^ ; nos 1 1 f oniisioTi que le preguntemos si cree Iini{>osii>le indemnizar leai j, cmniManmk á km que han svfrído pórdidn éinsNMwnhd en sus derechos legítimos. £ntre las firmas hay algunas que recuerdan hombres versn^ dos en asuntos de administración y de hft> eiendn, y esta ciiwnsliMin nos dispensa I de aducir pruebas (\uv dejarian fuera ño. toda duda, que respetando todo lo ad«|n in- do por las leyes ¡ ecienle^, la iademnizacioa leal y cumplida de qne se nos hiUa aa-ds Ílodo punto imposible. ¿Como se aíCgtrra Uiai y cunq}lidamenie la subsistencia de las monjas anal la tenían gamnlida ean loabi»t« aes da qne ae las ha despojado? ¿Cómo so llena oí vacio que en )a manutención del- culto y miiustros ha dejado la venta da laa» propiedades del cbn» aaeolar? jiBasariMa t\ui'. [tei'sonas tan ¡lustradas como las que iirman el maniliesto se hai;an la ilusión de que. respetando lodo lu hecho es posible indemnÍKar leal y cwHplidam^l»á}M'^lm I han süfrií!" perdida (í nirnoscabo en sus n.e- Irochos Icjíttimos? No alcanzamos á persua- diruuslo; y si-eslo no eipcesa mts qoe uní buen deseo, ¿so satisfacen acaso con bnof^ nos deseos la raron v h justicia? ¿Ikstait los buenos deseos uara organizar mü pan», para reparar lea numa causados pof la fw^ lucion v ordenar una monarquía trastorna da?; ^M^ian los biH'ivK ílf-f-ns para hor- rar la.^ leyes V las co:»íiuuínx's que OMh ran como saturada la propiedad, paca lna> Iel articulo de la (ionstitucion vigente en que, se prohibe despojar de so propiedMl á 4iio^iLu cindadano gin imlemnizacion préf« danos los ministros del Señor? ¿Y no muí- fi pulilico, im iinaudo a alííuiios incautos á recerau igual protección nw los demás ciu-! reprobar atfueliu ini.sino que ellos piensan dwianos las vírgenes del claustro tjue ao, que con ansia dcseao ver realizado.
tieoen mavwnis qae h oraeioil 7 el sufrí' Pero este artículo va tomando demasiada otaMioB, y es preciso ponerle térmhm: be- sos examinado el manifiesto ét la comisión fffifrrfl ron el deteninitf*nfo que reclama la importancia de sn objeto; el apreciar el fiiode nuestras nnmes comapopde á los ^ ébhtm depesittr in^TOlo en las nraas.
BiMelviM mM dé igwio4e t«M jr puMioduMlfofin la opHiíe& que nos ocupo fat^ <loo<)Mr* tes. la tma puede apellídaree negtitivíi v la otra positiva; la primera ospresa lo quo no se quiere, la segunda lo <qüe ee qviore; aquella lo que se intenta quitar, esta lo que se pretende sueliluir. En aníb »s wsíis seremos lan.csplicitos tomo leuemos» de cus-. biinbre^ La esperíencia de dioz años ha manifesta- do que es imposible gobernar, ni con el sis* lema proclamado por los pro¿;Desistas, ni por el de tos parlamcntarioís; m\ quicie, puOi; el sistema de los unos tti <•! do los otros.
La eü^rieoiua ha demoslraüo; que mien- tras continúe- mónopolizaido el mando en las pan (lillas que aUenialir amenté lian p^ober- nado el pais, es de lodo punto imposible e.l labrar su prosperidad, ni el mantenerle si- quiera Iranquilo por alji^Dn liempo: no se quiere, pues, el monopolio de las pandillas.
La es|>,'ri(Mi('ia lia (Jetiiostiado que los cambios vcriik.ados liasla abura no liau cu- rado los males de la nación «' y cpie no kan servido a inns (fue hnciT turnar en el go- bierno a un escalo numero de hombres, di- vididos enb'e si mas bien por intereses par- ticolires qiie.por gandes principios.: no se quiere, pues, que los cambios que en adelante se veriüqueo sean uaa simple repe^ tieion de dicho lurao.
