SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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La discusión del Congreso de diputados. :4lbre el articulo rtilali\o al nuitrimoniu del | Sav ha sido sobremanera interesinte: en ella se lian aMtnlado priucipiiK), se han ntaiiÜe.s- Uüo senliutieuLo>. se han hecho indic^icio- i «I, se han dado es{>licaciones (|ue conviene i nsij;nar y aclarar. Abrióse la discusión con ¡ Uü.di>cursü muy noLable delSr. Roca de io- j flWefi ea defeu^^ du ^u ímuuíi lula.en ipiese «llivó la cuestión a la debida altura, n>i coa mas que la reforma.» Ponderando S. S. la ^Taxi'dad y trascemlencía de esta discusión s«d)re el matrimonio de la Reina esclamaba: «Una sola vo^ix nos queda en medio del (¿'.v- crédito (k ías leorítia y de Id itupuicucin de los ¡Kirtidos, una sola eaperunui. y de ella vamos a tratar.» Tiene razón elSr. llucade Tojíores; después del descrédito de las teo- rías y de la inqH)tencia de los partidos, esta es la única esperanza (|ne nos queda: si ea esto ^e comete un error; si en esto somos viclimus lie miras |)articularcs o de intrigas eütrau^erah: si esta cuestión vit^il se resuel- ve desde el punto de vista de un partido, y lo <|ue fuera peor aun. de una reducida )Hin> diila; si esta cueslion no se resuelve desde un punto de vista f^rande, nacional, de i^o- biernp, de porvenir. »'l daño será irrepara- ble, no venamos el rcmedioen uin^juna )»ar- te; la nación estarla condenada a sufrir, no uno, no diez, afuts, sino (pie delnM'ia contem- plar con deses^Hiracion, «pie por ^alisíacer exigencias injustas se liabria coni[)ronielido su porvenir qui/ás para siempre. i a Kl Sr. Uwade logores, después de liac^r ona reseña del interés que en su concepto debian tener en esta cuestión las potencias euro|»eas, se detuvo muy particularmente en la Francia e Inglaterra, y deslindando la política respecliva de e.stas dos naciones, y notando que cada una de ellas habla en ciern tas épocas presentado un candidato, el cual hahia tenido mas o menos probabilidad de buen éxito scfrun la inlluencia que una u otra de estas naciones habia ejercido en la nucsH Ira por medio de sus respectivos í¡obierno8t,i añadió estas uotabilisiinas tialabras. «Iliv cienti^s acoulecimieutos han liecho ([ue cada cual de estas dos naciones abandone su pen- samiento primero, que cada cual de estas dos na< iones ubre ma> p(M' negar la mayor ó me^ ñor inlliieiicin de. su rival, compañera, aliada/ ó como se quiera decir, porque de todo hay aquí, (pie por reiuinciur a la suya; 7 que asi luit/an ¡ircsailadu uiia tercera j)er5ünay ]Qi\ cualesClKiaO, EXACTISIMO.» j/i Llamamos la atención sobre estas palabras, del Sr. diputado: no se dice (pie una cusa es. «>/•/(!, eiactínima, cuando no se tienen datos en que iuiular la certe/.a y exactitud. Esto coniirma los rumonís (pie han circulado lani váhdos en todos los circuios políticos; esto coniirma lo que bien claro hu dicho la prcii>n >.i. de qu<'.«Hí calaba traba jainlo vivamente para llevar á cabo un casamiento <pie rochaun lim pwpiWlllUil. qpttTMbBian los mo- nárquicos, que rccIuizaD los moderados Mf- ncstor es baccr jusUcia eu eí>4epuatoá lodot» los partidos: apenas so ba Untado de esta cucsiiiin verdaderamente nacional, en todos 9C ba dispertado y exaltado el sentimiento de nacioaalidari; antes que hombres departido, kw hombres de todos los partidos han querido ser españoles. Kstan sin duda en mucha dis- cordancia con respecto al caiididíi lo que á la España conviene, pero conociendo la f;ra- fedafl é jniporlancia del neg^io, tan pronto como se ha traslucido que se Irabnjahn en secreto para precipitarle, para resolverle ua QO sentido que no es nada naeional, todos han protestado, todos han levantado su frente erguida, todos han dicho con el señor Roca de Togorcs, uue el interés de los ga- binetes por nn caoaidato no era bastante pa- Itlque los españoles dcliicnin íI u le cabida.

