SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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semejantes palabras tendrían eco en el Con- greso y fuera de él: si, lo teodrau eu toda España, que verá complacida (w geaeraeo é imparciai defensorde una verdad que ella ya sabia; en Europa, que tal vez se habcia podido alucinar con falsas apariencias.

Recieatea son las acusacioiiea que se han hecho durante el tiempo de la lucha electo- ral a cuantos se han atrevido a aconsejar candidaturas distiulas de las.que presenta- ban los órganos de ia situación.' No impor- taba que eu los programas no se diera el menor pretesto á cargos senieiantes. la aG4i^- sacíon coatínuaba, viéndose ciaroeo el ánr pefto de que á fuerza de repetirlo mísiao ae creyese que la incuiparion era una verdad. Ué aquí cómo se espresa el ¿>r. Egaha, «Carlistas, señores, carUslaa se ha estada llamando, tmio el tiempo que ba durado la presente elección, á su hditos sumisos y obe- dieulcs de la Hcina Uuua Isabel U <{ue crees encontrar por distintos caminos de loe aegai- dos por nosotros hasta ahora el aünny.amien- to de la actual dmaslia y la paz y pro&peri-' dad de la nación. Carlista se la ba llamado^ voz en grito á una candidatura de Santan- der; carlista á otra de SíilnTnnn'-a; e;irli';tti x otra de ise villa, en las cuales se eucoulra- ban sin embaído figurando en ptúnerttenn- nu personas respetables y dignísimas, que {(idii su vida han pertenecido a la comunión iiiu rai, alguna de las cuales tiene la al- ta honra de aconsejar á la earana, y «tita se sientan con mucuo gusto y honra nues- tra cu los escaños de este Congreso. Semejante modo de proceder, seüoics, una »»io- lerancia tal, fio es ui política^ ni liberal, m justa.» Muy bi n dioe el Sr. EíjnTia; una intolerancia tal no es ui |K>iUica, m liberal, ni justa. No es jnata, porque injnslim es llamar carlistas a loa haa waaifaiila/ do semejantes opiniones, y que toda sn vi- da han pcf tenecido, co«^ oi^erra. «1 da de protestar contra un bccbo que la prpnsa de la situación habia negado, y que ei Í!ir. Eaaña ha couMguado con una caba- Hereódad que le honni.

