SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Por nías respetable (jue sea una inlluen- cia, DO es sulicientc |)ara la felicidad de un pais desde (jue es repugnada por j)artidos numerosos, V tiene contra sí prevenciones nacidas de la historia de largos ajlos de guerra civil y de trastornos revolucionarios. Li persona (jue ha ejercido la regencia en las épocas de la discítrdia mas viva y de la guerra civil mas sangrienta, cpie ha puesto su finua en lodos los decretos (¡ue han cam- biado radicalmente la organizat ion social y política del país; la persona que ha sido ob- jeto de la cólera de un partido, y que en consecuencia se vio echada del reino, des- pojada de la tutela, privada de su asigna- ción» y tratada como proscrita y aun como enemiga de la tran(|uilidad publica, esta persona ha de tener por necesidad fuertes prevenciones contra si, su influencia ha de ser mal mirada por muclwis, á su nombre han debido de vincularse retuerdus, ma- nantial per|>étuo de resentimieulos, de íküos, xle venganza. Supóngase á la perso- na tan iuucenle, Um generosa, tan de miras ^i^levadas como se quisiera; hay en la naturaleza de lascosas una fuerza superior a las cualidades |M:rsonales: fuerza indestructible poniue se funda en hechos indestructibles también.

Asi es (juc no seria un pcnsamií'nto muy {xditico el (|ue contase con perjKítuar ó ha- cer duradera [)or muchos años una influeu cia semejante, [)or justa, [)or ra/ouable, poi desinteresada, por saludable ([w se la su- pusiera. Y largos años han de pasar, nuiy largos aííos, antes que la augusta Isalu;!, con su corazón candido é inocente, bav.i aj)rendido á conocer la doblez y la iHjrlidi.i délos hombres; antes' que haya aprendido con los desengaños > escarmieíilos del man- do ú rasgar con osadía y mageslad el denso velo (pie á los ojos de los reyes tender sue- len la lisonja, la ambición y »>lras pasionc^ todavía mas ruines; largos años han de pa- sar antes que la augusta niña ad(piiera con la edad y la reflexión aquella gravedad ma- gesluosa, severa, inqwnente, que tan bien asienta en el inonarra en ciertas ocasiones criticas; gravedatl (pie contiene en el linútc del deber á los mas elevados pcrxmajes, y (pie no permite ni aun á un presidente del consejo el juídir una lirma, no diremos c(m vi(dencia, no con exigencia desmandada, nías ni aun con importunidad. Nadie se ha- brá olvidado del suceso de Olózilga. Hasta (jue llegue pues este tiempo cónvienc qufe la augusta hmirfana tenga a su lado un con- sejero natural, inviolable, un defensor nato á (piien pueda volver los ojos en todas las circunstancias difR-iles, de quien pueda re- clamar la cooperación en las 'crisis graves, de quien pueda prometerse socorro en caso de peligro.

La debilidad del sexo, la instabilidad de la posición, acompañada adenias de la pre- vención de los partidos, no son circunstan- cias á pro]M>sito para semejante objeto: solo puede lograrse con la presencia de un varón esposo de la Keina. Este será de suyo una persona inviolable, inamovible de su puesto, í|uc no j)odrá caer sin que caiga tamnicn el trono nusmo. Ksta será una influencia (¡ue nadie pínlrá contrariar, (lue nadie se atreve- rá á combatir, que se ¡dcntilicará en cierto modo con la persona del monarca. \o habrá partido ([ue pueda prometerse (pte la Heina no ha de consultara su esposo, no hal)r;t mi- nistm (lue lleve á tanto su exigenci m cuales Tueren las prescripciones de la Icn fundamental, no (¡uitarán que el uiarido de la Reíua ejerza una puderosa inilucncia en los grandes negocios del reinó, ([ue se vea rodeado y respetado de todos los hombres notables del pais, nue su voto sea de un gran peso ea todos los consejos, y que en caso de peligro sea el prínioro^n salir á la dpfonsa de los deri'rhos do hi corona, de la tranquilidad interior contra los perturbado- res, de la independencia contra losestran- geros. Estas son verdades de bulto, palpa- ble'; para lodos; vonlades indestructibles, coiuu t undadas en los sentimientos mas Ínti- mos del corazón humano, en ios? inculos mas sa^Tados de la religión, en el curso na- tural y necesario de las cosas, en la situa- ción en que se encuentra la Éspaúa y en que se ha de encontraren adelante.

