SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Pero, s(? nos dirá, sea lo que fuere del desagrado de las altas potencias, lo cierto es que si fuera posible realizar e>te enlace, con él lograría la Es|>aíia un objeto poliii- codeia mná elevada imtiorlancia: c&lrccbar V asegurar la alianza de las dos naciones. Esta es una idea que acogen con suma fa- cilidad nl,:ítinas calM'/n^, en mieslro concep- to no iiuiy avciUaj<ul,i> en política. ¡La alianza francesa de elevada inq)orlnncia pa- ra la España...! ¿Sabéis lo que ha signili- cado siempre, lo que significa ahora, loque signiiicaria en adelante? Hace mucho tiem- po que abrigamos sobre este particular una convicción profunda en abierta repugnancia con la opimon aulerior: al combatir ahora esa alianza no nos guian consideraciones |de momento, ni tampoco espíritu de hostilidad contra l »^ li wnbres de la situación, á (juie- ncs cuu lundamcnlo 6 siu él se ha culj^ado de partidarios de la alianza francesa; ven prueba de esto puede verse lo que escribía- mos estando en el ¡)oder Espartero, en mayo de 184.3, en un artículo titulado i /lonsa con la Francia (I).

Lo mismo que entonces, opinamos ahora, y cada dia que pasa nos coulirma en esta opinión. El casamiento de la Reina con un j príncipe de la familia de Orleans seria pues para la España un ^ran desacierto; podría provocar un conüiclu en Europa, y lejos de acarrear á la nación tos bienes que algunos sei^omelen, le produciría males gravisiroos.

AaTIGGLO 4.* Al entrar en el examen de si conviene 6 no el casamiento de la Reina con eí hijo de D. Carlos, debemos advertir que prescindi- mos absolutamente de toda cuestión dinás^ tica bajo el punto de vista del derecha: esla nada tiene que ver con el matrimonio; y si atendemos cá ella, es únicamente conside- rándola como un hecho que han de adnftir los que creen (¡ue el derecho de la Hija de Fernando es incontestable, hasta el piinlode uo cooscotir ni aun asomo de duda. Oue las razones ale¿;adas por los carlistas fuesen nías ó aienos solidas, mas o menos fútiles, lo cierto es ({ue la cuestión ha existido, y i]ue por ella se buu derramado torrentes de san- gre. Esto es un hecho, y este hechn nos basta. Tcuj;ase pues entendido que al hablar de cuestión dinástica, solo hablaremos de un heebu: nada mas. Sea cual fuere el juicio (|ue svhíii el se forme en sus relacionen con eJ derecho, es imposible no tenerle |)reseu- te cuando se examina la situación social y política de Espaíia, las causas que la han traido, y los acouiecimieotos que pueden so- brevenir. Involucrar con una cuestión emi- neuleiiieule publica las cuestiones legales, sena perjudicar á la acertada resolución de aquella.mu adelantar nada en estas, l'rolun- daiuente iMiuelrados de esta verdad cuidare- mos (le DO perderla de vista.

No, al entrar en esa cuestión gravnsiniano veoius a uua persona, no vemos a una fami- lio, no a una dinastía; vemos únicamente á la España trabajada por las discordias civiuu medio que le restituya su aplomo, y le at>egurc« \di que no prosperidad, al menos jjítiiego.

A nadie cedemos en respeto á los miem- bros de la Ucal familia, y en interés por el iDlbrlunio; pero ninguna de estas conside- raciones seria capa.^ de iiuliirírnos á dar un consejo qiic oreyesemus babia de acarrear calamidades á nuestra patria. Si asi fuese, si DOS pareciera que la Providencia en sus inescrutables desijínios ha hecho ¡ncomi»ati- blc la felicidad de España con la de alguna familia, al paso <iue nos compadeceriamos de ia suerte de esta, dinauM)s sin vacilar: «cúmplase el destino. » Paru que se sepa de antemano cuál es nuestra opinión sobre este punto, comenza- mos por declarar francamente que en nues- tro juicio el casamiento de la Reina con el hijo (le D. Carlos uo es un absurdo como se ha dicho, sino un suceso muy realizable; cpie DO es incompatible con la tranquilidad de la España, sino muy condtu ente para ella; (|ue hay medios de evitar las reacciones temidas, y de hacerlas |k)co menos que imposibles; que entre los candidatos para la mano de fa Reina el hijo de 1). Carlos es preferible á todos los demás; <|ue este matrimonio es el que mas le conviene a la España; (jue toda.s lasolras combinaciones adolecen de inconvenientes gravísimos: que esta alianza es el medio mas a propósito para restituirá la na- ción sutrampiilidad, v asegurarla un |K)rve- nir venturoso No poíienios ser mas fi-anco9> el lector pf)dra encontrar en nuestro escrito error, ilusiones, mas no perfidia ni disimulo. Ahora noscreemos con dcrechoá robarle que no juzgue nuestra opinión sin haber visto to- das las razones en ípie se apoya.