Desde qoe comenzaron las elecciones, y tan pronto como se vió que el partido mío- narquico.se proponía tomar parle en la iii- eha; tevantafon ciertos periódicos un grito de indignacidn. por cierlo no justificado ni por los ¡iroirranias ui por los nombres de las candidaturas que se suponían en mas ó me- nos oposición con el partido dominante. Lo qne sucedió en varios puntos nadie l<> i u nn^ ra. En vano lo han desmentido alguuos pe- riódicos; el testimonio de la prensa qne lo había dÓMHiciado, acaba de encontrar una eonfiiiDacion solemne en las palabras de uno de loe mas señalados individuos del partido moderado. «He pedido bi palabra, dice el Sr. Egaña, solamente porijuo esta ocasión me ha j)arecido la mas natural de protestar coiUra un hecho (jraoísimo que ba ocurrido durante las ullimus elecciones en algunas {provincias del reino, sobre el cual no se ba evantado todavía uqa voz en este recinto, Íque sin embargo en mi hmnilde o|>inion, poco que se repitiese acabaría en España eon el crédito y la verdad del gobierno re- prmnlaliwi. JQablo, señores, de un género de ooaccion muy distinto del qneban conde- nado en sus discursos los Sres. Diputados [ 3ue me han precedido en la palabra. Hablo e la coacción moral, de la especie de inli- mUamñ qoe se ha empleado recientemente en algnnn> provincias con un partido nume- roso, «ue se aprestal)a a acudir á los cole- gios electorales á hacer uso de un derecho que le coacede la ley, y que no ha podido ejercer, retraído ('»;itiMiinrí/.ad<> por la co- luumia \ ia. perse^itcioii.^).No era pues una fiecion ¿6 la prensa monárquico-religiosa la coacción que se estaba ejeraewlo, era un hMho\ no cala en exageración esta pren.«yi ^^ando iavantaba muy alio su voz para de- < i0r-£fVfM, á ln coiranioB UbmI. No es li- | impedinelo, á no ser que se quiera nrab«r bcral esa inlolcranc"ia, pofíjue aun ruando €iUrc lus elfclurtis hubiuse pocos o luuciios eil España con ol crédito y la verdad del fío- bieruü reprcsculativo. ¿V por ventura los car- ^■e abrígaseD opMÍOMtfevo'mbles áD. Cér- 1 Mas apelarai á la fuerza^ ¿A qué se Imh - los, y que hasta hubiesen peleado en sus tilas, nadie tiene derecho de pedir a lui elector su upiuiuu particular cuaudova u de- positar su voto en la urua ea uso de tos de- rechos que le otor¿ía la ley. IHies que, los hombres que ^üilarou bajo la baadera de P. Carlos ó se le ipianireslároo afectos, ¿han 4li i|ueilur paca siempre cscluidos de la ciase de cjudadaiins, no siendo considerados en j^cfl riíM**^'"^'" que eu la de los peuestas o MmB? ¿A déilde iríamos á |>arar sí se esta- bleciese el priucipio tle (pie los derui lios clt\ loraK's quedan restringidos por las opi- uuucs del eicLlor? Cuu esle sislcuia lus BBoderados podriaoescliitrá los progresistas, y a los uidnanpiiods, v aun a li» de su misreducido las tremendas conspiracíoues de Navarra, los amagns de insurrección tan ia- luinenle que recluniaba con urgent ia la mar- cha de numerosos batallones? ¿Oué han tenido que hacer las tropas enviadas? ¿Oué enemigos han eucontradu? Kl nuevo capitán general, ¿qué meadas fuertes se ha visto precisado á tomar? Todo SO ha Jvducido á nada. La tramjudidad, la mas completa tran- quilidad reina en el país; las autoridades no han tenido que apelar á ninguna medida ea^ Iraordinaria para sostener el orden; se ha pal- pado que el terrible movimiento so habia li- mitado a lo indispensable para deposiUir el voló en las urnas; y la exageración con (¡ue se habia procurado alarmar al gobierno ha sido uia comumoa que uo iuerau de un matiz en- desmentida, no solo por la evidencia de ios l^i^enie idéntico con el dominante; y otro ^Hp^pudierau hacer los mooárquicoi y progrcsislíis cuando les llegase el turno de hechos. sinA tanibieñ por la confesión es- pliciia de, Iff jpeiiódiooB de la situación. £1 Jicraldu, preciso es hacerle esta justicia, El iiiaudar. u^uc estos bayau uuiilado aules en; Heraldo luso ia lealtad de publicar eu sus las.huestes del Pretendiente ó en las lilas constitucionales, dice el Sr. Ltjíni/r. (|ue ha\an sido consejeros o juntcros eu una o ea otra puite; que eu el sunluanodesu con- ^'ñeieacia abriguen este ó^cl otro recuerdo, tengan esta o la otra o¡»ini<)ii, Imlo ello es iodilerentc para el caso. Desde el uiouicnto colomnas una carta en que se defnidia á lea habitantes de Navarra de los cargos (|ue se les habían hecho, y cu (jue se pintaban los sucesos de una mauera a propoMto para tranquilizar al gobierno, y suliciente á dea- engañar á ios que estuviesen alucinados por el alarmante clamoreo de las pasiones e mque prestaron siuoisioii á la Reina son súb-^ { tereses. paitos espuñules como todos los demus; y si | £1 señor ^^añaalpronunciarsadiáBoráiié respetan las leyes, si obede( en a las aulori- ' rpiiso limitarse á una protesta: se conoce que dades, si uu turban el reposo pubuco, aeree- i, tema la mira de seüaiar uno de los vicios ra- dies son como nosotros ó la protección so- | dicales de que adolece la presmte sitnacioii; cial, y nadie tiene facultaid de impedirles, i; y (¡ue no será nada provechoso á la reforma embaia/ar(e> o coartarles el ejeicicio de de la ley fundamental. Nosotros hablamos in- aqucbu.N de lechos que les concede y ase^^u- < dicado íambieu la necesidad de que, tratan- t^Jaley.»