Hé aquí por qué respetando mino el que mas á la persona de la Reina Madre, quisié- ramos bascar en otra parte un consejo y un apoyo permanentes. Es preciso convencerse de la necesidad de.salir t!'^ iniorinidades, de situaciones iransi lorias; es preciso buscar puntos de a¡)oyo sólidos, estames, íijos, no sujetos á oscilaciones de ninguna clase. Esas inleriiiiiladcs matan á todo gobierno, hacen imposible todo sistema. Mientras bayacven- tnalidádes que puednn traer la caída de esta ó aquella persona, s'e alinientarán esperan- zas insensatas, se sucederán unas á otras las conspiraciones, los proyectos de trastorno; estará perturbada ó nial segura la tranqui- lidad de la nación. Por esto conviene, es ne- cesario, es urgente que se cierre la puerta á locas esperanzas, qne no se vea la postbt-. lidíid df! destruir lo que hoy existe con las ' eventualidades del dinde mañana; es urgen- te í{ue lodos los partidos vean un hecho de- finitivo con el cual les sea imposible lachar, síiinctiiMidose lodos ála necesidad de no sos- tener otras lides (^ue las que quepan en el terreno de la ley.

Creetnos haber demostrado hasta la evi- dencia lo que al principio nos propusimos, y haberlo hecho sin faltar al decoro debido á una aufnista persona, ateniéndonosúnícamen* le á razones de conveniencia política, y pres- cindiendo al)S(diilainente de todo eiiíuUo se leliera a cualidades personales. AÍjn¿;amos la convicción profunda de que todos los hom- bres juiciosos y humados convendrán en la exactitud du lus observaciones que prece- den: podrá haber (fiscordancia en señalar el punto donde se ba de encontrur el apoyo y el consejo, mas no en le que toca á la oecesidad de buscarle. Esta necesidad es e?ideii- te, ponjue evidente es que nadt de h 'ipm hay basta: quien esto no vea, ó proce&dfl mala fé ó está ciego.

Al regresar de su cspatiiaciou la ReinI Madre dijimos francamente, que en la lienü edad y en el desamparo de Isabel II, su in- fluencia era natural, necesaria, mientras aquella augusta Señora viviese al lado de su escelsa Hija; mas esta situación es pasajera; y snlo [luede servir como un medio de tran- sición a un espido de cosas sólido y permar> nenie. Nadie mas interesado en hacer sáhuh mente esta transición que la misma Madre déla Reina, pues aun ruando supongamos que prescinde lutaluienle délas ventajas que puede acarrearle un porvenir de la nación tranquilo y próspero, y de los formidables azares á (pie la espondria un trastorno; aun cuando supongamos que se olvida de toda consideración personal, nunca es permitido imaginar qne pierda de vista lo que exige fa seguridad y cs|)lendor del trono de su escel- sa Hija y la felicidad de la España.

