que contara con el apoyo del: ejército. Una sola bayoneta es capaz de rasgar muchas tablas (ic derechos: eucircuuslaucíasi^inur, jantea vale mas qoe todos los discnrsqa.una compaftiadc graoadero>.
Si al poro ti'-nipr- de laenlradadc Icsprobastaule á deaiostrarlo, la esii>eriencia se ba.j nunciados en Maund hubiera siduposíJae ic-t encardo de baeoHo palpar.
Una coalición derribó al e\-re!.'ente»paro eita coalición tuvo en Madrid un carácter muv diforenle que en las provincias. Kn Ma^d-la coalición foe por -oálGijIo, en ia^ provincias por scnlimiento: en Madrid se {jesarott las probabdidades de aicauiur un BMaialertoft otra posición elevada; tu las proviocias oWaron el amor al trono y.¿ ia religión. el celo de la indt'pendfncia nario- aal, el anhelo vivo y ardieoie de una recou- dliaoMi sioeoia, fratonial, de todo» los es- pañoles. Asi. e! níoviini('nlí) i'iu' ürande, nacional. mientras ios pueblos haiiiaron y ejecutaron abandonados a su ^eneroM> ioi- piko; pero tan pronto como el pronwieia- mientu dominé la capital, tan prontO'tQBBO w dijo ¿ los pueUos hoMta, enctfgáiMkiae algunos iadividnaa de llevar la vos deJa na^ cion, la inmensa órbita se fae aohioando rár pidamente, y aquel vasto movimiento en cayo couiusu torbcUiao so veían agitar hs glandes idaaa, • los elevadas sentimien- lis nacionales, se limitó á una reducida es- fera, donde nocaiiiaii niasonií!!}leresi's(iar- líotlares, rívabdudes uie/.(]umad, rosuult- > 4 doaatDlíaiiihs, -BaJaorias •dox.aaMr troceder, (ay, cuántos y cuantos progresistas hubieran retrocedido!...¡í'.uantosy ciiánlo.s se hubieran unidoá sus adversaiios, up^dii-' dados á la sazón av^ctic/iott.t. Pero ero ne- cesario segedr adelante; los hombres nu do- tienen ásoLi^OluDlad el curso de los ¡iconk - címientosr la^irensa clautaba, ulguooii uiai osados teFvshiafaan la bandera de la junjUt central: ¡vanos esfuerzos! ¡No ero posildi? retroceder! Kl navio sebabia «bulu a la vela, y se dirigía rápido al punto. üeÑuiaiiu; ios ¡irogresistas que m habían embarcado.en él leinliai) mis brnzr < müvuMvrts. esc!;;inan(lü ¿á donde nos llevan? V el piloto se sonreía con sonrisa moladora, y los ayacuchos ^ qu« veían complidoa sus pronósticos^ se alegra- ban de ver envueltos en su propia ruina a tos que babian contribuido á causarla. J^ra neoeaarío smir adelante y declarar la yoría dehl Keina; la mayoría ^e declaró,r>4.| Apenas ronsliluido el írabiiiete üluza|i£ar, la nulícta de un acoalecíiuiento el inas es<- trafto de que haya cecuerdo en los fastos de la historia, sorprende á la< apital, ála Espa- ña, á la ÍJiropa: ¡liiste iiiau¿4uraciondc uup ó|K>ea que se nos auuuciaba cqnio la sucor^ »b tranquilidad y •vcottiral ¡Saludable lec(^o«[, qtie «ndicaba bien «lamino babenfie tcf^nír ntiMtroi íbIii(ii— ntiMtroi íbIii(ii— lu'cíio siguió ei asnado aun la eadem de niosl...Al escándalo del cándalo de la discusión: desde entonces se Tió con toda evidencia que le esperaban al trono grandes peli^^Tos, y ¿ la nación dias amargos. Al decoro del tronn le importaba mucho ciertamente que quedase en buen lu- gar la palabra de lancina; mas para conje- tomr sobre el porvenir era indiferente el juicio sobre aquel asunto. A un hninbre pensador te debía ocurrir este dilema: o es verdad ó es mentira; si es verdad, ¿que si- tntcion es la de un país donde se comete genioinnle atentado, y el criminal es defen- dido por un partido numeroso á la faz del mundo? Si es mentira, ¿cabe mayor infomia?
