SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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En otro Ingar eaplicaroos el erigen, ca- ráeter y tendencias del partido moderado, co- mo y también los nitiv diversos elementos de que se conijione, y üJi»liaj¿uimos culón" ees como dislnigalMM ahora; entre wm (llantos (pie se apropinn e^te nombre y un considerable numero de ciudadanos, respe- tables por nmchos títulos, que habiéndose adherído sincerameols al trono de Isabel II y deseado relninins, no ([iiieren que el trono sirva de baudera a la ioju.siicia, ni <]ue sé cobijen á Ut soabia de él pasiones é m-* tercses (pie nada tieiien que ver ni con la cuestión di nastic^i, ni con el esplendor de la corona, ni con la felicidad de la nación. Así, tosobserfaeianesque baimosse re- fieren mas bien á una pequeñísima fraCoiOB del partido <pje no al |iaríid(iin sino.

El carácter de ese parddo ha sido el tener un pensamiento revolucionario, eombmsdo con la timidez: deseo de loiíraV nn liii, pero falta de audacia paca emplear los medios. £1 se eocarg:ó de abrir las puertas á la revo- lución, y el se enoaqp de legalísarla. Na mató a los frailes. ni incendió los conven- ios, pero dejo incendiar y matar, y no se ba eneontrade mal con qué otros le desea»^ barazascn de conventos y de frailes. No de- cretó la supresión del diezmo, peco ya que oíros lo hicieron. b;i aroi^ido con plai (ir la supresión, y ja delV ndi ria con ardor si ne^ cesario fiicse. No de^p i');i h\ 1 ílesia do sus bienes, pero supuesto «|uc otros la despoja- ron él ha acelerado ' la «enta cnanto le ba sídoposibie, bá aceptado el beeho que lla- ma consumado, pero en cuya consumación no le ha cabido escasa parle: y si bien ha suspendido la venta de lo poco que qiwdaba por no poder resistir mas a la fuerza de la opinión publica y á sus recien' ■> compro- misos, no ha sido para ima resUtucirm, sino conservsndo la prenda pan lefalizar por medio de ella toda la obra revokicifn.nia. Injustos han sido los progresistas cuando en este punto han llamado reaccionarios á los hombres de la situación, siendo tan fácil de ver (pie esa apariencia de reacción no era luda contra la revolución, sino en algún mo- do en favor de la revehníeB*, no para des« truir sus hechos, sino para censolídailoSi poni('*ndoles nn sello inviolable.

El talento de esploUiciou lo ha tenido ese partid» de«na masem LiliuuidIÉW, porana es esoclcnte csplotodor miicn s;iho connr miicn «lucirse de tal manera qiu' alcance mucho y á poca costa. Así es quo mientras los \ho- gnsistts 86 han indispuwto oqq el trono y comprnnii'lido las ventajas que á la revolu- ción resultan de aliarse con la corona para servirse de ella como ínstrumeato, los mo- derados han seguido uua conducta drame- mf*1ra!mpnt(í opuesta. Ahora mismo están csplolando la cuestión dioástica cun uaa hacas; á los antiguos moderados que uo per- lenecen i la sitaacion tam|)oco los quieren por sus tendencias anlidinastiras, A los pri- meros les dicen: «vosotros no cabéis aqui, ¿poos qu^, no es bastante «jue os dejemn*; tranquilos por estas inniediíiriones, y que pui la }Kirte de atuera asistáis ai brillante espectáculo de oaestro tríunlby» Comparados estos partidos. /.por cuál op- taríamos en caso de elección? llesde luc^o supondrán loa parlameatarioB que, llemiis por el espfriltt ae liaeerles la goerra, díretoM que cllo«5 son pporps qtic lo<!>ro'j^ro<!>'1n<. qíi?* estos sou ira neos, y que es mejor tratar coa cspi cspi billdad singular, h. los monárquicos ios re- | enemigos dcscobierti» qae eon embocadoc; chazan por sus hechos autidiuasíicos, á los! pero se cuííañan, nosotros no confR einc? progresistas por >iis intenciones antidinásti- esa oposición cierra (¡no no ve los hechos mas patentes, que uo pulpa loque tieae en sus manos. Aun eon nuestros advenuMS deseamos ser justos. Desde lue^^o convé- nimos en que ios progresistas son maa...w.»w - -| — — r, ~ — pues nos traeríais á D. Carlos.» A los se- francos; pero esa franqueza es algo ruda.

gundos: «vosotros tampoco, porque apoya- ríais á Es|>:ir»»'ro rvir ) una usurjvarion; » y á los úlliutos: « vosotros lam{)oco, porque inaeeñUwi»»fe sin duda os tais ¿ Bourgea. Os habéis colocado en naa pendiente en e«- yo fondo está I). Carlos.»

