U Estas ol>servaciones manilieslan que laca- I IIHcacion causadora del tumulto.10 era una de aquellas palabras que ocurren en un mo- mento de calurosa vivacidad y que mas liien esj>resan la agitación de ánimo que una idea, sino que s¡gnií¡<'aha un pensamiento que es- taba en la cabeza del ministro hacia mu- cho rato, pensamiento que se iba presen- tando bajo diferentes formas, pen» (pie al iin tuvQ la desventura de tomar una tan gro- sera y repugnante que levantó la indigna- ción de todos los oyentes. Asi repetimos que habia necesidíJd de una declaración inuyes- plicila. y que el (Congreso hubiera hecho bien en' exigirsela al ministro en el acto, pues habiendo precedido la declaración del Congreso era de temer que los diputados re- sentidos, si quedaran satisfechos con las úl- timas esplicaciones del ministro no lo que- daran de la resolución del Con;zreso, y. asi considerasen conveniente renunciar el car- go de diputados.
Entre la declaración del Congreso y las últimas satisfacciones del.SV. Jíon habia mediado ya un grave incidente, cual era ha- ber estendido en el acto y presentado la re- nuncia de sus cargos los señores marqués de Vihtma, Egnizahal, y creemos también el Sr. duque de Abranles; y era de temer que los seguirían sus demás compañeros, siquie- ra por el generoso sentimiento de compartir en todo ía misma suerte. La renuncia de esos diputados era un golpe recio para el ministerio, y tampoco era favorable al Con- greso; y la mayor prueba de (pie no exage- ramos lá im[)ortancia de este paso, se halla en los estraordinarios esfuerzos (pie para evitar las renuncias han hecho el minislerío y sus amigos.
Hay toílavia otras circunstancias que ha- cen nías indisculpable la conducta del minis- tro. Si este se hubiese encontrado en una de aquellas situaciones en que se han visto tan- tos ministros, atacados, agobiados, casi in- sullados por la oposición; en uno de aquennfe. de franqueza, achacando falla de am- | líos mom(*ntos en que el hombre, acometido has cosas al modo de introducir la enmien- • por sns adversarios sin consideración algura, 19 » se iüHt precbado n rucfaaiar, por decirlo asi, la fuerza con la fuerza, nu hiU)iera sido tan de esUañar que su discurso hubiese si- do duro, violento, y aun era concebible qve en el calor de la improvisación se le esciipa- ran palabras (jue luego debiese relirar; pero üada de esto sucedía, uo habia precedido discurso de ninguna clase, el ministro era qnien abria la disriüííon, y esta discusiDii no se entablaba todavía sobre el fondo del negocio, sino sobre los trámites que este debía seisuir. ¡ En una cuestión de tramites, en una cuestión de re^'tamenlos acalorarse tanto, dejarse llevar a tales estreñios, dar. lugariiamaikM OM^etos, y esto por un mi- | nistro! jQué dirá la España! ¡Qué dirá la Europa!
Aun mas; también hubiera siúu menos chocante ese estravio, si la minoría que pro- i ¡Kinia la enmienda hubiese sido una minoría turbulenta, facciosa, que solo liubicse tra- tado durante las sesiones de eiUorpecer la marcha dél gobierno y de lasCórtes, y que bnhif»»;o appladoa las pasiotn--:, ly.ir s(> hu - biese mostrado dispuesta a espíoliu lodos los recunos para dallar al aninistn); pero nada de esto ha sucedido: esa minoría apenas ha des[>logado sus labios una que otra vez; en presente. Pero nada én oAe baa aifniaJidü; se han engreído ctm una mayoría tan numerosa, han creído que tNidiau tratar con dureza i la aúnoría, «{ue podía* levaniar-al* to. muy alto y recio la voz, cuando eso> di- sidentes se atraviesen á propom-r un pensa- miento propio en opoí^icitto con el iniüÍ5Íei io. Y solo lum vistt) que su conducta era errada, ciuiiulu esa minoría se ha inaiiircsl-adu ¡ncli- oada a renunciar. Entonces lian sentido el vacio que lea dejaba la ausencia de esos honbfes índepeiúlieiitcs. no empleados, y que si en algunos puntos les habrían hecho la oposición, se habriau puesto de parle del ^bierao siempre que se.ttatase del árdea, del trono, del bien dd pois.