Por manera qne el dilema no consiente salida: hiere en uno y otro supuesto; ora se abrazase la causa de los progresistas, ora la de los moderados, el trono recibía vna herida |)rorun(Ia; en un cnso utirnje. en nlro degradación: y heridas proiundas son para los tronos asi la degradación como el ultra- je. Bajoeslé aspecto debió mirarlo In diplo- marla europea; este solo suceso bastaba pa- ra alejar un reconocimiento. El efecto de la declaración de la mayoría de la Reina se destruía con ol escándalo nuc inaugnraba la nueva época: un país donde pasan tales co- sas ofrece pocas garantías do estabilidad; • han Irasenrrído ealorce meses, y la Enropa todavía nos deja en nuestro aislamiento* * La caida de Olózaea arrastraba irremisi- blenienle la de todo su partido; y este con su conducta ae envoh'ió mas y mas en esia ruina, accplando en cierto modo la respon- sabilidad del ex-presidente del consejo, y aprovechando aquella ocasión para dcsple- l^r un ataque general contra sus adversa* fies.
En nuestro concepto los hombres á cuyas man(^ quedaba por necesidad eucomendáda la dirección de los negocios públicos, se inoslmron á la sazón muy inferiores á la al- tura de las circunstancias; la Kspafta y la Saropa debieron comprender por el desen^- lace inmediato lo que se podía esperar en lo sucesivo. ¿No había sido ultrajada la ma- gcstad Real? ¿No corría el trono nuevos pc- figros? ^.T^ose rompian de nuevo las hostili- dades de los partidos? ¿Xo se encíHitraba hi nación en circunstancias enleramcnle nue- vas, sumauienle crUicas? Sí; pues entonces, ¿quién debía lavar la mancha? ¿Quién fmwMtmirP ¿tQuiéa paCiio para que no le alcanzaran los tiros ám las pasiones? ¿Quien encarffursí déla direc- ción de los negocios públicos para hacer frente á la teninle eri6ia; y «ondueiri kr nación por el buen i j:iuuu? S!ii duda que debían ser los hombres mas conocidos por su adhesión al trono de Isabel, mas señala- dos por su elevada posición, mas ilualwá por sus talentos y scrvicin»;, mas influyentes por el prestigio que disfrutaran en el partido que iba á prcdomioar. Asi debía esperarlo la Espafta, asi debía esperarlo la Europa, y sin embarfTO no sucedió asi. F! presiden- te dei nuevo consejo de ministros fue na diputado sumamente iuven, sin mas p»» sicioii social que la de abogado, sin maS fama en el mundo político que algunos discursos en el Congreso y algiuu» es- critos-nada monónpiíooi. ¿ Qoé nación «a esta? debió decir la Europa.;,Tnn falta esta la España de hombres?.Se trata del trono mismo y no se presentan Si existen y no se atreven « ¿dónde está su valor'? Si existen v no pueden, ¿qué obstáculos se io it^piden? Si ejíislen y no quieren ¿dónde está su patríotísMl Un hombre nuevo, inespcrio, quina quiera reúne la cualidad que en seme- jantes casos vale tanto, cual es el ser militar, ¿este homlM« se ha de «iioar|;ar4B salvar el trono y el órden público? Si es éí quien lo salva, '¿como no rivalizan por alcan- zar tan alto \yTe7. \as,ipü3^raii mas üíslingut- dos? Si no es él qnieml»; salva, si otros sa encararan de dirijíirlc, si él no bace masque aceptar la respor^nhi'idad. ¡desgraciada na- ción dunde los hombres mas elevados reba- san la responsabilidad de salvarla; donde el sostenimiento del órden v!n salvación del trono se han de lograr por medio de nu e^ tor responsable!