Esto es lo que se llama beneficiar un ne- gocio: bien se conoce que andan en la tarea hombres ai osluinhrados á hacer muy [)ro- ductivo un |>e(picño capital haciéndole ga- nar un loo por IDO. No era fácil creer que á la cuestión dinástica se le pudiesen dar tantas vueltas, todas favorables á la situa- ción, todas morttieras para lo que no esta en la situación.

Esto en lo dinástico: no es menor su ha- bilidad cu lo político. Orden y libertad son dos palabras que les sirven admirableincule, espada de dos filos con que hieren é cuantos se Ies acercan. Adelantan los pioiivsislas, afrús a nombre del orden; vienen los mo- nárquicos airás, á nombre de la libertad. Por manera que la situación podría compa- rarse á im edificio de do^ [Micrín^. cii la una esta de í enliaela el orden, en la otra la li- hertad; los progresistas van á la puerta del «irden y oyen el terrible atrás, los monár- quicos van n la puerta de I t liiiertad alrds, también; y si los pro^jresistas rccianuin que se les eonlie al menos la puerta de ta libei^ tad y los monárquicos la del orden, se les contesta á los últimos: «vosotros con las exageraciones raonarquic as comprometeríais el órden;» y á lo«])rímcros: «vosotros con el entusiasmo patriótico pondríais en pcli;_M'o la libertad.. Nosotros somos los iintco.s buedesearga golpes á diestro y siBÍestro. y la fraii'inr/;! de dar jjolpe?? no nos jrtisla, lo confesamos también trancamente. El «aor Mayans no ba faeclio todo I» que podía bi- cer, pero aun asi y todo, en caso de haber de optar entre él y Alonsn y Becerra, ¿qué católico seria tan ciejio que optase por es- tos dos Altimos? El Sr. Mon en el fcmana prov(>cto sobre la dotación de rnltn y clero, casi casi se ha elevado á la altura de Me»- dizabal; mas ni por ello optaríamos por es- te último, quien sin duda no habría suspen- dido la venta, y habría llevado á termino con toda rapidez la obra de la revoluciou. Algunos dicen: «ó todo ó nada; » narénnos mas prudente otra regia: asi no todo, algn.» El Sr. ministro de Estado no lia emprendi- do el mejor sendero para llevar a calK) una KeóncíliaeioB con la Santa Sede; pcvo al menos se ocupa de esto,!i;il)!a con mucho respeto de la cabeta de la Iglesia. lo que si no es bastante, siempre es muy diferente de pubiiciir maníHestos en que se insulte {grosera mente al Papa. conin se iiiro en tiempo de Espartero. Kl miuisleno de la Guerra y sus dependeneias no siempre 90 atienen a lasestoHtai pnaeripoiones coofti- tucionales: sin emharsío. atmqtte el ma»do de los militares sea algo dun>. es prctenWc á las cotttinuasasonad», en qiw «e áuahogabán con frecuencia la milicia 'MOÍSmI y los ayuntamientos de la época Cuuio eii este modo de ver las cosas creemos tener numerosos conMNiñeros, po- demos inferir que la alianza <ie h-^ mon ir- quicos y progresistas, que en ciertas crisis nos y de loi otro; * han dado por hec^ta los pertódicee de In tuacion, y aun ahora tratan de resucitar, bien que coa aiguuas limitaciones, es ua absurdo que m «Me «a cabezas bien Ofgii- iiizadas, y una inmoralidad de que no se baria cul^iabie lúiigun boaibre honrado. iCéao se foraa la aiiaiua? ¿Cediendo los f||MpMltt de sus principioa, flonviniendo en él casaniiento do la Reina ron el hijo de D. Carlos? £nlonces dujariau de ser progre- Sblas; y á juzgar por sis órganos, ■» eslan dispuestos á Uinto sanifiiio. ¿Se haria con la idea de acarrear uu trastorno, atrayendo pOK Jigua tiempo sobre ei país el maúdo de Mkieñlncioa^ para que á la mas eapantosa anarquía pudiese seguir una restauración cooiplela? La religiou enseña aue no se ha de raicer el mal para obtener el bien; la re- ligión Qpndena la Tunestn Bázima de aue el lin legitima los medios: y por úUimo la es- perieucia ha demotiirado, que después de rapetíne los males una y otra vez, no ha venido el bien. ¿Quién provoca un mal eier- lo por una esperanza tan incierta?