Deciau los órganos de la situación que )s de los carlistas no habían abjurá- is opiniones dinásticas ni políticas; y al tal vez no andaban desacertados, snes que no tan fácilmente se desjMtja el ^oodtfe de su modo de peusar cuando io ha ^Reliado con su sangre, pero esto, comoob* serva muy bien el señor J:(jiiña, era indi- ferente para el cjiso. No se trataba de cons- ^pirar sino de elegir; no de pelear eu elcaiu|>o batalla, sino de disputar la victoria en el paciüco terreno d ' los colegios electorales; y mientras a él se limitasen los carlistas, na- . die, absolutamente nadie, tenia derecho de doae de un asunto tan grave y de trascendencia, estuviesen rcpre.sentados en las Cortes todos lus grandes principios, to- dos los grandes intereses que ejercen en la sociedad española una influencia real yeiée» tiva. Los liiunbres de la situación no lo cre- yeron asi; se alarmaron escesivamenle al ver «rae se prttseiitabaii en la araM opÓBioma distintas de las suyas, creyendo (|ae habían de ser obstáculo para gobernar bien los que hubieran sido el mas hrme apoyo del poder. Así es qne, nsefced i «i eonduola « la refor- ma de la ley fundamental no será un trabajo nadona/ como ha dicho q\ Sr. Jigaña ^ sino un h abajo de. partido. tEsta eo|fftaoioil m taiivia mas iirefltilar y sensible cu los mo- mentos solemnes en i\nf e! pais es llamado á refüimar su Ic^ ruiidamenlal. l*or mucbds miones de justicia, de conveniencia y de polilica correspondía que esle no fuese un trabajo de parlido, sino, en ( iiunlo fuera popermita la te?, entonces^ en ét que había IuhIio un nial á su país, jM-nstma haber conlribuidu u lendirie uainmeiiso ser^ vicio, haciendo que el fnihierno representa^ livn fuese una verdad. Hien dio á entender con esta réplica el Sr. tígaña que no le hasible, un trahajv naciuml; una obra a la j bta hecho mella la oposición de sus adversa- que coneurrieseñ todas lasopiniones, desde r ríos, y que ni siquiera le hahia cogido de lamas monárquica hasta In nuis avanzada en; improviso: cnandíí t rii i 1 1 ¡ nliibra conocería pfí^eso, y en que tuviesen reprcsenlacion, sin duda que iba a poner el dedo en una lia- todos los intereses. Asi las disposiciones que ga, y que esto no podía menos de causar una lomáseoMS, así la refonsa que hiciésemos j| seusacum dolorosa. En cambio puede estar saldría ma?; autnrizada, y su cumplimiento j cierto de la buena acn«íida que sn franqueza sena mas facii y seucdlo. Pordesyracia^ se- ñom^ nú kan pasado iateouude estamoM' ra. A estos bancos no ha venido mas qnc una comunión pnliiicn, la comunión mode- rada, a la cual ti ndío iuu o muchos años la honra de pertenecer. La conocida con el nombre de proírrcsisla ha sido libre de votar; no ha querido hacerlo, y no puede quejarse. A oiraa parcialidades se las ha tsfimtado á fverza de inmtivas y ealificaeioms Mjusias^ porque injustas son siempre las cosas exafic- radas. Quiera ihos i/uc esle aisiamunto no wmsea lUgim dia perjudicial y talvaifuMS- fo.» £sto se llama hablar como publicista cntentlido, como hombre í|n»' profesa since- ramente priucipios de cüueuuicioü y toleran- cia. Ssto se Ihuna prever atinadamente las fuDcslns consecuencias de la exarrcracion y del cs4 iusivismo. £1 pronóstico con que ter- mina el señor £gaña lo hacen con él todos ks hombres pensadores.