Sí aquel desenlace nanifésM» un error im- perdonable ó una impotencia I¡i>tiinns?i. aquel ministerio hizo sin duda cosas de la mayor trasoendeacia; mostró una energía hasta entonces no vista, una osadía al nivel de los peligros, un brío proporcionado á!o arduo de la empresa. Tal \ci fue una íortu- na que no tomase las riendas del nwmio al» fíinia de tantas ílnstrcs nulidades como pn- pulan entre nosotros, y que conservan el Honroso titulo de notabilidades, con tal que tengan la pmdaacla de no ponerse de maimagar ol nltrtja? ¿Quién acudir A ia d»> ^ nitiealo; para cato ■» quita la team éJas •benraciones que se han presentado, ni ha- I evidente que el proyecto por dé pronto eré' que el ministerio de aquella época pudie- te ofrecer é la España y á la £un>pa otra «MÜMqne la enerirfa. Y la energía no basla parn fiindnr nii oMcrno, para cicatri- zar las llagas de las naciones, para gran- gearse el amor de los pueblos y atraerse el aaapatg de loa estraftos. La energía no basta, es necesario un sistema lleno de rn7nn, de justicia, de miras elevadas; es necesario algo í que se le hubiese llevado á cabo. BHs que OB alíela qie locha por defenderse; I Si el mar^uét dt Vibma qo §é halneié es preciao un gobierno sabio en la dirección, | contentado con dar los:ptiáñtoé' decfetoaj justo en el castigo, firníe en el mando; es sino ([iic estos hubicííen rnmiado parte de un uecesario el esplendor de altos couucimien- | plan vasto ca el cual estuviesen resueltas ,iía, de elendes earaeteres, de almas I todas las cuestíones sociales y políticas que realizable, que en Ta autoridad real habiá^ Tuerza suíiciente para llevarle a cabo, y que hubiera sido acogido con júbilo por la inae»» sa mayoría ile h nación. Pero un buen prin- cipio no es lo mismo que un buen término,' V este término hubiera sido mas ó nenoa feliz segon lo mas ó meMseomplelo del sía*' tetna, seiíun la mayor Ó menor fii igrandes Como quiera, se creó entonces lo que se ,Jlama la situación; y habiendo lernuuado ^ cometido el niaislerío González Brabo, cayó. En su época se manifestó con toda claridad lo que puede todavia en España la •atondad real por sf sola; y que noseriatan difícil como algunos creen fundar un gobierpesan sobre la nación; si hubiese contado con algo masque con el ejércitoyia policía, y se hubiese apoyado en las ideas, senti- mientos é intereses qne predominan en lit sociedad española, la felicidad del término habria correspondido á la del princijMo; aa otro caso, no. • »;i i No sabemos lo que Inihiera acoiikciida <■> Bo sólido y fuerle, si luego de pasada una!| aquella suposición, mas por desfrracia pal- de esas crisis violentas que con tanta IVc- | pamos lo que ha sucedido en la otra, lodo wnatt atraresamea, se trabajase en eiepr I ae está como se estaba, escepto lo qne at^ un verdadero estado civil, contentándose loa I ha empeorado. Después de tantos meses to- hombres de influencia con ejercerla un poco? davia nos hallamos envueltos en la discusión BMnos esclusiva, á trueque de dislrulnrla i de la reforma constitucional, el pais sin Ofw< •mis segura, j sobre todo oms beneficiosa I ganizar, la administración y la hacienda tftB< al pais. Desgraciadamente no se ha encon- desordenadas como siempre, sin hnber jotrado todavía quien haya comprendido esta Terdad, que tantas y tan duras lecciones habria p vIuId enseñar. El ministerio Gon- zález Brabo triunfó de la revolución con el apoyo que le prestó la buena voluntad del pais; pero un escaso número de hombres se crevó con derecho á desentenderse de sus auxiliares, aprovechándose ellos soloB del resultado de la victoria, iáilioinbrado el acloal mmisterío, y antes te constitnirse definitivamente, sobrevino grado el reconocimiento de una potencia, sin haber adelantado en las negociaciones' con Roma; con el clero á merced de un pro* yecto como el del Sr. }lon\ sin hal><»r dado Úq paso en la reconciliación de los ánimos; con la división de los partidos cada día maat profunda; sin esperanza de un verdadero estado civil: con la necesidad cüdadia cre- ciente de auoyarsc solo en el poder militar, Ídedefenaefel érden péblioo por nedi» e destierros y de fusilamknt(». Esta es la /(jMra crisis, motivada segtm se hn dicho por I obra de los hombres de la situación; gócenr* ^^l^dcsacuerdo de los couscjeros de la coro- i se en ella.