Abrigamos la pruíunda convicción de que Vk aitiiiinon presente es muy transitoria, co- mo sumamente falsa; es un cdilieio levanta- do sobre arena, que si no cae por el empu- je de los vientos, se huudirá por su propio Si á la muerte de Fernando VII la Profi- dencia hubiese querido qp» el hijo y here- dero del Rev fnese un príncipe de 2') anos y no una niña áe tres, hubiérascevilado laguer- ra civil, no habríamos sufrido lasoriamimies de una minoría, y lenta, justa v ordena- damente se hahrian introducido las refor- mas que reclamaban de cousuno el estado de nuestra sociedad y el espirita de la épo- ca. En tal caso, lejos de haber necesidad de (|iie se organizasen partidos, hubiera sido hasta criminal la idea de hacerlos nacer; y sometida la España al iaqierio vigoroao.y hlaiuln delcetro del monarca, habría camina- do por la senda del bien, sin esas convulsio- nes y catástrofes en que se halla envuella tan a menudo, sin verse precisada á ningu- no de esos esfqer/os que tan < aro le cuestan, V tau pocas ventajas le wroducen. Desgra- ciadamente no ha sveedno ssf: taviflMS una larga minoría, tuvimos una guerra de suce- sión, tuvimos una revolución; y esa revolu- ción, y esa guerra de sucesión, y esa minopeso^^jHt creemos también qae los partH rta-, han acarreado tesultados dos que cuenten con elementos de vida y ¡ qm. (>s|yeri d^fuqrza deben prepararse para los mo- a»álo8 «úrflacos, cu\ o plazo nadie puede de- terminar, pero cuya venida nadie puede desconocer. Mas esta preparación no ha de hacerse cou uiiau/>as uunurales, con coali- ciones mentidas, en que enemigos irrecon- ciliables se abracen para hacer la guerra a su común adversario, y despedazarse luego reciprocamente en el mismo término de la victoria. No, no es este el camino: no, no es este el camino señalado por la moral, por la prudencia, por la política. ^ Cual es pues? Mas de mía vez lo hemos dicho; sin embargo, en obsequio de la importancia del residtado esplanaremoa mas nuestras ideas cu otro articulo.

.,, mentamos todavía y qne es- 'perimenUiremos \m largo tiempo, muv lar- go. La revolución no campea en las canes y idaaas, pero sí en las instituciones. en las leves, en los hombres: la guerra de sucesión ha terminado, pero aun se siente en las cn- trafias de la sociedad aquel malestar <pM siempre dimana de tantas opiniones contra- riadas, de tantos sentimientos heridos, de tantos intereses vulnerados, de tantas espe- ranzas fgillidas, y de esa linea divisoria entre vencedores y vencidos, ó entre dominado- res y dominados; linea divisoria que en ca- sos semejantes, si no se borra con unt sUsn- za, solo desaparece cuando ha descendido al sepulcro toda la generación que ha tomado parte en los acoutecimientos. La minoría legal ha tocado á su 6n, pero es necesario esperar la lenta, la lentísima marcha del tiempo, pa- ra que la augusta Isabel adquiera aquel co- nocimiento de las cosas y de los hombres rsoloi^esttlla de espenflimia muy dilata- Lenta, lentísima llamamos a esa marcha del tiempo, ¡wrque el tiempo, que vuela pa- ra los dichosos, seairaaMoon la pesadesdel nhmo sobro la cabota de k» d^svesluradis.