Se ha dicho (pie la ultimaguerra ha sido mas bien de principios (juc de sucesión, lo (|ue es mucha verdad, y asi lo hemos sostenido mas de una vez; pero esto no quita cpie la cuestión de sucesión no ha\ a estado real- mente envuelta con la de principios. A la muerte de Fernando VII, y aun algún ticnw po antes, influyeron sin duda mucho los principios para inclinar a unos á favor de u. Carlos y a otros en favor de Isabel; |)en) como los hombres viven tanto de ilusiones, y difícilmente dejan de persuadirse que el de- recho esta de la parte de donde miran la sal- vación de lo mas conforme á sus ideas y mas grato a su corazón; al lin los partidarios de les, des({uiciada, sin saber cómo encontrar Isalníl como los de I). Carlos acabaron |>or creer sinceramente que el derecho dinástico estaba de la parte que les hacia esperar el triunfo de los respectivos principios.

Los lectores del Pensamiento de,\(inoft no habrán olvidado lo que dijimos en el nú- mero <o En ello se inaniliesta bien claro que no nos hacemos ilusiones de ningún ge- nero sobre las causas de la guerra civil; y que si bien reconocemos la existencia de la cuestión dinástica, vemos lo que ha habido de capital en el fondo de ella: una cuestión social y política. " i*eró sea lo que fuere, no cal>e duda que muchos españoles creyeron que el derecho estaba |>or D. Cárlos, y en este sentido se IHílco por espacio de siete años. La guerra fue sangrienta, tenaz, duradera, lo que in- dica (pie el partido de I). ('arlos eni muy [wderosü. La guerra no pudo t(!rminarse por la fuerza de las armas, a posar de que el partido de Isabel tenia en su favor las ventajas de un gobierno eslabiecido, que son muy grandes; tenia elafwyo de todas las potencias vecinas, l'ortugal, Inglaterra y Francia. Esto indica que el partido de Don Cárlos era muy numero.x». En esta verdaíi -i il 1/ -i il 1/ I todos los bombres que nu quierea cerrar los ojos á la evidencia de los hechos. Asi es que el Sr. «uirqués de MirafloreSy MBlestando al Sr. Mariinez dt ta Bota eu la sesión (ii i Sonado del dia 10 df enero, decía á esle proposito con niucha oportuni- dad: nS. S. me ha recordado también lo que yo en otro de mis disnurfos he dicho y re- pito hoy, y en lo (fue estoy de acuerdo complelameiite couS. S.; que la cuestión de nuesifbs disturbios no es cneslioii solo de succMOn sino de principios políticos. Mas yo á mi vez debo recordar con este motivo á S. S. lo que dije oo ha muchos días en ««te sitio, que ama eoaa mup euñota hacer la estadística de todos los partidos. Ciúáíiáo, sennrcs. cuando se habla de la nación entera, pon|uc hecha la estadística de los partidos, podría dar resultados enojosos, listo sirva solo de indi (.ion. Sesión del dia 10 de eaerode Diario de las Sesiones., pági- na 188.) No necesitaba el Sr. marques desen- félMi|%sniiHÍicaci(Mi: ei paia la comprende.

