SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Sute de punto el ñindamento de nuestra ' onjotnra si advertimos míe nnode los miem- bros mas iuduyenlc» del gabinete. el señor Martínez de la Rosa, llene consignada so opinión sobre el particular de una manera solemne: en el Kstatuto Ucal fe exÍ2Ía pnra ser i*rocurador del reino estar en posesión de una renta propia annal de 4S,000 rs.; y es sf^íriiro que (lesdr entontes se h;\ demos- trado todavía mas y mas ía necesidad de exi- gir '•garaulias á los que hubiesen de ucu))ar un lugar en loe escaAos del Congreso. Si entonces se crevó ner esTirin rnnsignnr m la ley lundamentai la garantía de la prupiedaii, ¿por qué no se ba hedió también ahora? I.a razón la hemos ya scfi.iliido: el gobierno no se ha atrevido á luchar con los clcrnciifos qne abundan en el Congreso. Falta ahora saber ai esta reserva, ó mejor diremos ai esta I Micos para su eiémen y aprobneion, consideración, será bastante á evitar nngra- 1 forme se previene en el articulo 7^ de la ve rnnflirfo. II Constitución vigente: ni la esencia del go- Eu el titulo •>." se hacen variaciones im- Iwerno representativo, ni la buena recauda- «ortantes; pero se omite la principal que es cion a inversión de los caudales fMiMíeoi* la que debía inlrodiirlrse en el artícido 2().! reclaman semeiarite di'ípnsicif n í.n rmr si cierran.

Imposible nos es examinar con la deten- ción correspondiente las modiiicaciones que se hacen en h» titnios 7.* y 8." sobre su» cesión a lo enrena. menor edad del Mry y regencia; asi nos reservamos para otí^ot» ar- tfoulos el entrar en la diseusíen de pontos, c«nlentándo4M>5 por' ahora tnm servar (¡ne tas modiftcaciones son en uní tido monárquico y que mejoran mucJw '!■ Constitución de 37.

En el líluto M no m hace ninguna inno- vación, y sin embarcro debía hacerse, no pa- ra quitar á las l^oi U s iu inlcrvencion en ma- teria de impuestos, pero si para libertar al prohierno de la obli.^'acion de prr^ontnr fnffof los añas el prei^upuesto general de lodos los gastos del Estado para el alo siguiente, y el plan de lia contribuciones y medios para llenarlos, como asimismo las menina d ■ la recaudación e inversión dr los caudales puqac ¿Qué obesidad hay de que las Cortes se rennan todos los aAos? ¿So seria mejor dejar á ▼oíuntad det monarca esta convocación, señalándose si se qtilere el limite de desafíos?

£1 articulo 37 de iu Constitución actual en qne se disponia i|ue las leyes sobre contrí- hucionos y crédito público se presentasen primero al Congreso de diputados, v qne si en el Senado suírieseu al^íuna alteración que aquel no admitiera después, pasase á lasan» cion Beal lo que los diputados hubiesen apro- bado deGnilivamcnte, desnivelaba la maqui- na política, aumentando escesivamentc las iMSaltadcs del Congreso, y contradiciendo el principio de igualdad de los cuerpos co- Icgisladores. Por estos motivos lo habíamos impugnado en los artículos sobre reforma de Constitución, y asi nos «légranos de que se haya suprimido.

Muchu ha llamado la atención la reforma P vemos e.s que hasta ahora. queriéndose har cer esto todos los auits, no se ha hecho fii»- gmo: jamás la hacii^nda se hahia visto d igual despilfanri; el di sorden ha sido mo- cho mayor desde que dominan las leyes en que se toma esa precaución inaginarin pa- ra garantizar el buen orden.