La esperiencia ba demostrado que la alianza del orden con la libertad leual. tal como eaLiendeu esta liberl<id ios bomiircs d^e la situación, es una palabra vana quer si aL'o espresa no s¡í¡;niíii a mas (¡ur wn siste- ma muy á proposito para abru la puerta á motines y trastornos, sumiéndonos ue attevo en ia anárquia: no se quiere v pues, confiar en esa mentida alianza, ni tanípoco entender la libertad legal en el sentido que se le ita dado hasta ahora y algunos pretenden dnrie en lo sucesivo.
La esperiencia hn den»oslrado que es alta- mente impolítico el tundar esclusiv^uueale un sistema de gobierno sobre la Joallnd o diKÚ- sion de estos ó a(jiie!I(ts honíbres: no.se (¡uic- re, pues, que continu(>mos asi, ni <(uc el tro- no para conservarse haya de estnr mirando*, ra si espresar esa opinión que éada iSase'va ¡ á estas ó aquellas personas, sino que elevado. L'stendiendo y robusteciendo: y por lo mis- sobre todas, prolector de todas, no neoe^ln:^ iud ¡e iuUíftis4,que 4ssíigu»nc(9 sus priw^ir- i en parliqular de nft^ip-.1.1 - ■ < Se Jia formado eu el seno del pais una opi- I «w ondn4¡ft vn estandíéiidose y rohtisteciéndose mas y mas, y que tarde é tenvprano acabará por dominar. Esta opinión no tsfli la revuluctoaaiia, ni la padamenlaria, oí tampoco encierra nada de eugerado en oiagun sentido. La situación actual, lo frrave y espinoso de las circunstancias, lo nitico y^gaz de los momentos, demandan uope- ijtaniontsi que- se aelare, que se indique á ponto fijo en (jm- consiste la espresada opi- aian, y que uo\se consientan los errores y küla las ^alanaias que sobre ella propalan bombres interesados en perpetuar los males de la patria. Hasta nos inducen á ello nniti- vüi»p«rUuutares, [torqueJuibién^ose alterado ydeal^iwadode una mtnera ínoieíble las ideas del Pensamimlo de la iSacion, habién- iktóelc atribuido doctrinas que no profesa y teadencias que rechaza, es preciso rcstable- <sr la verdad en su puesto, no por el?ano prurito de sostener polémicas eslériles, sino por el deseo de pifeveuir el engaúo con que «a pretende alucinar y estraviar a hombres de recta intención y buen juicio, pero no baslante coiuiredores de In que abrigarse «icle kiajt) luuiüs muy re^etables. ¿7 Pen- mimU^.ée k UfapioñcnB, np dirigir, pe- Lb esperieMÍa'lu deuMMtrado <pie el go- bierno no puede consolidarse mientras no cuente con el auoyo de la mayoría de la na- ción; mientras haVa vencedores y vencidos; ^ mientras un partidk) q«e representa grandes principios é interesr^s se vea desdeñndd, estratan de haeer «a negocio, de saftirifacem orgullo V de hnmillar á sus rirales estoé pesar de' sus protestas de éísinterés, ieje* SCO de la prosperidad de&|MüíflOMi|ii^ re, pues, la influeáda eatraiftra; no se (iniere «pie ol gobierno ef^pañol para dccidirbluido de toda jtarttcipactou en los negocios |i se, consulte lo que sera mas del agrado del l^úiilieoB, y eoBdeeado á lorniar ana especie gabinete áe Sen Janea si ée las TvUeria».
de raza diatíola; mientras no se horren las huellas, y si posible fuera hasta el recuerdo de la guerra civil: no se quiere, pues, que se plantee im orden de cosas en aue mi iiunenao número de eqwftoles dejen ae ser mirados como talos.
