TalMitad no ae oponen á una conducta pru- \ tenidos con el decoro que cumple á una na- ción eminentemente católica; todos están profundamente persuadidos de la esterilidad Y basta de lo duiieso de las teorías ensaya- dMaa ifiie ao pueden apodorarae del man- I das en los últimos aflos, todos ven ton sos do sino con la sorpresa y la violencia, pero | ojos y palpan con sbs manos que con loi daade. Uaná de' digaidad y de calma. La precipitación para aprovechar coyunturas iugaces puede ser necesaria a los partidos disturbios, sea cual fuere la bandera pob'lí- ca y dinastii a liajo lu cual hayan militadolf Todos q^uieren el trono bastante robusto pa- a los partidos y mantenerlos en el terreno de la ley; todos (piiercn la reli- gión acatada y el culto y los ministros maniofi que cuentan con el voto nacional, los fae entiaiiun una fuerza propia, hija de ínlareBea legitíaes, de principios imperece- deros, esos deben saber esperar, porque el hacerlo no puede arrebatarles la vic- toria, que Lieneu segura eu un cercano por- tanir.
Fn e! ])reve tiempo que secstñ en^^nyando sistemas se;:uidos hasta ahora son víctimas de un estaso numei'o de hombres, verdade- ros Iralicantesen revoluciones, que esplotan la candidez de los unos y la debilidad de los otros de una manera escandalosa, i^iaro es pues que la divergencia entre ellos no pue- do ser mucha, y lo que les interesa es aad- ciarse para robustecer el trono y la religión.
el sksleuia lie la legabdad parlamentaria se | aiianzar el orden, é impedir qoc se repitan haviato ya bien ámachiraB qve la revolu-* los ' * ' ' ' " eioa no abandona sus designios, aue no se da por satisfecha con la seguridad uc que no se le arrebatara la presa, coa tal que se «haieafla de devdrar á laa que ae la ceden^ y á la vuelta de algunos meses se habrá visto todavía nuis claro que los hnnd)res de \ la situación no pueden sostenerse contra el I aoipnie revoliicieiiano, aína llamando en su | ;!!)fn 1 n esa inmensa mayorfn que con solo removerse un instante derrocó á Es|)artero, ' hundiendo con él á cuantos le sostenían. Batanees, CMndo -qanás se iuToquen nue- vas co;tHci'>Tie«:, <:(«r;'> pre-^fso no contentarse trastornos tevolncionarios, y se prolott^ guen dearaaiade esa ansiedad é racertidoni* breen que nos estamos agitando, seguros de que no es imposible una traosaceion legí- tima y prudente entre opiniones é intereses que se han pretendido ¡rrec"(incilia])les.
Kl tema favorito de los qu« se empeñan en sostener la discordia, es que si el partido monárquico llega á liliertarse de ta ofpresion en rpie se le ha tenido. s-e arrojará sobre sus adversarios sin distmguir entre los nuc le hicieron resistencia y los que, reconciliadoa con él, le habrían auxiliado. Procurase pin- tar con los mas horribles colores ta reacción con esttpulacioaes de palabra, no tiarse de * que amenaza, y no parece sino que se le 1)ara Indos lo> <|ut' m lian militado bajo lai» )«^era:i du tí. Caiio.>. Si c^tus íiieclados. . tMOoras n0'efid(a66n la risa produciriaQ la indignación, |K)n|U(' ú loa «jos de todo hom- bre observador es claro (|uc la reacciou cou qatí i»e amenaza es de (odo |>unlo iniposible. r ¿Aoa.so iu> di'jaii Imella, y iiitcüa patillu- da, «áí en las itlcns roiiM> en lot» hechos oace aítoi de revoíuciou? ¿Ks verdad acaso qnÁ.oon Uw larfo tíeoipo lo» hombres y los lürlídos lio hayan aprendidu nada? l'aru for- mar juicio de las cosas ¿ debe atenderse ¡lor veoiuca álatf palabras mas o menos exa^era- 4bs dfteBle dae aquel iadividuo do pocos co- noeiiniciilos, de nin.Lninn posición Mx ial. y (|U(' nunca [¡odr.i influir en los nea;ocios pú- blicos? ¿No debe uliuderse mas bien al pus» geoenl ele las láetá « á la opÍDÍon de las personas resp^'laltles por su síiImt y cale- cía, ^ sobre UkIo a ia irresistible t'uur^^a d6 las costa,, (uas poderosa qa€ los hombrest Una rdacaíoo c^mo se nos pinta no hay par* tido (|nc pueda realizarla, no hay gobierno qye ^utída fomentarla; elsiuiple eu^yode vm «lea saaejaate supondría iioa abemhr ciou (|uc bien pronto levantaría eoutra sí a los mismos á (|uieiies se quisiera luila^ar; y lio cieemos que hayu cu Es|mííui mu^on Iwoibre madianamenle instruido y juicioso fute uo coaocioflo lo absurdo y funwto da ial toq>resa.