Ya que se trata de regularizar y [>OBer en coHMmancia cou las necesidades actuales del Estado los antiguos fueros y lil>ertades da estos reinos, era necesario no olvidar que en nuestras leyes no habia ninguna disposi- ción por la cuál el gobierno estuviese oblí-»- gado á c(>n?;uiiar lodoa lo» años á las Córteé sobre la im|)osicioa y rerandacion de las contribuciones. El resultado necesario de seraojatite artiihilo en hacer Imposible la ob^ servaacia de la ley, es decir, matarla, y ademas, prolongar esa Wehv poNtirn que nos devora, tener en continua a¿,Mtacion á del párrafo 5." del articolo 4S relativo al na- los^pneUsa, en noviníento las paslottM, Iriuionio del Rey. Natural v< qnr n>¡ suceda, ' provocando conflictos entre las Cortes y el •acercándose a pasos agigantados la impor-! gobierno. Los ([ue tanto se inten^san por el laole cuestión del enlace de Ja Reina. ¿Cual.sistema representativo, deben recordar que el mejor inediu de acelerar tniicrte es de- jar en su seno los eiemenlus disolventes que en tanta abundancia contiene. La existen-> cia de las Corles eslara tanto mejor asefíu- rada cnanto nienos embarace la acción del I mental. Desde entonces no hemos mudado de opinión ni la hemos moditicado siquiera.

Supresión del preámbulo en que se con- signaba la sol)erauia nacional en un sentido eminentemente revolucionario y ofensivo á gobierno v menos coni|>rometa la tranquili- i la dignidad de la corona; abolición del judad y sosiego que la nación neccjíita.

Kn el titulo i 3 se supnme el articulo 77, relativo a la milicia nacional: esto es elevar á derecho lo que existia de hecho. porque era chocante que habiéndose desarmado la milicia nacional en todo el reino como peli- grosa á la tranquilidad pública, continuase consignada en la (ionslilucion como una de las m^liluciun<>s íundamentales.

También es muy digna de alabanza la su- presión del articulo i adicional, < n que 86 decía <|ue las leyes determinarían iaé|)A.- ca en que se habia de establecer el juicio por jurados para toda clase de delitos. Solo el vértigo revolucionario pudo introducir en la ley fundamental un articulo cuya ejecu- rion hubiera acarreado á la sociedad males de trascendencia incalculable. Basta recor- dar los frutos que ha prt)d«cido el jurado rado; reconociniienlo del fuero eclesiástico; declaración de ([ue la Religión de la nación española es la Católica, Apostólica, Roma- na; Senado vitalicio de nombramiento Real, V con muchas mas garantías en los elegi- bles; prolongación de la diputación por cin- co afios; desaparición de las reuniones or- dinarias y estraordiuarias de las Cortes sin necesidad de convocatoria; mayor libertad concedida al Rey en lo tcx-ante a contiaeí matrimonio; considerables mejoras en lo re- lativo á la regencia; supresión del artículo sobre milicia nacional, y del de aplicaciou del jurado á toda cla.se de delitos, forma ciertamente un conjunto (jue indica la vo- luntad de Bo hacer una relorma puramente nominal: pero no exigir ninguna garantía para ser elegido dipntado, no mentar siquie- ra la necesidad de una nueva lev electoral.

aplicado á la imprenta, para conjeturar el dejar la obligación de reunir las Cortes toabismo á qne se nos conducía aplicándole a lo« delitos comunes.

En vano se dirá que con esta mira se de- jaba a la |;rudencia de los legisladores el de- terminar la épwa; nosotros creemosque es- Jbuépoca no llegara, y (pie en semejante ma- teria nunca puede ser ¡iielcrible el sistema dos los años para examinar y volar los pre- supuestos; no poner ninguna limitación que disminuya algún tanto los inconvenientes de la publicidad; consentir que el Congreso disfrute derechos onmimodos sobre aproba- ción de actas, esponiéndose de esla suerte á Calsear la ntejor ley electoral, esto forma un de los jurados al de los tribunales. Ademas, ^ contraste ([ue no se esplica sino recordando siendo altamente funesta semejnUc institu- j la posición anómala y difícil en que en- cion en Kspaíia en las actuales circunslan- cuentra el ministerio. Así es notable que eu cías, fue iiniM'rdonablc: imprudencia dejar consignado el principio en la ley funda- mental.