Los ministros han asegurado el ¡ío- bierno no tenia ningún comproiiH>(), que no se babian recibido ñolas: les creemos sobre su palabra, pero séanos permitido oliservar, que estas coiuuaicaciunes no siempre se ha- cen por notas oficiales. y que sin tener el gobierno ningún r )Mipromiso> podría muy bien suceder que hubiesen mediado negocia- cioDes de mucha importancia. Es posible que ion ministros hayan dicho lealmeote la verdad en sirs aseveraciones, y que sin em- bargo no dejen de ser muy lim'dndas Ins sos- E echas y la desconlian/.a de la opinión pu- liea: es imsible que en la secretaría de Estado no (d)rase iniiann docnmenfo, v sin eubacgo se hubiesen hecho indicaciones que Invieran un carácter demasiado grave y orí- Sen demasiado alio para que pudieran ser espreciadas.

£1 Sr. i*erpiñá. eon la sinceridad y fran- qnexa que le son projdas, did al debate ün vivo interés cuando, al ponderar la necesi- dad de que la nación tuviese alguna inter- vención en este gravísimo negocio, ya que la pretendiati tener las potencias estrange- ras,d¡jo: «Tanto nins creo necesario este correctivo, cuanto que hablando claramente, pory^T í'N preciso t^a habioi- claro según lo importante deesle asonto, la reforma ó pro- Ícelo de reforma, señores, se po- chirrutulo. o uo lo eslrañü después de tantos días que le tenemos emre manos; pero el resultado es <|i:e se clarea, y clareándose re a//á #» cierin término el cttsamienlo de la Reina; y coiuu iiu liiciio uuü de los oradofes que bá i lotaad* parte eu la coesiioa, esle pwaii tm iHíts <|iM' h reforma, lo (enqn motivo parn aoipt'citíir que cfectivaiueñle, como creen al- gunos, el objeto de la reforma es el casa- miento de la Reina, cuando he visto que el gobierno en *■! prct-unlfulo di' la reforiníi no habla una palabra de esle puulo. \o no pue- do traducir este silencio sino crenRendo que [ se trata de ver sípndifn! pnsnr <h' -aptrcihi- doy ó bien si poJia hacerse creer que nin- gún interés tiene, ninguna mira en la varia- ción que se hace en este lugar.» ' I'^fn*- inflicaciones del Sr. Perpiña, r]v. cuulaiuo desenvolviendo hasta el tin de su discurso, escitaron rcclaannomrs d» paila de un diputado y tambkn del ministeria. Los ministros procur;iron sincerarse de IímIo cargo de segundas luieiicioncs; piotesiaruu de sus deseos de que, sako el deeoie de la corona, no se negase á las Cortes la inler- j vención en esle ^^ravc negocio. \ los ojos del I ministerio lu reiuruia de la Conslilueioii en I este punto era una cuestión nn de circuns- 1 lancias sino de principios, de decoro de h Imageslad rvi\\: y asi los diputados debían qnwtartrauqtiilo.s sobre las mUmeieiiee del gobernó. £1 Sr. ministro de Hacienda en li sesión si«íoienleesfor/.o hasta lal prmto la aser- ción, suiire la ninguna malicia luiotslerial en este punto, que llegé á decir: «¿Qué tíeaen 3ue ver las ( ¡ixunstancias en la resolución e este arln ido? \o aseguro al Congreso que el articulo que se discute fue acaso el último en que pensó el gobieruo al tratar de la reOtrnia de la Constitución.» Ya lo ven nuestros lectores: no es posible Uevar roas allá la inocencia ministerial...Pees bien, re- plicaremos nosotros, si en él se trataba del d^ coro de la magestad, ¿es posible que fuera esto lo úUimo eu que pensó el gobierno? ¿xNo habéis díebo vosotros mismos que k refonna en estepuntoera necesaria para librar al tro- no de una luiniillacion? ¿Y esta humillación era lo uUimu de (|ue os acordabais? Tanto protestar, tanto manifestar que no se aM» gaban segundas inteneinnes, casi pcraria por exageración; diga.«>e enhorabuena que el gobieruQ no tiene designios ocultos; pera para negar la existencia de estos deeigniai no se llegue al estrenin de asegurar qneee* I lo punto de la reforma era poco im{»orlanfeh el menos importante de todos, pues que foe lo tíltimo en que el gobierno pensó. Ésa in- diferencia nH^n\a podria eseitar sospechasen, I gente cavilosa, q«e nuaca folla en este étplicaciodel ^. Mon fnesen* las mas á propi^sito uara calmar la itujnirliKl qnc pudieran Iia- ber sembrado |iah)hriis^dei Sr. Perpiftá, «■ando fnndo sas sospcrhas en el mísnyo si- l<*n(io del jiohicriio. ¡Sobre un punto tan importante, sik-tici ■ *; Y ^ohn; el silencio, poco menos que inunerencia!...¿A dónde nmo» á parar?

