iré (fchifitamlq, á caosn del gérinen de imierlo (|uc eulrafia eri su seno; pero en España es inaplicable, eiuiienlra siempre resistencia; y si hubiera empeño en se^iirla, no baria mas «pie |)rnlonírar nuestra inquie- tud y desdichas. En ciertas épocas hemos visto cjue el sistema moderado podia formu- larse en eslos términos: esto es bueno \wro no oportaito: y la f;encralidad de la nación que pensaba cpic ni era oportuno ni era bue- no, oía con recelo semejantes |>alabras, y miraba á los moderados con aversión, ó cuando menos citn suspicaz desconfianza.
Si estos hombres quieren dominar el por- venir de la nación, si (juieren que ííc les en- comiende el curar los males de nuestra pa- tria y labrar su prosperidad y ventura, es menester (jue se despojen completamente de las preocupaciones que les inspiraron sus primeros maestros; preocupaciones que los cieí;an todavía, aun cuando les parece que han abandonado enteramente la enseñanza recibida en la escuela del si^do XVdl. Es menester que no muestren tanto apeí,'o á sus primeros recuerdos, tanto interés por ciertos principios, tanta esquivez hacia lo que á es- tos nrincipios se opone; y que examinen con cuidado su corazón, para ver si quizá algu- nas veces, obedecerá á la influencia de an- tiguos rencores, fomenlado.s y airriados mas y mas por las privacicmes y padecimientos que Ies lian acarreado las vicisitudes polí- ticas.
No bastan ya, no, esos sistemas indecisos y flacos, que' no jKirece sino que tratando transipr con Fas ¡lasiones de todos los ban- dos, V que al fin no consiguen otra cosa que ser odiados de todos, viéndose en la necesi- dad de sucumbir al primer choque: ¿tantas y tan costosas esperiencias no pueden ya haber desengañado? Los escesos de la revolución le han enajenado muchas voluntades, y han ido separando de la lista de sus fautores á todos los hombn's mas notables por sus ta- lentos, por su saber v demás calidades; únanse de una vez con franqueza, con ente- ra cordialidad á la nación esj)añola, abandó- nese ese leníiuaje irritante, «pie sea cual fuere el comedimiento con que venia involu- crado, al fin podia traducirse: respeto tu reli- ijion fxtrquf conozco nue eres un fanático; no íe doy mas (¡railos de libertad porque erex brutal y abusarías de ella; muéstrese mas respeto á las creencias de ese pueblo,Jrel¡gio- so, sí. católico, sí, 'ppro noble, pero prande, pero írei9>f(>^?) f hnVa'pe^tíriffa^ de (Jtie no se erií^irá en derecho la injusticia, que en lugar de la libertad no se {)ondi-á la licencia, que con mil vanos preleslos no se falsearán las instituciones; llámese bien al bien, y mal al . mal; y esto sin [mlialivos ni rodeos, y a I bueii sej^iro qne no es ingrata la nacton es- pañola [lara no reconocer los beneficios, no es tan poco entendida que no alcance á dís- I tiufíuir el verdadero mérito, ni tan falta de hidalguía, que no (juiera tributarle la con- CAPITULO XIV. " No hay otro medio: los hombres que han de gobernar la nación, es menester que res- ¡Kiten allamiMite los principios <pie ella res- jícta; de otra manera no hay que esperar re- medio á nuestros males. Cuando una nación ha estado por largo tiempo esclusivamenle sujeta á la influencia de algún principio, llé- vale siempre gralwdo en el corazón, y espre- sado en su fisonomía; así como un individuo aiwnas puede despojai'se en toda su vida, de II las ideas, coslumures y modales que se le ' han cimiunicado en ta uifancia. El principio niimárquica, y aun mas el católico, han te- nido por largo tiempo bajo su influencia a la nación española; y hú aquí la razón de la I gran fuerza que tíeiien en España