fEse partido tan numeroso ¿ha desapare- cido? Ciertamente que no. El mal éxito de una guerra aonrada la confiocioD y afeccio- nes de los que sucumben: puede si darles opinión mas órnenos e\¡irta<le sus fuerzas y de las enemigas, mas nocambiar sus ideas y fleatinientofl con respecto ¿lo principal de su causa. Hasta el mn<io con (jue terminó la guerra civil era muy á propósito para <|ue no atribuyeran su desgracia á la inferioridad de fuerzas: si Ksiiiii icro hubiese hecho io de Marolo, entrcirando el ejército de la Reina al general de 1). Carlos y sometiéndose á su obediencia, de seguro que Jotdafenaores da Isabel no ae habrían conaidendo?eBci- dos. HaWeran calilk-ado con mas ó menos severidad la conducta del general cu gefe, pero miBca habrían ^ido oraer que iaeaii- sa pereciera por (Icbilid.id V] -nct'vd (le V ergara no tue una transac- ciuu dmastica ni pohtica sino un convenio militar debido á circunstancias particularea, V que probablemente fue precipitado por la ialsa y peligrosa situación en que se bailaba llanHo. Né se t(bo1tí6 ptiea ninguna cues- tión, no hubo mas que un hecho que des- truyó otro hecho: un arreglo del gcCe de las anuas carUstas uue dio uu golpe irreparable á las fuerzas dfe D. Cários. Es necesario pues no hacerse ilusiones: las causas que nabían promovido y sostenido la guerra ci- vil continuaron intactas; los carlista;» se vicrun por entonces perdidos, nai^i „ ¡mr ^ cm ulns, i,i por convencidos, ni por si- lislcchos. hl reuuuucimieulü de los §aál%. no fue considerado ooaso-wa eoMMjíriirf[ cha á un principio, sino como una MÉMÍ|y pensa personal; solo que se hizo con' nrt- chos á un tiempo, io que también se bicien| aisladamente. ¿Quién duda qae al aniw'gp hubiese presentado un gefe con su fuerza se le hubiera conservado el grado en atención á so senricio? Anmentad el número v tenéis el suceso de Vergara. < Es necesario no perder de vista estos he- chos para comprender bien el desenlace da la guerra civil, y el efeeto moral y poMÜtt^ que pudo prodiirir en los que sucummeiM^ lis una vulgaridad indigna de hombres pen sadores el creer que los que detendian a D. Cárlaa.7 laa pfínoipios monArqnicoa ir religiosos, tales tomo ellos los onUMidian. se convirtiesen de repente, v se dieran por satiafecbos con DaAa Isabel il y la Constitu- ción de 1837. Aqvelrgrito de paz, paz, <^ rcsonali.i en algunos pontos del pais, no es-' lircsaba ni podia espresar otra cosa que rc- conciliaóion por maidio de una transacción: Maroto, el mismo Maroto, aiaide^m{>ezó a entrar en negociaciones, es nniv probable que no veía el termino a que Üegó. Pero con Espartero apremiaada, ean i>. Cértai^ alarmado, con algunos batallones subleva^ dos en Vera, qué situación podia ser ía de quien se habia empeñado tonto sin consen- timiento ni aoticia de au principrf? IVo*!^ quedaba mas alternativa (juc fugarse, ó unir* se con Espartero, ó ser lusilado por D. Car- los. El sneeao 4e Vergara, pues, nada tuvo (le dinástico ni politioo, fm pwamenlé «iHp litar, con buena parle de personal con mu cho de precipitación, y uo pocodc uiiprevisto en cuanto á an término; no pudo por eani^ guíenle producir efectos políticos para modilicar ideas y sentimientos: su resultado fue por decirlo asi lualertai, su apreciación debia hacerse fior lo qne iie ai arrojaron loa inventarios militare^ Ku couiiriuacion dc^ juictu que einitimoB sobre er suceso de Yergare, véase lo que decia en el Senado en la aeaien del 20 dé» diciembre de \Hii e\ Sr.mnrfiurs de 3íira- flvres. «Lo gran proyecto de transacción, repito, tuvo origen enloacampae''<deVergat<r ra; yo pienso, señores, qae aalaaelocéle.bNl5i no h I i \;iininadi)! Klavía con toda la ü- lobüiitt ^ (klemimenio que okí^ so Dicjitized by Google Di la 1 50 eslo porque veo dos cosas en de Vcrjfara: las proposiciones ^hMlpi en Mimvalles, rfnc fueron hnse de nrwnvcncion, y la convención mísnin. üi Iransnfcion de Verjíani propuesta en Mira- valles fue indudal)lemenle una eran Iransaccion. I^s trefes del ()arlido carlista pro- jMMiian la transacción de la cuestión política desechando la Constitución y subrogándola con Cortes por Estamentos". Propoñian la transacción en la cuestión de sucesión, ¿y como? Con el matrimonio de la lleina coíi el hijo prin)Oja:énitode I). (]árlos,dehiendoen un mismo dia salir del territorio español la fcina <iol)ernadora y el mismo I). Carlos. Y ét propuso jM)r último la Iransaccion entre los dom, apoyado y fomentado por el general en gefe de los ejércitos reunidos..= Insur- rección de octubre de en Madrid ven las j)rovincias contra el Kefrenle.=Levan- lamiento de Barcelona contra Espartero en noviembre de i8ii.=Al'¿aniienlo de la nación para espulsar al Recente en junio de lN43.=Sublevacion de los centralistas contra el gobierno provisional en selicndire del mismo año, en Barcelona, Zarasfor.a y otros puntos. =:Rcbe!ion de.\licanle y Car- tagena, en enero de <«44, contra el gobier- no de la Reina declarada yamayordeedad.= Insurrección de Zurbano en la Rioja, y su- blevación de los valles de Hecho y Ansó en noviembre del mismo ano. Enumeramos tan individuos, es decir, que se reconociesen los, solo los principales acontecimientos, para que grados, honores, condecoraciones, etc.: tales! con la mano puesta sobre el corazón se nos fueron la proposiciones hechas en Miravalles diga si esto es para una nación un vivir li- por f I gefe del ejercito carlista, y míe pare- sonjero; si esto es capaz de convertir a mu- cia actíptar la inmensa mayoria del ¡¡artido chos de los que opinaban contra mudanzas joarlista que entonces había llegado á su ygeo.»