La csprcsion do manera ratera no podía convenir de ningún modo a esas enmiendas; en ellas no había nada de sorpresa; no ha- bía nada de clandestinidad: todo eni públi- co, todo a la In/, del dia. ¿I'orqti;?;»ues, tanta indignación? ¿S<itjeis jorque? i*or- que fácilmente se indigna qinen no tiene la razón de su parle; porque al Sr. ministro no [a uuijia j$ustar que se suscitase la cuestión de Ki'devolncion de los bienes no vendidos, ni que se le exigiese algo mas de lo que ál proponía para la sohsistencin drmro'^n inciertas ocasiones ha disentido del ministerio, i dependiente del clero. El iniuislro presentí- pero en otras ha Totado con ¿1. No se ha vi8< I ría el ahogo en que se había de ver, cuando to ( posición sistem.ít¡ca, ni siquiera aquella organización (]ue en semejantes casos nunea descuidan las minorías.
1^ los hombres de la situación hubiesen comprendido sir* intiTfs»"-'. si htdiiesen es- tado animados de espíritu de reconciliación, si no hubiesen querido llevar tan lejos ese esclusivÑsmo que los conduce por un camino altamente peligroso, habrían conocido que uua lumona como esa les convenía, porque con ella podían, manifestar que eran toleran- tes, y esa toleraucia les costaba por cierto pora rnsa: con ella podían manifestar que en el virmgreso no estaba un partido tan solo como se había querido- suponer, pues que una pnrte de él, aunque pequeña, profesaba ideas muy diferentes de la mayoría; con elía hubieran podido cubrir algún tautolos defec- tos i\[v':ú origen de las Cortes actuales ha arliaeado la prens». la opinión púl)lica, y que en el seno mt&mQ del Congreso procla- mó tan fintioaBKnle el Sr. Egaña; eoa ella leoiao una apariencia de oposición, y de consiguiente algún velo para disfrazar r! es dusifisuio y la estcecfaez de la situacmo los diputados de la minoría le dijesen: «Vos, <[ue condenabais |)or injusto el despojo del clero, ¿por que no restituís lo que tenéis todavía en las manos? Vott que os laHMBtaía del dí'spojd de las religiosas, ¿por que no les restituís lo (pie queda en vuestro p(jder? Vos que con taulo alarde de interés ^»or el' clero, con tantas promesas iiechaiáaleis las enmiendas (pie poníamos á la contestación al díscui so de la corona y á la reforma de la CottsUtueton. pora asegurar al clero uaa subsistencia decorosa é independiente, ¿qué habéis hecho de viieslm interés, qué de vuestras ptoiuesas^? ¿iodo vuestro celo, todá vuestra habilidad había de itasomirs» en ese proyecte incalUicable que aeahnia de presentarnos?»
Esto lo presentía el Sr. Mon; por eso se indignaba: no quería ein ¿uda «foMer á oa- die; pero si sti causa era tan mala, ¿que podía hacer sino enfadarse y hacer alarde de desear dbcusiou, no solo ád la devoiuciuu de los bienes no vendidos, sino también de anular!k<; rrnlaSy no solo del 3 por (00 si- no tQM»bieii del 4? Búv esto, ilcsvando laexaf!«tncion al mas «íío ¡hiiiIo eM-lamaba: «¿Se ItBia de que se reslablezca ei diezmo, ÑO JN^WO TRBS? ¿ftnbién'téMnfiieB tf VMmidnVo;Qtié mnnora de hablar, qué Mtioramientu! ¿Asi <lebt> es]»reHarsp un mi- aistro de la conooa? ¿Asi se espresao lus hwihrtit éB BstMo? ¿Esto es disenlir con tthna y nicMira? Y no crean nuestros Icelo- res que luiy en eslo equivocnrion; el iminio iuio tren se halla, no eu los cstrnctos de lus forlódms, sído en el Diario de las Sesiones.