Estas pspücarinnes serán tan sinceras y leaks como se quiera, pero los ministros no tíodrán ue^ar la existencia, la consistencia, la gravedad de ciertos rumores; los minis- tros no podiiiii n('i:;i!- f¡iit' la reforma del ar- ticulo sobre ei cai>tmueulu era mirada como caaade altlBÍna importancia: que en ciertas regiones, que no indicaremos, el triunfo del proyecto di-! irohiermt ) de la rf>mi<¡nn nw- tm» uua consideración que no se da a cosas iaéifeieaies, y en que no se tenga un vivrsi~ mo íntercri: esto no lo podráu nefjar los mi- Ubitros; esto no lo pueden ignorar los minis- tros; en esto nada tienen que ver su lealtad ni «US intenciones, pues sucede con dema- fiada frpfiM'iicia, <|iie con mucha lealtad y <on mejores uUenciones del mundo se hutn é se dejan hacer cosas no conve- nientes.

Lo cierto es qtje la desconfianza no des- apareció del todo, y que á pesar de tuatos íifhfnMH, volaron á favor de la enmienda del Sr. Roca de Togores diputados que de sriíuro no querían rrh tinr la dignidad del Iroao Di esponerle a ultrajes de uin^^una cla- »; airas oonsideraciones lendrían presentes, y f?tas serian sin dnda Io> peligros de un desacierto. No se puede inferir de esto que Mlariescn exentos del recelo todos los que volaron la enouenda; unos y otros pudieron aHrigarle; pero tai vez los unos creerían que era neneslcr sacrificarlo lodo al rigor de un principio, inieMras otros opinarían que el ITincipio no perdía nada pouiéndole un cor- rectivo que nos pusiese á cabierU» de evcñ- Udiidiides funestas.

está en el órden de las cosas imposible^; se evitará, repeUmOB « una sorpresa qmpfk^ dieni herir como un rayo a ios pueblos, acar- reando en seguida males iocalculables. Vir ra cuando venga este caso, coando llegue este monieiiid supremo que ha de decidir ds la suerte de la nación. ya se ha convenido en que es necesaria la publicidad: esa pu- blicidad que, como ha dicho el Sr. mmistro deK>íiid<i, "niíita lodns liis ¡iilr¡,\'as, toda»' las tramas, asi propias como eslniñas.r.

Con esta discusión del Congreso habrá ganado no poco la nación: en esla discusión se ha manifestado de una manera snlemne que el.sentimiento de dignidad esta muy vi- vo en el corazón de los espa&oles; que no quieren ser patrimonio de nadie; que no quieren ser juguete de inlert^ses transitorios y de intrigas estrangeras; que comprenden «oda la gravedad, toda la importancia^ todl la trascendencia del enlace de Isal)el li: cuanto se ba dicho sobre esto en el Congre- so, ha encontrado simpatías en la prenso^ simpatías en la capital, y las encontrará ea toda la naciíín. Y con este saíiidalde freno, asi lo esneramos, con este saludable freno se procederá en adelante con cuidado, cou mucho miramiento; no se darán pasos precí-: pitados, no se urdirán intrigas imprudentes; se tendrá á la vista la uacioo, esa uaciou (pie para aterrar á ^oien intente ullrajaric no necesita mas que lannrte una mirada severa.