í. i-^ palabras de e>te Sr. Diputado causa- ron como era natural una sensación pioftui- da en el Congreso. A pesar de andar acom- pañadas de toda la mesura que exigia la (gravedad del negocio y dehcíidisima posición del orador, se echo de ver desde luego la trascendencia que consigo llevaban. Los se- ñores Collanles, Aoceda! y Llórente se en- cargaron de disminuir el eleclo producido por el discurso del Sr. Egañu, iudicaudo la 1 gravedad del cargo y de sus Gonsecu^M^aá. £1 Sr. Egam replicó modestamente, que no ' creia que sus pocas palabras encerrasen la I alia importará qne se les había atribuido; pero, añadió, qoe sí coa efecto esas pocas palabra^ prndujoseQ el resultado de que to- das las opiniones respetaran, que se tu- viera con todas ellas la mas completa lole- rancia, que se reconucicse el ílereclio de | coocurrir libremente a las urnas cloclorales í a todos aquellos ciudadanos a quienet» se k> ' y lealtad han encontrado entre los hombres de todas las opiniottes, y de haber bechó al [)a¡> iin servicio nioy señalado, consignando yenerosamenle la verdad en un ne^f K-ío de tanta importancia. Necesitábamos uua vindi- cación. y esta nos ha venido de un hombre inipan ial y recto que se honra de pertenecer a la comunión moderada, en cuyo nombre se nos habia anatematizado. Bien decíamos nosotros, cuando en nuestros discursos afir- mábamos que no era posible que el partido moderado aprobase la exageración y dureza con que nos trataban algunos escritores que se apellidaban sus órganos. Jamás pudimos creerlo, porque jamás pudimos persuadimos de que hombres que se preciaban de conci- liadores y tolerantes no pudiesen sufrir una oposición que se liniitaha ¿i consiirnar he- chos, que hacia las eí.cepciones dehidas, v que lejos de prescindir del espíritu del siglo, lejos de predicar reacciones violentas, acon- S('i:il';! I;i iniion detndns losi'spañoles, la re- lói iuu coaslitucionaj que ahora se reconoce tan necesaria, indicando los mediis qae creíanlas á propósito para enlazar lo nuevo con lo antiguo, el hecho con el derecho. No. no era posible que muchos de los hombres qne se liaman moderados, v que están muy lejos de la intolerancia y del csclusivismo, viesen con disgusto la ospresion de opiniones que, sino eran conformes con las ¡Nuyas, de- bieron parecerles respetables, supuesto que nn pedían otro terreno para lidiar que el campo de la discusión y el de las urnas eiee- torales.

dimrm La discusión promovida en el Congreso de diputados con ocasiun del párrafo dnl pro- yecto de contestación al discunio de la coro- na sobre la refomia de la Cpnsliturion, ha «do en eslreoio curiosa é interesante. La ¡irp'>rí;ínri;! de fos prinripins vpnli! nins, el graodordel objeto, lo critico de lascircuus- taH€Ías bastában cíertaraente para que la es- ppesada discusión llamase vivamente la «tfnrion pública; pero el pertenecer á un mismo uartído casi todos los señores diputa- dos ha necho que ios discursos delCon;;r(>so tincan iin interés particular de que quizás bubteran carecido, si hechas las elecciones en otros circunstancias y de otra mannra, halnesen figurado en las Córtes, auncpic cu niinoria, al menos en númfro rospetalm", los progresistas^ los monárquiats puros. Los Deeios consignados, los principios asenta- dos, los recuerdos echados en cara, lospro- iio'-tifos sobre el nsifltado <ff* loque están íiacicndo las actuales (fortes son mucho mes de notar, y tienen tanta mas ftierza para fae« rir al partido moderado, cuanto «alen dL» bo- ca de hombres que iiau militado bajo lamis- ma bandera.