Asi hablaba el Sr. marf/ués, con lo cual violentiKS. ¿Qué Sí'rá si lijan la atención so- bre los horribles pormenores de esos cuatro años? Si miramos á la Reina Cristina pro»- roníimia lo que dijimos de que los suce- | crita, con largo séí^uilo de emigrados, y con sos se precipitaron, llevando las cosas á un punto en que no pensaban los mismos que conducían la negociación.

Sí el éxito de la guerra no hizo desapa- recer el partido cariisla, ¿babnm obtenido érte resultado los sucesos de los años poste- riores? Mucho dudamos que- la dominación de Espartero y la serie de calamidades de que ha sido victima la nación desde la ter- MTiacion de la guerra civil, hayan sido á [ímpósito para mudar las convicciones de os que opinaban contra el orden de cosas mangurado j)oco después del fallecimiento del Rey. Había aquí dos cuestiones, ladinasuna destitución imiversal de los empleados públicos; a Rorso. á Montes de Oca, á León y á tantos otros cayendo bajo las descargas de sus antiguos compañeros; á Pamplona l>ombardeada por O Donnell; a la junta de vigilancia de Barcelona desplegando una energía febril, que recordaba los días del terror de la revolución francesa: á la misma infortunada ciudad viendo á süs hijos pe- lear cuerpo á cuerpo con la tropa en las plazas, en las calles, en las casas, y luego entregada á los horrores del iKindiardeo de .Monjuich; á los infelices condonados á muerte por la comisión militar v fusilados tica y la política: tocante á la primera, no se en la físplauadn; á la misma capital, cstrc- ha presentado ningún argumento nuevo que chada por los apremios de la iroíjai itm de no se hubiese repetido muchas veces duran- te la guerra; en cuanto á la segunda, los vaticinios de los que auguraban mal de los sistemas ensayados, se han cumplido de la manera que todos sabemos. Aun los mis- mos (pie están empeñados en pintarlo toílo oon colores halaglleños. no pneden negar ^ la situación de España dista mucho de ser satisfactoria.