eslos dos principios; he aquí por(|uéhan sobrevivido á tantos trastornos, por (lué han resistido á tantos elementos disolventes como los han atacado; hé a({uí por liii, la causa de que j después de siete años de la mas deshecha borrasca, cuando parece que ambos debie- ; ran haber naufragado y descendido al fondo del abismo, vuelven a presentarse lodavúi sobre la superficie del piclago la monarquía i V la Religión católica, ofreciendo una líibla üe salvación, y consotando el alma con li- sonjeras esperanzas. Observad sí no, el curso de las ideas, escuchad esa voz (|ue se levanta por los cuatro ángulos de la Pcuíusu- la, para (]ue se robustezca sin deplora el i (1) Skle aúofi liuii traücurridu tjuiulü qw hv eMTibió t'jtW capiUilu; ol parlido iiiuiierudu &o ha [ visto cii la (ii.'.sj{nu-ia y eii ia pru.sporidail: el públi- ; 00.salM» lo (iiic arrojan los irtIios; ji'i/^riifse iior I ellos ^ * " '•{'•"" Hi'- i-í., {Ktder, para que nada pierda el trono dtt esnlcudur y nia¿t»'hlad, para (|ue se respete la Keligioii Católica, |>ara que se asegure la subsistencia ¿ «us ministros y no se les dis- puten las consideraciones y la veneración, que por su alto niinislerio les son debidas. ¿Que si^nilica todo eso, sino que vuelven á tomar su ascendiente a(piellos mismos prin- cipios, que aun cuando parecieran casi aho- gados por el torl)ellino de las |>asiones y partidos, couservahan no obstante su vida ea el fondo de los corazones, único asilo (juc les haltia quedado? Isslos dos pruicipios son como los dos (k>1os, en torno de los cuales debe ^'irar la nación española. Si se la saca de aquí, sera sacarla Je su quicio; yerro tantu menos |>erdoual)le, cuando se reúnen para prevenirle las lecciones de nuestra historia, y de bien reciente y dolo- rosi cspericncia. ' . Admitida como ha de serlo por los hom- bres de todas opiniones, la fuer/a que en España tienen los dos princi|)io.s. el monár- quico y el relifíiaso, conviene notar ademas, que el rellgiaso escede mucho al monarquicu en tirinexa y oncrpia. Ksla diferencia (pie potlria ya esplicarse aleudiciido solo a los objetos sobre que versan esos principios, y a las relaciones que tienen con el corazón bumnno. Túndase con res|)ecto a España en h»-'ch<» propios y característicos. La Keli.uion Católica ha sido desde Recaredo la única re- ligión de los españoles, y bajo su principal y casi esclusiva inHuencia, se han formado ■aestras ideas, nuestros hábitos, uuestras ooslnnibrcs, nuestras instituciones, nuestras leyes: en una palabra, todo cuanto tenemos, V lodo cuanto somos. Asi es que en Kspafia las únicas ideas religiosas son las católicas, los únicos.sentimientos religiosos son los ca- tólicos, y (jue el principio católico es fuerte, enérgico, esclusivo, incapaz de ceder terre- no á ninguno de sus adversarios. En España DO hay como en otras naciones aipiel senti- miento medio religioso, medio iilosohco y blerario, (pie se alimenta de las vaguedades del pn)testantismo, y de las inspiraciones de la lilosofia, y rpic no esperimeiilando ni choípies, ni resistencia, y acercándose ya de süvo al frió indiferentismo. carece de sus- yitaeia. romo de calor y de fuerza. En Es- ft^9 hay convicciones católicas muy vigoro- sas, sentimientos católicos muy pi-ofiindos; ¥rnmo ademas la introducción repentina de ía tiiotoÚlnát Volt^iire hizo ipie se brillasen * encaradas de golpe, sin ningún preservativo, la Keligion Católica y la impiedad, ha resul- tado que entre nosotros los sentimientos ca- tólicos.son recelosos, suspicaces, se alarman con mucha facilidad, ])or(|ue se les ha dado ¡ demasiado motivo para hacerlo.
