SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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«W sansas se rennen y se combinan de uu loca.sc al Irenle de la nación española, se ttn terrible para producir» MP^dSsórden I uniese estrechanianle con ella en ideas y siMh ral. que reclama cuidados niiiy ^olicifos;, titiiientos. y mostrandoliMd verdaderocatniuo miiy cuerdos, si se quiere evitar el que de-, de la dicha y de bi prosperidad lu dijese: yWilWWHlW wwlaBoi t» IÍ<l<iiftwl(LH fwic»: '■Hs i «marcheinos per aaie sendero, sigúeme coa nB|MBÍM» ricatrízarde |Lr()l|H>t()das las llagas, entera conianaa; támet prestarás el apoyo €É impasible satisfacer todos los intereses de tu fuerza, v vo le corresponderé lea^ )S, es imposible lograr que vivan,i mente cou uii dirección \ uui desvelos.» <; iíoufiifMiilílH«Miu J jsMnda m^ofm^^.alguna de ei mmá m É Dlgitized by Google mente b nación española, ofrécese una ocasión muy á proponito para conducir » un pueblo (>or el camino que mas le conviene. Kí» menester aprovechar la ocasión |)orque es fugaz; y va liemos visto man de una ve/, que por no í>a)>erla aprovechado nuestros fíobier- nos en las épocas CTiticas, se ha dejado en el seno de la nación el frénnen de tantas ca- tástrofes. I'reocupansc entonces los honiÍ)reN su|>erliciales con el restablecimiento de la par. y del orden; sin advertir que una nación conmovida hasta sus cimientos, no puede recobrar de un fíolpi^ el aplomo perdido. S«'ii enhorabuena que el pueblo sencdlo se algo- done con el'usion al jubilo y all)orn7.o a la Miia llegada de una noticia que asegure el término de la guerra civil y pan /ca dar tin á la cadena de nuestras desgracias; [tero los hombres pensadores delxm mirar mas aMá. deben recordar que a los políticos del aAo los sorprendieron los sucesos del año 1 4, <|ue en [)osde estos vino la revoloi-ion de IHÍO, que en el año i3 entraron los ejércitos de la Santa Alianza para derrocar la Constitución y entregar el mando a los realistas; y cuando parecia que estos ntinnzahaii su poder arreba- tando á los lib<Tales toda esperanza, vino á ponerlos en alanna la revolución francesa de ÍHAO; y apenas se recobraban del primer susto, cuando el nacimiento de la prini^sa de Asturias, la enfermedad del rey, y luego su muerte, cambiaron enteramente iá faz de las cosas. resonando por los cuatro ángulos de la pcnmsuin el grito de lilK>rtad.

¿Qué signitica todo eso? signilica que si una nación no halla en sus instituciones la sólida garantía de su tranquilidad, si tiene librada la suerte en la vida (le alguna persona, si por no haberse acertado á ponerlo todo á pion)o se la mantiene en una posición violen- ta, nunca falta una cin^unstaix ia para causar un sacudimiento; y entoiK t s »; maniliesta de golpe la debilidad del edilicio. Hasta ahora, preciso es confesarlo, ninguno de nuestros gobiernos ha acertado a cerrar el cráter de las revoluciones, y por eso se han reprodu- cido sin cesar, y mas terribles cada vez, y se reproducirán en adelante, si la maqui- na de gobierno no se asienta sobre una basa, que con su anchura y solidez pueda asegu- ramos de ({ue no bastara un empuje cual- quiera para sumimos en nuevas catástrofes. Si esto se hiciere todos los sucesos que vayan verilicándose, ya en Es|>aña, ya en lo res- tante de Europa, no tendrán para nosotros mas importancia de la que esté comprendida en su esfera natural: de otra suerte un casa- miento, una muerte, una guerra con una unción ('ual<|uiera, un cambio |K>litico en un pueblo vectno, una desavenencia entre las grandes potencias, en una palabra, el suceso mas insignilicante, tendrá en continua alarma al gobierno, pondrá en zozobra las institucio- nes y la dinastía: asi cootinuar.i la nación en a(fuelia sorda intpiietud que no deja consoli- dar nada, ni pn>s|H'rar nada, y sentiránse de vez en riianno a(piellas fi-irilaciones que in- di».iii un terreno iiiuuitlo. y anuncian para in¡» tarde esplosiones es|KmÍosas. I.0 diré de un;i vez. no habrá paz, sino treguas; se di- visiuan de aintinuo en el contin del horizon- te la r«'\uUi( ion y la guerra civil; y no sé si puede imaginarse el término á donde podria- mos ser conducidos, si algim dia volviese á re.snuar entre nosotros el grito de guerra. Si no acertásemos á tener cordura, por cierto que no seria |)or falla de buenos maestros; ya que hemos tenido los mas escelentes que se conocen, cuales son la e.sperieucia y la desgracia. ' CAPITULO xvn.