Si se tratase de un camhk) de sistema po- lítico obtenido por la tiier7.a de las armas, la reacción mas o menos fuerte seria posible y por dti proaU> inevitable; |»ero aua el mismo gobierno tríunTador se vería en la imperiota necesidad de atajarla en su carrera, repri- miendo con v¡<;or los elementos que |mr su i(ipleiM}ia y acritud comprometiesen la dura- don del sistema que parecían a|K)yar. Mas ahora no se trata ni tratarse puede de un canthio a mano armada: lo que se puede iiacer cou lu piutua uu se (fóbu hacer con el i sable; y de todas las cuestieveS', aun las mas ¡:;raYes, no hay nio^na que no sea ca- lían de una s«duaoú |>aoiiica« «ioa tal que los t^ncarj^adi» do obtenerla prooedan eo» lino y habilidad. y sobre todo con buena fe, con miras elevadas, snpeñoresá los intereses de iMiüerables paudiiias.
Ya qttft tanto se nos babla de reaoetoiics violentas, ya que tanto se uos achaca (pie tratamos de provocarlas con nuestras doctri- nal^, tuireiDaos iudic-acion, bobfe U oual juicio;íos. ¿Se ha pensado bísla»le en fit?ea fuerzu lie dei;i»iAar c4»iHra larieaocfoo. \ de apellidar reaeoieoOTÍesá«oaMsBlraba}8Ó en defensa de ia cau«ía di' la ra/.on y de ia jus- ticia, seria posildo qtte andando el lieiii|K» se provocasen acontecimientos cuyo desen- lace nadie poede adivinar? «¿^ié queiiíi siiinifirnr ron r'^to • nn-^iWri. l'na cf>«a muy seocilía: ^ osoiros herís umi uaa mano la revoluoion f eo»1a otra la áiis el «liiue»> lo neeaaarío pasa qw no pensca; es decir, que la inanlenei? vívr poro irritada. bien ((ue sujola con una cadena. ¿Estáis seguros de que uo flaqtieafá al|(«Bods lasealanoMa^ A (le <{ue al^n dia ao os encontréis; ron (pit- ia líera se h i -^oHado. y qno nrroja sobre vosotrt»:» inaiiiaado (ie rabia Entonce*, ¿que se hace? ¿Estáis seuaros de que el leTanlamiento de una hand rn tu» ] nrl ia de rechazo provocar el le^anlauiicQto de otra? ¿Creéis «que partidos mas fuertes que « vos- otros serasifqíarían tranquilos á perecer esa vosohw á manos d© la retokicion? ¿C.reeis imposible qnactf dij^ap: «yaque voaotioa bañéis sido bastante inaeisalas pawt' éafar con vida á la revolución y ahora soÍ8 dema- siado débiles para resistirla, nosotros 008 eucar^'üinos de salvar el trono, y el orden público, y la aociedadi foni smí trabajando, de nuestra cuenta, y estableciendo en el pais el sistema político que mas bien nos parüzca?» Ku |oi vaivenes de una nueva fierra civil, levaniadas lasipasionest eMb^ nados los:u5Íiiif>s con la efusión de sancrre, ¿adonde inainos a.uarar? Lo <j[ue ahora no quartittMMederéttiiiegDoiaaaDes, (luizai lo habríais de conceder á la fuerza de las armas; quizás aceptarlo romo un hemíficio, a^radecietido la generosidad de quien lo dispensase. ¡Qué soeftaÉS dilfé: {pera be* mos visto raaliasdos taiCosy tanlaa..