I Es menester no perder nunca de vista esas verdades, pues que ellas indican que I por lo que toca a materias religiosas no cabe en España transacción, sino que es menes- ter que el Catolicismo sea respetado y aca- tado en toda la estension de la palabra. No se vcrilica lo mismo con res|)ecto a la forma I de la monar(}uia; pues (jue si bien es verdad que el principio moiiiirquico es muv robusto en España, y que aun tomado cu el sentido absoluto, no deja de tener, comoescvidea- tc, numerosos partidarios; sin eml)argo no me parece que liaya cuesta parte tanta fije- za (le ideas, tanto apego á determinadas forj Días, (|ue la generalidad de los esi^añoles oo se acomodase de buen grado a las institucio- nes políticas que han sido combatidas con tantii tenacidad. 1^ pre|>onderancia del priu cipio religioso sobre el monárquico no se es- trañará, si.se observa que este no se ha pre- sentado híijo la misma íorma en todos los I periodos de nuesini historia, ni en todas las provincias de cuya agregación se ha forma- do el reino. I^s leyes de Castilla, de.Na- varra, de Aragón, de Valencia, de Cataluña, \ las colecciones de fueros, privilegios y liber- tades; la memoria de sucesos ruido.sos, los I restos bastante notables de antiguos usos, recuerdan todavía á los españoles, que b I monanpiia no ha sido siempre entre nosotros tan absoluta é ilimitada como en tiein|)o de Carlos III..No nei:are (|ue la monarquía ab- soluta estuviera profundamente arraigada, y que los hábitos de la nación se le hubie- sen completamente acomodado: observa- ré no obstante. que bastarf)n las escandalo- sas escenas del reinado de Carlos IV para que el pueblo esfKiñol esruchase sin alarmar- ' se mucho, al principio de la gaerra de la in- dependencia, que era conveniente poner cortapisas á la autoridad del poder supremo, para (pie no abusase de su fuerza en contra de los verdaderos intereses de la nación: y i tengo |)am mi, (|ne si los hombres del año doce se hubieran ronvenrido, (pie la narion española estalxi fatigada de la tiranía de los privados, pero que no (jueria en cambio la tiranía Hlos<Wica, ron toüdn el séquito de hiit teorías descahelladaí de la escuela del «- ídtí XMIl y de hi asamblea constituyente, no hul)ii>raii encontrado tan tenaz resisten- cia. ni hubiéramos visto nuestra desgraciada natria ant>gada en un piélago de sangre y de lágrimas.
Allí está c! origen de nuestros males: en esc muro de división que se ha levantado entre la religión y la política, en haberse he- dió el nombre de novedad sinóninu) de irre- ligión, el de reforma sinónimo de destruc- ción, el de libertad de licencia: y este pue- blo grande y geniToso, que á pesar de ser motejado de bárkiro [)()r miserables hablado- res que no son capaces de conocerle, con- serva un fondo de nobleza que pocas nacio- Bes sabrian imitar, ha dicho ya mas de una : «si queréis la lik'rlad, si queréis nue- vas instituciones políticas, enhorabuena, hágase lo que se juzgue conveniente; pero si me engañáis < onozco u)i fui-rza y sabré emplearla;» palabras terribles en l)oca de un pueblo como el español, <|ue tiene tan vivo sentimiento de su fuerza, y que salie echar mano de ella con tanto brio y energía, con . ten heroica constancia. Yo no se si se ha re- parado en (jue este pueblo, á quien algunos han querido pintarnos tan indiferente, tan a|>!'itic^ y t<in al>atido, es sin embargo el mas terriblemente tenaz é indócil, cuando.se le quiere nianejar contra su voluntad, cuando se le quiere imponer la ley a la fuerza.
Tocos los grandes ejércitos, todos los in- mensos recursos, toda la habilidad y astucia del capitán del siglo se estrellaron contra la firmeza y heroisnm de los españoles. Las grandes naciones de Europa, esas naciones tan brillantes y poderosas habían doblado humildemente su cerviz y lateuiiin humillada bajo la planta del vencedor de Marengo, Austerlitz v.lena; y los bisoños soldados es- iañoles peleaban impertérritos con los vete- ranos imperiales «pie venían orlados con los trofeos de la Europa vencida; y cuando las grandes capitales de Europa y sus mas ¡nes- mignnbles fortalezas se habían humillado ante los ejércitos franceses, contemplando sus triunfantes entradas con asombro y es[>anto, Zaragoza, Tarragona y (lerona burlaban con «u constancia y denuedo todos los esfuerzos del \alor, de la esperiencia y del arte. Nadie ignora cuáles eran las granríes ideas que pu- sieron á la.sazón en movimiento al pueblo español: Religión, Patria y liey; hé aquí las palabras que circulaban por todas las bo- cas, hé aquí lo que resonaba en todas partes, lo que se aclamaba en el combate, lo (jue se oía en los himnos de victoria, lo que daba aliento y esperanza en la adversa fortuna; b¿ aquí lo que comunicaba á los españoles aquel brio y energía (|ue les grangeó la admiración de la Europa entera.