La esperiencia ha demostrado que a la sombra de la revolución, ó de gobíenios en- dehlesque la temen, la halaban, y que hasta la fomentan mientras no se presente con es- trépito en calles y plazas, se crean colosales fortunas á coila «al Erario páblieo y de inte- reses legítimos y sagrados por muchos títu- los: no se quiere, pues, que bajo el velo de libertad eontinde la dilapdacion y el ooiiÁ- guíente engrandedorieMo de la riqneui de unos pocos.
La esperiencia ha deinostrado que mien- tras el país esté agitado por la discordia' re-- ligiosa, es imposible restaMecor la tranf^iili- dad de los ánimos y asegurar sobre firme basa el órden público: no se quiere, pues, Después de haber dicho con lodn claridad y del modo mas franco y esplicito (pie es po- sible, lo que no se quiere. veamos ahora lo que se quiere.
La monarquía es una necesidad de los pueblos europeos, y muy particularmente de Esj)aria; está en las ideas, en lao eeeIninbreB, en los intereses de la nación: en los deroas países la i-etolncion ha volcado «biertameníc el trono, en España jamás se ha atrevió « tanto; v conociende m tauuia de cala gvanto insiitocion, ha preferido esclavizarla de dis- tintas maneras y hacerla servir á sus inten- tos. Pero la moiiarquía que á España convie- ne no es la monartraia ingileaa m la franceia, porque la sociedad española es muy diferen- te de la de Francia c Inglaterra. La Espeta necesita una monarqnfa puf amenté españeli. SI monarca español no na side enieB*fleiH pos antiguos ni en los modernos un rey de puro nombre, sino nn rcT soberano. Se guie- rc, pues, mayormenlB áMta qne elgilMfeian el cisma baio ninguna forma, no se qaíére la I qtiiere reftmúnria GeittIiMcion del turbación de las conciencias en ningún sen- tido, no se quiere el aislamiento en que nos hallamos con respecto á la Sede ApesMIicff.
La esperiencia ha demostrado qae todos los medios esrofiitados hasta ahora pam ase- gurar la subsistencia al culto y clero son ilu- noríos, que el pueblo paga y' la Iglesia no cobra; no sc quiere, pues, el sistema rpie en esta parte rige, ni otro que se leTparezca.
La esperiencia ha demostrado ípie la ven- ta de loa hienes del elero, ni ha aliviado á los pueblos, ni ha enriquecido el erario, ni atianzado el crédito, ni desarrollado la rique- za pública; que lo mas selecto, lo mas gra- nado del pata se ha abstenido de comprar, y que en muchos puntos hay sin empleo cuantiosos capitales. cuyos dueños prciiercn conserfarloa improdncu'voa á infeftírlos en «fichas compras: no se quiere, pnes, qne'Cmi- tinúe la venta.
que el trono recobre sn poder, que no?* haga violencia a la opinión, á la voluntad, a los iMeredes nneioiMles, yqtUÉ'deiirtíweicw- do lo que ebseñan la rn/on. la esperiencia y el buen «sentido, no se continué con las ilu- siones y las farsas, bien costosas por cierto, con que se nos-ha entretenido hasM' idnit; se quiere que ron velos nionárquico-^ronsti- tiieionales no se verifique aquello de que se lamenta la eonimñ ttñinl ée' 09Mi9m*dd pmiido iñmiéf^éki^fmttihiñonal, á siMf, que í'no raras veres el principio verdadera- mente constitutivo de una sociedad se retira al hogar lioméstreo, se attiergaen el sen»de las familias, y resiste desde alli las violentas IransformacioTiPs. acabando por modificarlas según el espíritu nacional.» Se quiere que no se olvíde la sáhidaMe lección «|ne en se^ gnida encontramos en el mi^mo manifiesto, fquc ese principio constitlitivo, en á saber: La es[)eriencia ha demostrado que las na- j el cual tienen tan grande parte i cienes que pretenden tener dereeno é mea- I trúdicitmal y el teinpermmto dé teda «tf- clnrse mas ó menos abiertamente. mas o | ríon, sc halla en la nación española perso- aaenos directamente en nuestros asuntos, solo ^ nit^o en traestra augusta Reina, y que el trono en Espafía es centro de unidad é indc- peadeocia, sin lo cual no hay estado con vida lulcñor y eslerior, símbolo de paz y alian- za, sagrado vinculo entre lo pasado y lo Tu- luro.» So quiere (jue no se olvide cual es el elemento tradicional y el teniperamenío de la nación española, y de que si se desea que el trono sea la garantía inviolable del liriim constitucional, cnnio añade la espre- ñu comisión, no se pierda de vista que la CoDsLitucion confonue al elemento tradicio- oal y al lempcraincnto de España, no será uoa Constitución de soberanía popular, de cuerpos dominadores del trono, de imprenta desbocada, de turbas armadas. de cuerpos [topulares sin freno, sino una Constitución que, «acomodándose al es|)iritu del siglo, inga reflorecer el elemento tradicional espa- ñoi, le asegure influencia y preponderancia i'D la esfera política, y no contrarié el Um- yerameuío de la nación española.»