t ttn nttew» fa»m de ta r^>ofNWMI» g0m dei tramfK La revolución español i n alta de prebOu- lar uaa nueva fase, ctivü miporianaa se ha decapar, no (anU^ {)orJu<qMe.e^.en«i,, ooluu |)«ír loqur tiucia. Es{>reia voluciou, tanto la que grita en las c^lje^ y, las plii/.as, coiui» la que ^stí pavonea un el parJííinijnlo; esito püUiau Uecii", nípcl'mKWy pon|u<i dcjitle el iiiuiuenlo que haya Jlefií'doa s^uou el purltdu cuya furviaciou.ci>ii)ícqz«\ akuny.auuo la or^^aur/. ^ u (jue lia incnesler y que t on al.itiuia ¡a no le i-oradíficil K'-i. v:>[.is. tlasla a(pu eu lab urnab uo se i| adquirir, la revoluciou babea muarto, sc(^ cual fueie o! nond>re que lüinoó el d¡bfra?i cim que í»e oculle. -, So ha iü^^radu aclarar lo que, significan cierlos ni'iuhres,.se ha lo.urado «juilar disn fiaces; la nación ve ya las co- ' ' s comut suu en SI, \\ú al IraM'ij de Ci., is apa-; rienciaii: este es el primer pas4> que se lia-, bia de<lar en el cáramo del bien, y este |)a- üo está dadu ya. t Hay cierlos h<»n)bres á quienes la opinión publica acusa de inconsecuentes, y órta itkp, consccutincia se ha uuuiirL^lado eu las úlli- nub elecciones de una manera tan clara y, líuj palpable (jue juslilica plenamente el car- go (luc de mucho tiempo mUes se les dirigic^-» vq. Ilay cierlos hombres que en medio de siis ahudi's (ic I'I ( mlisujo > loleiaíicia sonacusa^ d(» i! • r (S é inloleranUís; y.cüa intole- laimuL } e^e i.>r>clusfvlsmo se han manifestado úlliuiaiiienle de (al:>uerte, 4|ue ha dañadU mutlusnn» a la cansa que se, proponiau sus-n teqerv Kl ¿íobicrno ha te-nido deH'nsorcs muy celosos por cierto, i)cro nuiy ¡joio atinados; hay;ir;ii M' ^ mas lemiblesque loti adversarkis.
(: i! Iralü de de rril)a r á los progren sislas o dü conteueííos,,. Ivá hoiijbí;cs á quie-n nf„< aludimos excitaron a los monárquicos (nie acudiesen á las urnas electorales, y; McTcndieroa contra los» projíresistas ^l dere-r; cho do aquellos á votar, y ponderaron la; conveniencia y la necesidad de qu*' este de-, recho se ejerciese, y cul|Miron Li intoíeran-. cia, y el esclusiv¡í;nm, y el falso liberalismoi de los ijue á el!o se oponían, y se honraron;' do su alianza coa los hombres adictos a. los, principios monánpiico-relij;¡osos, y los a ni t, marón á que despreci/iran l^^s diatribas fl(^ sus advei>,irios, y se mofaron de los apodos, de absolutistas, de reaccionarios, de carlis-f.
y. dijeron (¡ue el sistema representplivo; era sistema de mayorías, y que era prccisof, buscar estas mayorías donde e^sluviesen. y. (pie lodos, lodos los ciudadanos, cualesíiuie-, ra que fuftsen sus opiniones, podiaii acudir, á di^K>sitar su voto en las urn ial quO| renuiesen las condiciomís exi-i u.i^ uor la. icy;y les inculcamn á todos, a loiío^ww, la enlabiado uuis lucha que entre los jplÁgre.si>ta.s \ l<»s moderados; ahora aquellos se lian altstiMiido de volar, y sin cmbar^co ha continuado también la lucha; pero ha si- do entre hom!)res que, ó habían estado acord<;>, o solo habían resuello sus contien- das en el terreno dehts heclu)s.