I, con respecto á la marcha política que convenía emprender. Sepruii pnrece, el marques de Vilumn quería organizar y aun constituir el pais por medio de decretos; lus demás opinaron en sentido contrario, y re- ■tirándose del ministerio el marqués de 17- hma, comenzó la nueva era que todavia uo j|a eonclnído. - ^,,Jh4€uál sería á estas horas la suerte do Sefiálese un hecho, un sólo hecho qdfrhidique haber la España adelantado algo para tener verdadero gobierno, y ser admitidade nuevo en la comunión política de Europa; señálese la resolución de un solo proUenui; í]uo siinpli(i(pie la coniplieacion de nuestros negocios; dígase si se ve otra cosa qoe el trono defendido á dnraa penas de taa ata- ques de la revolución. Y esto ¿cómo? ¿Acaa si el dictamen del morquñ de VUu- ¡ so por la fuerza de las leyes, por la robus- #w kabiese prevalecido? Para nosotros ea l tez de la organización interior, por la unión « áaids grandes idees é intereses nacionales? Noi'oada de esto vuraos, loque vemos st, » t'jérbito leal quu e&lá siempre sobre {Mermas.
7. Y eslo se IlnmrtcrMf tm íiDliiorno? Las naciones ^.son por ventura uq uampamenlo? ¿Ei Bdario de lot remes acaso una forta' feza r En el inisnio disrurst» do la corona, eii If apertura (1k las Córfps arliinl s, se sefia- lalia este mal, y &e anunciaiia la cs{>eran£4 diri^remédio;- ¿dónde «stá el ottoiplimiento de esln ('«|)t'r,in7.ii? V es lo peor que la raiz de este innljio osla en el rarntipr de r'^lc ó aquH hundiré, sino cü U iialinale/.a lUisiua dai^^caíite; en la falsa situación en que se eiicut>ntr.> e'^tn soi iciiad y el |\oder «'ucaríja- Uftde lígula. Si el ^ieneral Aanacz liuluese mitiMiludo h la alevdsia de sus asesinos, olfouú otnñ Í6 htibicran reemplazado: por- qiKv mientras nó se hnrríi iin esfuerzo para coDslitu/r ul i^er l)a¡o ius condiciones que pueden darle estabilidad y fuerza propias, latiíflsecas, ndependíentes, neoesaríe será que 1,1 busque en los militare^. K^to'j milita- res serán uno ó. uiHciios, se llamaran Aar- mez é fwnolro ncmhre; tendrán mi carácter m»^ ó menos resuelto, miras mas ó menos aímlmMo>as; pero c! Iirrhn sera e! mismo: no habrá poder civil, y í>i unicauieulc poder nnlltar.- Es curiosa la ^iM Íeilad con qt»r se nos ha hkv de parl:imonlo, de 4kmslilucion y de ii- lieatad. ¿fuereis saber Jo que lodoe.so vale? Itoc^M las siíjuieules |irc£runtas. ¿Puede fiirt»sislÍT un ministerio que esté en opfi>:cion caQ'AartMute? ¿Fueden sostenerse unas Cor- tea «inef estén en lucho con el ji^encrai A'iir- fvfw? Este ew el centro del gobierno. Y en las provinrfa';: piifí!'^ se.'.'iiir en su pur^io un gefei wjlitMtü en desacuerdo con ei capttan gslieral'? ¿INiede continoamna diputación en Itieha con el capitán íreneral? ¿ iNiede sostenerse un periódico que no quiera con- sentir un capilau peneral? Uesolved estas caesttnnes como mejor cts poreaea; la ojú- iffon pública. inrjor diremos los hechos, las iuín resuelto de aulemano. Que si opusiereis ranenes y eluífios, os preguntaremos si os írtre veríais á mi ensayo, trasladando el Jüo (Id CnuirviUo. ni aun otro pertodirr» de oposición menos tuerte, a ciertas y ciertas c«|litalc!