Pero en la carrera de la vida las naciones como los individuos han de resignarse a los designios de la ProTÍdencia, que dnfKMie de la suerte de Ins imperios: es preciso tomar los hechos, no como se quisieran, sino como sou. £s necedad el mecerse en vanas espe- ranzas, es temeridad querer estrellarse con- tra la fuerza de las cosas, es robardía el abatirse en presencia del inliuruiuio, y pos- Irene, y Imr. La Bspalla se ealvará sí ella propia se salva; si nu, nu: la España reco- brará su aplomo si ella trril>;íj!i por rrrohrar- le; si no, no: la iíspaíia leiuira ¿oUcmo si ella emplea sus meoios para que se ftmde, y se afirme, y se arraigue; si no, no: la Es- paña vera cesar esc sistema (|ue ya lleva al- gunos afios de Kobernai uiU'iuuitiio, y per- tnrtiaade, y espwlaado, si elía procura efi- cazmente que cese; si no, no: Y lo repeti- mos, si no, no; SI la £í>pa&a mp piensa en sí misma, si no recuerda lo pasado, h no atiene de i lo presente, si no mira al porvenir, si descuidada como la buena fe, y floja como el en privar: no en ser valido, sino en valfr, aquella ambición que no imuta su vista a un salón de «rtesanair y (orfMS aduladores, si« UO que se ronsirlrra en espectáculo á los ojos de la nación, de ia£uropa, del mundo, de la posteridad; aquella ambician que al pensar, al hablar, al ejecutar, no aiieode ai juicio de una bandería ó de una cnMiarilla, sino al i)ien del pais; que no se pregunta ({ué dirán tal ó coa! individuo, tal ó cual magnate, tal ó cual intrigante, tal 6 cual privado, sino qué dirá la nación, la Europa, el mundo, La posteridad. Que en las gran- des crisis de (os puehiea, en esos moaaeoloB solemnes en que la sociedad se Irasforma, y saliendo de un caos espantoso demanda un nuevo cicmeuto para recobrar sus fuerzas, para vivir, indignoa aerin de acaudiUaila t|uienr^ piensen en otra cosa que en el gran- de objeto en que se envuelve la suerte de millones de sus semejantes; quien bunque t\ incíeiiBO de la adulación en voz la glo- ria; quien prefiera los melosos acentos de la cansando, deja que unos pocos lu digan y lo. |i lisonja ai atronadcur estrepito de los aplausos hagan todo a nombre de ella, aunque sea | de m pueMos contra ella, entonces ni tendrá gobierna, ni paz, ni sosieíio, ni e^poranzade pro«;peridad, y sera viclmia de Uu buleiUa» paudülas, de camarillas miserables, de intrigas estrange- ras; ser;i h hrS'j v e! escarnio de hís di'nins naciones; se la vera apenas en una cstrcmi- dad de Europa, como aquellas plantas mus- tias y descoloridas que vegetan en una roca junto á un lozano jarditr ÍAlil No es el pueblo espaaol quien se üal- I si misBio; no es ese pueblo, siempre dó- cil ¡)ara obedecer. s¡emj)re resignado para sufrir, siempre altivo cuando se trata de su dignidad é independencia, siempre heroico cuando se le piaen sus intereses, y su san- gre, y su vida para ofrecerlo en holocausto en las aras de la patria. Lo que le faltan son hombres que le comprendan, que le guien, que tengan ambición grande: aquella ambi- ción fpie no se cuida ni de honores, ni de condecoraciones, ni de carrozas, ni de pala- cios, ni de festines; aquella ambición que se abri^^a en los pechos generosos, en las cabe- zas donde oscila el genio; aquella ambición oueno se uiimenta de un retazo de cinta, ni de una placa, ni de tantas vanidades pueri- les con que los hombres vulgares satisfacen su pequeño amor propio; aquella ambición que se complace en mandar, no en la osten" Nos estraviamos quiza de nuestro objeto, pero nada nos importa; ¿hay acaso estravio mas disculpable que el nacido de una indig- nación justa? T con juaticin se indigna el diente correr en sus venas sangre espa- ñola, al pensaren el uübrtunio, en el inmen- so infortunio de esta nación, grande en ai misma, y achicada, y abatida, y penlidnpor los que la han gobernado. Y es lo peor, que el infortunio no es de ayer: está en nuestra época, pero eilé también en nuestra hisioría. La nación de los Reyes Católicos, de Car- los V, de Felipe 11, pasa por las manoíi de Felipe III y relipe iV, y va á parar al desr- mayado cetro de Cáríos II. Se enciende la guerra de sucesión, todavía hay brio en el fiucblo espaúol: la diadema ha cesado de bri- lar, todo se ha estinguido alrededor del débil monarca, como en una noche dilatada se apagan las antorchas que alumbran ún ieielro: pero iu nación vive aun, y se agita, y se levanta, y pelea, y con la subidaaltro* no de una nueva dinastía espera que se la conduzca por el camino de la prosperidad y de la gloria. £1 siglo se adelanta; la nación va recobrando su vida; si no le ban cabido en suerte grandes reyes, al menos los tiene menos descuidados, mas activos, mas ansio- sos deímpulsarla en Felipe V, Fernando VI y dd inando,' en influir.eficauittnle no, I- Gáiloa Il( pero bien pronto babín de espiar dias de esperanza bajo el reinado dt^ CáHos IV. Tendamos uo velo sobre aquel infausto periodo; rubríiinos sti oprobio y ver- güenza; vcrgUcu/a y oprobio que no caiao iaobre la nación española, v que arrojaba á los pueblos á un acto de desesperación en los sucesos de Aranjuez.