Lu oposición al partido dominante se ha furinudo de la combinación de dos elemen- tos: la mavoría de los auliguos moderados que, uo deseando mas (|ue órdcn y buen $oi)¡eroo Si' han peuetiado piorundameiile de la niH csidaii de emprender otro camino muy diferente Uel que se lia sefíuido, y el parlidu monar(|uico. Esto indica la descom- ' ' mi del autifíuo partido moderado que 1. niicncia ha ejercidu desde iH'<i¿ y auuii apiirkion de otro enteramente nuevo.:><imetidu á cohdici<(Mies deheA>u()cidas hasta ah aM. Kii lu- oltiuios diez años si loH mou.tiqviK o.^.ii inih mn una tpie otra ve/, á l36 urnas fue, o |)ara derribar á los progre- siatati o para del«'ue.rlos: nuuca habían ))ro- ct'iIiilM (¡.' otra maii'.'ra que como jíimples - de los moderados, y esto en un orden Miuy secuuUario: oías ahora en. so alian/acou U)-» modenidos no p;írlamentarios, han obrado conformo a su» pi incipios; y si iiaii Iraiisi^Mdo eu al^o. ha sido tratando de if(ual a ij.;ual. nodo inferior á superior: han preudído Jos defeusore>> de la situación ac- tual, y si bien es verdad tpie al empeñarse en contrariar un hecho cuyas conw;i iieucias preveían, han procedido cou {>oc<) acierto, acr^íüuniaiido lo mismo que se proponían disminuir; su \erro ha dimanado de la im- presión en ellos causada |>or la aparición de ui adviM'sario con quien conocencuán díHcil leji s**rá medir sus fuerzas con esperanza 4Qjbuen resultado. Han clamado que ame- ■Btaba una reacción espantosa, y su misma ü.va^eraciou ha hecho une nadie ae asustara \m el peligro anuneiacío. Lo que podían de- cir, y con mucha verdad, era que el hecho do que se lamcnlaÍKiu \endi^ a iuaiar la re-* distinción, que asi lo hicieran, pues á ello | Al comparar épocas con épt€»9, j bMV éMaban obligados por uu imperioso deber, á i resaltar la-iuconsecueocia de ciertos hom^ ello liabia de impulsarlos un grande interés, U bres, indignación causa el verlos oifiáaém aal MI el de salvar el trono, la religión, la I de sos doctrinas, y lo fue iMn« á» 'fMfi sóóíedad entera. ¡Qih' mudanza tan profun- f prorediiuiíMilos, y loóo con km fir9imr a t¡tie da! ¡Qué inconsecuencia mas palpable! Ilom- || ¡tasma. Que esa Ifrescura, capas de pasmar.
bres que ayer |)odian y debían votar proca- rondo influir en ¡os neV"'^'"'^ púhüros como mejor entendiesen, hoy son liu liados, mo- tejados, porque quieiuu ejercer este dere- eho; hoy se escita á personas respetables á que manifiesten púI)!icainiMile (|ue no perte- necen a la opinión que las propone, a que rechacen una alianza (|ne se pinta poco me- nos que vergonaosa. ¿Dónde estanms? ¿Y asi se habla en nombre de la libertad v de la á nn periódico de la situaeiMi, la wonifaayi los hombres á quienes ataca, nada tendriK de cstrano, pues (juien sosliene hoy lo q«e sostuvo ayer j)ueUe hacerlo u cara descu- bierta, es'presandoee sin rodeos, manifes- tando lisa y linnatnente su opinión y que- dándose lue¿ío lan tranquilo y tan fresco...cumo decimos eu castellano; iu frescura que lío puede oonoebirsc es la de km hom^ l)res que rechazan lan desdeñosamente á toleraucia? ¿Asi, con un esclusivismo tan ji aquellos mismos cuyo auxilio invocaban po- reat y tan chocante se quiere ponderar un I co antes, de aquewM que entieadeñ'Bu cselusirísmo imaginario? ¿ Asi. en nombre | beralismo éol modo eíguianle: «quina ne de la paz y de la tranquilidad de España en!' pi<'n<a y nn olira como el porvenir, se fomenta y ali¿a la discordia? J| anar(|uista o uu necio.» ¿Asi en nombre de un sistema de mayorías se quiere perpetuar el monopolio? ¿.\si en nombre de la ÍL;iialdad se quiere que un inmenso numero de españoles dejen de con- tarse como tales, y no puechin ejercer nin- gún derecho j)olíli( o, á no ser que sacriíi- qoen sus convicciones mas íntimas, ú no ser qne se constituyan en instrumentos de quien si le sirven los halaga, sí no le sirven lea insulta?