é ifiic iHffi abstenemos- de nombrar; y si» cmliarfío allí estaría de una pane i l pí»*- der militar, do otra vosotros con la Cow>ti- uictou en la aiuno^ ' I Es menester no hacerse ilusiones; es pre- ciso atreverse á mirar las codas earai acara; para verlas como son en si; lo demás son pa- labras vanas, declamaciones sin sentido, vulgaridades de que so ricn lodos los liom- Iires Juiciosos, luj|;arcs comunes pma4ieaar pa[)el, para cns^Óaral pübüct y eniraiMa quizas a si mismo. Y lo repeliums: esto -es un., triste necesidad, emanad» de la íaisa posición tiu ouc no« encouiramos; derrili»- dos les que añera deanHn, les tBoeedeñae otros (|ue se verían sujetos á condiciones se- mejantes, ¡ I risle norcfíiílad hi de proscribi( ó ser proscritos, íasnar o ser fusilados I * Un iieriodieo^progpeaista, d iUnmi»- Pé" blii i». ha ¡iiMM i.iilo una nota do lo> fiisiiadoi por delitos políticos devdo que siiiiionKi al poder ios niodenidus; ios periudieos de la situación han procurado ateeUerel-efiMílo de esa iiorriliio rsladislii-a; no'rrv no se puedo negar que, sean cuales fueren tes consido- raciones uoe con este obfeio se lie<^. hay en el funao «en verdad que dcs.'arra ci co^ razón, lloscimilos ealorce hombres fusilinJos en el espacio de un aíio, os un guarisuioque estremece. Nowlro» no «(«ranes deteeeo* cor la critica situación en que se ha eiu oii- trado el gobierno, no queremos dlvidar lo afíjitadov revuelto de los lieiupos; puju no er I agiiauo y er I agiiauo y podemos inomM de lamenta mus de que ea a- I ol siiclo Xl\ una nación de Europa hawtél ofrecer semejantes horronís. ■ i * Los <|ue han defendido á los homlireerde la situación han encomimlo ia humanided'di los goliernantes: sea enhorabuena: >i?nlvais á los hombres turnio peor para la mIuboob: )orque ai siendo fanmanos ba«' teiíMo'qéa fusilar á tantos, ¿qué habrían hecho sieadá riíTurosos? ¿Que silmicinn es esta, dondtí'á pesar de iu liuinunidad de los gobcniantas es necesario hacer tantas ▼tclíina^'?^ iríddi- cais á los hombres condonáis U\ siiuacion; si vindicáis ía siliiacion coiideuai>a li/shoiuhies: escojcd iu que meaos os desagrüMo, qii« niniíuno de los est«eaao& pueda apadaias mucho.
¿Qué habremos adeianlado.cou la^eÜHv ma dé la Coustilucíun? Bien prohtoile'vaaMi á esperimenlar: etf probable qtjcla situaciaft continuará lo mismo con la CoUstiluciou re^ formada que con ia Cunstitucioo sin retoc" mar. El gobierno seguirá observándole en lo que no le sirva d&obstáeulo. prescindirá, de ella cuando lo croa convenienlo. el podtir i militar se encariñara de sostener el orikuiif 9 9 •U naeioa ooBlkoaré ea la misnlá itwvrti- dorobrc, ert ht misna stoioJirá que htsla atfQÍ. Con osle sistema lanío sirve la C.ons- liltK-i.m (le isríT Cíiiiin!a de JSI2. Sí fuese PomWc íiacer la urueba v |í¡ai»l»;ar por al¿tui>MiNC lutuiri lii uiut'Ud V pur ui¿iu- i av. uiiiiuidiiuciia que ui^uiiu> uuuiuiH» tul m meses éste úilind código. \K>ro conscr- bícionado conscírvarse «n p(»icionea ei^ das ejorcicndo grande íntluencia en la. vaaÁch.; df!o< m'jrocios. pero estas cosas «ra meiieslci subordinarlos á un pudcr superior.
biaiidaim alM»ra: en la €oDsti(iicion habría j no solo d<; (lerfíi-lio sino también de hecho.
lamilici;! nru'ional; cu In nación no la habría.:¡ Soull cu Fr.inci.) y >Vdliu¿íl<ni on In>;lat«^ -Na exiiiitiria mas (nic un. i ciiniara, y esla, no \¡ ra¿iio ocupan clcvadu{>ue8to, DOejereeibiin- Li ( €onlra|)e8nda |»or Li uU a. podría escedcrscy anienaxar al trono...Nüsotios creouHís que si nlinra a! C.oiifíreso de los dipula. se le ocurneaic üsiraiiiiiitár»(!, quien!c dcteo- dria-no fuera el Senado. Mandando Is'ofoatz serte coríoso ver á la cámara tfntea atrever- se confrp. f'l T)im!'t.