No, no habrá sido inútil á la España esta discusión solemne: se ha consignado un priii* cii)io, es verdad; se ha Iioeho una manifes- tación de que se quería realzar el prestigio del trono; i>cro al mismo tiempo se ha pro;- testado contra el abuso que de semejante- prcrogativa pudieran hacer malos consejeros., Si. alguna vez se inlenlára una sorpresa, si hubiese quieu creyera haber cumplido eon lo que se debe á la^ley, y mas <|ue á la ley á la nación. anunciando á las Cortes r|ne se iba a realizar el matrimonio v ejecuiaadolp ikfmar de todas las divergencias se ha Ten seguida, sin dejar tiempo a que se numi* fonvenido en una cosa, á saber: la necesi- dad de que antes de verilicarse el casamienfestase la opinión pública, sobre el recaerían las elwnenles palabras del Sr. M arttne/ do tí) de la Reina tengan de él noticia las Cór- I la Rosa. «ScQoces, si hubiera uu pais eu ei i^^,qñelaieiigalaiiacion,Tanticipadamente, mundo, si bubieTa no I" ba<^tante para que pueda manifestai-se de ^ nidoera decorosa pero inequívoca, si el proyeolado rcunc 6 no las simpatías los pueblos. Do eüa suerte se evitará ^««pioaa, que por mas quo M diga m * mmísterio tm mente procaz e insolente, porque es menes- ter ilamarío asi, <]ue hi[)ocritamente acalann do la ley diera cuenta á las Cortes de qoO el matrimonio se Jba á verificar, y sin esjíerat la cstestaBÍoa n» sii|yiera 4o <|uedoff.«iitemudo el 8r. IVr|>iftáh si liicrn posible qu»', «Í!> «'^|i!'rar la contcslurioii «¡uf si» rln sil mas MiHi)U' oficio, nulori/ase el mütrifnoDio, esc «nnisteriQ, scnon*s. no habría palabras con que caliticnrie. ¿("ó:no rs posible suponer 3ue hayn im miiiislerio lan desaleulado, que espreeiando la opinión publica, conlrariim- ido los rie<ieos (le la nación, porifue eso quiere dfrir (!e<pivr¡;ir <u voto, lenira el desrnro de venir un cuarto de hora anles úú celehiar^P el nurtrimoniof ¿Pnetic haber nunca un rey que mande eso á sus minis- tros? ¿ Hnhna minisiros que lo ejeeulíiran? ¿Lo consenlina la naciou? SeñorcK, la na- ción <fue sufriera ese desprecio serfn di(jna de los hierros por lodn una eternidad. y> Nosotros ereemos (pn» podría eaber ese desprecio, aiui cuando no se i)oní;a el caso tan eslfemo de un cuarto de iiora crecemos que pueden vcMiir combinaciones en (inr- de otra manera se desprecie el voto déla naciou, y se pisoleensu di^^nidadc inlereses: pores» lo deseamos qae lattacion. mu < idpar las iulencioncs de nadie. no pierda de vi'.f i es- te negocio grave, gravísimo, Uoi pual de- pande su porvenir.

. Desechada la enmienda del Sr. Roca de Temores y las demás <iiie tenian una tenden- cia mas ó menos semejante, claro es que no podía ser dudoso el Irianfo del gobiemn: triunfo (luc lio x-ntinins, fmrqiio en n'OÜiíad creemos que la relbrma con que se libra al monarca de la necirsidud de estar autorizado por una ley para contraer matrimonio es una rcform;i jii>t;i, decorosa, cual cumplo á * una nación que lleva á tan alto punto su ros* •peto al trono y su amor y liomena!;eá loi re- yes. Bn esta parte opinamos que el p)bíerno tenia razón. sin que por esto ('(¡¡iMTiíns á los que por motivo de las i iituinslaneias no ej e- yeron conTcniente a|>o) ar semejante rcfor- ñia. No dudamos que si la rti('>tion se liu- biera podido elevar á la estera de los princi- pios de tai suerte que se j)rescindiera completameDle de la situación particular, sumamente critica, en que l;i nación si' en- cuentra, la votaciou hubiera sido uoauuue, y no hub^ra habido ni stqiMera diacu- aiOB. Desgraciadamente. |)or mas.(|«e se formara empeño de prescindir de. l is circuns- tancias, era irapo^blc perderlas du vista, o iteíac diretiiae/cfaf iinposibla so teaat lo ^Bta fijaren ellas dol afikmlo, plAfoi..