Nu,no es culpable en esta parte la in- mensa mayoría del partido moderadk); no, no quiere ni querer puede echar airfire sí la responsabilidad de lanía inconseruencia, de tanto esclusivismo. de tanta intolerancia: y al oír que se rechaza con tanto horror la alianza con los ahsolnlistas. que se declama contra las reacciones, que se aíío'.an los apo- dos, que se derraman con tant<i abundancia Kos dictados de fanáticos. faribi>ndns, apostó- licos, teocráticns, absolutistas, carlislns, reacnoeaint es 6 «» Mal sistema, malísimo etstéma para defc»" dcr una sitnacion el de herirían desapiada- damente el amor propio de {rrandes partidos, et pintar a sus hombres como de eseaso va- ler, ya que se alirma que no pueden «Kiraep con ellos hombres de nnicho valer; malo, nialisimo sistema que desacredita á la situa- ción en cuya defensa se emplea, dado que no suelen usarlo sino los partidos moribun- dos y las situaciones dese^^peradas; malo, malísimo sistema (^ue nos recuerda otras épocas y otros caanhioa; tristes monuflaentan de la vanidad de los peoaanientos del hom- bre de la cortedad de su previsión y di lt instabilidad de las cosas bimanas. - ' Para desacreditar al partido que se ha presentado á luchar en la arena electoral ¡ liasta se ha (pierido alarmará los sostenedo- res del trono de Isabel, manifestando que hw tendencias de ese movimiento á nada menos se dirijrian que á volearle. Ks cierto cionarios, iguoruolcs, contrarios al espíritu i que en ios programas publicados no se ha del siglo, incapaces de aprender ni deotvi- I visto una sera palabra qua indicase fiemen dar, amantes oel -detpotismo, de la inquisi- i jante designio; es cierto que en las candida clon, de las persecuciones de todas clases; |¡ tura^^ monárquicas han (igurado hombres de al uirquc estos dictados se acumulan, y que lan tinosos y fieros se echan contra lo cfueise apellida >T/r«mo; al oir todo esto, repetimos, les ha d ' ocurrir por necesidad (jue hace muy poco tiempo se les apellidul»a a ellos fvfhl{irado«jovellanislas,y lo que es todavía muchos compromisos por el trono de is»^ bel 11; eaeierto que la sHuecinn ne permito- ni aun soiar en un aconiecimiento semejan- te; es rierto que no hay un hombre armado en contra de Isabel 11, pero todo esto, ¿.qu^ importa? Basta qne se nayan defendido oo» peor, horrorícense nuestros lectores, aliados ¡ calor los principios monárquicos y relifriosoiíl con los carlistas, llamándolos cario-moík'- U basta que se hayau manifestado algunos d#-* nioi, carhy-crktittos. ' seaa de wi inéglo quefneilitaae Hi'nei i'ilíacion (lo lodos los empanóles, para que se di¿:a «jue el trono do Isabel esla en pt-li- pro, y que se provoca una reacción eu (]ue hahria de hundirse. Feii/nienlc el trono sa- be lo que puede es|M«rar d(! la revíducion y de sus parlidarios; sahe los electos <|ue le produce el apoNodelos hombres que no quieren estribar en los dos ||?randes princi- pios, única esperanza de salvación para la España: la religión y la monan|ula; sabe lo que valen er» boca de ciertos hombres las palabras de ¡ÜM-rlad y de patriotisnio, y lo ísabe por esperiencia, bien costosa por cier- to. Han trascurrido cerca de doce níios desde se habian distinguido á fa cabeza de tos ejércitos, y que se despojase á la Iglesia de sus propiedades, que amenazase el cisma, que se trastornase toda nuestra legislación, y no se respetasen las instiluci )iies, obra de largos siglos; y tuvo que sulrir la ingra- titud de un soldado, que oo contento con imponer al gobierno la ley por espacio de largo tiempo, se mancomunó con los hom- bres de la