La influencia de personas muy elevadas, si ha de ser útil es necesario que pueda ser desembarazada, abierta, sin consideración á otras influencias de un órden inferior y que á menudo pueden sobre [wncrse, lia iendu servir de instrumento lo que debiera ser causa principal. De otra suerte, á los oíos jde k opinión pública suele caer soltrclas mas altas regiones toda la responsabilidad moral de los males, y no siempre se les atri- buye todo el bien que de ellas dimana: los pueblos, inclinados de suyo á estreñios, se dejan llevar por las sugestiones de la colera como por las inspiraciones del enlusiaaiuo, y el entusiasmo y ta cólera siempre exage- ran. Asi estamos leyendo lodos losdias insi- nuaciones sobre la influencia de una augusta persona, (Icclamacioucs contra las tenden-> cias reaccionarías; y s'in embargo, paiH 3uien haya seguido con atención la marcha c los aróntecimientos hay fuertes indicios para creer que esa influencia ha sido miK'.ho menos elicaz de lo que era de esperar. No negaremos <pie se le hayan debido algunas medidas reparadoras, pero es cierto que es- las son de un órden sunaltemo, y que cuan- to se lia hecho en l;i< materias mas graves ha resultado mas bien de la fuerza misma de las cosas, del curso irresistible de los sn- cesos, del peso de la opinión pública, de la situación en que se han encontrado losbom- Dlgitized by Google brcsmic se npodcraron del mandó é la caída de Ofó/nírn.

- ¿Se dclíicron por ventura á elevadas in- fluencíase! ¡Dmi?lcrioGon/.aH»zBrahn, la de- claración en estado de sitio de ki pk ion cn- l<'ra,!'l do<.irmo de!a inilifi;i iincional, la »rision de los caudillos del partido progre- sista y los fusilamientos de Alicante? Algu- nos de r-[(i> siii'c^Ds nacieron de lo apre- miante di' l;is circunstancias, y no fue posi- ' ble que cüü respecto á ellos existiese com- binación ni aun previsión. |.a suspensión mtíítnn do In vonta de los hiciu's del cliTo, contrata cual tanto se ha declamado, ¿podian. dejar de decretarla los houd)res de la situa- ción, al menos después de al^run tiempo de hallarso on el pndnr? Y csU' tiempo ¿podía llegar mas alia qnc á agosto de 1844? En jpo- Iftíca ¿no se ban establecido las mismas for~ mas con escasas modillcaciones, planteadas en otra ppnrn pnr el partido moderado? Si no Be lia dejado ca pie el sistema progresista, tampoco se.ba permitido qoe se entronízase el opMt^^to. I'nr tnnnrrn fjni' los hombre!? de la situación han hecho con la combatida in- fluencia lo mismo poco mas ó menos que ha- brían hecho sin elfa.

Esto no siirfderin ronla iiiflncncia dfima- rido de la Reina: cuando exihlicso seria eti- caz, y no habría ministros que pudiesencon- Irarlnrln. Con una posición desembarazada y fHM ín tiin, con podercso ascendiente en el animo de su esposa y sobre lodo C(m el ca- rácter varonil, de s'uyo mas fuerte; mas onériíico y por consiguiente mas rospotndo, es bien seguro que no se agitaran tantas ambiciones, ó que al menos serian mas mo- destas. Es bien seguro que se emprendería una marcha pnlitira mas (irme, mas concitan- te, Y que la nación no andarla continuamen- te de unas manos á otras, pagando con su dinero, con sns piulcrimiontos, zozobras y á nicnndo con snn^ic, hi incapacidad de los unos, la codicia de oíros y los desaciertos de todos. No conviene pnss traer al lado de S. M. á un principf qtie no sea mas que simple marido de la llciua; esto seria pro- lon^r indefinidamente el malestar de la nacion, dejar que medrasen á la sombra del trono pandilins qnc solo sirven para hacer imposible tudu si.siema de buen gobicroo.

Artícelo 3," M«drM IldefebicM 4* KU.