Tocante a la cuestión de si l'is provéelos dtt la miñona podiau ser eod.sideradus cunto ■Éhiiiiidas, i o;:nniosa nuestros lectores que m tomen la pena de leer el escelentc discur- so del iS>. Perpiíif'i sobre este punto en la uiisma sesión. iNo es dable presentarla cues- Itap eon mayor olvidad, nt resolverla eon MIS copia do dalos y reflexiones.
Sea como fuere, lo cierto es que el mi- antro no se esforzalia, do se acaloraba lauto dos bancos reconveooiOMB por mas agrias que fuesen.
Pero lié aqai que á algunos diputados esto no les ha gustado, y han dicho para sí: «quién C8 ese qño levanta lin «la»!• ¿Es por ventura el nnuiarca? ¿Es algún bouibic estraordinnrio a quien los puel»ios hajau levantado e>-Uiluas? ¿Quiéu es puC5«? ¿£ii nombre de quién se perwto«ieaire do- minador? ¿En nombre del monarca? No. que el monarca no quiere ni puede querer (lue se aje á los diputados ni al mas oscuro de sus subditos, ¿ui BOrabre de la ley? ley njanda, mas no humilla. ¿En nombre de la superioridad de su puesto? £se nuvsto- hace ntaeBtfedwy grave el dalitf dehtUar y proceder con decoro, con circvnspeccion y mesura. Si pues ni es (^1 monarca, ni ha- bla eu nombre del monarca; si no es la ley.
ftr ana simple cuestioB ceghmenlaria; el I ni haMa en nombre de ta ley; sí no le dn tal fondo del negocio era lo que le atormentaba, B derecho el puesto que ocupa, y antes al con solo que tuvo la liíüerc/ade preriiiitar^e, de darlo á entender inlenipestivaniente, olvi- ^dose de que una de' las primeras onali- dsdes de un hombre de Estado e< una eran lirmeza de carácter, {K?ro que esta lirmeza itOiBsiste en hacer alarde de valor, en tra- tar con dureza á OMiloS se le oponen, y 4|IMniesnt contrario nunca el hotnnre miies- tin ina$ tirmeza que coando se sobrepone a tai faispinciaees de la vanidad, al deshim- bramicnto de una elevada posición. a los ímpetus de la cólera. Para dominar a los de- wsíÁ es necesario dominarse á sí mismo.
¡niP\§ HE lUflTAllÜS.
ikeiirl* da IMsl eafMms del ministerio y de sus amigos para obtener que los diputados ofen- didos retirasen sus renuncias han sido ma- yspttde lo que era de esperar; halnéiidose nsto en este caso la confirmación de aque- lla reííla, de (|ue los arronzantes con los hii- jnildes son humildes con los arrogantes. iMientraB la minoría ealló y sufrió, era de ver cómo levantaba su voz erniinisterin: y con . el camino que llevaban las cosas bien pron- ^ qnii^s se hubieran visto en el Congreso trario con este proceder está faltando a lo que debe a su puesto, ¿(piieu es ese que asi se engríe, qne asi nos aja, qne asi uos' desdefi;i, v (jiic sin cnibar,;:o obtiene un voto lavorable del Cooí^reso? Uetirémooos de la asamblea, ya que llevamos al bogar donés- lieo la coocienda^ tiaiquila y d boaor sin mancha.- « y esto ha bastado para lodo cambiase, para que se diesen pasos para evitarlo, y se iutíttmj se ittgase.