No han transcurrido cinco años desde la terminación de la guerra civil, y en tan breve plazo se han verificado los aconteci- mientos siguientes. Pronunciamiento de se- tiembre de 4840 contra la Reina Gobcrnalos <2 millones, in.sultando y apedreando á. los soldados y borrando hasta los rótulos de las calles y números de las casas para au-' nientar la confusión de los enviados ¡wr la autoridad; á la misma en los sucesos de junio de 1843, amenazada una y otra vez de bombardeo. primero por el capi- tán general y luego jíor las órdenes de Zíirbano encerrado en Igualada; al infor- tunado Camacho muriendo asesinado en Valencia; á Teniel sufriendo el cañoneo de Enna; íi Sevilla el boudiardeo de Es- partero; i\.Madrid entregada á la anar- ' quía atizada por la zozobra, la ira, la desespeiacioii; á Zaragoza, hnIHmi, CtCvoii, Rgneras, recibiendo cuando los centralis- tas el hierro y el fticíro de \n< cafinnos cspa- úüles; ú Narvacz sulnuudu des<:ar¿;as á que- maroM en las caUes de la capital; á Alicante .fiflÜU» andanas de arcabuceados; al ntaes- tratgo bañado en sanj^re; á Barcelona |)re- senciando nuevos suplicios; a los habitantes de Hecho y Ansó, rouclios enti grados y otros fusilados; á la Riojn contemplando el ester- minio de la familia de Zurbano. ¡Cuánto in- fortunio! jCuáutas lágrimas! ¡Cuánta sangre! Decidlo, si, decidlo con la mano puesta so- bre el cora/on: estos sucesos ¿son adecua- dos para convencer de que la España no testé profundamente desquiciada?- ¿Son pro- pios para persuadir que se ha seguioo el buen camino?

Supuesto que no hay efecto sin causa, y no encontramos ninguna que haya podido mudar el entendimiento y el corazón de los carlistas, claro es (pie cl partido que sostu- vo la guerra civil existe todavía: no está ciertamente con las anuas en la mano, ni abriga deseos de nucx'O derramamiento de sangre, pero existe en ia sociedad. £ste es •un hecho que nadie pondrá en duda. ' H ly hombres tan ocupados de lo que ven, y tan distraídos de todo lo que no ios hiere eon I» qw 08 decís mwi% dtros en reuniones, ni con lo que escriben vi amigos; tended la vista por ia nacioit^ ni la sesión del'90 de díefenAre'^dPl el Sr. marqués de Miraflorcs, bablan^^de los dos partidos que al deeir vulgantéB^ nominan moderado y exaltado, dijo tttW$^ nantementc: la mayoría ée la tuuimWm compoven ¡os dos partidox t¡ue acabo de cifnr. Pero este partido, se nos dirá, ¿no ha I sufrido ninguna modificación? ¿Exije tolii^ mo que durante la guerra civil? Esta yt es cuestión muv diferente; fieles al sistema de no ocultar ninguna dilicultad, de preséis la cuestión bajo todos los aspectos qoiof ll- cancemos, vamos á decir lisa v llannnÉÉÉé lo que opinamos so!)re esto particular.