Necesario ha sido hacer esta reseña muy somenimenle. porípie es poco menos que imposible ein errar en un articulo de pocas púginas el análisis de una (Constitución. Y de una Cousliliicion se traía, porque refor- marla es hacerla, asi como el reformar la de 184 ¿ convirliendola en la de iS37 fne JMOeroIra nueva. A los lectores del Pensa- mnUu de Ui.\arion les habrá bastado esta ru[)ida ojeada para ({ue si'pan cual es nues- tra opinión en este punto; mejor diremos, ni esto era necesario, cuando en los ocho ar- tículos que publicamos algunos meses atrás sobre reforma de Constitución, emitimos nuestro humilde parecer sobre lodos los iunlos que encerrar debe ■una ley fundaalgunos puntos ba sido mas monárquico de lo que era de esperar, y no ha vacilado eu llevar su mano a las instituciones (pie en la cieiKia constitucional se consideran poco menos «pie inseparables del g(d»ierno re- presentativo, mientras (pie en otros no se atreve á consignar los principios reconoci- dos como indispensables para el buen or- den, aun en ios países mas apegados y acos- tumbrados al sistema de libertad política.

Este es el grave inconveniente de asen- tar un principio v desenvolverle luego con timidez, de una manera incompleta. Se hie- ren las mismas susceptibilidades que se que- rían respetar, no se satisfacen las exigen- cias que apremian, ni se enfrenan las pasio- nes que amenazan. La Constitución tal co- mo se la deja, exaspera á los progresistas, porque ven mutilada su obra; no contenía i loe iiKMiárquieos, porque ven aMértti t«^?fÉ anchurosa puerta para que se desentreno la fifrirqnía; ni tamp<M*o es posible qiio siilisla- u los ptirianit-nlarios, pues la s«q»resion cfel jurado y algunas otras modificacioAes no pueden menos de tenorifis on alarma. Kn estos casos suele suceder, que quien desea contemporizar con lodos, se indispoiie con todo».

Era pre«; preciso no atender a la voluntad de estos o de aquellos, sino a la conveuien • ciapáblica; tijar lisa y Natíamente ta cae«- tion, determinar cuál era la net estdad que se hi'fhia di' ';nti<raror. y «íMfisfacTln sin ro- deos. Mas el ministerio iu> podia hacerlo asi por lia situación que é\ propio se ba creado: de nqtii la rnntra liccion; di* aquí un sistema a medias; de aquí el empeña de detener el curso de los acontecimientos, de violentar la naturaleza de las cosas.

S'>a romo fuere, el impulso rsiá da. lo: lo que luiUia está d^tocado ya; nadie es ca- paz de asentarlo de nnevo sobre sólida basa. O volveremos á la revolución, ó Itegaremos al punto á que se ha de llegar: este punto no sera el mismo de partida, porque es im- posible votrdr al aAo I83!í: pero está co- locado sf mucito mas allá de!o que preten- do fijarle el miaistcrio eu sa proyecto de re* forma.

' Y cuenta que sí pasamos de nu<>vo por la revolución, nadie es capaz de calcular la trascendencia de ios acontecimientos: por do pronto espantosas catástrofes; luego solo Dios lo salie.