Demostrada en el articulo anterior la ne- cesidad del enlace do Isabel con un príncipe de importancia polilica, y probado por con- siguiente que serla un graTísimo desacierto el prescindir de esta consideración, resal- tan desechadas algunas combinaciones en las que es evidente no encontrarse mas que un sim^ ' marido de la Reina. I'ara non* otros son personns muy respetal>le-^ Inspnn- cipcs de difcreutes familias en que bc ha MDsado ó se podría pensar en adelante; bástanos que perteoeiean i régia alcurnia, y alsnnos de ellos estén emparentados con la actual dinastía; mas esto no nos impide el conocer, qoe colocado nno cualquiera de esn.s príncipes al lado del trono no represeo- taria nada que pudiese darle l uer/aen lo in- terior, ni prestigio é iiiipurtancia á los ojos de Europa. El inrortunado [trineipe, puta infortunado Sf^rin en re-iliriad, se rncontm- ria odiado del uumerosu partido monárqui- co, y prc^mbteiiMBlle del progresista, sin merecer á los bombres de la situación mas consideraciones que las de etiqueta debidas á su rango. Quien no cuenta con medios parabaeerse reapetarno ea resjpelado, y mal puede |)rnleji'r á los otros (piien necesi- ta invocar la protección agena. Kn este caso se hallaría el priucipe que no represcutase ningún interés, nhigan principio. Estas »- dicaciones nos dispensan de citar nombres propios; el lector bará fácilmente las apli- caciones. Quien hobieBe abrigado 6 abriga- ra semejantes designios, no debe olvidar lo acontecido con respecto á las noticifis «fiic circularon hace poco sobre la prubabiiidad de nn enlace con nn prineine italiaBO: todos los partidos se han mostrado acordes en re- chazar este proyecto; ha habido en la opi- nión pulílu ii una verdadera esplosion de ira- popularidad.

Los periódicos han hablado de un enhre que pudieni unir la corona de Espaila con la de Portugal: este pensamienlo oonaide- rado en al^tracto encierra grande importan- cia política. pero en la realidad es imprarli- cable. Prescindiendo de la dtíereiicia de Conviene un príncipe íníluyenle, conviene un edad, loque, estando el esceso de parte de priTuiponiyo \oto pese en el consejo. \ ru- la miiiier, es grave inc nvcniente, la In- \;i mano enipuñe la <'s¡);ida. ¿(!uálser;i eslc? glatcrrn no cDn^entiria jamás este malrim©- Lo exauiiiiui umus en luá artículos si^juienles. ll nio, y quizaa bo upoudriaa á 61 Otrts patea* eias« MallMdada combiBacioa, qoe habría «le í ftmcn/ar por vencrr resistencia táíl'po» derosa como la de la Círuu Uretaña.

El espiritu de la nacionalidad portognesa seria también un olistáculo poco mcnns que iasupcrnble; y este es|)ír¡tii m» deja de con- servarse muy vivo, á pesar de ia poslra- cioa eu quc yace el feino lastiano. Todas las esíi()ul t intios no podrían evitar que ve- tiücada la uutoa dejase «1 Portugal de ««r «a reÍDo y pasase á ser una provincia áo Es> paña; y esto es siempre muy doloroso á los pupl)los que han disfrutado |)(»r lariíos siij;!os una e\i^kMlcia independiente, ia breve in- terrupción de nacMHiaiidad acaecida en tiem- po de Ft>li|>c II í'tio inns Mon á ¡iropósito para torlalecerla que para debilitaría.

La uoion del Portuf^ai con £spaAa es por ahora y será por mucho tiempo una hermosa ilusión, (]\iv liíila.^ar.i á Ids hombres uue piensen en un porvenir de pt-üS|)erídau y pujanza de hi península ibérica, pero que no podrá ocupar sériamcnte á un iuuubre de estado nue no se contente con medir la po- sibilidau y conveniencia eu política, por lu que de si arroja toconlemplacion del map. No l>astn que la nadn ale/.a liaya Ibrmudo la península de tal suerte (pie pare/.ca necesa- riamente destinada á vivir bajo uu íuímuu imperio; las lecciones de la historia nos eft- aeAan que los limites de tas naciones no •iempro se aoMaodan á las dimeai>ioneí> lo- pográlieas. Lacspresion fronteras nmturaUs ea muy vaj^a, como casi todas las de este género: la notada anomalía no solo se echa dic ver en la península ibérica, existe en to- da Europa. Dejando aparta á otras naciones, ahi e^lan la Italia, la AÍcDiaaia, la misma Frattoia presentándonos muy de bulto e^a veidad.