CAPITULO xvn.

Después de liaber hecho una liel pintura de nuestra situación, traido á examen todas la.H oi)iniones que se dispulan la preponderancia, hecho como una residencia general de todos ios partidos, y manifestado, según me pare- ce basta la evidencia, con cuanta verdad decia en el prólogo que era estraño á iodoa ellos; después de haber indic^ido las causas de nuestra revolución, fijado su carácter, y esplicado varias anomalías; después de hal)cr señalado variosescoUose indicado también un rumlio; no quiero soltar la pluma de la mano sin espresar clarameute lo que pienso sobre las reglas generales á que debe ajustarse la conducta del gobierno. b> diré con brevedad, pero liso y llano, sin rodeos ni embozo, pov- (jiie estamos en el caso de hacerlo asi. Para poder decir algunas verdades sobre nuestra situación no es nec4ísario haber mediado en los negocios públicos, lo que se necesita es lialk^r observado y meditado..\<|ui no s<* trata de negocios, sino de revoluciones; no de hechos encabriados en el secreto de un gabinete, sino de sucesos que tienen sus ra- milicaciones en toda la sociedad, que se pre- 11 »Dt«D á la lut del día; no ma preotofiidades tti objetos raros, patrimonio eschuivo de m uaseo, siiko íenómenoa gr«idc8, ruMiofios, pudiendo estudiarlos cualquiera íjue guste de observar la nalufakua. ¿i quién noti ase- gnni-(}ue alguM» heehM m m vetn nejor á uoa cierta distancia? Ia)S mas ^Tnnrlcs son como las figuras colu:»ales, cjue para verlas en su verdadero uuiito de v ista, es necesario ntíam ktftacMrt» treoh». Vior le demás, y aunqii ' rn cierto modo me proponirfi for- mular ua sisteva, daré otro tosliuioaio so~ km» de que m iia 'aMiiift uiBgun espíritu di partido, en la wimA «lum eii4|ie voy i pofUT h cuestión. iMudo una ojeada sobre la sociedad c^pa- iofllHiinM pflMica que mas •lledee' cueJla, la que se presenta en la cima como oorooaado el edificio, es ia monarquía. Por Jo (pie a esta toca, me parece, ó mejor diré Mley próAindamenle coavencido, de que es allamentf nfcfsfírio afínní^rla, n)bii>t(H.'erla, y de todos modos desenvolver ia Constitu- dot del Bftedo es flentido Moninniico, fon- ¡o como fuere posible. Ya llevo tfemoslrado <jue el principio mnnnnfuico es muy poderoso en la sociedad espauoia, y que es menester reipelárle, si nu se quiere anojer la nación en un circulo de vaivenes y trastornos; n*s- taoic abora observar, que lejos de que los hoerilfes de mando hayan de miiar este co- iuo un ohslácuio, han de considerarlo mas bicQ como el medio mas podeniso Av. go- iNeroo. En efecto, el peligro que aniena/.a a Im aeeiedadee noderaaB no es la esclavitud, ^¡110 la aiiurquia: siendo conducidas á ella {nr due» causaos, la una su misma organiza- etoD material, y la otra su estado moral. Almlida enteraaíenle la eaclavitod, derriba- dos hasta los restos del feudalismo niveladas las autiguaé gcrarqutas, y contundidas casi MliiÉMtále fas clases, se peesraia m cú- mulo íb menso de fuerzas individuales que obran ludas á la vez, de frente, en una Busma linea; y que si no baii de producir grandes trastornos, neeeiftan «na aocÍM di- rrrtm, rápida, vigorosa, acertad;!, y al ausmo tiempo muy suave. A «se estado se ihanencamíDando ya desdemncha tiempo las MMiiidadggjeinopeas; y como haj^una Pro- videncia qne cuida de que se salisf;íi;m las Srandes uücesidades, vemos en Kurujia la MMrqnía «on varían fennaa, con mas ó xm'vur-, iMidi*r. con mayoró menor est 'nsionde ttcultadea, pero praaéalándose siempre como una iostilucion tutelar y vivificante, reuní' da las oonÉMones de gobierno, del mejor modo posible. S<: la monaninia. tnl coma se ha encontrado entre lo^ pneliíos ( ri^ünnf)^, pero no en ninguna otra parte, ha resuello el difícil proMeina d» gofierftar grandes na^ ciones donde t( nu ní iím nm vivo calor la inteligencia; donde bullía todo linaje de pa- siones, donde no habia el recurso de sacar de juego una parte de las fuerzas por medio déla esclavilufl, sítid fdnnnd^i^ de millones de hombres, todos en su dignidad, todos Ubres.