revolución para despojar de la regencia y arrojar á pai^es estraños ¿ la misma IN mcesa que en 1 839 lei^ abrie- ra las puertas de la patria, levantándo- los después del polvo en que yacían y lleque la Reina Cristina, entonces reixentepor nandolos de honores, de condecoraciones y la enrermedad de Fernando, concedióla mas de emplos; y para colmar la mvd.da, des- aai|)!ia amuisUa (|ue jamas concedieran los pues de baher sido despojada de In tutela reyes, halagándose en el decretoaun áa(pie- ' de.sus escelsas llijas, después de haber vis- lius mismos que no podían ser comprendidos \ lo ultrajada su memoria y |>oco menos que eaél, pues >e maiiilcslaba el pesar de ha- i prohibido el mentar su nombre, y cnrndo ber de cscepliiar a los «lue h;ibian tenido la, se podía ya lisonjear con la esperanza á» desgracia de lirmar la destitución del rey en que los desmanes habían llegado ya á su Sevilla. No cabe espresarse en lenguaje mas I tt'rmmo arrojado del suelo es[)añol el c\-re- clemente, o mejor diremos mas humilde; no gente, tt)davia le llegó la noticia infausta de cabía lisonjear mas cumjilidamente a los de- que su escelsa Hija. Reina, y Reina niña ;os del último periodo de la época de trece años, había sufrido en su misma cámara un gravísimo desacato del presiden- te de su cíiiisejo de ministros, y que al re- ferir ella, la Reina, la Reina misma. lo que le babia sucedido, al dar cuenta de clloá las Cortes y á la nación, se ponían en duda sus palabras, mejor diremos,.se aseguraba que eran una impostura, una calumnia. Es- tíos son los frutos (pie ha producido al trono el halagar á la revolución: estas lecciones son duras, y siéndolo no pueden ser perdi- diLs; y perdidas fueran si se diesen oídos á los que declaman sin cesar contra los mo- nárquicos y religiosos, á los que se propo- nen espan!ar con el fanlasina de reacciones imposiides, á los que se empeñan en maar tener al trono separado de los únicos (irincí- pios que pueden apoyarle y defenderle.
Decís que el trono de Isabel esta coi rien- do peligros, y por desgracia decís una ver- dad harto evidente, solo que esos peligros vienen de la parle directamente opuesta a la (pie vosotras señaláis; vienen, no de los hombres monárquicos y religiosos, sínodo esa revolución ipie vosotros anatemalizíiis también, al paso que con incomprensible in- consecuencia defendéis los principios que le dan vida y los intereses que la fortalecen, halagáis las pasiones que le comunican alien- to y brio. Vuestras palabras, que parecen dc- 7C 7C ronslitucioual; no cabía escusar mas honda dusamenle el celo por la libertad: ¿y qué frutos recogió la augusta señora (pie li'rmaba el decreto?.\ poco de la muerte del monar- ca, lejos de encontrar el apoyo que esperar debia en amparo de su viudez,.se hallo coa exigencias a las ((ue le fue preciso ce- der, y en pos de unas vinieron otras, y luego otras mayores, V tuvo (pie contemplar desde su palacio el desenfreno de la aiiar- «' I. y la profanación de los templos, y el mío dj Ifís ministros del S^;MV)r, y rc- nrse i\ sufrir un día y otro día el lengua- je allanen) con (pie se hablaba al trono asi e« k prensa como en la tribuna, y tuvo que mirar cómo se iba encrespando la tormenla revolucionaria, y como sus oleadas batían ios muros del régio alcázar; y tuvo que oir cóinocaian las puertas, y como una solda- desca desbocada hacia resonar con dest.'lu- plados gritos los salones del palacio, verla {)eoetrar hasta la misma cámara, y con inaudita avilantez exigir un decretó á la viuda de un rey, ñ la madre de una Reina; y tuvo que resignarse á sufrir