Las buesti's del vencedor de Europa es- tan en la capital del reino, se hallan a|>ode- radas de nuestras forlalezas. y uos atacan villananienle por la espalda, mientras luirra- mos la afrenta del Irono derribando a un mi- serable que con su presencia ultraja el re^io alcMzar; el león se vuelve con la velocidad del relámpago, se encara con el coloso, lu- cha, y cae una y otra vez bañado en su san- gre, V se aba de nuevo, y combate, y ven- ce. ¿Con qué resultado? ¡Ah! Para ser trata- dos con desden en el Conjíreso de sobera- nos sobre cuyas cabezas babiamos sostenido una corona vacilante, y á cuyas capitales babian dado bumillantes lecciones (ieroria y Zaragoza. ¿Con qué resultado? Para dividir- nos ios liberales con sus doctrinas disolven- tes, y perdernosel Rev con su poca previsión y sus imprudencias. ¿Con que resultado? Pa- ra tener seis años de un gobierno moribundo, tres años de canciones patrióticas, jwroralas, asonadas, f^uerra civil, y una restauración uuc, cuando se amansaba y era ya un verda- dero gobierno, nos lega una minoría, una gpuerra de sucesión, y su infalible consecuen- •ia, la revolución...Se enciende la guerra ci- vil; de uno y otro ladepelean como españoles, es decir, como héroes; sangre, ruinas, incen- dio, desolación: ¿y con qué resultado? Para entronizar a Kspartcro. Kl presii^iioso gi- gante es un pigmeo á los ojos de la nación, y un pigmeo descomedido: otro esfuerzo; la nación se levanta, el gigante llega hasta Al- hMete, y allí queda sobrecogido de eslu|M)r, y se dirige a las Andalucías, al pasar arroja Mnbas á Sevilla y huye. Y entretanto ¿qué Anedc? La nación lleva en brazos basta ^a^ pnevlas de Madrid á los generales emigm- dos, entran en el régio alcázar y se apode- ran del íiohierno; ¿con que resultado? ¿No se prometían mas los pueblos que presenciar festines y escuchar discursos parlamenta- rios?