Esta es la causa pintpie se ha visto á los pueblos eumpeos propender instinfiv-imcntft hacia la monarquía, esforzándose por adqui- liria cmmIo no la tenían, por consolidafln cuando variloh;i. por rohiT'íír'rrrIi cuando era dcbil, por eslendcrla cuando era dema- siado circunscrita, y agitándose en terrible esftTnlsion por restaurarla, si por alguna momentos la hnn llcírndo á perder. En In- glaterra hubo las revoluciones mas durade- ras y profMas (jne imagniarse pueden: todas las ideas tuvieron su curso, todos los sistemas su aplicación, todos los planes su ensayo; pero todo naufragó: v en medio de la universal catástrofe volvió la monarquia á sohn'nnHar. volvió á establecerse y ñ ron- solidarse, y a pesar de la popularidad de las tenas y de un espirita de la mas ámplia li- bertad, el trono se conserva en Inglaterra jMKleroso, brillante, rodeado de la venera- „ cion y acatíiniiento de los pueblos. En Fran- I cia hemos presenciado él mismo fenómeno; y es bien sin^rular que en ninírnno de los pueblos mas notables de Europa ninguna revainúoa ha sido bastante para anonadar la monarquia.

A m;ts de cnnvicf ioTio«! proftindas que, a favor de la monarquía han debido crear en Europa hechos tan grandes y palpables; y á mas de las costumbres que en el propio sen- tido han debido formarse en 1<»« jMjeblos, hay todavía algo mas: es el scntiniieiiio mo- nárquico, ese sentimiento que se herma» na admirablernente con el de la [nni 'i dig- nidad, que ^rtenece esclusivamente á los pueblos orislianofi, que nada tiene de común con la abyecta humillación de los esclavos de Oriente, qué es un obtindr»ntc semilíero de pensamientos pundononisos, un resorte para noblos aecionea, ane se enlaza íntima- mente con el amor de la patria, v que haré l[ llevaderos, miaves, dulces, los lazos de la ébedieiicia. £8t0 seiitmieiUo no tieoe solo imr objeto ta insliliicioB áa It nmarquia, sino también la conservación de las familias que ocupau el trono; circunstancia notable que da Jugar á observaciones delicadas. La Éwopa flMdema ha heredada de la vieja Knrnpa una jiarrion de razas reales, de fa- ittüias ilustres, cuya cuna «s44 cubierta con la oacuHdad délos Uempos: yeito <^c á prí- B^iravíata podría parecer una cosa insigníti- canto, y qui» á los ojos de una filosotia mez- quina y suca, pudiera presentarse mmo un mal, lia [troducido y produce beneficios ia- iit 1-,. ]..\- iitsliluciones muy irrandes no ><iii paraiiiipravisadas; las |N5rsonHS ({ue han de iigurac eu la cima menester (jue estén eoiae cnhierlas con un velo mistonaaoi ''ÍN)r esta razón, y escopluaiido el caso en que la iM'ovidcncia lanza sobre la tierra al^im |i;enio liara que se realicen estraordinanoB deeti- nns, un hombre común no puede de re|)eulo coüvertirsp en Rey. i\o fué pcquefla sncrte para las provincias unidas ei tener en su se- no la casa de Orange qoe bajo distintas for- nias pudiera en cierto nuído reemplazar ei ti-ono; ia l^ranuia en la revolución oe 4830, al avñdttr el trono Yacanto por la espnlston do lil prioiera rama, puede dar gracias á la IVovidcncia por haberse encontrado con la ^-asa de Orleans; y alj<uaos pueblos de Amó- rica, ni hubieran sotrido tanto, ni tendrían á \ hln tin nnrvenirtan nebuloso, si al eman cipursc de la dominación europea hubieran ienido algunas, bmiüas que por su antigüe- dad é Hnstre sangre, ae Juniesen hallado como preparada^ oiiríi orn|>Hr un trono. So- bre cil^ se ii^Ljbu'.ra lijado ualui-almenie la ^i.^ta; y en medio de los vitores á <lainde^ jiiTidiMiria y á la libertad, se las hubiera colocado en la cima del poder, y se hubie run ahorrado torrentes de sangre, listas son verdades, y, verdades grandes que abisman ;ií fiinsofo ('a.meditarioii ])rot'iuma soi)re los secretos del coraiou del iiombre, y sus uili- jnas relaciones con les deslinos de la so> ^edad.