Adema?, ^ae para (pie una nación pueda cnírandecerse, alisoibieiido pni decirlo asi á otra, son necesarias circunstancias diíe- renle9.de las en que so encuentra la España. El orden iiilcríor y la fuerza y prestigio en lo csterinr. son condiciones indispensables; nosotros no poseemos ninguna de ellas, íuese posible hacer el ensayo agregando de repente el l*oitu¡íal á España, se vería el gobierno tan embarazado con la nueva adquisición, que bien pronto se arrepentiría éc su fortuna. Cuando no se alcanza á sa- tisfacer las netv'Ki i iiles mas urgentes de las anticuas provincias, ¿uué sucedería con ia ■«B*B?i»'eate6deria el lecFÍlorio, pero tu» I se aumentarían los recursos. Serian mas dil nuestras costas, poseeríamos nuevas colonias, ücro por lo mismo se baria sentir roos la falta de una marina. Tendríaitioe ¡ iuie\as eapilales; lo (|ue s¡i:iiilira que serian j en mayor numero los pronuuciamienlos. Dejémonos pues de vanas ilusiones, que aunctiando uo fueran imposibles no harían mas que añadir desorden á desorden, fla- queza á llaqueza. Si, como ha dicho un cé- lebre publicista, la reunión de toda la pe- nínsula bajo un mismo cetro está en el porvenir, este ¡Kirvcnir no se halla cercano, ni nos es dadu aproximarle con ímpolcnlcs esfuerzos.

Vn principe alemán de familia poco im- ' |)orlanle adoleceria del mismo inconveniente . que mas arriba hemos indicado; v si por sus relaciones de parentesco con alguna de * las dinastías de las grandes paleneia»; reprc- i sentase una induencía que pesase algo en la política euro{)ea, no lo consentirían las na- ¡ ciones á (¡uienes dañase la falta de cquili- j brío. Con esta previsión ha declarado el gabinete de las Tulierías su resolución de I no permitir que el trono de España salga de j la íaniilia de los Borboues; lo cual, auiuinc 1 110 mediaran oíros obstáculos, seria bastan- L te aerearlos giavisimos. Ademas, es preci- so no perder de vista que en el estado actual de las costumbres y de la diplomacia euro- 1 pea, y eu la siluaciou de España separada I del resto de Europa por el reino de Francia, la iniluencia de una de las grandes {loten* ' cías del Norte sería mucho menos eficaz de i lo que algunos se iiguran. >íi tampoco nos I convendría que lo fuese, pues que el resul- tado natural sería envolvernos en cííni¡)!i'"a - I ciones europeas de (|ue ]indcmos y debemos prescindir. So ^auariaaiüs pues, ni fuerza del [H)der en lo mtcrior, ni importancia es- terior, pero <f mss espondrianios á que las I afeccioues de laiudia nos cm|ieñasen en cou- t tiendas, que sin interesar en nada á núes* ; Ira felicidad, nos acarrearían sacrílicios costosísimos y quizás calamidades sin cucn- j to. La Dolítica estertor del gabinete de Ma- I drid del siglo XIX no es ni puede ser la de los siglos anteriores: antes podía conveuir- ¡ nos el mezclarnos en cíe rías cuestiones cu- i ropcas; ahora, lodo se combina para acon- sejarnos la neutralidad. Est«i neutralidades : para la Kspaña una de la.s mas solidas ga- II rniUías de independencia y sosiego.