pnrticulnri<lades notables. votándo cu coa* tra diputados que habian descebado la ea- mienda del Si. Üoca de To¿;orcs -y no to* nian4n parle otros, qu^indodableroenle ho- bieran di-scnd i l í.n-i^n.ir su voto favorable a cuaniu pucii;- i<';il/;ir la dignidad de la corona, ¿(^uai e.s la causa de esta anomaMil No es diticil espfiearla. El artienfo que » ponia en votaciou contenia d^ s pnries. una que eximia al lutmarca de necesitar la aulC;' rizncion de las CArtes para contraer nakn- monio; otra añadida |)or la comisión y acep- tada pnr i'l jioliiorno. en que se dcria qii« ni el rey ni ei inmediato sucesor á la corona ]K)drá contraer matrimonio con peraona que por la lev esU' escluidn de la sn< esion » la cornnn. íllaro es que to ultimo considera-* di» rumo un priiu;ipio, no podía encontrar mucha ojMiaiewn; y que si alguna sufriera* había di- sor par coiisidoi-arsf inútil el e.<|)re' sar una cosa que saltaba a los ojos. ¿Cé' mo puede supouerse. que' el rey conliti- ^a malrímonio con quien está declarado in- digno de ocupar el trono? Añadir esto en» manifestar aescoolian7.a, ^ cabalmente la reforma del artteiito se hacia para horiaria huella de la desconlianza. líajo este as|>eflf». pues, se liubiora podido impugnar la adi- ción cuando tiiera dable prescindir de la* circunstancias de que ostabames en Rspiftei. de que ocupal>a el trono Isabel II, do qw este trono babia sido disputado en unn guerra civil muy ]M)rtiada, y de qiie dunmtc la refriega, y cuando mas enreoiHdos tMta^ ban los ánimos, si» Im]iÍ;i Iu'< Iio iinrt l^r ^of id cual se escluia de la sucesión a la coroDt á D. Carlos y á teidir sñ descendencia. ' ' - Kste punto i ei « sita algunas'fiolaraeioifes.' Siihido es que tnn Ineao coum se tuvo noti- cia de la adicu)u relativa a las uorsona? escluídas, In prensa y la opinión i)únlira e«- tenditMí n (pie esta adición era nija de fas rircnn-lancKiS, que signibralín algo masque la Muiplc ( ua.^iiinacldii de uu principio, al- go mus que el efitahteéímiénio de ma 'rtfíla genrral So creyó ver en esto un nuevo "Vfv- to de ercUisiou contra I). ('.arlos v.su íaait^ Ita. una precaución para que la A^n*d<)'j»' enlazara don tñáguno de los hijó^ de estf principe; y esto se eonfirniaha mnsyma'<. al recordar «pe reuv rícicntcmertte eí scí^r ministn» do Catado ImMA adMlMltf Mof ««f^ I lisias de que prelendiau l'ttgrat p*»r asliu ín ra de las armas. Bajo este concepto, todos | pv «¡n k»j; porlu uaio tolo ba podkto teiier los que no creyeren eonvenínite ailierine t semejante r ^ in^ion, no era recular que se adhirieseis a In (jue la comisión proponin. Babia ua mediu muy ¿cuclilo para salir del TCso, y era el VMM^ el articulo por partes: de esta suerte se ron«e2:iJÍa en favor del tro- no ct voto de los diputados dispuestos á darle, y no se los precisaba á apronnr lo qne- ellos 9<eian que no debia aprobarse. ¿Por qué no se adoptó este medio? ¿Oué necesidad ha- bla de volar el articulo por entero, cuando .1 él se emrtenian costs tan distintas? Aten- didas las esplicaciones del gobierno y de la ' eomision, de que solo se trataba de consiíí- nar una regla general, y que de ninguna iMneri te hacn pslereneln á los principes deslerradns, concebimos muy hienípic mu- chos de los que votaron en lavor del articu- lo, no tuviesen ni la mas remóla idea de vo- nna wmm esclosion; poro esto no qoita ^^^ffMb los que votaron en contra rt se abstuvii^ » no pudiesen también alegar razones que 'leasen tn conducta. El Sr. EffaAa os- k» motíToe de se ¡nejante coodncta con fhnqueta y lucidez.