MtMÍilenlo los Imnibres de la situación; echen una mirada a ese horizonte que se en- Mgreoe; atiendan á los islntomas iioe esta- mos presenciando; no olviden la amcua/a que les acíiha de dirigir el emigrado de Londres. Vean si Ies conviene quedarse so- los; si basta el decir: «me sobran fuerzas; r-e es un 'lomhre gastado: sus secnare<son impotentes; deseo que bagan una tentativa para escarmentarlos.» Lo mismo decía Ks- partero, y cuantos han sucumbido han dt- SÍHO á ta flWfM' IM^M*^ fÉ Mbtotf8^«-^rtll sentimientos monárqaícos v religiosos, que en nada se oponen á una libertad bien en- tendida, ni al progreso que consigo trae el espíritu del sij^io. Conviene pmsar «Igoma en las inslitiicionesy algomenos enloshom- hn-s; conviene pensaren como se robuslei» el trono de una manera positiva; en cómo se logra que funcione con acción podiffMi y fecunda esa grande insiiturlnn, fjne ahora circunstancias infaustas tienen enervada y poco menos que paraMIca.

Sin c^to serán estériles toá»9 las reform» eonslilucionale«:: eontinuaremos del mismo modo que antes; se dispatara sobre si ha de sor un poso mas ó menos; sobre títtHoé aquello ataca la esencia del aohierno repre- seiitati'.o, ó solo;)re< ía sus accidentes; ven nn^iio de esas disputüs podrán sobrevenir acontecimientos de Yída 6 de ntoerte, <{■§ pongan en peligro el trono y en ' la sociedad.

el Mr. Biartlnom de la Bou* en ím.M^ BimHdet Setuul^dein^L de UMlcid SO dtMlulMde Al hablar del artlcriode la refomMtituciona!. en que se conceda ni n'v libertad para contraer matrimonio, def que probablemente se atríbnian at mitmleria intenciones que estaba muy h'jos de abrigar.

('laro es (\nf^ aludíamos at rnhrf de la Heina con el lujo de D. Garios; porque es bien sabido (¡ue algunos te alarmafeu osn aquella modiiicacion, recelando ipie el go- bierno qfiisiera r 'vpÑilr al Tronn d»» amplias facultades para lli vara cabo ti icho enlace. \a)S antecedentes de los ministros, y so coiK duela i]p<\\c (Hie tiein n In honra de acnn«*^- jar á M., nos inclinaban a creer que se- mejantes recelos eran infundados; ó mejor diremos, estábands en It convicción, de qoe cho lo mismo. Ks preciso, es indispent^aMe, |l los indir idons que componen el actual trihi es urgente buscar apoyos firmes, no contar en las-bayonetas solas. ni en ia polícia. ni en el temor de los castigos. Desgraciada- menle tenemos la e.spcriencia (íw la sangre no produce mas que sangre; ia muerte de las vietimes que pcreeieroa ayer no espanta nete, no solo no serían (partidarios de, dictw proyecto, sino que se opondrían é In renl^ cion del mismo con todas sus Oierzas. No nos hemos engañado; y la prisa que ha llevado el ministerio en sacar de sn ilusión a los qoe pudieran haberia padecido, y los términei en que ha hrrivt sn drrlarncion solemne Icse, ño a medios transitorios y fioleatos, i han venido a coniirwar nuestra opinéon, y é I uiauifeislar que el niiniüterio, muy lejos de proyeclarel espresado enlace, sienle sobre- manera quo ni por un instante pueda su po- lítica ser objeto de esta sospecha.

El Sr. ministro de Estado, aprovechando la primera ocasión que se le ofrecía, pro- nunció en el Senado en la sesión del 2Í de octubre un disctirso notable bajo dislmlos asnéelos; {)ero sobre lo<lo muy csplícito en toao lo que dice relación a i). Carlos y su familia: y no solo fue esplícito sino que an- duvo acompañado de tal acritud, que con- tfMtaba con la- habitual templanza, que es una de las cualidades caracterislicas del se- ñor Martinez de la Itosa. No se contentó con sostener la legitimidad de doña Isa))cl II, lo que era muy natural en un ministro de la corona; no con asejíurar (jue 1). toarlos no síjIo no tenia derecho, pero ni aun pretesto, pocs que según el señor ministro de Estado no hay en el mundo un monarca que reúna mas títulos de legitimidad que la augusta Señora que se sienta en el trono, sino que apellidando á D. Carlos una y otra vez prin- cipe rebelde, y tratando á sus partidarios con dureza singular, se [)ronuso (luilarles toda esperanza a conseguir nada ni para don Carlos ni para sus hijos, ni por la via de las armas ni por la via de las negociaciones. «Que se vea, dijo, que el partido que levan- ta la bandera del principe rebelde, no solo In sido vencido en los campos de batalla, no íbio sucumbió en los canipos de Vergara, donde los que antes iwleaban como enemi- gos se abrazaban como hermanos, sino que se desvanezca Inda esperanza de lograr por astucia lo (jue no se consiguió por la fuerza, eninnúo furtirnmenle en el palacio de nues- tros reyes los (pie no consiguieron coníjuis- larle jior la via de las armas.»