Sobre k fidtedft Mraniento, una fiilta en política: porque una vez provocada la esci- sión^} ya que el Congreso apocaba ai mi- iM0ti«i)i^waf>iieee9irío (|ue el oMnisierw y sos amigos fuesen muy |)arcos en ¿leslionar,; porque las gestiones manifet^labau una ver- dad que por cierto ya esta mediauamente manifiesta, v es la debilidad de esa pmw ña fra* ( inn (le! partido moderado, (jue en momentos de ilusión casi cree mandar pui fuerza propia, cuando la razón de que se sosten^, síB» eit el verdadero mando al menos en so^ apariencias, de^n nde de cau- sas indrpt iidieules de los hombres y de los )rincipios que ftnimaB lo que se Hma la situación. \ no se diga que instancias no se han hecho: ¿quién las ignora en Ma- drid? Y no se replique que han sido eu bien de km farteiciadoa, en fciwr de tas princ¡|)ios (|ue estos dolcndian: el creer en ese cariño, en esc celo improvisados, seria uu escesivo candor. i>c lian sentido mucho las iñemincias, di'¿a!X iu que se (juiera: se ha esperado lograr que se retirasen, y con este objetóse iiíirio r\ dar cuenta de ellas ásu debido tiempo, cuniu crareguiar:yesle sen- tÍBiento habido, porque se conoce que ea esta pequeña minoría está la nación; que esa minoría en el asunto del cuito y clero ñnhñ al. ninislcriu una lección severa, que sera aplaudida por la nación.
A un jiartido grande, poderoso, que S(» halle en posesión del mando, ¿que le pue- de importar la retirada de 1 8 ó tiO hombres, ü cabalmente esos cuatro dias eran los que se oosfesaria. T lai seaüartá ü hai I» equivalen á oonfeafomt. -^rque aoa prescindiendo de otras cosas qoe «on pithli- cas cti los círculos políticos, ¿puede darse mayor prueba det emjpeHe que el no daiat cuenta de las renuncias ep la sesión del 23, ruando alcimn»; estaban ya presentadas des- de el ¿\ '{ ¿*iue bi^^uilica esto? ¿Qué raioo ha leaido d presidente para no ama el de- bido curso? ¿No habia un motivo especial cuando seguían cuatro dias sin sesión? Pero mochos de ellos enteramente nuevos en la carrera política? En el ministerio y en el parlamento quedan las notabilidades de la ailoacíon; poes que ni una sola se retira del parianento, el ministerip ^be de ( ons( rvar laerza sobrante, y la renuncia de aliiunos diputados no puede traer mas incoavenien trataba de aprovechar: en cuatro diaa y sesión, pueden darse muchos pasos, pueden tenerse RHichas reuniones amistosas; coa cttatro dias hay también bastante tiempo pa- ra que disminuya el cal u!a -^anstn*.
r.ahülnientp e!.S>. M'.ni ['.n i-Mtidola des- gracia de estrellarse en uno de los punios tes qne la matostla de proceder á segundas I mas importantes y delicados; deNeaoen é eleeeiones. Que sean reelegidos los dimisio- | imporlaneia que él oiismo habia hecho re- uarios bien sabrá impedido el ministeTio, á!¡ saltar en sus doeimientos (tliciales, y qoe los i^uien se le aican¿a busiunle de achaque de ¡i demás ministros han encarecido repelidas etecciones; y ademas los ex-díputados en su veces. Aqof ha sida dottde ha aaaniwstada mayor número son personas que se han ocu- pado poco de revolver, y por lo mismo es probable que lejos de trabajar para ser re- elegidos se dedicarán á sus nci^ocios domésti- cos: y si por solaz quieren distraerse er n h política, se confundirán con esos i 4 miiloues de eapafioles qüe con los brazos cruzados están asistiendo á las curiosas escenas del , Congreso de sus representantes.