que la revolu- fiK» se desencadenase con mas furor ipic QQQca, y que entímces como antes cavcran leales servidores victimas de puñal ale- i >■*. y que pereciesen los generales (juc ma« ■ ííir álaftema: * Señora, ruestro tmao está i»h peligro si no se resjN'lan los interiíscs creados por ki rcroliicioa, si no se conscr- féú "éa todfl'Sü purer.», sm menoscabo ée { niniíunn rh>(*, Ins íoriiins rovohicionarias, ] si se ( oncc'fle p.irlictpacioQ en el gobierao a los hombres (pip no quieren Iransigit' ton «Ma y q^e se 'iiroponeiv matarla de una ¡ opírnieiido la venliíl ni error, lu lealtad á la í desiealtad, la rraociucza á lá hipocresía, la i fostloia ií'h tnjustieia, Ir hccíod de un g<v- {i bierno'fn Tle y templado á las alternativns t\\} (l '^|)otim() y de anarqnín, '1 bien (>odrian I tra(luLir.«ie de otra manera, diciendo: «Se- flora, cobijad ron mestro regio manto á la hit!r;i n»volucionar¡a, á t""?!! Iiidrii <|iie ¡nsiilta lodos los dias la nicnmria de vuestro aujíuslo l padre. fpi!» condenó al osli-acismo á vuestra E atiiiusta niadrc, (pie ha (lei ribado é incen- 1' tliado los I 'Miplo^. qiu' (leí^nllnfln <i fns 8¿N:eR'«k>lcs, que ha echado por el suelo las j tns^tttcionés mas vvfiérandas, que ha Inñn- do' el suefio <le vuestra cuna nm alarido*? tifula?r«, fjtM» en vucjílra infancia y orfan-! dad os condenó al mas triste désampaio ¡ liálciiéikdÉos 'derrámaf - Ainarcrai) lái^rímaV, y <[Uf ni prinririio fli' vno^^'o rí^iiia lt»!ii/ ^ (¡u ' se os falt^'tra al acatatnientn detiido a la nin- geslad, T se nesgara la le a la rési.i ])alabra^ ^ é'esa Mtfra <fiiéf ha sembrado la ilis urdía en ¡' vuestms puehiov, qne los miinM i: in niif- los y desa^e^dos, recordando con dolor ' lód ¿asidos lícíHistres, y temblando á la rk'- \ tt oe un neiíru porvenir. « j Esa hidra no puede vivir en España el día t|ue el IroDo la arroje lek)s de si; y el trono, ^aettb' hacerlo. |M>rqne6P4w»idesróantetadb 11 y ennaC|iiecid'.>. cotKcrvnt'^dn'.ia mucha fuer« 7.a, fuíT/a ((ue sa<'a las «mvicciones y *eniiüiiehlai5 de lainnuMisa mayoría del pne» ¡ tto tfBpañal, de las idea<í n trgiíkait dominan^! ■tes en nue«;írn FnriiMliid. de los recuerdos i' de nuestra gloria.y grandeza, de esa gran- 1 dOM, y glorías Bimhólnad»!* en la soblnnc I inútil tinoi) rodeada de la> augustas sombras j de h)^ M ansos, de los FeiiiaDduavdo k» j Carlos y Felipes. ■. 1 SOBM LÜS BMES m GIMO...llladñilllitat»ileiDWe4» lin.
Kl fíeratdc m su número del '1 4 del oei^ ' riente se empeila en dem í>trar (pie m» exis- te coulradiccion algima entre sus doctrinas actuales y las sustentadas en el Corrm ffih • ciondl con respoí lo á l<is bienes de! clero stH ular, y ¡irociiia siiuerarse del cargo que rcbuila del arltciilu que insertamos en el u«- inero:34 de nuestro periódico, por el cualac ve que el parlulii moderado ilerlaró que ja- mas miraria como ua hecho consumado ai des{)ojo del patrimonio de tas catedrales; parroquiales y colegiatas del roino. (^onfesa- mw iagénuamente, que habiendo leído cm mucha aleación la defensa del Heraldo, no kemos podido alcanzar e&mo lo^ni sil ofajélo: si mal no hemos comprendido al ilustrado articulista, todo cuanto al:\ea en sn def.msa se reduce á que el. artículo en cue^iou no era mas que* una «jiMMatf; «ereimea 4% imestro dclier, dir é, njviiner una ammrtM como dique ai torrente devafelodor de ias pasiones ¡"evolueíonarias^ » pero que en l4 sitoaeton artual a la uicHiida qué antes pudo ser rppnradorn licvaria un sello odii;so c in- deleble de reaidon y de violento despojo.» A esta contestHcion nosotros reptieareeoot ln siguiente.