No es lo mismo lo que ios hombresjm^ sieron y lo que aaeren: ooarenioMsnHfll luep:o en que silos sucesos no les hubie- ran sido adversos y las cosas no hubiesen llegado al punto en que están, los carlistas habrían querido el trono de D. €árlm.9A^ tono admite duda: por /A Tnr/os peleaban, y por consiguiente á D. Corlo» quefip. Perobahieodo sMwibído ta eansn'Mnii Carlos, estando Isabel II en pacf sesión del trono qne se le disputó, <«íétidf> vivamente, que cu no oyendo el fuego del | tantos ios compromisos é intereses agrupacaAon ó el bramido de tempestad muy cercana, se lisonjean fácilmente con la idea de que lodo esUl en profunda calma, de que no hay eu el mundo nada, siuo lo que bulle y allibrota. tDtode estan, dicen, esos partidos tan numerosos (jue no pertenecen a la si- tuación? ¿Qué señales aau de sus fuerzas? .¿IMnde estan? ¿Dónde los Teis?» ¿Dónde? Cuando mandaba Espartero y los progresis- tas también se podía preguntar dónde esta dos en rededor de la hija de FeraaBdl|>«i pensamiento dominantede los hombres jui- ciosos del partido cariista, ¿es ni puede' ser el derribar á Isabel, el arrojarla de EspaB^yl traerá D. Carlos é Madrid d&la propnfÜÉin que se habria hecho en 4837? Creemos ql^ no. En el estado á que han llegado las ccMMi eslo es imposible. 'Deennoa qe» «tlt'fli imposible; pero hablamos asi refíriMoMs únicamente al curso ordinario de los siicebau, fuera de la prensa, sus enemigos. >| sos, pues nadie es capaz de leer en el por- •l|jército,'nacionale8, autoridades, ptisanage, i venir; nadie sabe los aeaataoiniftKs «qw todo resonaba con las voces de progreso y!¡ se verificarán en Europa en el térmirK) de Duque de la Victoria; ¿dónde (ístaban sus pocos años, y nadie sabe tampoco si estos enemigos/' iNo costó mucho hallarlos; y ahu- acontecimientos serón tales aw moditiquen ra se puec^e preguntar: ¿dónde eetan Es- || la situación de-Bnopa, c iniJuyan poderopartero y los progresistas? Para conocer si sámente en los asuntos di Espaóa. Y esta un partido existe no preguntéis donde está, indicación desearíamos no ia perdieran de dad si le habéis visto con vida y &iei7.a, y meditad si han existido causas que le ha- '¡ yau destruido, si ha bajado ai sepulcro lu IgBSienicion qne le formabn. Sí no olviAiis la | ttluacion de Esjiana antes del suceso de ¡ la desespi'racion.

Vergara, noleadreis necesidad de pif^untfur " PM^r^nM mu vista h» qde 'se-^paMn-AtM conviene aprovechar las oportnniindecf ¿ voces el mejor modo de asegurar los resul- tados de una victoria es dejar al enemigo ennnaposieHmdeshbogadr, m luduahln á Parécenoa pues que el deseo oalunl dei Dlgitized by Google partido carlista, ha de ser el de un enlace: á esto ron>:idt>ramos limitada su ambición, es- te es su esperanza.

l Es posible satisfacerla? ¿Es convenicn- 1»? ¿Cuáles son las ventajas de semejaote #itrimonio? ¿Cuáles sus inconvenientes, Wis pc'liiíros? Todas estas cuestiones nos proponemos examinar: si no lo hacemos «m acierto, do se nos |K>drá culpar de fjue no hayamos procedido con franqueza.

Al entrar en esta cuestión nos atrevemos á rogar ni lector que se desfwje de sus pre- venciones contrarias o favorables; que atienda á los hechos y a lasra/.ones, yá nada mas; que ten^a |>or objeto, por único objeto, la felicidad de España. Si le ocurre alguna diticnllad al leer este articulo y los Xlesc^iian, no se precipite creyendo, que <nos hemos olvidado de ella, ó la hemos ataHodo adrede. Es probable que conti- Boaado la lectura encontrara (lue nos haec- mos cargo de la misma: podra no hallarla soltada, pero ai menos la verá presentada aon sinceridad, con culera buena fe. •1 El partido carlista es muy numeroso, y ademas profesa principios que entrañan de ipyo una fxran fuerza. ¿Conviene á una na- ción tener (iesrítnlento a nn partido por tan- tos títulos respetable? ¿(Conviene dejarle sin oiflguoa esperan/n de alcanzar por medios pacíficos si(|uiera una parte de lo que dis- puto laruo tiempo con las armas en la ma- no? En nuestro concepto esto equivale á preguntar si conviene que haya en la socie- dad un gernien de discordia, de irritación, «¡ienrni ríe debilitar el trono manteniendo I á un crecidísimo numero de súb- 4itos; e<|ui>ale á prcgimtar si conviene bor- lar In huella de los odios civiles, y fomen- lar la a'Couciliacion de todos los españoles.

Para lijar mejor las ideas enumerare- mos las ventajas y los inconvenientes; así nn |M)dra decirse que nos limitamos ú gene- ralidades.

«4." El casamiento de la Reina con el hi- jo de Ü. Carlos ahoga para siempre la cues- tión dinástica.