Se quiere, pues, un trono robusto, con famanlc fuerza para no dejarse dominar por ÍM partidos, y rodeado de instituciones en armonía con nuestras antiguas le>es funda- mentales: leyes que bien entendidas y apli- cadas bastan para precavernos contra el des- potismo revolucionario, contra el militar, el parlamentario, el ministerial y el de los pri- vados. * Se quiero que las Cortes sean una reunión de lo mas sabio, mas juicioso, mas ¡nfluyente del pais. y no un conjunto de hombres f|ue se propongan medrar sin otro mérito ni ti- tulo que el de algunas peroratas. So quiero (|oe la votación de los impuestos no sea un ■edio para hostilizar al gobierno y provocar revoluciones, sin ningún resultado para la nación, ni producir mas <pio el aumento de Im cargas publicas. Consúltese: enhonibuena dem en cuando á las personas de mas ar- nigo, probidad y conocimientos prácticos de sos respectivas provincias; véase cuál es el sistt'ma tributario que mejor conviene; <Ité resvllailos ha dado este ó amicl ensayo, oémo spria recibido jmr los i)ueblos; qué hie- Bes, que niales pouria acarrear tal ó cual innovación; indagu(!sc cuáles son los abusos ttligoos oque se han introducido de nuevo, males los medios mas á proposito jiara alo- Duarlos ó eslirparlos; averiguóse cómo se portan los dependientes del gobierno; oígan- se twl;' ' -posiciones, las reclamaciones, lasqui ^ protestas de los que se crean ^«jaoob, in.ib lodo esto hágase en Cortes for- I madas de hombres desintér^sados, de hom^ bres para quienes sea un verdadero sacrili-'. cío el acudir al llamamiento de la corona; r hágase todo sin rebajar el prestigio y la dig- niand do esta, sin embarazar ni enflaquorer la acción de su gobierno, sin los alborotos de esa tribuna publica, que solo sirven parff alentar á los ambiciosos y turbulentos é timidar á los hombn's de bien; hágase dé» manera (jUC las cuestiones mas graves de hacienda no hayan de servir de instrumento á las pasiones políticas, álos designi(»s de los que ansian derribar al ministerio, no con ninguna mira de interés público, sino con Ift única de colocarse ellos en su lugar. En nna palabra, procúrese que la intervención del pais en la votación de las contribuciones sea una verdad; que intervengan los que pagan,' no los que cobran. Esto se quiere, esto (piie-* re la opinión pública, esto quiere la nación; y por cierto que ai nuojarse de que hasta ahora se la ha engañano, de qoe se le han atribuido derechos que no disfruta. y (|ue lejos de acarrearle ningún beneficio han ido agravando cada dia mas su situación y ta del Erario, no se queja sin causo, no sin eviden- te justiria. Apelamos al juicio de todos los hombres honrados para que nos digan si hay esperanza de remediar este nial mientras continuemos con el sistema presente ni otros que se lo parezcan.