lllUM Wt Hin'Mon entran en el Soull y ministerio v salea emi>iU>;o de él. sin (pii* pi>r es!o pcluiv c! oiilfii pú- blico. Se io:s tiene poi* ItoHibnfs tfnpoi lautos, mas no por faomlires neeasarios. K^ia es la ^oria que deben ambicionar los miülaroa.ttl España; fucrn <!<• aquí no hay sino pttCgrea No lendrcnioh el imp<'no de las leyes has- i, para el ^ais y para eilos. «ip u^uun ig. ta oae haya m poder civil, superior á todos || ' Un militar que se eucoeatre f» la.altti ^ bshoiubres y a todos \oi partidos; y este no sicion que hemos indicado, debiera jnuSibMM es posíI)!i' en España sino en el rcirio alca- jj atender a los peligros de ella que á las vetir z<ir. Fuera de alii no so euconlraran masque j. lajas; debiera trabajar por crear uua »ttuar ainbiciiMes y rivalidades, eternos manantía- \ eion eo que no Tóese jseeeaano, pre^iand» l"s (If (rastornr^s. Ilaí<!.t (\\w veamos que el que la necesidad d-^ un ticnifio suele acacr Irono tiene l»aslanlo iiicr/a, no snln Icijaí si- j rear ia imposibilidad de otro; debiera coa- no efectira. para depositar o retirar su con- j- servar en sus manos todo el ¡i{id^t «k que líanr.a en quien nejor le parezca; tiesta que li necesitasen su Raioa y,50 patria^ pam paah üi'? situaciones no se pcrsDaifiqnon en nii»_ñiii túbditoi basta que del rey abajo ntnffuuo deto -ser eonaiiierado como uoa necesidad, nn a'canttiá la naoíoiiJa estabilidad que nc- La verdadera supremacía del monarca no oKloye la dehida consideración al mérito y s'-r icios, aules la garootiy^'i; no destruye las | eatejiorias, antes las consolida y af:nn/n. Si ' k» boa\hrosque en difercnlus épocas se lian, taciiiiibrado en España, liabiesen sido' mas; previsx)res. si hubiesen reflexionado que en £spajia no cal>e [icrfít^tnidad parn nini^nn ij poder (fue no sea el Irouu, hubieran sido des- j Keniiiiios hasla por interés propio, modes- i i ís h.isia p '• nrtíhicion; jiorqiie hubieran tttinprendido que era mejor aljíomr^nosv se- guro, que al^o mas y poco durable, üuíihí- fan coiiiptenditiu (juc el biea di l país y el stiyo pro[)!0 reclamalian que se sii \¡i'>,>!i di» eiiraiuto inccsnntcmcnle licuar a im punto en <pie, sin eonq)romeler tan sagraiios obje<-. tos, le fuera dable deshacerse de,la parlcs4te poder que U-, >(ibn para conservar sottmeBlf» la parte ípie h conv icuo. V cslo ¿ctjmo lo-<- grarlo? ¿liuuiu ^jikiidieaduüe car^o cuniSOr sicgo, cottealiia,F«onímpm*aKdMrCoaiQkh vaeion de miras, d(;l < stado del país., de^^an posición ■■' ■i "j'sprclo a las potencias' de Ett- ropa, piuüieaudose siu rotkos y sin di8'iM<|-. lo á sos propios ojos los grandei problaani pendientes sobre la España, y cuya resolur l ioii ha (!e (ieridirde sn suerte; estemiicudi) la vista mas ada del día de hoy; uo úalido oídos á los (|ue, coo unos cuantt^. temían oh!;j:a(ii;s lie refnriiia, de admiaifcljra.'ioR y hacienda, vigor gulieruativo^ aliaiMus- de orden V libertad, y otras fc;ases por este kti-. ñor, allanan todas' las diiioolladek y Ju^llf^ con espprnn7as de. lixuijcrí) porvenir- sifíb bu elevación y de suiallueucia para salir de |)ensandoseriay cuucicnaudameole bubre los ana ntuaeioñ y pasar á un atado, adqui- j (Elementos de gobierno* sóbrelos ^e-IMla», riendo la ^^loria de haber realizado «Da tran- iI sobre r\ inodo de atraerlos y combinarlos |mí« Mnon que les grangcani sólido renombre de ra dar ul poder supremo 'indepen<lci)ci;i y •'•leao». españoles y grandes políticos. 