Este sentimiento monárquico, que eKÍste en todas las deiuas naciones de Europa, se halla Uunbien en España, y no eeeao^fniera, sino muy vivo, muy enen^iro cnrnn rjue está radicado en las icieas reii|$io6as por lau- to tiempo ínvariaUes, robostecidooonla an- tigüedad, identificado con los hábitos, y enlazado con los mas ír;r;Hiili'>í recuerdos na- cioi^iles. £stc mismo &euutuicaio, que tan Ivivo se manifiesta en todas parles donde puede esprMaise'Ol poeMo ea^lel, y que no han jMidido desarraigar los mayores tras- 1 tornos. ha puesto a cubierto el fr«mo en las azarosas» ejMjcas que ha recorrido esui nación, haciendo que la revolución española no fie I manchara con los horrendos crímenes tie las de otros países. No: en EsimAa no ka rodado sobre an cadalso U augusta «abena de un I Uey; en Espala «é se ha derramadonMlSola ; i t:i i ' M ^re real; en Es|)ana, en esc Ipueulo a (juion se insulta Uamandole tiarita- ro, 00 se encuentran ooano en inglatHTa y en l'mii in. as«*sinos ih reyes.

IiOue hermoso contraste nos otrece en este punto, la-historía de nuestra pau-ta! Ved esa Francia doade ^ tiMHg «Mdiíp série^ re) es asesinados alevosanieulo, '5épic termi- nada pu^j eibotiüro2>í)su|)lici(i del infortunado Luis tYl: ved^Hial después de la restonra^ cion no l'a!i 11 -ii,m i|iie manchan sus manos con la sangre de l;i n al familia, y después de la rev(»lucioüde lí>iO asestan de continuo sus tiros centra ei pecho de Lina Felipe. En Inglaterra, «ie^iMifs de loscrime^ m» que nos recuerda su historia, ¿no hemos visto recientemento un alentodo -eoiiCpa la vida de su joven reina? era iinh>co. ¡Ah! en España no loma la locura esos temas Entre muchas glorías del pueblo español (]ue no olvidará k historia, entre los hechos que consignara como pruettas e\identes de su f^eueixtfidaá é4ttdal|$uia, podra referír que e^«ra<oIp«ebÍ» linas valiento del mundo, ' el pueblo que en ia guerrá-do intodependsn I cia, y en la ullniia de suension, ha mostra- do,un Jbcrui&uia que 4i no ser tan rédenle nqrána eá^Éubeo^i*! pUeWa qti« «mis anida despreciar sus haciendas y su vida; \ < n niedio de una nn<ilucioii ierrible, de una I Hi^^ira de sucesitMi tan ettcarnixada, no se I eooontró jamas un hombre qae 'teTaniamlsn mano niirricida coulra las auiruslas Reiirts- at tampoco un asesino que vd)rase su puiMi I txintra el ynrhiiitl pimcípe. que-ssatenín sus pre(i;nsioiies desde Ksiella.