I'J forren.Vfffff),»»^/, cuando decía en uuuilHc del partido nMvler<id«> lo que aos- btros hemos recordado ¿decta lo que pensaba, ó n:>? ¿ l!al)!a!)a t on fonoeimiento (J<^ la opi- nión (lelos hoiidncs de su partido, O no? ¿ lü.stalKi autorizado mnx la declaración, 4 no? La honrade/. y la cabUlerosidad-dé IM redacton's del IhraUlo no permiten sospo* chiir, ni de que hablasen contra lo que pen*- sahan, ni dé que tomasen el nombre vn partido sin estar autorizados de la manera que cm prisi!>le n ni únenos'?tn e^far «sirguro* de que tallera la opiiuon de su inmensa ma- yona.'Ahora bien: ¿ tenemos nnsolrdwla mñf pa de que nos haya parecido al:!0 mas que una >;imp!e nmr-uftza una de^larficion tan soleinoe concebida en térnuiics tau clatios; tan «spiicit(% V tan enér^rcéo como la sigaNMi* le? «Ochemos advertir que c\ farfiih rox- serpador, si llega eornenao-el tiempr» al po^ der.v al ipas^que pjtteurará hacei ra<ioi|ocer y legalizar pflifift eorteé» IIiiém ta éüagmiacion de los bienes de los reculares, jamás reconocerá ni sancionará el deajH) jo del palri- motuo de ios caíedrales, ¡Mrroqutas y cole- ^tttÍ9B dM fWM0f MNIM WftfÚfÚ COIIM ttfl hf^ mo consumado un acto do ira, de rencor, de vengaQ7,a, como el que se va a roineler; no se -creerá Hilado por ningún miramiento a iM^lar lo que abora declara en la IbnM 4|iie puede, ilegal, espoliador, marcado €81 •Í|mU<I d« la^miu» dura ¡/ mdente usurpaeicm w3lqM^« Méslni la colpa ai conai- aeramos como algo mas que -omi aiaiple amenaza lo que se decía á los que rotMju uteUcraa sus iatcrcsesen la compra de ios MaÉW da la ifdeaiai dejará de ser. posible que un gohicnw monárquico vuelrn n regir en España, ú la iniquidad (fue se intenta Uiidrá su del/ida rcporaiioii.» Yes preciso adTeitir, qve con «- > is palabras se habla del hecho en la suposición (le hahri'-i' consuma- do, uo de la simple formación de la ley de despojo: abierta y terminaotemcule se ana- dia que fot e&mpiices del dttftfo^ mat tefdf ó mas fnnprnmi, temlrim qm rmp(mÍ9r eon dmo de sus intereses.
•■ - Juzgue el publieo«doiide TanDos á parar si te admite ol principio de que se pueden ba- (■(■I (ii'clar.u-iones s 'mojantes, y fiie.íro pres- cindir de ellas diciendo que esto era una ■■iiawB. látanos sep^uros r|ue loa iluatra- dos reiiíictores del Heraldo no han advertido las fíiiieslas consecuencias de la es|)licacion que acaban de dar. ¿Que sería entonces de idiTiitaidad, de te noralidad, ai quien diee no rfcnnocerr, no savciotiarr, nunca, por m»gun miraiiúento, lo que se hace; esto es ^'mt énpojo, at «m tin^Mliiil; h» eántjpiieM $erán retpmtíaUes con daño de stu intereses, puede después salir diciendo rino sostendrá ton todas sus fuerzas loque antes < ondoná- y que te ieceaeoe y aaneiona. y míe el deshacer lo que antes llamaba iniquidad lle- varía un sello odioso é indeleble de reacción jr de violenlí) despojo?; Y aquí se aíirma que no hay contradicción? ¿Y sé eree haber resuelto toda ■ l i- dilicultndos res|)ondiendo que esto era anunaga? Medítenlo los redac- tores del Heraldo.
f. •id cabo de tres alM, dioe el citado pe- riódico. seWa preciso trastornar tantas ibr- tuuas logiümas, e inquietar á un núinoro tan iaiiiiilraWe de pawederes legalesi...:..»
¿Cómo es posible que llame legal y legitimo Ufmimm ipaMidiw dH|ü^^ tmtmM, 1-