AI examinar la conducta que el fiartido dominante está simiir iido ron respcrio a la " reforaia de la ley fundamental, se le han di- I rigido grafts incuIfiacieneB ftmdadas en los compromisos que le ligaban á no tocar ¿la Constitución de Í837. La pn^nsa progresis- ta, que para hacer la guerra a la situación actual agota el Diccioiiarío de la lengua en bojea de las palabras mas terribles y mas negras, apelliila á los moderados périidos, perjuros, traidores, mientras otros que puedea adoptar Mmejaote lenguaje m colpan de inconsecuencia, y esfuerzan es- te cargo asi en ta prensa como en la (ri- £1 partido moderado daría ciertamente poca importancia á los carsios de la prensa progresista; la costumbre de oir ciertas de- aomaacioKa en materias poUlteas va em-, botando la susceptibilidad de los (pie son üb- ¡ jeto de ellas; pero no podria menoa de il sentir en frran manera qna el Sr. Fattor Diaz le ^dirigiera estas terribles palabras: • Por U (lp todos los i^arUüoK, hay una <'os;i snlm» la ci?»l han traosigido todos y bao dictio: <U aquÁ no pa$9' remo$: «tío lo rtspetaretncs todog, ibofuí nadi«$at « ilrá. El Sr. Dravo MitrHlosin duda no ctinsid^ró le- gales esias ra7.rtn»'> |>f)rii;ii» lo8 |M)der«»s mnsllluyen- tes no licúen IribunMlr-s. iMirijoi' no trn fiicr/u qu»? maiirte w»hr«» Hlo^. Ks vi rtlart. soñore*; por eso \m I17PS son saiit.'is. por (SO, como no hay poder le miintiosotiio esos |iotlere!i,iMMolro»paiH>nio$ por testigo al ciclo; [KM* eiíO mÚ ahí M# OruriGjo; p<ir eso Sf jiirn. T l:i s iiiriiin (¡in-d i rn rl foníJo dt- l:i con- rípntiri luUiii j; i>or f<;n los rí'yi"« (ioiumi la tiiann m>- hr« los Eviojíelio-.; (twrfso ios rc(iirs( i(L-)nt»'.s ilelo* pueblos se hincan de rodillas delante de ti»do»; por e>o deefiMMiinH! ctttndo traspalemos esos limites I)i(»» nos oon^mHn y por eso Uins nos c»»nftin<le;;ior- 7f«e la Profridniria, qu« «* ta lógica 1/ el ordtn eter- III). para ctittújnrlas infractioufs i¡' la mnntlid'itt tmne verdugos encargado» d« la Justicia, y ««lo« verdugos ton Uu noockfim y <iif tmHonuít dt lot pmMot.»

Esas palabra^- ^ali'i'i^ lic boca de un ora- dor que tanta consideración merece en el partido moderado, eran terribles y envol. vian una amenaza tanto mas formidable, cuanto no se invocaba la venganza de un miserable motin, sino del castigo de la Pro- videncia manifestado en las rearciones y trastorno^. Si estas palabras las hubiese pro- ferido UQ monárquico puro hubieran levan- tado estrepitosauientc la indignación- del Congreso; pero siendo elSr. Ptaior Dim quien las pronunciaba em preciso devo- rarlas en sdcncto, en toda su dureza, en toda su amargura, sofriendo aque» lia opresión doloroso y desesperante que causan los pesares qtir no consienten des- ahogo, y se concentran en el c#razon. Pucod dias antes el Sr. f^aíki había apesadumbit^ do también á su» antiirnos ami::os con im discurso lleno de verdad y de nobleza: fal- tábales esa estocada del Sr. Factor, para que pudiesen esclamar conK> Céaar: «¿'If ti ltun« üien, mi amado Bruto?. » Verdaderamente el Sr. Pastor estaba elo- cuente en algunos pasages, pero su elo- cuencia era sin misericordia: como sí no bastara 1:^ inMuenda invectiva qnc acabn- mos de insertar, complacíase en uiM umar a 8U8 adí^ersarioa con recuerdos ingratos. Des- pués de citar aipiel dicho del Sr. Oiano: (o que pomelo 4 loa onemigos. cuanda ««lau con lu anbtt en la ara», uo dejo de< plírlo cuando «stan desanuadn,» conti* nQftbt: «•Tmltvte, sf d<íspups de aquellos sucesos hii- Mana funáo nuctiM sjkw; todavta ai m Ii«l>i«ca» BHNllÓeado Im OMiilidoai^ il« h «nei«d*il; tmItvUi iJ 8t' hiiI)i'T:in |n*.ii)n nli:is revi, lijci. mes; tmliisia buhitTü otro i't iiiiitJo; liHÍ^ivia si íhúh' Ch ulraa tir- runstaiu ias lyuv liicíi>i:in in<lispoii$>alile y noccjuii ia la rtituruia; m se bubiirau V4ri»do las liase» üel esta- do soeial, lodavin podía iioderM en «Iímíuiímni d «ta élil la refoi-iiu ()eai|uclla lf> que tomamos |i(»rlt:ui- dera. ¡P^ro si h;ice diez meses nada mas; si ri-}<r.<'iian todavía las (lalahras ilcl nianilii'siii ilrl. ¡'nial, palabras <|U»! leyócl ulm iliu el í^r. i>osa(ta U.'rrera; si resuenaaqui t-ii t'sla^ lN >vi-das la la «-looiicnte vok del ár. MarliiM d« ia Aoifl, que dijo qiii> xo- do lo que era ma« alM déla CoQiitiliicion de IS". que iiHlft lo qiii^ era luciios de la (■-oii>liluriiiii <li' 18." (rr.i nii (-riiii> n! IIuImi después un inovimit titu tctitra- lisla ( 011 ohji'ti) (te rfíornur ta (^üiisliludoii: ¿roo qué «econibaíiü? Guu la lejrfundaoHMUul.cuii |:t lt>y ki*!»- tada por twlos» con la ConHtUucioo de 1837. El pro» yeclo de la junta centralista era r«'fonn:tr la (>>n.sti- tudondol K>lado.y por eso ora faeeiosn. Si, sofKires, uo era eseel niciiio (je I oii-(Vi>ii 1(1, liicii lu v< i ino/- l o; poro sin cmUargo, Ion liunibi t;. <\ur liu i uii a ha- cer la (jue-rra a esos facciosos, pui ^ lu i ii>m)> «Tan, ^qaé invocaban? La GoDStilucion ile lKr>7. A los (pa* ilnni eoNibalirkiit que eran mis propios amigns, s(> Icsdijo espresam» iilf. se Ins pi omei id in» se ba- ria allfracion en hi CuiisIhik ion di- 18"..Se liicicic- rou solemnex fslijuilaciniirs. sDÍriums protuesat.Los quecomltalierou íuh &ul)if\ai iones cenlndistas, y al- goaoN están ¿ mi lado j votan conini;{o, combalieron por ia Coartitacioa de 1837. Todavia hui>o sau^re para aanlüear Ja Constitución de l837.Tüdaviu bubo TlcliflDaa» y todavía aall6 ilesa dceacaUque.»