■^'*tfT 4 este propósito, dijo,' aéams Ifeito pandrr con nnliciparion á un argumento en cierta lera penwul, que podiá baoéneiue en el c^- de «Ma dátete. Pee» ai tan «alo le parece el Lpríucipio de la desconlinnza llevado al csccío, se ^m»: ¿cómo es que ayer dbie uo no al dic- ^IftneD déla comisk» «obre el casamiento? Preci- samente por eso, señores, \ol*^ ayer no, por el respoodv 4 wa arigfcia de partido, salisfaccr á una de etsas preoempacio* nes fugares de la opinión que no deben ser escB> c-liada!^ por los legisladores, mucho mas siaarjB» saltado ha de ser humillar y descontentar sin ne- cesidad á una parte numerosa de la 'población, pacifica* bdioriosa, amante de la monarquía, qne es mejor convertir poco á poco á nuestra fe, que no exasperar, proscribir t scgnir manteniendo en o! ilnli«mo, condidon degradante, que no sufre por mucho tiempo ningún pueblo, y mucho i el noble, el valiente * el pundonoroso pueblo &mo principio que me ha obligado á presentar cmttieiidi. La defiendo i^Ma eimiieiida. ta defiendo boy guiado por k» 'mismos motivos que me impulsaron ayer á de- ehar el dictámen de la ihutrada, dkla respetable Yo yt»é eootra eee dIeláaM, porque I primera parle, 6 es insuficiente, ó descansa en principio de lo suspicacia; porque su úliima jarte la considero perjudicial é indecorosa al Iro- '(BO (dejo siempre á saI\o las inteneinnes de la eo- lision). Tolé contra cüe dictánen, porque en mi ípto las Constttnciones no deben ser indtce* irrjalorios, donde se esrribiin los errores, las íloncs ó las preoeupaciones pasajeras de los ' jiartidos. Voté contra ese diolámen. porque es mi opinión que los hombres de tLslado no delien 'x-Cucrar ninguna puerta al porvenir, pudiendo nia- iKlaaa eer conveniente y aun necesario lo que boy A^aenos presenta como peligroso y aun funeslo. Vo- i¡ té finalmente contra el diclanien, porque la en- mienda que al proyecto del gobierno hizo la comi- ^ '«ion es de ningún efecto, es completamente ilii- " toria, completamente nula, como demostró aver Se ve, pues, que en concepto de algunos seftores diputados, la adición entrañaba des> confianza sobre un objeto determinado, y so referia de algún modo á D. Carlos y su fa- milia. ElSr. Sartorios, contestando al scftor Egafla, «firmó que cln oonisioB no se habia acordado del principe desgraciado que eslá desterrado del reino, i, ven el inismo senti- do hablaron los sei'iores bravo Morillo y Gon- zález Romero: pero según pdreoe no slean» zaron á ennvenrer á todos los diputados de qne la adición no fuese nins qne la consig- nación de un |)riiicij)io, v oue en ella se pres- cindiese enteramente de las circunstaneias.