Nada eslraño era que el.Vr. Martinez de la ¡tosa bubiera consignado su opinión, noso- lo sobre la cuestión dinástica, sino también sobre la no conveniencia de verillcar el es- piUndo enlace; no era eslraño, refietimos, por que asi lo esperaban cuantos habian refle- xionado sobre sus anieccdentes y principios: pero hubiera sido de desear (|ue esta declara- ción, aum|ue esplícita, no fuera dura, irritan- te, empleando términos poco decorosos cuan- óose trataba de un principe infortunado, y de Ui partido respetable |K)r sus convicciones y porel denuedo con que sostuvo su causa enel campo de batalla. Era de desear que en boca de un ministro de Estado, de un orador de tanta nombradla, no hubieran sonado las pa- labras de astucia, de entrada furtiva y otras todavía peores, refiriéndose sin duda á la propuesta de negociaciones de que se habló en las cámaras inglesas, y no sabemos si á otras que posteriormente hayan podido te- ner lugar. El.SV. Martinez de la Itosa podía decir, si asi lo creia nect'sario ó conveniente, que el gobierno estaba decidido á no es- cuchar proposiciones de ninguna clase en fa- vor de i). Carlos o de sus hijos; podía de- clarar á los partidarios de este príncipe que depusiesen toda esperanza de que el gobier- no se prestase en este puulo a concesiones de ningún género; todo esto p<idia decirse con lirmeza, con energía si se quiere, paro evitando al propio tiempo palabras duras (jue irritan á millares de españoles. La desgracia, y esto no lo ignorad Sr. Martínez de la Ro- sa, la desgracia es muy sagrada; las convic- ciones son muy respetables; y un hombre de estado, un hombre (|ue del)e colocarse en situación elevada, examinando con impar- cialidad el carácter y las c^iusas de las dis- cordias civiles, debe siempre recordar la diferencia que va de los delitos comunes u los delitos políticos; y aun cuando defienda con energía el partido que ha abrazado, no debi" perder de vista que en las guerras civíIqs lo que para unos es crimen para otros es virtud, lo que para unos es rebeldía para otros es cunqilimiento del deber, lo (|ue pa- ra unos es traición para otros es heroísmo. Menos que nadie debcria olvidar el autor de la Viada de Padilla <|ue Sí venciera cual héroe N' adaniarau, Y vencido traidor lu apeiiidarau.

Mi •HJ.