¿De (|ué servirá, jHir ejemplo, que se forJ me una cámara alta vitalicia, si se deja el cuerpo popular con los mismos defectos que ahora, y si se conserva un conjunto do ins- tituciones en (jue se encierren abundantes v poderosos gérmenes do des<irdon y anarquía^ ¿Por ventura ha tenido el Senado la nilp» de nuestras calamidades y trastornos? Ditieil ha de ser encontrar altos cuerpos mas paca- tos, mas dóciles, mas nexibles, mas condes- cendientes con todo cuanto ha exigido ó el poder, ó la revolución, ó cualquier otra cosa (pie bajo uno ú otro titulo haya ejercido el mando; y esto no obstante, no ha sido posi- ble prevenir los choques, la discordia, los roflipimien los entro el trono ó ef ministerio y la cámara popular. Si el Senado se convierte en vitalicio, quedando la eleecion encomen- dada á la corona, mayormente si esta elec- ción la puede aconsejar un ministerio parlu-l mentario, desde luego es fácil conietiirar quiénes serán los agraciados; y cualquiera que tenga algún concx imiento de las perso- nas, pudiera formar sin temor de equivocarse mucho, la lista de iot seaadores, pares o pró- , cares vitalicios. Habrá ciertameale entre ellos sugetos de'iiiuincioiif^e sanas intenciones, reorganizar la hacienda, en pim^Ter la qucza pública, fomentando el desarrollo de la agriooMnra, de la industria y del eome^ cin. rn conciliar los intereses encontrados, en templar el espíritu de reasor, y de veBr- ganza que devora á Iot bandod polmoM, éi vendrá un cuerpo popalir bríoso, lleno de ¡I areidnizar la sociedad nueva con la aociedad Ciabtescanil^; pero si la máquina política «át-DoatíBoar -maatada como hasla ahora, fuego, donde prevalecerá una mayoría mo- derada ó' exaltada, pero donde en cualquier •■puesto campearM la ambíCton y la dÜK ooniia: el ministerio será atacado por los unos y defendido por los oíros; la trihii- na pública aplaudirá ó silbará, ia prensa ira atizando el nMtgb y echándole de continuo combustibles; entretanto las provincias co- IMDsartm á tomar parle en las contiendas de te corte, irán y vendrán eminrios, el go- bierno amenazará eoD disotMionOs, y lasdh- snclfns ó por disolver amenazarán con pro- uuucianucotos, y sobrevendrán estos, ó álo ■iaKfl.elecaioBeg tempestoosas, taato mas cuanto retirándose de ollas la parle sensata de la naciítn, solo quedaran liiítiraiulo los al- borotadores de las distintas iKindenas: y du- raBta eia agíCacion ¿ouién se acordara de Iftflta cámara vitalicia? Todo el mundo se haÍHá olvidado de ella, como nos íbamos ol- vidando nosotros mismos al escribir esto con Ift-iala idea de lo que habia de suceder. Los respetables próceres habrán ido discutiendo vieja; si será posible pensar sicjuiera en me- jorar el estado lualenal v moral de las ciases mas:Biiineit»as, en «lifSnMfir la iliialraciw; si será posible roncebir la esperanza de que dejemos de ser el juguete de las nactooes estraugeras, de que coustiluyéndonos \ or- ganiniMloDos foerteawaie es lo interior, wm bagamos res|)ctables en lo eslerior; si se po* drá concebir la esperanza de (jjue se inlevt rumpa lá cadena ae trastoraos eoloaales, de destituciones en mase do empleados, de par* sccuciones, de destierros, de íusiianuentns, de bombardeos, y uos hadamos diguub do figurar entre las naoioBés'Cifilisadaek DeQ»r mo6 esto con la convicción mas profunda: no hay esperanza de remedio si no se nuida de camino, si no se verilica un cambio pmy radical, si dejándonoa de tanea paliatiaMMM buscamos el nn;;en de nuestros males, y no aplicamos á ellos el remedio con mano audaz.