Mediando estas circunstancias es inespli- cable que esa fracción del partido moderado qu? con lanía seriedad se llama á sí misma la nación, se alarme tanto por un suceso in- signiiieante; esto seria lo mismo (lue si un >'rande ejército creyese ver una uefeccion en la desen ion de alpuno^ individuos ó la renuncia de algún suballerno. Sin embargo ello es que la alarma ha existido pur sola la dimisión; y elloes también que algo debe de haber atjui, pues que nosoii necios loshom- hres de la situación para hacer sacrilicios de temer mas e! nfnqrie, pocs tan briacsmcnte se ha adelantado a prevenirle. Se hace una enmienda con este objeto al proyecto de contestación al discurso de la corona; esa enmienda la rechaza el ministerio por in- oportuna. Se presenta otra á un artáouio de la Canstílneion; y en eoneeplo del mÍMM- rio no es la Constitocion e! lugar á pro- pósito para consignar el principio de nna sub- sistencia (¿<^oroj(a« independienk] vadumaSf esa enmienda w oontfene-sniD pafehii das. Viene el proyecto del Sr..won.taii He- no de palabras \a< ia- i f tnn ha vistoel publi- co, y al projjonerse aii;iiüos diputados acu- dir al remedio, el ministro se opone con to- das susfuenras, con!;) ninvnr indignaciatt, á que los proyectos difereules del suyo sean considerados como enmiendas; quiere que se sometan i todos los trámites de verdade- ros proyectos, por la sencilla raron í1«» qnp en este caso liauian de llegar a la discusión amor propio y en contra de su propio- inte* S Inas larde que el del gobierno, y rés. Interés diibió de haber en que lasrenun- este tenia en su mano el emplear un argucias no se consumasen; daño debía de haber para la situación en que los dimisionarios llevasen á eabo su propósito. Por eslodecia> mosmas arr¡!)a. qne á falta de miramiento se habia añadido un yerro en poliliea; por»- que yeno es y yerro craude, cuando la de- bilidad de una sltuaiion va haciéndose mamentó muy sencillo, y era qne el Con^so habia dado ya su voto y no dehia continde- einse. Esto hubiera sucedido adoptándose lo que proponía el Sr. }1on. Pues bien. ahor i puede estar muy ^ati^lecho; ni el Congreso niel ministerio so habrán de dar mucho tra- bajo por este ncgoeio, habiends renunciado aitinsta» a4 haoaiia resallar «as y mas, «I « el carfo de dipniados la nrayor ptrta éa las firmantes de la enmienda, Mvalfit diüas mas trascuudenlalcs...■..
■«íPm manara que danambaraaMidael gobierun de esa |>e(|ueña minoría, y con el cons- tante apoyo del Conirreso, puede caminar con entera libertud por e^u que se apellida '8eB<tefe de la ley, y tomar las medida» que mas ie-airrnden para reorganizar t i pais No sin razón se lian estreniecido de lanía pros- peridad los hombres de la situación, |)eiisan- éo wm dada qne en la instabilidad de las co- sas humanas no conviene (letiinviada felicidad aqut en la tjerra. ^ue si esta consideración m Mediara, ¿se ha víalo jamás partido álgu- mtn situación mas ápropéaiU» para en- freirse? ¿Dónde están esos progresistas que a^for erM dueños del ministerio, v del par- limjgato y de todos los destinos *de la na- il^|ip4>ío están. ¿Dónde esos monárquicos(pie le atrevieron á tomar {wrle en las eleccio- nes? Nu están. ¿Donde esa íracciou del par- tido wadwndn, qoe enenta entre sns filas hombres muy cítmpronn'tidos en favor de Isabel U, pero que han tenido la desgracia de contagiarse con la participación de las íéeM monárquicas y religiosas, entendidas eri* sentido diferente del que les da la sitiia- eiOn? No están: estaban y acaban de salir. ¿Qnién representa pneaiui iineion?