1 fue ría, que no estnbe únicamente «MLk.^jjyiOO — 4» Debería, no solo trabajar para des- ^oMir lis eoaspiraeíones y veneer las insur- Tcccioncs. sino para hacer íiii[)usí1j!cs las re- toliicion<?s; recordando que va mucha dife- rencia de una conjuración a una revolución, y c(ue no siempre se ha triunfado délas revo- •aciones caando se baa sofocado las coospi-^ Madrid it (le<lie)c<nbr« im Los graves suce«» de la sesión del 24 cq «1 CoB(^resode diputados causarán profunda impresión eo toda Kspaña; y por la circuns- tancia agravante de haber sido un nunisiro de ia coruna quien los ))rovocara, no dejarán iiaafiar la atención de Europa, Es en va- no que la Europa quiera distrafríc de pen- sar en uosotros, ya que con tanta frecuen- cia la hacemos volver hácía acá sus miradas é faena de aconlecímienlost doiwosos unos, rst ranos otros, Y ruidosos y graves todos. Motines en las ciudades, proQuaciauiieatos «B toái la BiCHHi, coaticiofies y romiHinieii' les, insurrecciones y saplictos, ultrajes he- al monarca en su palacio, escándalos del Sr. Mon llc^aria las cosas á alguna es- tremídad: no follaba quien se lo iñbia' id' vertido muy espresaiminlc á un alto perso- naje. Nadie se ha olvidado de que el seüor JJurgos, a pesar de sus canas y mucho sa- ber, fue tratado con bastante dureza; qoe el Sr. Er¡aÚa tuvo míe recordar con viveza severidad al Sr. Mon el respeto debido á los Sros. diputados; y en fin, nadie dejite de notar que la seguridad del apoyo de it mayoría, el carácter persona! y qiii/n? otros motivos, parecían dar á ciertas discusiones un tono nada conveniente, que á la hora iw- nos pensada podía producir un conflicto. El Sr. ministro de H;w u»nda se apresuró á p!'>- vocarte, dicieodu (|uc la enmienda lírmatia por el imir^it/f lisFtliHMeA nnionfisn otrosdíputados. habiasJdo introducida doiM manera ratera.
Uu proyectil que estalla en medio deim concurso no pnrauee una sensación mas vi- va y repentina: un %úKo de indijínar ion?e levantó en el Congreso; pidieron la palabn muchos diputados, otros reclamaron queae escribiese la espresiondel ministro, y este procuró esplicar su ¡dea, diciendo que no se referia á las personas, y que solo hablaba de ta teoría de presentar de ese modo ks proyectos de ley. Esta esplicacion equiv á lo siguiente: ffvo no hago caer la raiena <W A f^laoiento, hé aqui las escenas (|ue l sobre vuestras perdonas, pero os digo que Mmos ofreciendo i la £uropa, aun des- ^ ^ »^ ^ pues de concluida la guerra civil. Como si temiéramos que las naciones estranf;eras pu- dieran creer que hemos entrado en un cami- *lo de órden y sosiego, nos cucariramns de recordarles nuestra situación irregular y mal segura; cuando algunos dias de calma podrían inducirlas á esperar que ha llegado «I lératnode nuestra agitación Jes presenta- mos un suceso cstraudinariocono diciéndo- les, lodacia tío.