quién no ha tenido tiempo y reioii para formarse una convicción igualmeala profunda? Prescindiendo de lo> desaslresquc sosegadamente algún proyecto de lev, y sus |i presenciamos durante la^erracivii,^qiiién trafcajeo aoibalibáB á ie mejor tnieinnipidbs no habrá feHexionado sériaaMile aoMe la por una taspenskm ó disolución de Córtes, o una crisis, interregno, ó mudanza minis- terial, cuando no por un pronunciamiento; resultando que el alio eoerpo, á pesar de tO' que hemos visto desde 4 840? ¿\ quién ñola habrá sugerido pensamientos tristes y des- consoladores el observar que ahora por una causa^ después por otra osa €!& bmuos de das las niodiíicacinnesy mejoras de la refor- unos hombres, ora de otros, con razón é sia ma constitucional, producirá los mismos ella, por necesidad ó por capricho, que en mimfsiuios efectos que el antiguo Estamen- ii umos cursuuncs uu ciurauiuB, la «uwt to de los proceres del Estatuto, ó el Settido I eqiañola ha ido sembrando el espanto de la Constiluriori (!>• fSTT " incendio, l;i ruina v la nuiertc por las p estas cuestiones no entramos, la artiUerie ^ el por las prio— fisto pare nosotros no es una conjetura i cipales ciudades españolas? ¿V^uu nos ion aveatorada, no es vn proaástico mas orne- pmta el que se m» diga que la jaistícia ola nos fundado; es un hecho, bien (|ue fifluio, { mjusticia, la consideración ó la crueldad, la ( ierlo, evidente, del cual estamos tan se- provocación ola paciencia estuvieron de of> gurús como si lo estuviéramos viendo con J te ó auuel lado,:>i por cslo nu deja cle aer anáotnao oioh. T seimráe hm de estar de él i «erdaa que han sufrido. grandes catástrefw cuantos havan refli-xíonado un instante sobre Pamplona, y Han elona, y Sevilla. v Teruel, la situarioii (!i; país y de los partidos y ban- derías que ie destrozan, sobre el carácter de la^mdoo espétala, sobré iasideas y coataan bres dominantes X dígasenos de buena fe si continuando '■aaera será posiUe ni aun pensar Se quiere una sincera reconciliación de todos los españoles, entrando los realistas también como un elemento do gobierno; es* to lo hemos dicho vanas.TM^, y to aopajfe aqutit aaa ^lioiio ida*4aat.iiA é 4iMlela situación altere nuestro pcnsaniien- | lo alrihuyéndonos lo que no hemos dicho. | No es lo uíisnio aürmnr que es necesaria la i reronciliacion de los hombres de bien de to- ¡ dos los partidos, sosteniendo que el ¿gobierno 1 luLM le en España hasta que se alrai- - I.jioyo de los cíirlislas. (jue el decir lo! que tan gratuitamente nos achaca nuestro \ colega, a saber, que el modo de asennrar laiiiMacio» y con ella la felicidad de ta pt¡- í imita mlregar el poder al partido car lis- \ ta. Con esto se intenta persuadir que predi- I canos una reacción, no solo contra las cosas sino lamhien contra todos los hombres que sp han abrigado bajo el trono de Isabel: in- signe falsedad que no atribuimos á mala fe, i lo liíreroza con que debió de leer ' u i escrito el articiilisiri á quien nos re- ¡ f''riraos.Coruo enleiidctnos esa reconciliación (le todos los españoles y los motivos en que fundamos su necesidad, repetidas veces lo hpmos esplicado.