¿No hay en ella ni pn^sislas, ni oMinárqnicos puros, ni monárquicos entre los puros y los consti- tucionales? ¿No hay mas (jue parlamenta- «M ¿La naemi entera se na heeho parlamentaria? ¿Y de cuando acá? ¿Cómo se ha logrado una conversión tan estiqieiula? Y si esto no es asi, ¿donde esla la represeniacioní ^ ii B» Iny representación, ¿dónde ealá el gobierno repr^^sentativo? •f Verdades tristes, desconsoladoras, capa- -Hles de amargar el placer de verse enteramen- '"^t dvtMa de todo. absolutamente de todo, sin adversario ni rival. Verdades que han «OBiprendido bien, períectamente, algunos inlnstros en élaaomeato de llegarles lanot»- eia de las renuncias. Ellos veian que enton- ces la rosa se mostraba demasiadode bulto, que no quedaba ningún medio de hacer ilu- sión, y por esto se lamentaban de ser dema- siado felices, de pornianecerducños del cam- po de una manera tiiii esclusiva. Que ese -Metusivismo podía escusarse en hombres de otras opiniones, en haBlhwaqie dtefcnd i t t.e n la solierania del rey, y no considerasen las Cortes sino como un consejo, mas no cu los qne prodiMnIa soberanía del pariamentov pues que si los mioistros gobif man, si ministros, lo han de deber á lu voluntad ád parlamento, consídcrándoae como nna mmí- «ton de este, no nombrada pero si indicada dn una manera einiti, terminante é iripsis- tible. £n esa aobenuiia 'is inconcebible que no se hayan hecho entrar y procurado eon- ser\ar todos los elementos soeiales, pue? que no hay ninguna rar.on para que el privilegio que en las demás materias anda tan decaído, se establezca tiinicamenle en bvor de cierto» hombres.
Ksle aislamiento fuera menoseslraúoy de consecuencias menos Tatales, si en la ac^ tualidad hubiesen de limitarse el gobien* y las ('órtes á medidas de escasa trascen- dencia. £u tal caso el ajtoyo, siempre nece- sario, no lo fuera tanto como ahora, y por lo mismo pudiera ser descuidado ó despena- do ron menos ineonvenienles. Pero cuando se trata nada menos que de la reforma de la ley fundamental, del planteo de las leyes oT'* gañirás, del arreglo de la hacienda, de la dotación del eiillo y clero; en una palabra, cuando lodo está por hacer, y lodo lo intentan hacer los hombres qne dominan, coiiTenia (jiie esa situación se ensanchara, que entra* sen en ella el mayor numero de elemeO;* tos posibles, y ya que se decide de la suer- te de la nación, no ae decidiese sin seranlea con&ullAda la nación.
Las varias fases que van picscnlando los partidos, las modiUcaciones que sufren, la» combiuaciones en qne entran, ki mayor ó menor influenria qne ejercen, bts diferentes medios que emplean para eslonder sus prin- cipios, aplicar sus sistemas, lograr sns mes, son objetos de la mayor importancia en la observación de las revoluciones; y basta po- dría quiza.s añadirse que ese estudio es el estudio de la revolución entera. Se dirá que para comprender a fondo una revolución es necesario estudiar la nat ion en que sucede, y en la nación hay algo que no está en kw partidos; pero si ínen esto es verdad loma- dos los partidos en su vida activa y nnlitan- les no lo es considerándolos como íenomo- ■0, nacidos de olioa hechos latentes, «ono Digilized by Google inflaniacífmes que so niiestrsn en dptprnii- cesioo, é Dadas puQtos, pera qnc snpoiicQ siaem- dinastía. bargD ana sobreabundancia de calor la Los hombres pensadores del partido pro- masa df! la ^ngn<í. En el nuindo moral romo | gresísla iio debiaii olvidar esta verdiát «üi m el fi<iro nnrin sun'dc sin cansa: los par- circunslanria que encierra todos ios