Mediu^n sobre tal'!s hechos los hombres uo en.^delante pueden iulluir en los destinos e la nación, apreciciiluK en su justo valor: y veon sit- '■-■'i 'liiliíiit. di' uo desvirtuar de nin- guna niauuia, este seuuuiieuU» mooaranico, que se conserva en el fondo de In mednd española. como un poderoso preservativo de gran les nmles, como un precioso germen de grandes bienes. AiMNra uo hay ya el prel|M»-dtM|ue4|MÍiÍMiÍb)('^ las |>rivanzas; ya ^ espa&oips, pero es menester confesar que ]#My que áém que el Irouu ^u^Mla ^¡n- |j Ift» doctruai> religiosas conservan todavía vóiur; soQ.iinii^ttarios los (eiuQr^.4& de»- i bmkIk) poder, que el priocipio católico e» MtliWPOy^^tiafe'pnligro qw n«f>4iMÉfMM9 | vuy robusto, que Ift iipiwiid bo 10 Jm la anarquía: sí, ht ananjiiia. pon{ut> este estt'iulido á las masas, y que en su ^e* ca el eacollo, et priucipul. patullo, e^.que r ueraiiUad el puebio español lodavia cree: veataja ímpomlmkMe que puede ppodMÍr i I la nación los maNores hcncíicios.

Eu eiecU): lia y oíros pueblos que despuea de baber sufrido el disolvente influjo de todag' las sectas, fatigados de agitarse por el top* htMliiio de las rf\(>luii(nu>s, bufcanotra vez el apoyo de la reli^ioa: pero como en ello» el principio im¿IÍBo « é utU pmrido, ó*» bailaba muy debilitado, tienen el seuti- miento reli;<ioso indcliiiido, ^nfío, sin fe, ni i espeiauzu; houibi a \aiiu que abraca el lioui- I l»MMi medio de sus desengaños y escarniieu- tos, labia tlcbil y resbaladiza, á que pn'lrndc asirse* jadeando en medio de los horrores de un naufragio. En la nacin esptttait wi m asi: la revobKÍoa ha pmáp per <Da, fen el catolicismo vive aun, con sus priocipíoK Ujos u iuvai'iables, coa sus conviccioucs ro- bustas, con NB aitoa pwiamientea, con aquel leu^ruajc de seguridad que revela ai bombre cou toda certeza su origen y su des- tino, con aquel ademan magestuoeo que ie marca la línea de sus dehcres. Ahi eatá « eA medio de esa soi-icdad disuelta, conserván- dose como columna en pie, en medio de un campo de ruiiiaB. |Ay A noaotros ai llegase" mos a perder esa albaja preciosa, si llegá- semos á desasimos de esa áncora, sola que puede sal\ araos eu tan de>>luH ba tormenta, M perdierantos de vista esc faro qiieeaelar»- ce un horizonte de liniehla^!

Y qvite debe bacei el gobierno con res- pecto i laRetigioB)4|«é esloqve sele pide?- '«na deberes soB claros; no es menester indi- carlos; y lo í|ue se le pide es bien poca co- sa: que m úenti uya. Uespele el sagrado de I lea oonciendas, aplicando ¿ este objeto el miismo principio de liIxTlad; respete los de- recbios del clero como se respetan los de los otros ciudadanos; no consienta que.ea las uuivcnidades y demás esiableciiaieiitos de enseñanza se abran cátedras de impiedad 6 de oU as sectas auticatolicas; no tolere qoc meden ^reUarae ^ee meden ^reUarae ^ee i'it'^indienUo d« circunstancias eslraordina- rias y de consiguiente pa^ajicras, ¿es aca- n ^,ftn4Í est;lav¿taf í aunen las naciones #ÍhMf«ri|«|ieiiaa baje la «Maanniía. ab- soluta. niandt» se les aplica la |»afa|)ra de teciavtlud, se usa de una palabra stu sigui- iwdit te lee calumnia. En el estado actual de la sociedad europea es demasiado grande el número de las (ttbt'za< qno piensan, tu— sobrada fuerza la> pasioucs q^e buMcu. sobrado ■aaeendieulc loa/ ~ ~ " rau, imponen demasiih» resjieíd millones de boNobrea (}ue cunuceo y sienten mi dignidad, uaia que un gobie/raó abuse iiiucbo de su riÉ»^.y se arrojfKéíesclavizar. ¿V qué se- aquellos {)aises, doiuP' bay form;is ifill, donde en mucbos sculidos ii^e el IJoáerMal séAaladoBJ 8ue4íi|ilin, iMidei ni|é cu vigor la libertad de imprenta, esa pa- lanca colo>al l apa/. de levantar el nmuU(>? Uouscrvese, pues, el trono, cqn toda inafjialÉd mm efturqpe. 8U leMw*^*^ ^ ^ mczquiiiauK-uLc sus lacuitades, desen- 'Wfljtl9S^ la Constitución en un sentido mo- nárquico; y no se olvide que sin tron«) no leñaríamos jxwler, y uue sin poder no hay ordcu, síb urdeu uo bay obedicucia a las leyes ^f-id»'Obediencia á las leven. •n«i.bay ltt«^ ri.id. {Htique la ventadtTU linertád ooib- Ski>tf <!i >vi- esclavo de la ley.