Y á la venlnd, no era ev-fo tnn fáei! recor- dando lo qne se hahia indicado en las sesio- nes precedentes, y aun las esplicaciones del Sr. ministro dte Estado en la del día anterior. Diücilmente se podia decir de nna manera mas esplicita y terminante que la adición no era un simple principio general, sino que nacía de las elreunB||peias. Hé aqü sus p«-^ labras: cPaso, adiares, á csplicar, aunque I te, la adieion que ha hecho la enmision, y por qué el gobierno no la propuso. El gobierno de S. M. creyó, guiado del espirita do parsimonia que le ha conducido en todo el proyecto de re- forma, (|ne bastaba sentar en este arUculo el principio de que «He* de concluirae el matri- monio deliia darse cuenta á las Cortes, y de* biau estas aproltar la parle de las capitulacio- nes matrimoniales que versase 6 foese objeto de una ley. Después la eomision ha propuesto lo guíente: íNí el rey ni el inmediato sucesor i la corona pueden contraer matrimonio con oer que por la ley t^ié escinida deU sucesión ae la « roña.» Desde luego ae ecba de ver, sefioras, pmiuunente éiim ttnmt^ 48 Mmíiáé^'h^ñmpos prmmtf$i es deeir, el go- j| luego había on objeto principal, qae en el JO iM) la crcvó -^á espooer-» lite por ta» ' Lá acción pues, según el Sr. MartÍDCz de la ftosn, n^ii preeUamente d$ las cireunsiancins <le /o.< fi"ii}pof< preseufcf;, y por lo luinnio juzgarou luuy bieu lus beüores dípu- 4a<M8 ifae-freyenm ver en ella algo mas que tin principio. ' D'^ílc Inc^'o s(> flojaha ronjotnrar que In comisión hahia cnineudaílo cu esta parte el proyecto del gobierno, para calmar la in- quielud quo en alirnnns Imhia producido el que se dk-jasc a la Heina en libertad para dCCH^traer matrimonio $ia autorización do las .^ipiles; pero esto^ qiya en un principiQ p«do ,scr nna <x)njVliirn, s" elevó en el nirso de la discusiüiva coomicla certeza. Dcsoues de Jutber «spiicado el Sr. MartineKdria'ftosa ^Q^molivos que iudicaron al gobierno la nin- guna necesidad de babinr di* los pnnci|)es esciuidoü, cunliuúa: uLa uJiciuu quu ha propuesto- la oomision ae reduce a que nu pui'da contraer malrimonio la Reina 6 Rey coa ias personas que e>ten eschiio'os de la jcorona; pero las que lo csleu ha de ser eu Virtud de una ley, uo consliluciooal sino parlicnlar, secundnria, diiíámoslo asi, pero coasefiHderpcir la ley secundaria; luego se Iwbía tenido presente ni príncipe desterrado, y por lo mismo comprendieran muy bien el espifitai de la adición ol Sr. EgaAa t bié oampaftetos.

I n caracliT particular ha ofrecido la pre- sente di.^cusiuu, y es que el Congreso ha dado al gobierno una lección de |H>Utfea y leinpl;in/.a. To<los los señores diputados qué han tomado parle en eiia se liau esprusado con suma uunleruciou con respecto a perso- nas y partídoa^ ninguAO.de elk» w faa per- mitido cspresioues duras coulra I). liarlos; niuuiu> de ello» ba creído que debiera hacer alarde de so adhesión á Isabel, 11 denostaiMb í al infortunio. Esto r^e ba notado tanto mas, cnanto cpie habiendo descendido el inipnlso de lo alio, debía al parecer aumeulaise la vioiracia en llegando á la^regioa -ikHide es mas natural que campeen las pasiones, y do pesen en tau ailo gradólas ra/ones políticas y la consideración a las personas enlazadas con la fteioa por irínctiloe de. aaogre« En esle caso ha siict tiido en cierto modo lo que en tiempo de iispartero, cuando las mismas Cortes uacidas de la revolucí(m fue- ron menos revolucionarias que el ^obieno, desprecianiin proyecto»^ (pie cstt' lanzaba so- \i^Ui. iNiu^uua tuerza añade por consi- | hre el