Cuando los pueblos están dominados de ¡deas tan grandiosas, ad(|uieren aquel tem- ple de alma necesario para sñWr airosos de las may ores empresas. Como ¡deas semejan- tes se ügan con todo lo mas caro que tiene el corazón del hond)re, y con cuanto le ¡ns- p¡ra nwis veneración y acatamiento; la acción que de ellas resulta es ¡rres¡st¡ble, duradera, tenaz, á la prueba del t¡empo: y s¡ ha lle- gado a encrudecerse con el cí»mbate, es me- nester ores|H'tar las ¡deas del pueblo. ó ani- quilarle. Los cho(|ues vivos, la compresión lenta y po<lerosa no conseguirán mas que aumentar la fuerza y elasticidad del resorte; este gastará siempre el agente que le con- traresla, y sí una mano ¡nqirudente se le opone de golpe para detenerle del todo, es- ta mano será hectw pedazos.
CAPITULO XV.
CAPITULO XV.
En medi(» de la grande actividad v energía que distingue el carácter español, notase con dolor que hay una inmensa masa de ciu- dadanos que.se abstienen de tomar parteen los negíR'ios públicos, limitándose a ccmiuni- car sus ideas y de.-^ahogar sus sentimientos en el seim de la amistad y de la contianza. Para convencerse de la verdad de este he- cho, iKista recordar lo que suc^íde cas¡ s¡ení- pre en toda clase de elecc¡ones. No negaré que esta conducta liaya acarreado gravísi- mos males; pero no me parece (pie deba buscarse la causa de tal comportamiento en algún defecto del carácter español; antes sí en las circunstancias particulares en «jue se ha encontrado nuestra patria.
Desde que sucumb¡eron la." comun¡dades de Cast¡lla en los campos de V¡lialar, escasa parte cupo por mucho t¡em|)o á la nac¡on es- pañola en el manejo de sus negoc¡os. Arro- jados de las Corles el clero y la nobleza, falseada ó niejor diremos ani<piilada de mil modos la representación de los l*ro< uradores, cercenadas, escatimadas ú olvidadas por el desuso las ámplias lil)ertades de los pueblos de la Corona de Aragón, concentráronse todo6 los poderes en el consejo de los reyes, sin que \ior lar^u esparto cuidase la oacioD de otra cosa que de oljedecer. Vino ei año doce, é inlrodujéroDse ias fonnas represen- tativas; y conio estas se amoldaron entera- mente á la eonslitueioD compuesta por la Mmblea constituyente, fue todo tan nuevn para el pueblo esfuiñol, que en su generali- dad a|^>enas tomo, ni tomar pudo parte alguna. En treinta años' de f;uerras, distur- bios y re\'iiellas, son ya muy repetidos y sobrado costosos los escarmientos sufridos por los liomhres que se arrojaron á íijíu- rar en uno u otro sentido: unas reaccio- nes se ban sucedido á otras reacciones; unas violencias á otras violencias: y tantas emigraciones, persecuciones y [xatibulos lian do[)ido dejar en los ánimos una impresión profunda.
No habiéndose visto en toda esa é|)Oca nin^'un fíobierno que contase con estabilidad V limieza, piies que basta en los interva- los de paz, aun se mantenía la actitud de quiep siente temblar la tierra bajo sus plantas, ba debido cundir entre cuantos tuviesen algo (|ue perder, cierto espíritu de concentración dirifiido esclusivamente á la conservación de sus íaniilias e intereses; resultando de aqui esa aversión á figurar en público, ne miedo que se tiene á los com- promisos ¡lolilicos, y esc aislamiento en que se hallan unos con respecto á otros tantos ciudadanos, que por otra parte están muy acordes en sus opiniones.
Para (pie los hombres se reúnan es menes- ter un punto de reunión, una enseña que los guie, un nombre que les sirva de seña, ' una cabeza inteli¿.'ente que plantee y dirija ' la organización, y una mano robusta capaz de empuñar la bandera, de cnarbolarla v de marchar con resolución á su destino, fodo esto lo ban tenido los partidos, pero no la nacioD; é inclinándose ahora á unos y des- pués á otros, se ha visto al fin burlada de lodos; sin que ninguno de ellos haya sido capaz ni de hacer su dicha. ni de ciirar sus ■•les, ni siquiera de asegurarle sosiego.