. i\o solo los publicistas entendidos, s¡- •aa también todos los hombres de algún fvicio han de convenir en que esta ven- taja es muy importante. La historia ua- eimal- y eslmngera están atestiguando los males que acarrea á los [>ueblo.s el tener un ' ' > disputado. La ultima guerra civil lo uvjudo c<>culo tiü caructuicd dtí üau^re.

Y ú se pudiera lograr (juc dcsaparcricsc enteramente el |)eIigro de n'prodiicirsc la lucha, ¿no sería esto un bien inestimable? Mas de medio siglo habia pasado desde la espulsion de los Estuardos, y todavía se derramaba sangre en la (irán Bretaña \)ot motivo de las pretensiones á la corona. ¿Quién es capaz de calcular las mil y mil combinaciones que pueden dar ocasión á encenderse en España una guerra por cau- sas semejantes? 1). Carlos tiene hijos varo- nes: si no se hace un casamiento que quite toda ocasión de una nueva guerra, es pro- bable que durante un siglo existirán |>rínei- pes que se creerán con derecho á la corona, (jue contarán con partidarios, que estarán (iis|)iieslos á emplear los medios de que dis- pongan para lograr un cambio dinástico, i Qué porvenir tan triste! ¡Cuántas eventual!^ dades desastrosas! ¡Cuánto riesgo de cpie cor- ra de nuevo á torrentes la sangre española!

2.° El casamiento de la Reina con el hijo deí). Carlos asegura nuestra independencia.'

Existiendo la cuestión dinástica, no po- demos romper con ninguna potencia sin es- ponernos á grandes peligros. Supongamos que este rompimiento es con la Francia,' ¿í|ué camino tomará esta nación para debi- litarnos y vencernos? Es muy [sencillo: no necesitará introducir hasta el corazón de Es- paña grandes ejércitos; le bastará hacer entender á F). Carlos ó á sus hijos que pue- den contar con la protección de la Francia para dinero, armas y demás recursos, yque toda la frontera está á su disposición pa- ra organizar cuerpos, establecer depósi- tos, etc. ¿Qué resultará? No nos hagamos ilusiones; se encenderá de nuevo la guerra civil; y la Francia. í|ue para combatir con la España hubiera necesitado centenares de miles de hombres y caudales inmensos em-^ prendiendo una lucha semejante á la do I NOS, ahora no habría menester masque aprontar al}:unos millones de francos, y po- ner á disposición de los carlistas una pe(|uena parle de lo mucho sobrante de sus almacenes.

Ni siquiera le será preciso derramar una gota de sangre francesa; los españoles ver- tiendo la propia le permitirán mantenerse simple espectadora del combate. Pero ¿qué seria.si la Francia quisiera aprestar un ejér- cito de 50,000 hombres para reserva de las divisiones carlistas? A nuestros ojos es evi- dente, evidentísimo, lo (jue resultaría. Es fácil cebar bravatas, desaliarlo todo; |)ero 1 1 el bii«n juirio, el simple Bcntidb común las reducen a üu verdadero v.ilor. Y si no es asif ¿€éiiio e.s que se da lauUi iiuportaacja HÍ íin(>s(()(l(; D, Carlos, uun ahom^mSB» la Fiiiiina un («< hoMil,il üdbicrno espafíol, aiiU's al cüuliiuiü su amiga y aliada"' ^Qmrm mm» lo -CHcto de esias ol>-, .•rvaeiones? Suponed un momenlo lo 8Í- gmeote. i*or la muerte de Luis Felipe por un eonllii io eur{i|Kío, ó por otra circunstao- UH indisponen ntn^ los gabíoeles de Madrid y de las Tullcrias v se declaran la joierra El gobierno franVés comunica á ^iLarlosy ásu nimilia que quedan libres nara trasladarse al punto de Fraoeia ó del enlrangeroque inrjor Ies parea» inclusa la h.>paiia; les autoriza para señalar dónde ppemroft la remikiii de todos los adictos á Hgg¡«» « y que quieran organizane en caer^ para penetrac en España; Icssumi- nwífa lodos los fondos necesarios al equipo de sus divisiones; permite la libre salida y entrada de los *"--po,1ir¡,,;,,iri,.smor todos loB puiilos de la Iront.-ra; v les asefiura apo- ValMBía, eu las de^alMaAa m pmwitm las escuadras inglesas. trayen i a tiofMn uuas á Villareai, Eguia, >2ff^te^^^*4BS oirii á Mrera? ¿ Qué (mÜAgmm Aáa- bna en las Andaloeiai egÉigtatÍp» |tt se adelanta sobre Sevilla nn cuerpo eapíMt^ ciunario español, llevando á su cabezal a un príncipe, y apoyada es •« ejéreitoii- glés estableado ea los alrededores d»il- brallar?