* '.No ban Miado temporadas en, que.ha circulado válida la noticia de que se trataba del enlace de nuestra Reina con un principe de la dinastía de Orh-ans; añadiénuose con mas ó menos rnndamento, que este era el deseo de Luis Felipe. Las declaraciones hechas por Mr. Giii/ot en la cámara, y la jHilitica tímida del gabinete do las Tullefias. nacen creer que este deseo no pasará de tal, V que serian necesarios sucesos que modiíicasen profimd.imenle las circunstan- cias para (pie se pensase en entablar seria- mente ima negociación encaminada á dicho ••hjelo. Sin embarfio, como la instabilidad délas cosas humanas, y muy particular' mente la situación de España y Francia, po- drían traer acontecimientos imprevistos- y ron ellos resucitar el pensamiento de esté enkice, será bien examinar si podría ser conveniente al trono de la Reina, y al so- siego y felicidad de nuestra patria. * importa s(d)remanera ilustrar cumplida- n>eutc la opiiuím pública sobre este punto, ya que no falla quien se empeña en consi- derar esta coud)inacion como un bello ideal, á que Solo se debe renunciar por atravesar- se lu imposibilidad. No lo dudeujos: si su- ceso» imprevistos viniesen á dar mas brio á la política del gabinete francés, ó si esta se hiciese un lauto atrevida y belicosa con la regencia del duque de Nemours: si enton- ces se creyese en las Tullerías que convie- ne no guardar tantas consideraciones ni á la In¡;laterra ni á las potencias de allende el Hhm, y que para eslo es necesario tener la audacia de continuar abiertamente la obra de Luis \IV, no faltarían en España hom- bres que a}M)yasen decididamente el matrimo- nio de la Rema con un príncipe de la casa de Orleans, lo que en nuestro juicio sería para la España una gran calamidad.

Si bien es cierto que á Doña Isabel il no tiene derecho la Eur(»|>a ni nadie á obligarla á contraer malrímonio con determinada per- .sona, pues (pie eslo repugnaría no tan solo á la dignidad Real sino laudiieu á aquella li- bertad que por derecho natural, y por el di- vino y el humano, posee en este punto el mas oscuro de los hombres; si bien es verdad que la independencia y el decoro de la na- ' ciüü exigen (¡ue la resolución de este nego- cio sea una cosa nacional en cuanto sea posible, y no arreglada y mucho menos prescríta por los estrangcros, también es cierto rpie no conviene, y que sería una caluuiidad para la España el que S. M. vcri- Jlirara sn enlace con nn príncipe, (pie por una II otra causa, repugnara á las poten^ . cías europeas. Salla á los ojos la verdad de esta aserción si dicha repugnancia llegase hasta el punto de escilar reclamaciones y protestas; pues que en tal caso podríamos hallarnos envueltos en un conflicln europeo que no teneuíos necesidad de provocar, y que á no dudarlo nos acarrearía consecuen- cias desastrosas. Pero aun cuando la repug- nancia no llegase á tal cstremo. aun cuando se limitase á quejas mas ó menos agrias, á muestras de desagrado mas ó menos fuer-^ les, á cierta oposición mas órnenos decidi- I da, siempre sería mía imj)rudcncia imper- i donable el indisj)onernos con la Euro|>a en j un negocio que, por su perpetuidad, no da lugar a relrocedcr.