Qui'janse alfrunos de (pie no haya en Es- paña entusiasnH) jK)r la liÍM>rtad, de «me una parte del pueblo la combata, y otra la mire con indiferencia; y esta cantinela se repite sin cesar, mayormente en tiem|)o de elec- ÓQKb; pero dslM'ria reflexionarse que los poeblos no pueden amar aquello que no les pnpMMM jMMiieioé; y no beneficios imaginarios y de palabra. sino reales y positi- vos. Y pregunto yo: ¿cuáles son hasta ahora I los bcneticios que nos ha traido la libertad? ' Fuera de desear que se nos señalase uno I solo diciéndonos: «al pueblo se le ha alivia- ' do de tal ó cual carga, tal ramo de industria ó de comercio ba progresado, tal ciencia ha dado algunos pasos, tal institución ó esta- blecimiento publico ba recibido considera- I bles uíejoras:» yo creo oue nadie podra de- I cimoslo, y asi es que no ha de parecer eslra* 1^ ño (|ue el pueblo esjuiñol no se tome por las nuevas formas iioliticas el interés que algu- nos quisieran. Si las Cortes no ban de ser ij otra cosa que una arena donde luchen la am- i bicion y demás pasiones; 6 cuando mas un ¡ íiceo donde ostenten sus talentos y sal)er al- gunos oradores ilustres, sin que de tanto ' aparato descienda hasta los pueblos una sola gota de provecho; bien claro es que todos los hondires (|ue no estuviesen interesados j en figurar diñan para si: ¿de qué sirve lodo eso? Si yo pago como antes, si yo trabajo como antes, si ademas hallo menos protec- 1 cion para mis intereses, atendidas las re- j vueltas ipie han sobrevenido cada vez que se ha tratado de lil>ertad. ¿oué gano yo con ella? ¿por qué tengo que hacer costosos sacrilicios para alcanzarla, si veo que en vez de dárseme lik^rtad verdadera no se me dá mas que un nombre?
Si no se consigue á fuerza de cordura y sabiduría inspirar la confianza necesaria para (jue desaparezca ese indiferentismo, no hay esperanza de ventura para esta desgraciada nación. La razón es clara: las institución nes vigentes son instituciones de represen*^ tacion, instituciones cuyo objeto es dar a la inteligencia y á la voluntad de la nación una influencia en los negocios públicos: mien-* tras dure el indiferentismo no tomanin parle en las elecciones una gran i>arle de los es- pañoles, ó al menos lo harán con flojedad, con indiferencia, solo por condescenderá los ruegos c instancias de algunos importunos.. En tal caso estará una gran ¡>arle cíe los es- pañoles sin ser representados, ni en I04 avuntamientos, ni en las diputaciones pro- vinciales, ni en las cortes; es decir, que te- niendo por la ley un gobierno de mayorías» en la práctica lo tendremos de minorías. X I siendo gol)ernada la nación de un modo tan I in-egular, ¿(pié [wdremos prometernos de I bueno? En tiem|K) de elecciones, cuando se quiere conocer el desarrollo que va teniendo el esjrfritu electoral, se echa mano de un me- dio que, a ini juicio, puede inducirá equi- vocaciones muy ¿¡raves: el medio consiste en contar el numero de electores que han lo- mado |)arle en la elección, inliriendo (|ue la elección es tanto mas íícnuiiui cuanto mayor es el número de electores <|ue han usado d»' su dereclK). No diré que sea este uu baró- metro inútil; pero si que su manejo recjuirre al^'unas consulcraciones »|ue no se pueden olvidar, sopeña de que los resultados saldan muv diferentes de la re^ilida»!. Pueden darse ciertas circunstancias en (|ue un partido de.s- pliejíue una grande actividad, y (|ue |)ara alcanzar victoria, inste vivamente a la masíi de r¡udadan(>s indiferentes; y lleiíue a ol>- tener (|ue estos, o ponpie necesiten protec- ción a causa de las circunstancias del tiem- po, ó por pura condescendencia, se dejen como arrastrar hasta la urna para echar alh una lista que se les ha iMitreiíado, pero (jue ellos no han leido ni consultado tamjKico con los hombres n'|»resiM)lantes de la opinión a que los votantes |)erlenecen. Cuando esto se veriííque, el número de votos será crecido; y sm embargo el pais no estará representa- do, porque los votos se habrán dado sin con- vicción, sin voluntad, sin c^)nocimiento si- quiera. Dcberia atenderse al numen» de votos, sí, pero no aisladamente, sino que de- berían llevarse en cuenta las circunstancias cu que se encuentra el pais; de otra manera no se podrá formar juicio calwl y exacto. Si quisiera insistir en la comjwracion del baró- metro, recordaría (pie ¡Kira hacer buen uso de este instrumento cuando se le aplica a la medida de alturas, no basta mirar la eleva- ción del Mercurio. sino que es necesario atender á la latitud del lugar y á la tcm|)e- ratura de la atmósfera. Quizás uno de los me- jores indicios de «pie se va desarrollando el es|Mritu electoral, y de <pie las elecciom-s son gcntn'nas, seria el ver «pie se hallan re presentadas las varias op¡ni(mes del pais, y que no está sin representante ninguna de aipiellas de cuya existencia no se puede dudar.