Ahora que la o|)ortunidad se brinda, hare- mos observar que se nos llama amifios de reacciones y de un sistema de persecución y de venjianza: y con una inconsecncncia y contradicción incom|)rensibles se nos critica H que pidamos una amnislia tan lala como MU |K)sil>le. y se nos dice (¡ue queremos traer iumedkit amenté á Espartero y á Ca- brera dados del brazo, \osolros hemos dicho «juese dcbia comenzar la reconciliación por ' osa amnistía, añadiendo (pie debia ser am- plia, pero con el correclivo de que fuese mipatible ton la fram¡tiilidnd pública. El ' pMódiro a «fue nos referimos no debió de! creer conveniente comunicar á sus lectores ¡ m» que la mitad de nuestro pensamiento, sin duda ponpie se li^iro (pie nn le favore- cían mucho las palabras que conq)letaban el seMido. En apum nos deja con su táctica el ■eieionado^H'riódico, porqne«si clamásemos (íortra la amnistía o aconsejásemos ipie fuera i «•feslreibii, mis llamaria venírativus; cuan- i <lo n pedimos ámplia nos presenta corao per- toriiMores. ¿Oue haremos en tal conflicto? ¡«goir nuestro camino; apelar al fallo del I inblieo; encomendar la pnieba al curso de iosteMiteciiiiientos.
Se quiere que la reliííion sea respetada, 'l'je el culto Y el clero lenfían ase^furada una subsistencia inde|)endientc, (¡ue los minis- iff'S de la Iglesia sean considerados como verd^rofl ciudadanos, y no como hombres ttspeebosos a quienes sea preciso condenar 1> a una vigilancia y sujeción opresivas; se quiere que al tratarse de la organización po- lítica no se olvide la inlluencia que el clero tiene en el pais, la veneración con que los pueblos miran a los Obispos; pero no hemos dicho lo que nos atribuye el mismo |>eriodico, /;7 Tiempo, de que se eleve al clero á una especie de dicttulura social: idea peregrina,, que no sabemos en qué logar de nuestro pe- ri(j(lico hava podido descubrirla el defensor de la situación.
Se quiere (lue se sus{>endan las ventas de los bienes del clero, v que ademas se res- tituyan al secular y á las monjas las propie- dades de que se les ha despojado; pero con la añadidura de devolver á los compradores lo (jue hayan satisfecho. Asi lo consignamos (íspresamenle cu el párrafo 6." del programa publicado en el numeroso de nuestro fieriodi- co, correspondiente al dia 24 del pasado julio. Creemos que quedándose cada cual con lo que le pertenece, deshaciéndose simplemen- te lo que se ha hecho, no predicamos una injusticia tan horrenda como le pareció al (Jlobo, cuando en su número del 1 de agos- to decia: vEl Pensamiento de la A ación, en lin, pide ya á vpz en grito que se desposea de sus bienes á los compradores de los del clero secular v de las monjas, que se les pri- ve de su propiedad, y que se devuelvan estoft bienes á sus antiguos poseedores.» El Globo se olvidó de añadir que nosotros pedianios que se devolviese tamhien a los compradores, lo que hubiesen satisfecho.
Nos atreveremos á rogar a los |)eríódicos. (jue de tal suerte nos atacan, qne lean con atención nuestros artículos, y que cuando se pro{)ongan dar cuenta de nuestras ideas lo llagan con mayor cuidado. Llaman al Pensa- miento de la Nación ()eriodico carlista, asi el Tiempo como el Globo, bien ({ue este último añade que el Pensamiento »m ha soltado to- davía su máscara como su hermano mayor. el Católico,» y que es carlista venjunzante., con su poco de barniz de liberalismo. Afortu-. nadamente c\ Globo, que debe de tener la vista muy penetrante, ha descubierto que bajo de la máscara hay una tisonomia horri- ble, dialk)lica, que liace erizar los calndlos. «Pronto, esclama, si Dios no pone remedio, y si el gobierno no muestra una gran ener- üia, el Pensamiento de la JS'acion y sus co- legas pedirán á voz en grito que se renueve en <Kíi la obra de despojo y de iniquidad. consumada |)or D. Yictor Sacien <8¡23.» Ueá la ooasideraoion de naestros ledo- 1 bres de la situación * sea el sistema de los hpmbres de