suceiOt tidos, las laeciunrs. ins panddias niisntas uo í de los últimos i i años; y hia embai^ la btt naeeii' «lin alsun principio d« fermentación, f perdido de vista. Los pmgresislas Esta fermentación trac consigo la vida ó la muerte, la vcsretacion lo/ana o la corrupción asquerosa, seguo los uicmuntos que están en cointúnacíon? las circonstancias en que S''!ia!I:in: [mM'o iuir::i n nir.In. rxi^ílp siem- pre anferiormcnte ni nacimienlo de lospnrli- dos, de las facciones y pandillas. De aqui es (fue estudiado ecio á foodo, queda eslodiada la sociodriil £1 partido que en España ha lí¿;uradu á ia cabeza de la revohicfon es el liamaiio pro- gresista. ¿(Inálcssnn üos primípios y siste- mas, rnál su situación? Encnnfranio'i «ii cu- na en ta escuela del siglo XV lil; hallamos s« tipo social y poHlico en ta asamMea cons- tituyfiiic fiiit'rraá todas las ideas anUíiuas, giierra a todos los hechos: Arsrtielies y Men- dizal. Arguelles ha consumido 30 años en declamar contra el antigno despotismo, con- tra el clero, contni Rmnn:; qué pensamien- to de gohierno, de oriíani/acion social se ha ««eiRiúrado en ia rednndante envoltura de sus llhiabras? Ninítlino. Mondizahal ha he- cho su nnmhre proverhial en ntaleria de destrucción: triste celehritlad, que tam- bién ambicionaba el incendiario del templo de • Diana.
La mi-ioii ] nes del partido pro^^resista, que misión tienen y misión tremenda los IHirtidos revolucionarios, ha sido amontonar ruinas, y lo ha cuníplido: ahí están. Ahora clama que se intenta restaurar lo que él llWTibó, su sed de destruir le entraña; sue- fia que grandes edificios. y no hay mas que montone<5 de ruinas; y si íleseaha aven- tarla, otros se han encargado de esta tarea. . Tal es el carácler del partido progresista h ijo el aspecto social: mas por las circuns- taiu in^ particulares de España ha estado su- jeto a condiciones también particulares. En Francia' la revolución lo deml)6 todo á ia pri- mera arremetida; en Tí^paTin han sirio nece- sarias tres Ja de IKtti, de 18¿0 V de 1834. Dos vec^s la revolución ntra\ esó la frontera, dos veces le fue preciso repasarla. A la ter- cera ha triunfado. peni niinliéndose en cier- to modo á si misma, escudándose con el tro- I ron un grande error indisponiéndose de na modo tan estrepitoso con una |)crsona que tarde o temprano hahia de ejercer influencia en España: aquello fue qt^mar las nave», y estos arrebatos no siempre salen bien. Pero agravaron el error indisponiéndose fiersoaal- mcnte también con la misma Isabel en la cuestión de CHózaga. Quien dice á un sobe- rano que miente, se hace incomna tibio con el; y esa incompatibilidad es leriiule pora el porvenir de un partido. ¿No^ había olmo me- dios de ^lir del paso y de lo^ar el mm» objeto y no arrostrar tamañas cosí-ecuencias? Decian inuchos que de las dos fraccioBCS en que se dividieron los progresistas «taba* entre los ayacuchos los homhres de menos capacidad: es posii)Ie que sen asi, bien que estas cosas no es tan lacii determiuaria;^; pe- ro hemos pensado varias veces que ia famo- sa coalición y el giro dado al asunto de Oló- zaga eran bastantes á desacreditar, (}n lo to- cante t previsión política, a hoÁbieeijie rayaran mas alto quo.Olóiin, CurtÍMy Lope?. Los llamados ayacucnos quedani vengados hasta en la cuestión de ajiior futef»io. A los biógrafos do dichos "peMoiafss es dejaríamos que encomiasen sus talentos políticos, su previsión, su tacto; solo pedi- ríamos que no olvidasen dos hechos: eulra- roB «tt le Goalicioa, y se oemfwenetienn personalmente con la Reina.