late es el país de las anomalías, se oye •é cada paso; mas esto no es verdad: aaui como en todas partes existe el enlace de los efectos con sus causas; no estamos fuera de las leyes déla fanmanidad; los sucesos no proceden del acaso. i*cro los estrangcros que nos conten)[)lan suelen prescindir de los an- tecedentes, y por esto se sorprciideu al ver .«iorlos sucesos en cuya preparación no ha- -bian reparado..\.>i, eu el caso f]m m;^ üm >a son varios los que no se han admirado habéis hecho una cosa de una manera rate- ra.') Necesario es confesar que la csplicacií»a podía ser alfío mas satisfactoria, y qne el honor de las personas se salvaba no sin mu- cha sutileza. El papel no se habia eierils por si mismo, no se habia ido á la mesa por sí solo; el papel era inocente de la ratena; la flumsra no era una cosa abstracta, sepa- rada ni separable, de las personas: estas aa^ bian escogitado y empIenHo hmantra-, si pues hi^ ratería esta caía sobre las perso- nas. Ni vale decir que se hablaba de n toa- ría, pues el caso era práctico y presente, y objeto de la misma mismísima discusión; y si fuera admisible la esplicacion del Sr. mi- I nistro, siempre que nos viniese «« tolaiia de emplear una csprcsion galnnn, pariría- mos salir del nial paso diciendo: «caballero, es verdad que yo he dicho que la manera coa que Y. se oonduce es ratera, '6 insolente, é estúpida, etc., etc., pero yo no me refiero pa son vanos lus que nu m; uuu auuiirauo i: áV., hablo en teoría.» Esta es una ficción qu* éel ruidoso escándalo de la sesión del 24; no | no se comprende muy bien; es una espc^MS fMtefai quien habia^prarisio qos el jengnaje \ de pastliminío de bonm ñtU -por éStm- Sin embargo, erCongreso se dió por sa- tisfecho, los aiiraviados no. ¿ Ti-nia razón el Congreso en darse por satislecho!'' I'arere- nos (jue no. ¿Pues que se quería mas? lina cosa muy sencilla; lo mismo que despucs de la votación creyó necesario o conveniente el Diisnio señor ministro: oirecerse a dar mas esplicacioncs y hasta á retirar la palabra. El Sr. Mon al dar griicias al Con^Teso cum- plia con un dei)er, porque el (^oniaeso en verdad le habia favorecido demasiado; pero al propio liem|)o, y sin advertirlo segúra- me ote, acusaba al Conjercso de demasiado indulgente, pues que anadia satisfacciones nuevas, enteramente nuevas. ¿Qué cosa mas natural que al instante de oirsc las re- clamaciones contra la malhadada espresion decir el ministro: «señores, e.^^ta palabra me ha escapado en el calor de la improvisa- cioD; no lia sido ni podia ser mi cinimo ofen- der á nadie; desde luego la retiro?» En tal caso no hahia quien pudiese dejar de darse por satisfecho; el decoro del ministro tam- poco sufría nada, porque no s<í rehaja el de- coro de una persona (jue en el calor de una improvisación suelta una espresion mal so- cante, |>ero (|ue luego tiene la generosidad de confesar su desliz, y de refKirarle reti- rando la palabra. El Congreso en este asunto dcbióscr mas mirado (|ue si la ofensa se le hubiese hecho á él, pues si cuando se trata de cosa propia podemos ser mas ó menos in- dulgentes, no asi cuando está de [X)r medio ta agena. Ia)s ofendidos eran una minoría muy reducida, y esta circunstancia aconse- jaba que se procediese con njas considera- tion, sobre todo en un negocio de honor.
El asunto era tanto mas delicado, y ta sa- tisfacción debia ser tanto mas cunq)lida, cnanto que la espresion munera ratera no parecia en el di>curso una palahra suelta, si- no una fórmula breve y dura en (pie se com- p ' ' n el sentido y el tono del discurso. II,.,,1 ),i hablado el Sr. ministro del principio del progreso mas rápido, y del sistema de reacción mtis espantosa, en lo que se podia soNpechar no sin fundanuMito cpie iba en- vuelta una calificación de la enmienda; ha- bia hablado de la necesidad de evitar que se votasen tas leyes por sorprfsn; de que la discusión exigía tramites, y que cuan«lo no se quieren tramites no se (¡niere la verdad; hftbia observado ({ue la cuestión era de bus da; habia repetido que convenia presentarse con franqueza. y no querer arrancar por sorpresa una resoinnon; y después de toilo eso viene al fin la caliíicacion de manera ra- tera, que espresaba de un modo claro, mas terminante, mas nido, ese intento de sor- prender, esa falta de franqueza, de bue- na fe.