Si se quiere que las instilticiimes repre- sentativas no sean un fecundo senulle- ro de males, es menester no jierdcr nunca de vista la necesidad de hacer los mayores esfuerzos pai-a que el país sea represen- tado legítimamente. Si esto pudiera alcan- zarse tengo para mi que no serian lemiblefl píira Kspaña ni aun iii^lituciones mas bi^ ' tas; |)orqae el piichlo español es de los mal* ' sensatos del mundo. ¿Si? quiere una |)rueba de gravedad y cordura de este pueblo? he aquí lo que sííbrc él referirá la historia: circunstancias aciagas enlregan)n a esa iiarion desventurada a merced de las pasi(»- iK's; repetidas veces vio cambiada su ley fundamental: la monarquía absoluta, el KfH tatulo Real, la espectativa de su reforma, la Constitución de f MI á y la de IH37, todo eso recorrió en brevísimo tiempo; y «n medio (i<' una guerra de sucesión, en una miñona; ^ estando la nación entera como una pirámide I asentada sobre su vértice, resistí(»se siem- pre á las instigaciones de los perversos; y sí bien hubo (U' pn'senciar (|ue se cometían crímenes atroces, no se piído r«'ca bar jamas de ella (¡ue los ayudase, ni los aprobase, ni (pie hiciera ninguno de aquellos terribles mo- vimientos en que los pueblos se levantan en I masa, y se precipitan como un inmensa mole I sobre las leyes é instituciones, aniquilando de un gol|»e el orden social, y ofreciendo aquellas* horrorosas catástrofes de (jue nos presentan tan lamentables ejemplos algunas naciones vecinas. » Esto dirá la historia, t la |)osteridad n»sponderá (pie un tal pueblo era bien digno de mejor suerte.
CAPITÜM XVI.
I llav entre nosotros un elemento de bien 1 que SI se aprovecha cual mcrct r pin de pro- ducirnos inmensas ventajas: hablo de la unidad reliffiosa. No falla entre nosotros (juien la ha\a combatido; pero ¿se ha |»en- sado bastante en el hundo abismo en (pie nos sumiríamos si por desgracia llegásemos á jMirderla? ¿se ha i)ensa(io bastante en que tal es el estado de las SíX'iedades moder- nas y tantas las fuerzas disolventes, que tal vez nos envidien esta dicha, este elemento de conservación, los primeros j)oliticos de Europa? £1 mol (pie a(pieja á las sociedades I modernas, la tremenda enfermedad (pie cor- roe sus entrañas. y amenaza darles la muer- , te, es la falla de trabazón. de enlace. v el no sjiber si(piiera de que echar mano para I n?mediarlo. Jamas se había visto la sociedad con un desarrollo lan genend, tan i:mnde, Íy lan simultaneo de fuerzas moral» «. \ ti>i- cas, janiiis se había visto tanta acción, tan- to movimiento; j)ero obscrv ando atcutanienfe 1.1 verdadera fiiliiacioii de los cosas sin «iejarse fa!>cjnur por vanas aixiriciu iaü. se #Dta la Taita de un principio regulador, de vnaacciou que eocainim; esa miichednnibre de fuer/.a»^ fiari;) el l)itMi «le l;i sncivílad. tm- jMdMiBdo que luiuou uua dii'ecciuu divergen- 'Whf-f' M«MB pan ' itrtiiiLWli y l¿■o^w^^>t> J». LÓ8 gobienios son muy déibüe» «eaado no estao asentados sobre un sistema homo- géneo y compacto de sabias insliluciunes; y ripio rnlmsto, qm- scmiro del ascendiente sobre los uumios, louie coiiliada- carga el pmvenir las escisiones ues, ó remediar el mal electo ?iiil)ien'n