Quizas nos eugañemus; qui¿as cslusjhe- chos no tengan la importancia que les de- mos: pero (toseariamoe que se eonMgpMsee, apelando al juicio de ios hombres pensado res. £a nuestro coofiepto, no cabia errar mas inconcebible en gema del fiertide pro- gresista, ü no hacer la revolución de f ó llevarla á sus últimas consecuencias. Y es- las consecuencias iban muy ieios. O uo en- trar en la coalición « ó faeceV todos ke esÉM^ zos iniaiíinables para mantenerse en el terreno legal, no querer ver adunde se iba, conservarse coligado, amigo por fuerza, espe- rando ocasión mas opeilime peei denibirá los parlamentarios.
, hi partido progresista en siuiieiukno, eproveehándose de una guerra de s»- • le dwil, buscó un ai^oyo, ideüifkétHf siir- If con la de un soldado: error falal, casi 1 sieaipic siu remedio. La fuerza vive de la; fiirza, y imwre á mtim ét h Aierza, y i coando cíla se ha eatronizado, las doctrinas ij de un partido han cesado de ejercer acción vilal, sus biüteiuas han caducado: eu líe-. gané» ¿ este punto, no sodo haber otro re- || curso que abrazarse con el i ' ' p i vivir o morir con el. Espartero era siu uuua de e>ca$a compreosioQ poiilica; pero aun asi y lüdo, era unt necesidad paik el pwtido qué ' le hahia decrcf idd ovaciones y encimihra- éát a la reui-m la. Lo¡> progresistas de la ¡ CHlioíeadijerou ponsf: «nosotros somos el | pedestal del coloso; retirémonos, y el coloso, cisrá y se hará pedazos.-) l'ero no advir- tnrou que esos pedazos ios apluslanau.
A fuerza de imprudencias han logrado los probond)rt's progresistas, no solo hundir a su {>arlido, siuo ponerle en una situación: MSMSsenle crítica con respecto al trono: no (liremns (|iití le hayan hecho enemigo de la liioaiitia reinante, pero si que le han coló- | (ado en cierta actitud que la Tuerza de los;{ aconteciraieulos pudiera convertir en abier- ta hostilidad. Si solviesen los prosresisfas al ' poder, ¿que Iraccion gobernaría? ¿Los lia- á nndoe ayaeneliost Entonces Espartero era | regente, ó prolector, ó presidente nalo del ¡i consejo de ministros, que tanto importa lo:! UQü como io otro. Andarían los años, i>o- I is Isabel II iría adelantando en edad. |)o- dria cniitraor matrimonio, [)0(ii i;i querer ' ; mandar por si misma con un mando ciéci- ' y%t y entonces ¿qué le quedaba a Usparte- |i I ro? Ilabieodo de optar por el ostracismo ó el | Inando supremo, pocos se bailarán que op- ¡I I lea poi- üi ostracismo. Si se apoderasen del j isftisrM les faoobfss de la eoaKtwMi, Olóza^ I 01 era el ministro indicado, ó cuando menos el personaje iniluyeiitc de la época: y des- pués du las íamosas denegaciones, los nom> Ivés de (Mózaga y déla Reina, ¿no dieei I mas que lodos los (li>ciirsos? A estos nom- bres SI que podría esplicarseles el famoso di- 1 ebo de Miraiieau.
Se nos observará que si se rcconciiiarao Ifis dos bandos, no lial)ria necesidad del j)re- " domiuio esclusivo ui de los esparteristas ni ' és los eoaKoionistas: enhorabuena, pro i¡ tanto peor paia el partide. Con el predomi- | nio de uno había ima incompatibilidad; con ' la tuston resultarían dos. Antes \ ciamos a i na; entonces veríamos a Espartara, T. á Olozaga, y al trono y a la Reina.