El orador conoció sin duda el estremo É que se habia dejado llevar por el calor de la improvisación, y asi es que, volviendo en si, protestó que no era su ánimo insultar á un partido vencido, lo que era en cierto modo confesar (|ue sus palabras habian sido dema- siado fuertes; «pero, añadió, cuando olvida tantas lecciones y tantos escarmientos; cuan- do olvida que por su causa ha corrido la san- gre española por espacio de siete años; cuando trata de alcanzar de una manera tor- tuosa loque no ha podido conseguir jyelean- do, es menester que esto se diga en íilta voz para que no quede duda ni dentro ni fuera de España.») Permítanos S. E. que hagamos notar una contradicción de su discurso: acabt. de Afirmar que este partido quiere log;|r> ' qiie el gobierno ItMvia en Uis manos pbieto por eüUicia, de u^jui^j^j^fri la,l,c»uia urdida ^^aU a la ác^uridAíláíeJb ió que no podo lograr por la 6iem » y ^fH^los que no consi¿<uieron con(^u¡star el palacio de nuestros reyes por la vía <lo las taoo I y que se hallaba prevengo para ii dir (jue se r«alizasen los opsi^io^ de Uaslornos y de re\olucioii que «por Irnlas partes armas, quieren entrar en él Z'ur/u'íiiJif"^. Si: asoiiuin,» procuro le tupiar ia impre^iuu qu4: «rto es «si, ¿cómo es que habia dioho antes causar pudierau semejaotes iiacgos, — qun el irobierno no iunoraba nue los que han '!

qun el iíouierno no lunoraita que ios q sostenido por espacio de siete años la causa de aquel principie intentan a^lar de nuevo á las. armas? «¿j^nora el gotuerno, dijo, que los que han soslcuido ])or espacio de siete años la causa de un principe cuyos derechos á los carlistas de la manera que hemos visto, y endeudo en una contradicción tan palpable, diciendo que estos trataban de lograr por as- tucia lo (|ae uo lial)i¿ui podidO-pp! la t'uerxa, cuando acallaba de aürmar que intentaban encender de nuevo la guerra civil. ¿Que ao^ ba peididd poc su coadueta, inlmtan eneen- I indica esto? ¿ Cómo es que hi|blaiidb de derdtfiHMOO /a r/u£/-r(( <:<( (/? ¿No tien&^m- | progresistas no cayó el Sr. luinislro eo una (4a^e que no desisten de su mal propósito?» I contradicción semejante? Nocsdilicil adivi- iftiiOOQtradtccion, es palpable. En un lugar ii uarlo; que al hablar de los proyecU>i> cu ~1ifh¡0a ^e se quiere apelar á la guerra t en | sentido revoiucioaaiM'bablaba coi^ bw ha- chos á la vista, con esos hechos que lodos estamos presenciando. sobro los cuales ten- drá el gobierno muchos dalos. y los or¿^- nos mismos de cierto color cuidan muy pocp de ocultar; pero al hablar de los carlistas se espresaria sin dud^icon retierenciaa aolM^ia# otro que se «¡uiere conseuuir por astucia lo que por la fuerza no se ¡)udo lograr. Si la en- trada ha de ser furtiva, no podra encomen- dafse i ks cañones; si la msnera ha de ser tortuosa, no podra hacerse por medio de la guefca» que por lo común es poco amante m tortoosidaaes y suele andar por jfnaas | vaj$as, ó insigniücantcs, y {)or esto noa^j iectasv.1 vertiri/i que sus acusaciones eran ce0tiadíO7 r'Ha llamado muclio la nicncion la diferencia i lorias.