Utxa de las causas que conducen á los pieMee4ni4anoaá4aAiki«ftti#«s su estad» floral; es la anarquía de ideas, la duda: Tértigo que ba l^rido. ianlas cabq.4a^, Ür-^eenfonoB 4)ue reiaa^^ itedao >paiíee, ^e amenaza en\ol\er en las l¡nieltla.s las idi^as del bien y del niaL borrar lodo rastro de uioralídad, destrozar los cimientos de las Mcit'dailes y «piebrantar los ia/os de las fa- milias Do todo se duda, hasta de la duda uus«pa: la iiiijúedad no duiuina, la indifeiWIÉMliMM^race, pero la fe lamisco jíkí- i la prensa pervierta ni eoirompa; y ledeñas valeoe: ol (uincipio delinteres privado no ya irá marcbando por sí mismo, que la obra lóonfa, pero los grandes pnncipios de la de Dios Beaeoeaiade la débil mano del iMcal iampoco recobran el debido asce.n- bombre. • ji^lé Mil >ea>.pequefla. la..^purc»9n %ue de \\ ¿No se ba dicbo qae dihia mfcnunn el ^ MMMMt Ifla^ l)«leia7.4W» aa ba dicte aldeio em «Mh- Digitizeei by Google jBÍgo (le reformas, porque medraba al nhriixo de los álmaosi pues hágase la prueba; uiia- «kiese un piau, un arreglo ctialquiera, sobre los gastos de culto, sobre la niaraleiieioii de mf»m(>nt<» qtte so pretesto de comerfar y esieader prerogativas, se hace eaclave die las inspiraciones de un míftado de disidentes; peio qíie nada pierdo de su elevación, nada los ministros, sobre los pimfos mas dplicmlns de su poder. nada ha de" sufrir de humillan- de discipima; pero hádase u>doen la debida i le. cuíuido resi>ola las augustas prerogali- fornw, con la debida antomaeioii del Sano vaa de aquel, que en nombre de Dios ejerce Pontífice, sejpael clero qui' puede adlx^rirse al Buevoarregio, sin faltar a sus sagrados debe- les; enloiioes se verá si el clero espaAol tiene esa ciega terquedad que se ha querido supo- ner, V si obra f»or convicción ó por miras inle- resadaü. ¿Esposililt que todo se baya discul- pado, que los m i M i es erineoes se háyan atribuido aciertas teorías de suyo esteanal^ doras, (jue se haya sieoipre alegado la iiies- jwiieiicia, la fogosidad, las ilusiones, es ■decir, que se baya siempre praeonHlo poner á ciil»icr(n la morni del hombre, y reswUdo «»u Uilenctóu; y solo en tratando del rff^m sn haya tenido d enpeAo d^ presentarle sin convicciones, suponiendo qne oMia per meros ÍHterescs?