Todavía hay otras suposicioDes ma- niiiesun el mamo peligro. Lai ft0Ímk§ del.\orte durante la iriicrra civil se contlHl- laroü con lávoreeer la causa de D. CarMi oon simpatías mas o menos encubiertas, 7 conalguaoB 'veewBos pecuoiarioa. Imaginé monos que por motivo de una jnicrra con la Francia Íes conviene provocar una oonAagPi- cion en JSspafia; ¿que debieran hacer? Qm- vertir las simpatías en apoyo deddMi; procurar que en Italia y otras partos se es- tableciesen los centros iie acción para «■- CMder la gueffu «ítíI; ()roporcMmar ñas Ic-ioiics; apoyar con sus escuadllH.

í'' ''^^^^^^ hombres, ¿üue sena entonces de la Espafla? Sol<, ?S.n i!r^ ueutraliíarse aigoa tanto el daAo ^upuuta_])or un insüinte que esta notícia f ro amas deque esto no impcdiria la ^MIerrit V sin embaríío, es bien claro que en ca- H"'^ gi'^'''*" ^^on í'-^paña estos sacrili- *"**J^L PPl"«''^os para la Francia, y podría bacérlos desahogadamente, aun cuando la supongamos combatiendo con la Europa a las margenes del Rhin. Este es el resultado de dejar pendiente lamaAa cues- tion: durante mas de medio siglo estamos condenados á no poder indisponemos con la rTaneta. ain interesándose en nuestro ho- nor e indepeBdeacia: que si nos atrevemos.

lal-raiina nos vencerá ruando quiera, ¡n»- tanlaueaiiienle, y apoca a)sta. .vYes lo peor, que no sera sola Francia ' i »"f;n tendrá á la mano este medio; serán Umihien las demás potencias de Europa, ¿gue uo podría hacer la Inglaterra si ivonia a disposicMNi de D. Garios y sus hijos, hom- l>r.'s, armas y dinero > Raslariale dcsembar- oitf espediciones carlisUis acá v v acullá, y wfinar un núcleo respetable á las inmedia- ciones de Gibraltar, pare cansar al gobierno cs|>aiiol liíuales coiifluMos. ¡ Cómo se encen- dería la guerra civil el diaeu que en las cós- ele Ips pmvfaieias del Norte, en las de civil, ^quien asegura que la Inglaterra se «cidina por la España? ¿Quién asegma (|ue no creeriacanfmiale petaMiii u ui Hy tral? ¿Oiiién asegura que no estaría coUlrt la España por una alianza con las potencias del iNorle on la goerra evropea T - itHiftM Este seria ol resultado, oí trisle»f«m » vitable resultado de no prestarse á una re- concialíacion. Nuestra debilidad con respei- to i las ému poteneíBa; la iinposíiiílMMIll^ de echar nunca el guante á nílgoaade ellas, ni de recogerle si senas eoíi. I^ joven Reina puede Tívir mm de medio siglo; sus primos cuentan pocos aAos laarilÍQB: y d«i> rantc esas vidas, y años después, sera pre- ciso continuar siempre en esta posicipn; ia potencia que se MspresMits Unva y acá»- pañando sus exigencias con una ameaaaa seria, logrará lo que exija. ¿Y es política. \ es previsión, y es discurrir como hombre de estado el no pensar en pravaair convenientes? ¿ Es esto tnbajar por dependencia nacional? » Vdfed Idb ojos á esa Ppascta, duiid« «» bien seguro que la rama proscrita muíala ni con mucho con tantos adictos como en España la de tí. Carlee; y no obatanls.