dfriengnage que ha empleado elSr. Mariinez d§ ¡a ñíua con respecto ¿ los^ carlistas \ a los progrcvi-t is. Contra aquellos se ha es- presado con dureza, con acritud; contra es- tos-no se ha permitido una sola palabra que padiera ofenderlos. A pt>sar del famo.so uia- nifUsto de Londres, del lenguaiíe d « ciertos órganos de la prensa, de las leqtaUvas dp la frontera, de los clamores de los órganos de la situación, de las declaraciones dd gobier- no, de las medidas de precaución qtie se es- tan lomando; a pesar ue tanta seguridad co- «Oie muestra tener de la existeneia de las conspiraciones en un seiilida revolucionario, y de la proximidad de un estallido. no se ittió el orador ninguna palabra fuerte, pn término irritante: y tal fue el giro de su (iTíícurso, tanto lo que insi>tio sobre los carlislas, que casi pudiera creerse que estos Con este proceder se alcanzan sin duda algunos aplausos, pero no se desarma la nt voíucion, (|iio cada día se ensaña mas y mas contraía iiusina ))eisona que pretendiera \vir lu¿;arla. Si el Mai luicz de Ui /»ü.>a luv^^^ ra tienqM) de leer los periódicos, bubifliv )<)(iido ver que el insulto, (jue el sarcasmo, aue el escarnio no se lo prodigan los honibi^ e las ideas monárquicas, de cuya comunioa se aparta tan cuidadosamente cual si temie^ ra contagiars'e; hubiera jKulido ver cuáles el frutu^de esa imparcialidad tan liarcial jr oue sercproduce en 1844 la,niisma esceoa# 1834. rroteslando que no queria insultar á un partido vencido, le!ia achacado miras tortuosas, echándole en cara lat>aUcre e^pa- ítola derramada por espacio da-BÍ^te aúos. Pues tjne ¿e! jiarlido carlista es el solo...responsable del derraui^miento de^ ««^agia^ emilosqneniaade cerca amenazaban el tro- \ Pues que, ¿se han. olvidado los boinhU¿M»> node Isabel l|.Se goboco qne eISr. ministro { gUellos d<; Madrid, de Barcelona, y de se proponía rnnírrariarse con el partido libe- ciudades? Las im|)rudencias del jzobierno, ral, fueran cuales fueran sus matices, lavan- i los desmanes de.la revolución, jos 4kM>qio<>» doee GuidadosaaMnte de laaiftnobaque cre«- 1 los atropellamiealos y persacuciopea dediii }(ei» llevar si se le suponía inclinado al par- de funesta BWnoria, ¿ uo contribuyeron « tido contrario. Por esto, si bien so encontró, que se enardeciese mas y mas la guerra ci- en la necesidad de hablar de ios revoluciu- í vil, á (^ue corriese qu mas abundiUitoSMtlr nanas, %v bi«ik'«B^,Tiójpi«cisido 4 egnfííwir I 4b1«i ta.saacict!VvaMa?AT4iiilte4»iil '4^ tniM dorabostíbles como se arrojaron en lÉ(9ÍÍ»^erás de la dif>rordia civil por mnchos dtWqoe apellidaban libertad y trouo de Permítanos el Sr. Mariinezde ¡n fínsa qup le dip:nmos no ser Pfte el momento oportu- no de hacer semejantes recuerdos, encen- trado pasiones que m íhtn amoHigaando.

y retirando deíJdffin^nmcntP la mnno rtmndo antiguos ndversarios la tendían con genero- sidad. Enhorabuena que el gobierno, como dlW el Sr. Martínez de la /foso, muestre la )ilidad que le mfundo el «¡ontimiento qittcos y religiiteott no quieren el bien porifi camino del mal; no se aliarán con los que abriguen designios Ira^lornadores de la tran- qnilidad púbmá; aunque ImtadoB'coAlaflto (íesdeii y acusados con lainaña injusticia, no desmentirán ahora ni nunca que ante todo son cs|>arioles, y no pueden gozarse en el espect<áculo de ver entrégada 'Stf patria i manos dp la anarqnía por la ecperan/.a de que los escesos de esta les preparen el liemos sentido mncbo Temos en la triste ncrcsidad do ju7£rar severamente el discurso \ de su fuerza; pero no creemos que esa fuer- il del Sr. Martínez de la Uosa^ y no podíamos ' sea tanta que sea prudente privarse íM | menos de sentirlo, cuando sontos los pi^ne- l^poyo deoD partido tan numeroso, y que J ros en recuonocer las distinguidas cualMlhdcs de osle per<onago; pero en el terrertt) de la discusión pública hay penosos del)eres tantas pmebas tiene dadas de no ser cobar de. Guando la revolución esta á las puertas; toando 'Espartero está ofi:eciéndole su espa- da: cnaudo se atenta contra la vida di l Tk»- sidente del Consejo; cuando la espectacion páblica s(* halla en tan terrible ansiedad con respecto á desastrosos acnnteciaiienlos, que serrón todas las aparienrins se preparan, y que el mismo orador ha presentado como omlnentes; cuando al la rerohicion tríunfíi, tonque oo seo sino por brevísimo tiempo, hemos de presenciar norrendas catástroles, en que se nundiera el partido dominante, y las (tradas del trono se salpócarían con san» gre de sus défensores, y « nrrerian formida- bles azares personas augustas; cuando la imajzinncion se pierde al considerar las con- teenencias de semejante trastorno, entonres nn ministro de la corona, un lionibre de la rqpolacion del.SV. Martínez de ta fíusa, ha- . Mrd^ una manera tan acre contra un par- tido poclíieo, y echarle en cara que por sn cansaba corrido la sangre española, y acu- sarle de astucia, de tortuosidad, dcproyec- lai de entradas Ártivas en el Real Palacio, y no contentarse con quitarle toda esperan- za, esto es incomprensible, es necesario twlo para creerlo.