sobrevenido.Mayornientc, cuando una uaciou ba pasado laji largo es- ftek» en iiM fmm wmgritaH y «IwajNw que ha\a Iletrado á sííseiíarse, queda -iein- pre cou aquel dejo de malestar, resultado ■atoral de enfermedades muy lar^'as y crue- les: y ea necesario dilatado tiempo para que los lazos sociales vuelvan á recobrar aque- JjMÍMgui y^uavidad, que Ibruiandu por de- wtKlÑmvmn punto y sazoB-áv%'««Hfd social y órdcn público,- afíajBza "la libertad bien enlesdida. Kl báhtto de desolxMliencia V resistedria que con la guei ra se iia bei bu ■niliar; el espíritu de despotismo de (|ue se resienten la^ autoridades, ¡toi- ai[n('lla \\\- dmectoa natural que nos lleva a emplear uu éiMto'dfrMMm eunMoboilliifMié'ooii *f(HMh de resi8t<»ncia; el transito re|»enlino de la estremada violencia a la esresiva debilidad: la ferocidad (|ue mas o menos ha umdidu por todaK partes, crméM por «1 Mnliinio es- pectáculo de combates, de patíbidos, de asesinatos y do incendios; fomentada por ieaba por ellas eü 4ta calles y en los canÑi pos: empiezan entonces á murmullar lo» resenlimieutoü y rencores, sobrevieucu la:* feBfOnMstpwlibularBs, exigiese pinÉiillai se prostiluN a In justicia pid)lica, v ¡ay de Ul nación que uo echando mano de uu prúicir p» Mili llferte y fodetosotio^ procüFt-iiOKr tif gMWimente la huella de loa aali^uMHiiv les. ronciliamb» los ánimos, y haciendo que transijan, cuando jiieuos, las opiutones y ios intaroses yi>»4in' WHlÉMddili'hMift»- * (iabalniente. en scinejanles circunstan- cias, por mas tuerte que sea.el. gobierno, por el prestigio de grandes y jeoioptos victorias, ó por dispooBr-de poderssM»>ffec«rso8 iiiili»r lares, tiene enqK'ro la desventaja tle no ins- pirar culera contianza. tua ^rsn.parte de dos, y aun cuando los proteja se hallan eÉ posición semejante a los prisioneros en cam- po dfe batalla, que conlcmpluu cou cierto despecho al ' general c ncaii^ y^—ai iiKe<| recorriendo las lilas de los vencedores, re^ coiucudaudo {$unenNudad y buen comporl»* M MntnmpItréiéBBfMcion tan desgraoi»^ da. airobiailt ^BitMMOS infortunios, desen- gañada de I tamos» sistemas, lusudiada de tantos, -tan varios y«iMdaaí||obienM»vtlfp tiirada de ser el instrumento, el ju.i^nellíiy la viciima de los ifitereses, pasiones y nieA> «fMNhMUia h» partidos; al oírla clamará voz en grito por Orden, por gobierno; ai verla cuid busca afanosa el efpiilibrio perdi- do V el sosiego de que taulo itecesiUui sus lÉiafeii^iMifiiiishiaa naa'>ilBÉnti>e4»ooBaKon y discurre la lantasra por un porvenir ventu- roso, al pensar eu la dicha que nos cupiera la exasperaejon de lof; ánimos, avivada por < si la Providencia nés deparase un buen go^^- el ehociue de toda clase de afÑniones é inte^ j biemo. Un gobierno <^ue aprewchandoixáa reses. y sostenida. diS( (ilpada, legitimada tantos elementos de bien como se hallan es- Í basta consai<rdda cou los nombres de vir- parcidos entre nosotros, ecbaiulo mano de ft;de fnntícia y deNMMfSma, por aquella I' tanUlínisJIto éi^«iÉeeia»-<ai>Hi»^ l» fodana, l'Vioa cic^n y cruel ^pie«n épocas tan de-! se levantase con diunidad y nablasta sdbra^l^ SBstrosas sallen emplear los partidos; todas iniectada alniosíera de los |)artidos. se co-