(raral hombre púbüeo, y al hoiDbre privado; después de h;\U'r rcconMo llSf i«ltlta94M afio ^JS.tlcI o'i.drl 40.(Jf»l A3:drspucstk ha- I bercilado las palabras del {jTnorai Aíimicfal sátira) ejército en 13 de setiembre ác f 83T, y las del.SV. Marlivez de la Itom en la sesión del! G de noviembre de lH:j8;de;^>ues de ha- ber beiho observar cpie dos partidos {íian- des, numemsos. (jue tienen ideas y un |)or- vciiir, r^iinn e-^íltiiil'is dr bnnriK dclLon- greso, y que la reforma conslilucional se hará solo en'el sentido del partido qne esctusi- vamente se halla ropTesentado en ellos, se h.ice eafiio de Iüs conli-'ptneíones que sedul á estas objeciones, y añade: "Las conlcí l; ■ "oiic>; qoi' (I.in, «i^f ores, «.«n dÍK<i:)sdc ai¡{nii t.»iii^U), udc ai^uii escriluc úv. uio- rnl de baci* uno ó dos.siglos: no coulft>lai'iOnc3> q¡ae pu«>4lan liancrmi'lia alguna en v\ ánimo di* lo» vAo- re.s diputados, oi borrar ta impri'sion quf* han de iwo- dncir ncci'sariamciUi' en nn ror nzon nriolas palabras que on olro liennio pnifi-rí»n, comparaiUiü con la» obras, c ii Ins li..-, ili' iliura. Dicen |hii- (l.'si-;ir;;u que h li'i in jtii. <li> Ui^ luiidautenUM ) uotud;i bi lejf; ps dt cir. y M'i>:iio el {uis...y steuto <fnf se me lia|a escapado esta paiabr», |ioit|Me no fl« crea tineiago a|>el:iefaia i Dnafbcm esierfnr qne detesto ¡drmprg.