Con mucho tiento es menester que ande «i gobierno. siempre qne trate de toear se- mejantes materias: un verro en este punto seria incscusable. Ya no est^iinos en aque- Has épocas en que se alarmaba fácilmente á los monarcas y á kw pueblos, poniéndoles á la vista romo un espantajo el enfírandeci- miealo del poder de la curia roo^na; ya no bay ni pretesto siqiiieni para hablar de exa- geradas pretensiones de la corte de Roma; solo se trata del catolicismo, de hs li r. rho^ ¡nherentcs á la cátedra de San Pedro, de sia catfdic;} sia catfdic;} En i-raacia ¿no triunfó ía revolución? ¿no Luía FeGpe el monarca de julio? y véase no obstante, si se trata allf de entrometerse enei sagrado de las conciencias: véa'^r' cómo no prevalece allí aquel espíritu pequeíio y ■ncOloso, inspirado por el maligno aKenlo de los discipafos de Porl-Roval, ó por el mal humor y desabrimiento de canonistas unios. Yesque allise ha palpado que es una desfíracia inmensa el subordinar las altas miras de un gobierno á las miserables miras de algunos sectarios; el ser un gobierno el uistnimento de la ambición de unos pocos hniiihr. s el eco del resentimiento de algu- ' ñas personas que se rnM»n agraviadas; es que allí se ha conocido (¡ue un gobierno pierde su dignidad, su inll iiencia, se ftdoa ne em su vigilancia páslorat por loa cuatro éngoloa de la tierra.

Esta es la política grande, generosa, díff- na de m gobierno que aemlM atftenle da un nnnrian como la españoíi ¡Oué pequeños, que nulos parecen aquellos hombres que en el siglo actual, después de la conflagración es- pantosa qve lM pveato la Bnropa á pique de disolver»:?», hacen n-^onnr todavía aquel acento rencoroso que es ahora un palpable anaeronisnio! DísinnilAnlo yo i la emiaeídad 3ue se alimenta de viejos y gastados recuer- os, al orgullo herido que mira cómo se le- vanta lozana una nueva generación á cuya dittn no puedeencnnbtarse, al mérito tun V postizo que porestraña casualidad, y como por sorpresa se hubiese apoderado del titulo de verdadero; pero á la verdadera sabidu- ría, al verdadero talento, ai hombre que msá. capaz de ser grande entre ios grandes, que no haya de temer los sistemas francos y ge> nerosos, que no haya de mnenlar su rnm^ tacion sobre circunstaneías escepcionaies, que para figurar y medrar no necesíte las épocas de rencillas y disensiones, que no haya de conservar su' nombradla como débfl pantalla sostenida por (o^ pnrdflrw, solo por , — ciertas miras, y quizas con burlona sonrisa; en toda la Igle- I á este taino se'lo consintiera, no se lo per- donara: tú te olvidas de qui^ erSS, ledu^i te oscureces, te achicas.

Fijados ya los dos puntos capitales í]uq nunca debe perder de vista el gobienio, IB" dicado con toda rlnriHad e! e'^plritn qne en esta parte debe presidir a su conducta, oIk serraré que lo primero qne debe hacer d gobierno, es salir cuanto antes sea posible del terreno de la política. ¿Qué? ¿Os pare- ce esto una paradoja? escuchad: Las naci(>- nes qne tienen gobierno representativo; mayonncnfe si es desde i>oco tiempo, ado- lecen por lo coman de una falta, y es el tratar demasiado de poUtiea: siempre eolau con los ojos sobre el gobierno, siempre sobre las formas j)oHticas, asemejándose al que se entretuviera siempre en contemfdar v reto- car una máquina, y no cuidase cnaIddM btraxoB, de obatácoloe't de eofl^niMuim/al I U «laboraeion de lis namifitafwas; lile d un mal muy grav« qiie és pitfliw wcdiar, éá k» meno!; disminuir; no conviono (MMiyiar- iie tanto en esto, bien a^i como añilaría nial CMUMMdo foin iMdilHe cootíniiaincale de sa roniplnxion, de su construccinn nr:;ánira, del régimen de vida qae le conviene, y des- ciridira el cumplir sm oUigaci<mes, olvidan- dani tüMt, y m mímtftt'por wm ÍDte> £1 tratar demasiado de oolitKa, el hablar ñrmpre de GoMthveiM, m tema efacUrales. diputaciones, ayuntamientos elf. etr., tiene el inconvonientc deque hace fermentar ks partidos, da origen á otro» nuevos, es- aüa wcaeiéDj desa^n^aMei, éMde bs áni- mos, provoca disturbios y imstomos, y des- pertando la aaibicion franquea la puerta para (pie honÉffvs indignos piwMi MiMré lee al- tos paestos del Estado. Es de la mayor im- portancia penetrante de estas verdades; afortunadamente no puede decirse ({uc no se sepa en qué pasar el tiempo: el arreglo de h harirnfln, In formarion Oe los eódifíos. de buenoíi planes de educación y enseílanxa, los estaUeciinícntos de lieneíicencia, el fomen- ta de h eiqrietikiira, tnéualria y «HRcrcio, fíírcn'n par rh^ñn ospsriosa areOB donde podran cauqiear ei talento, el saber y la «speiieneia. Conviene pues, lo mee Mmui posible, corriendo, digámoslo así, salir del terreno político, y pasar n ornpnnsede otras materias, donde puedan reaii/.<ti^ mejoras pc^ttivas, prácticas, que detciendan íiMla aquella parte Hel pueblo que trabaja, pa^, mas que Míe y ealla: es menester mi» práctica. pMílí?isno; beeta ye de eeeseoeeliones tan á proDÓsilo son' para tenemos en contí- noo sacuaimienlo, en sacudimiento que luce sobrenadar en la superficie lo mas va- lo man Kieni qne-ba? enlie noeeliee, mientras está oculto en el fondo tndo lo rpjp hay de mas grave y precioso. ¥ á la verdad, ^qúién no se pasma al ver tantos hombres improvisados, míeatriB yacen en la oscuri- dad lantoo otros por vmekm titnlee respe- tables?