'temejante eondoeta e« tanto mas estrana mando se acaban de desmentir de tmn m t aera solemne la n((ti( ias de los proyertos de 'lasorreccion qne se habían achacado á los habitairtes de Navarra; cuando la espcrien- cia demuestra lo calumnioso de las acusa- eio^s en que se afirmaba que los carli:»las y^hhMVtoOnórqniooi no eaiiístas w miirian eóÉloB'refvohiciónaríois para derrocar al goque cumplir: la defensa de la verdad^ manteniéiiílo-e en los limiti's debidos, no dismi- nuye en nada la consideracicm á las perso- nas que son objeto de una censara.

La discusión que ha tenido Itt^ -en* ^1 Congreso con motivo del dictamen de la co- misión relativo a las actas electorales de la provincia de Navarra no ha contribuido á que se flostrdíie la o|piinion pública, ni con respecto al curso que habia '^cgiiido el ne- gocio, ni al objeto que se pro(tusieron los que en él han intervenido. La prensa y otras noticias particufares babian o^eidb va snf¡ci"ntes datos para que se pudierti juzgar con conocimiento de causa: la opí- ' nioí] pública habla pnmundado so Éllo: to- dos sabían á qué debian atenerse édbpl!' lo que se habia (ficho de í oacf ion y de su ori- gen. Pero siempre ha sido muy importante - que este juicio emanase de «i diputado, (jiie á este carácter reúne el no haber pertenecido nunca á las tilas del partido carlista, y qne antes al contrario ha sido contado siempre como uno de los miembros mas distinguidos del partido moderado. Fl Sr. Egana ha necesitado ciertamente estar ayudado de* proCtmda oonticctón, y poseiír aáemas mucha firme/a de carácter, para Me^.^UbVotlto no ha sneedido ni smeedcfé. « elevar su toz en el sentido en que lo ha he la única, y sonar de una manera tan des- niere( ia nirnos. pm^s (juf era gravísimo. No agradable á los oídos de aiguupa de suscom- i era el gobierna re^benlativo lo que paAeros. Aadufo muy alinido el Sr. Egaña \ bien parado delsteiem qie te aegoia, ÓaudD dttde el principio de su discurso procuró esquivar la discusión sobre las ac- •twi; pues que esto, á mas de empeñarle en «n enémen tan prolijo como estéril, Je habiera apaiUulo del punto de vista á que se propouta elevar la cuestión. Su objeto era á poro que se repiliese ese hecho acabaña en £(ij)aÍM con rl rrédUo \j la verdad del go- bierao represenlalico. La ley le oiuc^dia-ei derecho al partida monárquico, ¿I se apraa> taba á acudir i\ los ( oleólos electorales; pero nn lo ha jwdiddo ejercer, retraído o aUmoriaprovechar la ocasión natural que se Icolxe- l zuditp^t la calumnia y la perucucion. Con j_ _.._ 1^ mucha raioB ha dicho unSr. JSiputado que