puest4M{ue no aliui: > ('t'¡iii> Icjitiiiui sioo l;i i^iieiUCt; ili' bi <líscu'>i(iii ) ( I ifuJco It'i^.il: <illfiai'> míIíi Iii, ili- cen, sobnicnle fuiiil:iU)eiilus fli- |-i (^«lO-litiK'mn.» lu (|iiu á ellos leü parecía qut> era ñiiidamental j de MKMid qne podrá aer que venga un abaotalinia, na buinbi e que crea qu<> re!>)di> |>erpclnam<*ute en d trono y por su nalin ale/..-) niis:n:i la siil>er;im.i uado> nal, y aljtinr Ij (lniisliluciou dirá: v..jiiio lo.;nn ñor Pastor, después dt» liaber sufrido las re- convenciones de nno de sus individuos mas señalados, poca lueüa podían hacer al (>im- greso lo afaHfues del.SV. Posada, que por sus anteceden I»'-^ ^■ opiniones se lial!;i en tmiy distinto ca^o que el ür. Pasión se había pa- deeido lo mas, y asi no era ya tan dificil so- portar lo menos. Sin embargo, no dejó el Sr. Posada de aírravar la siluaeion, y el car- go de ioconsecuencia resaltó eo su discurso de ana maneni notable.

R<fnr7ó el mismo nrííumentodel Sr. Pas- tor Díaz, y despue^ de haber echado en rn- ra tamaña inconsecuencia, después de haber dieho qne el acto de reformar ia Conslttocion es un ncin de alia inmoralidad política, y que los qvc lo hacen fallan a sus antecedentes, fritak Éaosdoclrioas, faltan á sus compromi- aos, Mtaná sus joramenfos, fnllnnen (in a lo Tnfi« «r^tiTridn í|ii»' jiiifdp ÜL'nr a los [¡íiiiihres cnia sociedad, a lo mas sagrado que puede hcreo, que Mtti los t'(uid:<uient(is, y p.ir:t mi es I».Mo- De^uesdetaa brlltnites caríras deí se- \ ñaiqui ';» vendn un rei ubUcanov.in;.: yojurodela ronfurmi' con mis principinade lasohH'ania del pala rt"| rcsciitach en estos cupri os: l '^ro n > jorosfrllel ;i;ii|nell(i.<(:irliculos)pnM*slat>k>i('ii la t oron;! lu-redí- laiM, r[u<' iiiurc.iii lasnct^ion, y qne lijan sii-.pi*-ro- galuas. líitU u'iá Utcoiutecuencia «Je l'-tb s ducUum; reitceQdaa nieutatrs m el jnramenio. Esu>, se ño- res, creoque no puede |ia$«r «otre españoles caballe* rosos.»

¿Es ftiTidado el carero de InenneeeneTwiat ¿Cual es su alcance? ¿Cuál la lección que de I él se pnede recoger? lié aqiti las tres cne»- liones a que da lu^ar la discusión presente.

Tocante á lo primero nosotros creemos que sí: en las palabras y cu los escritos que I se recuerdan ai partido 'modero do, vemos la aceplaciíin rcpjjcity, fraiicií <' ■ la (-oiisti- tucion de IM'H. Vemos que se la toma como bandera Ic^l, que se la reconoce como término de la revolución polillca, «oiw h'sc de ki orpanirnrion del país, romo i punto de partida para loatigurar la niM- ▼a époét ea it ▼a époét ea it lAx cí óito con la libertad. Este es el sen- tido íronuíno, Haro, evidente de las palabras de los principales caudillos del j)arlido mo- derado: no acertamos á veries otro. Todas l;is ciirito^liuioiu's que?e han dado hasta de eflla- I dita quien opine, que en semejante casolM escritores pwlicos, inayorniente ea materíai políticas, deliioran prrú i ir In ceñidura.

La Constitución se rcíuriiia pues real y verdaderamente; v en esta parle la ouinion del.Vr. MmUi Ciáliano esta desechaaa por ahora para hacer IriMitii a esta objeción han ¡I el cnbicrno. que a^i lo diio en la convorato- sidü iubulÍLlL'iihJs; \ v\Sr. Posada en el pár- ¡ na, que asi lo lia üicliu 4.a d di&cur&o de la rafa que acabamos de insertar reduce a pol- | corona, qne asi lo dice en el proyecto prc- TO las < -i\ i'r!cioues de sus adversarios. s<Mita(l() á la»» ('orlos; lo está por el mismo No basta decir i{uc uo se trata de destruir |j Congreso de diputados que así lo espresa en la Gonslitiicioaf sino de mcjonirta; lo mis- i la contestación al discurso del trono, bien mo podrían oponer k» profp'esistassi la con- | que atladtendo quesera pora mejorarla, por* v irtiesen en otra muy semejante á la ile 1812; y los monárquicos sí ia lrai;lonnas.eu en una ^ carta muy parecida á la monarquía ¡)iira. Se qui' os rlaro que no liai)ia Je ilecir para empeonuia; lo esta por la prensa entera, por cl lcn¿;uajc coman, que al tratar de este ha dicho (]ue se conservaban las bases de la i asunto emplea continuamente la palabra re Constitución, y que estas eran el trono y las asambleas; pero no <e lia reparado en «pie con este principio S(> dejaba tanta iatiltid a las reforma* con-tilm itiniilcs par.! lo venide- ro, que con la misma rehila se podrían esta Mecer todos los forma; lo está ptir el -mismo (l!> tirso del Sr. Akalá Galiana (pie no ha podulu menos de acomodarse a usarla.