Ni exnle en Eepate como en etres partes mi cuerpo de nohie/.a, que por su |)osíeion y circunstancias pueda ejercer mucho inílujo sobre los destinos de la nación; ni la lev i hnluwnlal le reconoce como cuerpo políti- co, ni el espíritu del siglo está en tíil senti- do, ni las costumbres de Esoai^a, quizá las-t ■IB populares y niveladas ae Europa, se | mMrian con una •rístocFMw que solo con- * tara con tilnios de naétniento; sin embargo entre nosotros como an (<kI»« partes, no deja de haber una considerable (lorciou de ciuda- danos que por la jntinia ftaenta de las eoaas .se levantan con m^iv itistos títulos sobre el nivel de sos compatricios. La propiedad muy cuantiosa, con tal que no recuerde una for- tuna improvieida eon malas utest lacaMH cidad estraordinarla, ó n!n mr'mt»; n>uv dís- tinguMb; los grandes servicios hechos al EstMoé el hnber ocupado por largo tiempo los puestos mas eminentes; y también un nacimiento de antigua é ilustre ciirtimtn, son circunstancias que por mas que se diga, ixh- dean á la nenMÍna éí derto eeplendor y le granjean In confianza y el respeto de los pueblos. Unajey en cuya formación hayan elloe ntervennlo « nn déciele donde ee lea su firma, una alocución, un proyecto donde figure su nombre, adquiere á los ojos del Eúbliro cierto realce que no deja de contri- uir en gran manera a <|ne he resoliedoB en benefício del pro-comun sean man pranloi, mas amplios y mas cumplidos.

Por desgracia en la actualidad, como su- cede síempíe deeimeB de grandes revueltas, se hallan oscurecidas, ajadas las reputacio- nes, y apenas se nota que figuren tantee liombKs, ffue sin duda perece ^ue tienen á ello algún aerecho. En una nación como la espaftola. ¿sera posible que no se halle una porción numerosa de hombres, que habiendo enranecido en dislragnidoe puestos, ha- yan recníTÍdo un respetable rmulnl dr ^nher y de espenencia? ¿m> conocemos a muchos? ¿no liabn varios otros en quienca nadie pien- sa, á causa de haberse ellos mismos conde- nado de prop<^sito á la oscuridad, ó de haber sido envueltos en ella, después de arrumba- dos por tan eontinmidos vaivenes? Esta es unn psprrin ác nrístocracia que yo desearia que se respetase; este es un cadáver qoe se babria de reanimar despreciando á misera-. bjes habladores qne todo lo tachan de trasto viejo é inútil, fpie *in mirpmtentos de nin- guna clase prodigan a los hombres mas res- petables toM Kna(ee de epodos. Tengo es-» perauzas en la generación que entra, pero tam|»oco quisiera que dejáramos de aprove- charnos de la ([ue pasa; porque las canas infunden mneiio napelo, pori|ne éfinM hombres qn»» se Hamnn í'ir-lndos, preciada- mente han de hal)or conocido el pueblo es- pañol, á quien han poMüstndwr portar^'