Doloroso es este cuadro; es preci.so tra- zarlo a grandes rasgos y apartar luego la vista de él, porque desgarra- el corazón, y lo desgarra cruelnn-nte, no tanto con recuer- dos como con presagios. Ponpie esos acontecimientos trislQá,4Mto hábitos funestos, de- jan huella profunda que no se borra sino con uiiicho trabajo, con invencible constancia, con dilatado tiem|)o. Y asi es que hemos ms- to entre nosotros una revolución bastarda, ra(|uitica, mezquina, que ha hecho el mal mintiendo á sus principios, que ha socavado el trono lingiendose monárquica, (|ue ha abierto profundas llagas a la religión procla- mándose religiosa. que ha chupado la san- gre de los pueblos a|>ellidándose humanita- ria, que ha oprimido a nombre de la liber-r tad, y ha improvisado inmensas fortunas ea nombre de la igualdad; y á esa revolución la hemíts visto con todos los males de su espe- cie, y con todos los vicios que ella exagera- ba y condenaba en el antiguo régimen. Si antes habia despotismo ministerial, despotis- mo ministerial lia habido en la úllima éiioca, y llevado al mas alto punto; si antes (labia des|)otismo militar, desnotismo militar ha habido; si antes habia dilapidación, dilapi- dación ha habido en un grado espantoso; si antes habia intrigas, intrigas ha habido; si antes habia camarillas, camarillas ha habido; si antes habia privanzas, privanzas ha habi- do; si...pero salgamos corriendo de ese ter- reno (pie abrasa, de esa atmósfera que aho^a.

Todos los males antiguos con la añadidu- ra de los nuevos: el desorden revoluciona- rio, el des|K)lismo gubernativo, el desden de los nuevos aristócratas, el espíritu de pan- dillage, de intriga, de oscHridad, de mise*> rias, hé aqui lo que hemos presenciado en estos años; jwro nada de verdadero gobier- no, nada de administración vigorosa y tem- plada, siempre de un esceso a otro, de una energía desj)ólica á una vergonzosa flojedad.

Hay en España muchos elementos de vi- da; hay impulso, hay movimiento, hay fuer- tes tendencias hacia el progreso intelectual y matenal; pero este se halla, no en las re- giones del [M)der sino en la sociedad: de esta nace el bienj. de aquellas el entorpecimien- to, cuando no el mal. Y por eso, pornue es- tamos profunilamenle convencidos ne esta verdad; porriue estamos profundamente con- vencidos de las tristes condiciones á que es- tá sujeto el poder; porque tememos que si ese poder se quedase enteramente solo, abando- nado á si mismo, seria capaz de acarrearnos males mayores que los que ahora sufrimos, y de rej)róducir los inconvenientes del des- potismo ministerial de línes del último siglo^ y principios del presente, por esobenioB de- seado, no qnc desaporeciera enteramente la institución de las Cortes, sino que se rsfor- inase, haeiénildo de mannra que shi dismi- nuir la fuerza de la autoridad Real la tem- plase con la concurrencia de las luces y del apoyo de lo mas selecto del pais. No hemos oucrido Córtes ni perturbadoras m eselivas (Jf los ministros, porque lo primero trar ron- sigo la anarquía, y lo segando falsea ia ins- titución; pues que' en vez de templar fortale- ce el despotísmo míBísterial, rodeándole -de ntia npanenria de rr presen líirion, y acos- tumbra a ia comilón y a ia vtllanii^.- En los ocho aitfetilos sobre reforma de la Conslitncinn cas sobre esie p Ter al monarca vtetima de wi engafVo, smiie- sen dejnr al tiempo o! remedio dcí maf, y volver a decir lo mismo cuando se presenta- se ia oportunidad, rettráodoieai nogarda- méstico con In frente serena y I* eenciBwia tranquila.