tl.iy pues ven'adiM a inrnnsocuencia. Se conieslara una y mil veces á este cargo, pero siempre sin fruto. Cuando se quiere, á sistemas imauinables, co- menzando por una Constitución mucho mas '\ todose contesta, todo se GSplica; uolKiydis- democrática que la de Í8t2. y acabando por ¡ curso á que no puedn oponerse otro discur- la mouaríjuia española de los tres últimos so; no hay ddicuilad a que no se puedares- siglos. Trono y asambleas son dos institti- ponder con una cavilación mas 4 menos es- 1 ni s ([uc se encuentran en todo el espacio ' peciosa; pero sobre todos los discursos yso- tompieudido entre la república y la monar-: ore todas las cavilaciones, están los hechos, quia de Carlos Ul. • i están los documenlosque hablan en \oz muy El.Sr. Akalá Oaliano ha dicho que en su; alta, muy daraé inteligible: el público oye entender la Constitiu ion no so reformaba, y I' y juzga.

que únicamente se pensaba en alterar aigu- ¡ Kn cuanto al alcance de este cargo crée- nos de sus artículos. Respetando como es! nios que no llega sino á los hombres, y no debido el talento de su señoría, diremos il toca ¿ la naturaleza de las cosas. Asi, habló francamente que no bonins podido alcanzar ' uiiiy bien el Sr. ministro de laGobornacinn, loque signiiica semejante sutileza: porque ¡i cuando antes de defenderse de cidijo, que si el quitar unos artículos Y el modHicareon- f bien podían ser inconsecuentes los hqi»- siderahlemente otros no es reformar, no sa- " bemos lo que signiiica la palabra reforma. Añadió su señoría, que solo {Hxitanrelormar- se las leyes secundarias, que no son verda- | deraConstitiicidn. y á estas le\es secunda- rías reliriü sin duda los articubís reformados en el proyecto del gobierno. Estraño es que m publicista tan entendido como el Sr. Al- rain (¡aliinu) dé tan o-rnsa iiiinorlaocia á la supresión del jurado en materias de impreu- i iuiai m uuuamui^iuu uc %ooi^ &tuu pi:iii:cui ta, 7 de la Minría Nacioiial, cuando es bien ] del todo, al menos suficiente para gober- «^abido que la imprenta y la Milicia han sido I "ar; pero que el eurso de los aconteci- consideradas <i»'mpre romo rosas de mucha 1 mientos ha venido á deshacer el enirano, de- ioiportaocia en esta forma de gobierno. >er- dad es que no se quita la libertad de imbres, y ser sin embargo provechosa y útil la medida que propusieran.

La iacunsecuencia no es un delito, y no sabemos por qué se insiste tanto en vindi- car>>'e de ella, cuatuln es Itien sahiilo aquello dQ sapienlis est muíare consilium. Tal vez se adelaularia mucho mas confesando fran- camente que en realidad en tal ó cual época no se pensaba como ahora; que se conside- raba ia Constitución de 4837, sino periecla moílrando la necesidad de alterar algunos de sus arttculos. En esto no habría ni delito, pronta, pero destruido el jiiradn.ce la some- ¡ ni necedad, ni torpeza; pndria haber una pnie- te a ooMíeiones lotalmunte nuevas; y no badeia flaqueza de la previsión buuiaoa; flaqaeza por desgracia demasiado cornuo, y que se escusa, y hasta cierto puoto se her- mosea, ctinndo li.n In generosa lealtad de reconocerla y conlesaria.