país como una tea incendiaria. Abura gniente lo que se propone por la comisión, v el gobierno había C<HiWB9eade también insal- y esta i'ue la razón para no proponerlo desde i (ando á los monárquieosVy cóncilando conluego el gobierno; ¡)eio mando se esr¡!i> la I Ira ellos la indiiiuacion, pueSquese lo^ su- ,4^ieuor duiia, la menor sospecha de que pu- | ponía conspirando contra el trono de la Rei- <diera interpretarse de otro modo, dnda na> | na para traer á D. Carlos ó á sii^ hijos por ^ida en unos por celo, en otros por Mi>[)ii a- la iiier/.a ó por la intriga. El gébieroo hacia cía, y i'ii uiios tal vez por espiriUi de ¡)arti- ■ alaiile de patriotismo recordando el abismo íío, en cuanto se escito la menor sospecha h abierto entre los partidos; pero el Congreso, de que pudiera creerse habia el menor de~ | mas jiiicias»;'faeiios rencoroso, mlis templa» si:ínio en no gobierno de esprcsarlo en el articulo, el Qwi,.uiiiu wi la manera mas libre y espontá- nea^ convino en que se csi)resaíc.» A.clíUimdo esle mismo punto el Sr. ministíO de la liobtMr.:uitin, dijo: "Porque debo 9oar^ presente una cesa auo ya ha dicho el Sr. ministro de Estado: e( gobierno no ere- yo nccpsario poner hi «lÉusnla que la comi- sión ha añadido, nórntic, romo ha dteho muy bien el Sr. ministro de Estado, el obje- fú prineipat estaba conseiruirio por urta ley seatndaria. Asi que, si hubiera, sido esta j[o{a la ra/on (pie se hubiese aleado para .^ft^dir esa ciausuia, el ¿¿uiiierno no Ijyubicra do, mnspolfliro, ujas coiincoílor déla necesi- dad deeih:.r un velo sobre nuestras discor- dias, hn. es; iichadoen silencio las imprudcn'- li s uoclainaciones, és[iLraiL(b laopor'.uiiídad <¡emaui¡'v.'^tar consii ejoiiiiM».,ii«' i":-lc!e:i-;na,- jueia un anacronismo, que denubiadasau^ se habia denaniado, y que en Espafiano debía hatermaa que t's{>añoles.

MI golfierno, que habin dado tan mal tono y (jue se hahia mostrudo tan poco a propósí- io pnra dar lecciones de templanza, al rtftí- nos, y csto'es'consolndor, ha ninniíeslndo capai-Miail para apreu(j;'rl:is. Asi es que aho- i.a Skj ¡la es^resado lambicn con luuv distinto raaproQder en esta materia: bueno es que | do rl héroe de ^^eli -mlire de IKiO.podían» ai el Coo^su Uu teoidu mal uiaetilro, pue- I contiauar doiMiuandu los lui¿litlJ(^l^iQcipio$ 4t al mmm, tener imifoclpiil»aprev€di¡ftdo. | y los mismos hombres que le hmm m-^ combrado; peio el partido < > lu nmbiÁ T r.

liiti)ia Los que se habinn heciio la ilusión de (¡uc COD la caida de Espariciu st; quila!)an todos 1m oiMtaealM que impediMi á la ^^spafia Íciio un esíucrzü dcáijratiado títt.oc-li^luti d^ 4841, creyó conreniente advertir á so ad- versario que se equivocaba; y que li»s des-r liluidos y los des'j'rrados por la revoliiciou de selieuibre eran li s \oruaderoi. \cDeeuuT res, y que á ellos y no á oíros locaba cuú^f de la di-itribticion ü?l irr.to de la victoria. nación no lo liabia euleudido asi; la qa^gioQ no quería el esclusivismo de une;) ñi. di) otroa; la nacioB sabia lo que podía v^(x rar fiel mando monopniizao'x'M eualquierndf losdo»; )arlidos. Desde luego lúe uiuy taciliailunil^riu' p| entrar en una é\^(^<•^^ verdadera paz, verdadero «rdea y verdadera Itbcrlad, ban ^.,, podido realiGear m y kxmmr la I el deaeolace; el trioaro debiaiqmedacípw a) vanidad de jas esf)i>ranzas. Espartero era fin duda un srrnnde obstáculo. mas no el único; con Issparluro nu se podía obtener el Wen que se deaaaba« paro sin Espartero podií u continuar michos de los ninios ([tío nos adlírian. Si la razón no hiibii'ra sido