Ahora bien: es cierto, cerlísímo, que la Europa miraría cuando menos con mucha repugnancia, el enlace de la Reina de E.s- I paña con un hijo de Luis Felipe; y quizás seria d<' temer que proteslase abiertamente I y tomase serías medidas para impedirío. Na- I da vale el decir que las naciones estrange- I ras no tienen derecho á me/clarse en nues- i tros negocios: ellas alegarán que la Francia y la España tampoco tienen derecho á roin- j)er ó poner en peligro de r(»mpcrse el equi- librio europeo; (|ue síem|uv se ha visto (pie j la libertad de los príncipes en contraer ma- trimonio sufre aquellas limilaciones que les ' im|»one el país (pie rígen y las relaciones con las demás potencias; y que asi como la Francia ha declarado que se opondría a to- do enlace de Isabel II con principe (pie no fuese de la familia de llitrbon, también la Europa tiene derecho á oponerse á que el j elegido pertenezca á la casa de Orlcsins. I De todos modos, es lo cierto í|ue las po- tencías europeas no escrupulizarían por mo- livos de derecho en materia de intervención: si creyesen (pie un hijo de Lnis Felipe no les conviene en el trono de España (y no les conviene sin duda ), se opondrían al en- lace por los medios nue considerasen mas ' adecuados; y si resultase un conHiclo, la España seria la victima.

•^)ue no les conviene, decimos, no cabe duda, porcpie saita a los ojos (pie á pesar de lodos los articulüs constitucionales evisten- j tes y por existir, el prmcipe marido de la Reina ha de ejercer inlltiencia en los nego- cios, á no ser (pie fuera algún imbécil, en l cuyo caso no se hallan ios hijos de Luis Felipe. Y ann suponiendo á esc príncipn poca capacidad, ha.slari;i ¡ I »;er fraiRcs para que el gabiocte dü lus i uileiiab íucsc el mentor de nuestro gobierno, pues es bien claro que aquel gabinete nn hn reniincüiclo todavía á las pretcnsiones que comenzaron en tiempo de Luis XIV.

Ksas pretensiones, inauguradas con una guerra ae sucesión que iunn lo de sangre la Europa durante largos anos, no podrian h menos de encontrar resistencia ahora, cuando | á pesar de la lunlial inleligencia con el ga- binete de San James todavía ckísIc viva ri- validad euUe lus dos poleiu ias; cuaiulíi la Francia posee á Argel; cuando brotan i ( a- da paso cnestinin'^ que escitau e iirilan susceptibilidades antiguas; cuando un príu- cipe francés echa mano hasta de la f»«nsa pura dispertar cl espirilu de nacionalidad en favor d(! la innrin.i, indicándolos medios qu2 conviene adoptar para hacer Trente al poderío de la Gran BrctaAa, y aun para rea- lizar en caso necesario la invasión (pie im llevar á enho el emperador; ciiando la a dilación de la Irlanda es cada día mas inq)onente, y los oradores irlandeses anun- cian los apuros en que podría hallarse la Inglaterra en cuso de una guerra con la Francia; cuando no se ha ol vidado b espe- dícion de Boche; cuando el monarca que re- presenta una política pacifica pasa ya de 72 aüos; cuando ia Francia está en peligro de sufrir una larga minoría; cuando existe to- davía la cuestión dinástica; cuando el es- lado social tle aquella nación iospira tan serios leoiorcs para el porvenir; cuando por eoBsigoieote nadie es capaz de prever los acontecimientos que pudienui realizarse en el espacio de poco ticnqm, con la combina- ción de tantas, tan graves y tan azarosas circunstancias. Los hombres de estado de la Gran Bretañi no quieren, no pueden que- rer, qucá la vi^ia de lauiaíias eventualida- des esté ligada la suerte de España con la de Fraiu ia por estrechos vínculos de familia; muy al contrario, si les fuera dado separar estas dos naciuues pur uu abismo, lo hanan sin duda.

¿V qnr Itreinos de las demás potencias? Si Du hubieran consentido tiemejaate nialri- momo, aunque hubiese continuado en el trono de Francia la rama prímogénita, ¿qué sucedería ahora, cuando no ha sido suli- cíente el trascurso de 14 años para lo- grar que depongan Joa recelos concebidos con la revolución de 4830, que derribó una dinastía, alteró las instituciones, y mo^liiicó profundamente asi en lo interior como en lo estcrior^ la situación creada por la diploma- cia europea en |f^l;i?