Y esto se conseguiría en España ci liui qne la naáon estáñese representada en las Cortes con verdad: y entonóos habria espe- ranza de que se remediasen esos vicios del gohiérno tan difíciles de curar porte invete- rados; e ntoaces habria esperanza que subiese hasta las rPriones del poder esa nhunflí^nle V fecunda savia que existe en la sociedad le víviioaae, y le lolmeleeieee, esnañola, y, ^ espusimos nuestras ideas polili- fl y le comuiiirase el espíritu nacional de que í punto, indicando cuál era la ' tanto necesita; entonces habria esperan /.a de forma que en nuestro concepto debia tener en Bspafta la institución de las Córtea. Sea lo que fuere del acierto aplicación, nues- tra idea era encontrar uu medio para reunir 'en un foco comnn la inteligencia, la morali- dad, la riqueza del pais, y Imcerias iafluir porintervalos, y de una manera suave t cfi- eax, en la estera del gobierno. Para mejor lograr este objeto deseábamos oae el nonai^ ca nada tuviese que temer de las Córtes en sentido anárquico, j)ues asi notrah^jíinfi por destruirlas, j se complacería cu llaiiiailas á 80 lado; deseábamos que las Córtes se com- pusieran de elementos Av} toño indi jiendien- tes, para que cuando fuese necesario se ha- Hawn en ellas hombres de carácter bastan- te firme para hacer llegar á los oidoa del so- berano las 'quejas de los pueblos, no solo contra autondades subalternas nuo contra los mismos mintsfrosT; de^eéNimos una res- ponsabilidad ministerial also mas efectiva de ra que se lo;,Ta c on las constituciones de mo- da; deseabamosíjue cuando la opinión publi- ca acusase a un ministro; cnando la con- ciencia publica estuviera escandalírada, se encontrasen hombres que se atreviesen á dedr ai monarca: «Señor, tenéis á vuestro lado un ministro ^ue abusa de vuestra con- íianza; que dilapida los caudales públicos; que se ha enriquecido rápidamente con el Mdor y las lágrimas de vuestras pueblos; que rodeado de villanos satélites reparte entre ellos las condecoraciímes, los empleos, el oro, como eibotin de una victoria.» Hom- l)res qne tuviesen valor para sostener su pa- l il ra, y)ara hnci r fn nte á la cólera del acu- sado, para arrostrar con dignidad y calma el esperan / que los negocios del £stado se tratasen con etevaoion y dignidad, y no como de mucha tiempo se ha hecho, cual si la nación fuera el patrimonio de pocas ftersonas, y á veces tan oscuras, tan insigniíicantes, tan incalía— ees de entender en materias de gobiaiMi, que no se hubieran ntrevido á mostrarse en público como mtluyeoles, ten^erosas de in- dignar la altives castellana.

Pero nada de esto se consepruirá si los hombres independientes por su carácter y por su posición no procuran tomar en los ne- gocios pábHeos la parle aue les corresponda; si unos se recatan por ncsi nido, otros por exagerados temores. ¿Pues qué? ¿Es conce- bible el descuido cuando se trata de todas los principios, de todos los intereses qne existen en el seno de la sociedad? ¿ Temo- res? ¿Y de qué? ¿No hay medios legates? ¥ habíeiido estos y no empleando etroa ¿oné se ha de temer?— Pero será dable que las leyes sean atropelladas. =Cierto; ¿pero sa- béis cuándo? Cuando procuren influir íob menos y callen y se oaenreaean los mü; cuando no haya suficiente entereza parama- nifestar lisa y llanamente las convicciones propias, todas, enteramente todas, sta o(»^ tar ninguna, pero no sucederá si en la pren- sa, si en la tribuna, si en los círculos polK ticos, si en unas elecciones generales htKjf resohádon, hay arrojo para deein cestopensa- mos, esto queremos, esto sostenemos, por el triunfodeeslolndiaiamos. » Y nocomo(|uiera, sino abrazando todas las grandes cuosüones pendientes en el pais, y dirigiendo con res- pecto á ellas la opinión pública, n^cUficando los errores, templando las exageraciones.

} desagrado del Bey; hombres que al " aieulando la timidez » y desenvoívieodo, y lo, y uniformando tantos elementos de órden. de gobierno, de porvenir como se hallan desparramados en esta sociedad des- venturada, que solo esta esperando una voz poderosa que la llame para emprender con aliento y brío el camino de la prosperidad.

EXAMEN DE LA DE LA REINA DOÑA ISABEL II.

• Adrmat, «Aom, jo rrw> qaa do r* Crij<l<nlt' i-rrilrr tir vitú la* laeciuoel de U iikirii. Lm cimtioim ti» tif -•'<<'\ "lAm tcrniiwnc par ui* laUlU,; ¡>re- temlnn. wíWm, no Imii »<'i i'<r*<; hMU fMr Im drrrchu* m ha* fk»- > ^7 Sr. ¡laraur^t dt Mintfíarct, ra la ■ ■ I './r fHrro d» ttM. María 4a üu Articilo 1